28 diciembre 2006

¡El carlosaurio en la tele!

Tres horas de sueño y llegar a la carrera al lugar de la entrevista dan como resultado a ente onvre – un servidor de ustedes – sudoroso, ido y con una articulación de su discurso todavía inferior a la del Manuelfraguismo en el que habitualmente vive.

Dichas las excusas, éste es el vídeo de la entrevista en plus.es que, posteriormente y gracias a las gestiones de Paco Fox, fue colgado en la web.




Aghradecimientos mil al equipo de rodaje que tuvo que lidiar con mi persona, al redactor que decidió jugarse su carrera y prestigio decidiendo que el
Carlosaurio podía salir en abierto en el Canal Plus y al montador que hizo un excelente trabajo sacando oro de una entrevista catastrófica por mis partes. A quien no me conozca, hasta le podría parecer una persona. Bueno, mejor no exagerar… In fact, algunas chicas de Sogecable viven traumatizadas por verme decir un bellísimo "lloutube" en vez de un gilipóllico e impertiente "iutiub". Si es que ver a Anthonio Bandeiras en "Two Much" haciendo lo de "Art" y "Bart" debería ser obligatorio desde preescolar... Pero, en fin, no puedo obligar a todo el mundo a que se lea lo de el idioma mundial para entenderme.

Éste es el link del blog de plus.es donde dieron la noticia y, gracias al cual, supe de una amiga a la que hará unos diez años que no veía. Sus conducciones nocturnas de Gijón a Madrid a 180 km/h con un control del coche harto discutible son sólo la punta del iceberg de una personalidad arrolladora y fascinante que se merecería un artículo de “enta muhé” para ella sola. Un abrazo muy fuerte, Begoña.

21 diciembre 2006

¡Un onvre plagia a Uwe Boll!

Las cosas que se descubren en internet. El reciente repaso que hice a las películas postapocalípticas italianas me llevó a preguntarme qué habría sido de los usuales perpetradores de serie Z de género de aquel país. Esto es, a seguir perdiendo mi tiempo miserablemente.

Ya sabía que el señor Joe D’Amato había fallecido tras una ilustre carrera en el porno. Debido a su fama por internet, también me constaba que Lucio Fulci nos había dejado hace unos años. Y tanto mejor para su memoria, pues cosas de su última etapa como ‘Los Fantasmas de Sodoma’ dejaban en mal lugar a sus acérrimos defensores. Más o menos como los que todavía nos declaramos fans de Mike Oldfield a pesar de sacar discos Tubulares cada año y cosas cuasi-tecno como ‘Light and Shade’.

¿Qué pasó con el resto? Antonio Margueritti falleció en 2002, siendo su última película un comedia desconocida con Terence Hill (escrita, mire usted por donde poco antes de morir, por Bruno Corbucci) de la que, lógicamente, no pudo reponerse. Castellari pasó los noventa en televisión y se retiró. Ruggero Deodato también se fue a la pequeña pantalla, aunque anuncia una secuela de ‘Holocausto Canibal’ para el 2009 (¡?). Umberto Lenzi llegó agónicamente a mediados de la década pasada con directos a video rigurosamente desconocidos, para más tarde disfrutar de los viajes del inserso italiano. El cachondo Luigi Cozzi (sí, el de ‘Star Crash’) es dueño de una tienda en Roma llamada ‘Profondo Rosso’. Y Alberto de Martino (director de ‘Pumaman’) no aguantó ni a que terminaran los 80 para desaparecer de escena.

