21 julio 2006

Las catorce mejores masturbaciones de la historia

No critiques la masturbación, es practicar el sexo con alguien que amo” o “-¿No te habrás quedado estéril por excesiva masturbación? – ¿Ahora vas a empezar a meterte con mis hobbies?” son algunas de las bellísimas loas que Woody Allen le dedicó a uno de los mayores placeres humanos que aún siguen saliendo gratis (mal que le pese a Mázinger 16). “¿Con cuál te pajeas tú de clase?” es también una pregunta que, en pleno alcoholismo friki suele producirse. Evidentemente “¿A cuál te has tirado de clase?” sería ciencia ficción entre frikis. Lo suyo es profundizar en las técnicas más avanzadas, como en esta web.

Es, pues, en este contexto, donde doy rienda suelta a una de mis aficiones más gilipóllicas: el elaborar listas en plan Top Ten. Son consecuencias de una infancia dominada por el innoble programa “Número Uno”: una lista de superventas donde un pederasta con bigote y una adolescente con sobrepeso y problemas de dicción tenían que explicar a su target juvenil por qué, por aquello de las ventas, los cinco primeros puestos eran ocupoados por Julio Iglesias, Isabel Pantoja, Cantores de Hispalis y… ¡Dos discos de María del Monte! Así que, cuando ahora veáis mi lista de las mejores masturbaciones jamás registradas para la posteridad, no os quejéis. Peores listas ha habido. Ladies and gentelmen, sáquense el cimborrio o busquen a Nemo. Con todos ustedes, los catorce mejores placeres solitarios de la historia. ¿Y por qué catorce? Porque catorce versos son soneto, catorce los partidos de la quiniela que acertó Jenaro el de los catorce, un dos tres catorce dice Bono y… ¡Jodeos hijos de puta! ¡Este es mi blog y no tengo por qué dar explicaciones! ¡Si no os gusta, leed a Jiménez Losantos, pajilleros!

14. Zara Whites en “La casa de los sueños”
El porno fino at his very best


De acuerdo, encontrar masturbaciones en el cine porno está tirado. Pero es una categoría que tiene que estar por cojones y por clítoris. Si difícil es elegir una, yo lo tengo bien claro: “La casa de los sueños” de Andrew Blake es la vencedora indiscutible. A lo largo de 90 estetizantes minutos contemplaremos a la señorita Zara Whites dándose vidilla allá abajo mientras, por encadenado, pasamos a sus múltiples ensoñaciones. En ellas folgará entre luces fosforescentes, Rocco Siffredi hará que dé de sí en una bella y putera mansión y tantas otras bellas aventuras. El recurso de la masturbación marca “era todo un sueño” puede estar algo manido y resultar facilón, pero la elegancia de Andrew Blake a la hora de captar las sutilezas de las que sólo una Zara Whites en plenitud de facultades era capaz, hace que la película posea una fluidez y unidad de discurso que nadie había logrado antes ni después.

“Llorarás, reirás, te correrás. Two thumbs up!” es lo que debería figurar en la
carátula de esta gran cinta. Alguien dirá que el mismo recurso se utilizó en “Las fantasías sexuales de Traci”. Y es verdad. Incluso se podría decir que Traci Lords se come a Zara con nata en spray. Y también sería cierto. Pero insisto: la película de Traci es una ponzoña donde la masturbación sólo sirve para que un pésimo montador rescate, de cualquier manera, escenas descatalogadas de otras pelis prohibidas de la señorita Lords. El resultado es patético: nunca se sabe qué señor se la está metiendo en cada momento. Además, la violencia con la que Traci procede hace que no sólo temblemos por la integridad de su clítoris sino que, además, la ensoñación no resulta posible ni creíble. Andrew Blake gana por goleada y Zara Whites pasa a la historia.

13. Onán en “La Biblia”
La mejor forma de pasar a la posteridad


Like it or not, Onán es el primer gran pajero de la historia escrita y no incluirlo en esta lista es tremenda muestra de incultura. Para quien no lo supiere, existía una tradición judía – ilustrada con piezas de Lego aquí
- que dice lo siguiente: si una mujer estuviere casada con un señor que muriere sin dejarle descendencia, ésta no debiere procurar progenie fuera del ámbito familiar que la acogiere en primer lugar. Así pues, la mujer debe casar con el hermano del difunto (¡¡cuñaaaaaao!!) y tener descendencia con éste. Al vástago resultante, debe ponerle el nombre del difunto. Si el cuñao se negare, la mujer lo abofeteare con una alpargata y el consejo de ancianos lo apedreare. Es una historia esta que me gusta contar a todas mis amigas con cuñaos ignominiosos. La señora de Paco Fox tiembla ante la perspectiva de folghar con su cuñao, y no puedo criticalla.

El caso es que Onán tenía que tirarse a la mujer de su difunto hermano por el motivo ya relatado. Como no era un necio sabía que el retoño resultante sería considerado hijo de su hermano, con lo cual Onán perdería los derechos de primogenitura. Fue entonces cuando Onán tuvo aquel interés en eyacular fuera de su cuñá. Porque de esa manera quedaba él primogénito, en compló… En suma, Onán es de los militantes en que follar es como hacerse una paja sin manos, lo cual es una filosofía que alguno defiende. Huelga decirlo, Dios, que es el tío más sieso y con peor follá de este universo, se cargó a Onán instaurando la condena actual al pajillerismo. Craso error de los que no supieron interpretar la Biblia. Yahvé se cargó a Onán por no respetar la ley judía. Recordemos que los antiguos hebreos no tenían poder de abstracción, con lo cual tendría que haber una ley que prohibiese la masturbación específicamente. O el control de natalidad (los egipcios usaban intestinos de cordero como preservativo). Y no la había. Así pues, señor Mázinger 16, revise sus encíclicas y únase a los gloriosos protas de esta lista.


