30 septiembre 2007

Ya le he escrito una carta - y un email - al gobernador de Libia

(Post publicado mientras aún dura la resaca del sobrenatural concierto con el que Battiato nos regaló a un montón de fistros que allí nos reunimos. "Yo quiero verte danzar" fue el pistoletazo de salida con el que Paco Fox, lanavajaenelojo y un servidor de ustedes nos lanzamos, bailando peligrosamente escaleras abajo, hacia la primera fila de un palacio de congresos en el que la gente se comportaba con un exceso de civilización. A partir de ahí, cundió el ejemplo, el caos y la anarquía. Franco nos dió la mano a los de la primera fila mientras himnos como "Cuccurruccucu", "El animal", "Bandiera Bianca" o "E ti vengo cercare" hacían que mi elegante camisa chorrease sudor como en un concierto de Maiden. El broche final, con "Centro di gravitá permanente" sólo nos reafirmó en lo épico e histórico del momento)



Dice la canción de nuestro reverenciado Franco Battiato:




En una casa antigua y noble
llena de fotos de Reinas y Banderas
esperábamos al Cónsul Italiano.

El final del verano fue veloz
nubes en el cielo y hojas en la tierra
cargado de lujuria se presentó el otoño en Bengasi.

Sabes que es deseo de la mano
el impulso de tocarla.
Ya le he escrito una carta al Gobernador de Libia.
Los traficantes de armas
con los ministros pasan las fronteras
ir a hacer la guerra en Trípoli.

Por el cielo van los coros de soldados
contra Al Mukhtar y Lawrance de Arabia
con canciones populares de tabernas.

Sabes que el idiota de Graziani
seguro que acaba mal.
Ya le he escrito una carta al Gobernador de Libia.

Y como, en el caso de Battiato, soy fan acérrimo a la par que acrítico, me he dedicado a facer investigación interneteira. La figura del gobernador de Libia creo que era una cosa de la era Mussolini (lo siento, lo del colonialismo italiano no es mi fuerte: tengo momentos ociosos pero nunca me ha dado por ahí). Sin embargo, el cónsul italiano sí que sigue residiendo, como dice la canción, en Bengasi. Así que nunca es tarde para seguir el ejemplo de Battiato y enviarle una carta. Con la letra de la canción, por supuesto. En la encuesta que les hicimos, un 45% de ustedes afirmó que nada les haría más felices que que lo hiciésemos. Un 25% dijo que "sí, por supuesto" que se la enviásemos. Sólo un 35% se decantó por el hecho de que "no era un tubo" Yo ya se la he enviado. Si alguien quiere seguir el ejemplo, aquí tiene la dirección:

Bengasi - Consolato Generale
Cons. Leg. Giovanni Franco Maria Pirrello
Shara Omar Ebn El Aas, 105
Bengasi
Libia

O, si prefiere escribirle un mail:
cogitabengasi@lttnet.net

A continuación, para facilitarsus la vida, incluyo una carta modelo para enviar al consule italiano. Y también la canción de Battiato, por aquello de la curiosidad o por si queréis enviársela como attachment. Que cada cual tenga su creatividad.

¿Es que tenéis algo mejor que hacer? Ya veréis con que ímpetu y razón podréis cantar "Le he escrito yaaaa una cartaaaa al gobeeeernadoooor de Libia". No podéis renunciar a tan bella sensación.


24 septiembre 2007

30 diálogos terribles de la historia del cine: Otro post participativo

Como ya cometaba al hablar de Mecano, escribir rimas es difícil. Casi tanto como hacer diálogos. Mis pocos intentos en este sentido han arrojado peores resultados que una teleserie de Paco Arango. Por lo tanto, tiendo a ser bastante benevolente con este tema. Una frase me vale con tal de que esconda un buen chiste o buenas intenciones. Pero hay veces que no hay manera de salvar un diálogo de la total ignominia. Hace unos meses, cuando hice un artículo preguntándome qué puñetas es una mala película, corté una pequeña sección basada en precisamente en este tema. Como estoy un tanto atareado, decidí recuperar lo eliminado y ampliarlo al típico top 10 de frases bazofieras. Sin embargo, me di cuanta de que no sólo me era totalmente imposible reducir el número de candidatas, sino que, además, tenía claro de una manera muy socrática que debería de haber un buen número más de desastres que había dejado escapar. Por lo tanto, os propongo un repaso por categorías de todos los diálogos lamentables que he conseguido recopilar, proponiendo al mismo tiempo que colaborésis en amor casposo con vuestras porpias aportaciones.

1.- El chiste malo
Cualquier persona que haya visto, bien ‘Date Movie’, bien ‘Despega como puedas’, ‘Espía como puedas’ o ‘Penetra analmente a Leslie Nielsen como puedas’, sabe que no hay nada más doloroso que un chiste malo. Por eso, si un chascarrillo, aun sonando poco natural, es al menos ocurrente, se merece mi aplauso. Por ejemplo, hay que ser aburrido para crucificar las frases lapidarias de las películas de acción ochenteras. En varias listas de frases malas que he estado mirando por internet (sí, amigos: ¡investigo para estos artículos!), aparecían muchas grandísimas ocurrencias de películas de acción que yo defiendo. Con remordimientos, pero las defiendo. Porque hay que tener un poco de inventiva y mucha poca vergüenza para escribir esos grandes clásicos estilo “No tengo tiempo para sangrar” (Depredador), “Considéralo un divorcio” (Desafío Total), “Tú eres la plaga, yo soy la cura” (Cobra) o, incluso, este diálogo recién descubierto en mis aventuras Cannon:
Malo: Que te den por culo
Chuck (¿Qué no sabes qué Chuck? ¡Necio!): No es una opción. (Chuck da una patada giratoria y tira al malo al agua)
Todos esos son chascarrillos realmente difíciles de hacer. Y eso lo sabemos porque, a veces, salen muy, muy mal. Hediondamente mal. Más o menos como esto:

DIÁLOGO DOLOROSO 1:
Tormenta: ¿Sabes lo que le pasa a un sapo cuando le cae un rayo? Lo mismo que le pasa a todo lo demás. (X-Men)

Una de dos: o los guionistas tenían un día muy malo, o su objetivo era comunicar al espectador que Tormenta es una imbécil sin gracia que ni siquiera sabe que su pelucón blanco le sienta peor que el mullet a Tom Hanks. Claro que la cumbre del chiste malo de película de acción llegó, como no, con el clásico ‘Batman y Robin’ y los peores juegos de palabras de la historia a cargo de un Arnold Schwarzenegger haciendo todos los chistes posibles con las palabras ‘frío’, ‘hielo’ o ‘fresco’. Bueno, más que todos, sorprendentemente se quedaron sólo con los malos. Por aquello de que se entiendan, los dejaré en el idioma original:

DIÁLOGOS DOLOROSOS 2:
Arnold: Hey everyone: chill (‘Chill’ es tanto ‘fresco’ como ‘¡calma!’ o '¡quietos!')
Arnold: Freeze in hell, Batman (Por ‘Burn in hell’, ‘Arde en el infierno’)
Arnold: Cool Party (‘Cool’ significa ‘fresco’ y ‘Guay’)
Arnold: Let’s kick some ice (Por ‘Kick some ass’, esto es, más o menos dar una paliza)

Etc, etc, etc. Supongo que pilláis el concepto. Y pensar que Akiva Goldsman (perpetrador del guión) tiene un Oscar. Claro, que también ganó uno aquella canción de ‘It’s Hard Out Here for a Pimp’. Y sin que el universo se autodestruyera avergonzado en un momento de claridez mental.

Mi problema es que, gracias a dios, no tengo memoria para los chistes malos. Mi cerebro, que suele almacenar versos chungos de canciones y filmografías de los peores directores de la historia, tiene la delicadeza de eliminar todo rastro de bromas estomagantes. Probablemente a sabiendas de que si la sordidez toma una sola neurona más de mi masa encefálica, lo más probable es que estalle o acabe mutando a escobilla de retrete. O a que los espantosos juegos de palabras de C3PO en el Episodio 2 (“This is such a drag / I’m quite besides myself”) me quitaron en su momento las ganas de vivir.

Así que os dejo dos aportaciones de mi compañero (haced todas las implicaciones gays de la palabra que queráis: serán acertadas) Vicisitud. La primera pertenece a una película que el muy cabrón me regaló. Tenga usted cumpleaños para esto:

DIÁLOGO DOLOROSO 3:
Capitán: Lucharemos con uñas y dientes
Soldado: No puedo, señor, tengo caries
Capitán: Pues con las uñas
Soldado: No puedo, señor. Me las como, señor.