Los más prolíficos estaban, bien bajo tierra, bien disfrutando de la jubilación. ¿Todos? ¡No! Porque en algún lugar de Italia, un casposo resistía a la caída de esa máquina de plagiar que fue la Italia ochentera. Un señor sin escrúpulos que fue capaz de sacar en el 95 un filme que no sólo robaba la mayor parte de los planos de ‘Tiburón’ y ‘Tiburón 2’, sino también de sendos plagios previos de los compatriotas Joe D’Amato y Enzo G. Castellari. ¡Y con la música de ‘La guerra de las galaxias’! O al menos eso dicen. No he tenido ni la oportunidad ni el instinto suicida necesario para comprobarlo.
Ente onvre es Bruno Mattei, también conocido como Vincent Dawn, David Hunt, Martin Millar y alrededor de setecientos pseudónimos más. Por lo que se ve en la IMDB, el tipo ha seguido al pie del cañón, excretando una o dos películas al año desde que entró el nuevo siglo. Y con la misma desvergüenza de siempre. Una copia de ‘La momia’ por aquí, dos de caníbales por allá… Pero su último proyecto me ha dejado boquiabierto.

Una cosa es plagiar películas americanas de éxito (‘Terminator’ y su clon ‘Shocking Dark’, ‘Depredador’/Robocop’ y su clon dos en uno ‘Robowar’). Más chungo es apuntarse al éxito de copias de la copia (como ya hizo en los 80 con los remedos/secuelas del ‘Zombi 2’ de Lucio Fulci llamados ‘Virus’ y ‘Zombi 3’, así como su propia película postapocalíptica, ‘Rats’). Pero lo más bajo es esto: El amigo Bruno ha hecho un plagio de Uwe Boll. En serio.

Como puede leerse en la página de la distribuidora, nuestro onvre ha cogido ‘House of the Dead’ y ha copiado la trama con gran dedicación, desde los jovenzuelos en una isla de zombies hasta el chiste malo de llamar al capitán del barco ‘Kirk’.
Tomar prestadas buenas ideas de los demás es chungo, aunque en cierto modo comprensible. Pero plagiar de esa manera el argumento de una película con la misma originalidad que la receta de un bocadillo de chope es para abrirse las venas con un martillo. ¿Piensa Bruno que puede hacer algo tan apasionantemente malo como las grandes obras del Dr. Boll? ¡Amos, onvre!
Por ello, desaprobamos la actitud de Mattei, pues ha atacado a nuestro sórdido Uwe Boll sin ningún tipo de miramientos. El amigo UBA hace sus películas con amor. Mal, no nos engañemos, pero con dedicación. Ambos hacen salchichas, pero mientras que el Dr Boll hace bratwurtzs, Bruno hace La Piara para cóctel en lata. Errr… creo que lo de las comparaciones se me está yendo de la mano. Mejor dejarlo aquí.

17 diciembre 2006

Camela, reyes de la tecno-rumba

Ya decía Goebbels, que era un pájaro de cuidado pero que de tonto no tenía un pelo, que una mentira repetida mil veces se convertía en una verdad. Y efectivamente, si a uno le preguntan quién fue el mayor fenómeno en cuanto a ventas y éxito de la música española de los años noventa, se verá tentado a responder que Alejandro Sanz. No obstante, como decía Antón Reixa, estamos en guerra pero hay que reflexionar. Esa es efectivamente la versión oficial, que sólo recoge las ventas de los grandes almacenes y no tiene en cuenta las de ferias, mercadillos y gasolineras. En El Corte Inglés y similares, se privilegia a algunos grupos colocándolos en los mejores stands, poniéndolos en los puestecillos para escuchar con cascos, utilizándolos de música ambiental y colocando grandes posters de ellos, mientras a otros se los oculta y relega a la sección de ofertas; allí es donde los Alejandro Sanzes de la vida imponen su dictadura. Pero en la gasolinera, Amaral, La oreja de Van Gogh, Rosana y demás bazofia tienen que hacer algo a lo que no están acostumbrados: competir en igualdad de condiciones con artistas muy superiores denigrados en los medios de comunicación, como El Fary o Junco. Allí no hay trampa ni cartón, el pueblo se expresa libremente y el resultado cambia mucho; en ese caso, Camela surge como el clarísimo número uno musical de la última década. Siguiendo la estela de uno de los mayores ídolos y referentes de este blog, la gran Encarna Sánchez, aquí se hace periodismo valiente dirigido a la verdad, y la verdad es que la mayoría que ha elegido sabiamente a Camela como mejor grupo de la música española contemporánea no debe ser silenciada más tiempo.

