29 abril 2006

En tus cuescos... Está Dios

En el largo proceso que supone pasar de freak a persona humana, una de las fases obligatorias es darse cuenta de que no es correcto dejar olor en el baño después de defecar. El spray-desodorante crea un batiburrillo de olores en los que es casi peor el remedio que la enfermedad. ¿Qué hacer, entonces? Dado que el mal olor lo provocan los llamados hidrocarburos aromáticos, lo científicamente correcto es el encender un fuego que consuma los gases. Como me dijo mi querido Marc un día, al salir del wc, “¿Has hecho caca? ¿Has encendido una cerilla?”. Es por ello que, en mi váter, cuando veo que el peligro acecha, enciendo una vela de Ikea que, adhocráticamente tengo cerca de la taza (junto con sus respectivas cerillas).

¿A dónde quiero llegar con todo esto? Primero, a que toméis ejemplo. Y, luego, a una curiosa reflexión. Cuando apago la vela, el olor a cera resultante hace que mi váter tenga aroma no a hez, sino a iglesia. ¿Qué puede tener que ver nuestro señor Jesucristo con el fecho de facer de vientre? Creía que nada, y que mejor haría en realizar tareas del hogar que en reflexionar sobre tonteridas. Pero, al final, resultó que sí había un vínculo entre Dios y el olor a caca. He aquí el vídeo que lo prueba.



Dicen que no le han añadido cuescos, sino que han restaurado los que la televisión hacía desaparecer en la sonorización. Viendo las caras de este celebérrimo telepredicador, queda meridianamente claro que el Señor se expresa a través de sus esfínteres. En conclusión, no debéis avergonzaros de vuestros pedos. Al igual que en ciertas culturas se eructa después de una copiosa comida como signo de buena educación, pensad que, cada vez que os contenéis un cuesco es como si estuvieseis volviendo a crucificar a Cristo. Si lo que os causase embarazo fuese más la olor que el melodioso sonido, podéis comprar un cirio pascual y llevarlo por las estancias donde os penséis peer: seréis doblemente píos y santos. Ved otro vídeo de nuestro predicador favorito para reafirmaos en esta noble convicción.



Reflexión final: si se hubiesen restaurado los pedos divinos en el discurso de un buen musulmán. ¿Estaríamos ante una guerra santa? ¿Mereceríamos la extinción de occidente por herir los sentimientos religiosos de la gente? Y que nadie me llame facha. ¿En qué momento pasó la izquierda a defender el fanatismo religioso, la mezquita en el gobierno y las teocracias de cualquier signo? ¿Por qué no meterse con la gente que considera que ridiculizar una ideología – sí, amiguitos, la religión no es más que una ideología – merece la pena de muerte? Llevamos demasiado tiempo en el que la izquierda, en vez de pensar por sí misma, parece simplemente llevar la contraria a lo que diga el Jiménez Losantos de turno. ¿Así que podemos meternos con el Opus Dei, Ratzinger y cagarnos en Dios pero los sentimientos de los seguidores de Alá son tema tabú? Un poco más de coherencia, señores. Yo estoy dispuesto a aceptar ver un vídeo de Hans Magnus pediéndose, o caricaturas que denigren a Adriano Pappalardo, así que quien crea que el fuego destructor lavará las ofensas que a él le hagan sólo merece que Dios, desde mi recto, entre directo en su boca para purificar su alma enferma.

28 abril 2006

De Sabrina a Tatu: 20 años de pussy-pop


Presentamos un ambicioso estudio sociológico de la historia de las tres últimas décadas a través de la sordidez musical en su variante pussy-pop, cantantes que no dudan en usar sus más básicas armas de mujer para triunfar. Aunque siempre se podrían encontrar precedentes, situaremos el comienzo de este glorioso género en la eclosión teta-pop que se produce en 1987 con el éxito de Sabrina, y continuaremos hasta el último subgénero, el lesbi-pop de las Tatu, ya entrado el nuevo siglo.

Algunos puretas dirán, no del todo faltos de razón, que no sería Sabrina la que mereciera colocarse como buque insignia del teta-pop, sino la gran Samantha Fox, que ya tenía un disco de éxito, titula
do, como no, Touch me, cuando la italiana estaba todavía ganando el concurso de Miss Liguria. Pero las cosas son como son, a veces las copias superan en éxito al original, Falcon Crest tenía mucha más gracia que Dallas, y por aquí el fenómeno sociológico que de verdad abrió la caja de Pandora de pechugonas con micrófono fue Sabrina.

S
amantha, eso sí,tiene no pocos méritos en su haber: aparte de haber empapelado en su día las habitaciones de todo adolescente que se preciara, de haber cantado vestida (o más bien desnuda) con un vestuario que le habría resultado hortera hasta a Cher, y de haber grabado varios hits de Stock, Aitken y Waterman, reyes indiscutibles de la pachanga ochentera, incluyendo una versión de Satisfaction (¿por qué no? ¿alguien se atreve a decir que los Rolling son menos decadentes que ella???), su última campanada fue salir del armario hace unos años y encontrar el placer como sumisa en una relación s/m con su secretaria. ¡¡Sam mola!!

Sabrin
a, no obstante, se desmarcó en su día de comparaciones diciendo que "lo único que Samantha y yo tenemos en común es el busto; yo sé cantar". Tal vez ella misma fuera la única persona que se la tomó en serio como cantante, pero lo cierto es que nuestro ídolo no puede negar la influencia de Sam en el vestuario ni en la temática de sus canciones; a los que sólo conozcan el celebérrimo Boys,boys,boys, les informamos de que se pierden joyas de títulos tan esclarecedores como Hot girl, Sexy girl, o I need a chico. Eso sí, Sam nunca tuvo una trade mark tan reconocible como lo de la teta fuera de Sabrina mientras pegaba botes en sus actuaciones televisivas, un icono tan asociado a los 80 en el inconsciente colectivo como las manchas craneales de Gorbachov o los cardados de Margaret Thatcher. Una cuestión para los estudiosos: ¿era siempre la izquierda la que salía, siempre la derecha, o se intercambiaban? ¿Había algún tipo de mensaje esotérico detrás de estas apariciones? Dan Brown ya tiene material para su próxima obra ...