Esta maravilla del ingenio aparece en ‘El Equipo Aaaarg’, no-película sobre la que podéis leer un magnífico comentario aquí.

Pero éste no es el peor chiste de la historia. Si bien muchos otros han optado al puesto (incluso Billy Wilder, el mejor escritor de comedia de la historia del cine, hizo aquello de “Este queso es inaceptable: está lleno de agujeros” en ‘Uno, dos tres’), a juicio de los creadores de este blog sólo uno lo ha conseguido. No sabemos si Alfonso Paso, Rafael J. Salvia o el mítico Tono, pues los tres firmaron el guión de ‘La mujer es un buen negocio’, atentado cinematográfico que incluye el chiste más espantoso ever. Nada más empezar la película se produce este momento mítico (pueden leer más sobre ello aquí):

DIÁLOGO DOLOROSO 4:

Antonio Garisa: ‘For Sale’. ¡A ver si es verdad eso de que sale!


Impresionante

2.- Romanticismo vicisitúdico

El cine nos dijo, vía ‘Love Story’, que “el amor significa no tener que decir lo siento”. Lo malo es que es mentira. En realidad, el amor significa decir muchas, muchas chorradas. Pero los guionistas deberían saber en qué punto parar. Hay frases como “¿Todavía está lloviendo? No me había dado cuenta” (dicha por Andie MacDowell en ‘Cuatro bodas y un funeral’ bajo una lluvia torrencial) que, si bien se podrían justificar en un contexto de amor exacerbado y gilipollas, también servirían como prueba en un juicio por enajenación mental. Por lo tanto, no es de extrañar que en este apartado haya encontrado una gran cantidad de joyas.

Comencemos por la frase chunga más recordada por todo el frikismo español: esa del Episodio II (Los Mariclones Atacan) sobre el crecimiento de apéndices. Y digo que es mítico sólo en nuestro país debido a que se trata de un invento de un traductor, bien politoxicómano, bien con ganas de cachondeo. El original es “The closer I get to you, the worse it gets”, algo que bién podría ser un resumen de la trama de la película. Pero nuestro amigo traductor decidió mejorar el guión con un bonito:

DIÁLOGO DOLOROSO 5:
Jaiden Cristensen: Cuanto más cerca estoy de ti, más crece.

Y, claro, todos los que veíamos a la Natalia con esos corpiños cláramente diseñados por un heterosexual, nos descojonamos.

Algunos dirán que estos diálogos pastelosos y artificiales de Lucas son, en realidad, un guiño a los romances del cine clásico. Y, curiosamente, tendrían razón: Hay mucha bazofia ñoña artificiosa si miras con atención en el Hollywood de antaño. Cuando trabajaba seleccionando los títulos de un extinto canal de cine antiguo, me di cuenta de que el paso del tiempo hace que cualquier cosa se convierta automáticamente en un clásico. Hubo un momento en el que nos planteamos emitir ‘La policía montada del Canadá’, de Cecil B.DeMille. Entonces nos encontramos estas perlas:

DIÁLOGO DOLOROSO 6:
Madeleine Carroll: ¡Oh, Dusty! ¡Eres un ángel de cuero! Gary Cooper: (Ríe) Estaría curioso con alas de cuero.

DIÁLOGO DOLOROSO 7:
Robert Preston: Eres el veneno más dulce que haya entrado en la sangre de un hombre. ¡Te amo! ¡Te quiero! Escucha, gatita montesa, eres la única cosa real que me ha pasado. Y nadie – nada – podría hacer que te dejara marchar.
Paulette Goddard: ¡Oh, te quiero tan terriblemente que me siento bien! Mi corazón canta como un pájaro!

No en vano ambos aparecen en el imprescindible libro ‘The Golden Turkey Awards’. También nominada a ‘Peor diálogo romántico’ en el mismo volumen estaba este gran clásico que todos los aficionados al mal cine recuerdan con cariño:

DIÁLOGO DOLOROSO 8:
Ella: Ten cuidado. No te preocupes por mí.
Él: ¡Ah, eres la única cosa por la que me preocupo!. Olvídate de los platillos volantes. ¡Están ahí arriba! Pero hay algo en ese cementerio – y está demasiado cerca.
Ella: Los platillos están ahí arriba. Y el cementerio está allí fuera. Pero yo estaré allí dentro (señala a la casa) Ahora. Alejándome de tus salvajes lejanías azules.

Como no, se trata de ‘Plan 9 from Outer Space’. O creían que iba a ir de chulo y alternativo y no iba a meter a Ed Wood por ser la opción más evidente. Pues no señores. Cuando se habla de diálogos hilarantes, Wood nunca falla. Claro, que hay otros clásicos recientes. Uno en particular, de título ‘Shark Attack 3: Megalodon’ está ganando adeptos día a día por su increíble estulticia. Y por esta frase:

DIÁLOGO DOLOROSO 9:
Ella: (suspira) Estoy destrozada.
Él: Sí, yo también. Pero… sabes… Estoy realmente nervioso. ¿Qué me dirías si te llevo a casa y te como el chichi?

Se supone que el chispeante diálogo era sólo un chiste y no iba a estar en la película. Pero alguien, con mucho critério, decidió conservar el plano. Algo que no me extraña nada, pues me acabo de dar cuenta de que la compañía productora es Nu Image, fundada ni más ni menos por Avi Lerner y Boaz Davidson, gente muy curtida en el cine casposo: ¡Eran miembros de la Cannon en sus días gloriosos! Qué pequeño es el mundo de la cutrez.

Sin embargo, si queremos encontrar diálogos más ridículos todavía, Estados Unidos o Israel no son los países a los que debemos mirar. Hay una nación que nunca falla a la hora de proveernos de descojone cinematográfico. Hablamos efectivamente, de Italia.

El cine de género ochentero italiano, cuyas miserias tantas veces hemos glosado en este blog, es una mina para diálogos inductores al suicidio. En el apartado romántico, hay dos pequeñas joyas que me gustan especialmente. Una viene de la ya conocida por estos lares ‘Puma Man’, en la que el guionista se anticipó a uno de los mejores chistes de ‘Mi super exnovia’ cuando reflexionó sobre la vida sexual de los superhéroes:

DIÁLOGO DOLOROSO 10:
Jane: ¿Has hecho alguna vez el amor en el aire?
Puma Man: ¿Cómo si no vas a hacer pequeños Puma Men?

Claro que no podemos pasar por alto a Claudio Fragasso, insigne guionista, colaborador habitual del fallecido Bruno Mattei, que en uno de sus trabajos como director consiguió parir un flim que, poco a poco, se ha convertido en una de las películas malas más famosas de la historia (y con lo de ‘famosas’ me refiero a los tres o cuatro perturbados como yo que nos encargamos de glosar estas cosas): ‘Troll 2’ (Cerebro 0). Su fama se debe a momentos como éste:

DIÁLOGO DOLOROSO 11:
Chica irritante: ¡Elliott! ¿Qué clase de broma idiota es ésta? ¡Me has dado un susto de cojones!
Chaval calentorro: Soy víctima de un éxtasis nocturno. Tengo que liberar mis instintos más bajos con una mujer.
Chica irritante: ¡Libera tus instintos en el baño!
Chaval calentorro: ¿Estás loca? ¿Intentas que me convierta en homosexual?
Chica irritante: No sería muy difícil, si mi padre te descubre aquí te cortaría tus huevecillos y se los comería. ¡No te aguanta!

La lógica de este increíble intercambio de palabras se me escapa. ¿Quiere decir Fragasso que si nos hacemos pajas nos volveremos homosexuales? Por consiguiente, ¿es toda la población masculina homosexual? Amigos, Troll 2 plantea cuestiones muy inquietantes…

Muchos más diálogos sexuales chungos se han escuchado en las salas. Un clásico menor es el intraducible esputo de palabras de ‘Aeropuerto 79’ en el que Sylvia Kristel se insunúa a George Kennedy (sí, sí: a George Kennedy) diciéndole que los pilotos son muy machos. A lo cual contesta el rechoncho actor: “They don’t call it a ‘cock-pit’ for nothing”. Pero, a pesar de todo, la proposición sexual más lamentable de la historia del cine vuelve a venir, como no, de España. Cuando escuché por primera vez esta frase (no verbatim, pues no he encontrado el guión por los internetes) del pestiño de ‘Días Contados’, no daba crédito:

DIÁLOGO DOLOROSO 12:
Carmelo Gómez (a Ruth Gabriel, espatarrada en la bañera): Tienes un chocho bonito.

