Vicisitud & Sordidez

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Ya hemos dicho en varias ocasiones que en este blog los temas suelen venir por oleadas. Tuvimos meses llenos de metal. Otros de bigotes. Alguno de pajas (poco en comparación con lo presente que está este arte en la vida del freak). Últimamente, abundan los temas médicos. Pero no desesperéis: como mis recientes cagaleras, es algo que pasará tarde o temprano. Espero.

A raíz del último artículo sobre escrotos, un amigo y lector habitual del blog, el conocido en Algeciras Sergio “El Gamba”, nos ha mandado este post sobre sus inquietantes experiencias médicas. Un tema que me sigue conmoviendo, pues el otro día yo mismo perdí la virginidad anal cuando el médico me introdujo todo su poder falangista (de dos dedos) a la búsqueda de inflamaciones. Y, además, me han pedido presentar una muestra de heces. Cuando fui a la farmacia a pedir un tarrito, se produjo esta espeluznante conversación:

Yo: Pero este recipiente… es como el de la orina.
Farmaceútica: Sí
Yo: ¿Y no viene con unas pinzas?
F: Es que mejor que la muestra no entre en contacto con nada.
Yo: Pero, ¿tengo que apuntar ahí dentro? Eso difícil.
F: Ya.
Yo: Pero, ¿y si el zurullo es grande, se sale como nocilla y hay que rebañarlo?
F(con mirada intrigante y ligeramente socarrona): ¡Ajá!

Dios mío. Os dejo con las aventuras de El Gamba:

Antes que nada permítanme que me presente: aunque mi nombre real es Sergio, hay algunos energúmenos (entre los que se encuentra ese onvre llamado Paco Fox) oriundos de mi ciudad natal (que por ahora no nombraré para evitar chistes facilones de droja) por los que el tiempo no ha pasado y me siguen llamando por el desafortunado mote que un buen día un par de colegas tuvieron a bien encasquetarme: el Gamba. Hay que tener en cuenta que aquel aciago día tuvo lugar hace ya la friolera de casi veinte años; pero es lo que tienen los pueblos pequeños (al menos en mentalidad), que por ellos no pasa el tiempo. Aunque dicha palabreja cayó en desuso nada más mudarme a Sevilla para cursar mis estudios, el “retonno” al hogar paternal en fechas señaladas volvía a levantar ampollas cuando, paseando por la calle, algún antiguo compañero de instituto se obstinaba en llamar mi atención nombrando tan preciado marisco.
Los lectores avezados de este blog, es decir, aquellos que no tienen nada mejor que hacer que acordarse de todas las vicisitudes que aquí han sido desgranadas (y han sido muchas) recordarán mi nombre de aquel momento de sordidez extrema en el que Paco Fox y un servidor descubrieron, a través del cristal (que no del espejo), a un buen señor con una enorme verga masturbándose en la habitación de hotel situada frente al hogar de Paquito.

Pero no estoy aquí para rememorar tan dramático episodio, más que nada porque Paco Fox ya se encargó de ello con extrema habilidad narrativa. No, hoy escribo estas mis primeras líneas de vicisitud para relatar una de las peores experiencias por las que puede pasar un onvre hecho y derecho: ser penetrado por innombrables orificios. No se escandalicen, pues no van a encontrar aquí ningún relato de aventuras homosexualizadas con Bubba y su enorme tranca de medio metro. Y no duden que lamento desilusionarles. Sin embargo, lo que hoy vengo a relatarles es peor, mucho peor.

Pongámonos en situación: cursaba yo por aquel entonces el cuarto año de Arquitectura (carrera en la que, de entrada, te acostumbras a ser penetrado analmente examen sí, examen también) cuando un buen día me encontré en el baño de mi modesta residencia trianera miccionando de forma incómoda. Y no, no estaba probando ninguna postura rara como intentar acertar con el chorrito de espaldas, más bien tiene que ver con el escozor y dolor asociados a esa enfermedad pasajera llamada Prostatitis. El caso es que yo aún no había visto a Tom Hanks pasándolas canutas en La Milla Verde, y desconocía si aquél inusitado picor era algo pasajero o un síntoma de algo más grave.