Superado el contencioso con Samantha, Sabri tuvo que lidiar con advenedizas que le disputaban su merecido trono: en su país, Angela Cavagna; en Alemania, Brigitte Nielsen, avalada por su matrimonio con Silvester Stallone y sus interpretaciones en Rocky IV y Asesinato en la luna; en Polonia, Danuta
, tal vez la más chunga de todas (vean la prueba gráfica); y en España, los 40 principales organizaron un concurso en el que los radioyentes debían elegir entre ella y Marta Sanchez. Las masas votaron chovinísticamente por Marta, demostrando por qué este país no levanta cabeza. A favor del público hay que decir que por entonces Ole-Ole era un grupo producido por el simpar Luis Cobos que sacaba al mercado temas tan gozosamente sórdidos como Lili Marlen o Sola con un desconocido. Aún no habían llegado ignominias como Soldados del amor, producido por un Neil Rodgers en momentos de gran drogadicción, o la carrera en solitario de Marta, que actualmente se arrastra por fangos tales como las versiones de coplas o las actuaciones en los premios Amigo compartiendo escenario con gentuza como Joaquin Sabina o Niña Pastori, aparte de reivindicar causas tan nobles como que se mantenga la L en el topónimo A Coruña, y dedicar el resto del tiempo a rezar para que Madonna no la demande por plagio (vean el parecido entre los discos de ambas). Esta lacoruñesa trepilla probablemente haya olvidado que si la gente se enteró de que la maciza de Ole-Ole tenía un nombre fue gracias a las comparaciones con Sabrina. Pero a pesar de que Marta Sanchez y otras divinidades de provincias pudieran ganar alguna batalla, Sabrina Salerno es la gran triunfadora en esta guerra, ante la historia y en nuestros corazones.

Los tiempos cambian y desgraciadamente los 80 acabaron. Los 90 y la llegada del nuevo siglo nos llenaron de mala conciencia y corrección política; el calimocho y la litrona, campos de cultivo del tecnopop europeo de antaño, dieron paso en las discotecas al pastillerío y al éxtasis líquido, con lo cual la melodía y la letra desaparecieron de los subproductos que escuchan tanto los calorros como los modernos, siendo reemplazados por el chumpatachum del house, trance, progresivo, y demás estilos imposibles de distinguir a menos que uno se encuentre en pleno viaje astral de origen químico. Además los cánones de belleza cambiaron, y las macizas y buenorras de la década anterior dieron paso a saquitos de huesos como Gwyneth Paltrow, palos
de escoba como Cameron Diaz, o niños esqueléticos como Kate Moss. Aunque el nuevo milenio ha traído algunas actualizaciones de Sabrina, como las efímeras Sonia y Selena, reivindicables por su pinta de recién salidas de un bar de alterne de carretera, no corren tiempos para tanta jovialidad. Para calar en las masas hoy en día hacen falta propuestas más pretenciosas, y ahí nadie dio en la diana tan bien como las Tatu (naturalmente estoy menospreciando, como se merecen, a banalidades insulsas para todos los públicos tipo Paulina Rubio, Shakira y demás mira-como-meneo-el-culos, carne del canal 40 latino y carentes de genuina sordidez).

Como en el caso de Sabrina, también nuestras heroinas rusas tuvieron referentes; Britney Spears había vuelto a poner el erotismo adolescente e
n las listas de ventas. No obstante, Britney y Tatu son tan distintas como lo son el porno europeo del americano: ambos son igualmente válidos, pero mientras los yanquis apuestan más por lo sofisticado e irreal, los europeos le sacan más punto a lo cotidiano. Britney, con su pinta de pendón verbenero y su cuerpo delineado en quirófano, es una adolescente de película porno, mientras las Tatu son chavalillas reales y verosímiles, y de ahí su morbo. Su referencia sería más bien en este caso la francesita Alizée, otra golfilla de instituto que logró ventas millonarias con un hit con el original título de Lolita. Pero, mientras Alizée es la enésima prueba de que la música francesa sigue y seguirá viviendo en los años 80, Tatu disponían de una producción de primera que las catapultó al liderazgo del cutrepop europeo.

La fórmula de este inteligente producto es fácil de comprender; al igual que
Sabrina, las Tatu satisfacen en sus actuaciones las fantasías eróticas de millones de hombres, con la coartada de que esto no supone una degradación para la mujer que debe ser censurada, como se diría hoy en día de Sabrina, sino que se trata supuestamente de un espectáculo transgresor y progresista que ayuda a normalizar la homosexualidad. ¡Dos adolescentes guarrillas lesbianas vestidas de colegialas con microfalda se magrean y soban ante la cámara! ¡Y no es una peli porno, se puede ver en la MTV sin necesidad de sentirse culpable! ¡Viva!

Tatu seducieron a montones de fans, y hasta representaron a Rusia en Eurovisión. A pesar de que prometieron casarse si ganaban, el público volvió a demostrar su falta de criterio dejándolas en un tercer puesto. Una derrota, eso sí, merecida en parte porque renunciaron a su estilo propio al no morrearse durante la actuación.

Tras la experiencia eurovisiva, el único problema, tras el apoteósico éxito de su primer album, era como darle continuidad al proyecto. El contenido del disco había sido "he descubierto que estoy enamorada de ti, y nadie nos va a parar". Pero, ¿qué hacer para el segundo? Lo mejor hubiera sido proseguir la historia tras la ruptura de la pareja, y grabar canciones al estilo Pimpinela donde las ex-novias se tiraran de los pelos durante los play-backs. Desafortunadamente, en lugar de eso las muy pánfilas decidieron salir del armario a la inversa revelando su poco sorprendente heterosexualidad y confesando que todo había sido un montaje, la polémica más chorra de la historia del pop desde que Millie Vanilli sacaran a la luz que ellos no cantaban ni pijo.

Aunque Tatu sigan en activo, y su último single esté nominado a mejor tema del año en una televisión rusa, está claro que la antorcha de la sordidez y del pussy-pop está vacante esperando que alguien la retome, adaptándose, como no, a los nuevos tiempos. Afortunadamente, el recuperar los videos de Sabrina, Sam Fox, Tatu o Alizée a través de internet nos consuela mientras esperamos con ansiedad la llegada de la próxima. ¡¡Sórdidas y guarrillas del mundo, como dice Kylie Minogue, YOUR DISCO NEEDS YOU!!!

25 abril 2006

Yo estuve allí: La Reunión del milenio

Hay quien se pregunta si Roger Waters se reconciliará con David Gilmour para sacar a los Pink Floyd de gira. Hay quien piensa si se volverá a reunir lo que queda de los Beatles, o cómo será la gira de reunión de los Who este verano… Bueno, pues que vayan dejando de pensar tonterías porque la reunión estelar de este milenio ya se ha producido. ¡Mariano Ozores, Fernando Esteso y Andrés Pajares cabalgan de nuevo!


Todavía es pronto para saber si rodarán juntos. En la rueda de prensa, por lo menos, dejaron claro que les gustaría. En todo caso, tendrían el apoyo del dueño de Manga Films, ese filántropo depravado que ha comenzado a reeditar clásicos como “Los Bingueros” o “Yo hice a Roque III” en DVD. Para este señor, y para Don Mariano himself, no es de recibo que jóvenes generaciones conozcan el mito de “La Lola nos Lleva al Huerto” pero no la película, y esta colección va a cubrir dicha falta de memoria histórica aportando, a su vez, una pista de comentarios de audio de sus tres grandes artífices.



