30 marzo 2007

Guías turísticas para sórdidos: ¡Gibraltar, inglés!

En su gran obra ‘To er mundo e mejó’, Manolo Summers hizo que una reivindicación política quedara para siempre unida al cachondeo en el imaginario colectivo. Era la frase "Gibartá, Ehpañó". Delante del imponente peñón del sur de España, el equipo de la película se cachondeaba de unos pobres andaluces (comienza en el 5:58):


Sin embargo, yo siempre defenderé a un Gibraltar inglés. Nada de español ni, por supuesto, de república/peñasco independiente. Ya es hoy en día refugio de empresas de actividades dudosas. Con la independencia, la colonia podría convertirse en un lugar tan corrupto que incluso espantaría al Congreso estadounidense.

Porque, amigos: Gibraltar inglés es el lugar de mayor vicisitud, sordidez y amor de la tierra. No olvidemos que estamos hablando de la mezcla de andaluces, ingleses y pakistaníes. Una pena la falta de alemanes e italianos, pero no se puede tener todo.

Con esta promesa de chunguez, Vicisitudysordidez, La navaja en el ojo, un servidor y su sufrida señora decidimos hace un tiempo hacernos en coche las ocho o nueve horas que separan Madrid del Campo de Gibraltar para visitar este maravilloso despropósito de lugar en un breve puente de tres días. Sí, es algo de lo que no se puede estar orgulloso desde un punto de vista convencional. Pero mirándolo desde el prisma de la chunguez, se convierte en una peregrinación necesaria y épica al nivel de una película de bárbaros española. Esto es, a un nivel de vergüenza ajena.

La experiencia de cualquier visita a este lugar siempre empieza, cual canción de Manowar, por todo lo alto: tras pasar la frontera y para llegar al pueblo hace falta atravesar la pista de aterrizaje del aeropuerto. ¡Y hay gente que se queja de los pasos de tren con barrera! Una sensación tan extraña que te sientes como si entraras en un universo paralelo. Con suerte, podrás pasar los primeros momentos de peligro si vas con un neófito en las peculiaridades idiomáticas del lugar. Todavía recuerdo acompañar a un amigo el cual, ante la frase “Entonces, quedamos en tu casa pa’l meeting” soltada por una señora con chándal y teléfono móvil, comenzó a descojonarse con gran gusto, poniendo en serio peligro nuestra integridad física. Porque, sí: los gibraltareños, como el Ciudadano Soberano, están muy orgullosos de sus idiosincrasias. Y eso me parece really charming.

Una vez dentro del pueblo, la sensación de desorientación es abrumadora. Porque por un lado ves los típicos pubs ingleses, pero prácticamente sólo se escucha español por la calle. El calorrismo local que predomina es un espejo extraño que mezcla el espíritu olímpico (chándal y medalla de oro) de Algeciras y La Línea con ese peculiar gusto anglosajón al vestir. Y todos sabemos que unir los términos "vestir" y "gusto anglosajón" es como mezclar "detonador" y "explosivo plástico". ¡Qué bello es ver pasar a un señor, sin camiseta, en su tuneado car y con el pesado de Camarón desgañitándose en la radio while he grita “Illo, luego no’eshamo una’ beers”! Porque, por muy raro que parezca, a veces, como buenos andaluces, he escuchado que aspiran las 's’ finales en español, pero no dudan en pronunciarlas en inglés. ¡Magnífico!
Por supuesto, desde aquí propongo que el llanito (como popularmente se conoce a este habla) sea declarado bien de interés cultural YA. A mí las mezclas de spanglish de los latinos americanos no me dan ningún amor: me suena agresivo y, lo peor de todo, sin gracia. Pero una mezcla pura de hablas andaluza e inglesa es algo glorioso, como ya descubrieron en su momento esos grandes menospreciados del humor andaluz: Los Morancos.
Recuerdo que mi primer encuentro infantil con este gran habla fue el muy impactante “Jennifer, let’s go to your home a’sé los homeworks”. Desde aquel día decidí que tenía que volver a ese lugar tantas veces como me fuera posible.


Curiosamente, no fue hasta mi tercera visita que produjo mi primer encuentro con los famosos monos sobre los que cantaba el pesado de Victor Manuel. Unos hijos de puta con gran afición a los smarties que les daban los turistas, lo cual les provocaba tremendas cagaleras. A los monos, claro. Los turistas estaban más bien acojonados, pues un macaco de Gibraltar cabreado por la falta de lacasitos da más miedo que la pitonisa Lola en top less.

Esos recorridos turísticos por The Rock (épico mote local del peñasco) están bien. Incluso se pueden ver los colectores de agua por los que pasaba James Bond en "007: Alta Tensión", una de las mejores películas de la saga únicamente debido al hecho de haber sido rodada en el peñón. Lo mismo no puede decirse de "Marine, entrenado para matar", la única película de nacionalidad Gibraltareña que conozco (aunque la imdb lo niegue), protagonizada por el amigo de Uwe Boll Michael Paré. Y, con ello, he conseguido unir a Gibraltar con el Dr. Boll. Denme un poco más de tiempo y me invento los seis grados de separación con Santiago Rouco para justificar más este artículo en el contexto de este blog.

Naturalmente, acabo llevando a Gibraltar a todo amigo que se atreve a pasarse por mi casa de Algeciras (con el doble y sano motivo de que NO vea mi pueblo). Así aprovecho y me compro algunas salsas radiactivas inglesas en el supermercado de allí. El cual, dicho sea de paso, sigue la tónica de las grandes superficies inglesas: 30% de salsas, 30% de chucherías, 20% de bebidas y 20% de comida de verdad. La visita con Vicisitud y las respectivas parejas fue la más extraña. Como empezó a llover, tuvimos que entrar en muchas tiendas y abandonar la idea del paseo turístico por la cima del peñón. Pero ello dio la ocasión de vivir la pureza llanita con mayor intensidad. Parecíamos más bien Gene Hackmans de la vida, intentando pillar el mayor número de conversaciones posibles. El día se redondeó con un buen resfriado y el visionado de "Time Line", mítico filme que dio origen al género ‘¡¡¡era yo!!!'.

Monos chungos, habla jocosa, arquitectura esquizofrénica… Es verdad que casi todos los sitios tienen su punto de vicisitud y sordidez amorosa. Pero Gibraltar es la joya de la corona. Británica, por supuesto.