¿Cuáles son las claves de este atronador y merecido éxito y fenómeno sociológico?

1) En primer lugar, la compenetración perfecta existente en el compacto trío formado por Miguel Angel, el cerebro del grupo, y los cantantes María Angeles y Dionisio, que interpretan a dos voces los relatos de amor, pasión y venganza compuestos por el primero, dando siempre las dos caras de la historia, la masculina y la femenina, un poco en la línea de genios como Pimpinela.

2) La indiscutible conjunción de sordidez y calidad en los temas: a diferencia de lo que ocurre con Alejandro Sanz, en una canción de Camela existe una melodía, se puede distinguir entre la estrofa y el estribillo, las sílabas de las palabras coinciden con las notas del teclado, y las letras son eso, letras de canciones que cuentan historias, no un testamento farragoso e incoherente que da vueltas en torno a la nada. Las virtudes de Camela parecen cosas muy básicas, pero luego uno oye un disco de Álex Lumbago y descubre que no lo son tanto.

3) La autenticidad de una gente que hace la música que les gusta; frente a unos pijomierdas disfrazados de neopunkies como El canto del loco, el sospechoso buen rollito de gente guai como Estopa, la insufrible languidez pretenciosa de La buena vida, Los planetas, La habitación roja y otros bodrios indies que no son más que La oreja de Van Gogh con pose cultureta, la parodia del homenaje del refrito de la actualización de la música de los 80 de otros tantos indies cuyo supuesto mérito es repetir lo mismo que Azul y negro o Almodóvar y MacNamara hicieron hace veinte años, y que ya entonces era sórdido, y largo etcétera de horrores que sufrimos en la música española, Camela no tienen pose ni van de nada más que de ellos mismos.

4) Y esta sencillez la llevan a sus temas: a la hora de hacer una canción sobre los ligues por internet, frente a la vicisitud que causa la supuesta ingeniosidad de Tam Tam Go cantando y tú me arroba arroba has robado la razón, Camela ganan por goleada con Amor y cariño.com, el ciberespacio, tú y yo, no existen fronteras para el amor.

5) Algo muy relacionado con este último punto: Camela escribe sobre un universo que conocen a la perfección y se colocan a la misma altura de su público sin renunciar por ello al lirismo. Lejos de la estomagante condescendencia y el paternalismo con los que Joaquín Sabina narra un amor adolescente en Pájaros de Portugal, desde el punto de vista del viejo verde borracho del bar que le mira el culo a una quinceañera creyéndose en su patetismo etílico que es un bohemio y que comprende a la juventud, Camela narran, con mucha mayor gracia y sin pseudotrascendencia de abuelete contando batallitas, la historia de amor de dos quinceañeros en la discoteca el domingo por la tarde: a él le gusta ella porque está maciza, así que le pide a la amiga de turno que interceda en su favor, pero la calorrilla deseada no lo tiene muy claro porque el gañán es un poco feo, así que esperará a decidirse hasta más adelante, cuando esté más borracha o cuando vea que no surge nada mejor. Este pequeño drama cotidiano adquiere, sin perder su frescura y su verosimilitud, dimensiones épicas cuando Miguel Angel, el compositor cameliano, le aporta su poética mirada creando una obra maestra: la calorrilla tiene un corazón indomable y el calorro se muere por su amor y no puede convencerla, pero son cosas del amor que tiene que aguantar. Ante tal sentido de la lírica, ¿cómo puede decir alguien tonterías como que las letras de Serrat o Sabina son mejores? La única vez que Sabina abrió la boca para decir algo que mereciera la pena escuchar fue cuando manifestó que los discos de Ramoncín los habían retirado del top manta porque en la tienda estaban más baratos. Pero pueden si quieren olvidarse de tanta gentuza y disfrutar sin mayor dilación de uno de los títulos más inspirados de nuestros amigos pinchando aquí.