Pero basta ya de parecer una nota de prensa. La pregunta ahora es ¿Cómo se saboreó aquel gran momento en el que los tres genios volvieron a aparecer unidos ante los ojos del mundo? Antes de su llegada, algún gilipuertas estaba con el clásico discurso de “Claro, si Torrente 3, que es una cutrez triunfa, ¿por qué no se va a reeditar esto? Si es que España es el país de la cutrez…” todo con la clásica entonación de superioridad que denota a todos los gilipollitas que se creen que saben hacer la o con un canuto. Para discursos tan pobres, mejor ni gastar saliva ni ofender a mis pobres oídos. Que se vayan a ver la última mierda de Amos Gitai y nos dejen vivir felices a los tres que, en medio de ese mar de culturetas, fuimos capaces de aplaudir el ignominioso montaje musical efectuado con imágenes de los nueve títulos editados. Luego vinieron las preguntas que volvieron a poner de manifiesto el nulo criterio de la prensa cultural española. Especialmente sangrante fue una zorra que se dedicó a hilvanar preguntas más dignas de la prensa del corazón – o de reinserción de deficientes profundos en la sociedad – que de cine, mientras se dedicaba a lucir su presuntamente sensual voz. No paró de decir una pollez tras otra hasta que Andrés Pajares le dijo que no le importaría tocarle una teta. Un Andrés, por cierto, que, entre tanto lifting, maquillaje y tinte para el pelo estaba más pallá que pacá. No se sabía bien si renegaba o se enorgullecía de las películas de ese periodo, y su único momento de lucidez consistió en criticar el turismo sexual a Cuba, cuando hoy en día existen – Andrés dixit - sobrados locales en Madrid donde folgar con cubanas de forma más limpia. El regordete Esteso, por su parte, tenía un tic nervioso - ¿demasiada farlopa? – que desaparecía cuando prorrumpía en sus celebérrimas risas histéricas. Así y todo, se hizo querer más por la concurrencia y demostró un amor sin ambages ni cortapisas por Don Mariano. Este último, una vez más, fue un ejemplo de gusto, inteligencia, expresión articulada y saber estar.

Las anécdotas suculentas fluyeron sin cesar, y no me resisto a relatar una de “Los Energéticos”. En aquel momento, Don Mariano buscaba, para hacer de malo, alguien con una presencia especial. Producción le propuso a una actriz porno residente en Italia llamada Ajita Wilson. Don Mariano fijó una cita y, al día siguiente, se encontró con una negra de metro noventa en pelota picada. En medio del shock, le comentaron que, en realidad esa actriz era un señor bombero de Chicago. “Ya me parecía a mí que tenía manos de bombero” dijo Don Mariano quien, no obstante, la contrató encantado. Todo esto no supondría mayor problema para el rodaje si no fuese porque, al final, Ajita tenía que darse un beso “de tornillo” con Pajares. “Todo el mundo en el rodaje lo sabíamos menos Andrés” comentaba Esteso, descojonándose, mientras Pajares revivía la situción como si fuese ayer. Un Don Mariano compasivo, le dijo “-Andrés, que es un bombero de Chicago – Y una mierda, lo que pasa es que tienes celos porque yo la voy a besar –Te juro que no, Andrés”. Finalmente, se reescribió el guión y no hubo beso de tornillo, aunque, a día de hoy, Pajares sigua preguntándose si hizo o no lo correcto.

Entre estulticia periodística, chanzas y chascadillos discurrió la mañana hasta que llegó la hora de las entrevistas. Mientras las cámaras se abalanzaban sobre Esteso y Pajares preguntándoles detalles sobre su inminente proyecto juntos, “El Código Aparinci
, yo aproveché para acercarme a mi idolatrado pozo de sabiduría fílmica que es Don Mariano. Como mi profesor de montaje cinematográfico, Don Pedro del Rey del Val, fue montador de Ozores (entre otros filmes, “Las Dos y Media y Veneno” su ópera prima), tuve fácil el iniciar conversación y que se mostrase sumamente amable. Don Mariano es una persona encantadora, muy lúcida, y da gusto hablar de cine con él. Respeta al personaje de Torrente como creación y a Segura como persona, pero opina que Santiago, cuando se sale de Torrente, cae en zafiedades que le provocan nula gracia. Se alegró mucho de que la juventud lo aprecie y de que un servidor de ustedes guarde en su memoria el recuerdo mítico de “El Soplagaitas”, la primera película en la que vi empelotes frontales. También comentamos en profundidad “Le Llamaban la Madrina” y critiqué agriamente que algunos montadores no hubiesen puesto en sus películas todo el mimo y el amor debido. Igualmente, nos solidarizamos en los ataques políticos que el sufrió por “El Sexólogo” y yo, en mucha menor medida, e indirectamente, por “Fuera de Control”. ¡Viva la incorrección! “Llámame de tú” me dijo Don Mariano. Lo intenté, pero de mi boca sólo pudo salir un balbuceante “No soy digno”. Con más confianza, al final canturreamos juntos un poco del “Miedo Miedo” del principio de “Las Dos y Media y Veneno


Como recuerdo de haber pasado un rato al lado de ese ser superior, quedan estas fotos (e incluso un autógrafo que le pedí para otra persona aún más fistro que yo). Por supuesto, hay fans que se lo merecen más que uno. Existe un dependiente del Corte Inglés que se sabe DE MEMORIA todas las matrículas de los coches que salen en las pelis de Ozores. Si un día, en vuestro cutrebuga de segunda mano, alguien os dice “Illo, tú coche salía en El Erótico Enmascarado”, sabed que no es coña. De hecho, tenéis la oportunidad de revisar nueve títulos de su filmografía en inmaculado DVD para saber si vuestro carro tiene un pasado del que os podáis sentir francamente orgullosos. Mariano, Andrés, Fernando… Ha valido la pena esperar.

21 abril 2006

Rock'n'Rolf es un hortera y no tiene perdón

Este individuo, líder de la banda de power metal alemán Running Wild, se llama Rolf Kasparek, pero juzgó que adoptar el nombre artístico Rock’n’Rolf sería todo un acierto. Y eso es lo que, sin más detalles, nos lo define como persona.

Podríamos decir que, cuando sus nietos, en su lecho de muerte, le pregunten: “-Abuelo, ¿qué has hecho para sentirte orgulloso de tu vida que ahora acaba?” él podría responder “Yo inventé el power metal pirata, en el cual, temáticamente, hablábamos de Jolly Roger, tabernas de puerto, tesoros, abordajes y, lo más importante, nos vestíamos de piratas y el batería, en directo, tocaba en la popa de un barco. Luego, en una etapa de madurez, abandoné la estética pirata para transmutarme en el húsar mayor del power metal”. El ataque de vicisitud que cualquiera sentiría ante estas últimas palabras de un moribundo es mayor todavía en mi caso. Sí, amigos, yo era fans de este sórdido señor. Y orgulloso poseedor de unos seis cds originales de su banda.

