27 abril 2007

Vicisitud progresiva

Nadie lo niega: en este blog somos unos mitómanos. Puede que, en el transcurso de nuestras vidas, y por aquello de trabajar en el audiovisual, se haya hecho mucho más fácil el llegar a conocer a gentecilla de la farándula. Pero no por ello dejaremos de perder esa emoción que se tiene al hacerte una foto con uno de tus héroes o, lo que es peor aún, al pedirle un autógrafo a Ania de Gran Hermano en medio del Vips (jalop ¿lo tienes enmarcado?). Si algún día, tirándome en el sofá, decido que es más importante sacarme las pelusas del ombligo antes que intentar chupar cámara detrás del gran Phil Collins, entonces ese día me habré convertido en un auténtico gilipollas. Claro que soy fans de “Pil” ¿Qué os creíais? ¿Acaso no tengo dos orejas y un corazón?

Esto nos lleva forzosamente – o no – a nuestra militancia desaforada en el rock progresivo. Una de las grandes bellezas de esa música es que, en su época, fue el ne va plus del gafapastismo sólo para luego conocer la mayor caída en desgracia de la historia. A día de hoy, sólo Pink Floyd, King Crimson y Robert Wyatt se salvan del esputo generalizado: el resto del rock sinfónico se ha convertido en un show minoritario para una pandilla de sórdidos que, tras tres conciertos, ya nos conocemos con nombre y apellidos. En cada concierto de progresivo al que asistimos, siempre está el clásico grupo de los “sospechosos habituales” que nos producen tanto respeto como pavor.

Tanta familiaridad conduce, por supuesto, a que el grupo termine mezclándose con los fans para delirio de unos mitómanos como nosotros. ¡Que lejanos aquellos tiempos en los que Emerson, Lake y Palmer llegaban al estadio montados cada uno en su limousine! Ahora, puedes ir al foro de la Fnac y decirle a Ray Wilson – el onvre que sustituyó a Pil – “Ray, is it posible that I might have seen you last year at a mall in Marbella?”. Huelga decirlo, esta interacción con nuestros héroes sórdidos sólo puede provocar las más bellas y altas cotas de la vicisitud. A continuación, para su vergüenza ajena y la nuestra propia, pasamos a relatarles nuestras vicisitudes progresivas favoritas.

Pil

La convicción de que Phil Collins era mucho mejor que Peter Gabriel es uno de los mayores anatemas que se pueden pronunciar en un ámbito de rock progresivo. Pero eso es lo que yo pienso. La verdad, la pretenciosidad de Peter Gabriel no llega ni a producir gracia. Si aún hablase de Budas cósmicos cristalizados fundiéndose en el hiperespacio… Pero no. Por el contrario, el éxito de Pil, desde su barba de bucanero a su look de empleado de banca cutrongo es algo que siempre parecerá justicia poética. A quien no le haya convencido la reivindicación que, en ‘
American Psycho’, se hacía de Pil sólo puedo decirle aquello de “¿Es que sólo sientes cuando te comen la polla?”.



Bien, pues en 1999, cuando el estreno de ‘Tarzan’, gracias a Ane Igartiburu, Vitijito y un servidor de ustedes descubrimos que Pil venía a Madrid. Nos colamos en el cine inventándonos que éramos de prensa sin enseñar una miserable acreditación. Una vez dentro, para evitar sospechas de gente que se empezaba a mosquear, se nos ocurrió apuntarnos al grupo de azafatos (y es que las camisas que daban de ‘Tarzan’ molaban mucho…). Pero fue breve: las camisas estaban contadas y nuestro look azafatil estaba más allá de lo lamentable. Cuando, por fin, llegó Pil, comenzamos a hacerle fotos con una cámara cutronga entre una nube de fotógrafos profesionales. Para terminar de añadir insulto al dolor, comenzamos a cantarle ‘Mama’ aun atónito Pil. Este hecho lamentable fue superado cuando nos dedicamos a chupar cámara detrás de Pil y Patricia Conde, la del informal. La estupefacción de nuestras familias al ver la tele alcanzó cotas que, gracias a Peich, no se han vuelto a igualar. O eso creo.

