29 junio 2007

La historia de la Cannon, Episodio 1

En general, los aficionados al cine suelen conversar sobre directores. Bueno, en realidad no es tanto ‘conversar’ como ‘escucharse a sí mismos’. El caso es que lo de centrarse en sólo una de las figuras responsables de una película y empezar a masturbarse mentalmente con el frenesí de un adolescente ochenteno tras ver a Sabrina Salerno es algo que me aburre. Yo prefiero otro tipo de emociones más extremas. Lo que a mí siempre me ha intrigado es la historia de los productores.

Habitualmente, y sobre todo en España, los productores son gentuza que simplemente ponen dinero y ni tienen criterio ni les interesa tenerlo. Pero de cuando en cuando en la historia del cine aparecen figuras realmente curiosas. A veces, dignas de estudio y admiración (O’Selznick, Goldwyn, Laemmle, Corman, Puttnam, Lucas…). Otras, dignas de estudio, descojone y parálisis mental. Y, cómo no, ahí es a donde queremos ir.

Cannon Films fue la productora más interesante de los ochenta. Un par de empresarios independientes que, en sus años de esplendor, producían o distribuían un número de películas anuales cercano al de un gran estudio. Que tomaban el Festival de Cannes al asalto cual hongos en las duchas de un camping. Que consiguieron algunas de las películas más rentables de la década. Y que, de las 181 flims que componen su catálogo a partir de 1979, apenas un par son realmente buenos. Y con ‘un par’ quiero decir que, ahora mismito, así, de memoria, sólo recuerdo uno.

Menahem Golan y su primo Yoran Globus eran dos productores israelíes que habían tenido cierto éxito con algunas películas en su país. Principalmente, rompieron taquillas con ‘Lemon Popsicle’, una comedia de adolescentes calentorros que se adelantó en cuatro años al éxito de Porky’s. El director de esta visionaria cinta fue un tal Boaz Davidson, que hoy en día es productor casposo por mérito propio (y no uno cualquiera: su nombre aparece en los créditos de ‘Shark Attack III’). Sin embargo, fue el propio Menahem Golan (el apellido es un apodo en homenaje a cierto polémico lugar que todos conocemos) el que dirigió su gran plataforma al mercado internacional: ‘Operación relámpago’. La película, basada en una crisis de rehenes que había acontecido un año antes, no sólo demostraba que Golan ya sabía cómo hacer películas oportunistas, sino que también se llevó una nominación al Oscar a mejor película en habla no inglesa. Voy a decirlo otra vez: Menahem Golan tiene una nominación al Oscar . El fundador de la Cannon. El tipo que creó el mito de Chuck Norris y el del Charles Bronson justiciero. Es como si Sylvester Stallone tuviera una nominación al mejor guión. Que la tiene.

Tras el éxito de ‘Operación Relámpago’, los dos primos se prepararon para invadir los Estados Unidos. Poco sabían en Hollywood lo que les esperaba cuando compraron una pequeña distribuidora, Cannon Films, con el objetivo de cumplir el sueño de, sobre todo, Menahem: construir su propio gran estudio de cine. Porque nuestro héroe no sólo era, como muchos productores, un simple empresario. Menahem era un freak del cine. Uno de esos maravillosos casos como Uwe Boll o Mariano Ozores en los que el amor y los buenos deseos entran en conflicto con una mentalidad empresarial y una capacidad artística al nivel un bocadillo de chope. Esto es, los casos que glosamos en este blog.

Comenzaron por distribuir sus propias películas israelíes y el siguiente filme de Golan como director: ‘El mago de Lublin’, protagonizado por Alan Arkin y que hoy en día no ha visto casi nadie. Tras varios filmes sin distinción alguna, llegaría el primer clásico de la Cannon. Su primer hito de cine cutre: ‘The Apple’, también dirigida por Golan. Un musical disco-religioso-futurista-hortera (esto último creo que es un poco redundante) con fama de conseguir lo imposible: ser mala a todos y cada uno de los niveles. Por supuesto, hoy en día es objeto de culto.

El año siguiente dio a los muchachos su primer éxito verdadero: ‘Enter the Ninja’. Golan llegó a la conclusión que lo que el público necesitaba era una película de artes marciales que sustituyera a Bruce Lee por Franco Nero. Y, como todos sabemos, con un protagonista con bigotón toda película de acción sale mejor. Gracias a este éxito, los hermanos fueron poco a poco subiendo escalafones entre las productoras de serie B. Su siguiente éxito moderado, ‘El último americano virgen’, era un remake de ‘Lemon Popsicle’. De ella sólo recuerdo una escena en la que los protagonistas, después de haber ido de putas, intentan quitarse las ladillas ahogándolas en la piscina pública. ¡Cine de calidad en la época pre-SIDA!

Al mismo tiempo que soltaban esta oda al folleteo adolescente, Golan y Globus tomaron una extraña decisión: querían ser respetables. Así que comenzaron su línea de producción de flims curtos. El objetivo, muy publicitado por el propio Menahem: conseguir la Palma de Oro. ¡Que Cannes se rinda ante Cannon! El problema fue que, como reyes Midas de un universo paralelo, casi todo lo que tocaban se convertía en mierda. O, como mínimo, en fiascos. El primer intento fue una película titulada ‘That Championship Season’, basada en una obra de teatro ganadora del Pulitzer. Y salió regular. Un trabajador del estudio comentaba en una entrevista: ‘Tanto Menahem como Yoram amaban el cine y querían hacer películas con clase, pero su gusto era un poco raro. (…) No creo que supieran en realidad que la mayoría de (sus) películas eran malas”.

En 1983, tras encargarse con éxito del muy sucio trabajo de distribuir en Estados Unidos la coproducción ‘El Tesoro de las Cuatro Coronas’ (copia de ‘En Busca del Arca Perdida’, pero con Anita Obregón en lugar del mono nazi), se produce un encuentro que marcará el devenir futuro de la productora. Uno de esos eventos mágicos que cambian el curso de la historia del cine, como el estreno de ‘El cantor de Jazz’, el encuentro en París de Wilder, Zinnemann, Siodmack y Ulmer o la primera edición de ‘The Golden Turkey Awards’. Cannon produjo su primera película con Charles Bronson. ‘Al filo de la medianoche’, estaba, además, dirigida por el onvre que ejemplifica la caída en desgracia de un director del Hollywood clásico mejor todavía que Richard Fleischer. Y eso que este último rodó ‘El Guerrero Rojo’. J. Lee Thompson, nominado al Oscar por ‘Los cañones de Navarone’ y realizador de ‘El cabo del terror’, habiendo comenzado su declive con las dos últimas secuelas de ‘El planeta de los simios’, formó un tandem con Bronson a partir del éxito de ‘El temerario Ives’. Su nuevo proyecto cayó en manos de la Cannon y el resto es historia, casi siempre lamentable. Director y estrella quedaron ligados a la productora hasta su desaparición, convirtiéndose en la primera de las dos piernas en las que apoyó su éxito. La segunda fue un karateka barbudo situado ideológicamente a la derecha de Charlton Heston. Pero no adelantemos acontecimientos.

Los primos siguieron persiguiendo su sueño de crear un séptimo estudio de cine. Pero, más que perseguirlo, lo hostigaban. Porque hay que echarle cara para comprar para su distribución cosas como ‘La espada salvaje de Krotar’ y el ‘Hércules’ de Lou Ferrigno, financiar ‘Bolero’ con, efectivamente, Ana Obregón, y, encima, tener ínfulas de grandeza. Tampoco cejaban en su intento de hacer cine curto. Así, produjeron un Cassavettes, director cuyas películas son más feas y aburridas que un Amos Gitai protagonizado por los hermanos Calatrava, que ganó en Berlín, y de la que nadie se acuerda ya.

Por aquella época, la Cannon echó un poco de dinero en ‘En compañía de lobos’. Que es rarita, pero buena. Sin embargo, no era un proyecto suyo. Su verdadera impronta se puede ver, sin embargo, en otra producción de fantasía: ‘El caballero verde’. Y por impronta quiero decir ‘cutrez, aburrimiento y pelucones’. Menahem consiguió para la película que Sean Connery, en horas bajas mientra rodaba ‘El nombre de la rosa’, saliera de cuando en cuando para animar la cosa. Para el protagonista de esta adaptación de un clásico de la literatura inglesa con una trama tan cinematográfica como las instrucciones de un tampax, el director quería a Mark Hamill. Menahem y Yoran impusieron su visión, que respondía al nombre de Miles O’Keefe. Efectivamente, algunos ya os habréis dado cuenta de que cambiaron a Luke Skywalker por Ator, El Poderoso. El resultado, por lo tanto, fue una de esas películas que hacen que aprecies el botón de avance rápido más que un rollo de papel higiénico tras comer en un bufé chino.