¡Nooooo! ¡No lo tiene! Esa cosa pelúa de Ruth Gabriel en la que toda una civilización podría crecer y pasar desapecibida hasta que entrara en la era espacial podría describirse de muchas maneras (‘espeluznante’ es la primera que se me viene a la mente), pero nunca como ‘bonita’. Aunque claro puede ser que el que la diga tenga una parafilia por los arbustos y las malas actrices. Que hay gente para todo: incluso (lo que es más grave), hay alguno que dice que esta película es buena.


3.- ¡Ciencia!

Quería empezar este apartado con todo el discurso del Arquitecto en ‘Matrix Reloaded’. Pero no tengo ganas de rememorar lo que sin duda es uno de los más lamentables espisodios de la historia de los blockbusters. Así que iremos directamente a la serie B, que siempre da mucha risa. Sobre todo las películas más antiguas. Antes de la llegada de Google y la Wikipedia, gracias a los cuales todo el mundo puede decir cosas erróneas pero que al menos suenan bien, la ciencia en el cine consistía tanto en probetas con líquidos burbujeantes (y, cuando había color, fluorescentes), como en la unión al azar de palabras que sonaran más o menos a algo. Pongamos este maravilloso ejemplo de ‘El hombre que salva al mundo’, más conocida como ‘La guerra de las galaxias turca’:

DIÁLOGO DOLOROSO 13:
Narrador: Nuestro mundo, que se formó en materia a partir de rayos y energía hace cinco billones de años, se fragmentó en nubes de polvo bajo la influencia de los rayos láser en la Era Galáctica.

Claro que, a veces, el guionista pensaba que podía fusionar términos de vago sonido científico con una cierta lógica absurda subyacente. Y el maestro de eso era, por supuesto, Ed Wood. Además de la maravillosa explicación de supuesto ‘Plan 9 del espacio exterior’ (“Electrodos de larga distancia disparados a las glándulas pineales y pituitarias de los fallecidos recientemente”), nos regaló, en la misma película, el magnífico concepto de la ‘Solarita’, la gran fuerza del universo que ni Isaac Asimov pudo imaginar, probablemente porque no solía tomar estupefacientes:

DIÁLOGO DOLOROSO 14:
Eros: Coge una lata de gasolina. Digamos que esa lata de gasolina es el sol. Ahora, se vierte una fina línea en una bola, la cual representa La Tierra. Así, la gasolina representa la luz del sol, las partículas solares. Aquí saturamos la pelota con la gasolina, la luz del sol. Entonces, acercamos una llama a la pelota. La llama viajará rápidamente alrededor de la tierra, de vuelta a lo largo de la línea de gasolina hasta la lata, o el mismo sol. Explotará a la fuente y se extenderá a cualquier lugar que toque la gasolina, nuesta luz del sol. Exploten la luz del sol aquí, señores, y explotarán el universo. Exploten la luz del sol aquí y una reacción en cadea ocurrirá directamente hacia el mismo sol y a todos los planetas que toque la luz del sol, a cada planeta del universo. Por eso hay que detenerles. Por eso hay que usar cualquier recurso para detenerles. De manera amistosa o tal y como parece que quieren que sea.
Teniente: Está loco.

No se puede negar que cierta lógica tiene. Lo cual me lleva a pensar que los mejores momentos acontecen más bien cuando los guionistas no se preocupan en utilizar palabros ni explicaciones rocambolescas y se contentan con hacer que el personaje sea directamente imbécil. El caso más usual se da cuando un médico observa algún cadáver (generalmente con un tiro en la cabeza o carbonizado) y afirma con toda seguridad:

DIÁLOGO DOLOROSO 15: Dr. Lisa Benson (mirando un cadáver humeante): Está muerto.

La película es ‘Batalla más allá de las estrellas’, de Kinji Fukasaku. Pero bien podrían haberse encontrado mil ejemplos más. Sólo que no lo he hecho. Más bien me he dedicado a buscar otras frases en las que el discurrir mental sea fluido como una diarrea. Tenemos el ejemplo de este señor de ‘Cat Women on the Moon’, al que seguro que todos sus compañeros llamaban cariñosamente ‘Capitán obvio’:

DIÁLOGO DOLOROSO 16: Kip: Donde hay oxígeno, hay vida. Y donde hay vida, hay… muerte.

O al omnipresente narrador de ‘The Beast of Yucca Flats’, que nos regala esta perla de sabiduría que haría palidecer de envidia al maetro Muten:

DIÁLOGO DOLOROSO 17: Narrador: Tocas un botón… ocurren cosas. Un científico se convierte en una bestia.

Sin duda a este hombre hay que proponerlo para el premio Nobel de gimnasia. Porque ni siquiera la gente con estudios está libre de la imbecilidad. Ya lo decía Lee Van Cleef en ‘It Conquered the World’:

DIÁLOGO DOLOROSO 18: Dr. Tom Anderson: La estupidez impide el progreso de la humanidad. Yo mismo he sido una víctima continua de ello.

¡Así se habla, doctor! ¡Dí que sí! ¡Dando confianza a los que te rodean!


4.- Inteligencia sobrenatural y metafísica

Claro que el pensamiento absurdo es algo común a todo clásico del cine-estercolero. Recientemente hemos podido presenciar un momento de raciocinio aberrante en la que sin duda es la mejor peor película de todos los tiempos: Transformers.

DIÁLOGO DOLOROSO 19:
Un genio de la lógica: Ciudad Misión está a 22 millas de aquí. Sacaremos ese cubo fuera de aquí y lo esconderemos en alguna parte de la ciudad.

Muy bien. Con un grupo de robots gigantes totalmente armados buscando el aparato. Ese hombre es un genio. O estaba escuchando las recomendaciones del guionista, diciéndolo que abandonara su cerebro y pensara en lo chulo que iba a quedar una gran batalla entre rascacielos.

Por supuesto, militares y políticos no son siempre los únicos personajes cuyo discurrir mental se asemeja al de Homer Simpson. Ed Wood nos ofreció, en ‘Plan 9’, la siguiente visión entomológica detrás de toda investigación policial:

DIÁLOGO DOLOROSO 20:
Detective: Una cosa está clara. El inspector Clay está muerto… y alguien es responsable.

Seguro que ni Grissom ni Horatio han pronunciado nunca tan inteligente deducción. Aunque, claro está, a veces son las víctimas las que tienen muy claro cómo manejar la terminología criminal, tal y como demostró Ray Milland (a muchos años y planos de realidad de su Oscar por ‘Días sin huella’) en ‘La cosa con dos cabezas’:

DIÁLOGO DOLOROSO 21 Ray: ¡Si cortas mi cabeza, será un asesinato!

Claro que esto podría ser una broma, pues la película parecía ser una comedia. Algo que no puede alegar en su defensa los guionistas de… ‘House of the Dead’. Sí, amiguitos: por fin una película de Uwe Boll. Sé que lo echábais de menos:

DIÁLOGO DOLOROSO 22:
Chaval: Hiciste todo esto para ser inmortal. ¿Por qué?
Jefazo Zombi: ¡Para vivir siempre!

Una lógica aplastante que no puede ser discutida. Como tampoco la altísima probabilidad de que el cerebro del buen señor se haya podrido a lo largo de los años. Es lo que tiene ser zombi. O barman. Si no, no se explica esta sabia sentencia de Brian Brown en ‘Cocktail’:

DIÁLOGO DOLOROSO 23:
Brian: No me importa cómo de liberal llegue a ser este mundo: Un hombre siempre será juzgado por la cantidad de alcohol que pueda tomar. Y una mujer se impresionará por ello, le guste o no.

Claro que peor que un zombi sin cerebro o un barman políticamente incorrecto es, como todo el mundo sabe, un extraterrestre con una pecera en la cabeza y cuerpo de gorila. O al menos eso pensaba el legendario Phil Tucker en ‘Robot Monster’:

DIÁLOGO DOLOROSO 24:
Ro-Man: No puedo. Pero, aun así, debo. ¿Cómo se calcula eso? ¿En qué punto del gráfico convergen ‘deber’ y ‘poder’. Y aun así debo. Pero no puedo.

Estos problemas metafísicos del temible guionista Wyott Ordung (no, en serio: se llamaba así) seguro que influyeron en la impresionable mente del joven director y fueron los que causaron su intento de suicidio al poco de estrenarse la película. Y es que, amigos, no debemos subestimar el poder de fascinación de una cuestión filosófica planteada por un imbécil.


