28 junio 2006

Slim Borgudd: miembro de ABBA, piloto de F1 y camionero. Top that!

Un realizador de publicidad me dijo hace poco “Yo no soy nada mitómano, pero la única vez que, en mi vida, me acerqué a alguien para pedirle un autógrafo, ese alguien fue Jordi Hurtado”. Evidentemente, en este blog somos unos mitómanos irredentos, pero esa frase me hizo reflexionar. Si sólo pudiese pedir un autógrafo en mi vida… ¿A quién se lo pediría? De repente, me encuentro con un personaje sueco que reúne varias de mis fijaciones vitales: el rock sinfónico, ABBA (y todo lo que implican) y la Fórmula 1. Evidentemente, Slim Borgudd es un candidato a ese “único autógrafo ever”.

La historia de este batería no puede comenzar peor: tras una inventar el pop-rock sueco sesentero con la banda Made in Sweden, abraza el rock sinfónico en la banda Solar Plexos. Por si el nombre – y la pintorra de marujón de su cantante – no doliese lo suficiente, las portadas dan fe de la impecable interpretación que, en Suecia, se hizo de los años 70. Por lo menos, ellos tenían excusa, no como yo, que en pleno 2006 sigo cediendo ante ese reverso tenebroso de la música que es el rock sinfónico (sí, me estoy bajando su canción "El Ojo de Odín" de la mula, lo confieso ¡pero seguro que tú estás ya con el cuarto cd de la antología de la zoofilia con banda sonora de Luis Cobos! Vale, de acuerdo, lo mío es peor). Cuando en 1975 el sinfónico estaba en pleno declive, Slim probó suerte cantando en un disco en solitario de cuya ignominia dan fe títulos como “Machine Man Woman”, “Hot Metal” o la demencial “You Son of a Baker”. Pero la relevancia de este lp está en su título: 'Funky Formula', donde Slim sale con un casco de piloto. A raíz de ello, Slim se pregunta si su verdadero talento no estará en el mundo de la Fórmula 1. Ni corto ni perezoso, se aventura a pilotar en categorías inferiores para, oh sorpresa, hacerlo francamente bien.

En medio de gloriosos resultados automovilísticos, Slim recibe un día una llamada de su viejo amigo Björn Ulvaeus (el más feo de ABBA y mi favorito de los cuatro, fíjese usted) que le propone tocar la batería en nuestra banda sueca favorita (y, por una vez, no estamos hablando de Europe). Evidentemente, esta combinación entre "Batería de ABBA" y "Estrella de la Fórmula 3000 (por detrás de Alain Prost)” no puede pasar desapercibida para el mundillo de la F1. Consecuentemente, en 1981 Slim Borgudd debuta en la categoría reina del automovilismo con el decadente equipo ATS. Y lo que es mejor: la decoración de su bólido incluye el logo de ABBA en los pontones laterales. En mi selectiva memoria histórica, sólo la decoración de los Hesketh con imágenes light de Penthouse iguala la de ATS de Slim. No sólo estamos ante una cumbre del amor y la sordidez automovilística, sino que, además, los ABBA no pagaron ni un puto duro por plantar allí su logo. Antes bien, se trataba de una ”esponsorización de buena voluntad para atraer a futuros patrocinadores”. La lógica subyacente en ese razonamiento de me escapa. ¿Pero qué esperaba ese equipo? ¿Publicidad de la revista Bravo en los alerones traseros?

Sea como fuere, el señor Borgudd debutó obteniendo un digno decimotercer lugar en la primera carrera, a tres vueltas del vencedor Nelson Piquet. Las cuatro siguientes carreras fueron, en cambio, ignominiosas, no consiguiendo Slim precalificarse para ninguna de ellas (básicamente, solía quedar a casi 8 segundos del tiempo de pole). El buen nombre de ABBA era así arrastrado por el fango de los circuitos europeos hasta que Borgudd, en un arrebato de pundonor, logró calificarse para un gran premio de Inglaterra en el cual casi todo el mundo abandonó, con lo que Slim consiguió un sexto puesto y, gracias a él, el único punto de su carrera. El arrebato de euforia hizo que los propios ABBA se personasen el el siguiente gran premio de Alemania, pero Slim terminó aquella carrera reventando el motor. Seguro que Agnetha lloró y muchos corazones se rompieron en el muro de boxes. Me imagino a Slim volviendo cabizbajo al garaje mientras Frida le cantaba el "Winner Takes It All" por la megafonía. Esta fue la tónica hasta el final de temporada: buenas calificaciones, fallos mecánicos en carrera y, lo más importante, un fichaje para el año siguiente para el mítico equipo Tyrrell, después de haber, durante 1981, humillado Slim al entrañable Michele Alboreto.