Pero todo esto da igual. Estamos ya en 1984, el año del verdadero éxito de la Cannon. En Abril se lanzó, cual escupitajo de rancor , 'Breakin’', un finstro sobre la espantosa moda del break dance que tantos problemas oculares y mentales causó. Pero, por una vez, Menahem tuvo olfato Corman y produjo la película adecuada en el momento adecuado. Y ganó más de 38 millones de dólares y el puesto 18 entre las más taquilleras del año de ‘Superdetective en Hollywood’, ‘Indiana Jones y el templo maldito’, ‘Cazafantasmas’ o ‘Gremlins’, lo cual no es moco de pavo, sino más bien vergüenza ajena. Sin embargo, sólo era una moda y un golpe de suerte. Lo que hizo de verdad grande a la Cannon llegaría unos meses después.

Si la unión de Bronson y Cannon puntuaba alto en el terreno mítico, la de Chuck Norris y la compañía es el material del que se hacen las leyendas. Este hombre, que el corrector de Word se empeña en que llame ‘Check’, ya tenía algunos éxitos sobre sus todopoderosas espaldas cuando llegó a la Cannon. El mismo año del taquillazo de 'Breakin’', firmó un acuerdo para rodar de seguido dos películas bélicas sobre un veterano de Viet-Nam, a la sombra del éxito de ‘Acorralado’. De hecho, este primer ‘Desaparecido en combate’ se adelantó a ‘Rambo’ en su trama de enviar a un veterano a rescatar prisioneros olvidados en la selva. Lo más gracioso de todo es que la película es, en realidad, la secuela. En una de sus escasas decisiones acertadas, Golan y Globus fueron capaces de ver que la prevista segunda parte era bastante mejor que la primera. Así que decidieron estrenarlas al revés. ¡Qué más da!

A partir del éxito de la película, Norris siguió varios años más ligado a la productora. Gracias a títulos como ‘Delta Force’ (probablemente la mejor de las producciones de acción de la Cannon) o ‘Invasión USA’ se consolidó la era de gloria de la compañía como la reina de las películas testosterónicas alimento de los videos comunitarios y de las noches libres de porteros de discotecas de todo el mundo.

Con la situación económica viento en popa, el plan de negocio de la Cannon se afianzó. Fueron de los primeros en utilizar el modelo de prevender las películas a numerosas distribuidoras en todo el mundo, a veces incluso antes de empezar la producción. Con pequeños presupuestos y la compra de una cadena de cines para asegurar pantallas en Estados Unidos (método conocido como ‘pantallas cautivas’, que en este caso se debería denominar ‘pantallas cautivas, torturadas y puteadas’), la cosa funcionaba de maravilla. Pero cometieron el error de intentar ser más grandes y comenzar a financiar su expansión aumentando artificialmente el verdadero valor de la compañía. Así, compraron la compañía británica Thorn-Emi y un edificio de oficinas. Y decidieron lanzarse a las superproducciones. Adquirieron los derechos de una novela llamada ‘Vampiros del espacio’ y anunciaron que iban a producir un éxito de la talla de ‘La Guerra de las Galaxias’, pero con la protagonista en pelotas toda la película….

Próximamente, la segunda parte de la épica historia de la Cannon: las superproducciones lamentables, el proyecto fallido de Spiderman, el encuentro con Van Damme, ejecutivos puteros, contratos en servilletas, peleas entre parientes y la definitiva bancarrota. Incluso hablaré de las películas de Lambada. Seguro que a alguien le interesa el tema. Que hay gente para todo.

26 junio 2007

Lecciones de cine: cómo montar porno

Si ahora yo dijese, “pues acabo de montar la última peli de Spielberg...” probablemente algunos me preguntarían dos o tres anecdotillas de ese meapilas y hasta ahí llegaría la conversación. Sin embargo, es un hecho empíricamente constatado que si dices “He montado cine porno” consigues animar cualquier reunión social. Incluso las más muermazo.

Pues sí, amigos, mi currículum tiene esas oscuras o brillantes páginas. El caso es que son las páginas que, at the end of the day, más le interesan a TODO EL MUNDO. Incluyendo a la gente más fina y elegante con la que he tenido la honra de trabajar. Por eso, en un afán culturizador, y para ayudar a todos aquellos creadores que quieran aventurarse por las procelosas aguas del semen... digo, del pon-no, aquí van una serie de lecciones magistrales sobre el montaje de este noble género cinematográfico.

1.- LA REGLA FUNDAMENTAL
Independientemente del material que te toque montar, todo buen montador de porno heterosexual (no discrimino: ésa ha sido mi experiencia) tiene que tener en cuenta que, una vez comienza la acción, TODO plano montado en la escena debe contener, como mínimo, o un coño, o unas tetas o un culo en pompa. Ocasionalmente, podría aceptar una cara jadeante de la actriz. Pero esa es la excepción. Ergo, CUALQUIER plano que no contenga alguno de esos elementos NO DEBE SER MONTADO. Los montadores inhábiles de toda la vida suelen recurrir al catastrófico recurso de un primer plano del actor jadeando para conseguir transiciones más “limpias” y mantener el raccord. ¡¡¡¡Error!!!! Cualquier usuario de porno (desde Paul Feig hasta el último lector de este blog) sabe que LO PEOR que te puede ocurrir al ver una de estas pelis es que la eyaculación coincida justo con el primer plano del actor. ¡Trauma! ¿Y qué sucedería si el actor tuviese, además, bigotón?

Creo que no tengo que seguir explicando más ¿no? Sé un montador creativo: si tienes problemas de continuidad, seguro que tienes mil planos detalle de la actriz a tu disposición. Pero ¡por Peich! ¡El careto del actor, jamás!

2.- Mantener el ritmo


En ese sentido, lo mismo es “El acorazado Potemkin” que “En busca del arca perdida” que “Eduardo Manospenes”. Todo es una cuestión de ritmo.

La primera aproximación del montador primerizo al porno consistirá en quitar todos aquellos momentos en los que el actor “pincha hueso”. En efecto, el brío que los buenos profesionales suelen poner en sus “performances” hace que, más de una vez, el miembro se salga. Hay que eliminar – vía cambio de angulación de cámara – esos momentos de “volverla a meter” que hacen que baje la intensidad del momento y la erección del espectador. Ni que decir tiene que los casos – más abundantes de lo que se cree – en los que el miembro erecto quiere volver a entrar pero, oh dolor, pincha hueso produciéndose una anormal doblez en el pene han de ser eliminados del montaje. ¿Es que no piensa uno en la empatía masculina?

Para montadores más expertos: cuando se rueda – lo habitual – con más de una cámara, hay momentos, especialmente en el sexo anal, en el que el actor está particularmente inspirado (esto es, uno sufre – y mucho – por la actriz). Sé capaz de localizar esos momentos. Atesóralos. Y lo que es más importante: no dudes en REPETIR esos momentos al cambiar de ángulo de cámara. El porno es necesariamente rítmico y reiterativo, nadie notará que es exactamente igual. La sensación será la de decir “¡Campeón!”. Pero, claro, si el montador es mediocre y cambia de cámara “cuando toca” el actor perderá el ritmo y caeremos en el “así también folgho yo”.


3. El porno es “producción en cadena”

El porno es siempre cutrón, barato y cada película, por sí sola, no da muchos beneficios. El truco está en organizarse para producir MUCHO. Y eso significa montar rápido. Y también industrialmente. Así que lo mejor es tener fórmulas que “funcionen” para ir montando rápido pensando poco. Pongamos un ejemplo práctico:

- En la mayoría de los casos, el principal coste de producción es el contratar a las actrices. Esto es así porque, normalmente, el actor (y, en muchos casos también director) es uno de los socios de la productora. Algunos dicen que el “socio tecnológico”, por aquello de aportar la herramienta de trabajo. Así pues, el paso número uno es decir “¿De cuántas actrices dispongo?”. Acto seguido, se divide la duración de la película entre el número de actrices. Así pues:
90 min/ 5 actrices= 18 minutos por polvo

Sí, ya lo sé, son polvos muy largos, pero así de cutre puede ser este submundo.