12. Torrente, el brazo tonto de la ley
“¿Nos hacemos unas pajillas?”
La masturbación recíproca es algo más antiguo que Platón y Aristóteles. Es, sin duda, una de las bases del machismo de la cultura árabe, cuando los jóvenes se van al Hamam y dejan a los seres inferiores enclaustrados en casa. Pero, pese a quien pese, Santiago Segura logró apropiarse de este fenómeno cultural en una gran escena que logró repetir, con éxito, con Gabino Diego, y con la boca, en “Torrente 2: Misión en Marbella”. Esta frase permanecerá y, como prueba, una escena de “Un paso adelante” en la que el Paleto está con Beatriz Luengo, esperando a la salida de un hotel: “-¿Van a tardar mucho en salir? –Igual unas horas… - ¿Y qué hacemos hasta entonces? -¿Tú has visto Torrente? –No ¿por qué? –Por nada, por nada…”. Después de este film, dos hombres solos se lo pensarán dos veces antes de decir “¿Y qué hacemos ahora?”


11. The Who “Pictures of Lily”
“Lily ooohhhhh Lily”

Dentro del género musical, las referencias a los pecaminosos tocamientos son muchas. Incluso hay quien considera a artistas como Sade la banda sonora perfecta para machacársela. A bote pronto, uno piensa en la excelete copla “I Touch Myself” de Divynils como el no va más en su género. Pero, una vez más, voy a disentir. Era 1965 y una pandilla de sórdidos capitaneada por el espantoso Pete Townshend nos contó la historia de un chaval que no era capaz de dormirse por la noche. Su padre, bondadosamente, empapeló las paredes de su cuarto con fotos de una pin-up llamada Lily. Desde entonces, el chico durmió mejor. El problema vino cuando decidió que quería casarse con Lily y el padre le explicó que aquella pin-up de principios de siglo ya la había palmado. ¿Quién puede dar más en una coplilla de dos minutos? Pajillerismo adolescente malrollísticamente esponsorizado por el padre y, a la vez, falismo trágico mientras sigue con el “Lily ooohhhhh Lily” del estribillo. Y, en cuanto a calidad musical, pocas cosas se me ocurren mejor que los Who (autores posteriormente de “Mary Ann la de la mano temblorosa”) . Y no, los Beatles y los Rolling no pueden con ellos. Eso sí, como versos masturbatorios – no canción completa – es muy difícil superar ese inicio del Thick as a Brick de Jethro Tull en el cual se decía “Tu esperma está en las cañerías/ Tu amor en el lavabo”.

10. Ricky Martin, la mermelada y “Canelo”
La mejor paja que jamás nunca se fiziera

Los frotamientos tienen su lugar de honor dentro del género de la leyenda urbana. Si la historia del “colega que se rompió el frenillo de la minga al ser sorprendido por su madre en el váter” es mítica, está claro que la presencia fantasma de Ricky Martin en el programa “Sorpresa Sorpresa” es la indiscutible joya de la corona de este género. La falsedad
de la historia está más que analizada en múltiples páginas web, pero eso a la gente le da igual. La fuerza metafórica de un Ricky Martin encerrado en un armario del que, a día de hoy, aún no ha salido es uno de los elementos que hacen que la gente quiera creer en esta historia. Después de todo, eruditos como los defensores de la teoría de supercuerdas, dicen que hay que creer en todas las teorías que resulten elegantes. Y qué habrá más elegante que la niña untándose el potorro con mermelada mientras le dice al perro “Ven, Canelo”. Y no, no es zoofilia. Los perros son animales gilipollas sin voluntad. Son sólo atrezzo, como quien se la machaca con una barra de pan o con una sandía, como Roberto Benigni en ‘Night on Earth’

9. Victoria Abril en “Átame”

Underwater love

El barriobajerismo de Victoria Abril puede echarnos tanto patrás como sus discos de bossa nova. O puede hacer gracia en momentos como “¿Quieres que te diga si alguna vez me he comido algún coñito? ¡Anda que no te queda a ti sopa que comer!”. Milites en el bando que milites, no cabe duda que, con la escena del submarinista en la bañera, Almodóvar hizo historia del cine. Este país, aún pacato y sin las leyes de ZP en aquella época, era capaz de convertir bizrrismos como “Átame” (ese final con el Duo Dinámico…) en taquillazos. El mundo es cascada de colores y, aquel día, Almodóvar se lo tomó bien en serio. Lo de la cascada y lo de los colores.



8. Godoy en “Las Majas de Goya”
El primer porno español… ¡Y en el Prado!


En este triste país dominado por la Inquisición, hubo que esperar a que un aragonés genial consiguiese meterles tamaño gol con dos de los cuadros más famosos de la historia. Las majas son el primer desnudo español pintado porque sí. Sin justificación mitológica ni hostias. Una señora tumbada en actitud de publicidad de teléfono erótico. Si Graham Bell hubiese inventado el teléfono antes de la época de Goya, la Maja Desnuda tendría encima un cartelito tipo “Tus deseos se hacen realidad en este cuerpo”, no lo dudéis. Pero, como Graham tardó lo suyo, Goya tuvo que conformarse con ser el precursor de esos bolígrafos que, si los pones boca abajo, empelotan a una señorita o a un Manolón. Sí, lectores: los cuadros fueron un encargo de Godoy, que quería sofisticar sus pajillas a través de un ingenioso juego de poleas que hacía que el cuadro de la maja desnuda se superpusise al de la vestida. Sólo Godoy, el hombre más poderoso de España por aquel entonces pudo permitirse tal gol
a la Inquisición. Desde aquel momento, la pintura española entró en su fase de madurez: adiós a la loa sistemática a Cristo o a la foto de estudio hortera de los nobles del momento. ¡Demos la bienvenida a los desnudos frontales! Me río de Larry Flint… ¡Larga vida a Don Francisco de Goya!


