29 septiembre 2006

Mis mejores momentos en el cine

Autor: Paco Fox
Vivo en Madrid. Me gusta mucho el cine. Soy muy rácano. Excepto porque me ducho a diario, cumplo la mayoría de requisitos necesarios para ser asiduo de la filmoteca. Y, sin embargo, no voy.
En parte porque ya veo suficientes películas en el trabajo. Pero principalmente porque la última vez salí cabreado. Resulta que fui andando desde mi casa. Eso son treinta minutos cuesta arriba. Naturalmente, me compré una latilla de refresco y unos conguitos por aquello de no desfallecer. Me siento a ver mi película y rápidamente me llaman la atención por comer y beber, actos ambos que no estaban produciendo ruido alguno. ¿Por qué, me pregunto? Por respeto a la película, me dicen. Y, mientras tanto, mi oloroso compañero de butaca respirando como Darth Vader en pleno ataque de asma y el resto del cine entonando una versión del himno de la alegría en polifonía de toses provocadas por la evidente falta de nicotina.
Ir al cine en un buen entorno y sentirte cómodo es algo a menudo tan importante como la película en sí. Y no es momento que deba ser pasado junto a una panda de diletantes sin sentido del humor. Irónicamente, en la filmoteca no siento el amor al cine. Más bien lo que se respira en el ambiente es el análisis del cine. Eso y el evidente fracaso de los anuncios de Rexona.
Recuerdo cuando en la facultad estudiaba la diferencia entre lo fílmico (lo que atañe al texto en sí) y lo cinematográfico (todo lo que rodea a la película). Y, dentro de lo segundo, lo que más me interesaba era cómo afecta el entorno del visionado al disfrute de la película. Y no lo digo yo. Que también lo dice Hans Magnus Enzensberger.
Hay veces que me lo he pasado enormemente bien en el cine de manera totalmente independiente de la calidad de la película en cuestión. Y, desde luego, nunca ha sido rodeado de autoproclamados ‘cinéfilos’. Éste es mi top tres:

Medalla de bronce:
Cine: Gran Sur en La Línea de la Concepción. Película: Brácula, Condemor 2.
La idea era la siguiente: antes de ir a un concierto en San Roque (Cádiz) de Alan Parsons Project, queríamos hacer tiempo con algo igualmente excéntrico. Así que nos metimos en el cine de la cercana y muy sórdida localidad de La Línea a ver esta gran obra de, como diría Carlos Aguilar, el inefable Álvaro Sáenz de Heredia.
Lo que siguió fue un festival de ‘¡Jarls!’, ‘¡Comorls!’ y, sobre todo, ‘¡No puedos!’ por parte de un público totalmente desesperado debido a la calidad de la película. Pero la cosa mejoró a eso de la mitad del metraje, cuando la gente, por turnos, comenzó a levantarse y a recorrer el pasillo en plan Chiquito. Todo improvisado. Y muy español. No como esos que se dedican a hacer el ‘Time Warp’ del importado ‘Rocky Horror Picture Show’. Huelga decir que yo me levanté un par de veces, claro. Una vez mi cerebro se sobrepuso al shock del número musical a ritmo de ‘Carmen’ de Bizet: ‘Soy el vampiro más famoso / más malo y tenebroso / que llega de ultramaaaarllll’.


Medalla de plata:
Cine: Palacio de la música en Madrid. Película: Spice World
Tras una noche de juerga intensiva, varios amigos de la Escuela de cine decidimos que la mejor forma de pasar un 23 de Diciembre era ir a la primera sesión de ‘Spice World’. Con esa lógica aplastante y un poquitín de resaca, nos plantamos en el cine dispuestos a interaccionar con la pantalla como nunca. El viaje al absurdo empezó en lo más alto: nos pusimos en la última fila y unas señoras de la tercera edad, cuyas cabezas eran un atentado de laca a la capa de ozono, nos mandaron callar ya en los trailers. Qué hacían unas respetables damas viendo la primera sesión de esta película es un misterio más grande que aquel de por qué hay gente que se traga por propia iniciativa 'Hawk the Slayer' (¡Zapristi! ¡Si fui yo!)
Nos mudamos a la segunda fila. Cantamos todas las canciones que pudimos. Y, por supuesto, bailamos el ‘People of the World, Spice up your life’ con coreografía y todo. A todo esto, la peli tenía su valor. O era la resaca. ¡No! ¡Amamos a las Espinchigerls por ser sórdidas y animar los 90!¡Un respeto!