- Una vez definida la duración, se establece una tolerancia de más menos tres minutos según lo bien que trabaje la actriz.
- Con la duración, además, si el actor es disciplinado y sigue unos parámetros de jodienda aristotélicos (recordemos la frase de “Clerks 2”: “You don’t go ass to mouth”) es recomendable el establecer una escaleta del polvo para saber en qué minuto tiene que ir sucediendo cada cosa y así no aburrir al personal. Una que yo hice en su momento, para un polvo de 18 minutos, era tal que así:

1:30 primera teta
2:30 empelote completo
3:30 bajada al pilón
4:30 el sable
5:30 vaginal postura 1
7:30 vaginal postura 2
8:00 interludio oral
9:00 vaginal postura 3
10:30 entrada del amigo (opcional)
11:00 pollo asado (opcional)
13:00 anal
15:30 cubana (opcional)
16:00 última felación
17:00 bendición en la cara

Algunos critican esta aproximación, y no sin razón, pero creo que es una guía válida para saber si te estás engolfando mucho en una determinada secuencia. “¿Qué es el “pollo asado”?” me preguntaron. “Pues el momento en que la actriz está ensartada por los dos extremos”. Vamos, para mi estaba clarísimo.

4. ¿Cómo monto la “tensión sexual”?

Ah, ahí ya hay que saber. Para mi es esencial crear un misterio al principio. Esto es, que te apetezca MUCHO ver “lo que pasa a continuación”. Pero no tanto que le des al Fast Forward. La belleza del porno está en saber que vas a conseguir tu recompensa, así que vale la pena esperar un poco para valorarla. La cuestión es: ¿Cómo sacar provecho a actrices que, a la que no sean indigentes, apenas saben hablar el idioma de la producción? Compleja tarea: hay que buscar momentos de gran belleza como “Is it because is like a big lollipop?” frase reminiscente del bello “Te gusta... esa piruleta... ¿verdad?” Que le decía mi reverenciado Randy Spears a Savannah.

En otras ocasiones, las actrices son francamente excelentes, y es tu deber que la escena que montes les sirva como “videobook” para aspirar a la próxima producción de Almodóvar. En todo caso, y como ya expliqué en el punto anterior, respeta la regla de “Enseña una teta al minuto y medio de escena” (caso de polvo de 18 minutos).


5. ¿Cómo monto las eyaculaciones?

Recordemos que el porno es producción en cadena. En el caso de “majors” como Private, tienen reglas específicas: se debe mantener toda la eyaculación en el mismo plano, sin cortes.

Supongo que eso se hace para que la gente no diga “Y, en el cambio de plano, aprovechan para añadir leche condensada”. No es un mal motivo, pero creo que hay ocasiones en las que hay que realizar montaje en el propio momento de la eyaculación. Para mi, se hace necesario montar cuando, por imperativos de producción, el actor ha superado la barrera del cuarto polvo en una jornada de rodaje y la eyaculación puede resultar ridícula. En ese caso, hay que cambiar de plano, durante la eyaculación, y procurando repetir unos diez frames en cada cambio. Así se consigue un jovial efecto de abundancia que tampoco grita “¡trampa!”.

En cualquier caso, JAMÁS se debe poner un primer plano del actor antes de la eyaculación. Sí, ya sé que, a veces, comienzan a machacársela y no llega nunca aquello. Pero, repito, HAY OTRAS FORMAS de lograr ese paso de tiempo. Aunque sea encadenando (recurso que no recomiendo: baja el rollo y hace que todo parezca menos real, yo prefiero crear la ilusión de “tiempo real”).

6. ¿Cómo monto el sexo anal?

Por su laboriosidad, recalco el que hay que buscar los momentos de máxima velocidad y, llegado el caso, repetirlos en distintos ángulos. Por supuesto, otra peculiaridad de estas escenas suele ser el evitar el “momento lenteja”. No hace falta que explique más cosas.

Excepcionalmente, en el caso de que una actriz se niegue a practicar el sexo anal, puedes “engañar” al espectador montando una inserción falaz para luego, cambiar a un plano equívoco. Que cada uno se haga las ilusiones que quiera.

7. ¿Debo ser creativo y artístico?

Por defecto: NO. El montaje del Hollywood clásico es el que mejor sienta al porno: narración omnisciente e invisible. Los que hemos sufrido ciertas cosas de Andrew Blake te diremos que meter planos al ralentí y en blanco y negro sólo baja el rollo. Sé un buen montador, pero sé clásico.

Tampoco vale, pese a la cantidad de calorros que compran dvds porno, el montar con estilo de piezas sobre tuning. Que no, joer, que el estilillo de videoclip salchichero no pone. En el porno, sigue teniendo vigencia todo lo que escribió Aristóteles en su poética.

Eso sí, la elipsis favorita de Paco Fox y un servidor es una de una escena bollo en la que se besan, abrazan y, a la que caen abrazadas en la cama, ya están en bolas. Digna de Michael Kahn.

8. ¿Me la puedo machacar mientras monto?

¡¡¡NORL!!! Pierdes tiempo, concentración y, lo más importante, no sabes evaluar cuánto debe durar un plano. En el cine clásico es fácil saber cuándo cortar: una vez el espectador lo asimila. Pero en el porno todos los planos se entienden rápido, y el tiempo que debes dejar es el justo para que todo espectador que quiera “llegar” en ese plano, pues tenga tiempo para el último acelerón. Y, si no quisiere llegar ahí, que no dure tanto que le aburra. Needless to say, si te has tocado, ya no eres un espectador imparcial.

Además, conozco el caso de montadores a los que han pillado jugando con la pilila en la sala y ha habido gran cachondeo. Por eso yo monté un especial sobre el salón de Barcelona con la puerta abierta: para que nadie dudase de mi responsabilidad.

Y porque todo dios quería ver, claro.

9. ¿Cómo debe ser el trato con el director?

Por tu propio bien, conviene que sea extremadamente profesional. Y eso no es nada fácil. He aquí una de las tesituras en las que me he visto envuelto:

El director entra en la sala de montaje portando una bolsa del Sabeco con varias cintas mini dv. Viene del hotel de dos plantas más abajo, recién follado. Evito darle la mano antes de sentarnos a hablar de “negocios”.

Primero definimos qué dvds quiere y con qué tipo de autoría. Mientras el actor-director enuncia que “Guarreridas españolas vol. 1” será uno de los probables títulos, un servidor de ustedes y una compañera de producción tomamos nota. Pero no tanto por profesionalidad como por evitar ver la pantalla del ordenador. Sí, lo han adivinado: mientras se digitalizan las cintas, nuestro interlocutor aparece en pelotillas tirándose a una enana para celebrar el triunfo del Athletic de Bilbao. ¿Alguna vez han hablado así de negocios? Al lado de esto, aquella entrevista de trabajo de Peter Griffin (“-¿Dónde se ve usted en esta empresa dentro de tres años? -¿Tirándome a su hijo?”) es una tonterida.

Por supuesto, sumidos entre tanta piernografía, la chica de producción intenta cambiar de tema, “¿Eres de Bilbao? Yo soy de Pamplona...” sólo para que, una hora más tarde, a la que el director la ve sin gafas diga “Pero que guapa es... Si es que parece del portada del Vogue”...

Así pues, mejor mantener las distancias.

Sin embargo, a veces, esto no es posible. Recuerdo ahora el terrorífico momento que se produjo cuando yo terminé de digitalizar una cinta.

El polvo había concluido y el actor, recién eyaculado, se dirige hacia la cámara. Ni Harriet Andersson en “Un verano con Monika” había interpelado así al espectador. Ese onvre dice las siguientes palabras a la cámara: “Esto es para el montador”. Temeroso, me giro y veo mi sala vacía. ¡Soy el único montador que hay aquí! ¡Ente onvre me está hablando!”. El actor-director prosigue “Esto es para la escena en la que le quito las sábanas a la chica que duerme, pues ahí tienes que poner mis pensamientos...”

Y entonces comienza lo veramente dantesco:

“Pero mírala qué buena está, si es que está jaca paca... Qué tersura de su piel, qué labios vaginales de núbil y virginal princesa de los mares... Santa Virgen de los remedios ¿por qué haces que me sucedan estas cosas tan guarras? ¡Que empalmamiento llevo! ¡Que empalamiento le voy a hacer a esta casta muchacha! Señor mío Jesucristo, no puedo menos que realizar la cópula con esta hembra. Ayudadme, todos los santos en esta tesitura, en esta veleidad...”

Todo esto dicho mirando al tendido con los ojos en blanco. A la que coloqué, sin más, el track de audio sobre la escena ¡encajaba a la perfección! Ni era ni un segundo más largo o más corto. Genialidad enferma, indeed. Por eso, no puedo evitar que en ese sacrosanto “mensaje al montador” hay más verdad y sabiduría fílmico sobre el montaje que en toda la obra de Eisenstein.

10. ¿Debo mantener el anonimato?

