2009


Durante el año que hoy termina, la parca no ha sido parca y se ha cobrado más vidas de famosos de lo que parece habitual en el transcurso de 12 meses. Muchos de ustedes acertaron con alguna de las predicciones que colocaron en este post.

Andrés Guerrero apostó por Patrick Swazy y Antonio Vega, es decir, hizo doblete. Pero también tuvo dos aciertos Monolito Lunar y con más originalidad: Jennifer Jones y Karl Malden. Por tanto, Monolito recibirá el sórdido regalo. Sólo si alguien reivindica tres aciertos o dos vaticinios más originales en los próximos días, se revocará el fallo del jurado.

Y, ¿cómo no?, como buenos seguidores de Satán, se les invita a que lo vuelvan a intentar. En este tipo de juegos, hay quien tiene muy claro qué personajes tienen los días contados y juega a ganar y hay quien más que vaticinios, se dedica a colocar deseos... como una carta macabra a los Reyes Magos. Todo nos vale.

Instrucciones: Anoten sus predicciones en un comentario a este post. Tienen hasta el 10 de enero para predecir y sólo contarán los fallecimientos que acontezcan durante el 2010 y, por supuesto, después de que su comentario haya sido escito. El máximo de personajes que puede poner cada participante es de tres. Si en un comentario hay más de tres nombres, se descartarán todos ellos. Todos los comentarios tendrán que ir firmados. Se darán más puntos a quien acierte con personas por las que nadie más haya apostado. Así que traten de ser originales.

"Un parado contra un mojón kilométrico". ¿Lo decía Flavio como si eso fuese algo malo? ¡Jracias Jenson! Luego tuvo que venir el rodillo de Frigodedo para los necios que no supieron apreciarte en tu día. Pero, desde la triste F1 de hoy, el 2009 parece un buen lugar en el que quedarse.




Australia

Así quedó el Trulligate

Malasia

China

Bahrein

España

Mónaco

Turquía

Silverstone

Alemania

Hungría

Valencia

Bélgica

Italia

Singapur

Suzuka

Brasil

Emiratos Árabes

Permítanme compartir con usarcedes un tubo de una canción que marcó mi infancia:



"El turista 1.999.999/ Cuando llegó, se lamentó/ Por bajar tan deprisa del avión/ con su mini pantalón/ Se ha perdido la ocasión/ De tener las atenciones/ Que por suerte le brindaron al turista dos millones/ Pero es igual/ Se conformó/ Y en Mallorca fue feliz como el que más". Comprendan mi frustaración cuando veía a un onvre que, con toda su calidad, lucía un mini pantalón... ¡y que, empero, no lograba ser cubierto de los agasajos y atenciones que merecía!

Por ello, en otro de esos momentos que producen vértigo - el hecho de que ente sórdido vlog vaya a llegar a la visita un millón - no se me ocurre mejor forma de conmemorar tal evento que quitándome la espina que me dejó esa canción.

A lo largo del día, se producirá la visita un millón, pero no queremos tirar del sitemeter para averiguar que dicho visitante es un fistro que llegó aquí buscando cosas tipo "Fotos de Amaia Salamanca desnuda" o, como casi la inmensa mayoría, "masturbaciones". Si bien no condenamos - sino que jaleamos - dichas actitudes erótico festivas, preferimos que los agasajos sean para alguien "de la casa".

SO...

Comenten ustedes - aunque sólo sea para decir que Hamilton es un mierda: eso nunca dejará de ser verdadero - y, el que efectúe el comentario en el momento en el que se produzca la visita 999.999 recibirá unos reghalos de calidad y valores éticos incuestionables (que, además, sirvan para algo y hagan feliz al receptor, eso ya es otra historia).

¡La carrera empieza YA!

PD: Bueno, la verdad es que sí hay una forma en la que Hamilton dejará de ser un mierda: si se descubre que su hermano, en realidad, es un figurante contratado para darle un punto de telefilm salchicheiro a las carreras. Y, de paso, 500 puntos para la liga fantástica.


