Vicisitud & Sordidez

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Soy un buen freak canónico, por lo que mis sentimientos hacia la naturaleza son contradictorios. Por un lado, mi nerdismo me impulsa a querer echarme al monte cual hobbit o batallar en drakkar en plan 'guerrero vikingo con un problema de actitud'. Por otro, mi mente me avisa de mi incapacidad para vivir en la interperie y de lo que es en realidad la naturaleza: bichos, suciedad, quemaduras de segundo grado y ausencia de retretes.

Como habitante costero, mis veranos siempre han estado unidos a largas jornadas playeras bajo los pinos. Como pecoso que había pasado todo el invierno encerrado en casa con el Spectrum, el estío era más bien sinónimo de un despellejamiento sólo comparable con Freddy Krueger con pase de temporada para los rayos uva. Eso y todo tipo de vicisitudes vergonzosas.

Mis principales puntos de destino playero de pequeño eran tres. En primer lugar, mi propio pueblo. Una experiencia totalmente edificante de hermanamiento con la realidad de nuestra sociedad. Esto es, con tampones, bolsas de plástico, compresas y otra vida artificial de la bahía de Algeciras. Por no hablar de lo agradable de que se te pegue el petróleo que lanzan los barcos del Estrecho. Con tanto aceite para quitarme los pegotes me sentía como un adalid de la dieta mediterránea incluso antes de que estuviera de moda.

Viajar a la segunda opción, las playas de Chiclana o Chipiona, era algo bastante cercano al deporte de aventura. Es como si Christopher Walken hubiera sustituido las balas del vietcom por medusas cabreadas. Y aseguro que yo siempre tenía el cargador lleno.
Así que lo más aceptable era ir a Tarifa. Y muchos sabréis lo que eso significa: Tres días después de cualquier visita a la playa todavía podrías encontrar arena en partes de tu cuerpo que no sabías que existían.

Claro que no toda la culpa era del viento. Mis primos y yo teníamos la costumbre de subir las dunas de la playa y tirarnos rodando por la pendiente más escarpada. El problema lo daba mi (grandísimo) primo Capitán Furillo. Un onvre increíble cuya principal afición con once y doce años era honrar a Onán unas cinco veces al día. Así pues, cada vez que íbamos a Tarifa, el chaval hacía un reconocimiento visual de todo el tetamen de la zona (pródiga en esas encomiables aficiones al top-less y al air-picha) y luego marchaba a la parte posterior de la duna a entregarse al deporte de muñeca más popular antes de la llegada de la Wii. (Y, para qué engañarnos: después también). Lo malo es que luego llegábamos el resto de los primos a tirarnos rodando por la misma zona, con el consiguiente riesgo de que alguna parte del cuerpo terminara cual filete empanado rico en enzimas y mucus.

Con tanto petróleo, medusas, arena y fluidos, la opción de conocer otros mundos playeros no me parecía tan descabellada. Así que visité Denia. Llegué a lo que decían que era la playa (aunque se veía poca arena debajo de tanto madrileño). Luego me metí en esa especie de caldito mediterráneo y por fin supe cómo era la sensación de jacuzzi en mar abierto más allá de los momentos en los que el Ciudadano Soberano exponía su teoría de ser uno con la naturaleza cuando nos bañábamos juntos en Tarifa. Una experiencia poco enriquecedora. Todo lo contrario de lo que me enseñó mi siguiente viaje playero.

Unos años más tarde visité por primera vez Galicia. Y, gracias a la frigidez de una playa de la pedanía Pontevedresa de Seixo, hoy en día soy un hombre más duro que la barba de Chuck Norris. ¡Qué gran experiencia meterse en esas aguas y comprobar cómo la pichurra lograba introducirse TOTALMENTE dentro de mi cuerpecillo! Si hubiera sido hermafrodita, podría haberme inseminado a mí mismo. Imagino al pellejillo asombrado por haberse quedado sin compañía mientras se preguntaba algo así como “¿Por qué el cabrón del Paco no se saldrá del agua de una puta vez?”. Los huevos le habrían jaleado si hubieran podido. Pero estaban demasiado preocupados preguntándose dónde puñeta estaban y si esa luz al fondo del túnel era, efectivamente, el ano.