El caso es que, ese año, sin el apoyo de ABBA en la decoración del coche, la magia de Slim se desvaneció, le echaron de Tyrrell, y decidió buscar fortuna en otras praderas más verdes. Era 1983, uséase, que con la desbandada de ABBA en 1982, Borgudd tuvo que replantearse su existencia. Después de conducir turismos pintados de forma veramente orrenda (véase foto), Slim se reinventó a sí mismo como lo que siempre quiso ser desde la infancia. No, leñador no. Él siempre quiso ser camionero, y a ello se aplicó con tal intensidad que logró el título en la máxima disciplina camionera en el año 1995.




Viendo cómo este señor ha logrado triunfar de tal manera en el campo del motor y de la música, yo no puedo sino repetir la frase de Ramón Trecet “¡Ese negro es mi hombre!” sólo que aplicada a un sórdido sueco. Y, por supuesto, unas preguntas se me plantean... ¿Es Slim Borgudd el mesías al que debo seguir, como algunos hacen con Jesucristo? ¿Todas mi vida he querido ser como él? y, la consecuencia lógica ¿Terminaré siendo camionero?

Tengo que oir menos rock sinfónico…

13 junio 2006

Uwe Boll: ¡Méteme de hostias o cierra la puta boca!

“Ya estoy harto de la gente que se mete conmigo en Internet sin haber visto mis películas. 500 energúmenos que no han visto mi obra hacen que muchos periodistas prejuzguen mis películas. ‘Bloodrayne’ entró en el bottom 100 del imdb antes de que fuese estrenada. Pero luego, sus ventas en DVD están siendo de las más altas de América”.


Así que nuestro amigo UBA ha decidido que si la crítica tiene cualquier otra gilipollez que decirle, que lo haga a la cara. En Septiembre comienza el rodaje de ‘Postal', otro film basado en un videojuego ultraviolento y, para caldear el ambiente, ha invitado, con todos los gastos pagados, a sus críticos más acérrimos a que participen en una escena de boxeo que tiene lugar durante la película.

Durante el rodaje de la película tendrán lugar cinco combates a diez asaltos. Éstos serán televisados en directo por Internet a la par que rodados para formar parte del montaje final de la película.

Para poder participar en “Postal” tienes que haber escrito un mínimo de dos artículos desaforadamente en contra de Uwe Boll a lo largo del 2005. Subirse al carro en el 2006 ya no vale, faltaría más. Si tú has sido uno de esos infieles que, contrariamente a lo que aquí se predica, no has sabido apreciar el arte de UBA, puedes enviar la prueba de tu odio escrito a
info@boll-kg.de.

Hay que ser un varón sano de entre 64 y 86 kg. Habrá revisión médica previa, con lo cual no sabemos si drogadictos descerebrados como Quentin Tarantino
o Roger Avary serán aceptados. Desde luego, no han dudado en poner a parir a nuestro UBA, lo cual es la prueba irrefutable de que chutarse es malo. Entre ‘Kill Bill’ y ‘Bloodrayne’ elijo la demencialidad de esta última, aunque sólo sea porque Kristanna Loken se empelota. Por supuesto, el desmelene de 'House of the Dead' se merienda a 'Killing Zoe', uno de los bodrios más merecedores de pena de muerte de la historia del cine. Como dice UBA “Me odian porque soy alemán y no son capaces de mantener su propia carrera”. Claro que sí.

Seguiremos informando, pero está claro que sólo cabe una opción moral: ¡¡¡¡TODOS CON UBA!!!!