Durante años, me sentía moralmente superior a los pijos que escuchaban a Alejandro Sanz porque yo, en vez de oir que “Se le apagó la luz” oía como esta gentuza cabalgaban en la tormenta y se iban a tomar unas pintas a Port Royal, y todo con esas chupas y esos cardados. Quien viese mi discoteca, además de espantarse, se convencería de que Rock’n’Rolf me estaba enviando el claro mensaje de “Por la gloria de tu padrerl, ¿no te das cuen de lo ignominioso que es ser fans nuestro? ¿A qué extremos de ridículo y vergüenza ajena tendremos que llegar para que madures y te pongas a oir música para personas?”. Desde luego, cualquier otro lo habría pillado a la primera, pero un servidor, cuando se empecina con algo, era capaz de seguir oyendo los discos… ¡viendo a la vez las fotos de la contraportada! ¡Y sin mayor esfuerzo! Haced la prueba ¿cuánto aguantáis viendo las fotos de este señor sin sentir ganas de huir de la habitación? Cuesta ¿verdad? Si es que lo mío tiene mérito…

Pero a todos nos llega la edad de crecer. En mi caso, en 1991, me compré su álbum “Blazon Stone”, y noté que algo raro estaba sucediendo. No, no eran esos cardados inadmisibles hasta para el agonizante metal de la época. Ni siquiera que las chupas que lucían ya sobrepasaban los límites estéticos fijados por el glam metal más chungo. No, el detalle clave consistía en que… ¡Ponían la dirección de la tienda de Düsselfdorf donde podrías – si le echabas un par de huevos – comprarte unas chupas como esas! Y ahí me di cuenta de que yo ya no estaba preparado para llevar mi relación con Rock´n´Rolf a un nuevo nivel de compromiso. Además, musicalmente, percibí que todas las canciones de Running Wild sonaban igual. ¿Por qué ahora y no con los discos anteriores? Pues porque en “Blazon Stone” les dio por cambiar de temática y, además de ser piratas, decidieron también probar con la temática del western en coplillas como “Little Big Horn” o “Wild Bill”. Y, claro, si yo no aceptaba que Enya repitiese la misma melodía para cantar sobre el Caribe que para cantar sobre el Orinoco o las tormentas de África, era una cuestión de coherencia exigirle a Rock’n’Rolf que se expandiese creativamente para hablar del salvaje oeste. Y vamos a llegar más lejos: la portada y el título del disco eran horrorosos. Lo de “piedra de blasón” suena a “el ABC te regala la colección de escudos heráldicos de las dos Castillas”. De hecho, veo poca diferencia entre la portada del disco y los diseños de las cerámicas de Talavera. Este fotomontaje lo prueba.

Claro que, igual yo no entendía las verdaderas intenciones de Rock’n’Rolf. ¿Y si lo que quería era crear un puente de unión entre padres e hijos? Imagináos a un chaval heavy con una madre del Bolo. El niño va a una tienda a estampar la portada de “Blazon Stone” en un plato y, acto seguido, lo coloca en el mueble del salón al lado de la vajilla de Talavera de su madre. Qué acto de amor y de respeto. Pero, claro, yo era gallego imberbe y aquellas sutilezas toledanas se me escaparon, como mi amor por Running Wild.

Como en muchas relaciones, me resistí a aceptar el fin, y hasta me compré una regrabación de sus primigenios himnos piratas, “The First Years of Piracy”, que sacaron a continuación. Tuvo que ser un anónimo crítico musical el que me hiciese romper con la banda y entrar en la edad adulta con la lapidaria sentencia “Rock’n’Rolf es un hortera y no tiene perdón”. Tal importancia pueden llegar a tener los críticos con la frase justa en el momento indicado. Gracias a ese señor conseguí que la etapa húsar de Rock’n’Rolf no forme parte de mis traumas de infancia. Ya sólo me queda lidiar con la estética pirata.

Si alguien tiene curiosidad malsana acerca de esta banda, se puede bajar, gratuitamente, un disco tributo aquí
. ¿Hay huevos? Yo lo he hecho. Lo que más acojona es ver a tal cantidad de bandas de chavalillos jóvenes, como yo lo fui en su momento, siguiendo los pasos de Rock’n’Rolf. Me honraría que alguno de ellos lea este artículo y se replantee su vida, como aquel crítico me hizo replanteármela a mí en su momento. Confieso, eso sí, que he escrito esta entrada del blog mientras escuchaba su obra maestra “Death or Glory” y, con cierto placer, he de confesar que he sido capaz de cantar, puño en alto, TODAS las coplas. ¡Me cago en la puta! Coged vuestras guitarras de aire y seguid a Rock’n’Rolf “We are prisoners of our time/ But we are still alive/ Fight for Freedom/ Fight for the right/ We are Running Wild”.

¡Listos para el abordaje!

17 abril 2006

Mi Primo Porno (y la Mítica Olga)


Entre estas dos fotos (el bautizo de mi hermana y mi 31 cumpleaños respectivamente) median casi 30 años. Elementos en común: mi primo y un servidor de ustedes. Entremedias, un largo desencuentro y un glorioso reencuentro que, por su interés, pasamos a reproducir (“jarl”, sueno como el facha que lee las editoriales de El Mundo y de Jiménez Losantos en Canal 7 ¿es la seducción del fascismo?).

A lo que íbamos. Hace unos años, cuando mi novia comenzó a convertirme en ser humano y sacarme de las más profundas simas del frikismo – aunque, visto este blog, parece que hubiese fracasado, os aseguro que mi estado vital era todavía más ignominioso – me comentó: “Es cierto que los gallegos no sois muy normales. Yo tengo un amigo de Vigo tan depravado como tú que te va a caer muy bien”. Una vez más, acertó. En la fiesta en la que nos conocimos, entre múltiples chascarrillos y remembranzas de la ciudad olívica – no, Jaén, no – surgió esa tonterida de “-Posse es un apellido muy raro… ¿Cómo se llama tu abuelo? -Pues Antonio Posse Quirós -¡Coño! ¡El tío Antonio!”. Y es que Vigo es pequeño, pero 300.000 habitantes dan para que cualquier vigués que te presenten no sea necesariamente tu primo.

Pero lo mejor estaba aún por llegar. Una cosa es que, después de tantos años, ese niño que salía en la foto del bautizo de mi hermana tuviese su propio devenir vital, que incluyese Bellas Artes, diseño, y una gran relevancia en el mundo del bondage, fetish y S&M español (en su blog podréis aprender deleitándoos a la par que cagándoos en Rajoy, lo que siempre está bien), y otra cosa muy distinta es que ese primo fuese… ¡el niño que llevaba las arras en la boda de mis padres! ¡Y con impagable camisa de chorreras! Bueno, lo de las chorreras en plena década de los 70 tiene su pase, lo que no tiene pase alguno es mi actitud hacia mi primo por aquel entonces.