*Editado: Ganó Rifle. Congratulations. A ver qué le mandamos. En breve: vuelve, tras un año de descanso, nuestra lista de películas favoritas del año.

Hace un par de años, decidimos disfrazarnos y hacer el imbécil para desear a todos los lectores una feliz navidad.

Esta vez, ni siquiera nos hemos disfrazado. A cara descubierta, pero con guantes, nos hemos paseado por varios edificios satánicos de Madrid. Y, claro está, nuestra desvergüenza empieza a preocuparme. Porque estamos en la era de gente temerosa de poner sus fotos en el facebú por si la CIA les está investigando. De las noticias alarmistas sobre departamentos de RRHH investigando a los candidatos a becario o trabajador temporal con sueldo de mierda buscando imágenes comprometidas en Google. Y aquí estamos nosotros dos: dejando constancia de nuestra facilidad para conseguir que nuestras madres se arrepientan de haberle dado a sus amistades la dirección del blog de su niño. Si es así, ¿qué pensarán nuestros superiores si ven esto! Pues una cosa muy simple: que esperan con impaciencia la segunda entrega de 'Satán es mi señor'. Porque el que seamos unos sórdidos ya es una realidad que tienen bien asumida. Creo. Espero. Por San Feck, que así sea.

Feliz satánica navidad from vicisitud y sordidez on Vimeo.

(Y un backup en peor calidad para cuando Vimeo - o la casa Real, vaya usted a saber - decidan tumbarlo.)

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Vídeo realizado por La navaja en el ojo.

Mientras vivo inmerso en el mundo de Satán – y con Satán tendrá que ver también nuestra felicitación navideña – aprovecho para un par de momentos de vicisitúdica egolatría.

El primero, es mi participación en Radio 3 hablando, esta vez, de “Placeres culpables musicales”. Por ir tanteando formatos, esta vez los responsables del programa decidieron que hubiese una sola voz en vez de tres. Hay buenos momentos, pero uno no es un animal de radio y, más de mil veces hubiese agradecido tener a Paco o lanavaja al lado para que saltasen al ruedo y salvarme de mis hundimientos cerebrales. O que, simplemente, lo hiciesen mucho mejor que yo. Especialmente cuando, para suavizar esa sodomización a la audiencia que es hacerles vivir en Rick Wakeman o Julio Iglesias, me preguntan cosas sobre artit-tas sobre los que no sé ni me interesa saber NADA como Nick Cave (pese a su bigotín) o Norah Jones (¿Es que alguien que protagoniza una peli de Kar Wai no merece un par de meses de tortura ininterrumpida?). He aquí el podcast:



La otra cita de la agenda es para este domingo 20 por la noche. Telecinco emite el final de la tercera temporada de “Sin tetas no hay paraíso” y, en medio de todo el dramón, sufrimiento y marimba de tiros que se va a organizar (amén de los corpiños ceñidos, but you knew that already) pues todo el mundo ha decidido soltarse la melena en este “fin de era”: el pasaporte falso de Catalina lleva el nombre de la montadora, el jefe de prensa hace de CSI de la vida y... Sí, un servidor sale ¡y con frase!


La idea era que Paco también viniese pero, en esta temporada, los dos intentos por que él estuviese al lado de María se saldaron con sendos problemas estomacales justo antes del rodaje. Un clásico. Cuando, al final del rodaje, le puse con María al teléfono, un acabado Paco no podía reconocerla ni a la que éste le interpretó el clásico “¡Catalina ya se ha ido, Rafa! ¡¿Por qué no puedes quererme a mí?!”. Luego, ella le dijo “¡Que soy la Jessi!” a lo que Paco respondió sobriamente “No, tú eres la mujer del chope”. What is worse: María lo comprendió. Días después, en un magnífico ámbito brutalista – Serrano 41: Satán es su señor – le conté a María, para gran vicisitud de lanavaja que estaba a mi lado, que “Paco se quedó tan frustrado por no poder ir al rodaje que, ayer, soñó que estaba condigo en un coche ¡pero sólo hablando!”. Ante lo cual María, en vez de poner una orden de alejamiento contra nosotros, dijo “Si no soñó con la Jessi y sí con María Castro ¡tenía que estar hablando, porque no paro!”.