Medalla de oro:
Cine: Kinépolis Madrid. Película: El señor de los anillos.: El retorno del rey.
Ciertamente, ‘La comunidad del anillo’ fue un gran momento en el cine: disfrazado de Frodo y rodeado de un buen puñado de amigos, la mayoría de Espectros del Anillo por aquello de ser el traje más sencillo. Incluso salimos en Telemadrid. Pero la tercera fue excepcional. No sólo negocié la compra de cerca de 400 entradas, sino que el ambiente era ya de locura. Los disfraces, absolutamente increíbles. Yo hasta me dediqué a ir descalzo como buen hobbit. Gritos histéricos de ‘¡Por Gondor!’ antes de la película por parte de los 1066 freaks allí reunidos. Aplausos atronadores cada vez que Eowyn o Legolas la armaban en la pantalla. Pero lo mejor fueron dos de mis amigos peleando con espadas al poco de entrar, y siendo retirados por los guardias de seguridad. ¡Eso sí que es una experiencia de cine!

24 septiembre 2006

El idioma mundial

No, no es el esperanto. Eso lo inventó un polaco y, como todo lo que hacen en ese país es un coñazo carente de la más absoluta gracia. Y, por ello, condenado al más merecido fracaso. Feck, lo único bueno que ha dado Polonia al mundo fue Roman Polanski, y anda que no le faltó tiempo para huir y hacer el sórdido por el medio mundo que no le cerró sus fronteras.

El idioma mundial es, en realidad, una propuesta mía y, como tal, sólo puede aportar toneladas de vicisitud y sordidez. Pero lean sus postulados y niéguenme que no tiene más gracia que la gilipollez polaca aquella.

1. El idioma mundial se compondrá de todas aquellas palabras que simplemente provoquen chanza, hilaridad y falta de respeto en el oyente. La palabra que designe cada objeto se hará por rigurosa competencia entre todos los idiomas. Por ejemplo:

¿Cómo decir “bomberos”?

Allá vamos. “Firemen”: una puta mierda. “Bomberos”, mejor. “Bombeiros”, mucho mejor. “Pompiers” ya vamos estando cerca de la verdad. “Pompieri” ¡Joder! ¡Los hijos de puta de los italianos siempre ganan!
Otra: “Patata”, sonoro. “Potato” me rio más. “Pomme de terre” ¡uh ah! “Patate” fracasa el italiano, pero nos la reservamos en su otra gloriosa acepción. “Kartofel” ¡Alemania estrena su marcador! Y no será la última vez: cosas como “Verbotten” o “Achtung” tienen todos los boletos para ganar.

2. El punto de vista válido para decidir la gracia de una palabra – y su consiguiente incorporación al idioma mundial - será el español. Lo que a un chino, con su pronunciación cacofónica, le pueda hacer gracia, me la refanfinfla enormemente (salvo el pueblo madrileño de Chinchón que para ellos significa “polla”). ¿Fascismo? ¿Etnocentrismo? No, hombre, no. Es sólo la fuerza de la razón. ¿O es que va a enseñarnos un finlandés a tener gracia? Eso sí, el palabro finlandés “Ravintola” para decir “restaurante” tiene plena cabida en el idioma mundial.

3. La pronunciación de las palabras no será respetada si ello hace que pierdan su gracia. Así, la aportación catalana “Amanida de pollastre” debe leerse así, sin decir un feo “pullastra”. Fonéticas a mi: destrozar un idioma sólo aporta belleza. Eso es el rock y hasta el cock-rock
.

4. Los artículos se dirán en alemán – “das” “der” “die” qué maravilla – con la única excepción del francés “le” cuando se quieran enunciar gilipolleces realmente muy gordas.