27 marzo 2007

Devotos del Santo Prepucio

Aunque los lectores pueden llevarse la impresión de que este es un blog ateo en el que se confunde el progresismo con la chabacanería y con la desvergüenza, sepan que aquí somos católicos, apostólicos, romanos y sórdidos. Yo ya me declaré en su momento ferviente devoto de Santa Teresa y San Juan de la Cruz y dispuesto a condenar a la hoguera sin contemplaciones a todos los herejes modernikis que prefieren apuntarse a gilipolleces como el budismo y el zen en lugar de leer Coplas del alma que pena por ver a Dios o Camino de perfección (de Santa Teresa, no confundir con Camino, el innoble panfletillo de Escrivá de Balaguer de una retórica gay sadomaso tan pobre y simplona como la de La pasión de Cristo de Mel Gibson) . Y siempre ensalzaré a todo buen cristiano que se haga anacoreta y se eche al monte a comer grillos y meditar sobre la Gloria de Nuestro Señor, así como a los que se les aparece la Virgen, tienen visiones, estigmas, éxtasis, leviten y / o su cuerpo quede incorrupto tras la muerte. Si no reúnes ninguno de estos requisitos y te consideras católico, lo único que serás es un soplapollas que merece que, en la próxima excursión que hagas a Madrid junto a otros paletos con la última excusa inventada para insultar al presidente y hacernos la vida imposible a los demás, el sobrepeso por la acumulación de banderas de España vuelque vuestro autobús y os la peguéis contra un gran camión de estiércol.

Y es que en estos tiempos de fariseillos mediocres se echa de menos la época de la auténtica fe y los grandes debates teológicos. El más fascinante de ellos, sin duda, el del Santo Prepucio: si Jesús de Nazaret era judío tuvo que ser circuncidado al poco de nacer, como narran de hecho los evangelios apócrifos. En ese caso, cuando tras su gloriosa muerte y resurrección subió al cielo, ¿qué ocurrió con su prepucio? ¿Se desplazó en mágico vuelo para reintegrarse a su cuerpo antes de la ascensión? ¿El Mesías y su prepucio ascendieron en paralelo y se juntaron a la llegada a los Cielos? ¿Nuestro Señor recibió un nuevo prepucio quedando el viejo en la Tierra? ¿O no fue así y reina desde entonces descapullado a la derecha del padre hasta el fin de los tiempos?

Tras ardua y apasionante deliberación, los grandes sabios de la iglesia concluyeron que el prepucio divino habría permanecido en el mundo terrenal, al igual que la sangre, las uñas y los fluidos corporales varios emanados por Nuestro Señor. El Santo Prepucio se convirtió desde entonces en una de las reliquias más preciadas y cotizadas de la cristiandad; para mi sin duda la más relevante, ex-aequo con el estornudo embotellado del Espíritu Santo.

La primera aparición del prepucio más ilustre de la historia de la que se tiene noticia se produjo en la abadía francesa de Charroux, cuyos monjes declaraban haberlo recibido como regalo del emperador Carlomagno, quien a su vez lo habría obtenido directamente de un ángel del Señor. Los monjes peregrinaron a Roma llevando el sagrado capullo en procesión para que el Papa se pronunciase respecto a su autenticidad. El Santo Padre se negó a manifestarse al respecto, pero ello no fue obstáculo para que la devoción diera origen en el pueblo a la Hermandad del Santo Prepucio, encargada de preservar una reliquia muy venerada en particular por las embarazadas. Se dice de hecho que Catalina de Valois, esposa del rey Enrique V de Inglaterra, lo utilizó para menguar los dolores del parto a causa del bienestar que brindaba su fino y exquisito aroma.

Todavía más gustirrinín le proporcionaba este pellejillo a sor Agnes Blannbekin, monja mística del siglo XVIII a la que el capullo se le aparecía en sus trances, materializándose en su boca y haciéndola gozar hasta el delirio por su sabor dulce y carnoso: auténtica comunión con el cuerpo, la sangre y la polla del Altísimo. ¿A que se han hecho desde ya fans de sor Agnes? Otra Santa Mujer, Catalina de Siena (cuyo dedo incorrupto tuve la sórdida ocasión de contemplar y venerar en la catedral de la ciudad) también tenía al prepucio divino como protagonista de sus visiones: en ellas se casaba con el Señor y éste se lo ofrecía como peculiar anillo de bodas.

La devoción ha continuado prácticamente hasta nuestros días, sobre todo en el pueblo italiano de Calcata, donde el presunto Santo Prepucio era sacado alegremente en desfile todos los primeros de año en la festividad de la Circuncisión, aunque el Vaticano ha aconsejado no preocuparse demasiado por esta reliquia por poder inducir a una “curiosidad irrespetuosa”; es que hay por ahí mucha gentuza que no se toma estos asuntos con la seriedad y el respeto con que los abordamos en este nuestro blog. Por último, como hombre de ciencias recomiendo la lectura de la obra De Praeputio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba ("discusión acerca del Prepucio de Nuestro Señor Jesucristo"), del gran erudito del siglo XVII Leo Allatius, en la que se especula con la idea de que el Santo Prepucio pudo haber ascendido al Cielo al mismo tiempo que Jesús y se habría convertido en los anillos de Saturno.

21 marzo 2007

Una cita con la historia y el A(m)OR

Si has vendido millones de discos y, a la vez, la revista Rolling Stone despelleja todos tus álbumes dándoles la menor puntuación posible… Si has conseguido componer una balada ñorda que se ha convertido en “The prom song of the 80’s” (honor sórdido donde los haya)… Si, a pesar de que todas las tribunas “respetables” de Internet digan que eres lo puto peor, consigues que una canción tuya sea la más descargada de la historia… Entonces es que lo has hecho TODO bien

Ladies and gentleman, I give you… JOURNEY!!!!! En 1981 no hubo ningún grupo más importante sobre la faz de la Tierra. En los USA son infinitamente más famosos que los Beatles y, a día de hoy, son el paradigma del horterismo que más urticaria le puede producir a los bienpensantes. Que en España sean unos desconocidos sólo remacha la mediocridad en que vivimos, pero qué se va a esperar de un país donde Aznar sacó más votos que Felipe y, lo que es peor, Marta Sánchez sacó más votos que
Sabrina. Sin embargo, para unos pocos sórdidos, este sábado, eso puede cambiar. Por primera vez Journey van a tocar en España y, sí, acertáis, no me lo voy a perder.