Dave Cousins & The Strawbs

“A mi lo que me gusta es el rock progresivo rural y a vicisitud lo que le gusta es el progresivo putero”. Con esta declaración de principios – que le valió el merecido repudio de la comunidad –
Paco Fox decidió que Strawbs era SU grupo. Otrora algo relevantes – allí tocaron Rick Wakeman y Sandy Denny – actualmente se conforman con dar unos pocos conciertos al año en pubs perdidos por los pueblos ingleses. Evidentemente, ese aglutinador de frikis que es Internet hizo que Paco Fox supiese que no era la única persona del mundo apasionada por los Strawbs. Había otras once o doce personas más en Inglaterra que compartían su depravación. Tras esta epifanía, Paco Fox decidió que, en vez de gastarse los ahorros en viajar a Amsterdam para emporrarse como un interraileiro cualquiera, mejor sería ir a un pub donde oiría a David Cousins – cantante de Strawbs – vociferar canciones en contra del euro y otras lindezas rurales similares. Peor aún: haría que su novia, Snowymary, le acompañase en lo que sería la prueba definitiva de la solidez de su matrimonio.

Dave Cousins llegó al escenario y comenzó a chillar con su idiosincrasia tan característica. Mientras Snowymary capeaba el temporal lo mejor que podía, Paco Fox estaba en otra dimensión, pero lo peor estaba por llegar. Al final del concierto, Paco se acerca a David Cousins himself y le dice “He viajado desde España para verle”. Cousins se queda alucinado, acto seguido se ríe y dice “¿Estas de coña, no?”. Paco Fox le replica que no, y entonces, para Dave Cousins, el mundo se convierte en un lugar extraño y maravilloso. Comienza a besar a Paquito y Snowymary se pregunta dónde va a terminar todo eso.

Y todo comienza a ir a peor (como se puede intuir por la cara “ente onvre me va a borrá el serito sesuá” de Paquito en esta foto del año 2000).



A la que Cousins ve a Snowymary, pregunta “And this girl?” “-She’s my Blue Angel” (canción, por cierto, bastante buena de Strawbs). Cousins exclama “My best song!” y refuerza su manoseo hacia Paco. Entonces, para echar leña al fuego, Paco le pide un autógrafo, pero no en un cd como un mediocre cualquiera, no. Va el muy freak y saca el libro de poemas de Mr. Cousins (de un lirismo arrebatador donde la imagen más recurrente es la de pezones cual castañas pilongas). Sólo puedo decir que, entre otras lindezas, Paquito recibió el mail personal de nuestro sórdido rural favorito (junto con Ian Anderson, claro).



Años después, reincidió en su más que fea actitud incluyendo el cantar a duo el “No estamos locos/ que sabemos lo que queremos” con el batería de Strawbs. Además, arrancó el compromiso de que podría oficiar su boda en medio de un concierto del gran Cousins. Pero creo que Paco sabe que haber sometido a Snowymary a tanta vicisitud es la prueba de un amor inquebrantable, así que mejor es no meneallo.


Topographic y el universo Adiego

Luís Adiego es un señor con bigotón que decidió, a golpe de rock progresivo, animar la noche madrileña. Si bien dichas iniciativas quijotescas estaban abocadas al fracaso, es de justicia reconocer que nos permitieron no pocos momentos de disfrute propio y tortura para nuestros amig@s y señoras.

Jalop sufrió en su momento una noche en Malasaña – en el Tabú – oyendo música de Camel, en otra ocasión pudimos estar con Steve Hackett (exguitarrista de Genesis) y ver a
Caravan. Y de entre todas estas aportaciones de Adiego, una brilla con luz propia: Topographic.

Haciendo cola para ver a Camel, una mujer le dio a Paco Fox un folleto fotocopiado de un grupo que hacía versiones de Yes y de Genesis. Un día me llamó y me dijo: “la novia de alguno del grupo me ha dado esto. Seguro que la cagan… ¿le echas valor y vamos?”.