5.- Miscelánea

El cine es un arte extraño en el que todo vale. Ya nos lo decía un agudo director ficticio en ‘Aulliodos 3’:

DIÁLOGO DOLOROSO 25:
Director: Esta película va sobre cultura pop. En los sesenta, Andy Warhol nos mostró que el pop podía ser una de las bellas artes. En realidad, todo es arte. De eso se trata todo esto. Por ejemplo, en tu primera escena serás violada en grupo por cuatro monstruos.

Pero hay frases que alcanzan un nivel de extrañeza tal que superarían los límites de lo admisible incluso en Gibraltar. Ya habíamos hablado en este mismo blog del esa maravillosa línea de ‘Campo de batalla: La tierra’ en la que Kelly Preston nos regalaba el secreto para una vida próspera:

DIÁLOGO DOLOROSO 26:
Mrs. Travolta: Te voy a hacer más feliz que un bebé Psychlo con una dieta de Kerbango

Sin embargo, mi perpetrador favorito de frases what the fuck es, como no, Torgo, el más querido personaje del gran clásico ‘Manos: The Hands of fate’. El pobre onvre, en un alarde de incoherencia mental y pensamiento oblicuo, comenta:

DIÁLOGO DOLOROSO 27: Torgo: ¡La niña! No creo que el amo lo apruebe. ¡El perro! Al amo no le gustan los niños.

Está claro que el guionista creó a este personaje con la intención de que todas sus palabras desafiaran las expectativas del espectador. O quizá estaba borracho. Sí, es lo más probable. Porque así se explicaría el gran momento de una de las mujeres del malvado sacerdote cuando grita:

DIÁLOGO DOLOROSO 28: Esposa del amo: Todo lo que queremos es la mujer. Todos deben morir. Ni siquiera queremos a la mujer.

Está claro que la coherencia y esta señora no sólo no sólo son extrañas: más bien viven en plano de existencia distinto. Pero no hay que buscar lógica en películas de serie Z. Y tampoco en algunas superproducciones. Porque fue una de éstas, la inolvidable ‘Super Mario Bros’, la que nos regaló uno de los más vergonzosos lemas de la historia del cine:

DIÁLOGO DOLOROSO 29:
Luigi: Confía en los hongos.
Y es que está claro que los guionistas son y han sido, en su mayoría, una panda de drojadictos. Porque sólo bajo el efecto de estupefacientes una mala idea puede disfrazarse de música celestial. Ya lo decía el malo de Ator 2:

DIÁLOGO DOLOROSO 30:
Zor: La línea divisoria entre la bondad y la estupidez… es muy, muy sutil.

17 septiembre 2007

Iron Maiden y Galicia: Brusiño e o puto Harris






Todo va por rachas, y parece que recientemente nuestros pechos se han hinchado con el poder del metal... y de Julio Iglesias, también, vale. Pero todo, para bien o para mal, es transitorio. Probablemente la próxima racha que nos dé sea de porno y socialismo, así que disfruten del metal mientras puedan.

Lo que hoy humildemente quiero presentar es un bello documento que relata la llegada de Iron Maiden al aeropuerto de A Coruña. Muchos son los que tachan al fan heavy medio de ser un garrulo que impide que los grupos “evolucionen”. Pero la mayoría de la gente que dice eso no ama – más bien lo contrario – el metal. La realidad es que los jebis son uno de los últimos reductos del auténtico amor y, por encima de todo, de la FIDELIDAD. Nada hay más duro que ser idolatrado por gafapastas: sus dos semanas de adoración absoluta pueden verse reducidas a una si osas gustarle a diez personas más de las que debes. Pero un amor de metal ni se compra ni se vende ni se oxida. Sólo las fans de Take That pueden competir en pureza con los de Maiden. ¿A alguien le extraña que sólo el Super Pop y el Heavy Rock sean las dos únicas revistas que regalan pegatinas para la carpeta?

Por supuesto, que la llegada de Maiden se produzca en Galicia es un bonus añadido. Llamarle “¡Llani!” a Yannick Gers es algo que se podría producir tanto en Guarromán como en Argamasilla de Calatrava. Pero... ¿Qué me dicen de “¡O puto Harris!”? ¿o de ese “Apura, neno, tírame la foto”? Aunque, por supuesto, todo palidece en comparación con ese grito de atención a Bruce Dickinson “¡Brus! ¡Brusiño!”. Si, después de ver este vídeo no le llaman “Brusiño” a Bruce forever and ever, es que, como dijo el Camarada, tienen una patata hervida donde debería haber un corazón. Enjoy the video:


ACTUALIZACIÓN: versión remontada en febrero del 2014:




(y, aquí, el clip original)


video


No soy nacionalista, pero tales arrebatos galaicos me hacen pensar lo mismo que a mi querido Jorge Morán (autor del vídeo). Si los españoles e italianos se pelean por Cristóbal Colón y los franceses afirman que Picasso era gabacho. ¿Por qué no reivindicar lo que de verdad amamos?

¡El metal nació en Carballo!

Bigotón 2: La Moustache

Antes que nada, véanse este trailer. Les prometo que en toda la puta historia verán nada mejor. ¡Por el bigote de mi padre se lo juro, oigan!



Todas las personas que lo han visto han experimentado la misma reacción:
-¿Pero esto es de coña?
-No, es MUY en serio.
-¿Pero esta peli existe de verdad?
-Si, señora, presentada en Cannes.
-Pero ese tráiler lo has hecho tú... ¿no?
-Todo apunta en esa dirección pero, mal que me pese, yo NO soy el autor de esa obra maestra.


Sí, amigos, se puede sostener TODA una película en torno a si un señor tenía o no bigotón. Desde ese inicio tan dramático en el que Vincent Lindon vacila a la hora de cortarse o no el mostacho, todo en esta obra maestra del cine gabacho es una cumbre absoluta de la vicisitud. Y es que, una vez que se lo corta, “La Moustache” nos ofrece quince minutos de histeria cinematográfica basados en si la mujer se va a dar cuenta o no de una puta vez del afeitado de su marido. Eso es tensión contenida, y no lo del soplagaitas del Scorsese.

Luego, todo va a más con ese momento cumbre que se produce cuando Vincent Lindon, una vez que la mujer le ha dicho que “¡Jamás has tenido bigote!”, comprueba, en unas fotos de su viaje a Bali que sí lo ha tenido. Entonces se pregunta: “¿Y si resulta que sólo salgo con bigotón en las fotos?”. Al lado de esto, todos los argumentos del cine de terror asiático se quedan en NADA. ¿O me van a comparar a niños que andan por el techo con un bigotón como dios manda? Así pues, Vincent se hace una foto en el fotomatón de su barrio para ver si sale con bigote. Que no, que no estoy de coña, la película es así de seria. Aluego, le pregunta a una amable señora policía si ve diferencia entre las fotos del fotomatón y la de su DNI. “Evidement...” dice la señora. Es ahora cuando se plantea el enigma Hitchcockiano:

a) ¿Es un complot de los que le rodean?
b) En caso de ser un complot... ¿Por qué con el bigote?
c) ¿Qué secretos para la seguridad nacional francesa se ocultan tras el complot del bigotón?
d) O, era cierto que Vincent nunca tuvo bigote y estábamos ante una película del género “
¡¡¡Era yo!!!” aplicado al bigotón.

Cualquiera de estas cuatro opciones sería suficiente para llenar de espanto y pavor nuestros occidentales corazones. Pero la resolución del flint es todavía PEOR. A la hora de película, cuando la histeria moustachil ya se ha disparado, Vincent huye a... ¡Hong Kong! Y, entonces, “La Moustache”, durante la siguiente media hora... ¡Se convierte en una película de género Dillinger! El pobre protagonista viaja constantemente en ferry de una orilla a otra de la ciudad mientras yo, entre aplausos, sólo podía articular “Jamás debiste afeitarte el bigotón ¡necio!”.

Llegamos a los últimos minutos, el momento en que la película nos debería desvelar si se trataba de un “¡¡¡Era yo!!!” o de un complot. Pues bien... *SPOILER* “La Moustache” se convierte en una película de David Lynch ¡y decide no darnos la solución! *FIN DEL SPOILER*.
Lanavajaenelojo quería matarme para luego abrirse las venas. Mientras, mi cerebro estaba tratando de armar todas las piezas del puzzle. Al final, decidí que la película había optado por lo correcto: ¿Para qué convertir al bigotón en un McGuffin que bien pudiera haber sido las patillas, el tupé o los lolailillos? No señor, el bigotón es algo feérico, telúrico, metafórico, que merece más respeto y reverencia mística que el crecimiento de las barbas del Santo Cristo de Ourense.