Un servidor, en un primer momento, lo hizo. Firmé Karina Flanagan en mis primeras producciones húngaras pero, a la que el nivel bajó, me plantée usar un “seudónimo del seudónimo” para no “manchar el buen nombre falso de Karina Flanagan”. Y entonces vi que era ya un depravado.

En otra ocasión, le enseñé subrepticiamente el “mensaje al montador” a alguien. Creí que todo era anónimo, pero un cable estaba enviando la señal de vídeo al exterior de la sala. La multitud que afuera se congregó no podía dar crédito.

En todo caso, la experiencia me demuestra que, mientras no seas actor o actriz, la participación en el porno es sólo motivo de regocijo entre las amistades. Incluso gente fina y elegante han preguntado cómo conseguir mi pretérita obra porno, lo cual demuestra que, aún trabajando en los más elevados estratos del audiovisual, la gente conserva sus valores.

Then was then and now is now. Un poco de porno en la vida está bien, pero no te mantiene a medio plazo. Si alguien quiere probarlo inocentemente, puede practicar de forma harto Light con este
link y, si quiere rock’n’roll all night, puede atacar esta oferta de trabajo. Eso sí, espero que apliquéis todas las enseñanzas aquí aprendidas.

...Y, por supuesto, saber desde ya que frases como “esta escena me la monto con la punta del nabo” o “montar a carallo sacado” o “voy follado” o “¡Qué raccord más guarro!” van a ser vuestro pan de cada día.

Ah, y no volveréis a tomar espárragos con mayonesa durante una buena temporada.

25 junio 2007

No era un tubo...

A la pregunta “¿Se ha despertado alguna vez en medio de la noche viendo cómo le introducían un tubo por la boca?” un 45% de nuestros lectores ha respondido afirmativamente, mientras que un 55% se inclinan por la opción “No era un tubo”. Una mayoría no concluyente para uno de los grandes misterios de la humanidad.

El origen de esta pregunta hay que buscarlo en la calle Gran Vía en el otoño de 1996. Un señor me dio un papelillo que, en vez de ser la habitual publicidad de top less (que decoraba toda una pared de la habitación de mi compañero de piso Vitijito) tenía la pregunta formulada en la encuesta. Y con sólo esas dos opciones. ¿Es que acaso podía haber otras? Como merecido homenaje a eze onvre, he decidido expandir su búsqueda en la era interneteira. Si no respondió en su momento, puede facello ahora.



Como único dato relevante, decir que la encuesta se decantaba hacia la opción “No era un tubo” por un margen del 80%. Pero, a la que la F1 trajo masivamente nuevos lectores a este nuestro blog, el porcentaje varió drásticamente. Por ello, debemos concluir que a la mayoría de la gente que le gusta la F1, alguna vez les han introducido un tubo por la boca en medio de la noche. Que cada cual saque sus propias conclusiones.

La nuestra, por si alguien no lo notare, es que la barra derecha de este nuestro blog comenzará a llenarse de más y más carallos (los hay que los llaman widgets) for your entertainment. No sólo encuestas, también extractos selectos, cada viernes, de los mejores momentos de nuestro idolatrado
G. Sanz. Os merecéis todo eso y más. Keep checking!

PD: Por si alguien creyere, por el artículo anterior, que en este nuestro blog se mantienen actitudes beligerantes ante comunidades autónomas (de momento, nadie ha osado mencionallo) aquí tiene de propina esta sórdida foto de un servidor y lanavajaenelojo con el gran Jordi Pujol. No, no es un fotomontaje. Y sí, sí que produce gran vicisitud. No podía ser de otra forma.


20 junio 2007

La teoría de la vicisitud andaluza

Sí: un post sobre política. Pero, al menos, tiene un toque de política-ficción, con lo cual el componente geek ya lo salva un poco de la ignominia. De la ignominia temática, no de la literaria.


Pero a lo que iba. Voy a hablar de uno de los fenómenos políticos más idiotas que existen: el nacionalismo independentista. Esta creencia (pues tiene más de eso que de pensamiento racional) se basa en dos pilares. El primero es en el absurdo concepto de que unas fronteras cambiantes a lo largo de los años hace que la gente sea distinta. Pero eso es mentira, porque:

- Todas las personas cagan, independientemente del país.
- Todos necesitan comer para así poder cagar.
- En cualquier lugar, aunque te la sacudas como un martillo, la última gota va al calzoncillo.

Esto es, todos somos iguales en lo que realmente importa. Que venga alguien y me diga que yo tengo más que ver con Chaves por ser Andaluz que con mi amigo Ken, gay canadiense residente en Boston fan de Strawbs, Camel y grupos oscuros de progresivo. Pues no. O que he de ser más parecido a Paco de Lucía por haber nacido en Algeciras que a The Devil Rules the World, con quien comparto gustos en mujeres y, lo que es más curioso, en hombres.

Pero siempre saldrá alguien que defenderá que la herencia cultural hace que la gente de distintas regiones sea diferente. Pues qué queréis que os diga: mi herencia cultural principal es la victoria de la Alianza Rebelde en ‘La guerra de las galaxias’, y el que los ingleses sean mis enemigos porque tienen Gibraltar y hundieron la Armada Invencible es algo que me da concretamente que igual.

No, amigos: el nacionalismo es un sentimiento que está bien sólo si no se toma en serio. Sirve para cosas como para apoyar a españoles en competiciones deportivas, descojonarte de tu país en Eurovisión, contar chistes de ‘Un alemán, un gallego…’, la creación del Idioma Mundial o alegrarte que la estrella número uno del porno sea Nacho Vidal. Para el cachondeo, vamos.

Sin embargo, hay gente que, como no es freak, tiene dinero y se aburre, se dedica a la causa de pensar que el tipo de al lado es diferente por el mero hecho de ser de otra parte. Y de ello suele deducir que la solución a todos sus problemas es independizarse, pues no hay duda que de que la gente que lo gobierna es distinta a ellos y sólo quiere sojuzgarlos. Ese es el segundo pilar del nacionalismo independentista. Una soberana memez, porque, ¿acaso no saben que quienes realmente gobiernan sus vidas son Billy Puertas, Emilio Botín y quien sea que posea la cadena de Starbucks? ¿De verdad piensan que unos políticos, sólo por haber nacido en un radio cercano de kilómetros van a gobernarles de manera diferente?

Dicho todo esto, el problema que surge es el siguiente: distinguir qué es un acto válido de recuerdo del pasado y manifestación de tradiciones y qué es una imposición política llevada a cabo por una panda de aburridos que utilizan el nacionalismo como excusa para justificar su poder. Ahí entra una teoría desarrollada por el Ciudadano Soberano y un servidor que voy a bautizar ahora mismito como ‘La Teoría de la Vicisitud Andaluza’. Que se enuncia tal que así: “Cualquier acto de afirmación nacional que, trasladado a Andalucía parezca ridículo y de vergüenza ajena, es una memez”.
A continuación enumeraremos los típicos puntos principales de todo nacionalismo independentista con su correspondiente ejemplo andaluz:

1.- Cultura: Si para algo sirve el nacionalismo, es para temas culturales. Imaginemos que la Junta de Andalucía Independientista propone que en todos los institutos se lea ‘La Casa de Bernarda Alba’ por aquello de estar escrita por un andaluz. Resultado: La chavalería es a) más culta y b) se da cuenta de que Andalucía puede ser perfectamente igual que La Mancha en su chunguez. No hay vergüenza ajena aquí. Si acaso un poco de mala leche si luego obligan a leer a Góngora.

2.- Actos Oficiales: Supongamos que viene un dignatario internacional y que hay un acto de recepción. Imaginemos que, en lugar de a un tipo levantando la pata, le plantan delante en plena pista de aterrizaje a una pareja bailando una sevillana de ‘Raya Real’. ¿Acto inhumano de incomparable crueldad o primera muestra de la cultura local? La respuesta está clara.

3.- El territorio histórico: La Junta de Andalucía Independentista podría considerar que la nueva Al-Andalus tiene derecho a anexionarse los territorios históricos posteriores a la unificación de los reinos taifas por Yusuf Ben Tasfin. Y si eso es un poquito demasiado, aceptará en su lugar Murcia, Extremadura, el Algarve, las Islas Chafarinas y cualquier localidad que empiece por “Al”. Menos, claro está, Alcobendas.