6) El siguiente argumento ya no requiere de mayor explicación: la personalísima estética del grupo (que ha perdido fuerza, eso sí, desde que Maria Angeles ya no se peina con flequillo) plasmada en geniales videoclips de trajes blancos y paseos por la playa. Ni siquiera las versiones para karaoke de los videos son mejores que los originales.

7) La fidelidad de un público que ha permanecido al pie del cañón desde los tiempos de las casettes y las gasolineras. Frente a los oyentes veletas de Radio 3 y los lectores del Rock de Luxe, que cada dos meses descubren al grupo más importante del rock de los últimos diez años para olvidarse de él tan pronto como el gurú de turno recomienda la siguiente estupidez que se impondrá entre los gafapastas, la comunidad de fans de Camela está, al igual que el grupo, al margen de las modas que vienen y van. Además, como la andadura de nuestros amigos no se inició desde la radiofórmula, sino desde abajo, no tienen el problema al que se enfrentan otros fenómenos populares como el Koala, un hombre de cuya honestidad y pureza no dudamos, pero sí, y mucho, de las de su público y su discográfica. El título Rock rústico de lomo ancho suena descaradamente a maniobra de marketing de multinacional; compárenlo con Lágrimas de amor, nombre del primer album de Camela. Maria Angeles, Dioni y Miguel Angel, afortunadamente, siempre han sido vistos con el máximo respeto por sus fans y nunca han servido de hazmerreir para la audiencia de Aquí hay tomate y similares.

8) El haber creado un estilo propio, la tecno-rumba, del que son creadores y máximos representantes, aunque el género tenga sus precursores, que ahora pasamos a analizar con detalle.

Breve historia de la tecno-rumba: precursores e imitadores de Camela

Vivo en la convicción de que una de las peores cosas que puede hacer un ser humano es escuchar, y no digamos tocar, música folk, una aberración sólo comparable a la de apuntarse en un gimnasio; en el caso del flamenco, el horror y la abominación se duplican al añadirle culturetismo a lo folclórico. Lamento tener que decir que para mi Camarón era un yonqui insoportable que daba gritos, y el único momento divertido que me hizo vivir fue cuando su viuda, La Chispa, fue a recoger un galardón que le concedían póstumamente a su marido agarrando firmemente su bolso mientras bajaba las escaleras hacia el escenario. Di que sí, Chispa, que hay mucho muerto de hambre en la música.

Otra cosa muy distinta es cuando el flamenco y la lolailez se mezclan con la música moderna con sabrosos y sórdidos resultados. Las pioneras en tener éxito con experimentos de este tipo fueron Las Grecas en los años 70. Recordemos si no la estridente guitarrada propia de rock duro con la que comienza el clásico Te estoy amando locamente; luego entraban las voces y la guitarra se veía reemplazada por un ruidillo de cacerolas, configurando una empanada musical que se convirtió en el disco más vendido de 1974 y que aportó ideas que serían retomadas en el futuro por gentes tan idas de la olla como Triana y Medina Azahara, que pretendían combinar la música andalusí con el rock sinfónico y progresivo.