Así que abandoné la idea de empaparme de las virtudes de la vida playera. Me contenté con ir muy de cuando en cuando, quitarme la camiseta sólo para meterme en el agua y disfrutar de mi afición a bañarme en pelota picada. Con el tiempo llegó una oportunidad de redención. Gracias a una oferta laboral, pude operarme de mis casi seis dioptrías. Y un nuevo mundo se abrió ante mis ojos. No, no era la oportunidad de ver los peces claramente que tanta ilusión le haría a Vicisitud. Más bien comprendí, con varios años de retraso, la pasión de mi primo Capitán Furillo por Tarifa. Sin embargo, como diría Danny Glover, “I’m too old for this shit”. Mejor me voy a casa a jugar al Oblivion.

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La navaja en el ojo dijo... 23 julio, 2007 15:30

Pues tenga cuidado, sr. Fox, que, según lo visto hoy en las noticias, las vacaciones que tiene pensadas para este año, pueden estar tan pasadas por agua como las que aquí relata.

Vicisitud y Sordidez dijo... 23 julio, 2007 15:36

Por lo menos, su primo Furillo tenía la decencia de retirarse detrás de una duna. Un amigo de un conocido mio, a la que iba con éste en una lanchilla por la Ría de Vigo, le dijo "Ramón, tú sigue mirando hacia adelante".

Portrait dijo... 23 julio, 2007 16:04

Todos en algun momento de nuestras vidas hemos sufrido los impulsos incontrolables de un amigo onanista.

En mi caso fue en una tienda de campaña de un festival jebi, uno de los peores sitios imaginables para que suceda esto. No obstante no concibo un lugar en el que me resulte aceptable que un amigo se desfogue a mi vera.

Milgrom dijo... 23 julio, 2007 17:19

No hay lugar posible para la masturbación acompañada que no sea durante la etapa de la vida comprendida entre los 11 y los 15 años. En esa época en la que incluso la Venca ejerce de material pajerillo, es la única en la que veo permitido el onanismo comunitario ante algún estímulo visual. Más adelante es un ejercicio de sordidez semi-homosexual que no es necesario contemplar ni hacer contemplar a otros.

Yo señor Paco perdí mis gónadas en la Praia das Catedrais (no se si lo he escrito bién) un mes de julio de hace unos añitos. Un ser mediterraneo, acostumbrado a la sopa de medusas como yo, no esta hecho para el Cantábrico.

Miguel dijo... 23 julio, 2007 17:32

El blanco mortecino que algunos poseemos no se debe a pasar horas y horas jugando al Spectrum (mi padre tenía un ZX de, creo, 48 kb). Tampoco se debe a jugar demasiado al Oblivion¹. El blanco de la piel se debe a que somos... "hijos de la noche".

Por cierto, me sorprende que Paco Fox no sacase más partido a sus dioptrías. Yo tengo una dioptría y media de miopía en un ojo² y con ese ojo no distingo mucho de lejos. Pues bien, con seis dioptrías, la única forma de distinguir a tus colegas de una bella moza haciendo topless es:
a) Por la voz
b) Por el tacto

Bueno, siempre puede estar a menos de 30 cm., pero entonces ya habrían intimado.

¹ Jugar al Oblivion no es freak. Freak sería si siguieses jugando al, no sé, Baldur's Gate 1, 2 y la expansión con un solo jugador y sin recargar partida

² Algo que no sabéis de mí. Tengo un ojo miope y el otro hipermétrope. Además, también tengo astigmatismo y estravismo. Estoy esperando a los 50 para añadir presbicia a la lista. Lo mejor de todo es que me apasionan los aviones.

La navaja en el ojo dijo... 23 julio, 2007 17:42

Miguel, ¿cuántos años tienes?

Nada de semi, Milgrom, por mucho menos, King Missile te da un aprobado seguro.

Miguel dijo... 24 julio, 2007 09:55

La Navaja,

Tengo 25, así que me queda bastante tiempo antes de tener presbicia. Eso sí, tengo la sensación de ser más joven que la mayoría por aquí.

Gorgonsola dijo... 24 julio, 2007 10:34

Si señor has relatado maravillosamente la vida en una playa. yo he veraneado en Denia por obligación familiar durante casi todos los años de mi tierna vida y he de decir que la odio con toda mi fuerza.
Cuando no son ataques de medusas son manadas de viejunos cuyas mujeres de destetan obligandome a quitarme las gafas y perdiendome lo mejor de la joven o como mucho dos que se pueden llegar a ver.