12 junio 2006

Santiago Rouco: para todas las mujeres de España y para todos los hombres valientes

“Este disco se comenzó a elaborar en el año 1972 y se ha terminado en 1995. Está dedicado a todas las mujeres de España y a todos los hombres valientes. Un amigo, una amistad y una canción. Santiago Rouco"

Sí, señoras y señores, las dieciocho canciones que componen el mítico cd “Oye Niña” (copla que muchos conoceréis por su inclusión en el cd de Gomaespuma) son la obra artística de toda una vida. Sólo un indocumentado – o, lo que es peor, un fans de Bjork – no podría apreciar que la obra de Rouco no es una clásica casete de gasolinera cualquiera. Donde esas “obras” consisten en un hit sórdido rodeado de reiterativo e ininspirado relleno, el cd de Rouco es un concienzudo trabajo sobre todos los ritmos musicales que los botones de su Casio le permiten: desde la cumbia al pasodoble, pasando por la guaracha, la ranchera, el funky-pop, el calipso, el swing lento o el country. Ningún botón ha quedado sin pulsar.

Si bien el torrente de creatividad musical de Rouco es abrumador, sus letras son su auténtico as en la manga. Empezar una canción diciendo “Es porque yo soy igual que una nube de verano/ Que por donde pasa oh, sí, yeah/ Siempre hace dañooooooooo” pondría amarillo de envidia a Bob Dylan, pero arrancar otra coplilla diciendo “No tengo perdón de dios” se anticipa al oyente de una forma sobrecogedora. Sus rimas, por supuesto, oscilan entre los ripios más imprevisiblemente previsible (”Tengo yo un barquito velero/ que me deja en medio del Duero") y su negación más absoluta ("Este amor maravilloso/ Que yo siento muy adentro de mi ser/ Ha de hacerme muy dichoso/ Mientras dure nuestro amor") ¿"Mientras dure tu querer"? Esa rima sería para débiles. Y Rouco no es débil: es un artista tan grande como el mismísimo Chimo Bayo.

Toda esta devoción por Rouco comenzó hace unos doce años cuando, en una emisora de radio en Vigo me expusieron al mítico single “Negrita Bombón”. Aquí os la podéis bajar y no dar crédito. Las seis personas que estábamos en el control la oímos unas cinco veces seguidas. Y, ojo, la cara B era aún mejor. Arrancaba con un “A Coruña Lugo Ourense e Pontevedra/ Estas son as provincias da miña terra”. Esas dos canciones se grabaron a fuego en nuestras mentes durante un año. Y fue entonces cuando llegó el momento mágico: la emisora de radio recibió el cd con los 18 temas que resumían esa vida dedicada al arte de Santiago Rouco. Nos sentamos en el suelo del control dispuestos a una hora de experiencia mística. Y qué gran experiencia fue aquella. Especialmente cuando ese arrebatador pasodoble romántico que es “Así es como siento cariño” termina con un inesperado “No hay cariño de mujer que se compare/Ayyyiiiiiyyyyyyiiiiiiiyyyyyyyy/ ¡Al de una madre!”. Durante el verano del 95, ese cd fue la banda sonora exclusiva y, claro, ya tocaba ir tomando partido: ¿Saltaríamos la fina linea que separa la vida del arte? Esto es ¿Nos animaríamos a conocer a Santiago Rouco "The Man" himself? La respuesta, obviamente, era que sí.

En aquella época yo trabajaba en el programa “Red Infernal”, donde ya había hecho la entrevista a mi Primo Porno con la Mítica Olga. Así pues, decidí aprovechar todos los medios puestos a mi disposición para conseguir una interview con ese gran señor. ¿Cómo contactar con él? Sencillo: en mi habitación tuviera yo un cartel del lanzamiento del "Oye Niña" en el cual se hallaba el número de teléfono para encargar el cd. De esta manera, además de comprar su gran obra, concerté una entrevista con Santiago.