Para quien no los conozca, podría hacer como mi mítico cuñao y decir “-¿Te acuerdas de aquella sordidez que cantaba Marujah Carey que se llamaba “Open Arms”? –Sí, ostia pero qué mala era -Pues esa canción es de Journey”. Pero hay necios que no comprenden el tremendo honor sórdido que es que the great Marujah herself te despelleje (una cosa es no tener ninguno de sus discos por infumable, pero creo que Marujah ha hecho suficientes méritos para ganarse nuestro amor incondicional. Y si no piensas así vete a machacártela con Cristina Almeida o con Rosana, lo mismo da que da lo mismo). Pero no sólo Marujah hizo una versión, flipen con este vídeo de la gran Britney Spears cuando sólo era una niña que tenía, eso sí, claro que el AORterismo era lo suyo: con todos ustedes, Britney canta “Open Arms”




El caso es que Journey son los reyes del AOR, ese estilo musical yanki tan asociado a las fiestas puteras de facultad, o a las pelis puteras de Bruckheimer, o a los cardados puteros con su puntillo hard rock… ¿He dicho putero? El AOR es un cruce entre el hard rock, el pop y, si se quiere, un poquito – pero sólo un poquito – del temible rock progresivo. Tuvo su momento de gloria en los 80 con bandas como Boston, Loverboy, Foreigner (versioneados DOS veces por Julio Iglesias en su soberbio último disco “Romantic Classics”) o Survivor (ese “Eye of the Tiger”). Qué coño, la mejor forma de describir el AOR es decirle a la gente “¿Te acuerdas de la motera de cuero en el anuncio de “Burning Heart”? Pues eso”. En
este test podéis comprobar vuestros conocimientos AORteras. Actualmente, en los USA, quien diga que le gusta el AOR es considerado chusma y un hortera de nivel inferior a quien se compre discos de Bustamante (los autores de “South Park” sistemáticamente usan temas de Journey cuando quieren caracterizar su particular reverso tenebroso de la fuerza). Básicamente Journey sería como el grupo favorito de Peter Griffin. Todo un honor al que la soberbia serie “Padre de Familia” dedicó este karaoke:



A raiz de este cachondeín, la canción “Don’t stop believin’” – cágate, usada en la peli “Monster” - se convirtió en la más descargada de la historia, para escándalo de los que gustan de sentirse superiores a la chusma. Y ahí está el quid de la cuestión: todo el mundo vive alienado, con vergüenza de confesar que le gusta Journey pero, a la que le dan la oportunidad, se desata (como los pobres catalanes, sepultados por una losa fashion que dificulta su culto al caganer).



De hecho, hace unas semanas, me crucé con nuestro querido Panadero y, a la que le propuese ver a Journey, me respondió. “Uf, Journey, eso es para gente barrigona ¿no? Claro que yo lo soy… No sé, creo que no iré porque corro el riesgo de que me guste, y no creo que me gustase la clase de persona en la que me iba a convertir”. Cuando intenté animarle diciendo que también vendrían verlos, desde Vigo, mi hermana y mi cuñao, Panadero atinadamente comentó “Es que así es como hay que ver a Journey, con la hermana y el cuñao. No vale ir con los amigotes y tirarse algún eructo ocasionalmente”. En efecto, tal es el amor que este supergrupo produce.



Por mi parte sólo puedo deciros que este sábado tenéis una cita con la historia. Si sois neófitos, os recomiendo que os bajéis su disco “Escape” o el “Greatest Hits Live”. Descubriréis a Neal Schon, uno de los mayores virtuosos de la guitarra con bigotón, a Jonathan Cain, uno de los mejores teclistas horteras ever (y colaborador de Michael Bolton o Heart) y la soberbia voz de Steve Perry, hombre con aire lolailo-gitanaco muy parecido a un conocido mío y a ¡
Tunka!. Bueno, actualmente no canta Steve Perry, sino un héroe del AOR contemporáneo que, sólo con llamarse Jeff Scott Soto, ya queda definido como ser humano. Un chaval en la onda de mi adorado Joe Lynn Turner de los que no tiene problemas en quitarse la camisa, y eso siempre es bueno (¡aprende, Tom Yonki, digo, Yorke!).

¡Soltaos los lolailos, desabrochaos la camisa, encended los mecheros, sed vosotros mismos! Sólo queda un día para corear “Any way you want it”, “Lights”, “Lovin’ Touchin’ Squeezin’” o “Separate Ways” ¿Alguien se apunta a llorar, corear, y no tirarse eructos?

Os dejo con “Faithfully”, la “prom song of the 80s”. Porque aunque los frikis en nuestra adolescencia podamos empatizar más con la tristeza suicida por no comernos nada está claro que un a baile agarrao arropados por la voz de Steve Perry no le hubiésemos dicho que no. Además, entre sus líricos zooms, es uno de los vídeos más dramáticos sobre el hecho de tener
bigotón y perderlo. Ahí es nada:


15 marzo 2007

Las grandes sordideces del rock progresivo 3: Sordidez para compartir

Todo el mundo tiene o debería tener una de estas. Son ese tipo de obras que siempre enseñas a tus amigos buscando el estupor o la risa floja. Cosas de una chunguez tan absoluta que harían sonrojarse a Uwe Boll, pero que tú muestras orgulloso como si fuera el Santo Grial. Durante mucho tiempo, mis momentos cumbres en las reuniones sociales era poner en el video el reportaje de Toxeiro (‘Me echaron droja en el Cola-Cao’) ¡en versión completa! A menudo, y hasta que el VHS no dio más de sí, acababa enseñando las partes ‘de trama’ de ‘Barbara, la bárbara’, la única película porno de la historia con los diálogos desgastados y las escenas de sexo intactas. Y es que los gritos de ‘¡Por el Salado Semen de Saltos!’ o ‘¡Por la Polla Deformada de Micerinos!’ son una maravilla del humor, por encima incluso de las letras de Franco Battiato.
Pero a la hora de la música, y sobre todo llegado el momento de echar a los invitados, no hay nada mejor que acudir a nuestro género favorito: el progresivo. Ya hemos hablado aquí del momento de mayor vicisitud de la historia de la música y del grupo que me deja más estupefacto. Pero hay mucho más.
En su gran disco ‘Para las chicas que se ponen regordetas por la noche’, los muy simpáticos y rurales Caravan nos regalaron mi sordidez sinfónica favorita: ‘The Dog, The Dog, He’s At It Again’. Un bonito tema, con una inocente melodía en plan patio de escuela tremendamente pegadiza y un épico final con armonías vocales. Que trata sobre follar. Escuchen:

El muy jrande compositor Pye Hastings nos regala perlas como ‘Chica solitaria, ¿quieres comerte un caramelo? Tengo algo que quiero que sostengas, y mi hermano te dirá que es bueno para el resfriado’ o ‘Salió la medicina, está llegando fuerte, está llegando una y otra vez’. Precioso, sobre todo si os digo que ese ‘está llegando’ es ‘It’s coming’. Y si no sabéis qué quiere decir ‘to come’ en contextos amatorios, es porque nunca habéis visto una película porno en inglés. Y si es así debido a que sólo consumís porno alemán, pues qué queréis que os diga: sois demasiado sórdidos incluso para este blog.Sin embargo, este ‘El perro, el perro’ no se puede utilizar para hacer salir despavorida a la concurrencia, pues, por aquello de las barreras idiomáticas, es un chiste que hay que explicar. Y todos sabemos que esos no funcionan demasiado bien, sobre todo unidos a ingestas de alcohol. Para la misión que nos ocupa de exhibición de sordidez y espanto del personal, nada mejor que ‘Hocus Pocus’, atentado sónico del contra todo pronóstico holandés grupo ‘Focus’.