Además eso andar sin gafas es un marrón. Una vez confundí una pareja follando con una bolsa de plástico sujeta a una boya. Ese fue un mal día. Muy malo.

La navaja en el ojo dijo... 24 julio, 2007 11:23

Miguel: más que nada lo decía por lo de "mi padre tenía un...". Pero vamos que pensé que serías más joven, 17 o algo así. Aunque por aquí seamos más viejos que tú (mi edad se puede ver en mi perfil) se puede decir que la generación sigue siendo la misma... o casi.

Miguel dijo... 24 julio, 2007 11:29

Ya, te entiendo. La verdad es que mi padre (53 años) siempre ha sido bastante aficionado a los ordenadores y demás. Incluso está pensando en comprarse una Wii... cuando solucionen algunos temillas como la duración de las pilas de los mandos.

La navaja en el ojo dijo... 24 julio, 2007 16:46

Off topic publicitario: Paquito: seguro que te gusta esta japonesita. Se parece a la del restaurante donde estuvimos el otro día.

Paco Fox dijo... 24 julio, 2007 16:50

Ondia... pues sí: muy de las mías. Y de las de todos. Es más, como se decía en Pederastia 96: Esa chica debería ser un bien común.

Skuerzo dijo... 26 julio, 2007 02:24

Que recuerdos en la playa del Rinconcillo, cuando mis amigos y yo hacíamos competición a ver quién salía de la playa con más lunares de alquitrán. Mira que luego costaba quitarlos, los jodíos.

Ahora que pienso, de pequeño también era aficionado a tirarme rodando por las playas de Bolonia... Has conseguido mancillar mis recuerdos de infancia más puros, estarás orgulloso...

Un saludo.

Paco Fox dijo... 26 julio, 2007 09:30

Skuerzo: A mí de pequeño me decían que había que ir a la playa de Getares, pues la del Rinconcillo se suponía que era lo peor. Y yo no lo comprendía, pues AMBAS me parecían una guarrerida.
Si te digo la verad, hace años que no me baño en ninguna de las dos. Cuando el grupo de amigos del instituto dejamos de ir, perdí el interés. Esto es, ver a una chica conocida como 'La Star Wars' (por no estar buena, sino sideral) en bikini.

Gotty dijo... 18 septiembre, 2007 21:48

Increible, llevo unas cuantas semanas siguiento este blog y no me habia enterado que uno de los frikiescritores es de mi pueblo (omito la parte de viva Algeciras, pq en realidad es el culo del mundo).

En fin, ya decia yo que tantas y tantas rayadas no podian salir de otra mente que no hubiera tragado agua del Rinconcillo, actualmente conocida como la playa radiactiva jajaja.

Solo digo que entre el "caldito" de agua del mediterraneo (vease Palma de Mallorca como ejemplo) y el agua fresquita de El Rinconcillo... me quedo con las playas de Punta Cana jajaja.

Un beso a todos.

Paco Fox dijo... 18 septiembre, 2007 23:21

Hola, Gotty: Han salido bastantes lectores del Campo de Gibraltar, cosa que no esperaba. Y, qué coño, me alegro bastante. Excepto por un señor que se cabreó por el artículo de la 'Teoría de la vicisitud andaluza', el resto ha demostrado ser bien sórdidos. Sobre todo porque una amiga me comentó que le había llegado en plan mail viral local Algecireña un link al artículo de Camela...

luciernago dijo... 12 febrero, 2009 18:19

Recuerdo que, cuando lo del Prestige, yo vivía ya en San Fernando, pero tanto que se hablaba del chapapote, de cómo estaban las playas, de desastre ecológico y demás... Recuerdo que mi madre saltó "¡Chapapote ni chapapote! ¡Eso lo hemos tenido toda la vida en Getares!"
Y es que, sin quitarle importancia al gran desastre que fue lo del Prestige, no me dirás que, a lo largo de los años, no se habrá derramado más chapapote en el Estrecho...

nude dijo... 16 abril, 2009 01:53

buen relato, si señor...

 
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