Cuando llegó a las oficinas de Canal C el contraste fue bellísimo: entre todo ese ambiente moderno-tecnoso, una chica, acostumbrada a cosas de Portishead para abajo, el preguntaba “¿Qué clase de música hace usted?”. Sin comentarios. Acto seguido, subimos a la terraza donde Polanco solía desayunar contemplando sus dominios para hacerle una mítica entrevista que, de momento, se halla perdida. Sorry. En ella, nos comentó que sedujo a su mujer cantándole “Oye Niña”. Eso son almas gemelas. También mostró su respeto por Julio Iglesias, al que retó a un concierto conjunto para que la audiencia decidiese quién era el mejor. “Ganará él porque tiene la pasta, pero ahí queda el desafío”. Yo soy fans de Yulio, pero hubiese apoyado incondicionalmente a Santiago. Una vez terminó la entrevista, decidimos rodarle el videoclip de "Soy como un Vagabundo" caminando por la Gran Vía mientras realizaba un playback para estupor de los viandantes. Mientras lo rodaba, un antiguo compañero del Colegio Mayor se cruzó conmigo. Probablemente pensaría “Dios, este antes hacía sus cortos cutres en VHS con música de Rouco y, ahora, rueda su videoclip en Betacam Digital". Sí, soy un sórdido irredento. Lo sé.

Lo que sí os puedo ofrecer es una selección de los videoclips caseros que Rouco himself me ofreció. Una épica retahíla de playbacks en la habitación de su hijo con el atrezzo yaciendo en la cama. Causa especial turbación el sombrero mejicano que se termina poniendo durante la ranchera en la cual proclama "Eres bonita bonita bonita bonita muy bonita/ Eres bonita de verdad/ El sol te da en la cara/ Cuando te saco a pasear”.
Después de esto, Rouco siguió dando algún concierto que otro acompañando a artistas muy inferiores a él, como Leonardo Dantés o Luixi Toledo. A todos esos conciertos acudió su hijo. “Yo estoy aquí para, si alguien se descojona de mi padre, inflarle a ostias. Porque lo que hace es una mierda. Pero él cree en lo que hace”. Y es que todos creemos en lo que hacemos, pero ¿estaremos invirtiendo 22 años de nuestra vida en crear nuestro personal “Oye Niña” sin saberlo? Una vez más: acojona, tronco, acojona. No sólo eso: las canciones que os habéis bajado no son las versiones originales, sino una regrabación que el propio Rouco realizó unos años más tarde. “Es que entonces no tenía la voz educada. Pero ahora ya ha quedado profundamente bien”. ¿Profundamente bien? En todo caso son canciones, más afectadas, épicas y susceptibles de causar más estupor que las originales.

Como conclusión, este blog os regala, para que sus descarguéis, una selección de hits del disco. Eso sí, esta vez más que nunca, os OBLIGO a que COMPRÉIS el disco. Un joya como el “Oye Niña” no puede languidecer en una tarrina de cds. Hay que tenerlo con su sofisticado artwork original y DEDICADO (como el mío). Este es el número de teléfono al que podéis encargarlo con su firmilla y todo: 915 448 778.

PS: Otro regalo. "Oye Niña" versión karaoke para que os animéis a cantalla en vuestra propia casa. ¡Enviad los resultados!

10 junio 2006

Literatura española de vanguardia (I): Teresa de Jesús

Autor: Jalop
Hoy toca hablar de literatura; ya saben que no somos gente iletrada, como demuestra la devoción que sentimos por Hans Magnus Enzensberger, pero hoy vamos a ser patriotas y dedicarnos a los autores nacionales. Claro que esta mirada tendrá que ser crítica, ya que mi recuerdo de la asignatura de literatura española en el bachillerato es bastante lamentable: pocos métodos más convincentes se me ocurren para conseguir que un adolescente coja alergia a los libros que recitarle poemas de Garcilaso de la Vega. Sólo esos seres depravados que estudian filología hispánica pueden hallar gozo en rollos como El libro del buen amor, La Celestina o las Novelas ejemplares. Aunque no niego que estas narraciones cuenten con elementos de interés, como prostitución, promiscuidad, violencia o crimen, los años no pasan en balde, el castellano antiguo no se entiende ni pijo, y el placer por leer un libro con más aclaraciones a pie de página que texto es una perversión tan respetable como cualquier otra, pero que no comparto.

Entre tanto muermo que aparecía por el libro de literatura, el insípido de Fray Luis de León, el pedante de Góngora, el gafapasta de Quevedo, el cursi de Becquer, el relamido de Ruben Darío, el quiero y no puedo ser Lord Byron de Espronceda, etc., etc., entre tanto costumbrismo, picaresca, y crítica cansina y previsible de la sociedad de su tiempo, brillaban con luz propia dos personajes singulares que ponían color a tanta monotonía, y que pronto despertaron mi sórdida atención: San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús.