Esta formación se disputa con Jethro Tull (otros que se las traen) el honor de haber introducido la ‘escupitajo-flauta’ en el rock. Solían perpetrar discos que combinaban temas en plan medieval, instrumentales pegadizos y largas jams jazzisticas más aburridas que… bueno, que una larga jam jazzistica. Tuvieron algún single de cierto éxito, pero la canción por la que serán recordadas es ésta. Atentos a la cara del cantante/flautista/teclista/perturbado Thijs Van Leer:

Riffs agresivos, órgano setentero, batería imaginativa y cantos tiroleses. ¿Qué puede haber mejor? Hasta los metaleros Helloween hicieron una versión en su disco ‘Metal Jukebox’.
Cualquier singermornings puede componer una canción sórdida cutre. Cosas como Los Mojinos Escocíos o los Petersellers pueden hacer gracia. Pero no llegan a la sublimación de la sordidez que son muchos progresivos. La magia está en ser chungos y, al mismo tiempo, presentar un tema complejo, bien compuesto e inmaculadamente interpretado. Y ponerlo en el mismo disco que una gran épica de sentimientos arrebatados o de una extensa jam de extrema complejidad. Ese maravilloso y aparente contrasentido es lo que me asombra. Y lo que me da verdadero amor.

13 marzo 2007

¡TUNKA!

El círculo se cierra: cada vez me quedan menos películas de bárbaros por ver. Mi novia ya no hace un master y está un poco menos explotada en el trabajo, pero esto ya es como las pajas: si empiezas, te las terminas.
Andaba yo preocupado porque uno de los flims más extraños del infra-género, Tunka el guerrero, me iba a ser difícil de conseguir. No está en la mula, y la página web de su director ha desaparecido. Sin embargo, por motivos profesionales conocí al gran señor Jesús Cano, hombre con acceso a la película. Aterrado ante lo chungo de la petición y preocupado por mi salud mental, accedió con gran amabilidad a conseguirme una copia. Todos tenemos que estar agradecidos a este bienhechor de la humanidad sórdida.

La película fue dirigida por un tal Joaquín Gómez Sainz, especialista metido a actor y director que venía de escribir y protagonizar junto a Jacinto Molina un peplum ochentero titulado Los cántabros. Con éstas, y armado con su pseudónimo Dan Barry, decidió que, como aficionado al tebeo que probablemente fuera, lo suyo era el cine fantástico. Se fue al campo y rodó su gran épica.

El flim comienza con el usual hongo nuclear de archivo. ¡Se trata, en el fondo, de una peli post-apocalíptica! El amigo Gómez Sáinz hábilmente mata dos pájaros de un tiro y une los dos mayores subgéneros de la caspa mediterranea ochentena, metiéndoles un gol a los amigos italianos. Esto me hace sentir patriota otra vez.
Misteriosamente, no nos acompaña ninguna voz en off, sino que el director prefiere recrearse en unos casi estéticos detalles de la nube nuclear. ¿Será una película diferente?
Pues no. Tras los créditos llega el usual sintetizador cutre que haría morirse de vergüenza a Keith Emerson y, como no, el esperado amigo narrador, que entra a soltar su parrafada cósmica. Y, sí: es el mismo que el de Gunan, el guerrero (y que el de los dibujillos de El Quijote, by the way), pero con un inesperado bonus track: el buen señor aparece en pantalla, y, encima, con el aspecto de un Barry Gibb mal maquillado. Además gesticula como loco mientras que el doblador no acierta a meter en boca ni una sílaba. El factor de diversión de la película aumenta automáticamente diez puntos.
El espídico narrador nos cuenta básicamente que tras el holocausto quedan sobre todo señoras (¡bieeen!), unos tipos que las sirven (esas fantasías de dominación femenina) y otros que se oponen y quieren que se pongan voluntarias a cualquier palabra amorosa (fantasía de dominación masculina. Efectivamente: al guionista le van todos los tipos de sadomasoquismo).

Tras unos largos planos y zooms sin sentido de un acantilado cántabro, vemos a un grupo de amazonas. En sus vestimentas se nota que las únicas mujeres supervivientes del holocausto son las descendientes de las pijas de Serrano: el colorido de modelitos que lucen en sobrecogedor. Además, para ser una tribu de bárbaras, pronto demostrarán que tienen varios trapillos de repuesto, siendo mi preferido el momento en el que todas se visten de luto en plan La Casa de Bernarda Alba mientras que la sacerdotisa se pone un bikini de leopardo.

El caso es que unos tipos malos raptan a las señoras. A continuación, conocemos al resto, que vive entre una playa (¡como en Gunan!) y unas ruinas romanas (se ve que ésas sí que han resistido la guerra nuclear. Y es que ya no se hacen anfiteatros como los antes). Las aguerridas amazonas, que parecen mitad salidas de un casting de Interviú, mitad de la discoteca PK2 del pueblo, deciden que hay que mandar a alguien al rescate. Como no son tontas, envían a un tipo primero, que muere porque un halcón le deja manchas de pintura en las mejillas. El pobre hombre era el hermano de… ¡Tunka! Así que ya tenemos servida nuestra usual trama de venganza (TM). Que, por qué no repetirlo, es igual que la de Gunan.


¡Tunka!, que es una especie de Tony Genil reconvertido en cantante de heavy hispano pasado de esteroides, se va a ver a las chavalas. Tras unas peleas en las que demuestra su pericia con la espada, se marcha al rescate de las prisioneras. Naturalmente, escoge como compañero de periplo a un enano. Y es que no sólo se nota que la película es española por las jarras de barro y el look Curro Jiménez general. Esta especie de versión freak de Don Quijote y Sancho Panza le da una coartada sórdido-cultural que para sí quisiera Ator el poderoso.