4.- El hecho diferencial: Existe un hecho diferencial andaluz. Y es contar chistes. Así que imaginemos lo que todo andaluz de pro debería hacer: entrenar a sus hijos en casa para poder igualar las cimas del humor que son Chiquito de la Calzada y Paco Gandía. En la Andalucía Independiente, los hermanos Calatrava serían modelos de conducta.
5.-. El ADN andaluz: A algunos ceporros les ha dado por reclamar incluso una herencia biológica distinta. Pues Andalucía no puede ser menos. Ya lo estoy viendo: el verdadero andaluz deberá cuidar los rasgos externos propios de su raza, y el Estado velará por la imagen de la nación. Por lo tanto, se establecerán rigurosos controles que medirán el tamaño de las patillas y la cantidad de pelo en el pecho con el que se puede salir a la calle. En el caso de tener problemas capilares, las Seguridad Social pagará injertos para que ningún habitante se sienta desplazado. Así mismo, todo andaluz con piel anormalmente blanca podrá tomar sesiones de rayos UVA, y todo aquel con la piel negra podrá acceder a lo que sea que se hiciera Michael Jackson. Todo inmigrante con deseos de establecerse en Andalucía deberá cumplir sus requisitos de color y pelambrera, así como memorizar la discografía completa de Manolo Escobar y Camarón.



6.- La publicidad en el extranjero: Todavía me estoy riendo de la exposición en el Metropolitan de Nueva York financiada por el gobierno catalán en cuyos paneles se avisaba que Cataluña era la verdadera región civilizada a principios de siglo y que fue la única que se opuso a Franco. Así pues, la Junta de Andalucía Independentista aprenderá del ejemplo de otras regiones. Destinará partidas especiales de su presupuesto a publicitar en otros países el concepto de que se trata de una nación distinta a España. De entrada, llevará una moción a las Naciones Unidas para que se prohíba mostrar mujeres con traje de gitanas y tablaos flamencos en publicidades de otras regiones Ibéricas. A partir de ahí, establecerá una comisión que estudiará formas de separarse del resto de regiones. Su campaña ‘España no es toros y flamenco: eso es sólo Andalucía’ sólo será igualada en repercusión por ‘Los Reyes de Castilla y la Aniquilación de la Cultura de Al Andalus’ y ‘Nosotros Tenemos La Alambra y los Catalanes una Catedral a Medio Construir: Chincha-Rabiña’.

7.- El idioma: El punto fuerte de justificación independentista. El razonamiento es ‘Hablamos distinto, luego somos un país distinto’, el cual lleva a ‘Para ser independientes, tenemos que hablar distinto’. En su desesperada carrera por conseguir más tajada para tener más de donde robar, los políticos independentistas de medio mundo corren desesperados en busca de un idioma. En lugar de utilizar la comunicación para unir, se usa para desunir. Alguno dirá que este punto no podría adaptarse a Andalucía. ¡Pues se equivoca!. Sólo vayan a estas páginas para comprobarlo: http://www.andalucia.cc/andalu/y http://www.geocities.com/Baja/1404/andalu.htm. Atención a este extracto sacado al azar de la segunda de las direcciones:
Er periqo ehte era uno q'abía , i abrá otabía, en un qayehón de Lérida. Ze pazaba er día qorgao en un barqón qe daba a lâ paerê trazerâ de la qatedrà nueba i empezaba a dà la lata ar qlareà er día, antê qe lô gayô. I yo, qomo rezurta q'ehtaba huhtamente ponzima, puê no yegaba a zentì er dehpertaó.”

Sí, amigos: hay quien aboga por un idioma andaluz. Ya imagino a un maestro riñendo a los alumnos por pronunciar las eses finales. A los niños dando clases particulares para poder hablar como en un sainete de los Álvarez Quintero. Y lo que es mejor: a los consiguientes movimientos independentistas de los ceceantes contra los seseantes. ¡Hay que aplastar la imposición idiomática del centralista y opresor gobierno sevillano!

Menos mal que hay gente que todavía sabe cómo es la manera adecuada de tomarse este tipo de cosas:


Quedarían pendientes otras medidas que podría tomar el supuesto Gobierno Andaluz Independiente (Deporte nacional: el salto al paso, Sevilla: ciudad libre de cocido madrileño), pero creo que ya os hacéis una idea suficientemente clara de que casi todo lo nacionalista, visto desde el prisma de la vicisitud, nos invita al cachondeo. La gente se toma demasiado en serio algunos temas que no se lo merecen. Es muy triste ver como hay personas que dedican su vida y sus esfuerzos a estas idioteces en lugar de a algo más provechoso. Como, por ejemplo, a escribir chorradas en blogs y contar chistes malos. Qué se le va a hacer: es mi gen determinante andaluz.

19 junio 2007

No puede ser verdad...

Cuando era montador en una canal temático de videojuegos, informática y tecnología, habia una norma no escrita que obligaba al empleo de música techno o, como mucho, hard industrial. Un día, tuve que hacer una pieza sobre el “Crazy Taxi” y no pude evitar montarla al ritmo de “La mandanga”. Análogamente, cuando tuve en mis manos un videojuego de toreo, la oscura pero impactante “Que perdonen al toro” (track 4 de mi cd del Fary) fue elegida sin pensar en las consecuencias. Dentro del canal, la gene alucinó un poco, pero nadie dijo nada: todos sabían que un servidor estaba haciendo lo correcto.

Años después, dando clase en un instituto de FP, una alumna de aspecto modoso y aplicado me enseñó una práctica que había hecho por su cuenta, no evaluable para la asignatura. Dicha práctica era un videoclip, hecho con figuras de
belén y del Fary sobre una épica versión de “La falsa moneda”. Y ese día entendí que hay que tener fe en la juventud que nos sucede.

Con esos dos momentos me quedó claro en la vida que El Fary, antes que “el celebérrimo tonadillero español” del que hablaban Faemino y Cansado, es un sentimiento. Es un icono superior a Elvis o Sinatra, y TODOS lo sabemos. El Fary no se deja medir por el vulgar rasero terrenal. El Fary apela a nuestra dimensión tr
ascendente y a nuestro lado sublime…

…Y, de repente, como siempre, se van los mejores.

No soy un erudito conocedor de la figura del Fary. Sin embargo, mi amistad con el director de su mítica serie “Menudo es mi padre” dio pie a que conociese alguna anécdota de tan gran artista. Momentos menores, pero poco conocidos. Y, para evitar, como decía Rutger Hauer, que esos momentos desaparezcan con su muerte, permítaseme el glosarlos brevemente como humilde tributo a un artista que, como Raphael, habla a nuestro lado sublime.

El Fary siempre llevaba encima un peine con el que se peinaba antes de cada toma. En medio del fragor previo al rodaje, siempre decía “Un viaje al tomo y rodamos”. Dicha frase fue asumida por Guillermo, el director. Así, ya nunca más se dijo “¡Cinco y acción!” sino un bello “¡Un viaje al tomo y rodamos!”.

En el plató siempre había un futbolín. Después de cada comida, El Fary tenía que echar su partida. ¡Y tenía que ganar! ¿Trampas? No soy quien para decirlo…

De entre las anécdotas que El Fary relataba entre tomas,
destaca aquella en la que contaba como una vez, durante un concierto, se metieron unos punkarras para armar bronca. El Fary paró de cantar, bajó junto a estos energúmenos y, hablando seriamente con ellos, los convenció para que subiesen al escenario a cantar “El torito guapo”. Si eso no es lo más grande acontecido sobre un escenario, cerca queda.

El jueves por la tarde era un día sacrosanto para El Fary. Todo plan de rodaje tenía que evitar su presencia en tal momento. A priori, se trataba de una partida de cartas cuasi religiosa. Pero sean libres para especular.

Cuando la serie “Menudo es mi padre” estaba en un momento de incierta renovación, mi querido Nacholo, haciendo turismo italiano, escribió en el “libro de los deseos” de la catedral de Siena “Que renueven la serie del Fary”. Y el milagro ocurrió. Yo no soy creyente, pero con los seres trascendentes como El Fary, estas cosas suceden.

Finalmente, recordar unas palabras que un personaje secundario de la serie, “El tapas”, le dijo al director: “¿Ves a aquel extra que está allí con cara de amargado? Pues Gary Cooper, con toda su fama y sus oscares, se cambiaba ahora mismo por él. ¿Sabes por qué? Porque Gary Cooper está muerto y ese extra está vivo”.

Tristemente cierto. Hoy, en el ámbito donde trabajo, hay un crespón negro.

15 junio 2007

Mis grandes de la F1 (...y por qué Lewis Hamilton es un mierda)

(WARNING: Si usted lloró cuando murió Ayrton Senna, NO lea este artículo.

¿Ayrton quién? LEA este artículo)


Que los garrulos no te impidan ver el bosque: hubo una época en la que tirarse a Estefanía era el auténtico Gran Premio de Mónaco, en la que alguno pasó de ir a una carrera para ver un combate de boxeo, en la que los pilotos tocaban en grupos con nombres como “Sexo, Hitler y las feromonas” y, como decía el gran John Waters “existía la posibilidad de que hombres maduros pudiesen hacerse algún daño severo”.