Yo tendría unos cinco años, veía la foto de la boda de mis progenitores, y asumía que ese niño que, entre mis padres, desempeñaba un papel tan glamouroso como protagonista, sólo podía ser YO. No me miréis así, a los cinco años no sabía que ir de blanco a la iglesia con tu propio hijo portando las arras consistía un desbocado acto de cinismo. Suficiente, incluso, para que el Cristo se desclavase de la cruz y empezase a repartir hostias entre todo el convite nupcial. Lógicamente, mi padre me decía “No, ese niño no eres tú, sino tu primo Miguelito”. Y yo, que no conocía a dicho sujeto, me enfadaba y buscaba perpetuar el autoengaño de que, aunque no me pareciese físicamente, yo era el niño de esa foto. Creo que no lo logré, pero esa boda me ha hecho vivir siempre en el engaño. Como el día en que encontré una cassette de audio en la que habían grabado la boda y que ponía “Low Noise”. Con seis años asumí que “Noise” tendría que significar “Nuestra” en inglés (son parecidos, leñe) así que “Low” tendría que ser “Boda” por tener las dos una “o”. Tal vez necesite ayuda de una psicóloga como la mítica Cuñada
para poder asumir mi pasado de forma sana.

El caso es que, más de veinte años después me topo con una figura mitológica de mi infancia y, en vez de descargar mi frustración hacia él, me hago “fans” suyo. No fueron pocas las sabidurías que de él aprendiere, guardando gratísimo recuerdo de una fiesta “Six”, que no “Sex”. En este evento, uno podía elegir su ámbito vital desde la más absoluta tolerancia. En una habitación se bailaba salsa, en otra podías tomarte tus clásicos canapés festeiros con cubata y, mientras tanto, oír los gemidos y fustazos que provenían del cuarto oscuro mientras un señor en tanga con botas de cowboy corría a tu lado en pos de un preservativo. Lanavajaenelojo, mientras tanto, era interrogada en la cocina “¿Quieres ser la reina de la fiesta? –Bueno, si no tengo que hacer nada -No, sólo tendrías que recibir -Errr, creo que esta chica lo haría mejor (señalando a la reina del cuarto oscuro) -Uy no, yo ya estoy muy cansada (doy fe que el ritmo de los fustazos me causaban más dolor por la muñeca que los producía que por las nalgas que los recibían)”. En fin, aquella fiesta me pareció el modelo de cómo se debería organizar España: tolerancia y diversión.

Furthermore, el carácter artístico de mi primo dio lugar a una bellísima colaboración entre ambos. En esa época yo dirigía un programa de Canal Satélite Digital llamado “Red Infernal” (un día faré un artículo sobre ello). Como el programa era una oda al cutrerío, la sordidez y, además, era emitido a las dos de la mañana, la cancha para hacer lo que te viniese en gana era absoluta. El primo y yo decidimos hacer una serie de piezas didácticas sobre el sado en las que, además de derribar prejuicios, no se cayese en el rollito de “vamos a reírnos un poco de esos frikis” tan propio de Crónicas Marcianas y bodrios similares.

La primera de ellas fue una entrevista a Olga Cambassani, transexual propietaria de una mazmorra sado. Olga había dado a conocer su “estado” a sus padres a través de una intervención en “Saber y Ganar”, así que, para la pieza, también dispuse de unas videocapturas de su gran tête-a-tête con Jordi Hurtado. Cuando mi cuñado, “fozando” (hurgando) en mi ordenador, vio esos documentos gráficos, exclamó: “¿Qué haces con estas fotos de la mítica Olga?” y, desde entonces, “la mítica Olga” devino la forma de llamar a la señora Cambassani. Enfervorizado al saber la dimensión del mito que abordaba, fui con el Primo a su mazmorra para rodar la épica entrevista que aquí os mostramos.




Desde entonces, Olga ha seguido batallando por los derechos de los transexuales y, desde aquí, le deseamos la mejor de las suertes. Mi primo, por su parte, tampoco ha descansado y ha seguido ganándose todo mi amor amén del apelativo “El Primo Porno” que ya ha llegado a lucir con orgullo. Otros le han llamado “Ediciones SM” pero, para mí, siempre será EL Primo por antonomasia.

12 abril 2006

Ator y su pandilla

Autor: Paco Fox
Vamos a dejar las cosas bien claras. Como a todo hijo de vecino, me gustan las buenas películas. De todos los géneros. Pero lo que realmente me llevó a interesarme por el cine es mi amor por el fantástico.
Cuando era niño, yo me lo tragaba todo. Pero todo. Desde ciclos de Mankiewicz hasta las pelis de Corman. Mi educación cinematográfica era una constante sesión doble entre los grandiosos ciclos de TVE y los videoclubes que proliferaron con la llegada de los VHS. Locales en los que, al lado de una peli de Michael Cimino, podías encontrar obras de la talla de ‘Super Rocky’ o ‘Fuga del Bronx’. Por lo tanto, no es de extrañar mi actual inestabilidad mental.
Por otra parte, y como decía, lo que realmente quería ver a todas horas eran películas fantásticas, concretamente de fantasía heróica. Yo había ido al cine al estreno de ‘El señor de los anillos’ de Ralph Bakshi y, sí, Balrog con careta chunga incluido me había impresionado y jodido al mismo tiempo: al grito nocillero de ‘¡dame más!’ me avalancé sobre toda carátula que prometiera algo similar. Pero, ay, dios mío: eran los 80.
Por aquellos años se estrenó ‘Cristal Oscuro’, esa pequeña obra maestra que confirmó mi adicción. Pero al mismo tiempo llegó ‘Conan’, que no me dejaron ver por ser para mayores de 16 años. ¿Qué me quedaba entonces? Aquí entran en juego los maravillosos italianos y los productores americanos de serie B con sus clones de combate, que se avalanzaron sobre mi pobre mente infante como depredadores.
Años más tarde, y gracias a ese regalo de los dioses freaks que es la mula, estoy rememorando con gran regocijo y sonrojo la era dorada de las pelis fantásticas malas. Y por Crom, vaya cosas me tragaba.