Así, buceando en los comentarios de la imdb, un gran onvre – que sólo puede ser el director de este peliculón – nos daba LA SOLUCIÓN al sobrenatural enigma que plantea “La Moustache”. En realidad, el bigotón es el símbolo de la identidad nacional francesa. Pero como el prota vive desarraigado – come sushi, su mujer lleva kimono, viajan a Bali, luego se va a Hong Kong a hacer el
Dillinger – ése desarraigo y sus vicisitudes se encarnan en el rasurado del bigotón. Eso sí que es fuerza metafórica y lo demás son hostias.

Desde este humilde blog, insto a todo el mundo a que se vea “La Moustache” y reflexione (cagarse en mi no vale). Best movie ever? Es una candidata, sin duda... Además, a quien le quede bien – no porta bigotón quien quiere, sino quien se lo merece - ¡que se lo deje crecer, joer! Fijaos en los signos a vuestro alrededor: sólo en el bigotón hallaréis la verdadera calidad:
Borat, Earl, George Clooney disfrazado de Freddie Mercury en Ocean’s 13, Alatriste, Joel, Ross y Chandler cuando quisieron imitar, llenos de admiración, a Tom Selleck en el mejor momento de “Friends” y, SIEMPRE Y POR SIEMPRE, y ahora a punto de estrenar peliculón con Uwe Boll el inimitable Burt Reynolds.

La reverencia a los héroes del bigotón es una asignatura obligada. Hoy, rescatamos para el recuerdo a ese gran onvre que dobló a Jennifer Beals en algunos de los movimientos más complicados de la imprescindible “Flashdance”. Si Jerry Bruckheimer tuvo que recurrir a un señor para doblar a Jennifer sus motivos tendría. El caso es que el bailarín acepto, sin mayores problemas, depilarse las piernas. Pero, cuando le dijeron que tendría que afeitarse el bigotón, nuestro héroe respondió con un categórico: “¡¡¡NO!!!”. Eso es una persona con convicciones firmes y que sabe cuáles son los auténticos valores. Giorgio Moroder, el compositor de la gran banda sonora, también. Ya lo sabéis: en el clímax de “Flashdance”, Jennifer Beals tiene bigote. Otra película para el olimpo de las escogidas.

Vincent Lindon es el último héroe en añadir su nombre a esta lista, y por ello le decimos: GRACIAS.




15 septiembre 2007

Vicisitud tolkeniana: Saurom Lamderth

Había una cosa que me confundía enormemente en mi adolescencia. No, no era, como muchos habréis aventurado, cómo es posible que los urinarios masculinos estén a rebosar de vellos púbicos (¿con qué potencia se saca la gente la churra para ir lanzando pelillos rizados por ahí?). Más bien me preguntaba por qué los fans de las novelas de fantasía escuchaban heavy metal. Yo, que siempre he sido más ñoño que dios con la música, veía las portadas con dragones, guerreros y espadones como pollas Jeff Stryker e imaginaba un mundo de fantasía y épica medieval. Y luego lo que escuchaba, más que a medievo, olía a laca. Lo cual no está mal en sí. Si acaso, ciertos aspectos del metal ochentero fueron más perjudiciales para la capa de ozono que todas las fábricas de la bahía de Algeciras.

Pero no nos desviemos del tema. Yo podía comprender que alguien escuchara Manowar y gritara ‘¡Por Crom!’. La épica es tan propia del metal como el bigotón lo es de Charles Bronson, pero las influencias medievales simplemente no estaban. Así que me frustré y, mientras devoraba volúmenes de la Dragonlance y mi gusto degeneraba progresivamente, perdía el tiempo escuchando de fondo música celta. Pero eso no era lo que buscaba: Me faltaban los gritos de guerra.

Así que me tiré por el progresivo, que siempre ha tenido una querencia importante por lo medieval, lo épico y lo ridículo. Y, normalmente, por hacer todo eso al mismo tiempo. Intenté escuchar, a instancias de algunos amigos, Blind Guardian, pero sus momentos medievaloides eran escasos, no estaban tan integrados en las canciones y, sobre todo, contaban con un cantante cuyas dotes vocales se parecen a un Andrés Montes cantando La Verbena de la Paloma.

Más o menos mientras afianzaba mi descenso a los infiernos del sinfónico, apareció esa maravilla llamada Napster. Si bien la primera canción que me bajé fue una de Sting (que era épica y medieval, pero no causaba vicisitud) y el primer disco completo el ‘Odessa’ de los Bee Gees (¡Su LP casi-progresivo!), la segunda cosa que puse a descargar fue… un tema de Rhapsody. Porque, en mi retorcida mente, nunca llegué a abandonar la esperanza de que alguno de esos disco de dragones realmente ofreciera lo que prometía la portada.

Fue cachondo descubrir que, de entrada, sonaba a un plagio del tema de Klaus Doldinger (transfuga progresivo al mundo de las bandas sonoras) para La Historia Interminable. Por lo que, lógicamente, seguí con el resto del disco. Y por fin encontré una obra definitiva de metal, medievo, épica, vicisitud (gracias a sus letras gloriosas) y sordidez. Porque ya sabemos que cuando a los italianos les da por la fantasía heroica, los resultados sólo pueden generar descojone.

Pero, no: éste no es un post sobre Rhapsody (ahora ¡OF FIRE!). Ya me he cansado de defender a este grupo entre metaleros clásicos y talibanes del progresivo. Ya sabemos que pocas cosas hay más obcecadas que un fan acérrimo del metal o del progresivo tradicional. Bueno, quizá uno que sea al mismo tiempo de la Sociedad Tolkien, votante del Partido Popular y fan de Barbra Streisand (dios mío: esa imagen me perseguirá en mis pesadillas). Si no quieren ver la belleza de contar con un teclista culturista con nariz de Battiato tocando homenajes a Bach, un guitarra llamado Luca Turilli que escribe letras en plan Tolkien sin haber leído ‘El señor de los anillos’ y narradores diciendo frases como “the ancient words are going to be pronounced...thanks to the cosmic power of the emerald weapon the book of the dead kept by the dark angel is now open...” con la afectación de un Laurence Olivier borracho, ellos se lo pierden.

No. Toda esta introducción es para dar un poco de backstory a mi amor por uno de mis discos sórdidos favoritos. De esos que se ponen a los amigos en las fiestas junto al vídeo completo de Tojeiro, Bárbara la Bárbara y el ‘Hocus Pocus’ de Focus. Voy a hablar del mejor CD de los hijos españoles de Rhapsody. Saurom Lamderth y su ‘Sombras del este’.

Un grupo de tipos de San Fernando que… ¡Un momento!. Si hay un lugar más sórdido que Italia del que pueda ser un grupo de metal progresivo medieval, ese es sin duda ese sitio tan íntimimente ligado a mi infancia (allí nació mi padre) y a recuerdos de mi tía atacando con leche tetal al resto de mis parientes. Parece ser que surgió de la disolución de un grupo llamado Rapid Heavy Flamenco. Si muero y mi espíritu se reencarna en un grupo de rock, quiero llamarme así.

Tras un primer disco sin mucha relevancia en el que el cantante demostraba ya su tremebundo estilo de sonrojante declamación que pronto podréis disfrutar, el grupo decidió hacer lo que todo freak musical quiere llevar a cabo tarde o temprano: realizar su propia adaptación de Tolkien. Y deben saber ustedes que canciones basadas en ‘El señor de los anillos’ hay para dar y regalar. Y si no me creen, miren aquí.

Musicalmente, y esto lo digo desde el punto de vista de alguien que, como ya he comentado, se tiró media juventud escuchando discos de rock celta (y, no amigos: no soy masoquista), el CD resultante me pareció muy bueno. Hay pasajes instrumentales que igualan a los mejores momentos de Celtas Cortos (esto es, cuando no les daba por el coñazo ska o el topicazo filo-cubano que tanto me revuelve las tripas) o, incluso, Gwendal. Pero claro, es del metal progresivo de lo que estamos hablando. Así que la vicisitud tiene que aparecer por alguna parte.