Como talibán de la F1 que soy desde el ’86, tengo la necesidad de reivindicar esta maravillosa manifestación estética – no pienso insultarla llamándole “deporte” – aunque sea a golpe de pijerío o elitismo. Así que, para todos ustedes, amigos sórdidos, una reivindicación de las personas a las que realmente hay que ADMIRAR en la F1. ¡Recuperemos los valores de una vez! ¡Desmárquese del rebaño, señora!

James Hunt

EL putero por antonomasia. Viendo una foto de James, en un arrebato gay, un conocido me dijo “¡Qué bien le sentaban a los hombres los años 70!”. Hunt sabía que había una cosa más importante que ganar carreras, y eso era follar (tangencialmente, también tajarse y meterse toda suerte de psicotrópicos).


Pero había que follar con CLASE, y eso me parece algo fundamental. Digámoslo ya, pocas cosas más pijas existen que la F1. Y eso es algo bueno. Escoria como Valentino Rossi puede retirarse a sus fazañas de discoteca de polígano a las que pertenece. ¿Es que a alguien le interesa la glorificación del calorro? Que Rossi merezca atención mediática habida cuenta de la existencia de gente como Flavio Briatore o de sórdidos con el estilazo de Hunt ofende a nuestro señor Jesucristo. Lo siento, siempre he sido más del Hola que del Pronto: las fazañas de Estefanía de Mónaco le están vedadas a Belén Esteban. El mundo es así de injusto, hasta Marx lo sabía.

Pero volviendo a Hunt. ¿Cómo no se puede amar a un tío que, nada más llegar al circuito, pasaba de los mecánicos y se iba al hotel a tirarse a todas las azafatas? En McLaren le esperaban para la puesta a punto del coche, pero él ya se había acercado a un grupo de baby babys diciendo “Hola nenas. Soy James Hunt”. ¿Y el momento en el que una periodista se acostó con el para elaborar una artículo que evaluase la técnica sexual de James? Esas sí que son prioridades vitales. De hecho, hubo momentos en los que, en plena enajenación, Hunt se sacaba el cimborrio delante del público para mear sobre las atónitas gradas. ¡Ah, esa época sin sponsors dando por saco!

El mejor momento de Hunt se produjo la noche antes de unos entrenamientos. Como buen gambitero que era, lió a Niki Lauda para irse de putas con él. El resultado: llegar al circuito de empalme. No resulta lo más adecuado para ir a 300 por hora, así que Niki consiguió joder el cambio de marchas para no dar ni una vuelta. En su camino de regreso a boxes, vio el McLaren de Hunt apoyado contra unos guardarraíles. Corrió para ver si Hunt se había hecho pupita, pero, en realidad, había aparcado el coche en plenos entrenamientos para echarse una siestorra. Eso es tener actitud y lo demás es demagogia. Fijaos en esta entrevista: “James, has ganado en Inglaterra ¿Qué significa eso para ti? – Nueve puntos, 20.000 dólares y mucha felicidad”.Acto seguido, continúa de carallada y hasta pide un pitillo al entrevistador. Muy grande.



Fue un acto de justicia divina que Hunt “the shunt” – así llamado por su propensión a estrellar su coche contra otros rivales - lograse ser campeón del mundo el año que Niki Lauda se hizo su oreja a la plancha. Y lo logró en una carrera polémica, con dosis de antideportividad y lo que es mejor: cagándose en todo su equipo mientras le intentaban explicar que había logrado ser campeón.

Una vez se retiró, intentó ser comentarista de tv, pero casi nunca aparecía por la cabina, porque estaba follando en cualquier sitio. Finalmente, abrazó el ideal de colocarse y ver la tele y murió endroghao por ahí. Finish what you started…

Eddie Irvine

Soy el orgulloso poseedor de un autógrafo de ente onvre. El día que lo ví probar su Jaguar en Montmeló, me fascinó su descenso del monoplaza: se quitó su casco de bellísimo diseño de leopardo y largó tremendo escupitajo al suelo. Caí rendido a sus pies mientras le dije que él merecía haber ganado el mundial ’99 “sólo si el mierdas de Chumáquer te hubiese echado una mano contra el soso de Hakkinen”. Asintió sonriendo mientras me decía “That’s life”.

Eddie es el autor de la frase “Mi único interés en la vida es mirar al tío que esté a mi lado y poder decirle: conduzco más rápido que tú y mi novia está más buena que la tuya”. Implícito queda que, de no ser ese el caso, Eddie haría todo lo posible para remediar esa circunstancia. El que su última conquista conocida haya sido Pamela Anderson demuestra que el criterio siempre ha sido una de las cualidades de nuestro norirlandés favorito.

Eddie se dio a conocer dedicándose a insultar a Ayrton Senna cuando el gilipollas brasileño – se creía elegido por Dios – le recriminaba el “haberse desdoblado”. Que un novato se atreviese a plantar cara a aquel imbécil fue algo que me sedujo. Pero la grandeza de Eddie llegaría a su cenit en el ’99. Ferrari le había contratado para que fuese el perrito faldero de Chumáquer. Y fue entonces cuando el alemán tuvo la mala idea de romperse las piernas a mitad de temporada, con lo cual Eddie tuvo la oportunidad de aspirar al campeonato. En un alarde de sinceridad que le hizo merecedor de mi amor incondicional llegó a decir “Lo reconozco: el día que Chumáquer se partió las piernas fue el día más feliz de mi vida”. Luego, Michael volvió para ayudar a nuestro putero favorito en carreras memorables pero, al final, la mediocridad que domina la vida se impuso y Ferrari decidió que no ayudarían a “ese playboy” al que, además, echarían del equipo. La triste carrera de Suzuka ’99 supuso el segundo título del aburrido Hakkinen y una oportunidad perdida para el triunfo de uno de los grandes sórdidos de la F1. Para los que sólo conozcan las aburridas conferencias de prensa de hoy en día, vean la guerra de toallas y zumo de naranja entre Eddie y Mika de este vídeo.



Sus últimos años como piloto los pasó en el mediocre equipo Jaguar más pendiente de follar que de correr. Pero tuvo momentos brillantes, como el día en el que defendió al piloto probador de su escudería. Querían echarlo porque la prensa le había pillado siendo objeto de una felación mientras estaba en su coche en un garaje. Eddie, con sentido común, dijo “Me parecería lógico que le echasen si le comen la polla mientras conduce nuestro F1. Pero lo que hacía en el garaje sólo podía hacerle rendir mejor”.

Eddie, vuelve, please, aún con esas lorcillas de turista inglés que viaja a Mallorca te queremos. Feck, te queremos aún más: significa que no pierdes tu tiempo poniéndote en forma. ¿Qué mentalidad cristiana es esa de torturarse? Mejor tocarte las bolas mientras un ingeniero, haciendo trampas, logra que tu coche vaya más rápido.




Jenson Button

Toma ya: el tercer británico de la lista. Esa gran dicotomía de una nación tan clasista: produce a los mejores pilotos, músicos, actores… pero muchos de ellos tienen que ser vendidos a la chusma vía The Sun o el Mirror, y ahí es donde nace la causa de todos los males.

Llamadme clasista, pero una somera visión de la Gran Bretaña deprimida te hace recordar esa gran frase de George Orwell “There is no hope within the proles”. Uséase, que no te esperes nada del proletariado, y menos del británico. Por ello, si creéis que lo de la Alonsomanía es insoportable, leer los tabloides ensalzando a los sobrehumanos deportitstas de la Gran Bretaña, eso sí que causa auténtico vómito. Si es que lo único que vale de esos periodicuchos es la página 3 (¿Hace cuánto que no son capaces de producir una Samantha Fox?) y algún titular tipo “I did give PJ a BJ”. De esta forma, es difícil poder disfrutar al 100% de un piloto británico (como ahora con Hamilton, pero ya me cagaré en su padre más adelante).

Button, con gran sabiduría, aprovechó la “Buttonmanía” desatada en la Gran Bretaña de la mejor forma posible: en vez de hacer el papel de buen chico, decidió que lo mejor era que la fama se le subiese a la cabeza y disfrutar de algo más satisfactorio que subirse al podium. Frente a aburridos como Chumáquer y Alonso, que eligen un coñazo de país como Suiza para escaquearse del fisco, Button optó por defraudar a hacienda como hacen los hombres de bien: yéndose a Mónaco.

Durante un año, Button sólo se quitó el smoking para ir a las carreras o para ir al dormitorio. Siempre acompañado, of course.