‘Ator el poderoso’ y ‘Ator el invencible’:
El primer clon de Conan que llegó a nuestros país vino dirigido por un grande: Aristide Massacessi, esto es, el amigo Joe D’Amato, que años más tarde nos regalaría la gran superproducción ‘Torero’, con Rocco Siffredi y muchas patatas. Recuerdo perfectamente el trailer del cine (pues, por entonces, estas cosas sí que pasaban por salas): ‘Ator: ¡Tú eres el hijo de Tor!’. Con dos cojones. Y tú sin darte cuenta.
La primera es realmente espantosa. Pero la secuela es ya demencial. Incluye uno de los mejores momentos de la desvergüenza cinematográfica cuando el gran Ator, intenta asaltar el castillo de los malos (exterior de toma aérea: Castillo de Neuschwanstein. Exterior toma tierra: castillo renacentista por determinar. Interior: Una caverna con pilares que vaya usted a saber qué sujetan). Nuestro impertérrito héroe se sube a una colina y, off-camera construye una cojonuda ala delta con dos ramas y un par de trapos. A continuación, se dedica a bombardear con armamento de manufactura propia el castillo. ¡Ator es McGyver y el profesor Franz de Copenhague en uno sólo!
Parece ser que hay dos películas más de nuestro héroe, ninguna de las cuales llegué a ver. La primera, ‘El guerrero de hierro’, apuesto a que es una película distinta: tiene otro director y, lo más importante, Ator lleva el pelo corto, traicionando la esencial estética bárbara Manowar. Es probable que se le llamara al protagonista ‘Ator’ para aprovecharse de la franquicia del personaje. Por qué alguien querría vincularse a ella es harina de otro costal.
La segunda es ‘Ator y la espada del Graal’, otra vez de D’Amato, pero sin el actor protagonista. Es mucho más difícil de ver, a pesar de que fue editada en España por Columbia video (¡?). Según parece, es aburridísima, pues pertenece a la etapa de decadencia del director previa a su resurgimiento en el porno. Y hablar de una etapa de decadencia en la obra del amigo Aristide es como mirar en la nevera de un piso de estudiantes: mejor no hacerlo.

‘La Conquista de la Tierra Perdida’:
Al contrario que el cachondo de D’Amato, el director de esta película sí que tiene sus fans. Lucio Fulci se hizo famoso pocos años antes de realizar esta pinícula (¡en coproducción con España!) por una serie de flims de terror que en su mayoría no tenían sentido. Y como vacaciones de tanta casquería e inicio de su decadencia (¡otra!), se marcó una de espada y brujería. O eso pensaría mi pobre madre, cuando cogió la película y en el videoclub a instancia mía y, a eso de los cinco minutos de empezar, a una buena señora en tetas la parten por la mitad. Unos veinte minutos y un poco de casquería más tarde, mi pobre progrenitora sacó la película de nuestro mastodóntico y entrañable video Akai.
Unos lustros más tarde conseguí ver el resto. Bueno, más bien intenté ver el resto. Porque el amigo Lucio se había dedicado, bien a rodar todo con una niebla que parecía que se le había caído la cámara en una cuba de aceite, bien a hacer escenas en cavernas que, más que verse, se averiguan. Probablemente por aquello de darle un halo misterioso a la película. Seguramente porque le daba vergüenza enseñar lo que pasaba delante de la cámara.

‘Yor, el cazador que vino del futuro’:
Algunos pensaréis que para qué hago un artículo tan largo, si luego, en vez de analizar las películas, me pongo a contar un par de anécdotas y a otra cosa mariposa. Pues para mostrar los posters, claro. Que esta gente era capaz de hacer la cutrez más espantosa, pero luego se descolgaban con unas carátulas de video cojonudas. Alquilar una película era como ligar con la de Juego de Lágrimas. Aparentaba mucho, pero luego te asaltaba la cruda realidad.
El poster de Yor no era tan chulo como el de las tres anteriores. Pero a mí me gustaba: un bárbaro y naves espaciales. ¡Qué más se puede pedir! Pues sí, unos pocos plagios de ‘La guerra de las galaxias’ y ‘El planeta de los simios’.
Yor (que ni era cazador ni venía del futuro) es una de esas películas que hasta su director, el irregular Antonio Margheriti, repudia. Y yo me acabo de dar cuenta de que es la segunda vez que hablo de ella en este blog. Y eso es una vez de más.


Cromwell, Rey de los Bárbaros:
Mi gran frustración infantil. Junto con Ator y la bastante decente ‘El señor de las bestias’, uno de los primeros clones de Conan que llegaron. Y, por algún motivo, ni pasó por mi pueblo ni llegó a mis videoclubes. Y claro, eso me carcomía por dentro. De entrada, el título me daba buen rollo. A lo mejor porque yo lo relacionaba con una superproducción histórica de cierta calidad que ya había visto. Además, a ver si lo averiguáis: efectivamente, el póster me parecía chulo. Un tanto chungo visto hoy, es verdad. Pero, coña, ¡que tenía ocho años!
Varios lustros después, y por gentileza de la mula y un tipo que utilizó unos codecs endiablados, por fin la pude ver. Ni más ni menos que la primera película de Albert Pyun. Y, según todo el mundo, la mejor. Claro que eso es como decir que ‘La hoz y el Martínez’ es la mejor de Álvaro Sáenz de Heredia.
Sorprendentemente, el flim no está del todo mal. Es menos cutre que lo que nos tenían acostumbrados los italianos y las producciones Cannon de la vida. Además, no quiero ni pensar cómo hubiese brincado en el sillón al ver la espada del protagonista, capaz de lanzar (sí, lanzar) dos de sus tres (sí, tres) hojas al desgraciado extra con turbante que lo atacara. Une a esto la gran frase final (‘¡Vámonos! ¡Se acerca una batalla! ¡Tenemos reinos que salvar y mujeres a las que amar!) y que uno de los malos es Bull de ‘Juzgado de guardia’ y ya tienes una estupenda tarde de cachondeo.

‘Deathstalker’ y otras series B de Roger Corman:
Después de que ‘El Señor de las Bestias’ y ‘Cromwell, Rey de los Bárbaros’ se presentaran como clones de combate de presupuesto medio, los bárbaros clembuterizados decidieron pasarse a la serie B más pobre. El primero de estos atentados es uno de los pocos que aun me faltan por ver: ‘Deathstalker’, una coproducción de Roger Corman con Argentina. Y con eso podría estar dicho todo. Pero, contra todo pronóstico, parece ser que no era un coñazo, sino un cachondeo total de proporciones vergonzosas, como demuestra un clip que viera por Internet en el que una especie de guardia gamorreano con careta de los veinte duros está golpeando a un desgraciado. Como le duele la mano, le arranca un brazo a uno que andaba por allí, y pasa a utilizar el nuevo instrumento para seguir machacando a su presa. Si el resto de la película sigue a este nivel, por favor que tengo que verla.
El flim tuvo varias secuelas, de las cuales he visto la tercera. Y es espantosa. Pero eso seguro que ya os lo imaginabais. Incluso algunos efectos fueron utilizados para ‘Wizards of the Lost Kingdom’, una nueva coproducción de la ‘conexión infernal’ (Corman-Argentina), en la que mi admirado productor ponía en marcha su deporte favorito de reutilización de escenas: también aparece el monstruo final de ‘Sorceress’, otra de sus producciones de espada y brujería que, encima, fue la última película de Jack Hill. Lo gracioso es que hasta hubo un ‘Wizards of the Lost Kingdom 2’ (estrenada en España en video y todo), así como la desvergüenza encarnada en celuloide que eran las dos ‘Barbarian Queen’, liviano pretexto para mostrar señoras en top less. Lo cual, bien mirado, tampoco es tan grave.