Fuimos.

Contra todo pronóstico, el grupo fue la ostia, especialmente el cantante (enfrentarse a Jon Anderson, Peter Gabriel y, por supuesto, Pil, no es tarea fácil, creedme). El guitarrista y el bajo la gozaban sobre todo con los temas de Yes, demostrando que por sus venas corría el poder del metal. El teclista lograba igualar las mil notas por segundo de Rick Wakeman pero era incapaz de poner la cara de culo de Tony Banks y la chica, si bien era, como supusimos, la novia del teclista, también cantaba en el grupo (muy bien aunque sin llegar a los agudos de Jon Anderson) además de tocar los crótalos para gran vicisitud de los asistentes (“No os riáis, es un instruemento” nos reprochaba Vitijito). El concierto era en una sala pequeña y con mesitas, pero al tercer tema Paco Fox y un servidor ya habíamos perdido la poca compostura que alguna vez tuvimos: nos comportábamos cual locazas en un concierto de Cher durante el “Watcher of the Skies”, hacíamos la ola durante el “Close to the Edge”, gritábamos cual strippers en un concierto de cock rock… Durante el descanso, los anonadados Topographic quisieron invitarnos a unas cañas y, en el fin de fiesta putero con el “Owner of a Lonely Heart” y el “Turn it on Again” nos pusieron un micrófono en la mesa para que les regalásemos con los coros más lamentables ever.

Después de aquello, no faltamos a casi ningún concierto suyo. Y lo que es peor: arrastramos a todos nuestros conocidos a las simas del progresivo. Incluyendo ocasiones tan especiales como el cumpleaños de lanavajaenelojo, durante el cual los Topographic le dedicaron el “Yours is No Disgrace” para su monumental rubor. Tanto, que no le dio luego vergüenza cuando nos dedicamos a bailar el “É festa” de Premiata Forneria Marconi con el teclista: el gran Carlos Arboleda, un ecuatoriano alto que nos demuestra que América del Sur no sólo es salserío infame, sino que siguen guardando las esencias del progresivo y del
AOR (recordemos que Rush llena Maracaná, mientras que en España nadie los conoce).

Pero todas las cosas llegan a su fin. En este caso, la chica se fue a los States – y acabó siendo vecina de Jon Anderson, flipa - y el grupo se disolvió, con Carlos Arboleda yéndose al Benelux, y los restantes miembros formando un excelente grupo de funk rock llamado “El quinto elemento”. Eso sí, se despidieron por todo lo grande con un concierto en La Sal y, acto seguido, con una pequeña fiestecilla en el sótano de una discoteca calorra. Cuando vimos que, en aquel sótano, éramos los únicos que no éramos familiares de la banda sentimos un importante complejo de fans fatales. El pobre jalop fue arrastrado a aquella celebración mientras intentaba pensar cómo, en aquella visita a Madrid, había pasado de infames discotecas vallekanas donde sonaba Bisbal a un sótano donde le atormentaban con Van Der Graaf Generator o la mítica “El perro, el perro, qué guarro el perro”. Al volver a casa, un calorro nos preguntó a qué discoteca podía ir y le remitimos a ese sótano. O aún sigue cagándose en nuestras madres o ha descubierto que oir reaggetón era desperdiciar su patética vida.

Después de aquello vimos a “El quinto elemento” y un concierto de Carlos Arboleda donde, acompañado por un cantante/bajista, hicieron varias versiones de Genesis, especialmente de su pretencioso “The Lamb Lies Down on Broadway”. Los highlights incluyeron ver a un onvre cuyos padres habían tenido la feliz idea de llamarle Rael (como el prota del citado disco) cantar, maquillado como Peter Gabriel, “The Carpet Crawlers” y, en otro arrebato de vicisitud, vernos a Paco Fox, Vitijito y un servidor andando sórdidamente por el bar como en el vídeo de “I Can’t Dance”. Como postre, nos pusieron un micro para cantar el “In the Air Tonight” de Pil y le dedicaron “Blood on the Rooftops” a Paco diciendo que, cuando una mujer te pide un tema, te desvives por satisfacerla, mientras que a un hombre lo ignoras. “Pero, como en este caso, el hombre era un poco afeminado…”.