Total, que lo deje pasar. Y la cosa empeoró. Y cómo. Tras afectar gravemente a mi vida conyugal (¡el deber marital es lo primero!) decidí que era hora de acudir a uno de los nombres más temidos dentro del cuadro médico de cualquier Hospital que se precie…
¡El PROCTÓLOGO!

Pedí cita, y pocos días después (por aquello del seguro privado) me encontraba en la consulta de aquel señor cuyo nombre he preferido olvidar. No, en serio: es que no me acuerdo. Porque si lo hiciera, hace tiempo que le habría enseñado violentamente el valor del dolor anal. Y, de paso, alguna malintencionada lección de traumatología.

Y llegó el momento. Abnegado a mi destino como un Yamsha antes de enfrentarse a Célula, fui llamado a entrar en la consulta. Tras explicarle al doctor cuáles eran los síntomas, me invitó amablemente a pasar a la sala aneja donde una estéril camilla esperaba a mi virginal trasero. Poco podía yo imaginarme que habría un antes y un después de ese día.
“Bájese los pantalones y los calzoncillos y túmbese boca-arriba” dijo el doctor (sí, lo sé, si cambiáramos doctor por enfermera buenorra estaríamos en una porno o en esa gran ovra ‘Viaje de Pirados’. Pero, lamentablemente, ese no es el caso). Presto a dilucidar la causa de mis males desabroché la cremallera de mis pantalones y, no sin un poco de vergüenza (ya saben, aquello de que le vean a uno como vino al mundo pero un poco más rollizo y peludo debería estar reservado sólo para momentos codificados, por aquello de no causar daños cerebrales), mis calzoncillos vinieron después.

ADVERTENCIA: lo que sigue a continuación no es agradable y podría herir la sensibilidad de aquellos que encojen sus rostros en dolor cada vez que se les describe aquel inevitable balonazo que alguna vez te llevaste en los colgantes reales cuando eras pequeño. Esto es peor, mucho peor.
¿Siguen ahí?, allá ustedes. Una vez postrado en la camilla el doctor se colocó sendos guantes y tomó presto mi asustado pene para comenzar la exploración. Relajado ante la posibilidad de que todo terminará allí, no era consciente de que iba a ser sometido a una experiencia semejante a probar el famoso Anal Intruder (aquel peligroso aparato que electrocutaba al compañero de Val Kilmer en Top Secret). Con una habilidad maestra que ni David Copperfield, el mago (no el personaje de Dickens. ¿O se creen que aquí somos tan curtos?), el doctor sacó de no sé muy bien dónde una enorme varita de color naranja cuya mayor particularidad era ser más ancha por la punta que en el resto de su extenso desarrollo. “Puede que te due…” eso fue lo único que acerté a escuchar antes de sentir como mi sacrosanta uretra, un conducto que nunca estuvo pensado para que le fueran introducidos objetos, se expandía sin remedio ante el doloroso avance de aquél dilatador.

Una vez el doctor, más un remedo de Torquemada que un médico, hubo tocado hueso pélvico (“mejor paro aquí, que se nota ya lo duro”, pensaría el hombre), extrajo con hábil rapidez el anaranjado palo para afirmar con severidad “No tiene usted infección de orina”. Respiré tranquilo creyendo que lo peor había pasado y que ante mí se abrían dos maravillosas perspectivas: la de descifrar la letra del médico mientras emitía la inevitable receta (un deporte nunca bien ponderado) y la del sexo a raudales.

Poco podía imaginar yo que aún tendría que soportar una tortura aún más desagradable. Dispuesto a pasar de nuevo a la consulta, comencé a poner mi ropa interior en el lugar que nunca hubo de abandonar cuando una ronca voz me espetó “Todavía no hemos terminado. Apóyese en la camilla, tengo que realizar una exploración rectal”. Por un momento no era Sergio ni algo que remotamente se asemejara a un hombre hecho y derecho. Más bien era la Janice de Friends gritando a los cuatro vientos “Oh, My God!”.