Sin embargo, los malos apresan a ¡Tunka!, mientras que el enano consigue escapar, dejando de paso bien clarito en qué país se desarrolla la acción:


Todo esto no ha servido para nada, pues no es el enano, sino una metáfora en forma de niño, quien libera a ¡Tunka! De vuelta con las amazonas, mi bárbaro favorito (y es que también tiene un aire a mi padre mezclado con el cantante de Journey) decide hacer las cosas bien. Reúne a todas las amazonas y sus amigos los pringaos y se lanza al ataque del campamento de los malos. Una épica batalla se desencadena a continuación, en el que brillará la gallardía, la cámara en mano y la magia. Porque no sé cómo explicar si no es algo de brujería el hecho de que la gente caiga muerta sin que las espadas rasguen siquiera la ropa. Ni una gotita de sangre, oigan. Sin duda, se trata de una batalla consciente de sus propias limitaciones presupuestarias.

Finalmente, ¡Tunka! vence a los malos, si bien tanto el jefe como su lugarteniente (un sórdido pintado en plan Drácula interpretado por Bartabás, reputado jinete francés que probablemente no ponga esta película en su currículum) salen ilesos, dejando la puerta abierta a una secuela que todos esperamos con ardor y problemas intestinales.

En definitiva, ¿en qué lugar queda Tunka, el guerrero, la única barbaridad ochentera cien por cien española, en compañía del resto de series Z del subgénero? Quizá por encima de Gunan, principalmente porque no hay cámaras lentas y, sobre todo, por el corte de mangas del enano. Y debido a que, en el fondo, transmite bastante cariño. Sí, es cutre y con la originalidad de una canción de Stock, Aitken & Waterman, pero se nota que es una película personal, muy por encima de los trabajos de encargo de sus rivales italianas. Y si hay una cosa que apreciamos aquí por encima de la sordidez es el amor.

12 marzo 2007

Ente onvre (part IV): sexo en las residencias universitarias

Que me unten con pan rallado y me rebocen si no he sido capaz de crear un titular veramente comercial. Más aún si ahora añado palabro estratégicos como “las fotos en bolas de las pijas de la Alfonso X”. En efecto, gracias a esas chiquillas, que tan jovialmente se pusieron a posar, se ha reavivado – sólo ligeramente – el interés por la sordidez del ámbito universitario. Y eso siempre es bueno.

Un servidor de ustedes se pasó sus buenos años en un Colegio Mayor Universitario y, antes de que me insulten por pijo, he de decir que fue una gran experiencia, INFINITAMENTE SUPERIOR a la de irse a un piso. Gracias a esa experiencia, ahora estoy en el audiovisual, en vez de en una sosa consultoría, hice “
Pederastia ‘96” (ejem, eso igual no es tan bueno) y, de cara a mi formación sórdida, logré descubrir que TODA persona es un sórdido esperando a ser descubierto.

No nos engañemos: a lo largo de un año ya le has visto la pilila a todos los que compartían ducha en tu pasillo. Y eso es lo mismo que decir que ya sabías a qué hora se hacía cada uno sus pajotes – los había muy metódicos y disciplinados – o quién decidía tener un queso curado castellano pudriéndose en su cuarto a lo largo de un año, o quién practicaba con la katana y las estrellas shuriken en la diana que había en su puerta, o quién era fan de Laura Pausini, o quien usaba el cojín que le habían dejado para apoyarsus riñones mientras se la machacaba o… Sí, joer, que ya llego a la parte que todos esperáis: o quién follaba con quién y de qué manera.

En efecto, a la que vives en un pequeño cubículo con paredes de papel, uno decide que la intimidad es algo relativo y que no vas a dejar de ser un procaz por aquello de qué dirán. Como dice mi cuñao: “que corra el cuentakilómetros”. Así pues, a ello me aplico. Con todos ustedes, una gran selección de onvres que, por sus proezas sexuales compartidas – voluntariamente o no – con su prójimo, merecen ser ensalzados para la posteridad. Manteniendo su anonimato, of course.

B. (“me ha dicho que follo como un puto”)


Ente onvre era un ser claramente apasionado. A la que se echó una novia bien reprieta, todos supimos que su amor era verdadero. La culpa la tuvo una carta que él redactó para la señora de sus pensamientos. Estaba planteada como un menú de restaurante – “para ella, B. en su jugo, con sus ojillos de cordero y tal” – y poseía, en un arrebatado crescendo sentencias como “eres como la sangre de mis venas, que fluye lenta y tibia y me da vida”. ¿Que cómo conozco esa carta? Porque el muy cipote se había dejado la misiva en un documento word en el disco duro del aula de informática. Pero no seamos tan duros con su descuido: en esa época, mucho universitario sin ordenta metía los diskettes de 3 y medio al revés.

El caso es que la carta no pasaría de ser un horterismo garrulo-intrascendente - y una violación de su correspondencia - si no fuese por qué las proezas sexuales de B. eran todo menos anónimas. La mochacha se metía en su habitación a media tarde y no es exageración decir que sus gritos se oían en los colegios mayores de al lado. En ocasiones, quince personas se arremolinaban en torno a la puerta mientras uno registraba el concierto orgásmico en una grabadora. Creo que luego hicieron un max mix con la grabación, pero nunca llegué a oírlo. El de la habitación de al lado, que intentaba estudiar sus cosas de ingeniero aeronáutico, a la que oía frases como “Uy, a la que vuelva a entrar en la habitación no respondo. Ay, que no respondo…” sabía que la tarde de estudio había terminado para él.

En el cénit sexual, B. le comentó a su amigo Geyperman, todo lleno de orgullo “Tío, me ha dicho que follo como un puto”, con lo cual logró que toda la primera planta se saludase diciendo “
putooo…”. Pero, a veces, las más grandes pasiones tienen su final. Tras tamaña discusión – de volumen superior al de los orgasmos – ella se fue, y B. dio tal portazo que arrancó la puerta del marco, junto con parte del tabique. A día de hoy, la imagen de B. estudiando en su habitación, vista a través del hueco que había entre el marco de su puerta y lo que quedaba de pared, me sigue pareciendo la estampa más poética del desengaño amoroso.

Gayperman
A este bigardo, sórdido amigo de B. se le cambió su mote de Geyperman por los motivos que os podéis imaginar.