Esta última era además la única mujer que aparecía en el libro de texto junto con Rosalía de Castro, pero mientras Rosalía era una plasta que se pasó la vida lamentando haber dejado atrás su aldea y su huerto miserables, Teresa de Ávila protagonizaba una emocionante biografía de creación de conventos, éxtasis místicos, visiones, arrobamientos, levitación, ascetismo, flagelación, descuartizamiento de su cuerpo incorrupto, y veneración de sus reliquias. Esto sí que es vivir la fe de forma creativa y ejemplar para la cristiandad; mientras ella cuenta con nuestra admiración, expresiones de la religión tan mongólicas como la de Juanes, cantando A Dios le pido que si me enamoro sea de vos y otros himnos para beatos del Foro de la familia, merecen la pena de muerte sin amnistía posible. Nuestro elevado sentido del honor nos impide también aprobar que Teresa de Calcuta, máxima representante de la caridad ramplona que dedicó buena parte de su tiempo a difundir las ideas ultraderechistas del Vaticano y a servir de lavandería de imágenes para pedorras como Lady Di, tomara su nombre artístico de Santa Teresa de Ávila. Entre todo este beaterío insulso, no obstante, conviene hacer una excepción con la gran Pitita Ridruejo, digna de respeto por su reivindicación de las apariciones marianas, su lucha para que la virgen del Pilar no sea discriminada respecto a sus colegas de Fátima y Lourdes, y sobre todo por sus inefables cardados; como nosotros, ella vive en la convicción de que sin laca no puede haber dicha ni virtud.

Pero volviendo a Teresa de Jesús, su apasionante trayectoria vital comenzó a vislumbrarse ya en la infancia, cuando la joven huyó de casa en compañía de su hermano buscando el martirio en tierras de infieles, donde ambos esperaban ser descabezados siguiendo el ejemplo de San Pantaleón y otros de sus ídolos. A continuación, la futura santa se apartaría del camino correcto disfrutando de novelas de caballerías y de la vida frívola de una burguesa de la época hasta que una grave enfermedad hizo que los médicos la declararan muerta. Ya amortajada, se levantó de su ataúd ante el estupor general y comenzó una nueva trayectoria destinada a lograr la perfección espiritual con la ayuda de visiones, apariciones y éxtasis. Su obra, a medio camino entre la autobiografía, la novela fantástica y la erótica, relata sus arrobamientos de una forma gozosamente gráfica, que hizo levantar más de una ceja a la Inquisición: Vi a un ángel cabe mí hacia el lado izquierdo en forma corporal... No era grande, sino pequeño, hermoso mucho, el rostro tan encendido que parecía de los ángeles muy subidos, que parece todos se abrasan... Veíale en las manos un dardo de oro largo, y al fin del hierro me parecía tener un poco de fuego. Este me parecía meter por el corazón algunas veces y que me llegaba a las entrañas: al sacarle me parecía las llevaba consigo, y me dejaba toda abrasada en amor grande de Dios. Era tan grande el dolor que me hacía dar aquellos quejidos, y tan excesiva la suavidad que me pone este grandísimo dolor que no hay desear que se quite, ni se contenta el alma con menos que Dios. No es dolor corporal, sino espiritual, aunque no deja de participar el cuerpo algo, y aun harto. Es un requiebro tan suave que pasa entre el alma y Dios, que suplico yo a su bondad lo de a gustar a quien pensare que miento... No comment.

En obras tan instructivas como Camino de perfección, Las moradas o Libro de las fundaciones, la santa conjuga estas escenas porno con una guía didáctica de cómo alcanzar la espiritualidad a través del ascetismo. Sólo modernillos gafapastas de poco criterio pueden preferir recurrir al budismo o al zen a la hora de dar sentido a su inútil existencia, en lugar de seguir las enseñanzas de Santa Teresa; esas chorradas orientales tan de moda ahora sólo tienen gracia si eres Nacho Cano y las compaginas con la composición de Vivimos siempre juntos o la grabación de un tema a dúo con Paco Clavel en el disco Amor – Humor; si no llegas a ese nivel de grandeza, serás más feliz si sigues nuestro sabio consejo, te dejas de bobadas pseudoespirituales y te dedicas a cosas más adaptadas a tu personalidad, como comprar los discos de La oreja de Van Gogh o ver las películas de Lars Von Trier.