5. Todos los verbos raros y expresiones rebuscadas que nos hagan parecer un pedante opusino decimonónico deben decirse en ingles: “whatsoever”, “for that matter” “furthermore” “Nocilla what a marvelous!”. Algo tenían que aportar esos clasistas asquerosos.

6. El crossover idiomático es aceptable y hasta obligatorio. Así, por ejemplo, toda persona que diga múltiples ocurrencias por joder – “pá epater à la bourgeouisie” que asín se diría en el idioma mundial – debería ser calificado con el crossover de “boutadeiro”. Conclusión de este postulado es que, siempre que se pueda, las palabras terminarán en “eiro”. Igualmente, todos los nombres propios deberían terminar en “de Jesús” y ser preferentemente alemanes: todos tenemos derecho a ser actores porno. Y, hablando de Alemania, no sólo se debe decir “autobahn” en vez de “autovía”, sino que, también, se deben acabar en bahn todas las palabras posibles, tal que el “autobusbahn” o el “ascenseurbahn”.

7. Los insultos, ofensas o palabras referidas a los genitales, podrán decirse en múltiples idiomas: son otra categoría. Eso sí, el palabro por antonomasia para referirse al pene será “carallo”. Todas las series y películas médicas deberán redoblarse, empezando por “House”. ¿A quién no le apetece ver a Hugh Laurie diciendo un “go to der carallo” a un paciente?

8. El idioma mundial no es políticamente correcto ni busca una participación igualitaria de todos los lenguajes, ya que creemos que eso de la diversidad cultural es una gilipollez parquetemática. Pos claro que hay culturas superiores a otras, y eso se manifestará en el idioma mundial: estimaciones previas demuestran que un 70% de este nuevo lenguaje será italiano (hagan la prueba y tengan los cojones de decirme que alguien puede toserle al idioma de Franco Batiatto), un 20% gallego y el resto se repartirá un mísero 10%. Que nadie vea, empero, nacionalismo en todo esto: por mi experiencia puedo decir que nada jode más a un nacionalista gallego que oír que su idioma “tiene mucha gracia”. En fin. Yo, por mi parte, me siento muy feliz de que la principal aportación de Galicia al libro de literatura española fuese “Follas Novas”. El regocijo que se extendió por toda España fue impagueibol.

9. Cuándo no se sepa qué palabro utilizar para referirse a algo – o no apetezca pensar mucho – se usará, sistemáticamente “carallo”. Por ejemplo: “libro de resguardo de albaranes de mensajería” será… sí, señora, será “carallo”.

10. La gente se saludará con un “salam maricón” y se despedirá con un “sayonara baby baby baby baby”.

11. El habla de Don Manuel Fraga Iribarne será considerada como dialecto válido dentro del idioma mundial.

12. Toda persona que viaje está obligada a prestar atención para procurar nuevos y excitantes palabros para el idioma mundial. En mi último viaje a Portugal lanavajaenelojo me sugirió incorporar “guardanapos” para decir “servilletas” y “tornaparafuso” para el “destornillador”.

13. Todas las aportaciones de Chiquito de la Calzada serán pilares indiscutibles del idioma mundial, y ni siquiera términos italianos podrán desplazarlas. Sólo el hablar de Antonio Ozores podrá complementar las lagunas dejadas por Chiquito.

Ya veis, entre todos podemos edificar el idioma mundial. La globalización está aquí y, joda al filólogo que joda, el planeta Tierra construirá su castrapo particular. Sólo cabe esperar que sea siguiendo los parámetros que aquí hemos propuesto. Sé que es mucho pedir, pero esa mezcla imposible de castellano y gallego que hablamos en Galicia es una muestra tan amorosa como insuperable de hacia dónde debería conducirse el mundo. A faros en las tinieblas como Xosé Toxeiro nos debemos. Con él – y la ilusión de un nuevo y maravilloso idioma mundial – os dejamos. ¡Atchon burike!