Pero en la época más gloriosa de la historia de la música mundial, los años 80, los restos del jipismo y el sinfónico se habían disipado ya, y la nueva modernidad era el tecno. Aquí hay que reivindicar el sentido original de esta palabra, que hoy en día evoca una innoble música pastillera para musculocas y modernillos que hacen clubbing, pero que en aquellos felices tiempos representaba a un abanico de gentes muy gratas de recordar, que iban desde Kraftwerk hasta el pussy-pop pasando por Depeche Mode, Eurythmics, Modern Talking, Baltimora o Limahl. Unos culturetas, otros marchosillos y otros pachangueros, pero todos ellos erótico-festivos y llenos de amor y sordidez. La idea de crear un tecno de raíces flamencas, es decir, la primera tentativa de tecno-rumba, no tardó en surgir; si la propuesta en sí ya era demencial, más todavía lo fue el intentar lanzar el nuevo estilo a bombo y platillo a través de un vehículo como el Festival de Eurovisión, ya por entonces anquilosado y que no sería rescatado como icono máximo de la cultura gay hasta la década siguiente. El caso es que en 1983 Remedios Amaya dio a conocer la tecno-rumba al atónito público europeo con el inolvidable Quien maneja mi barca.

Estaba claro que en Eurovisión lo intermedio es para los mediocres, mientras que para los grandes como Remedios sólo hay dos posibles resultados dignos: o ganar o quedar de último con cero points, y a ella le ocurrió lo segundo; nada de lo que avergonzarse sino todo lo contrario: en España es el tema eurovisivo más recordado de la historia junto con La la la. Nuestra amiga insistió en el género con todo un disco lleno de temas magistrales como Chiribi o Como el agua de la fuente, que todo sórdido de pro debería buscar por cualquier medio. Pero, ante el escaso éxito, ella no fue constante frente la adversidad y se degradó pasándose al flamenco tradicional, convirtiéndose en una Niña Pastori de la vida. Que mal.

El testigo de Remedios Amaya lo cogerían al final de los ochenta Azucar Moreno, con la colaboración de un sórdido productor de la época, que hay que reivindicar ya como figura de culto: Raul Orellana. Sus teclados, unidos al temperamento racial de las hermanas Salazar, produjeron obras tan memorables como Debajo del olivo, Carne de melocotón o la exitosa Bandido, que fue también tema eurovisivo. La evolución de las Azucar, sin embargo, también fue a peor, abandonando el tecno y pasándose durante los años 90 a la pachanguilla latina anodina.

Camela, en cambio, han sido siempre fieles a su género, al que bautizaron. Representantes del auténtico espíritu independiente, son el único grupo español de éxito que no nació de un estudio de mercadotecnia de una multinacional sino que se fue currando su público paulatinamente, dando conciertos y recorriéndose las gasolineras con sus maquetas. El boca-oreja transformó en grandes éxitos sus dos primeros álbumes, Lágrimas de amor y Sueños inalcanzables. El tercero, Corazón indomable, fue ya lanzado como fenómeno de masas y ocupó el número uno de las listas de ventas, como ocurriría con todos sus discos posteriores. Vista la magnitud del éxito, el trío decidió fichar por una multinacional, cambio que no repercutió para nada en su estilo, que siguió imperturbable con obras como Sólo por ti o Amor punto com. Naturalmente, surgieron por doquier imitadores, como los efímeros Chalai, Kaima o Ríos de gloria, carentes de la personalidad de los originales. Y es que la clave del éxito de Camela, según el cerebro del grupo, Miguel Angel, es muy sencilla: Todos los artistas interpretan canciones de amor , pero Camela hacemos historias de amor. Y como dijo Claude Lelouch, director de Un hombre y una mujer, y por lo tanto uno de los artistas fundamentales del siglo XX, el amor debe ser el motor de la vida de un artista. Si no es así, es que uno es un amargado o alguien demasiado pretencioso.

11 diciembre 2006

Reunión en la cumbre y pitanza a vuestra salud

La invención de la rueda. El descubrimiento de América. El primer rollo de papel higiénico. Grandes hitos de la historia que palidecen ante lo acontecido el pasado fin de semana en Madrid: la primera reunión del equipo de Vicisitud y Sordidez.

Este magno evento se pudo llevar a cabo, no gracias a una conjunción de planetas, sino a la coincidencia de dos hechos de gran importancia: la visita de Jalop a Madrid y la recepción de un dinerillo por la publicidad del blog. Esto es: ¡comimos gratis gracias a vosotros! Y gratis todo sabe mejor.