Como fuera que quería terminar pronto con aquello presenté mis nalgas al frio tacto del guante y la vaselina (y sí, esto sigue sin ser una peli porno). Sin tiempo ni siquiera para tomar algo de aire, unos dedos hábiles avanzaron raudos por mi recto hasta llegar a mi próstata. Momento en el que me acordé de Airbag, aquella horrible cinta de Bajo Ulloa que, en un momento de su metraje, hacía apología del tocamiento prostático como uno de los mayores placeres que podía recibir un hombre. ERROR. Sirvan estas líneas para poner de relieve lo equivocado de la puesta en escena de Ulloa: aquello no era placentero. Vale que no era Vicenta N’Dongo la que me estaba introduciendo su índice, pero las extremas y dolorosas cotas de sufrimiento a las que me vi sometido no tenían parangón cuando, una vez alcanzada la glándula prostática, el doctor, pretendiendo que mi cordura aún estuviera en su sitio, me preguntó “¿Le duele si le aprieto?”. Creo recordar que mi extensa y detallada respuesta fue algo así como un “HMMMMNNNNNNNNN”.

Una vez el médico hubo terminado su exploración, mi tez comenzó a tornarse de un blanco lechoso tras la rápida extracción de los apéndices táctiles y ante el pavor de aquél enjuto especialista que veía como un tío de más de metro ochenta se disponía a desmayarse cual nenaza en medio de su consulta. Con habilidad extrema me llevó hasta sentarme delante de su mesa.
Lo demás ha quedado borroso en mi memoria. “Prostatitis aguda”…”tómese esto durante dos semanas”…”no mantenga relaciones en ese periodo”…yo bajando titubeante las escaleras de la clínica…mi actual esposa esperándome fuera para recoger los restos…un Aquarius de naranja para recuperar mis fuerzas…y el recuerdo imborrable de una tarde que espero no se repita nunca.

¿Volveré a buscar en algún momento el verdadero placer prostático del que tanto hablan? Nunca diré que no. Pero esperaré a que el resto de los lectores de género masculino compartan su experiencia proctológica conmigo. Porque hay una verdad universal: a todos nos acaba tocando. Tanto ir a este especialista como que te metan varillas por la uretra y dedos por el orto.

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SuperSantiEgo dijo... 05 junio, 2008 09:25

¿Por ventura sabe alguien de quién es la canción Anus Joy, cuyo estribillo era un enternecedor "Every boy and every girl has to know the anus joy"?

Anónimo dijo... 05 junio, 2008 10:54

A mi me sondaron años ha y aún recuerdo lo jamona que estaba la enfermera sevillana. También recuerdo claramente el dolor agudo de la punta de la sonda avanzando a través de mi preciado amiguito. El tacto de las manos de la sevillana en mis partes pudientas no superó el trauma de ser penetrado.

Alvaro Suarez dijo... 05 junio, 2008 12:12

La idea de que te penetren con una varita el mismo pene me aterra, en serio, tengo miedo.
De momento funciona todo bien por ahí abajo...

El Hombre de la Pústula dijo... 05 junio, 2008 13:15

Escalofriante testimonio donde los haiga. Yo me santiguo, toco madera y bebo sangre de gallo negro para no pasar jamás por trance tal, pero sí conozco a un voluminoso onvre que viose en tan peliaguda tesitura mientras viajaba por un país extraño (no africano, por suerte). Lo cierto es que recuerda el suceso como una hermosa anécdota, no sé si debido a que su gran tamaño hizo la exploración más cómoda, o a que la mano intrusa era de fémina y rubicunda doctora. Haciendo gala de gran presencia de ánimo y saber estar, este onvre voluminoso coqueteaba con la facultativa sin asomo de vergüenza, haciendo caso omiso de su propia desnudez y cuadrúpeda pose. Con gran aplomo se sirvió de su rudimentario gaélico para en pleno tacto rectal decir: Interesante modo de conocernos...

kanif dijo... 05 junio, 2008 13:16

Este viernes, amiguitos este mismo viernes, osea mañana. Prostatitis crónica. Soy experto es eso.

Anónimo dijo... 05 junio, 2008 13:39

A nosotras nos raspan el útero, después de meternos unos cacharros de metal por nuestra parte del cuerpo predilecta una vez al año. Es un asco, y la primera vez desde luego un trauma, así que desde aquí toda mi solidaridad.