El estilo llano y directo con el que Santa Teresa impregna su genial obra tiene su perfecto contrapunto en su contemporáneo y discípulo Juan de la Cruz. Más lírico él, prefirió contar en verso sus encuentros con lo sobrenatural, aunque de una forma tan atrevida como la de su maestra, estableciendo un paralelismo todavía más evidente entre el amor divino y el terrenal al hablar del amado y la amada, el esposo y la esposa, para referirse (o en realidad no) al encuentro del alma con el Altísimo. Quien busque literatura vanguardista, críptica, transgresora y delirante, que olvide a yanquis drogadictos como Bukowski o Burroughs, cuya obra no le llega a la suela de la sandalia a poemas como Llama de amor viva, Coplas del alma que pena por ver a Dios, o la celebérrima Noche oscura. Por si esto fuera poco, la biografía de este hombre no es precisamente moco de pavo, incluyendo éxtasis a dúo con Santa Teresa, la formación de la rama masculina de los carmelitas descalzos, el martirio a manos de perversos frailes contrarios a la reforma, y el alivio de sus penalidades por la acción de la misma Virgen María, que le indicó el camino para liberarle de su cautiverio. ¡Este hombre si que sabía!

Tras el esplendor de la poesía y prosa mística liderada por estos dos grandes autores, la literatura española vuelve a hundirse en el aburrimiento, en donde permanecerá tres largos siglos hasta la aparición de Don Benito Pérez Galdós, un clásico cuya gran depravación supo apreciar correctamente Luis Buñuel, que adaptó al cine dos de sus obras, Nazarín y Tristana. Más tarde, en el siglo XX, vino una nueva era de esplendor, y no precisamente por García Lorca, que sí, es muy injusto que los fachas lo mataran por rojo y homosexual, pero lo cierto es que era un pesado de hombre, su poesía no conocía término medio entre el hermetismo más cultureta y el folclorismo más tópico, y su teatro resultaba tan afectado como el de Tennesee Williams, con la diferencia de que al menos las obras de Williams conocieron versiones cinematográficas con Elizabeth Taylor, mientras que en el cine La casa de Bernarda Alba la protagonizó Ana Belén.

No, no, la grandeza de las letras españolas durante el siglo pasado no viene de ahí, ni mucho menos de Camilo José Cela, cuyo único mérito digno de mención fue hablar de sus experiencias con la absorción anal de agua en un gran programa televisivo de Mercedes Milá. No fueron sino Marcial Lafuente Estefanía y Corín Tellado los que de verdad revitalizaron nuestra prosa, pero de eso hablaremos otro día. Entre tanto, no olviden supervitaminarse y mineralizarse.

Fermosas fazañas: De cómo aprendí a limpiarme el culo

En Vigo, justo al lado del olivo que forma parte del escudo de la ciudad, hubiera, hace tiempo, unos grandes almacenes llamados Asefal. Ese lugar es uno de mis referentes básicos de la infancia, al cual mi hermana y yo acompañábamos, muuuuchas veces, a mi madre y mi abuela cuando iban a comprar ropa. Huelga decirlo, me aburría como una ostra, de ahí que acabase en el más terminal frikismo anti-ropa anti-metrosexual anti-fashionismo anti-gafapasta (¡anda tú! ¡qué cantidad de sinónimos para decir “anti-gilipollas”!).

Pero no perdamos el hilo, el lector se preguntará ahora que tiene que ver Asefal con el hecho de aprender a limpiarse el culo. Vamos allá. Resulta que, durante las compras de ropa adulta, si no se me permitía correr por entre las perchas y organizar algún que otro conflicto, solía quedarme sentado en el suelo cual disciplinado autista. Fue en una de esas ocasiones cuando vi a un niño cagando con la puerta entreabierta. Sumamente aburrido como estaba, me dediqué a seguir mirándole mientras él, indolentemente, procedía con su tarea. Todo me resultó anormalmente normal hasta que, oh sorpresa, el chaval cogió el papel higiénico y, disciplinadamente, lo dobló en dos en sentido transversal. Procedió entonces a limpiarse para, acto seguido, doblar otra vez transversalmente el papel: la zurraspa queda así oculta y, siguiendo con esa progresión geométrica, podía permitirse varios usos del papel. Desde luego, era un interesante contraste respecto a hacer una bola para uno o, a lo sumo, dos usos. Lo metódico del proceder de aquel niño, huelga decirlo, hizo que mi forma de limpiarme el culo cambiase para siempre. Y así hasta el día de hoy.