14 septiembre 2006

Carlosaurio

Autor: Vicisitud y sordidez

El Resplandor” y “Psicosis” vendidas, en sendos trailers, como comedias románticas, “West Side Story” disfrazada como peli de zombies y DiCaprio resucitando para “Titanic 2”. En esta maravillosa era de internet ya se puede decir lo que uno quiera y tener más repercusión que cualquier revista y periódico. Eso sólo puede ser bueno, pero… ¿sólo se pueden hacer esos trailers con pelis americanas? ¿Para cuándo el turno de ESPAÑA?

Así que, en vez de quejarme, acepto el desafío de esta nueva era. Señores Kubrick, Hitchcock, Wise y Cameron, prepárense para the real thing, porque aquí está ¡¡¡¡Carlos Saura!!! O, mejor dicho, ¡¡¡El Carlosaurio!!! Cuidado…

La idea surgió de una conversación con un excompañero de piso. Éste me decía “Yo veo todo tipo de cine, menos el de autor, que eso es para los guais… Lo que mola de verdad son las pelis de Roger Corman, como ‘Carnosaurio’”. Como yo soy una secta dentro de mi mismo y sórdido como una tapia, lo que entendí fue “Carlosaurio” (por aquello de insultar al cine de autor…). Instantáneamente dije “¡Carlosaurio, pero qué bueno! ¿Te imaginas? José Luis López Vázquez en medio de la meseta castellana, viendo como un Tiranosaurio aplasta su Seat 1500. O Rafaela Aparicio levitando en su silla mientras usa sus poderes telequinéticos para detener a unos velocirraptores hijos de puta. Seguí durante unos minutos mientras mis compañeros de piso, sentados a la mesa, decidían que ya había perdido completamente la razón. La cosa parecía que no iba a ir a más, pero a las dos semanas les hice ir a mi habitación para ponerles el siguiente vídeo:



“Ha tenido los huevos, ha sido capaz…”. Como en aquella época estaba en la escuela de cine, con el insigne señor Paco Fox, le puse el vídeo a Don Pedro del Rey del Val, montador de varias películas de Saura (entre ellas, “Los golfos”, “Llanto por un bandido”, “Carmen” y “El amor brujo”) y su estupor también fue mayúsculo, pero creo que al final se hizo fan. De hecho, hasta el final de curso, siempre se refirió a Saura como “El Carlosaurio”.

Y así se quedó la cosa hasta que, trabajando en una productora, me dieron un catálogo de una exposición del pintor Antonio Saura en la cual posaba con su hermano Carlos… ¡¡¡en una exposición de dinosaurios!!! ¡Mi sordera había sido correcta! Poco después, trabajando para Globomedia, conocí a la nuera de Carlos Saura himself, la cual es una grandísima profesional y mejor persona. Por lo menos, en mi depravación interna, considero buena persona a quien oye la idea del Carlosaurio y no quiere empujarme escaleras abajo. El caso es que, gracias a esta mujer, me animé a terminar un segundo trailer que había iniciado hace unos seis años, y que ahora se os muestra en rigurosa primicia mundial:



Ahora mismo, estoy haciendo el DVD que entregaré ipso facto a Lucía – así se llama la productora – con el compromiso de ésta de que Carlos Saura himself lo verá. Informaré cuando acontezca es momento. ¿Escribiré el próximo artículo desde la cárcel acompañado por Julián Muñoz?

12 septiembre 2006

¡El Dr. Boll gana un premio!

Autor: Paco Fox
Los andaluces han demostrado una vez más que a sentido del humor no les gana nadie. En un arranque de cachondeo supremo, le han dado el primer premio en su festival de cine fantástico de Estepona a mi amigo UBA, también conocido como 'Uwe Boll, el perpetrador'.