Así que ya saben, si ven hoy el capítulo verán una escena en la que llamo “Tío sórdido” a Ivan, rompo una copa de coñac – no podía ser de otra forma – en una pelea y, para redondearlo, puede que se oigan ciertos comentarios sobre cierto piloto de F1, who knows. Si lo ven, pasarán tanta vicisitud como la pobre Cris Baby que se quedó completamente empanada, en la primera toma, al vernos pelear. Nos vemos.


Y aquí un tubo (actualización 21-12-2009):


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Ahora que Vicisitud y yo nos hemos acostumbrado a los posts gigantescos, no paramos de rememorar, cada vez que quedamos para tocarnos el tralalá ante el disgusto y resignación de nuestras respectivas, aquellos tiempos en los que había entradas de dos o tres párrafos en las que sólo contábamos una simple chorrada de rápida lectura.

No como ahora, que son simples chorradas pero que se tardan media mañana en leer.

Así que voy a relataros una breve vicisitud que me aconteció recientemente. Muchos dicen que la frase con más verdad de la historia del pensamiento humano es ‘el romanticismo muere al primer pedo’. No seré yo el que lo niegue. Tanta sabiduría concentrada en tan poco espacio me sobrecoge como a Belén Esteban la existencia de las ecuaciones de segundo grado. Pero yo voy un paso más allá. Recientemente, experimenté una epifanía en la que descubrí, no el momento en el que muere el romanticismo, sino aquel en el que el romanticismo decide beberse un tarro de lejía, cortarse las venas con sierra mecánica y entrar en el Mercado de Fuencarral diciendo que los Smiths son una mierda y que Kenny G es Dios. Porque, para algunos, el romanticismo no se acaba totalmente cuando te das cuenta de que el cuerpo no es un conjunto que se reduce a unas espléndidas tetas (o pectorales) y una mirada arrebatadora, sino que principalmente se trata de una máquina de facer cochinadas. No podemos olvidar esa épica oda al guarrindonguismo romántico-monárquico de ‘quiero ser tu támpax’ o ‘A mí de mi novia me gusta hasta cómo huele su regla’. Esto último juro que lo dijo un conocido mío cuyo nombre no revelaré por el bien de la salud pública. Esto es, para evitar que, a partir de ahora, no pueda andar por la calle sin que todo el que lo reconozca explote en un ataque de vicisitud.

Así que esto es lo que pasó: Andábamos Snowymary y yo celebrando nuestro aniversario con un viaje por las fermosas sierras de Las Hurdes. Yo, como siempre, había pasado un mal viaje debido a mis vicisitudes estomacales. Nos despertamos en la suite de un acogedor hotel y fuimos a tomar un agradable desayuno con vistas a las montañas cubiertas de niebla. Sólo faltaba un personaje de Emily Brontë bajando la ladera, Friedrich pintando un cuadro en el recibidor y dos fans de Crepúsculo NO follando en el bosque para que aquello fuera más idealmente romántico.

Así que, sin hablar, y embriagados por la belleza del momento, nos sentamos en la mesa con vistas al bosque. Y las primeras palabras que surgieron de Snowymary fueron:

- ¿Has hecho caca?

En ese momento, escuché cómo el romanticismo se bajaba los pantalones, gritaba ‘¡A tomar por culo!’ y se ponía un chándal fucsia antes de lanzarse por la ventana. ¡Qué se le va a hacer!. Pues, ahora que lo pienso, lo normal después de contar estas intimidades en público: prepararme para dormir esta noche en el sofá.

Cual reflujo gástrico traidor tras empacho de salmorejo, hay cosas que siempre vuelven. En el caso de este blog, principalmente el tema de la gaycidad de sus autores.