Vas a ver progresivo y te llevas lo que te mereces.


Marillion

Mi grupo favorito. Punto. Por mi carácter excesivo soy talibán de demasiadas bandas, pero Marillion llegan a ese sitio emotivo del intimismo freak donde ningún otro grupo – es algo estrictamente personal, ojo – ha logrado llegar. Canciones como “Script For a Jester’s Tear”, “Hard as Love”, “Kayleigh”, “Neverland”, “Go” o “Now She’ll Never Know” me hacen llorar según tenga el día, así que está claro que tarde o temprano tenía que conocer a esta gente.



Marillion, además, son un caso particular: triunfaron en los 80 ¡¡¡haciendo rock progresivo!!! para luego, con el cambio de cantante – Fish por Steve Hogarth – lograr no sólo vender muchos menos discos sino también ser repudiados por los
integristas del rock sinfónico: esa gente que considera que, con Steve Hogarth, se dedicaron a hacer pop blandurrio y sin fuste. Vamos, según Lázaro Carreter eso sería la definición de apestado: odiados por el mainstream y por el frikismo progresivo. Pero nadie se esperaba que un grupo desahuciado, a golpe de Internet, lograse meter un single en el top 10 británico. Esta es su historia:



El que redactó y montó esa pieza… ¡¡¡Era yo!!! Como siempre digo, el universo tiene catorce dimensiones espaciales y dos temporales y, por ese motivo, unos
DJ referentes de la música electrónica española, gallegos como un servidor, y con los que me une no poca diarrea mental y frikismo jovial, consiguieron que colase una pieza de progresivo… ¡en “La hora wiki”! De no ser por su baja audiencia, los cimientos de occidente ya se estarían tambaleando. Lo importante es que logré entrevistarlos y maravillarme de lo buena gente que eran. Hablando con Mark Kelly, el teclista, le dije “Mi hermana ha viajado desde Vigo para este concierto”. Mark dijo “Pues si está ya en Madrid, dile que venga”. Así pues, cogí el teléfono y conminé a Tocotó a coger un taxi hacia la sala Aqualung donde pudo conocer al grupo. Huelga decillo, Mark le produjo no poco erotismo, como esta foto en la que se separa de The Monch para acercarse a Mark demuestra. Durante todo esto, Mark cometió el error de darme su teléfono, cosa que aproveché para quedar con el grupo cuando vino al años siguiente a Barcelona, esta vez con la pretensión de que conociesen a un gran realizador publicitario – y mejor persona y mejor fistro: me regaló un caganer, tú – con el que trabajo muy a menudo. A lo mejor, hasta se animaban a encargarnos un videoclip.

Cuando entramos en los camerinos, pensábamos encontrar una orgía de desparrame y farloperío pero, en su lugar, vimos fruta y ordenadores portátiles en los que el guitarrista jugaba al Quake. So much for the rock’n’roll despeloting. De entre las perlas logradas, la imprescindible foto de Marc con Mark, donde el tonillo filogay se justifica por la ingesta masiva de cervezas previas a la entrada en los camerinos (“No quiero que los Marillion me conozcan en este estado”).

Pero tal vez la perla de la vicisitud de Marillion se produjo la semana pasada, en el concierto de su reciente gira del álbum Somewhere Else (iniciada en
Gibraltar, cágate). Cuando me volví a reunir con ellos – y poner a Tocotó al teléfono con Mark Kelly, que conserva su erotismo intacto – me acerqué a Hogarth con la sana intención de hacer pasar un momento de vicisitud a lanavajaenelojo. A la que iba a posar para hacerse una foto con ella, le dije: “En la gira pasada, me hice una foto con vuestra telonera y lanavajaenelojo me pegó cuando me vió con aquella rubia”. Al oír esto, Hogarth dijo “¿Ah, sí? Espera: ahora vais a quedar empatados. Revenge is sweet”. Y esta foto fue el resultado.