El CD comienza, como no podía ser menos, con un poema en élfico. Susurrado, por supuesto. Que para eso ya ha dejado Peter Jackson claro cómo se hacen estas cosas. Pronto entra una flauta y las guitarras eléctricas para hacer un bonito flashback a ‘El Hobbit’. El tipo suelta la primera gran gema, al tiempo que nos regala una lección de pronunciación de nuestro idioma que parece sacada de quinto círculo del infierno:

Despiertass atturdido con un terrrrible doloor / la cajida te condujo a ssitio estremecedoor / anddas con cuidado porque tientas el horroor / tropiezas con un anillo y lo guardás en tu zurrón”.

Ahh… que maravilla. Como ‘Tunka’ cuando bebe tintorro, la última palabreja nos traslada inequívocamente a tierras hispanas. Empiezas a imaginar ‘El Hobbit’ escrito por Cervantes y te das cuenta de que, a lo mejor no habría sido más bueno, pero sin duda habría tenido mucha más gracia.

Luego se ponen todos los del grupo a gruñir frases y hacer coros ‘aaaaah’ ‘oooooh’ por aquello de decir que Gollum es malo y esquizofrénico…. Para pasar a unas bonitas gaitas de sonido claramente galleguil. Porque, por si alguno no lo sabíais, el también conocido cariñosamente como ‘instrumento del infierno’ suena distinto dependiendo de su procedencia. Y las gallegas suenan a sórdido.

El siguiente tema es una intro (¡progresivo!) que, repito, no tiene nada que envidiarle a los mejores discos de rock celta y que da paso a ‘El cumpleaños de Bilbo’.

Lo de "la mashyoría dddedddda-addd" es uno de esos momentos definitivos que, bien hacen que tires un disco por la ventana, bien certifican oficialmente el inicio de tu pérdida de contacto con el mundo real y el mal llamado buen gusto.

A continuación hay un pasaje con harpa que introduce una de las frases más gloriosas de todo el CD. Observen cómo los amigos de Saurom explican el paso del tiempo (no presente en la película de Jackson, pero sí en la psicodélica de Bakshi) entre que Bilbo le da el anillo a Frodo y éste se va de excursión:

Las gentes de La Comarca / extrañaban como Frodo / conservaba su figura / desde que adquirió el Tesoro

Desde entonces, cada vez que veo un Biomanán, pienso en Tolkien.

‘El bosque viejo’ narra parte de ese segmento de la novela que todo aquel que ha intentado adaptarla ha elegido sabiamente omitir. Para ello, Saurom nos regala la voz de una chavala a medio camino entre cantante de ópera y una pija de Serrano debido a su gran afición a las essssessss. La buena mujer intenta entonar un tema que, aunque hable del momento en el que los héroes están a punto de ser aplastados por un árbol, se mantiene todo el tiempo igual de monótono que una carrera de Fórmula 1 (¡Uy! Los siento, Vicisitud). Una vez despertados, continúa todo el rollo de Tom Bombadil que, lógicamente, nos saltaremos en atención al decoro y a la memoria de Tolkien.

A continuación, los hobbits llegan a la posada del Poney Pisador. Este fue el momento de un CD que más risa y vicisitud me ha producido en mi vida. Y ayer mismo me compré la banda sonora de Rick Wakeman para ‘La pasión de China Blue’. Sé de lo que me hablo:

Después de esta gran demostración de interpretación del método, los amigos de San Fernando nos regalan… ¡una muñeira!. Yo ya sospechaba que Bree, con tanta lluvia y buena gente sórdida, estaba justo al ladito de Boimorto (provincia Coruña; existe, lo juro), y Saurom me ha dado la razón.

El siguiente tema nos presenta a Viggo Aragorn. El cantante se pone en la piel del héroe y grita:

Si este estribillo desgarrado no te emociona, no sólo es probable que no tengas sangre en las venas, sino que además seguro que te espera una vida feliz y sin complicaciones. Porque nadie ha dicho que el camino de la sordidez sea fácil.

La emoción de este tema me deja siempre tan agotado que normalmente me salto la siguiente canción, sobre los jinetes negros. Que, además de flautas, incluye voces guturales. Y yo por eso no paso, que tengo el estómago sensible y siempre me creo que los cantantes van a echar una flema.

El segundo CD (porque, efectivamente, se trata de un trabajo doble. ¡Progresivo! ¡Épica!) se inicia con ‘El concilio de Elrond’. Tras otra bonita introducción medieval, los pobres letristas se proponen explicar lo que pasa aquí. Y, encima, en verso. Lógicamente, la canción dura más de 15 minutos. Los coros empiezan a aparecer con más fuerza a partir de este momento. Lo cual es bueno. Y malo. Porque lo que dicen es más difícil de entender que una película de Uwe Boll:

Justo después de este maratón progresivo, llega lo que todos esperábais: ¡El plagio/homenaje al Carmina Burana! Ningún disco épico-medieval que se precie puede pasar sin él. Sólo que en este caso, la letra no es muy variada:

Y, aunque parezca mentira, esta canción NO VA DE MORIA. A las minas de los enanos llegan en el siguiente tema, justo a tiempo para que el letrista nos regale otra magnífica rima forzada que haría palidecer de envidia a José María Cano:

A ver… Yo no sé élfico. Y no estoy orgulloso de ello. Sólo sé que siempre había escuchado lo de ‘mellon’ con acento en la ‘e’. Forzar una palabra inventada está bien. Hacerlo hasta que suene a producto de la huerta, mucho mejor.

Una vez los chavales salen de Moria, llega mi canción favorita del disco. Una balada de pegadizo estribillo en los que el grupo se enfrentaba al problema de tener que meter dentro todos los regalos que Galadriel le hace a cada miempro de la Compañía. Y son ocho. La opción tomada por el letrista es muy simple: Me paro cuando se me acaben las notas, pongo lo que queda en el librillo del CD y digo que el resto va susurrado. ¡Con dos cojones!:

Ya queda poquito para que acabe la aventura. Un bonito tema progresivo-rural sobre el viaje en barcas (del que no pondré ningún extracto porque no da nada de vicisitud) da paso a ‘La disolución de la compañía’. Una canción simpática con sus buenas dosis de chunguez y pasajes memorables de la que tampoco voy a hablar más porque, sinceramente, a estas alturas tengo la sensación de que escuchar varias veces otra canción de este disco para sacarle punta puede llevarme por el camino de Abdul Alhazred. Sólo queda decir que todo acaba con una lenta despedida y un bonus track oculto que resulta ser una versión acústica de mi tema favorito. ¡Qué más puedo pedir! ¡Pues la segunda parte! Los siguientes discos del grupo no han sido ni tan bellos ni tan graciosos. Necesito ‘Las dos torres’, que estoy seguro que alcanzará mis expectativas de rock, medievalismo, épica, chunguez y risa que hacen que un CD se convierta en un clásico.

11 septiembre 2007

Biografías de grandes personajes: Julio Iglesias

Parafraseando una de las pocas frases inteligentes de Boris Izaguirre, podemos decir que en este nuestro blog, aunque nos vean un poco amariconados, somos niños criados en la más estricta izquierda. Que a veces confundamos el progresismo con la chabacanería y con la desvergüenza no significa que no puedan ustedes sentirse libres para proponer que se declare fiesta nacional el feliz día, ojalá no muy lejano, en que Aznar, Zaplana, Acebes, Espe Aguirre o Ana Botella se mueran. Pero, precisamente por estas firmes convicciones, denuncio igualmente el meapilismo de la izquierda española: pase que los fachas se hayan apropiado la bandera nacional, el nombre del país y la familia, pero que además se lleven a nuestros mejores artistas es algo que ningún sórdido debe tolerar. Julio Iglesias, al igual que Raphael, Camilo Sesto, José Luis Perales o Rocío Jurado, debe ser patrimonio común de todos los españoles; ¿En serio a alguien le importa la catedral de Burgos? De niña a mujer o Como una ola sí son riquezas culturales que merece la pena preservar. Los progres de toda la vida deben rendirse ante la evidencia: seguir apostando a estas alturas del partido por gentucilla como Joaquín Sabina o Victor Manuel tiene menos futuro que comprarse un vídeo Beta.
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Y es que, admitámoslo, España no tendrá otra cosa, pero una buena música pop-rock, tampoco. Si Antonio Vega es, como dice la prensa, uno de los grandes letristas españoles y La chica de ayer una de las mayores joyas de nuestro pop, qué dura es la vida (además ya demostramos que los hermanos Cano eran muy superiores). Exceptuando pues a Mecano y a algunos artistas valiosos de la época de la movida, el género que siempre ha despuntado en España es la música ligera; no me vengan con el cuento del pop indie, Los Planetas o La buena vida no son más que las versiones porrera y lánguida respectivamente de La oreja de Van Gogh, mientras que Sergio y Estíbaliz SÍ que molan.