Pero, por otra parte, una gran incógnita se desprende de este acontecimiento: ¿Cómo es posible que alguien entre voluntariamente en la publicidad de este blog?. Debido a lo absurdo y heterodoxo de sus posts, hemos podido admirar chungueces de todo tipo. Si visitabas el artículo ‘Ente onvre III’, pues ahí podían aparecer ofertas para viajes a Portugal. Todo gracias a que El Ciudadano Soberano viera un DVD de Epi y Blas comprado en Brasil. El que los malagueños premiaran a Uwe Boll suponía a veces un link a una tienda americana de flamenco. No olvidemos tampoco que las películas Dillinger generan a menudo un anuncio sobre un tal Joe Petrosino, policía anti mafia. Nosotros inventando géneros cinematográficos con toda nuestra buena fe, y las máquinas pensando en la Cosa Nostra.

Aunque lo mejor es, sin duda, que a ‘Las catorce mejores masturbaciones’, nuestro post estrella, le asignen de cuando en cuando un banner especial para hacer donativos a víctimas de huracanes. Como somos unos marranos, la publicidad automática se ofrece para limpiar nuestras consciencias. ¡Pero qué panda de mojigatos gobierna nuestras vidas!

07 diciembre 2006

Tots amb el caganer, tú

El penúltimo artículo del perínclito Paco Fox, entre otras muchas virtudes, sirvió para que recuperásemos la más grande aportación jamás fecha por la cultura catalana: el caganer. En el acalorado debate que siguió a la elegía a Robert Altman, la mosca cojonera nos recordó, con su habitual mesura y sabiduría, que quien es capaz de hacer algo bueno aunque sólo sea por una vez en su vida, merece ya un cierto grado de respeto. Bien, pues con el caganer el muy noble pueblo catalán consigue que les perdonemos tonterías como prácticamente todos sus políticos, como la gilipollez timofashion de muchos rincones de Barcelona, como prácticamente todo lo que ha dicho la cúpula directiva del Barça en su historia y, lo que es peor, la aburridísima ceremonia inaugural de Barcelona 92, con los pretenciosos y odiables Els Comediants (donde esté la infinitamente superior ceremonia de Atlanta 96, con sus jeeps y sus bigardos en leotardos tocando trompetas sacadas de “Cristóbal Colón de oficio descubridor”, que se quite todo lo demás).

Sí, muchas son las críticas injustas que recibe el pueblo catalán – recomiendo este bello tbeo para hacerles un poco de justicia y no caer en Jimenezlosantismo – pero TODAS obvian lo fundamental. ELLOS INVENTARON EL CAGANER. Y tú no, hijo de puta. Yo soy de los que no quieren regalar la bandera de España a los fascistas porque
respeto a la selección. Por ese motivo, no quiero regalar Cataluña a Laporta, Bofill o cualquier gilipollas fashion presuntamente “cosmopolita” (cuando en realidad son más de su pueblo que nadie). No, señores, no: Cataluña es de esa mayoría silenciosa de buena gente que, cada año, en sus Belenes, pone un caganer. Es de esa gente que sabe perpetuar las buenas tradiciones y extenderlas hasta lograr que un Ciudadano Soberano, en la otra punta de España, haga un caganer viviente al lado de la carretera. Es de toda esa buena gente – Marc, Eric, Josep, Oriol, no os olvido y sé que adoráis al caganer – que nos recuerda que es mejor hacer caca y no entrar en el debate falso que se inventan Acebes y Zaplana.

Es por ello por lo que os remito, para vuestra información humana y formación sórdida, a este bellísimo
link facilitado, once more, por la mosca cojonera. Es la web de amics del caganer, y su galería fotográfica no tiene el más mínimo desperdicio: las horas de amor y rock sinfónico están garantizadas.

Como ya dije otra vez: hala, me voy a cagar.

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