By the way, varios freaks de Marillion me reconocieron por una megaentrevista que un servidor de ustedes había colgado en el youtube (pronúnciese "lloutube"). "¡Eras tú!". As´´i de pequeño es el mundo del progresivo y así de larga esa entrevista que la propia manager de los Marillion tiene en sus favoritos del youtube.




Leyendo todo este artículo llego a la inequívoca conclusión de que Paco Fox y yo no nos merecemos a nuestras respectivas. Y que, a pesar de ese hecho irrebatible, el rock sinfónico sigue siendo sinónimo de amor. De verdad, oye.

20 abril 2007

Apocalipsis caníbal: Muy chungo

Aprovechando que nuestro amigo The Devil Rules The World anda publicitando una película de zombies en la que lleva trabajando varios años, decidí hacerle un homenaje y tragarme algún flim del subgénero (algunos dirían, infra-género. Y en la mayor parte de los casos tendrían razón. Porque nadie me negará que ver la palabra ‘zombi’ en la sinopsis de una película es como leer ‘inyección letal’ en una sentencia judicial).

A tal efecto, y para hacer doble el homenaje, pensé en buscar alguna muestra española. Y ya sé que esta frase suena a ‘Ya que me he cortado el dedo con el cuchillo de jamón, voy a hacerme el seppuku’.
Haciendo memoria, sólo se me ocurrían tres ejemplos. Ya había visto No profanar el sueño de los muertos (que no da vergüenza ajena, pero que tampoco es como para untarse el glande de aceite Johnsons para niños). Me había tragado partes de Una de zombis cuando la tenía en emisión en Cinemanía. Me quedaban dos opciones: o hacer más memoria o quedarme con la otra que recordaba. Y opté por la segunda. Una decisión de la que yo no me arrepiento, aunque mis neuronas han comenzado las protestas formales. Sospecho incluso que algunas se han metido a terroristas suicidas y planean inmolarse en mi nervio óptico.

Porque esa tercera película en cuestión es una coproducción con Italia (lógicamente). Que intenta hacer pasar las afueras de Barcelona por Guinea (promete vicisitud). Que tiene más de 10 títulos alternativos (otra clara señal del Apocalipsis). Y que está dirigida por Bruno Mattei (el equivalente cinematográfico a una colonoscopia).

Virus AKA Apocalípsis caníbal, AKA Hell of the Living Dead AKA Zombie Creeping Flesh AKA cien mil títulos más, fue dirigida por nuestro onvre en localizaciones catalanas en 1980, justo un año después de Nueva York bajo el terror de los zombis de Lucio Fulci. Esto es, en plena fiebre de muertos vivientes italianos asolando las carteleras europeas. Mattei, que nunca ha disimulado su afición a los plagios baratos, junto con su cómplice Claudio Fragasso, diseñó un épico filme-denuncia en el que hordas de zombis del tercer mundo asaltan Occidente. Ni que decir tiene que el resultado fue un par de extras negros pintados de blanco corriendo por un descampado mediterráneo. ¿Acaso fue un problema para Bruno el no poder ir a localizaciones exóticas para rodar? ¡No! Porque, ni corto ni perezoso, sino más bien con bastante poca vergüenza, se dedicó a insertar planos de documental cada vez que alguien miraba a un lado. Y cuando nadie miraba también. Y cuando no venía a cuento. Que había que inflar el metraje, leñe.

El uso de este material de relleno es una de las características más conocidas de esta película. Pero esto no sería motivo suficiente para condenarla al quinto círculo del infierno cinematográfico. Como dirá Toxeiro: ‘Muchas más había’.