Hoy no vamos a hablar de ello. Porque ya está bien de cachondearnos de nosotros mismos. ¡Que mi madre lee esto! Así que retomaremos otro tema que llevaba un tiempo desaparecido en combate. Muchos lo habréis acertado. Otros no sólo lo habrán averiguado, sino que, a continuación, habrán pinchado en favoritos para ver una página menos peligrosa para la salud (esto es, en el 72’6% de los casos, pornotube) Ciertos lectores, como nuestra amiga Araceli, incluso se habrán planteado volver a coger los libros de la oposición antes que someter a su cerebro a más cine-colonoscopia. Porque, efectivamente, hoy hablaré de una peli de la Cannon.

Algunos recordaréis el post ¡¡¡¡ÉPICO!!!! en dos partes que le dediqué a tan simpática compañía cinematográfica. En él glosaba las aventuras de Menahem Golan y Yoram Globus, dos primos israelíes enamorados del cine, pero prácticamente incapaces de producir una película decente pues, casi como la medusa, convertían todo proyecto que llamaba su atención en estatuas con forma de boñiga.

A lo largo de sus breves años en la retaguardia (concretamente, en el orto) de los grandes estudios de Jolibú, Cannon produjo todo tipo de películas: comedias juveniles, dramas, cine de artes marciales, fantasía, aventuras, thrillers, bazofia indiscriminada, atentados contra la salud pública... pero, extrañamente, el género más popular dentro del cine de bajo presupuesto quedó casi inmaculado. Menahem sólo lanzó cuatro películas puramente de terror. Las tres primeras fueron producidas durante su primer año en Estados Unidos: un clon de combate tardío de ‘La profecía’ titulado ‘The Godsend’y un par de slashers de difuso recuerdo. Lo cual quiere decir que nadie quiere acordarse de ellos. Una afirmación que, en el contexto de los fans del género y teniendo en cuenta sus bajas expectativas, da una idea certera del pozo de aburrimiento que tienen que ser.

Se puede inferir que Menahem no era especial fan del terror, pues tardó dos años en sacar una nueva película. Esta vez, fue un proyecto más cercano a la maquinaria de la compañía, pues estaba dirigido por Boaz Davidson, realizador importado por los primos directamente de Israel y que hoy es director de esa especie de versión corregida de la Cannon llamada Nu Image. Es, por lo tanto, responsable de ‘John Rambo’ o ‘The Expendables’ y decididamente culpable y digno de ser desterrado al planeta prisión Rura Penthe por cosas como ‘Shark Attack 3’

En mi costoso empeño por verme la mayor parte de las películas de la Cannon, había ido dejando apartado este título. Su escaso renombre, incluso entre los aficionados al cine casposo, y la total ausencia de la barba de Chuck Norris, habían conseguido que casi no le prestara atención.

Pero estaba equivocado. No era consciente de lo que me esperaba la otra noche cuando Snowymary bajó a la reunión de la comunidad y yo, que me niego a acudir a esos encuentros por miedo a que empiece a llamar gilipollas oligofrénicos a la mitad de los asistentes, conecté el disco duro para ver esta cosa. Era la película que consiguió que la Cannon diera por imposible el género de terror. Un título que es posible que Menahem considerara que tan chungo que no valía la pena seguir intentándolo con un estilo que, de todas maneras, tampoco le gustaba.

Paremos un rato, queridos hermanos, para considerar el peso específico de esas palabras.

Sí: es como contemplar la inmensidad del universo y darte cuenta de que, además, llevas todo el día con la bragueta abierta.

La película se llama ‘Hospital Massacre’, aunque fue estrenada en otros lugares (España figura en esta lista de damnificados) en una versión recortada llamada ‘X-Rays’. Gracias a internet he conseguido ver una copia en la que se puede comprobar claramente cuáles son las escenas eliminadas mediante el curioso proceso de apuntar aquellas que están en alemán. ¡Qué maravilla el mundo de aquellos que se dedican a montar copias foráneas con audios de un VHS patrio! El que pilló un original en alemán para esto permitió que una película mala de terror mutara cada diez minutos en un pornoazo germano. Porque yo veo tetas, enfermeras y bigotes hablando en ese idioma e inmediatamente pienso en porno. Pues, como su nombre indica, la película se desarrolla en un hospital. Y, como su productora, año de producción y género indican, hay tetas.