Un amigo de Paco Fox, considerado como uno de los mayores freaks que conocemos – y eso es una acusación muy grave – diseñó un juego para móvil llamado “Jason Button GP”. “Lo sacaré el día que gane una carrera” (Button era el piloto que tenía el récord de haber logrado más puntos sin haber ganado nunca). Ese momento llegó el año pasado, pero da igual. El estar conduciendo, a día de hoy, un coche
veramente hondrrendo sigue demostrando que la calidad es intrínseca a su persona.

Nelson Piquet

Es una pena que Brasil, un país con aportaciones tan memorables como Angra y Sepultura, o algo tan bello como el Movimiento de los Sin Tierra, o un presidente que demuestra que la izquierda latinoamericana no tiene por qué producir dosis ingentes de vergüenza ajena, tenga que ser TAN famoso por cosas como “A garota de Ipanema” (La peor canción ever y uno de los peores logros de la humanidad junto a la bomba atómica), por Ronaldinho (le haría el favor de deshacerle los dientes a patadas, o lo que es peor: le llevaría a una clínica dental para que le arreglaran ese cristo) y por Ayrton Senna (no vale que digas que Dios pilota contigo si luego no tienes estigmas o levitas en el podium).

Pero en todo hay excepciones, y un putero en toda regla como Nelson Piquet es, junto las patillas de Fittipaldi, la aportación más memorable de Brasil al automovilismo. Si ya dijimos que los chistes de caca hacen gracia, Piquet los sofisticó dedicándose a cosas como mear y alertar a los ingenieros de pérdidas de líquido. De idéntica manera, a la que se inclinaban sobre el regazo para hacerle ajustes en el habitáculo, Nelson no dudaba en tirarse un sonoro cuesco. Otro de sus hits sería el derramar sutilmente agua mineral en el bolsillo de Jean-Marie Balestre (supremo de la F1 por aquel entonces) durante una conferencia de prensa. Luego, a la que Balestre se levantó, los pilotos pensaron en un caso de incontinencia o, mejor aún, en un momento tipo “Loca academia de policía”.

Pero fue su rivalidad con Nigel Mansell – su compañero de equipo en Williams - la que produjo los mejores momentos. Cada vez que lograba ir al váter antes que Nigel, no dudaba en dejarle sin papel higiénico (again, un maestro de la caca). En 1987, a la que se disputaba el mundial contra Mansell, no dudaba en declarar “¿Mi estrategia de carrera? Lo fundamental, intentar sacarle de pista en la primera curva”. O llegando al terreno de lo personal: “Mansell es un imbécil, y su mujer también. Además, es fea y gorda”. Desde la superioridad de tener una baby baby en cada circuito podía hablar el gran Nelson.

Ojalá Alonso aprenda de él y se olvide de mantener el absurdo buenrollismo entre “compañeros” de equipo. In the meantime, recordemos el mejor doblaje de la historia. Cortesía de Nelson, of course.



Gerhard Berger

Venga, un chiste malo: “Gran premio de Mónaco. Seis pilotos se matan en esa carrera. Va la mujer de Berger a la morgue a identificar el cadáver. Le enseñan uno “¡Ese no es mi Gerhard!”. Un segundo cadáver: “¡Ese no es mi Gerhard!”. Un tercero: “¡Ese no es mi Gerhard!”. Un cuarto. “¡Oiiiii! ¡Pobre Gerhard mio! ¡Nunca consigues estar entre los tres primeros!”.

Que no estés llamado a la grandeza deportiva no significa no significa que no se te idolatre en este blog. De hecho es lo que suele suceder. En el caso de Gerhard, ya de pequeño noté que era un cachondo, hasta me dediqué a acometer un retrato suyo con bellos Plastidecor en uno de mis apoteósicos arrebatos de frikismo.

La experiencia me demostró que tenía razón. Berger vivía en un constante estado de carallada que conoció su momento de gloria a la que fue compañero del sieso Ayrton Senna. Berger se empeñó en que éste se tomase la vida con más alegría. “Tengo una maleta de diseño y de un material irrompible” le decía el brasileño. Berger lo intentó comprobar empíricamente tirando la maleta desde un helicóptero. En otra ocasión Senna, tras una noche en vela gritaba a Berger “¡Cabrón! Me he pasado toda la noche cazando las ranas que metiste en mi habitación…” “¿No encontraste la serpiente?” Respondió Gerhard. ¿Y que tal el día que le intentó dar un zumo de naranja con somníferos antes del inicio de una carrera? Still, nada supera el momento en que chorizó el pasaporte de Senna y sustituyó su foto por una de unas cholas (o carallo e as dúas bolas). En la aduana, a la que vieron tan bella foto de unos genitales, no dudaron en decirle a un desconcertado Ayrton “A ver, cachondo, acompáñenos a esta habitación…”.

En última instancia, Gerhard es un consuelo para el conductor de a pie que no dedica mucho tiempo a intentar aparcar. Berger es de los pocos que ha conseguido aparcar un coche boca abajo (don’t ask). En este vídeo podéis ver, además, su habilidad con los retrovisores.



Kimi Raicoñen

Me costó cogerle el punto a este autista finlandés, pero verte varias pelis seguidas del gran Kaurismaki hace que consigas comprender a esta gente. En ese país, carente de sentido del humor, sentarse seriamente a bajarte una botella de vodka para, a continuación, liarte a hostias, es una opción vital bastante normal. Y, en cierto sentido, me resulta encomiable.

Hablando con jalop – con quien comparto la náusea hacia la épica deportiva – encomiábamos a Lance Armstrong por el mero hecho de haber padecido una extirpación de testículos para superar un cáncer. “Que triunfe lo que quiera: un capado nunca podrá ser un héroe de la juventud”. Por eso aprecio que, ahora, Alonso sea más bien sieso y displicente. Era asqueroso cuando la patología ultracompetitiva de esta gentuza de quería vender como “Un valor para la juventud”. Por eso, en el caso de Raicoñen, sería bello oír en un colegio de Helsinki “Kimi entrando en pelotas en un bar de showgirls es un ejemplo para los niños finlandeses”. O “Kimi siendo sorprendido en la cama con tres fulanas por su mujer, como si de un chiste de Arévalo se tratase, es el espejo en el que deberían reflejarse la adolescencia escandinava”.

Lo grande de Raicoñen es que, como el gran Ernesto de Hangover, es un borrachuzo irredento. A la que en Ferrari le pidieron ser más comedido en su festeira way of life, Kimi respondió que “Haré lo que me dé la gana. Si no fui campeón con McLaren no fue por beber, sino porque el coche era una porquería”.

Y, como fans de la caca que somos, recordemos la gran falta de respeto de Kimi a Chumáquer en su retirada. Y al payaso de Pelé como bello bonus. Ese día Raicoñen entró en el olimpo.



A la que Kimi se deje un
bigotón finlandés como su gran paisano Keke Rosberg, será mi héroe contemporáneo definitivo.

Alain Prost

Mi piloto favorito. Pero aquí no estamos para hablar de pilotaje, sino para preguntarnos cómo alguien tan calculador, estratégico y fino en la pista como Alain Prost podía ser tal desastre de relaciones públicas a la que abría la bocaza.
Su primer gran hit fue que le echasen de Renault por acostarse con la mujer del jefe de equipo (sí, sé que resulta de ciencia ficción que alguien tan feo floghe, pero el universo tiene catorce dimensiones espaciales y dos temporales). También, para crear ambiente de equipo, se tiró a las mujeres de sus amigos Laffite, Pironi y Arnoux.

Su estrategia para conquistar parecía sacada del Leisure Suit Larry: durante 50 días enviaba un ramo de 27 rosas a la desafortunada elegida. Al día 50, llamaba por teléfono para concertar una cita. Y casi siempre lo conseguía. Su megahit, el día que preguntó “¿Está Estefanía, la hermana de Carolina?”. No me extraña que ganase varias carreras en Mónaco.

En otro orden de cosas, son famosas sus frases “Con esta porquería de Ferrari… nadie notaría la diferencia si piloto un camión”. O la mejor “Senna pilota creyéndose inmortal. Pero quiero darle un aviso: nadie lo es”. Perfecto ejemplo de momento “¡ups!” el día que te la recuerden los periodistas. O el día que a Estefanía le recuerden que se acostó con “esto”.


Cualquier piloto japonés… No, mejor Taki Inoue

Es un hecho empíricamente constatado que los pilotos japoneses favorecen la acción. TODOS dominan la sagrada técnica de tomar la curva apoyándose en el coche de al lado y, en muchos casos, sus trazadas “creativas” son un prodigio.