Una vez fui al ginecólogo y tenía infección de orina. El cabrón de él me metió el dedo en el chirri, apretó hacia arriba y me dijo: ¡a que duele! y yo: ¡auuuuuuuuuu! "¡Claro, es que ahí está la vejiga!". El hombre encantado de lo bien que recordaba lo que le había caído en el examen de anatomía I 20 años atrás y yo cagándome en sus muertos.

Eso sí, por muchas experiencias traumáticas que nos hayan proporcionado nuestros amigos los ginecólogos no dejamos de follar, así que el hecho de que la próstata duela cuando está inflamada no es razón para no juguetear con ella cuando no lo está. Yo desde que descubrí el sexo anal me pregunto en qué coño estaría pensando en los años anteriores. ¡Es una pasada, y eso sin próstata! Así que hazle un favor a tu ano y no lo identifiques solo con experiencias traumáticas. Por si no me crees, aquí la opinión de uno que sí que tiene próstata:
http://www.elsentidodelavida.net/montar-en-globo
Saludos y enhorabuena por el blog.

Milgrom dijo... 05 junio, 2008 14:14

No he podido leerlo entero, ha sido ver el dibujo de la sondación y marearme.

Diego Calleja dijo... 05 junio, 2008 15:15

Recomiendo encarecidamente que siguiendo el hilo de este post continuen leyendo el enlace indicado por anónima que ha descrito sus peripecias vaginales: http://www.elsentidodelavida.net/montar-en-globo . Al menos le quitará el miedo a las experiencias prostáticas, aunque luego no las practiquen

Sr. Walterson dijo... 05 junio, 2008 15:16

En cierta ocasión también yo fui sondado. Resulta que a uno le enseñan de niño a no mearse en la cama, y cuando ya es un onvre hecho y derecho ha perdido la capacidad de mingitar yaciendo. Así que después d euna noche entera sin poder levantarme de la cama del hospital, incapaz de aliviarme en la puta cuña, y con la vejiga a punto de reventar, el que aquella enfermera me clavara el tubito en lo que es mismamente la polla fue un alivio que como si me hubiera mordisqueado la próstata... Eso sí, el orto lo conservo virginal, más allá de los supositorios de mi lejana infancia

P.D. El anónimo anterior es un tío que se hace pasar por tía :todo el mundo sabe que en internet no hay mujeres, y mucho menos que les guste follar o el sexo anal.

LordVader dijo... 05 junio, 2008 16:40

Sublime, maravilloso. Meneada.

G&L dijo... 05 junio, 2008 19:12

Y hablando de mierdas, una noticia...
http://www.elpais.com/articulo/deportes/padre/Hamilton/estampa/Porsche/elpepugen/20080605elpepudep_15/Tes

The Devil Rules the World dijo... 05 junio, 2008 19:28

¡¡No era una sonda anal!!

Anónimo dijo... 05 junio, 2008 19:56

¡¡No eran dos dedos!!

Anónimo dijo... 05 junio, 2008 20:10

Pero tronco, vaya trauma te han creado con eso del "gambas", con lo f�cil que es ponerle una coletilla serda a un mote para que le gente se reprima, tipo "gamba comeme la tranca" o "gamba? ch�pame la cabeza!",mano de santo oiga. Por lo dem�s le aconsejo que busque ud. su propio estilo literario y deje de copiar al sr. Pacofox

Pamoba dijo... 05 junio, 2008 23:55

Gran relato este sobre la Onvría, y la manera de llevarla a cuesta.

Soy joven, y aún no tengo adquirida esa experiencia. Y espero seguir así muchos años.

hermanastra dijo... 06 junio, 2008 00:31

Esto... Sr. Fox, sólo he llegado a la introducción pero no puedo evitar decirle: yo soy la farmacéutica, y sus palabras seguirían repitiéndose en mi mente durante mucho mucho tiempo.

Vicisitud y Sordidez dijo... 06 junio, 2008 00:47

Yo acompañara a mi abuelo a que le hicieran cosa similar y, de forma lamentable, a la que me lo contó, fue él el que tuvo que agarrarme para que yo no me marease.

Ah, y lo de rimas con "tranca" está a la orden del día con Amaia Salamanca.