El flim se abre con la usual escena del slasher ochentero de trauma infantil. Todo preparado para ser explicado cuando se revele la identidad del asesino. Un niño y una niña rubitos están jugando cuando la chica recibe una carta de San Valentín (un título alternativo del título alternativo de la película era ‘Be My Valentine Or Else’). Como es del freak moreno del colegio, se descojonan de él. Error. Al pobre rubito le cuelgan de la percha por el ojo, algo que ha tenido que suponer un esfuerzo tremendo para el chaval moreno y, por qué no decirlo, muy buena puntería. Antes de eso, sin embargo, hemos asistido a la primera muestra de la aguda técnica que utiliza Boaz Davidson para sugerir terror:

Todo. Se. Hace. Muy. Lentamente.

Esto es, la chica corta un pastel con la misma velocidad de un Luca Badoer conduciendo un triciclo hasta arriba de maría. Ese será el método básico de interpretación de todos los secundarios durante toda la película. Tarkovsky estaría orgulloso.

Flashfordward varios años después y la niña, ahora milagrosamente morena y sin pinta de que haya sido con la ayuda de L’Oreal, entra en un hospital para recoger unas pruebas. Allí presenciamos la segunda técnica Davidson para las películas de miedo:

Todos los señores actúan como si fueran el doctor maligno. En este caso, un limpiador que, de todas formas, será el segundo en caer. ¡Qué genio del cine de terror!

Los primero intentos de ¡HUMOR! aparecen a continuación. Un tipo que parece dormido en el ascensor está apoyado en la pared opuesta a la prota con lo que parece sangre en la boca, la cual se derrama en los zapatos de la chica no se sabe muy bien gracias a qué ley física. Naturalmente, es ketchup, pues el tipo sólo estaba echando una cabezadita mientras se comía una hamburguesa. Lógicamente. Lo normal.

El malo detiene el ascensor, dejando a la protagonista atrapada. Su plan es hacerse con el fichero de la buena mujer simplemente cargándose a su doctora de cabecera. Para ello, llama a esta última por los altavoces más descontrolados a este lado de ‘Los locos del bisturí’ a una planta que están fumigando. Lo cual permite a Davidson hacer los planos más terroríficos y atmosféricos de la película. Esto es, la señora va por un sitio nebuloso y se asusta con… un esqueleto de clase de ciencias. Y yo que creía que eso ya era se tomaba como un chiste en las comedias de Abbot y Costello. Pero qué sabré yo. A lo mejor era… ¡HUMOR! La doctora es despachada con saña y comienza más o menos la trama, pues el malandrín ha aprovechado para cambiar las radiografías de la protagonista y poner otras de un tipo con menos futuro que Vicisitud decidiendo caprichosamente arrancarle a Chuck Norris un pelo del escroto.

Sí, he hecho un chiquitismo. Acaba de empezar la película y ya estoy desesperado por buscarle un poco de humor.

Así que aligeremos la cosa. Como ya decía, el malo, que siempre va vestido con máscara y gorro de quirófano, se carga al limpiador al ritmo de una música de coros en plan 'La Profecía' que va de perlas con la ambientación de hospital. A partir de aquí, pasamos por varias escenas de supuesto ambiente ominoso que intentan ser David Lynch, pero que se quedan en evocar al asilo de Los Simpson. Planos que, a propósito, son los primeros que veo que no aparecían en la versión corta de la película.

Pero no se preocupen: no me dedicaré a glosar todas las diferencias entre ambos montajes. Por un motivo claro: tengo que hacer la tortilla para cenar y quiero acabar esto pronto. Que si no, tampoco lo haría. Ni de coña.