Empecemos por la protagonista. Se podría decir que es la peor actriz que he visto. Y lo voy a hacer: es la pero actriz que he visto. Al menos, Bruno tiene el detalle de empelotarla. La escena es gloriosa: los protagonistas (dos reporteros y unos GEOS) están en medio de la (ejem) selva sin saber qué hacer. La prota, según dice, experta en costumbres tribales, dice tener la solución. Entonces, comienza a desabrocharse la camisa, mientras que sus compañeros se quedan mirando lascivamente. Y, sí: se pasa a un plano detalle de las tetas. Sutilezas a Bruno, no. A continuación, se da un garbeo en top-less con pinturas de guerra mirando a izquierda y derecha imágenes de documentales. A lo largo de un cuarto de hora. O, al menos, eso me pareció.


Otro motivo esencial de la fama de la casi-película es el tema de la estulticia de los protagonistas. Todos sabemos que los personajes en este tipo de flims son siempre idiotas. El que lo dude, puede ver Las noches del terror, en la que un personaje, refugiado en una mansión rodeada por zombis, tiene la inmortal idea de dejarlos pasar: ‘A lo mejor sólo quieren entrar en la casa’, dice el oligofrénico tras haber presenciado cómo varios amigos se convertían en zombi-chow. En Apocalipsis caníbal (AKA Virus, AKA etc, etc, etc) tenemos a un grupo de GEOS que, tras descubrir que los zombis sólo mueren (cómo no) por un tiro en la cabeza, se pasan el resto de la película disparando al pecho. Por no hablar del tal Zantoro, magnífico ejemplo de por qué la raza humana todavía está a medio evolucionar, el cual se dedica a jugar al corre que te pillo con los zombis. Que también son idiotas, pues se quedan escuchando cómo le dice cosas feas en lugar de hacerle la traqueotomía sin anestesia que merece.

Muchos hablan también del hecho de que toda la banda sonora está plagiada de otras películas (según parece, Zombi de Romero, Alien Contamination de Luigi Cozzi y Buio Omega de Joe D’Amato, otro director de cine-colonoscopia). La verdad es que me da un poco que igual: sintetizadores chungo-progresivos de Goblin que suenan tan raros aquí como en las otras. Lo que sí es de juzgado de guardia es ese momento de fiesta tribal en el que la música TAMBIÉN suena a sintetizador. ¡Nativos en plan disco!

El resto es fácilmente imaginable: zombis repetidos, fallos de continuidad, gente vomitando, diálogos whatthefuck, uno de los GEOS dando saltos vestido de bailarina antes de ser atrapado por los zombis en tan deshonrosa actitud… Un festín bazofiero que daría para otros dos folios, pero que prefiero no seguir recordando. Pues esta película me provocó pesadillas. Pero no con los zombis. Soñé que la estaba viendo otra vez. No, en serio.

Así pues, en lugar de un extracto de esta cosa, os dejo el teaser trailer de la próxima película de zombies patria. Seguro que es mejor y que, al menos, está hecha con más amor que toda la filmografía de Bruno Mattei.

17 abril 2007

Más sordidez musical: Circulus

En todas las expresiones artísticas hay dos categorías principales: lo que está de moda entre la gente cool y los que está de moda entre la gente de verdad. A menudo hay trasvases: o bien los guays dejan de alabar algo porque entra en el mainstream y ya no es dominio exclusivo suyo, o bien recuperan corrientes que estaban de moda masivamente hace años en plan retro-cool, la normalizan para la modernez y le quitan toda la gracia.

¿Y a qué viene esto? Pues se trata de una excusa para hablar (brevemente) de unos tipos que me causan tanto hilaridad como vicisitud y, en definitiva, amor. Curiosamente, casi no son un grupo progresivo. Bueno, están cerca del folk prog. Pero no os preocupéis: provocan el usual estupor de nuestro género sórdido favorito.