Y en la música ligera el liderazgo de Yulio es indiscutible. ¿Por qué él ha vendido 250 millones de discos en todo el mundo mientras otros que en sus comienzos tuvieron la misma o más promoción se han tenido que consolar con el apoyo de lo peor del género humano, que es la crítica musical? No le busquemos tres pies al gato, sencillamente porque Yulio es el mejor. Comparemos si no su actitud y filosofía de vida ética, estética y musical: Me gustan las mujeres me gusta el vino, cuando tengo que olvidarlas bebo y olvido, amo la vida amo el amor, tralalalá, soy un truhán soy un señor, tralalalá .... con la complacencia estomagante y pretenciosa de ripios de colegial del típico cantautor español, y seré bueno porque, pudiendo escoger a Ismael Serrano, me quedaré con uno de los menos malos, Serrat con Mediterráneo: mi niñez sigue jugando en tu playa ... eres como una mujer (referido al mar) ... echad al mar mi barca con un levante otoñal .... que eleve sus alas blancas ... y de ahí para abajo. El contenido es igualmente sonrojante en ambos casos, pero mientras uno lo redime al convertirlo en una sublime y perfecta celebración de la sordidez, el otro pretende estar haciendo algo lírico. Está claro quien gana por goleada. Sólo hay un caso en el que puede haber dudas de la superioridad de Yulio.

JULIO VS. RAPHAEL

Si me permiten un apunte biográfico, en mi infancia fui testigo de tensos enfrentamientos dialécticos entre mi señora madre y mi señora abuela acerca de quién era el mejor artista ever, si Yulio o Raphael (que la gente con criterio pronuncia con la p). Una decía que Yulio sin duda, porque era un caballero que nunca salía al escenario sin el nudo de la corbata bien hecho ni perdía la compostura, frente a la teatralidad y desmelene de Raphael; la otra replicaba que la voz y el dominio del escenario del segundo se comían con patatas al blandengue del primero. En ambos casos la argumentación era irreprochable; a diferencia de gilipolleces como ser de los Beatles o los Rolling, del Madrid o del Barça, el decidirse por Yulio o por Raphael es una de estas elecciones fundamentales en la vida de un hombre o de una mujer que no deben ser tomadas a la ligera. Tras profunda reflexión, yo opté por Yulio por coherencia con mi predilección por los cantantes que no tienen voz ni saben qué hacer sobre el escenario. Para hacer gorgoritos e intentar dar notas altas ya están los karaokes y Operación triunfo, mientras que la gesticulación, la búsqueda de la complicidad del público en plan animador de hotel playero y las coreografías en los conciertos me dejan indiferente y me hacen añorar el play-back. Freddie Mercury tiene un pase porque las canciones eran muy buenas, pero no es lo mio; en cambio, el hieratismo de Liam Gallagher de Oasis, que canta con las manos a la espalda y cara de asco típicamente inglesa, sí es el camino a seguir. Hago excepciones con Ian Curtis de Joy Division, que en sus directos se ponía a imitar sus ataques epilépticos con una espeluznante verosimilitud, Courtney Love, que insulta al público y enseña las tetas, o los grandes espectáculos sórdido-circenses de Kiss o Marilyn Manson.
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Entiendo que los no iniciados en la sordidez pueden no estar preparados aún para percibir la grandeza de la música de Yulio. No saben lo que se pierden, pero no los juzgo porque a mi me ocurría lo mismo (segundo apunte biográfico): confieso con gran vergüenza que en mi juventud me aparté del recto camino escuchando a grupos modernillos de moda en la época, como Smashing Pumpkins, Pulp o Manitrimprichers (eso sí, no llegué nunca a caer en cosas tan bajas como Radiohead) hasta que me fui dando cuenta paulatinamente de que esas gentes eran un tremendo coñazo, que una canción pop sin sintetizador, falsete ni coros que hagan ooooh, aaaah o lalala no puede ser buena y que la música de Modern Talking que escuchaba en mi niñez ochentera tenía mucha más calidad que aquello. Como San Pablo en el camino a Damasco, vi la luz y descubrí que aunque Blur estaba bien, porque ellos sí hacían ooooh aaaah, Camela era mejor y los temas clásicos de Yulio, no digamos.

DISCOGRAFÍA

La brillante trayectoria de Yulio no podía comenzar en un escenario más apropiado que el festival de Benidorm, que, como no podía ser menos, ganó en 1968 con su primer éxito, La vida sigue igual. Durante los años siguientes nuestro amigo vive su etapa cantautoril en la que compone canciones en solitario con desigual fortuna: algunas tan memorables como Un canto a Galicia, otras no tan apoteósicas como Gwendolyne, con la que representa a España en Eurovisión 1970 quedando en cuarta posición, un resultado muy discreto para alguien como él.

Aunque el éxito la acompañó desde el principio, su carrera no despega hacia el triunfo internacional de dimensiones gigantescas hasta mediados-finales de los años 70 cuando busca ayuda para componer sus canciones formando dream teams junto a Manuel Alejandro y el nunca bien ponderado Dúo Dinámico. De estas colaboraciones surgirán obras maestras como la ya mencionada Soy un truhán soy un señor, Pobre diablo, Me va me va, Hey o De niña a mujer, llenas de maravillosos arreglos hawaiianos e inconmensurables segundas voces por parte de las míticas Trillizas de oro. En ellas Yulio alterna una imagen de latin lover seductor (mujeres en mi vida hubo que me quisieron) con otra de hombre herido en el amor por mujeres malvadas (mas he de confesar que otras también me hirieron), en una clara referencia a su fracaso matrimonial con Isabel Preysler, de la que hablaremos con más detalle en breves instantes. Mientras proliferan por doquier los wannabes que imitan a Yulio, como Francisco o Bertín Osborne, su versión en español de Begin the beguine, gran tema de Cole Porter, lo lleva en 1981 al número 1 de las listas británicas, poniéndolo en un selecto grupo junto con Los Bravos y Baccara que demuestra el gran criterio de los ingleses al escoger lo mejor de la música española. Y es que si alguien prefiere la insulsa versión de Begin de Frank Sinatra, entonces es que lo suyo es Amaral.

Para facilitar su acceso a los mercados internacionales, nuestro hombre no duda en hacer versiones de sus éxitos en francés, italiano y portugués. Pero cuando quedó patente que su grandeza rebasaba el ámbito latino, su compañía de discos lo animó en 1984 a desembarcar en los USA por la puerta grande con el exquisito álbum en inglés 1100 Bel Air place. En él Yulio se codeaba con la crème de la crème yanqui haciendo duetos con Willie Nelson, Beach Boys y sobre todo la gran Diana Ross. Del encuentro de estos dos monstruos cabía esperar lo mejor, y no nos decepcionaron. Vean la indescriptible portada del single que, como yo, deberían colocar YA MISMO como fondo de escritorio; y el contenido está a la misma altura, o mayor si es posible. He aquí el no menos espectacular videoclip de All of you cuya visión podemos definir, en términos de John Waters, como morir y resucitar en el cielo, por la perfecta conjunción de música, voces, coros, arreglos, peinados, vestuario, decorados y coreografías. Extásiense:

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Después de una cumbre como ésta, Yulio llevó a cabo todavía algunos otros grandes duetos con gentes tan ilustres como Dolly Parton o Stevie Wonder, pero su carrera sólo aguantó ese altísimo nivel unos cuantos años más. El disco que cierra su etapa dorada es Un hombre solo, de 1987, tal vez no tan popular como Hey pero que encierra dos joyas muy apreciadas por los gourmets de la discografía iglesiana: Lo mejor de tu vida (el despertar de tu carne, tu inocencia salvaje me la he bebido yo), dirigida a Miguel Boyer con el claro mensaje de chincha, yo me follé a la Preysler antes que tú, y el tema que da título al disco, tal vez la cumbre de las canciones de Yulio como hombre abandonado que no asume la traición de Isabel (voy de abrazo en abrazo, de beso en risa, me dan la mano cuando es precisa ... pero soy un hombre solo). Y eso que el señor Iglesias acumula muchos ligues tras su divorcio, como Priscilla Presley, Sidney Rome o mi favorita, Vaitiare, una indígena de una isla polinesia que al parecer el patriarca de la tribu le regaló como muestra de cordialidad. Tras protagonizar unas cuantas portadas de ¡Hola!, Vaitiare tuvo una breve pero interesante carrera que incluye el papel principal de la película Tahiti's girl, del respetable Mariano Ozores, la presentación al lado de dos grandes como Norma Duval y mi adorada Loreto Valverde de Bellezas al agua, un programa de cuando Telecinco era una buena televisión sórdida, y la grabación de un disco cuyo tema estrella era la enésima versión de Be my baby.