Las producciones Cannon:
La Cannon fue una apasionante productora de los 80 que se merecerían, no sólo un artículo aparte, sino también un par de hostias bien dadas. El caso es que se apuntaron con varias películas a la fiebre de espada y brujería. No hablaré de ‘Masters del Universo’ su gran superproducción que acabó precipitando su bancarrota. Sí que lo haré (lo siento) de ‘Los hermanos bárbaros’ y las dos partes de ‘Gor’.
Los hermanos bárbaros llegaron ya bastante tarde (en 1987), de la mano de Ruggero Deodato. Efectivamente: se trataba de una coproducción con Italia. No soy muy bueno en aritmética, pero si sumas caspa americana con cutrez italiana, el resultado más seguro sería hemorragia cerebral. Y, efectivamente, la película es bastante espantosa, con dos gemelos culturistas con pinta de porteros de discoteca ‘PK2’ (en todos los pueblos había una, sí señor) haciéndose los graciosos. Uno de ellos doblado por Ramón Langa, lo cual hace que toda la experiencia sea más surrealista si cabe.
De todas maneras, la película es tan poco seria que, al igual que ‘Cromwell, Rey de los Bárbaros’, se puede ver con el adecuado estado de humor y nivel de estupefacientes en sangre.
No se puede decir lo mismo de ‘Gor’ y su secuela, ‘Outlaw of Gor’. Según se dice, están basadas en una serie de novelas fantásticas de bondage. Toma ya. Y yo que creía que lo había visto todo. Aún así, tampoco es que haya mucha teta. Ni mucha acción. Ni guión. Vamos, que sólo hay vergüenza ajena, Oliver Reed trabajando por una botella de whiky y Jack Palance con un sombrero en forma de urinario.

La supermorralla ignota:
Hay muchísima caspa que no he podido ver (o recuperar) todavía. Tenemos por un lado ‘Ironmaster, La guerra del hierro’, una mezcla de Conan y ‘En busca del fuego’ de Umberto Lenzi (D’Amato, Fulci, Margheritti, Deodato, Lenzi… sólo falta Castellari y tendríamos a toda la caspa italiana de los 80 completita). Ésta la vi en su momento, pero no me traumatizó, pues sólo recuerdo que el tipo saca una espada de un volcán ya forjada y todo. Muy práctico. Los italianos atacaron con mucha bazofia más. En un intento desesperado por imitar a Conan, engendraron la desconocida para mí ‘Gunan el guerrero’, y los distribuidores españoles tuvieron toda la gracia (o poca vergüenza) de bautizar ‘Sangraal, la spada di fuoco’ como ‘La espada salvaje de Krotar’. Vamos, que de ahí a ‘Tronak el kárbaro’ hay sólo un paso.
Debo, al menos nombrar a la casi desconocida ‘Thor el conquistador’, así como ‘Hundra’, una coproducción hispano-americana que el Plus tuvo el detalle de poner, vaya usted a saber por qué, alrededor del 1992, y que no era del todo mala. Pero la peli de bárbaros más rara de todos los tiempos es sin duda ‘Tunka, el guerrero’. De ésta recordaba (cómo no) el póster de una vez que pasó en una matinal del cine de mi pueblo. Más tarde, averigüé que se trataba de una producción española. Incluso encontré
la página web del protagonista y director, Dan Barry, comiquero pseudónimo de Joaquín Gómez Sáinz, desde la que vende la película en dvd y todo. ¿Podré resistirme a comprarla? Probablemente sí.

Alguna película presentable salió de toda esta locura de fantasía heroica. La ya nombrada ‘El señor de las bestias’ era bastante aceptable, no así la espantosa secuela (ante la falta de presupuesto, ¿qué mejor solución que hacer viajar a nuestro héroe al presente?).
También estaba Krull, que fue un intento de superproducción inglesa que se quedó a medio camino. Pero el director era competente (Peter Yates, el de ‘Bullit’), el presupuesto acompañaba y el diseño de producción no estaba mal. Una lástima que los elementos de ciencia ficción que se incluyeron no casaran del todo. Fallida era también ‘Tygra: Fuego y Hielo’, tanto por problemas técnicos como de guión. Pero es bonita de ver y la protagonista no está nada mal. Vaya por dios, ya estoy otra vez hablando eróticamente de un dibujo animado. Mi psiquiatra se va a cabrear.
‘El dragón del lago de fuego’ fue un intento de Disney de hacer un filme más adulto de lo usual, justo unos años antes del descalabro de esta tendencia con ‘Taron y el Caldero Mágico’. Una película muy buena, en la que, además, el dragón se zampa a Ian MacDiarmind, nuestro querido Palpatine.
Finalmente, la fantasía ochentera se cerró con el relativo fracaso de ‘Willow’, que enterró el género durante los 90, dejándonos a los fans tristes y cuitados a la espera de que un hobbit y un buen montón de ordenadores hicieran la obra definitiva. Lógicamente, cuando los que crecimos con Ator y su pandilla vimos a ese Balrog de la vida, nuestro amor explotó por todos los asientos del cine.

10 abril 2006

El día que Chimo Bayo... ¡¡¡¡¡¡DUDÓ!!!!!

Acabo de leer una maravillosa entrevista al gran Chimo Bayo en esa inconmensurable web que es viruete.com. El personaje, que siempre juzgué grande, adquiere ahora tintes próximos a lo mitológico. A nadie se le escapa que sin “Así me gusta a mi” no se puede entender la España de los últimos 20 años: Bisbal o Alejandro Sanz no podrán decir eso de sí mismos así se reencarnen treinta veces. Y, desde luego, eso fue un dato que no pasó inadvertido en Israel y Japón, donde los “¡Huh Ah!” de Chimo fueron catapultados al número 1.