Meterse a músico, querer vivir de ello y tener el valor de vestirte como esta gente es algo digno de alabanza y vergüenza de las familias de los implicados. Vivimos en una época en la que tenemos en una esquina Bisbales y Avril Lavinges y en la otra cucharadas de pop fresco sin concesiones (que diría G.Sanz), pasando por las usuales tribus urbanas (siempre me harán gracia los góticos: que si soy diferente, que si soy rompedor, pero luego me visto uniformado como miles de personas más). Y, saliendo de la nada, estos tipos se ponen a hacer folk ácido medieval disfrazados de aquella manera. El cantante lleva falda, calzas, gorro absurdo y unas gafas que parecen del hijo ilegítimo de un informático de los setenta y el producto de años de sexo entre parientes en la América profunda. Algo que merece todas mis alabanzas. El vestido, no el sexo entre parientes.

Como fan de ‘El Señor de los Anillos’ que ha llegado a disfrazarse de hobbit, esta actitud me llena de amor, pues reconozco su valor. Se exponen al desprecio de media humanidad. Es como entrar en una reunión de críticos musicales de la Rock De Luxe y alabar a Dire Straits. ¿Hay algo menos cool y más osado que eso? ¿No sería más fácil para estos señores componer otro tipo de canciones? En el fondo, muchos grupos góticos o jebis tocan un poco de música medieval. Pero no: Circulus hacen lo que quieren. Y, encima, graban un video. Y, no contentos con ello, lo cuelgan en You Tube. ¡Eso sí que es actitud rebelde, y no el manido grupillo de drogadictos punk que han escuchado demasiados discos de los Ramones!

03 abril 2007

Ente onvre: G. Sanz

No me gusta escribir de las cosas que aborrezco. Va en contra del espíritu de este blog. Pero hay un onvre que lleva unos meses proporcionándome unas risas tremendas. Os presento a la culturetez ida tanto de madre que se convierte en auto parodia. Os presento a G. Sanz.


G. Sanz es crítico musical. Como todos sabréis, la peor especie de periodista que existe. La crítica es una profesión espinosa, pues casi siempre implica subjetividad. Pero algunos al menos tienen a qué agarrarse. Los críticos literarios se pueden centrar en la corrección del estilo o analizar estructuras. Los de cine en la calidad técnica de la realización o el montaje. Los de teatro en la puesta en escena. Pero, ¿qué hacen los de música? De entrada, no suelen tener ni idea de teoría ni de técnica. Además, no pueden hablar de ello, pues a menudo les gustan cosas que están mal interpretadas (nunca olvidaré una reseña que leí hace años que alababa la agradable impericia instrumental del grupo. O sea, que eran más malas que la carne de perro).
Tampoco pueden basarse, como sus compañeros de otras disciplinas, en la originalidad, pues todos sabemos que, en el fondo, todas las canciones pop o rock que critica esta gente son iguales.

Por lo tanto, los críticos de música popular no saben qué puñetas decir a la hora de hablar de un disco. Imaginaos la tarea de describir un cd de rap: “Bien, err… un señor cabreado... er… bueno… recita y… arr… samplea… y me gusta… más o menos… ¿He dicho que está cabreado?”. Con eso no se gana uno el pan. Así que lo mejor es recurrir a ese viejo amigo del diletante: ¡el lenguaje florido!

Todo esto viene a que G. Sanz (la “G” es de “Gerardo”, pero como nunca hay espacio en sus reseñas, se suele acortar. O es para que nadie le rime con “nardo”. Vaya usted a saber), uno de los críticos del suplemento Metrópoli de El Mundo, ha elevado el lenguaje florido a cotas de absurdez cultureta que no pueden causar otra cosa que el descojone.