Después de liarse a leches con un chavalote, el Dr. Boll se ha alzado triunfante en el certamen. Con ese sinsentido llamado Bloodrayne, película de convulsa trama escrita por una guionista feminista y con un reparto la mar de cachondo (¡hasta sale Michael Paré!), ha conseguido imponerse a un puñado de películas cuyos títulos no he querido ni ver por osar enfrentarse a nuestro salchichero favorito.
Pero la cosa no queda ahí. Según parece, la organización ya le rindió un homenaje unos días antes a toda su carrera. Curiosamente, otro perturbado al que apreciamos en Vicisitud y Sordidez también recibió premio: el sórdido Alejandro Jodorowsky.
Definitivamente, hay que apreciar a los Malagueños por su chunguez humorística casi militante. No olvidemos que es la tierra de mi amigo Pedro Temboury, el cual, visto lo visto, seguro que consigue un premio en este certamen tarde o temprano. Mientras tanto, todos esperamos con ansia el estreno de 'In The Name of the King', la gran épica del Dr. Boll, la cual puede ser una experiencia cinematográfica inolvidable. Para bien y para mal.

05 septiembre 2006

La catarsis de la verbena: Ahora sí que sí... ¡Un respeto a la selección!

Allá va. Hoy cuento el sueño completo.

Estaba mi cuñado en Vilagarcía concentrado con la selección española de baloncesto. Con toda su jovialidad, le decía a Gasol “Ven conmigo, Pau, que sé un sitio de puta madre para tomarnos unas cañitas antes del partido”. De pronto, toda esta jovialidad se ve turbada cuando un ignominioso excompañero de piso – Cor – se le aparece ondeando al viento unas melenas donde otrora hubiera calva. “Hombre, Cor ¿Cómo tú por aquí?”. Cor le retira la mirada despectivamente y los dos sujetos que le acompañaban empiezan a llamar cabronhijoputa a mi cuñao. Turbado por tal comportamiento, mi cuñado señala el escudo de su chándal y dice. “¡Un respeto a la selección!”.

Y, como ya dije, desde ese día el respeto a la selección es algo tan sacrosanto como el respeto a Brian de Palma. Por eso, era impepinable el presenciar la final del mundobasket en el palacio de deportes – y la semifinal: si véis a alguien alto gritando xenofobieces de diversa índole hacia la asquerosa selección argentina “¡¡¡Era yo!!!”-. Sé que mi talante nada deportista me hace merecedor de que me llamen oportunista. Pero no se trata de apuntarse al éxito deportivo: se trata del respeto a la selección. Esta victoria es de mi novia y su hermana (que tienen una foto con Yannakis en la época en que jugaba y no se desesperaba como entrenador de Grecia) y de mi cuñao, que echó su lagrimita en la final mientras mi hermana me llamaba con el único mensaje de “¡Un respeto a la selección!”.

Grandes días, sí señor. En medio del furor sórdido – retratado en esta foto donde estamos Paco Fox y un servidor de ustedes – me dan pena no sólo los necios que no conocen el respeto, sino también aquellos nacionalistas que, en vez de despelotarse con la masa gritando coplas de Manolo Escobar – protagonista de nuestra idolatrada película “For Sale” – y demás sordideces, sólo pueden enarcar la ceja y expresar su mismidad con bailes regionales tan aburridos como machistas o con gaitas desafinadas (ah… ese gaiteiro yonki de Vigo, ya le dedicaré un artículo…). En suma, esa gente triste que no puede llenarse la boca de España mientras lamentan que Gasol no sea un gilipollas como Guardiola. Pues que se jodan. Como decían Faemino y Cansado “¡¡Éspaña!! ¡¡Españá!! ¡¡Espáña!!”. Y a corear todos lo que, en la final, se demostró que era el auténtico himno español: Paquito Chocolatero. Esa catarsis de la verbena desde donde construir una identidad nacional. Un orgullo por ser sórdidos y no nacionalcatólicos. aA palabra “España” no es ni será patrimonio de los capillitas que tienen que ver cómo los gays, en este país, se casan ante sus narices. La palabra “España” no es propiedad de los que ven cómo el PP no remonta en las encuestas. “España” es propiedad de mi cuñado, mi novia, su hermana y de toda la gente de bien que la usó para respetar a la selección. Y no lo digo yo, que también lo dice Hans Magnus Enzensberger.



Pa quien no pillara lo de “Paquito Chocolatero” como catarsis de la verbena, he aquí el video que lo explica y demuestra por qué hay que huir de los bares timofashion catalanes y refocilarse toreramente con la selección:

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