7. Ex-aequo: American Pie/ Algo pasa con Mary
Las cumbres de la comedia palillera de los 90


Si hablamos de comedia adolescente, mi corazón está con los títulos ochenteros. “La revancha de los novatos” o “Porky’s” son títulos aún no superados y con una densidad de tetas por minuto que, en las nefandas décadas posteriores, ha decaído preocupantemente. El caso es que, por extraños motivos, esas películas carecen de momentos masturbatorios relevantes. Hay que esperar a los dos principales títulos de la comedia noventera para encontrar dos gallolas para la historia. “American Pie” es la demostración de cuál es la principal utilidad del clásico pastel americano. Tan concisa y eficaz fue la escena en la que el chavaluco judío mancillaba la idiosincrasia del postre, que vivo en el convencimiento de que muchos restaurantes rehicieron su carta a resultas de tal escena. Eso sí, la paja con Loctite de American Pie 2 me parece más graciosa aunque menos icónica.

Por su parte, la escena de “Algo pasa con Mary” es, indudablemente, más profunda y completa. No sólo se centra en el turbador plano de Gaylo Follen menándosela, no. En primer lugar, la motivación es gloriosa: eyacular para liberar tensiones previas y, así, no decir gilipolleces en la cena. Se supone, claro está, que el pajero irá tan caliente que, pese a tener ya una edad, logrará recargar el rifle en un corto periodo de tiempo. En segundo lugar, la escena es bella porque enfrenta al pajero a las consecuencias de sus actos: el peinado subsiguiente de Cameron Díaz debería figurar entre las fotos que adornan cualquier peluquería. Será uno de mis primeros decretos-ley como dictador de todas las Españas.

6. El Pirri en “Colegas”
Apoteosis de la paja proletaria


Si pensabais que darsus vidilla con el Clima era muy arrastrado, eso es que no habéis visto ese mítico momento palillero de “Colegas”. En una de esas habitaciones de barrio donde varios quinquis se ven forzados a sobar juntos, llega el momento en que varios se la pelan. Pirri, ese grande de España, le pide a José Luis Manzano el calcetín para poder limpiársela. Ante la vicisitud que esto le produce a este último, Pirri le replica, con esa gran voz del que está condenado a espicharla en un descampado, que no se queje, que ya tiene dónde meterla… Uno se queda sin palabras ante tal sinceridad y recuerda, una vez más, que las pajas son gratis. Y que si los ricos tienen “Historias de Filadelfia” y los pobres honrados “El ladrón de bicicletas”, los quinquis de España siempre tendrán un “Colegas” donde enarbolar sus pajillas y donde sufrir con la espantosa visión del potorro de Rosario Flores. Las droJas son muy malas…

5. Alvaro Vitali & co. en “Amarcord”
La paja de autor

F
ellini demostró que hay algo más importante que ser un auteur reputado, idolatrado por Bergman y similares, y ganador de varios Oscar. Ese algo es… ser italiano. Y Federico nunca fue más italiano que en “Amarcord”. La peli, a su manera, tiene menos argumento que “Julieta de los espíritus” o puede ser más críptica que la por muchos vilipendiada “Ocho y medio”. Pero… qué más dará eso cuando “fogonazos de cine en estado puro” como la descomunal estanquera diciendo “¡No soples! ¡Chupa!” o el friki de psiquiátrico subido a una higuera grita durante horas “¡Quiero una mujer!” golpean tu retina. En momentos como esos, mandas a todo el cine clásico, empezando por Ford y Hawks al carallo. Por supuesto, de entre todo el rosario de sordideces italianas de “Amarcord” dos son momentos indiscutibles del onanismo. El primero lo protagoniza el señor cura cuando le dice a ese chavalillo italiano con cara de masturmán “¿Te tocas? Sabes que San Luis llora cuando te tocas. Claro que te tocas… No te vas a tocar con esos tentáculos”. Sólo con esa escena, Fellini hubiese entrado en esta lista. Pero hay más: contar con Alvaro Vitali, ese Jaimito, en tu peli, sólo te puede predestinar a la grandeza. Y eso es lo que obtiene Federico cuando mete a todos los chavales del pueblo en un coche y les hace repartirse sus objetos de deseo “¡La Gradisca! ¡Qué dices, la Gradisca es para mi!”. Una vez llegados al pacto, todos comienzan una bella masturbación al unísono que hace que el coche en el que se hallan tiemble rítmicamente. Eso, niños y niñas, es la magia del cine.