Katayama, Yamamoto, Suzuki, Takuma Sato… son nombres que nos proporcionan horas incontables de disfrute, pero si alguno tiene todas las papeletas para que lo pongamos en nuestro sagrado altar, al lado del escapulario de la virgen de Linarejos, ese es Taki Inoue: este vídeo con su gran momento de gloria no necesita comentarios.



Taki siempre supo que lo de coche “
de seguridad” no tenía mucho sentido.

Tiago Monteiro

Gran premio de Indianápolis: sólo seis coches toman la salida. Tiago logra quedar tercero y, en el podium, en vez de poner cara de tristeza “por el negro día para el deporte que esta carrera ha sido”, se dedica a celebrar con euforia su “titánico logro”. Esa es la definición de ser un grande de España y Portugal.

Pero, la verdad sea dicha, este onvre está en esta lista por el mero hecho de llamarse Tiago Monteiro. Con eso es suficiente.


Los grandes jefes de equipo: Hesketh, Jordan y Briatore

El tabaco es una mierda y no hay más que hablar. Y a los fumadores que gritan “¡intolerancia!” sólo les puedo desear el mismo destino que a Gilles Villeneuve (nótese que en este post no he encomiado las “fazañas” consistentes en conducir como un cipote por la carretera: a esos machitos sólo les puedo desear una limpia muerte desde un acantilado para que no se lleven a nadie por delante). Así pues, en una época – a peich gracias, ya pasada – en la que los F1 eran cajetillas de tabaco rodantes, Lord Hesketh tuvo el coraje de realizar la mejor esponsorización ever (junto con el ATS con logos de ABBA del gran
Slim Borgudd). Me refiero a llenar el coche de logos de Penthouse y hacer posar a modelos de ese jaez en consecuencia. Tal gloria sólo osó repetirla el gran Ralf Chumáquer (cuya grandeza ya glosé aquí) cuando adquirió participaciones en una cadena de sex shops.

Eddie Jordan, por su parte, es el rock’n’roll hecho F1. ¿Qué es el ganar carreras si te puedes dedicar a vivir en la pomada, conociendo a la crème de la crème? ¿Ser colega de Hugh Grant o Ian Anderson, por ejemplo? ¡Que le den a la F1! Si, encima, llenas tu pit de todas las zorras inglesas de página 3 de The Sun, es que estás aprovechando lo mejor que la Gran Bretaña te puede ofrecer. Que, además, un zorrón como Katie Price (con sus vídeos hardcore y su empeño desmesurado por llevar más silicona que nadie en el Reino Unido) decida coger el nombre de tu equipo como nombre artístico (sí, se hace llamar “Jordan”) sólo puede significar que has hecho muchas cosas bien en la vida.


Y a los que quieran tacharme de machista por tanta foto de pit babe sólo puedo decirles que no practico yo la loa casposa de estas muchachas mojando mi puro en coñac, no. Antes bien, tanto respeto al gran putero como al gran putón (especialmente si, como en el caso de Jordan, logra tener un escándalo sexual con Ralf Schumacher). La solución a la “caspa” de las pit babes no está en prohibirlas, como hacen en los exterminables países musulmanes. Antes bien, preferiría que algún piloto saliese del armario y reivindicase su bigardo en tanga. Furthermore, haría una ley obligado a que TODOS los pilotos estuviesen buenos y, en el podium, tuviesen que estar en bolas. Needless to say, en vez de la triste metáfora del champán, los pilotos se la machacarían para eyacular los unos sobre los otros. That’s entertainment. Y al que no le guste, que se vaya a hablar de deporte por ahí.

¿Y qué decir de Flavio? ¿El cock rocker definitivo de la F1? Enciclopedias deberían escribirse sobre ente onvre, con un anexo dedicado sólo a su yate (quiero pensar que Naomi Campbell le enseñó a Alonso tres o cuatro cosas sobre la vida en el botecillo de Briatore). Por mi parte, sólo rescatar esta foto en la que Flavio le recuerda a Alonso el inmenso error que fue liarse con un sosainas como Ron Dennis.



Y ahora, lo que estábais esperando…

Por qué Lewis Hamilton es un mierda

-Pero si es el mejor rookie de la historia…
-Calla, imbécil, que no habías oído la palabra rookie en tu puta vida.

-Pero está liderando el mundial…

-¿Has leído este artículo? Eso NO importa.

-Pero, pero…
-¿Sabes que su nombre de pila es “Carl Lewis”?
-Ah, sí. Entonces sí que es un mierda.

Hasta aquí hemos leído una colección de vidas ejemplares. Prepárense para la colección de topicazos lamentables sobre la biografía de Hamilton. Detalles que convertirían hasta a “Patch Adams: the director’s cut” en una obra maestra.

Un chico negro…

Por favor, lo del deporte como superación de “desigualdades sociales” no sólo no cuela, sino que, además, es una de las peores falacias de la historia. “Hala chavalucos de las favelas, tened esperanza en la vida, que, a lo mejor, uno de entre diez millones es el próximo Ronaldinho. Eso sí, que sepa que, en vicisitud y sordidez le van a dar una patada en los dientes”

…de baja extracción social que tuvo la suerte de que Ron Dennis se fijase en él…

Lo mismo que antes: la falacia del working class hero. Aún tiene tiempo para descarriarse- es joven – pero no creo que llegue ni al nivel de clásico alemán cutrongo con mechas y casa en Mallorca de Chumáquer.

…con una mentalidad ganadora como Tiger Woods…

¿Oda a la psicopatía? Tiger Woods ejemplifica LO PEOR del deporte: ese matiz de fascismo, de dedicación absoluta. Eso se llama represión sexual, bien documentada en esa mala película del anormal de Michael Haneke “La pianista” (uséase, hasta Haneke se daba cuenta). En ese aspecto, Hamilton está casi al nivel de la gimnasia rítmica: ese abuso infantil convertido en deporte que aún no entiendo cómo es legal. Cuando sea dictador de todas las Españas, aboliré la gimnasia rítmica y pondré, en su lugar, el follar como deporte olímpico: no deja de ser una coreografía como el patinaje artístico y, con la adecuada lencería, igual de hortera.

…y que, además, va siempre acompañado por su padre…

Por favor, “familia equivale a censura”. Comparen al patético padre de Hamilton con el momento en el que Connie Montoya da un beso al gran Juan Pablo en el Gran Premio de Mónaco. O, como es más mi caso, ver a la señora Hakkinen (a mi me gustan las mujeres que te peguen un poquito) metiéndole caña al soso de su marido cuando la caga.







…y, encima, le da los trofeos a su hermano tonto que va en silla de ruedas…

¿Niños enfermos? Esto ya es ponérmelo demasiado fácil para enarbolar el “Patch Adams director’s cut”. El peor tópico telefilmeiro llevado a su máxima expresión. Pedirme que el patético momento en el que ese Andrés Montes pequeñito recoge los trofeos del hermano me produzca ternura es como pedirme que no me hagan gracia los chistes de la madre del Rey. ¿No habíamos dicho que la única celebración digna es que Estefanía de Monaco haga de ti un onvre? Pues eso.

Los pocos momentos en los que el lamentable Hamilton se sale del guión sólo terminan de empeorar el asunto: ya sea siendo un llorica después del Gran Premio de Mónaco o, lo que es todavía más patético: ¡rapeando! Si, señores, para terminar de redondear el topicazo, Lewis rapea. Y, aunque confieso que por esos azahares de la vida le he cogido el puntillo a ciertas cosas de Violadores del Verso o que canto sordideces de Frank T., está claro que, el rap, en líneas generales, y desde un punto de vista del puterío que tanto encomiamos, sólo te puede conducir a lo peor. ¿Se imaginan a David Lee Roth diciendo “Bitch, get into my car”? Claro que no. ¿Y cuántas palabras riman con “bitch”?

¿Convierte la indigencia Hamiltoniana automáticamente a Alonso en un grande? No pero casi. El asturiano tiene más posibilidades de seguir el recto camino que ese inglés idolatrado por the proles. Mi sugerencia: que recupere el espíritu de las mejores rivalidades Prost-Senna o Mansell-Piquet. Que le robe el papel higiénico, que haga chistes sobre su hermano, que se comporte como Ali G in da house… Todo un mundo de posibilidades se abre ante Alonso para aplastar a la mediocridad y conquistar la auténtica grandeza: aunque sea tirándose a la primera descerebrada inglesa que Hamilton pretenda. “Nobody calls me bitch a slut”.

(Este artículo está dedicado al onvre que, con su búsqueda en Google nos demostró que este blog está de los primeros si se busca “
puto Hamilton”. Cosas veredes).

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