Vicisitud & Sordidez

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"Por esos días Mastropiero enfrentó grandes problemas: chocó con la bici... con las vicisitudes más adversas".

"El Acto en Banania", de
Les Luthiers (texto completo aquí).

“Vicisitud hay que decirlo más” sería una buena consigna para este blog. Desde luego, vicisitud aquí no va a faltar, ni sordidez, ni ignominia (sí, ya sé que no está en el título del blog, pero me gusta cuando se me llena la boca de España).

¿Y qué es la vicisitud, me preguntas, clavando en mi pupila tu pupila azul? (Nota: a estas alturas del partido, citar a Bécquer sin ser en la carpeta de una estudiante de la ESO, es una sordidez). Bueno, no se me ocurre mejor ejemplo que este magnífico artículo de un no menos magnífico blog.

Que un ser anónimo identifique tus braguitas de corazones caídas en el patio y te las deje en la puerta de tu piso no puede producir otra cosa que vicisitud. Podría ser peor: que alguien anónimo identifique tus gayumbos marca Día antes de haber sido enviados a la lavadora. No sé qué mecanismo provoca que unos gayumbos con pegatina caigan por un patio de luces, pero hay gente para todo. En fin, si esos gayumbos apareciesen colgados en la puerta de tu casa, la vicisitud sería aún mayor. ¿Y si, además, te los hubiesen lavado? ¿Sería un acto de amor y de respeto o una causa aún superior de vicisitud? Ahí queda la pregunta.

Por supuesto, “¡Vicisitud!” a secas, cual grito de guerra, es algo plenamente aceptable – no por el diccionario, pero sí por mi, que, al fin y al cabo, es lo que importa – en momentos en los que se experimente profunda vergüenza ajena, como, por ejemplo, el proyecto de convertir la sierra de Madrid en un parque temático de “El Señor de los Anillos”.


Por supuesto, la vicisitud se puede redoblar cuando, ante noticias de ese jaez, nos encontramos con respuestas tan gloriosas como las de esos ecologistas que, concienciados ante la posible especulación urbanística que tal sordidez supondría, toman cartas en el asunto enviando unas ídem a… ¡los herederos de Tolkien! Por favor, sean todos libres de experimentar una profunda vicisitud. Si San Agustín pasó por ello, por qué no nosotros. Más méritos tendremos para que nos canonicen que ese conspicuo putero.


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hermanastra dijo... 02 marzo, 2006 21:35

Por referencias, me veo empujada a comentar y aportar. Es difícil discurrir -fuera del suculento ámbito de las lavanderías particulares estadounidenses- qué llevaría a un gayumbo usado a caer en un descansillo. Pero, como posible solución, cuento la siguiente anécdota:

Hermana Arpía estudia, en sus años mozos, en un colegio mayor de Sevilla. En él, como siempre ocurre, Hermana Arpía encuentra a su Antagonista. No recuerdo con exactitud la naturaleza de la afrenta pero baste saber que ésta se produjo y que dolió a Hermana Arpía en lo más hondo. O en la mera superficie. Lo suficiente, vaya, para mover sus tripas hacia la venganza.
Antagonista era un poco espesita -eufemismo de asquerosa- y Hermana Arpía sabía pero que muy bien que guardaba todas sus bragas en una enorme bolsa de basura negra que arramblaba, como ser mitológico, hasta su casa del pueblo cuando ya no le quedaban más mudas que ponerse.
Con tal conocimiento en su poder, Hermana Arpía no lo dudó. Calculó un poco y, cuando vio el saco bien lleno, penetró en la habitación de Antagonista y perpetró su crimen. Subió con la enorme bolsa hasta la azotea del colegio y, una vez allí, tiró todas las bragas sucias por el aire... Mi enfermiza mente, para colmo, las imaginó como esos pololos blancos y antiguos, rematados con puntillas y encajes... ¿no es una estampa realmente bella, digo, sórdida?

Vicisitud y Sordidez dijo... 03 marzo, 2006 11:49

Hermana arpía, me atrevo a decir que ha sido capaz de superar, en vicisitud y sordidez, la tesitura relatada en su (gran) blog. In fact, me ha inspirado para relatar, en breve, una anécdota de Colegio Mayor con su respectivo antagonista masculino. Más escatológica y con menos puntillas que la suya, eso sí.

Amor y cock rock.

Elperejil dijo... 30 diciembre, 2009 11:01

Anda, qué pocos comentarios tenías en estos antiguos tiempos...

 
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