Todo empezó un buen día que un compañero de trabajo trajo la revista y yo tenía poco que hacer. Normalmente, en este tipo de críticas leo lo que tiene menos puntos, pues las pocas veces que mis músicos favoritos han aparecido reseñados aquí, en el antiguo País de las Defecaciones o esa abominación a los ojos de Dios que es la Rock de Luxe, se han llevado más palos que Yamcha en el Torneo de Artes Marciales. Pero, mire usted por dónde, ese día leí al azar una de varias estrellitas. Estaba firmada, como no, por ente onvre. Vamos a analizar el escrito:

TROY VON BALTHAZAR (Troy Von Balthazar)

Nacido en Chicago y criado en Hawai…
Quiere decir: “No sé cómo empezar la reseña y pongo algo irrelevante que sólo parece ser relevante”
… el que fuera vocalista de Chokebore debuta en solitario con…
Regla número uno de la crítica: cito un grupo que no conozca ni dios para hacer ver que YO sé más que TÚ.
…un álbum compuesto en casa de Leonard Cohen y grabado en el estudio de Elliott Smith.
¿Es una metáfora? ¿O es que Cohen acoge a jovencitos en su casa (¡escalofriante imagen!)? Os aseguro que no tengo ni idea.
Los espíritus de uno y otro tutelan la desintoxicación sadcore de un cantautor que disuelve la hirsuta electricidad de su antigua banda en acústicas cucharadas de pop en miniatura.
What the fuck? ¿Desintoxicación sadcore? ¿Hirsuta electricidad? ¿Pop en miniatura? Supongo que quiere decir que su anterior grupo era de esos en plan Radiohead que siempre están tristes, aunque también agresivos y con pelambreras, pero que ahora su disco es simplón y él lleva peinado gafapasta. O no.
Pespuntes de folk…
¿Pespuntes? Repito: ¿Pespuntes? ¿Es que no tenía otra palabra a mano que no me recuerde a mi abuela con el costurero? ¿No podría decir ‘apuntes’, ‘retazos’, ‘influencias’ o ‘detalles’?
…, electrónica doméstica…
O sea, hard-casio cutre.
…y una versión del tradicional Old Black Jo…
O ‘pongo el título de la canción para rellenar una línea más’.
… en 42 minutos de ensoñación y crepúsculo.”
Vamos a ver: que es una reseña musical, no Hojas de Hierba.

A partir de ese momento, quedé enganchado. Todos los viernes, mi compañero de trabajo y yo esperamos ansiosos la nueva obra maestra de la poca vergüenza de ente onvre. A lo largo de los meses nos ha brindado perlas como:

Con una acústica afinada en clave moral…” (hablando de un rapero)
Y si ‘Tapped’ realiza su orwelliana pesadilla en la garganta de JME, la colaboración de Warrior Queen en ‘Check It’ inaugura la memoria de su futuro vocal” (¿Comorl?)

… el sexteto californiano acelera hacia la eternidad…” (Lo dicho: eres un poeta, G. Sanz)

Ascendente psicodélico y devoción pop en un fascinante vademécum de sampleología aplicada que prescribe como antidepresivos la armonía vocal y el barroco sonoro” (Con un par: si haces una metáfora, llévala hasta el final, por ridículo que suene).

…los sevillanos Saturnino Rey y Óscar Sánchez convierten la sucesión de 2005 en un plebiscito sobre la magnitud referencial de su rap hardcore.” (¿La sucesión de 2005? ¿Pero de qué está hablando?)

Emociones antilíricas y voz nasal…” (A ver: ‘antilírico’ no está en el diccionario. ‘Lírico’ significa ‘Que promueve una honda compenetración con los sentimientos manifestados por el poeta’. O sea, que son ‘emociones que no promueven compenetración con los sentimientos del poeta, cantadas con la nariz’. ¡Joder, qué lío!)

…un segundo CD en castellano mejor cuanto más próximo a un Devendra Banhart tocado por la tramontana.” (Efectivamente: se me acaba de fundir el cerebro)

Mentalmente exhausto ante tan tremenda manifestación de onanismo lingüístico y elitismo musical, sólo me queda regocijarme al comprobar cómo los pretenciosos se convierten, sin pretenderlo, en maestros del humor no intencionado. Yo llevo varias de las críticas de ente onvre en mi cartera para compartirlas y regocijarme con mis amistades. Se ve que, al final, la pose y pedantería de G. Sanz han devenido en acto amoroso.

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