A esta altura, la película presenta a tres médicos. Un calvo con bigotón que casi no sale y que está empeñado en internar a la mushasha, uno más joven que parece preocupado por ella y que presentan como su aliado y otro que actúa siempre de manera sospechosa. Eso lo sabemos porque, efectivamente, lo hace. Todo. Muy. Lento. Y porque es un borde. Pero todos los que somos habituales en los hospitales sabemos que esto último no es ninguna novedad.

Así que... ¡momento del concurso! ¿Quién es el asesino?

El que no lo haya acertado se lleva una galleta y diez puntos de estilo por ser el lector de este blog que más folla, pues su ignorancia significa que NO ha visto sienes y sienes de flims de terror ochenteros como yo.

El doctor ominoso pide a la chica que se desnude para hacerle el examen físico más lento y lascivo de la historia del cine. Para ello, la mujer pasa detrás de un biombo que, como todos los que se suelen encontrar en los hospitales, tiene un foco justo detrás. Así, la escena se convierte en una especie de strip tease blandiporni de los momentos más cutres (por pretendidamente elegantes) del Un, Dos, Tres tardío. Claro que, a continuación, pasa al terreno Ángel Casas con la muestra de los pezones 3D (de esos con la corona en relieve) de la protagonista. Y no es que yo sea un salido que sólo se fija en las tetas. Es que soy un salido que se aburrió mucho y no le quedó más entretenimiento que mirar tetas mientras el. Médico. La. Examinaba. Con, Tremenda. Y.

Excesiva.



Lentitud.




El asesino se dedica durante los siguientes minutos simplemente a pasearse por ahí siendo un cabrón. Esto es, a cargarse a gente para que no sepan que la chica 3D está en realidad sana. Uno de los asesinatos, curiosamente, no estaba en la versión corta.

Vale. No lo haré más. Es la última. Que se me hace tarde y de verdad que tengo que hacer la cena. Pero es un dato relevante no por lo extraño de quitar violencia en un slasher de la época, sino porque el que entra luego en el lugar del crimen, ahora vacío, preguntando sin que nadie le escuche por la muerta es precisamente (spoiler, claro) el asesino. ¿Doble personalidad? ¿Esquizofrenia? Me temo que se trata más bien un caso típico de guionista con poca vergüenza unido a remontador con un poco de orgullo.

El novio de 3D (creo que, ahora que la hemos visto en pelota picada, ya podemos tomarnos las confianzas de llamarla por un mote) va a verla y a sacarla de allí. Naturalmente pasa por la planta en fumigación en la que, en otro momento de David Lynch de mercadillo, se encuentra con un grupo de viejas paseando no se sabe muy bien por qué. Tras caminar un rato con una lentitud humanamente imposible, es convenientemente eliminado tras un biombo con foco detrás. Ya os dije que la iluminación de este hospital era de lo más imaginativa. Instalaciones que, además, son las más vacías que nunca he visto. Cuando estuve en planta tras mi operación gástrica aquello parecía más bien Malasaña un fin de semana: misma cantidad de gente, mismo número de vomitonas.

Tras el usual “te voy a poner la cabeza de tu novio en una caja y luego la cambio por un pastel para que todo el mundo piense que estás loca”, la cosa se acelera un poco. Lo cual significa que viene un festival de videos. No sólo tenemos este gran momento de idiotez con tres vendados que parecen sacados de una película del Inspector Clouseau:


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Además, el malo demuestra en esta escena su total incompetencia sensorial al no ver a la chica a diez centímetros de distancia:



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Pero claro, es porque ese biombo no tenía un foco detrás. Que así no hay manera.

Pero lo mejor ocurre a continuación. La escena de terror más fascinante (esto es, vicisitúdica) que he visto en mi vida. Sé que es mucho decir. Pero hay algo de atchonburikismo que hizo que superase a grandes clásicos de la ridiculez como el ‘Thery’re going to eat ME. Nooooo!’ de Troll 2 o al momento de ‘Il Bosco’ (AKA Evil Clutch) en el que una bruja saca una garra mortal de su entrepierna y le arranca los cataplines al chaval con el que se estaba enrollando.