Pero todo lo bueno y tiene un final. Los años 90 supuso una gran pérdida de calidad en los discos de nuestro hombre. La cosa empezó a oler mal con el álbum de 1989 Raíces donde un Yulio un tanto pasado de solarium llevaba a cabo una versión de los Gypsy kings; y eso fue sólo el comienzo de una decadencia que pasaría por un disco de tangos de 1996 que compite con fuerza por el título de peor disco del cantante con el disco de coplas de pocos años más tarde, aunque el punto más bajo de su carrera fue sin duda grabar Corazón partido de Alejandro Sanz. Yulio pasa de ser imitado por cantantes de tercera fila a hacer versiones de ellos, que mal. Pero aún en esta época de declive e ignominia, surgen de vez en cuando grandes temas, como Torero, cantado a duo con uno de los hombres más admirados en este nuestro blog, El Puma.

LA FAMILIA IGLESIAS

Pasando a su vida personal y familiar, Yulio mantiene desde hace años una discreta relación con la guapa holandesa Miranda Cheeseburger (vale, en realidad es Rijsburger, o algo así, pero no me nieguen que lo otro es más fácil de recordar), pero evidentemente su pareja más famosa es su ex-mujer, Isabel Preysler. La susodicha parecía llamada a ser otra pedorra átona y gris de las revistas de cotilleos tipo Carolina de Mónaco, Lady Di o, peor aún, versiones lumpen como Belén Esteban, pero el saber responder cuando la sordidez llama a su puerta la redimió de tan lamentable condición y la hizo protagonizar la estupenda publicidad de Ferrero Roché, demostrando que la cursilería extrema también resulta sórdida: aquí estoy en mi casa de campo ... estos amigos se presentaron por sorpresa. Su curriculum en la vicisitud incluye también sus pinitos como presentadora televisiva en el efímero magazine Hoy en casa, donde nuestra amiga, con menos naturalidad que Pitita Ridruejo teniendo un orgasmo, respondía a las grandes dudas que atormentan al ser humano, como ¿se puede comer el marisco con los dedos?


Pero los grandes momentos de Preysler los han protagonizado otros; el primero tuvo lugar cuando comenzó su relación con Miguel Boyer en los años 80; la revelación de interesantes datos sobre la técnica del carrete, practicada en los burdeles asiáticos para dar gustirrinín a los clientes y presunta arma secreta de seducción de nuestra amiga, provocó el cierre del programa con el que el aburridillo Miguel Ángel Gozalo pretendía recoger el testigo de La clave en TVE y que llevaba el didáctico y socialista título de Derecho a discrepar; pero no, no hubo tal derecho. Liarse con Boyer convirtió además a Preysler en protagonista involuntaria de una de las cumbres del audiovisual español: las publicidades de flan Duhl y bombones Trapa en las que Ruiz Mateos le decía a la doble de nuestra filipina favorita tómate un bombón Isabelllll y que no se entere Miguellll ... Que gol hemos metido Isabelllll, con flan Duhlllll, de huevo ¡¡y leche!! Vale, este señor es un empresario corrupto cabrón y para más inri opusino, pero argumentos del peso del que te pego leche y los más memorables anuncios de la historia de la televisión en España (ex-aequo, eso sí, con Lorenzo Lamas el rey de las camas) podrían convertirme hasta en fan de Tom Hanks. Si conocen a odiosos individuos de los que dicen infamias como que las estetadas de Isabel Coixet o Michel Gondry son mejores que la publicidad de la familia Ruiz Mateos, apelo a su sentido del deber para que los apuñalen sin piedad cuando hagan cola para ver el próximo bodrio de Lars Von Trier.

La unión Iglesias-Preysler produjo tres retoños con biografías sórdidas por lo desbocado de su pijerío: la primogénita es la mítica Chabeli, la niña de largos silencios; La navaja en el ojo apunta de forma acertada que esta mujer arrastra probablemente el trauma de que en plena pubertad tu padre le anuncie al mundo en la portada de un disco que te ha venido la regla (se trata, eso sí, de la obra maestra De niña a mujer). Tal vez este bochorno desencadenó horribles consecuencias como su precoz y fugaz matrimonio con el también hijo de papá Ricardo Bofill Jr.; durante su noviazgo, la artística pareja, él como creador y ella como musa, fraguó una obra audiovisual conocida como Enamorada: de niña a mujer que las imprudentes revistas de cotilleos intentaron vender al suicida precio de dos mil pesetas de la época. Evidentemente, no se la compró ni el apuntador; pero qué no daríamos muchos porque algún buen samaritano sórdido que por razones X de la vida la guarde en su hogar (prometemos guardar un discreto silencio acerca de cómo la obtuvo) decidiera compartir tan preciada posesión con el resto de parroquianos de este nuestro blog; lo poco que recuerdo haber visto cuando la anunciaban en su época era realmente prometedor.

Tras su rápida separación matrimonial, el marido de Chabeli tuvo una carrera mediática breve pero intensa: en primer lugar escribió un libro, o al menos un algo que se llamaba Perséfone y que, para el estupor colectivo, la mismísima editorial Tusquets tuvo el valor y la poca vergüenza de publicar, con un éxito de ventas similar al de Enamorada. Tras el fracaso, Bofilito encontró su auténtica vocación y se dedicó a salir en bolas en Interviu y acudir visiblemente alcoholizado a varios programas para hacer imitaciones de su familia política, confirmando lo que había demostrado David Summers cuando cantaba Sufre mamón: que ver a un pijomierda burlándose de otros aún más pijomierdas que él es grotescamente divertido. Por si esto fuera poco, se trajinó a Paulina Rubio y empezó a abusar ligeramente del consumo de ciertos polvillos blancos que no venden en El Corte Inglés (siendo, eso sí, la imagen de la sobriedad y rectitud en comparación con su novia: la última vez que vi a Pau en la tele su euforia estupefaciente la hacía incapaz de distinguir el plató de una discoteca chundachunda de Ibiza). Tras esta etapa dorada pero efímera, Bofilín volvió a una existencia anodina con algún que otro intento más de ser artista, como su ignoto film Hot milk, y lo mismo se puede decir de Chabeli, la cual presentó con más pena que gloria A pleno sol, un programa sobre deportesss acuáticossss, y como aquí ya nadie le hacía caso se fue a dar la tabarra a Hispanoamérica, donde deben estar un poco hartos de aguantar a todos los que ya no se comen una rosca en España.

En cuanto a los hermanos varones, Yulio anunció a mediados de los años 90 a bombo y platillo la aparición de quien según él sería el artista más importante de la música en español de los últimos 30 años (léase entre líneas desde que aparecí yo): cegado por el amor de padre, nuestro hombre se mostró en esta ocasión un poco despistado porque Yulio Jr. acabó sacando un disco en inglés, Under my eyes, del que podemos decir eufemísticamente que recordaba un poco a George Michael, aunque no con el mismo registro vocal, ejem, y que su éxito no fue excesivo, por lo que Junior consideró que le salía más a cuenta descansar de no hacer nada en Miami que seguir grabando discos y videoclises.


Bastante mejor le fue al hijo pequeño, Enrique Iglesias, que se convirtió en ídolo de quinceañeras con un par de álbumes en castellano, eso sí, bastante inmundos ellos: la balada latina carece de sentido salvo que sirva para acompañar a los títulos de crédito de un culebrón, por lo que todas las canciones de esa etapa merecen ir a la basura sin más miramientos salvo, naturalmente, Experiencia religiosa, por incluir la brillante rima besar la boca tuya merece un aleluya. Su salto posterior al inglés fue algo más potable, aunque para ello tuvo que imitar descaradamente a su progenitor en Bailamós. Tal vez alguno de ustedes considere a Enriquitín digno de consideración como ídolo sórdido por la versión live de Rhythm divine que circuló por internet en la que sus chillidos llevaban el concepto desafinar a dimensiones hasta entonces desconocidas; lo respeto pero personalmente yo aplico de forma estricta la máxima de papá Yulio y Diana Ross, I want everything and I'll take nothing less, y este hombre no deja de parecerme second best.

Pero sin duda el miembro más honorable y respetado de la familia Iglesias era don Julio Sr., el doctor Iglesias Puga, siempre en nuestro recuerdo. A su memoria dedicamos este artículo.

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