4.Charlotte Alexandra en “Une Vraie Jeune Fille”
Lo que piensan las mujeres


Hasta ahora hemos visto cómo un hombre fantasea con la masturbación femenina. Ahora, le toca el turno a una mujer (en este caso, Catherine Breillat) el decirnos cómo realmente se masturba, qué siente, qué piensa “una verdadera chica joven”. Las mujeres que yo conozco que han contemplado esto habrán pensado que la educación católica española las habrá convertido en bichos raros, porque si lo que hace nuestra “verdadera chica joven” es lo normal… entonces es que la “normalidad” cuesta, y en esta peli la vais a empezar a pagar… ¡Con sudor! Lo primero, ya os la estáis bajando de la mula. ¿Lo habéis hecho? Bien, ahora va una somera explicación. Nuestra prota se encamina a pasar un aburrido verano en la casa pueblerina de sus tíos. “¡Ah!” diréis “Entonces, en el campo, venciendo la represión de sus familiares, ella es capaz de descubrir su sexualidad, ayudada por quienes le rodean y, a la vez, posar de forma que podamos verla bien ¿no?”. Amigos míos, habéis visto demasiado “Erotísimo” en Tele 5. Nadie reprime a esta chiquilla. Simplemente, se aburre, y empieza a pensar y pasear y hacer cosas por ahí. Por ejemplo: pasea por la playa y el corral de las gallinas con las bragas a ras de suelo. Va a pajearse a la vía del tren para solaz de los viajeros que por allí pasaban. Se mete la cucharilla del postre por el coño mientras está con sus tíos en la mesa. Después, se durante cinco minutos una actuación de Johny Halliday para, a continuación,
mientras se ve las tetas en el espejo, tener un flashback de su época en el internado. En este flashback, ella se levanta para ir a mear por la noche. Una compañera la sigue. Quiere entrar al váter donde Martine, nuestra heroína, se ha encerrado. Martine enciende un pitillo y no abre la puesta. Plano detalle de su coño emitiendo una meada. La compañera, fuera, araña la puerta y dice “Martine, q’est ce-que tu fais?”. Plano del coño de Martine meando. “Martine, q’est ce-que tu fais?”. Martine fuma, su coño mea. “Martine, q’est ce-que tu fais?”. Su coño vuelve a mear. “Martine, q’est ce-que tu fais?” Ahora es la compañera la que mea desde fuera. El meo entra dentro del váter por la rendija de la puerta. Martine, indolentemente, con su pie desnudo, pinta en el suelo un corazón usando la mezcla del meo y del barro. Sublime. Un amigo al que se la pues, al minuto seis de esta escena empezaba a gritar “Martine, q’est ce-que tu fais?” desesperado. La verdad es que, a lo argo de esta hora y media de masturbación física y moral, sólo se puede gritar “Martine, q’est ce-que tu fais?” a esa chiquilla.

Esta peli la vi en el cine más cultureta de París, el Sant André del Arts. Se estrenaba después de más de veinte años de censura. Los gafapastas allí presentes tardaron mucho en calentarse pero, llegado un punto, todo era un clamor. Martine era jaleada, encomiada y apoyado, como no podía ser de otra forma. Años después, jalop, otro fans de la peli, me regaló la novela homónima también escrita por Catherine Breillat: “Creo que debería poner semen en la tisana que hay en mi mesita de noche”. Esas son las cosas que piensa una auténtica chica joven. Y estamos agradecidos a Catherine por descubrírnoslo.



3. Concha Velasco en “Más allá del jardín”
Ah, las pesadillas…


Pedro Olea es un cabrón. Cuando todo el mundo le llamaba rancio y académico se sacó de la manga la película que demostraba que “la chica de la Cruz Roja” favorita de muchos españoles no era la aorgásmica que parecía.

Que el maricón de Antonio Gala escribe para satisfacer las fantasías marujiles todos lo sabemos. Que no llegará a la altura de Corín Tellado
así se reencarne mil veces, también. Pero, amigo de la Voz de Vigo, Pedro Olea se atrevió con una novela ignominiosa sólo por regalarnos ese momento de intimidad en el que Concha se abandona a sus instintos y comienza a acariciarse la entrepierna. ¡Concha Velasco! ¡Olea, hijo de puta, te puedo denunciar por daños psicológicos irreversibles! Ni Berlanga en París Tombuctú pudo hacer algo tan sórdido. Y eso que lo intentó: aquí está la prueba.


2.
Estefanía de Mónaco en su piscina
La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?


Si en este blog afirmamos que los 90 pertenecen a Caro Dado, está claro que los 80 son de Estefanía de Mónaco. Cuando esa mujer se lió con Mario Olivier, yo descubrí lo que era un macarra de playa. Cuando cantó “Ouragan” - ¡bájatela, indocumentado! – entendí la grandeza musical y, cuando se pajeó tan espectacularmente en su piscina, entendí a Rubén Darío. Estefanía está indolentemente echándose su pitillo, mudo el teclado de su clave sonoro. De repente, se aventura por allá abajo, se retuerce y comienza a llorar. ¿Qué tendrá la princesa? ¿Añoranzas? ¿Son sus orgasmos dolorosos? Hijos míos, este es el carácter enigmático del gran arte. ¿De qué se ríe la Gioconda? ¿Por qué llora Estefanía? Podríais mirar aquellas fotos durante años y no descubrirlo jamás. Pero no os importa verlas, ¿Verdad, guarros? Sórdidos, que sois unos sórdidos…




1. Kim Bassinger en “Nueve semanas y media”
Gracias a usted…


Sólo por esa iluminación que Adrian Lyne supo conferir a la escena de la masturbación de Kim Bassinger mientras ésta ve diapositivas en este clásico del cine erótico de los 80, esta escena merece la medalla de oro. Pero hay mucho más. Aún, a día de hoy, marujones americanos detienen a Kim por la calle y, casi con lágrimas en los ojos, le dicen “Muchas gracias, señora. Gracias a usted aprendí a masturbarme”. Un nuevo mundo de placeres se abrió ante el reprimido colectivo Marujo norteamericano, y pocas cosas pueden producir más orgullo que eso. “Yo logré que los críticos hablen del ‘Ulysses’ durante trescientos años” ¿Y eso es como para sentirse orgulloso, Joyce, mamón?

Kim ha sido una benefctora de la humanidad, tanto para mujeres como para hombres, y por eso se merece el honor de la medalla de oro. Feck, cada uno se la daríamos al que nos descubrió el hecho – y yo al niño que me enseñó a
limpiarme el culo
- pero Kim es la que pasó a la posteridad inmortalizada por Adrian Lyne.

Hala, a cascársela.