A la que llegó al Colegio Mayor, era el clásico chaval de pueblo, más bien brutote e introvertido, pero alto, cachas y con muy buena mano para las calorras y similares. Todo un señor follador que practicaba deporte y exhibía más que orgullosamente su masculinidad. Sin embargo, como ya sabéis, el universo es poliédrico y tiene catorce dimensiones espaciales y dos temporales. Y fue por ello por el que un colegial novato apodado Lussac (por el científico Gay Lussac), chaval que sólo sabía hablar de ropa y de las Spice Girls, se cruzó en su camino. Coincidieron un día en el mítico
Gimnasio Almirante (en las octavillas la gente siempre escribía “un poquito por detrás y otro poco por delante”). A la que volvían al Colegio Mayor, la conversación derivó hacia temas sexuales y Lussac fue más que hábil para llevarlo a su habitación y ponerle un Cd-rom gay que tenía. De ahí se pasa al tema de la curiosidad, al de explorar nuevas sensaciones… Vale, a comerse las pollas. La principal barrera, empero, que puso Gayperman fue “no te beso en la boca porque eso es demasiado personal”. Cuánto daño ha hecho “Pretty Woman”.

Por aquel entonces, España ya había cambiado y para bien. Cuando yo llegué al Colegio Mayor, el colectivo gay estaba circunscrito a cuatro personas marginadas, a las que denominaban “el club rosa”, y unos pocos dentro del armario con los que, casualidad de casualidades, yo me dediqué a salir copiosamente por Chueca cuando la zona aún no estaba de moda. Los años pasaron y el colectivo gay creció notoriamente, el tema se normalizó, los guetos desaparecieron – aunque siempre habría esos homófobos cipotes de cualquier pueblo perdido – y hasta algún veterano carismático se llevaba a los novatos de marcha por baretos de Chueca. En ese contexto es donde se produjo la filtración sobre los escarceos sexuales de aquel macho camacho que, hasta aquel día, había sido Geyperman.

“Psycho”, un ingeniero de ICAI perdidamente enamorado de otro ídem, le comentó la jugada a su amor imposible y, en el plazo de media hora, no sólo se había enterado todo el colegio mayor, sino que la información había hecho full circle hasta llegar al propio Lussac. Durante el resto del año, en todos los actos oficiales del Colegio Mayor, las personas que estaban al lado del director y subdirector simulaban bellas mamadas. Igualmente, la clásica frase “vas a comerme la polla” se convirtió en un “vas a hacerme lo que está de moda entre colegiales”.

Vivo convencido de que Gayperman conoció una vida más plena. Brindo por él.


Magic

Toda mujer que apareciese más de tres veces por el Colegio Mayor era fichada y evaluada. Un top de mitos eróticos se instauró. Las había para todos los gustos: “A mi me gusta esa chiquitilla, pero espero que el gordo de su novio no folle encima de ella”, “Pues a mi me gusta más la de voz de camionero y pinta de lesbiana con las tetas enormes” “No, la mejor es la elfa”, “A mi me motiva más la baby Spice con la que está Jamón” “Ya, pero esos no pasan del pasteleo” “¿Y la telepollana?”. No me miréis mal, así hablan todos los hombres. El caso es que, preferencias personales aparte, si hubo una mujer que obtuvo el number one en el ranking agregado, ésa fue la Borrasa: una rubia de tremendo morbazo y guarrismo que engañaba sistemáticamente a su novio con un colegial pijofalangista llamado Magic.

La gente ya insultaba a ente onvre antes de que la Borrasa entrase en acción. Su llegada como novato tuvo momentos estelares como “A mí no me dan miedo las novatadas, porque en un internado en Inglaterra, nada más llegar, me hicieron una triple lluvia dorada”. ¿Por qué lo contaba? ¿Le gustó? Lo bello fue ver cómo se convirtió en el líder de una cuadrilla de peleles neofascistas. Además de sus múltiples excursiones a Villaviciosa de Odón por pastis y farlopa (¿alguien dijo que endrogarse era cool o contracultural?), lo que nos fascinaba era su “esclavo” llamado Olivo. En los desayunos, Magic apuntaba con el dedo a su taza de café mientras decía “Olivo, leche, fría” u “Olivo, un 60-40” (o sea, 60% de café, 40% de leche). Ojo, a mi Olivo me parecía un buen chaval. Una vez, a la que yo iba a ver a Kiss me dijo “Ah, esos son de esos imbéciles tipo “qué guay soy, cuántos porros fumo, qué satánico". Yo, amablemente, le respondí: “No, Olivo, Kiss es un grupo que sólo transmite amor y alegría de vivir”. Sus esquemas se tambalearon.

Bueno, pero vayamos al sexo, que por eso estáis leyendo, salido@s. La Borrasa – cuyo novio era definido por la comunidad colegial como “Marichalar drogado”, y eso antes de que su estéticamete borbónico paralís hiciera que toda España averiguase dónde acababa la farlopa que la policía intervenía – se tiraba a Magic de forma más discreta que B. a su moza. Pero ello no fue óbice para que a Magic le apeteciese que, un día, la Borrasa se la chupase en las duchas comunales. Uno, a la que vio la inequívoca sombra en el cristal de la puerta, corrió a por su gel y su albornoz. Llegó a la ducha y empujó vehementemente la puerta. Magic consiguió mentenerla cerrada, pero un clamoroso “¡ay!” fue un precio un poco alto a pagar por su intimidad.

Still, para Magic, al igual que a Sammy Hagar, la Borrasa “was not enough to fill me up”. Así que se echó, paralelamente, una novia pastillera morenita y de pelo corto. No tenía el nivel de la Borrasa pero era perfectamente complementaria. ¿Por qué? Pues porque podía decirle “Yo no te quiero, sólo te deseo. ¡Friega!”. Y la chica iba y fregaba. Muchos envidiaban ese binomio esclavo que Magic tenía con Olivo y esa chica. Por lo menos, Olivo tuvo su pequeña recompensa a la que entró en la habitación de Magic y se encontró a esa chiquilla abierta de patas esperando a su “dueño”. Me haría ilusión pensar que, después de eso, algo pasó entre Olivo y la pastillera, pero creo que la mediocridad humana es muy grande, y los dos seguirán, como decía Battiato, “prisioneros de los valores tradicionales”.

Cuquiman

Si la Borrasa era la número 1 de la lista, Cuqui - así apodada po parecerse a un perro - era, sin duda, el puro rock bottom. Muchos pensábamos “seguro que es buena gente y hace obras de caridad” porque tamaña gorda deforme y con cara de cabezacono era un crimen contra la humanidad. Pero no. Su personalidad estaba por debajo de su físico, hasta el punto que sentíamos pena por su lamentable novio, un paleto del Bolo.

Cuquiman era un onvre muy de su pueblo, que juzgaba que era normal lanzar manzanazos a los transeúntes, o que también tenía sentido lavar los condones para utilizarlos una segunda vez. “¡Pero tú estás loco!” le decía uno. “Vale, vale – quiso excusarse Cuquiman – a veces los utilizo tres veces”. Un chiste malo tristemente real, pero ni un infraser como Cuquiman merece que Cuqui le diga a voz en grito, en medio de la cafetería del Colegio Mayor, “¡Calla, que tienes la polla como un clic!”. Sí, su voz también era horrible.