En este caso… Vale, sé que queréis ver esta última escena. Está aquí.

Volviendo a Rayos-X, que es de lo que se trata, os ofrezco a continuación lo más grande jamás filmado en un slasher:



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¿Por qué lleva la sábana, si de todas maneras sigue disfrazado con la máscara?
¿Por qué la doctora corre como su tuviera artritis (y, ya puestos, parálisis cerebral)?
¿Por qué es necesario enrollar a una víctima con una sábana para inyectarle alquitrán en el cuello?
¿Por qué el director pensó que una tipa con una sábana en la cabeza tambaleándose como un Chiquito de la Calzada borracho por el pasillo era un momento que perduraría en la mente de los espectadores? Muy sencillo: porque tenía razón. Yo nunca voy a olvidarlo.

Una vez eliminado al Doctor Bigotón y al Doctor Ominoso, el malo (que ya prácticamente sólo puede ser una persona) se lleva a nuestra amiga 3D a la planta de la fumigación para arrancarle el corazón. Es que, en el fondo, es un romántico.

Al final (Spoiler! Spoiler! Spoiler!) la película resulta ser una puta mierda. Da un poco que igual si la chica se salva o no. A esa altura sólo podía pensar en la magggggnífica escena de la sábana y en cómo iba a romper una vez más mi regla de no analizar en el blog una película suelta. Porque, además, ya iba siendo hora de que retomara el proyecto Cannon. Grandes sorpresas esperan en algún momento del futuro.


(*Nota: Jracias a Carlitos por el jodido trabajo de sacar los videos)

Yo crecí en el polígano. Y, cuando eres pequeño, todo lo que te rodea te parece “lo normal”: los gitanillos trapicheando en la estación de tranvía abandonada enfrente de mi edificio de 15 pisos, los soportales reconvertidos a garajes o picódromos (también llamados “oficinas de colocación), los talleres mecánicos que pagaban a los kinkis del barrio para que rajasen todas las ruedas de los coches, las calles con apenas tiendas y un aparatoso Alcampo a 15 minutos de distancia... Con 8 años, dibujé una acuarela de mi polígono – Coia – que incluía sus pírricos parques, sus choris y sus peatones siendo atropellados. Y gané el primer premio de dibujo en mi colegio.

Así que podrán comprender mi asombro infantil el día que fui a casa de un amigo que vivía en “el centro” y descubrí que existía otro mundo. Con los años, fui comprendiendo que, además, el hecho de que uno tuviese menos sensación de ser atracado y violado por la calle en el centro que en el polígano tenía mucho que ver con una cosa que se llamaba “arquitectura” y otra que se llamaba “urbanismo”.

Podría ahora, viviendo en un barrio nada poligonero de Madrid, cagarme en todos aquellos arquitectos que convirtieron mi infancia en un infierno. Pero, si quieren que sea sincero con ustedes, ese infierno sigue siendo esa experiencia mítica de la infancia. Algo que me fascina y que, periódicamente, cada vez que me encuentro con ciertos edificios, hace que sólo pueda gritar:


¡SATÁN ES MI SEÑOR!


¡SATÁN ES MI SEÑOR!
¿Van pillando el feeling?



¡SATÁN ES MI SEÑOR!

Venga, no me digan que no se quieren unir al coro...


¡SATÁN ES MI SEÑOR!


¡SATÁN ES MI SEÑOR!



¡SATÁN ES MI SEÑOR!


¡SATÁN ES MI SEÑOR!

Incluso se le podría dar a las fotos un punto de megalomanía facciosa sideral y gritar...


¡SATÁN Y DARTH VADER SON MIS SEÑORES!


¡SATÁN Y DARTH VADER SON MIS SEÑORES!