20 julio 2006

Derechismo bien entendido en el cine de acción

Autor: Panadero
Recientemente, una noche de sábado, debatía infatigable con mi amigo el Sr. Olloqui sobre la quintaesencia del cine negro y de acción, comentando lo descafeinados que nos resultan los actuales “héroes”, sus peleas higiénicamente coreografiadas, lo anecdótico de las tramas, su carácter políticamente correcto, la cansina insistencia en el tema ecologista, esa obsesión por no ofender a ningún colectivo ni minoría… No hace falta remontarse a muchos años atrás; solo dos décadas antes. Entonces podíamos encontrar héroes de una pieza. Porque si Rocky Balboa tenía que soltar puños en el cuadrilátero, los soltaba y en paz. Y si el contrincante era negro o ruso, peor para él. En esos años, el coronel Braddock se internaba en el “infierno verde” –la selva vietnamita- bien provisto de armas, su barba flamante, a hacer crujir el cuello de los nativos, todo para salvar a los “desaparecidos en combate”. Y en esas películas no se entendía de derechos humanos ni respeto a los animales; las hostias sonaban como hostias de verdad, los golpes eran auténticos.

En medio de estas evocaciones beligerantes di con la clave y se lo hice saber a Olloqui: “Una pizca de derechismo bien entendido favorece la acción”. Inmediatamente se echó a reír ante mi ocurrencia. Llevábamos cerca de una hora hablando de estos temas y otros similares pero podríamos estar así unas cuantas horas más y como os podréis imaginar, Carolina, la novia de Olloqui, aguantaba el tirón sin intervenir demasiado, pero gracias a su buena disposición no hizo ver su soberano aburrimiento. Y seguimos hablando, claro.

Entonces, para asentar bien mi idea acerca del derechismo en el cine de acción, me dispuse a contar el argumento de una de mis películas policiales favoritas: resulta que a las costas italianas se acerca de barco lleno de presos políticos –comunistas; ¿a qué andarse por las ramas?- que acaban de lograr la amnistía. Como es costumbre, el cuerpo de policía se encuentra a rebosar de agentes defensores de la democracia, de esos que se hacen la manicura y limitan su trabajo al de oficina. Pero hay un policía incorruptible, que no entiende otro método que no sea el de sus puños (le da vida el patibulario Franco Nero, uno de los últimos héroes con bigote). Y este policía sospecha que el barco va a traer a Italia comunistas y… drogas. Cómo no, el puerto marítimo presenciará una lluvia de balas en la que caerán como ratas los libertinos y los de dudosa moralidad. Imaginaos; ya tenía en el bolsillo a Carolina y Olloqui. Y seguí con mi arenga por un cine policial, de acción, de tinte derechista y parapolicial. “Es esa la clave del género, la ambivalencia de los personajes; tíos capaces de una vida familiar saludable, o las más de las veces de una soledad espartana y discreta, al margen de una sociedad inhabitable, que defienden un régimen injusto, aunque adecuado a su atrofiada concepción de la justicia”.

Algunos os preguntaréis por el título de esta perla cinematográfica. Se trata de La policía detiene, la ley juzga (suavización del título italiano: La policía detiene, la ley absuelve), que dirigió el romano Enzo G. Castellari en 1973. Podría hablar y no parar de las virtudes de este policial pero de momento me apetece destacar su estética sucia, feísta, de spaghetti-western barato, donde no se escatima en zooms y planos al ralentí, contando además con una dirección de fotografía descuidada, desbordada por luz natural, que ha ganado en grano con los años. Para hecerse una idea de la grandeza visual de Castellari, el trailer de 'Los ciudadanos se rebelan' (sin comentarios) es un gran ejemplo:



Fíjense en las ironías de la vida: mientras el cine americano de los setenta se empeñaba en regalarnos películas anti-sistema de denuncia que el paso del tiempo coloca como joyas kistch más o menos aburridas –Sérpico, Justicia para todos-, tuvo que ser un italiano, Castellari, el que desde la oscuridad de los más sucios cines de barrio captase el aire turbio de esos tiempos. Y todo porque Castellari, antes de cineasta fue culturista y boxeador. Y él sabe mejor que nadie que la fuerza está en sus puños, que en la calle no funcionan las abstracciones sino el trabajo sucio, que en el ring no se gana precisamente con métodos democráticos.

17 julio 2006

'Fandangos In Space' me enseñó a no odiar el flamenco

Autor: Paco Fox

‘Tus gitanos son primores
Tus gitanos son primores
Que le hacen a la gitana
En el pelo caracoles’

(David Allen, ese poeta)

A mí desde siempre, el flamenco me ha dado más bien asquito. Esto podría ser debido a:
- Una reacción alérgica de gran virulencia al constante machaque al que me sometía mi padre con las casetes de Romero San Juan y el terrorífico Rafael del Stand (os juro por San Feck que ese era su nombre). Sólo, claro está, si no había Carrusel Deportivo. De ahí que el fútbol también me de grima.
- Para mí, el flamenco se relaciona automáticamente con los canis (o jinchos, o calorros, o…) de Algeciras que me atracaban en la infancia o que se ponían de caballo hasta arriba en unos soportales de enfrente de mi colegio (‘La oficina de colocación’, como llamaba un profesor al lugar).
Sintiéndolo mucho, esto es así. Y sé que ahora la moda bienpensante es alabar cualquier manifestación cultural tradicional, aunque sean los bailes regionales de Bostwana. O hacerse los expertos en artistas folk y exaltar sin reservas a los Chieftains aunque distinguir una jiga interpretada por estos de otra de cualquier disco de celta de la Fnac sea virtualmente imposible. Pues lo siento mucho. A mí el flamenco me sugiere coñazo, drogadictos y gente olímpica (con medalla de oro y gran mancha de sudor en el sobaco).

Todo esto hasta que descubrí a Carmen. Y entonces supe que en el flamenco también podía existir el amor, la vicisitud y la sordidez.