Pero el highlight de este reciclador de preservativos se produjo una noche a las tres de la mañana, cuando la voz de Cuqui despertó a toda la planta con este diálogo. “¡Hijo de puta! ¡Pero qué egoísta eres! ¡Mira que correrte dentro!”. Cuquiman respondía “¡Pero qué dices! ¡Mira las sábanas! ¡Y además, si te has quedado embarazada, pues te jodes!”. Jamás la miseria humana había producido menos empatía.

Y, so far, estos han sido algunos de los polvos más lamentables y/o notorios que se puedan relatar de mi Colegio Mayor. Seguiremos acercándoos las fazañas de más onvres y mujeres. Si no nos encarcelan antes.

11 marzo 2007

Biografías de grandes personajes: Encarna Sánchez

Con valor y con la vida, porque es vida. Con la fuerza de la soledad, en un mundo dominado por los hombres, una voz: el espejo de la tarde en el que mirar aquellos que quieren ver más allá de las palabras. Tras el coraje de sentir, de querer, de aportar y de vivir hay tan sólo una mujer. Y esa mujer les dice: Buenas tardes, España.

Así, en quinta, arrancaba cada tarde Directamente Encarna, el programa de culto más sórdido y reivindicable de la historia de la radio española. Frente a la vulgaridad y atonía de los aburridos debates políticos herzianos de enfrentamiento entre el sociata y el facha de turno, los de la gentuza contándole de madrugada sus miserias a una zorra que les da cuerda a ver si alguno se suicida en directo y le sube la audiencia, y los del vejete al que se le va la olla poniendo canciones de su juventud, el programa de Encarna era un género en sí mismo. Sólo desde el sexismo, y con la única razón de que su presentadora era mujer, se lo puede calificar de programa de marujas: el misterio del exitazo (treinta años número uno, como se encargaba ella de proclamar cada pocos minutos) de un programa delirante e inclasificable que daba vueltas durante tres horas al día al universo cerrado de una freak sólo es comprensible desde la fascinación por la personalidad arrolladora de Encarna Sánchez, una mujer llamada a ser líder de secta, que encontró sus acólitos a través de las ondas.

Ahora que, transcurridos más de diez años de su muerte, indeseables a los que se debería aplicar una de las grandes frases de Encarna: ¿es que no comprenden que deben morir como ratas?, se dedica a verter todo tipo de calumnias sobre ella, es el momento de seguir los fundamentos de su periodismo, que pueden y deben ustedes escuchar aquí en forma de sórdido jingle que se radiaba cada tarde: como en este nuestro blog hacemos periodismo valiente dirigido a la verdad y ponemos los valores humanos al frente de la vida porque un pueblo informado sabe a donde va, es nuestro deber y salvación demostrar que Encarna Sánchez Jiménez fue sin duda la gran comunicadora radiofónica del siglo XX en este país. Olvídense ya de rancios trasnochados como Luis del Olmo, manolones patéticos como José María García o curillas sosos como Iñaki Gabilondo; y en cuanto a los presentadores y directivos de la COPE actual, sólo podemos desearles el mismo destino, metafórico y coherente con su vida, que tuvo su predecesor Antonio Herrero: que se ahoguen en su vómito. Espero que incluso los más escépticos, que aún no estén convencidos de su grandeza, corran cuando conozcan su historia a colgar un póster de Encarna en la puerta de su casa, como sabiamente hicieron en su día mi ilustre hermano y sus compañeros de piso (aunque tras el doloroso fallecimiento de su ídolo, lo reemplazaron en señal de duelo por uno de Lolita).

Nuestra heroína nació en Carboneras, un pueblo de Almería, donde existe hoy en día una plaza con su nombre. Ya desde adolescente, tras una breve formación en la que, según ella, hizo en un año los cinco cursos de la escuela para presentadores de Radio Juventud, se sintió fascinada por el periodismo y, tras dar sus primeros pasos en su provincia natal, se trasladó a Madrid, especializándose pronto en programas nocturnos: es el comienzo de sus tres décadas como número uno en la profesión. Tras unos años de andanzas por México y un matrimonio fracasado, la popularidad masiva le llegó a su vuelta a España con Encarna de noche (1978-81), programa al que seguiría el mítico Directamente Encarna (1981-96) del que nos ocuparemos.

Tras la incisiva presentación que hemos mencionado, la primera hora de Directamente Encarna era la más pegada al periodismo de investigación y a los problemas de España, aunque la escasa actualidad de sus contenidos (como un especial sobre los incendios forestales en pleno mes de enero), el peculiar estilo de la presentadora, y el delirante acompañamiento musical (estudio sobre el paro con Raphael cantando El trabaaajo te da la viiiiida ....) le daban un marcado toque surrealista, aún más acentuado por las cuñas publicitarias que grababa la propia Encarna. Dejar de fumar requiere un gran tesón y fuerza de voluntad; yo lo he conseguido. Si usted no es capaz, utilice Masfilter ..... Yo uso la crema de maquillaje de aquellos que fueron grandes estrellas de Hollywood (la crema de las estrellas en cuestión se la compró la imprudente abuela de mi amigo Fernando y tuvo que dejar de usarla tras ser víctima de una feroz urticaria). El autobombo y la promoción de sus amigos constituía una parte fundamental del programa: buen disco ha hecho María Jiménez; y es que yo, después de ser treinta años número uno, algo sabré de esto .... ¿El GAL? Yo ya lo sabía todo, presenté las pruebas hace años ante el juez .... ¿Por qué no me tocará a mi la lotería? ¿Es que todo me lo tengo que ganar con sangre y sudor de la frente? Necesitaría por lo menos un poco de diversión tras tanto trabajo: compañeros, ¿nadie ha grabado el programa de Lina Morgan?, y cobraba una especial relevancia cuando se iban a registrar las audiencias: Se va a llevar a cabo el estudio general de medios. Si se ponen en contacto con ustedes, asegúrense de dar los datos correctamente. Programa: directamente Encarna. Directora y presentadora: Encarna Sánchez Jiménez. Repito. Programa: directamente Encarna ...