La pregunta, por supuesto, es ¿Qué hubiese pasado si aquel niño hubiese cagado con la puerta cerrada? ¿Cómo hubiese desarrollado un discurso correcto acerca de cómo limpiarme el culo? Hace dos o tres años, le eché esto en cara a mi madre. "Mamá, tú nunca me enseñaste a limpiarme el culo y tuve que aprender furtivamente de un niño en Asefal". Como respuesta sólo pudo partirse de risa mientras decía "¡Ay va! ¡Asefal!". Las demás personas que nos rodeaban en la mesa de un restaurante no podían dar crédito. La verdad es que no se le puede culpar: en España no tenemos una buena cultura pedagogica sobre el váter. Busqué cómo enseñar a un niño a limpiarse el culo en Google y sólo obtuve procacidades. Por el contrario, cuando hice la búsqueda en inglés, hallé miles de detalladas webs. Y es que, de pequeño, hablando con otros niños, sí que surgen explicaciones sobre cómo machacársela pero… ¿limpiarse el culo? No way.

A partir de aquí, ya sólo resta vivir en el reino del matiz. Por ejemplo: de todos es conocida esa cuestión filosófica “¿Cómo sabe un ciego cuándo tiene que dejar de limpiarse el culo?”. Sin embargo, hay gente que se precia de no chequear la existencia de zurraspa entre pasada y pasada. No lo entiendo. Será la misma gente capaz de poner a la venta ¡papel higiénico negro (en la foto)! Y no lo hacen en tiendas fashion, no, sino en el mismísimo Corte Inglés. Como con mi técnica de limpieza las zurraspas se revelan perfectamente (no con la técnica de arrugar el papel: pueden camuflarse entre los pliegues) mi rechazo ante el papel negro es vehemente. ¿Compraría, sin embargo, ese papel, de no haber visto a aquel niño en Asefal? Feck, a lo mejor hasta estaría votando a Ruiz-Mateos de no ser por ese niño.

Es preferible no preocuparse por esas nimiedades. Mejor ir a la raíz del asunto: este debate que hoy planteo existe gracias a los chinos. Me parece cultura general saber que esta gente inventó el papel higiénico en el siglo 14, con lo cual se pudo - ¡por fin! – dejar de utilizar unas finas láminas de madera con las cuales las gentes primitivas torturaban sus esfínteres (sí, las de la foto). ¡Ay, si esto hubiese sido un invento musulmán, qué buen argumento para combatir mi morofobia! Pero no. Tendrán que seguir hablándome de Las mil y una noches, Averroes y los poetas persas. Y yo diré “Ummm… ¿La Alambra o el papel higiénico? Pues va a ser que los moros pierden”. Aceptémoslo: si mañana Bush bombardease los jardines del Generalife, sería una cabronada, pero imaginaos que se carga el suministro de papel higiénico. Eso sí que es realmente grave. Así y todo, no seamos antiyankis: al fin y al cabo, la manufactura industrial del papel higiénico es un invento norteamericano. En concreto, lo hizo el gran Joseph Gayetty en 1857. Gracias a ese buen señor, la gente dejó de utilizar cosas como el ‘Old Farmer’s Almanac’ para limpiarse el cacas. Acojona pensar que ese libraco lo llegaron a diseñar con un bujero en la esquina para que las familias pudiesen colgar sus hojas de un gancho en el excusado. Además, Mr. Gayetty merece todo nuestro apoyo como titán megasórdido: estuviera el buen hombre tan orgulloso – con razón – de su invención que decidió imprimir su nombre a lo largo de todo el rollo. ¿Lo hizo para ser el Leonardo Da Vinci del inodoro o verderamente le ponía el hecho de que toda América restregase su nombre por el ojete? Nunca lo sabremos, pero creo que nadie volverá a firmar con más calidad una obra de arte. ¡Aprende, Duchamp!