PD: A Miguel Ángel Silvestre/ Se la como en un día campestre.

Markab dijo... 06 junio, 2008 09:58

En el dibujo de la sondacion uretral... ¿es necesario estar empalmado? ¿Por qué el tío tiene un pollón más grande que las manos que lo sostienen? A mí me hicieron lo de la uretra y, de puro desagradable (como que te arañen el intestino con un compás), casi me convencí de que es el camino hacia la transexualidad... como cuando inflas demasiado una muñeca inchable pero al revés.

estanli cuvric dijo... 06 junio, 2008 14:08

Es una de mis pesadillas recurrentes que, gracias a Onán, todavía no se han hecho canne.

Ser penetrado a través de la pilila... la medicina es Cruel.

Bardo dijo... 06 junio, 2008 22:28

Hace como un par de años tuve la ¿oportunidad? de vivir una experiencia similar. Por vicisitudes (nunca mejor dicho) de la vida tuve que ser sometido a una colonoscopia de recorrido corto, en la que 4 (sí, han leído bien) 4 enfermeras y una médica dispusieron de mi ojete para introducirle 30 cms. de tuvo de goma con una camarita de video en el extremo.

De no haber estado tan cagado de miedo la experiencia podría haber sido hasta sugestiva, ya que algunas de las individuas estaban de muy buen ver y encima parecía resultarles simpático mi gracejo ante la adversidad ("tratadme bien que soy virgen", etc... que uno puede estar con el culo al aire y 30 cms. de goma esteril inserta en el orto, pero nunca malgasta la oportunidad de lanzar un tejo).

Desde luego puedo decir que no todos los días tiene uno la oportunidad de verse el intestino gruso por dentro es.... diferente.

saddam dijo... 07 junio, 2008 02:59

dios mio............ultimamente tengo molestias en el riñon,y la verdad,leer esto y pensar q tendria q pasar por una prueba parecida me ha hecho desear la muerte......espero q no sea nada
al lado de esto,una endoscopia es como pasar 2 dias follando con jeniffer love hewitt
mi mas profunda admiracion al onvre q fue capaz de soportar esto

Anónimo dijo... 07 junio, 2008 16:51

¿Esa salvajada la ha dicho Amaia Salamanca? O sea, que no solo es una belleza, sino además una sórdida de tomo y lomo.¡Ríndome a sus pieses de admiración! ¡Amaia, te ailobio muscho!

Vicisitud y Sordidez dijo... 07 junio, 2008 19:45

Uy, lamento desilusionar: la salvajada es de mi bienamado Nacholo, que es todo un hacha con los pareados felatorios (Mi favorito es "M. Valero/ aquí tienes carne hasta enero") y, ya que Amaia tenía uno (que causó estupor a la que lo dije entre los compañeros de montaje) hubo que buscar otro para el Duque, que aquí somos muy ecuánimes.

Pero fable bien de Amaia, en la segunda temporada es el personaje y actriz que más ha mejorado: meterse con ella, ahora, me parecería una mezquindad.

Instigador dijo... 09 junio, 2008 00:16

El gamba es un nena. Una buena colonoscopia sin sedación (ahora te duermem, antes, puro manubrio con un tubo del grosor de un chorizo de salamanca), le habría descubierto los placeres prostáticos y la ablación de las almorranas en tiempo real. Después de la experiencia podría, si la naturaleza así lo dispusiera, cagar cubos de rubik con la misma facilidad que insulto al mierda. Por cierto, bella estampa - ción la de hoy.

quique dijo... 09 junio, 2008 12:38

Dios, no puedo esperar a la crónica de la carrera de ayer, que espectáculo lo del mierda!! Que le vais a dar, 1.000 puntos? Creo que lo de ayer reune todo, es muy dificilmente igualable en lo que queda de competición... Aunque espera, tratandose del mierda, a saber...

abobriga dijo... 09 junio, 2008 13:11

otro que espera por la crónica. Espero que la frase del polaco "Debo darle las gracias a Lewis porque ha elegido a Kimi y no a mí" tenga su justo precio... al igual que el esfuerzo de Force India que, si no llega a ser por su fiabilidad, nada de esto hubiera pasado.

Un hurra por Lewis Daltonic Hamiltonto!!