Ahora bien, ¿es ese “chiquitínchiquitán” basado en una desviación etílica del “Chittychittybangbang” lo que hace tan grande a Chimo? No, hace falta más que un “nos vamos de bareta con la tía Enriqueta” para llegar a ese estadio. La clave está en Chimo es un ARTISTA que EXPRESA su INTERIOR a través de su OBRA en la que él CREE. ¿Queda claro? Mientras Paco Pil es un payaso y sabe que Johnny Techno Ska no halla resonancia en el alma de su drogada audiencia, Chimo quiere expresar el dolor de la población civil en la primera guerra de Irak a través del desgarrador “¿Qué pasa qué pasa?” tras la caída de las “Bombas Bombas”. Y, el hecho de que la canción permanezca en la memoria colectiva se debe a que su – también drogada – audiencia era capaz, a pesar de todo, de captar la angustia vital de Chimo. Angustia que expresó, con sus mejores armas de poeta, a la hora de cantar a las dudas, incertidumbre e indefinición propia de la edad juvenil en sus sobrecogedores versos “Exta sí exta no exta me gusta me la como yo”.

Es una explicación que nos reconforta a los fans de Chimo, pero, como todas las explicaciones sencillas, es incompleta. Porque, la verdad, amigos míos, es que, diga lo que diga Chimo en las entrevistas, nuestro maquinero favorito, al igual que Cristo en el huerto de Getsemaní… ¡¡¡¡DUDÓ de si mismo!!!! Y… ¿cómo culparle? Todos entendemos que el prota de Jesucristo Superstar vacilase en su santa misión (provocando, en su canción desesperada, los gritos de Ian Gillan en inglés y de Camilo Sesto en la versión española). Pero… ¿Créeis que Chimo no pasó por una pasión peor que la de Cristo? Por lo menos el hippie ese tenía doce colegas y algunas prostitutas, pero Chimo vivía sólo en medio del desprecio de la crítica y el pastillerío de sus teóricos seguidores. ¿Cómo mantener la fe en ti mismo si ni siquiera puedes multiplicar panes y peces (o rulas y lonchas) de vez en cuando? Y Chimo, que al igual que Cristo, basa su grandeza en ser humano a la par que divino, tuvo su particular pasión que ahora paso a relatar.

Unos amigos, harto relevantes en el mundo de la música electrónica española, coincidieron un día con Chimo Bayo. Hacía poco que, en una de esas fiestas sonadas dentro del mundillo, le habían otorgado a nuestro hijo predilecto de Valencia el premio honorífico de “Rey de la pastilla frita”. Debió ser la gota que colmó el vaso porque, en pleno arrebato de sinceridad, Chimo cogío por banda a estos amigos míos y los subió a su casa para regalarles con una sesión de “house del bueno”. Chimo les repetía una y otra vez lo arrepentido que estaba de su obra, lo que lamentaba el rumbo del movimiento bakala que el tanto había alentado en sus sesiones de DJ, y lo que abjuraba de toda la basura que había pinchado en tantos y tantos clubes. “Ahora sólo voy a pinchar música realmente buena”.¿Estábamos ante una nueva fase “de madurez” del artista? La sesión comenzó y, para gran estupor de los dos reputados DJs invitados, la música que emitían los platos, volvía a mostrarnos – una vez más – los abismos más profundos de la ignominia. Intentaron no decir que aquello era una mierda pero, de alguna forma, Chimo debió darse cuenta de que las rayas de un tigre no pueden borrarse y que, pese a la incomprensión del resto del mundo, el debía cargar con la cruz de su misión musical. Después de todo, la resurrección y la vida eterna le aguardan tras el calvario.

Visto lo visto, en este año 2006, podemos decir que falta muy poco para esto. Ánimo Chimo, las iglesias donde se comulgue con rulas y cubatas en tu honor están a la vuelta de la esquina. Mientras tanto, cantad conmigo los diez mandamientos de una nueva alianza “¡Uno, que no pare ninguno! ¡Dos, nos movemos los dos! ¡Tres, lo mismo pero al revés! ¡Cuatro, me voy a la barra un rato! ¡Cinco, pego un brinco y…! ¡Séis no me véis! ¡Siete, que nadie se siente! ¡Ocho, me voy de bareta bareta bareta! ¡Nueve, esto se mueve y…! ¡Diez, vuelvo otra vez!”.

Amen.

07 abril 2006

El peor chiste de la historia

Hace unos meses me contaban un chiste espantoso: “-Joder, desde que me he hecho de Opus, lo de la abstinencia sexual lo llevo de pena. El otro día, mi mujer se agachó a coge una caja de huevos y, sin dudarlo, se la endiñé. –Tío, por eso te habrán echado del Opus ¿no? -Del Opus… ¡Y del Pryca!”. De los que estábamos en la mesa fui el único con la suficiente falta de decoro como para echarme las manos al duodeno y, acto seguido, emprender una fulgurante huída al váter.

En el momento de reflexión que se produce al darle con la escobilla a tu última zurraspa, pensé ¿Es el peor chisque que jamás haya oído? Y, aunque a los lectores les extrañe, yo sabía perfectamente que había uno muuuuuuuuucho peor. Y, de alguna forma, me supuso un consuelo: es reconfortante tener referentes morales sólidos en la vida y yo, por fortuna, tenía entre mis referentes el peor chiste del mundo. O, si no el peor, el listón definitivo contra el cual medir la maldad de cualquier chiste. ¿Queréis saberlo? Claro que queréis. ¿Os va a doler? Eso ni hace falta preguntallo.

El chiste en cuestión proviene de la gigantesca película “La Mujer es un Buen Negocio” del titánico Valerio Lazarov. Sus zooms, el protagonismo de Manolo Escobar, y momentos bellamente metalingüísticos como aquel en el que Josele Román dice “Mi Manolo no se desnuda aunque se lo pida el mismísimo Valerio Lazarov” llegan para considerar a este filme como una de las cumbres del cine patrio. Pero el gran Valerio guardaba un as en la manga: ¡Antonio Garisa! Ese infraser, el actor más grimoso del cine español, la persona capaz de espantar por sus dosis de caspa al mismísimo Juanito Navarro, va a ser el prota de nuestro chiste. ¿Estáis preparados? ¿De verdad queréis seguir? Bueno, pues no lo cuento: mejor vedlo.


¡Oh dolor que de mi alma abusas! “For sale… Pues a ver si es verdad eso de que sale”. El recuerdo de este espanto arruinaba periódicamente la visita de unos amigos míos al sur de Inglaterra. Además, el grito de guerra “¡For sale!” (pronúnciese en español) era dirigido hacia una bella persona con el hábito de contar chistes nefastos cuya gracia teórica se percibía al cuarto de hora. De hecho, en su lugar de trabajo se llegó a colocar una fotografía del simpar Antonio Garisa acompañada de un “For Sale”.

Pues ahí queda eso. Vuestra vida se ha enriquecido con un nuevo referente. Y, como apunte final, una inquietud: cuando me bajé esta película de la mula (DVDrip, cágate) el número de fuentes llegó a ser de… ¡124! ¿Hay tanto sórdido en el mundo? O, mejor aún, ¿existe mucha gente que, sin llegar a publicarlo como yo, vive secretamente en el culto al forsalismo? Acojona, tronco, acojona…

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