Pero sin duda el momento más esperado por su especial sordidez eran las llamadas de los oyentes. Lo más suave que les podía pasar a los temerarios que marcaban el teléfono del programa era recibir un rapapolvo paternalista: ¿Pero usted no presentó una denuncia? ¡Así no se puede vivir en democracia! Pero si además llevaban a cabo la más leve crítica, ello les hacía objeto de serias amenazas: ¡¡¿¿Cómo??!! ¿Me acusa usted de tergiversar, de manipular? Usted me confunde, eso lo harán otros ... y otras .... Sepa usted que esto que dice puede ser objeto de una querella ....¡¡que le voy a poner!! Compañeros, tomadle los datos porque le voy a poner una querella. No recuerdo ninguna llamada en la que el oyente tuviera oportunidad de despedirse sin que le colgaran o sin terminar en bronca o querella.

Especialmente memorable fue la intervención de un militante del PP que denunciaba desde esta tribuna la programación de las fiestas de su pueblo: fíjese usted que el concejal de cultura ha contratado ni más ni menos que a Psicosis González para que actúe en el pueblo delante de las familias y los niños, que escándalo .... A pesar de que Psicosis González era por aquel entonces, según la propia interesada, la única drag queen de habla hispana con disco en el mercado, no debía de ser muy popular en el entorno de Encarna, que se notaba algo despistada: ¿Pero Psicosis es el nombre o el apellido? Cuando al fin cayó de la burra ..¡Ah! O sea, un travesti .... dio rienda suelta a su indignación: Así que eso es lo que le ofrecen a la juventud, que tiene tantos problemas de paro, de drogas, ... ¡un travesti! ¡Qué edificante! Pero una periodista de raza no podía dejar la cosa así, sino que tenía que ir a la raíz del problema: ¿y ese concejal de cultura .... no sería del Partido Socialista, por casualidad? No me sorprende .... es que en ese partido confunden el progresismo con la chabacanería ... ¡¡y con la desvergüenza!! El desenfreno de carcajadas que tan genial y demente diálogo me produjo me impidió continuar escuchando lo que ocurría; cuando recobré el aliento, con gran dolor en el diafragma, vi que el interlocutor de Encarna había mencionado su condición de militante pepero, lo cual había desatado las iras de ésta, que le colgó el teléfono sin contemplaciones: ¡aquí nadie es de ninguna sigla! ¡Yo soy Encarna Sánchez Jiménez, tan sólo una mujer! Pero confundir el progresismo con la chabacanería y la desvergüenza se convirtió desde entonces en ley de vida para mi, y es sin duda uno de mis principales objetivos al escribir en este blog.

Pero no piensen ni por un instante que sólo los oyentes anónimos eran objeto de escarnio en el programa. Al contrario, su calvario era breve y ligero en comparación con el chaparrón que les venía encima a personajes populares que, por una u otra razón, caían en desgracia para Encarna, que no dudaba en dedicar largos ratos, incluso media o una hora del programa, a defenestrarlos sin compasión: objeto de sus iras fueron, entre otros, Rosa Villacastín (periodista de segunda o tercera fila que tiene que escribir en un periódico de provincias), Joaquín Sabina y Pilar Miró (así están ellos de guapos), Cristina Almeida cuando ejerció la defensa de Javier Gurruchaga en el caso Arny (algunos abogados más que abogados parecen modelos; modelos gordos como usted, que defiende a un corruptor de menores), Julia Otero (que aburrido es su programa), Lola Flores y Lolita (TVE afortunadamente está retirando muchos programas sin calidad ni éxito de audiencia: ¿por qué se mantiene aún Ay Lola Lolita Lola?) .... A su favor está el ser la única periodista en España que se atrevió a decir cuatro verdades sobre un ser tan repulsivo como Ana Botella, intocable hasta para la meapilas prensa de izquierdas, cuando cometió la osadía de no acudir a la cita que tenía en el programa: ¿Pero quién se cree que es? Si no es más que una señora de ... Su marido será muy importante, pero usted no es nadie, señora. Y ahora ha quedado patente que ni siquiera tiene educación .... Me imagino a Mrs. Aznar acojonada a la puerta del estudio, pareciendo más ridícula de lo habitual, sin decidirse a entrar al escuchar tal lluvia de improperios. Vale la pena escuchar momentos estelares de Encarna en este vídeo, aunque proceda de un programa tan infame y odiable como "Aquí hay tomate": esos listillos capaces de creerse superiores a Encarna y de reducir su inconmensurable legado a meros chismes de lesbianismo, cual beatas del Opus que apuntan con su asqueroso dedo de guardianes de la moral. Lo dicho, hagan oídos sordos a los necios comentarios del tomate y disfruten con una bella antología de Encarna In Rock:


Es evidente que el buenrollismo no imperaba precisamente en el estudio, aunque había momentos más relajados, como la mesa camilla, donde podíamos disfrutar del desparpajo de personajes tan sutiles como Marujita Díaz o Paca Rico, o la parte de humor, Jenara y sus vecinas de la portería. También destacaba la sección de cotilleos, las verdades de Jaime Peñafiel, un rincón en la tarde con perfume de información social; pues sí, ese hombre tenía ya una carrera (o algo así) antes de vivir de poner verde a Doña Letizia. La verdad es que ni Encarna ni él estaban muy al tanto de la actualidad: este año los Oscar los va a presentar una tal Pupi Goldberg; a ustedes no les sonará el nombre (“Pupi” ya había ganado el Oscar por Ghost y estaba por entonces en pleno éxito con Sister act) pero dentro de poco la conocerán, así que preferían dedicarse a comentar sus cosas la mayor parte del rato: Encarna, el otro día volvía yo a casa después de cenar con mi mujer y me encontraba con jóvenes que todavía estaban saliendo de sus casas, ¿dónde irán a esas horas? ... ¿Y adónde van a ir, Jaime? ¡¡A drogarse!!

Tras despedirse con estas determinantes palabras, el fallecimiento de Encarna, anunciado con crueldad por sus enemigos en la revista Pronto (Encarna Sánchez se está muriendo), fue anunciado por la gran Paloma Gómez Borrero en plena retransmisión de un vía crucis de semana santa de 1996. Desde entonces, muchos charlatanes que se ganan el pan con el sudor de la frente ajena han dado vueltas al tema de su herencia, aunque la familia ha sido más bien discreta (su familia de Madrís, como manifestó su sobrino). A los detractores de esta singular mujer, genial autora del programa más freak, demente y sórdido de la historia de la radio española, sólo les podemos decir, en palabras de ella, que vuelvan su presencia a la mediocridad. Propongo una sórdida sesión de ouija para invocar a su espíritu: Encarna debe volver de la tumba para vengarse de los pedazo de sinvergüenzas que ahora sugieren y declaran cosas sobre ella que nunca se habrían atrevido a decir cuando vivía. Que la maldición caiga sobre ellos.


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