Mis investigaciones en las abisales fosas del rock progresivo no sólo me han servido para perder neuronas, amistades y posibilidades de una vida sexual más rica. También me han revelado existencia de Carmen, una formación inglesa de los 70 que hacía una mezcla de progresivo y flamenco vestidos en plan glam. Una maravilla, vamos. Su primer disco se llamó ‘Fandangos in Space’. Y si con eso no está ya dicho todo, la portada viene a confirmar la sordidez del asunto al mostrar una especie de Bernarda Alba sideral. ¡Eso sí que es una idea visual potente!
Básicamente, las canciones eran como lo que Jethro Tull hizo con el folk inglés, pero con flamenqueo. No estamos hablando aquí de capulladas como Pata Negra o Estopa. Esto va de arreglos complejos, canciones con varias partes, cambios de tiempo, emotividad y amor. Y todo dando mucha risa. Bueno, tanta risa no. Sólo un poquito. Al menos hasta que se ve les ve en vivo. Entonces llega el gran descojone. ¡Sólo el rock progresivo puede brindarnos tan maravillosa mezcla!



El grupo llegó a durar tres discos. El bajista acabó uniéndose a Jethro Tull, pero el resto regresó al anonimato. A pesar de tener los cojones de salir por la tele con esos magníficos trajes y cantando ‘Anda jaleo jaleo / en el café de Sevilla they get down al tiroteo’, Carmen fue condenado al olvido. Y mientras tanto, la gente le sigue haciendo caso a Kiko Veneno. Si es que así no vamos a ninguna parte.

05 julio 2006

Literatura española de vanguardia (II): Corin Tellado

Autor: Jalop
He aquí la esperada segunda parte del recorrido por la historia de la Literatura Española que iniciamos tiempo ha poniendo los puntos sobre las íes y reclamando la debida veneración para Teresa de Jesús y Juan de la Cruz. Respecto al supuesto mejor autor de las letras hispanas, no puedo sino hacer mías las palabras de la gran Jackie Collins: ¿Cervantes? No lo conozco, ¿es bueno? .... Si se pueden crear novelas tan estimulantes como Mujeres de Hollywood sin saber quién escribió el Quijote, pues ahí tenemos la mejor excusa para librarnos del terrible imperativo cultural que supone tener que leer ese ladrillo.

Pero vamos sin más dilación con los grandes autores del otro siglo de oro de nuestras letras, el XX. Las generaciones del 98 y el 27 hacían presagiar lo peor, pero el éxito de la incipiente Editorial Bruguera sirvió de trampolín a grandes talentos: en el mundo del comic, una caterva de dibujantes, entre los que destaca el gran Francisco Ibáñez, llenó de alegría y sordidez la infancia de varias generaciones; pero para los padres de estos niños, la editorial reservaba a dos talentos de la literatura de vanguardia: nos referimos, claro está, a Marcial Lafuente Estefanía y a la todavía mejor Corín Tellado.

Lafuente Estefanía fue un escritor tardío; ingeniero industrial, ejerció su profesión a lo largo del mundo, pero fue su estancia en Estados Unidos lo que inspiró y despertó su talento. En 1942, casi con 40 años, decide cambiar la poco estimulante ingeniería por la máquina de escribir y publica su primera novela del oeste, con el chiquitistaní título de La mascota de la pradera; a ella le seguirían la friolera de 2500 novelitas en formato de octavilla que hicieron las delicias de millones de lectores. En sus obras abundan frases de una belleza tan surrealista como "era de noche y sin embargo llovía", que distinguen la calidad de su narrativa de otros insulsos literatos del oeste. Frente a este éxito apabullante, ¿qué argumentos pueden ofrecer sus detractores? ¿Que unos vejestorios no le concedieron el premio Cervantes? Esto .... ¿alguien recuerda a quién se lo dieron el año pasado? Si por lo menos fuera el Oscar ... ¿Que no se publican tesis doctorales sobre él? Que no se pierda el dinero del estado ni de sus padres en subvencionar a un juerguista de filología que en los domingos de resaca vomite cientos de folios que sólo leerán los parásitos de otra universidad sólo puede verse como un argumento más a favor de Estefanía. Por cierto, entre sus obras de ingeniería se halla el plan hidrográfico de la II República, que luego llevó a cabo Franco. Sí, la frase "Queda ignagurado este pantano" existe gracias al gran Marcial.

Pero las letras españolas y la editorial Bruguera son tan grandes que este genio se vio, aunque sólo en parte, eclipsado por un fenómeno de dimensiones todavía mayores: Socorro Tellado, más conocida por el diminutivo Corín, publica siendo aún adolescente Atrevida apuesta en 1946, la misma época en la que Estefanía empezaba a arrasar con sus historias del oeste. El éxito es inmediato; Corín comienza a escribir compulsivamente para Bruguera miles de obras románticas ambientadas en escenarios de lujo pero de aquí y de ahora, sin recurrir a tópicos de escenografía victoriana, y con un erotismo desgraciadamente recortado por la censura franquista.

En el terreno personal, confieso que la lectura de una de sus novelas, Calumniada, me supuso una experiencia sin parangón y un antes y un después en mi concepto de la literatura. La descripción que en las primeras páginas se llevaba a cabo de la protagonista, Chana Ruiz, me cautivó inmediatamente: era la viva estampa de la juventud moderna, pero en aquel ambiente rústico desentonaba su indiscutible actualidad juvenil, sobre todo cuando la viva estampa de la juventud moderna era vestir pantalones de pana de acuerdo con la moda de 1983. A continuación Chana, con su actualidad juvenil, tenía una charla con el cacique del pueblo al que iba a trabajar como maestra, que ante mis atónitos ojos se prolongaba a lo largo de tres capítulos, y en la que la heroína definía sus objetivos vitales: quiero casarme y crear una familia, pero antes debo dedicarme a los derechos humanos, puesto que la joven debía enfrentarse al cacique que hacía correr rumores sobre ella y así ayudar a que el socialismo modernizara el pueblo y liberara a los campesinos de la opresión, tarea en la que la ayudarían el inevitable gañán de la obra y el señor cura (¡).