Hala, me voy a cagar.

05 junio 2006

Gay/Not Gay

El otro día vi “El diario de Patricia” y el tema era “Los travestis y la gente que los ama”. Estaba un tío con su “novia” y decía: “Para mi, es una hermosa mujer. Tiene un cuerpo perfecto, un precioso pelo rubio, lo tiene todo. La quiero, y me gusta hacer el amor con ella. Ahora, os pregunto… ¿Me convierte eso en un gay?”. La mayoría del público pensó que sí. Y yo también. Pero, después, todo eso me hizo reflexionar acerca de qué es y qué no es gay.

Hablar de sexo con un tío es gay. Hablar de sexo con una mujer es hetero. Incluso decirle a una mujer “A veces me pregunto cómo sería chuparle la polla a un tío” es hetero.


Los deportes
son gay, especialmente los deportes de contacto, salvo que tú seas el único tío de los dos equipos, en cuyo caso es hetero.

Los gimnasios son siempre gay, porque después, en los vestuarios, te tienes que duchar con tíos, y eso es gay.


Ver pornografía estando solo es neutral, como comerse un sándwich. Ni es gay ni hetero. Ver porno con uno o más tíos en la habitación, no importa que también pueda haber mujeres, es gay. Ver porno, incluso porno gay, con una o más mujeres, es hetero.



Allá va una interesante: besar a un gay en la mejilla, o dejar que él te bese a ti, es neutral, siempre y cuando el tío haya salido del armario. Abrazar o besar a un hetero es gay.

Vale, sé que soy un poco homófobo, pero no es contra los gays. Ellos no me importan. Son los heteros que todavía no saben que son gays… Esos sí que me joden de verdad.

Como un tío que me llama y me dice. “Yo y la pandilla nos vamos a reunir, sentarnos en ropa interior y ver el partido y beber cerveza y tomar patatillas y, ya sabes, a lo mejor hacer un poco de lucha libre entre nosotros. Sólo tíos. ¿Te apetece pasarte por aquí?”. Y yo como que le digo… “No”.



Vale, ahora un tío te está comiendo el rabo. Da igual que parezca una mujer hermosísima, incluso aunque tenga los mejores implantes mamarios que hayas visto en tu vida, incluso aunque tú le digas “Chúpala zorra, sé que te gusta, ramera, ¡puta!”, eso es gay.

Por el contrario, si una mujer se ata un consolador a la cintura, y tú estás vestido como una mujer, y estás chupando su vibrador y ella te dice “Te gusta ¿no? Me estás comiendo la polla como un maricón” y entonces ella te da la vuelta y te peta el cacas y dice “Te gusta, mariquita. Te encanta que te borre el cero. Seguro que te encantaría que fuese un hombre. ¡Me apuesto lo que sea a que te encantaría que esto fuese una polla de verdad, puto sarasa!” y todo eso te pone como nada te había puesto en tu vida, pues eso sigue siendo hetero.

Pero si luego te vas al bar y hablas de esta experiencia, o de cualquier otra experiencia sexual con un tío, eso es gay.


Y para acabar, la más curiosa. Chupar una polla puede, bajo ciertas circunsatancias, ser hetero. Pongamos que estás apostándote algo con una mujer y la apuesta consiste en que el que pierda tiene que ser el esclavo sexual del otro durante toda la noche… Ya sabes, el tipo de cosas que ocurre en los foros de Penthouse todo el rato. Y resulta que pierdes y la mujer te obliga a practicar sexo con otro tío. Pues eso no es gay. Es hetero. No sé exactamente por qué pero no es gay.


Todo este texo es una traducción de la gran canción de King MissileGay/ Not Gay

que, por su relevancia, y la absoluta irresponsabilidad de este blog, hemos decidido reproducir. Os recomendamos oir CUALQUIER COSA de este buen señor, destacando la coplilla “Jesucristo era la ostia de guay”.

Ahora os toca a vosotros debatir sobre si King Missile acierta o no. Y, por supuesto, aportar vuestras propias teorías que arrojen luz sobre el siempre incierto debate sexual.

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