Anónimo dijo... 09 junio, 2008 13:43

He llegado a naranja (no, no he trasmutado en icono mundialista, me refiero al hartilujio mencionado que he borrado ya de mi mente), he entrado en trance convulso y no he podido seguir. La cosa prometía, pero no soy onvre enough.

Academia de Ociosos dijo... 09 junio, 2008 16:58

Es una verdadera pena que Hamilton haya descubierto el blog. Va a reventar carrera tras carrera de esta guisa, hasta que no queden más puntos. En fin, riesgos de la fama y del internet.

Francisco Wilches dijo... 10 junio, 2008 07:23

Eso es mucho onvre...a mi ya me dio miedo llegar a ese punto en la vida...que digo miedo...HORROR

Danda dijo... 11 junio, 2008 16:27

Este tema a mí no me hace tanta gracia porque me recuerda que el genial Frank Zappa murió de cáncer de próstata tras estar sufriendo durante varios años serios problemas urinarios sin que ningún médico se diera cuenta de lo que tenía...

Anónimo dijo... 01 julio, 2008 20:16
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Anónimo dijo... 18 julio, 2008 11:16

Yo utilizo sondas uretrales casi todas las semanas. Empeze con las mas finas y ya voy por 12mm. Utilizo lubricante para dejarlas entrar suavemente, y luego las muevo igual que una mujer mueve un dildo en su vagina.. penetro mi pene por su fina abertura, hasta que el placer es tanto que disparo con mucha más fuerza que masturbarme. He dilatado bastante mi uretra, he enderazado la curva de mi pene, y cuando orinom ahora el chorro es directo.

Paco Fox dijo... 18 julio, 2008 11:20

¡Que nadie diga que este blog no se aprenden cosas interesantes!

Anónimo dijo... 17 septiembre, 2008 00:28

Yo he aquí que poseo un hemorroíde nuevo, que se ha presentado durante un viaje. Dicho ésto puedo prometer y prometo, que no me someteré a tactos rectales en el futuro aunque fueren necesarios. Si hubo un momento en el que me hicieren cierta ilusión, con posterioridad a la lectura de la experiencia del amigo Gamba, hemos decidido el nuevo hemorroide y yo no realizarlos. Aprovecho la ocasión para preguntar a los insignes onvres que aquí escriben, si me pueden dar luz sobre un film italiano que me produjo gran vicisitud en su momento, creo que se llamaba ¨Los amigos¨ pero no recuerdo año de producción, director ni actores. Una escena magnífica era cuando abofeteaban a los pasajeros de un tren que partía de la estación mientras, asomados a las ventanillas, se despedían de sus allegados. Los ¨amigos¨, corriendo en sentido opuesto a la dirección del tren, daban tremendas bofetadas a los pasajeros que miraban en la dirección del andén que el tren abandonaba. Majestuoso.

Paco Fox dijo... 17 septiembre, 2008 08:47

Pues será 'Amici Mei', de Mario Monicelli. Tuvo dos secuelas y todo.
http://www.imdb.com/title/tt0072637/

La navaja en el ojo dijo... 17 septiembre, 2008 12:02

Buenísima. Y la escena del tren que tú recuerdas es la mejor de todas. Los actores eran Michelle Piccoli, Ugo Tognazzi y otros que ahora no recuerdo, en el enlace que te da Paco puedes consultar algo más.

Anónimo dijo... 03 noviembre, 2009 13:12

"Un conducto que nunca estuvo pensado para que le fueran introducidos objetos" ahmm en este caso no, a vosotros que tanto os gusta explorar nuevos orificios... He disfrutado mucho con este relato, incluso tengo que reconocer que me ha llegado a poner y todo. Creo que me equivoque de profesión, jejeje.

Femina.

Schnufflex dijo... 22 diciembre, 2010 23:43

Acabo de encontrarme con esta maravilla: "La fabulosa historia de la caca".
http://www.seriesyonkis.com/serie/la-fabulosa-historia-de-la-caca/

Anónimo dijo... 31 diciembre, 2011 23:40

Pues si, lo de las sondas uretrales es todo un descubrimiento http://www.forttroff.com/sounds-play_list

 
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