Nunca antes había leído diálogos de tan disparatada genialidad, y mucho menos aderezados con detalles tan surrealistas como que Chana entrase en su escuela a primera hora de la mañana, y al poco llamara a la puerta de su clase el cura diciendo buenas noches. Maravillado ante la acumulación de todos esos grandes momentos en sólo ochenta páginas y por tan módico precio, llegué a la conclusión de que sólo el talento natural podía hacer brotar de forma espontánea frases como sus piernas enfundadas en finísimas medias de cristal, que los considerados escritores serios no podrían igualar aunque las pensaran durante meses; estaba claro que Calumniada era una obra maestra de la literatura de vanguardia, que rompía con todas las convenciones de espacio y tiempo de la novela convencional, la división en capítulos y todos los cánones narrativos. ¿Que tanta transgresión no era intencionada sino debida a que la novela se habría escrito e impreso en pocos días, o incluso horas, sin posibilidad de revisión? Pues más mérito todavía; si al plasta de James Joyce le llevó años escribir los coñazos que hacía y Corín lograba el mismo resultado en pocas horas, allá quien prefiera sufrir con el Ulises.

Tengo claro que Calumniada no es una excepción, sino una más de los miles de joyas que Corín escribió en su etapa dorada, que se prolongó durante varias décadas; no obstante, debo reconocer que obras suyas más recientes carecen de la misma chispa. Tu pasado me condena, novela de 1995, seguía teniendo grandes detalles, como estar ambientada en Chicago sin que nadie supiera por qué, pero era más insulsa. A pesar de la mala relación de la autora con la editorial Bruguera, con la que mantuvo agrios litigios, lo cierto es que ambas formaron un tandem que no se repetiría en obras posteriores.

Haciendo balance de sus más de cincuenta años como autora de éxito,
la propia Corín - lectora contumaz y conocedora de todas las vanguardias, especialmente Foucault - es la que mejor se defiende frente a las críticas de los mediocres: "Yo escribo para que la gente sencilla entienda lo que escribo. Y luego vienen los que escriben una novela que ellos mismos se la pagan, venden 3000 copias y repartiéndola entre los amigos,... esos son los que te intentan echar tierra". ¿Que Perez Reverte y Javier Marías se sentirán superiores porque nosotros-somos-guais-y-escribimos-en-El-País? Pobrecillos, dejémosles que vivan felices creyéndose que son algo ... Volviendo a auténticos profesionales, a Corín Tellado, aunque no los necesite, no le faltan reconocimientos, como la medalla al mérito en el trabajo, dar su nombre a una calle de un pueblo en Asturias, o el premio del festival de San Sebastián por su único guión de cine. Su obra, la más vendida de la literatura en español, llegó por fin hace pocos años a Cuba, donde, como es natural, arrasó aunque con cierta polémica. El diario "Juventud rebelde" definió sus novelas como lo peor y más decadente del capitalismo. ¡¡Lo dicen como algo malo!! Sería un honor que nuestros lectores opinaran lo mismo del blog.

04 julio 2006

FECK!

Autor: Paco Fox
El mundo del frikismo es como un universo paralelo en el que todos los caminos acaban cruzándose. Desde freaks de La Guerra de las Galaxias compartiendo estreno con fans de El Señor de los Añillos hasta el mismo Vicisitud y Sordidez haciendo los seis grados de separación con Kevin Bacon pasando por Tony Banks. Todo está interrelacionado en una armonía que ya quisiera el cutre de Robert Altman para una de sus pelis de feismo cinematográfico (mal) y vello púbico de Julianne Moore (bien).

Vicisitud y Sordidez y yo estamos unidos en nuestra depravación más allá de los continuos y naturales toqueteos de glúteos a los que nos entregamos con alegría cada fin de semana. Esto volvió a ponerse de relevancia hace unos meses. En aquel tiempo, le hablé de una serie de televisión de los 90 que él no conocía y que se llamaba Father Ted. Le comenté que trataba de tres curas en una isla irlandesa: uno subnormal, otro alcohólico y otro que desfalcó el dinero de una colecta a Lourdes. Y él vio que eso era bueno. A la vista de su interés, pasé a describirle la que sin duda es una de las más grandes figuras del panorama televisivo británico de todos los tiempos. Y no lo digo yo, que también lo dice
Hans Magnus Enzensberger.

El personaje en cuestión se llamaba Father Hackett. Ya sólo con ver la
foto, podéis imaginar lo sórdido que es el tipo. Pero este señor alcanza cotas mucho mayores de chunguez una vez descrito en profundidad. Se trata de un cura exiliado, totalmente alcoholizado y que casi sólo dice cuatro palabras: ‘Arse!’, ‘Girls!’, Drink! y ‘Feck!’. Esta filosofía vital es algo que alabamos sin reservas desde este blog. Denme cien Padres Hackett antes que un papa homófobo cuya única obsesión es condenar a los maricones al séptimo círculo del infierno.

El caso es que el palabro ‘Feck’ (una forma simpática de decir ‘fuck’ originaria de Irlanda y popularizada por la serie) le llamó la atención a Vicisitud y Sordidez. Resulta que existe una portada de un disco de su grupo favorito en el que los músicos aparecen vestidos de curas, con el mantecoso guitarrista gritando tan bella interjección. El grupo, como no, es Marillion, autores de CDs con títulos tan gloriosamente freaks como ‘Anoraknophobia’ (Lo cual significa: ‘No odiamos a los anoraks – que es como se dice friki por las Inglaterras de dios, la reina y las tías chungas). La demostración definitiva de que el género musical más sórdido es el rock progresivo. Pero ese es otro tema que trataremos en profundidad, para vuestra desgracia, en un futuro cercano o cuando nos salga de los escrotos.


Una vez más, la universalidad del frikismo triunfaba y nos unía en una comunión de sordidez. Así que, niños y niñas, uníos a nosotros y disfrutad del Padre Hackett y la gran serie Father Ted. Y si no… FECK OFF!



01 julio 2006

Abigarrando Madrid: homenaje a Tony Encinas y Kazuichi Enomoto

Si, al tomarte unas tapillas por el Madrid más sórdido y sabroso, de repente te invade una profunda vicisitud al ver ese arte mural que decora tanto las vidrieras como las paredes de un grumoso local, no lo dudes: acabas de toparte con la obra del superlativo Tony Encinas.

A muchos les gustaría pensar que el ser humano nace con una innata discapacidad artística y pésimo gusto estético. Craso error. Eso es lo que le dicen a la gentuza que, en "carreras" como arquitectura, por ejemplo, está deseosa por recibir un lavado de cerebro que les haga sentirse seres superiores. Pues no sólo no son superiores sino que, además, tienen que enfrentarse al hecho de que, si la capital de España no encaja en sus cánones estéticos, la culpa no es del alcalde ni del populacho poco instruido. No, señores, Madrid es como es porque así lo ha querido y así lo ha logrado the one and only Tony Encinas.

¿Os fascinan estas fotos? Cualquiera que pasee por Madrid reconocerá esos dos picos que sobresalen por los laterales de sus letras mayúsculas. Sí, cualquiera puede enumerar un mínimo de cuatro bares donde el talento de Tony es patente y manifiesto. Pero sólo espíritus sensibles como el de mi Primo Porno pueden ser lo suficientemente atentos para darse cuenta de que… ¡este hombre firmaba sus obras! Claro, mi Primo no se quedaba en el rótulo de “Bocata de calamares 150 pts.”, no. Aventurándose hasta el último ítem de la carta de precios pintada en la vidriera o la pared, podía ver, bajo "Croquetas de jamón (ración) 125 ptas." ¡la firma de Tony Encinas! Desde que el Maestro Mateo se retrató en el Pórtico de la Gloria, ningún otro artista se había atrevido a tanto. Ni corto ni perezoso, mi Primo comenzó una denodada investigación fotográfica por Madrid que le llevó a descubrir innúmeras obras de Tony (expuestas ahora en este blog). Mientras realizaba una de esas fotografías, un camarero casposo y extrañado, comentó, haciéndose el interesante “Pues yo conozco a Tony Encinas…”, pero su aspecto chungo en demasía hizo que mi Primo no quisiese saber más.

Una noche, estando con lanavajaenelojo, mi Primo y su Santa, decidimos, en pleno arrebato de sordidez, ir a cenar al Pepita: la opción más barata y arrastrada de toda Malasaña. Al entrar en ese crossover taberna-de-viejos-de-toda-la-vida-meets-antro-calimochero-para-juventud-cutronga, de pronto, la cara de mi Primo se iluminó: "¡Todas las paredes y el techo de esta sala están pintados por Tony Encinas! ¡Este sitio es su Capilla Sextina! Mira, esa es su firma”. Y, de esa manera y modo, descubrí un nuevo personaje al que idolatrar.

La noche continuó por el camino del surrealismo. Después del Pepita, decidimos cambiar radicalmente de onda e ir al Oui, lo más cool de la zona. Por el camino, en la Corredera Baja de San Pablo, nos encontramos con toda la calle cubierta de cartas escritas en japonés. Fascinados por la aplicada escritura, nos pusimos a recogerlas. Iban destinadas a un tal Kazuichi Enomoto. Un acompañante guiri del Primo, llamó a un piso desde donde parecía que habían arrojado las cartas. Cuatro orientales bajaron y el guiri, sin inmutarse, les preguntó si se les habían caído las cartas. Con turbación y alguna media sonrisa, éstos respondieron que no. Con presteza, empezamos a buscar alguna carta escrita en español para saber algo más de la vida de Enomoto. Cuando por fin dimos con una, una mujer le comentaba que había tardado en escribrile porque se había muerto su madre. Vaya. Afortunadamente, todo se arreglaba cuando, más adelante, ella le comentaba que todos sus amigo recordaban al bueno de Kazuichi y que, en todas sus reuniones sociales, juntaban sus manos para gritar "¡Enomotoooooooo!”.

Por si alguno de vosotros es japonés, aquí quedan colgadas un par de cartas para que me las traduzcáis. Puede que, pese a la belleza del papel y de la escritura, sólo estén comentando “Pues el jamón en el Día ha subido unos cuatro céntimos". Claro que otra opción también es posible: si sois de los que no creéis en las coincidencias, algo tuvo que significar el descubrimiento simultáneo de Enomoto y Tony Encinas en ese noche tan freak. ¿Y si son la misma persona? Me imagino a Jesús Quintero preguntándole a Tony Encinas “¿Usted ha estado alguna vez en Japón?” mientras el humo del cigarrillo se dashace lentamente ante un incómodo silencio de nuestro artista mural favorito.

Nota final: muchos de los frescos de Tony perecerán ante inminentes reformas que todos los antiguos inmuebles de Madrid se verán obligados a efectuar. O ante esos mamones del grafiti que se creen superiores a la mierda, vaya usted a saber por qué. Es por ello por lo que recomendamos peregrinaciones al barrio de Huertas, al Pepita, al sórdido Gran Macetero de cerveza de Moncloa… Dadle un último adiós a la obra de Tony enfrentada a un futuro lleno de kebabs, graffitis, arquitectos y demás calaña y gente de mal vivir. Ojalá que sus imitadores, ese inconsciente colectivo madrileño, sepa mantener su legado para nuestros nietos.

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