Pero, ahora, toca el momento de la revelación (más impactante aún que saber que el arquitecto autor de esas dos últimas obras – parecidas a un destructor imperial - tiene un nombre tan maravilloso como Clorindo Testa). Fozando en Internet, me di cuenta de que esta apoteosis del satanismo no era una cosa casual, sino que obedecía a un plan maléfico cuya terrible historia, a continuación, paso a relatarles. Elijan su mejor sillón, cojan puro y coñac – o peppermint, si les da un puntillo más putón – como onvres y munheres de pro que usarcedes son, porque hoy comienza la primera parte de un post épico-cultural: la historia de aquellos adoradores de Satán que querían – y lograron – que nuestra vida fuese un infierno.

En el principio fue Le Corbusier...

“La vida es un camino. Elige bien al que te vaya a guiar”. En el occidente arrasado por la Segunda Guerra Mundial, el mundo eligió, para reconstruir las ciudades (lo que es lo mismo que decir “cómo vas a vivir en comunidad”) ¡a un suizo capillitas!

De la misma forma que un decorador minimal erraría si no pone una papelera para compresas en los váteres de señoras o el diseñador de un frikódromo erraría si no pone una colgador para que los roleiros dejen sus mochilas, alguien que diseña una ciudad para seres humanos que salen a la calle a pasárselo mínimamente bien debería ser un ser humano que saliese a la calle para pasárselo mínimamente bien.

Así visto, un suizo meapilas fue la peor de todas las elecciones posibles. Y seguiré considerando a Le Corbuisier como uno de los mayores enemigos de la humanidad (como Platón fue enemigo del pensamiento o Bruno Mattei del cine) ante toda la jauría de licenciados en arquitectura que han tenido que sufrir una media de trece años en esa carrera. No porque sea difícil (las cosas chungas como cálculo de estructuras lo terminan haciendo los ingenieros) sino porque lograr que te laven el cerebro con las ideas de Le Corbusier es un proceso que, por cojones, tiene que tomar su tiempo.

Quien haya estado en Suiza sabe que la palabra “aburrimiento” cobra unas dimensiones TAN estratosféricas que hasta los freaks más gordos y sedentarios terminan practicando algo tan contrario a su religión como el senderismo y el esquí. Por ello, no debe extrañarnos que la idea de Le Corbusier de convertir la ciudad en “un bosque de columnas” no resultase extraña para un suizo.


Y yo digo... Hombre, lo de hacer reposar todos los edificios en pilares de hormigón está más o menos bonito para una foto en una revista gafapasta. Y para los que les guste el olor del orín fresco por la mañana. Y un servidor se echó su buena hora viendo algo mejor aún que eso en el interior de la Catedral de Córdoba (no, no esperen que la llame “mezquita”: me niego a tener en España uno de los principales centros de peregrinación mundiales para pirados filoterroristas). Lo que ocurre es que, pasada esa hora, pude salir a tomarme unas cañas en una terracita al lado de la catedral. Sin embargo, al pobre fistro que haya contemplado una hora los pilares del polígano ¿qué puede hacer cuando quiera tomarse unas cañas?

Encarna Sánchez SIEMPRE tuvo la respuesta: “¿Pues qué va a hacer? ¡Drogarse!”.

Y así comenzó la historia del poligonerismo. Y de las ciudades dormitorio. Porque una cosa es el urbanismo racionalista del Eixample en Barcelona – con sus tiendas y todo - y otra el delirio poligonero de pilares de hormigón de Le Corbusier. Para que vean la apoteosis de su visión nazi – no exagero: fue invitado por Mussolini a dar charlas sobre arquitectura, colaboró alegremente con el gobierno de Vichy y estuvo en un partido antisemita y ultanacionalista en los años 30 - quiero enseñarles una zona del Marais (París) que, por motivos personales, es mi rincón favorito del mundo:

Bueno, pues este era el plan del Corbu: arrasar todo el Marais y, en su lugar, edificar ESTO:


Estamos ante la pesadilla orgiástica de un nazi. Un sueño tan húmedo como el que tiene Esperanza Aguirre al encontrarse con un maricón comunista que le pide, por favor, sanidad y escuela pública para su hijo adoptado, ante lo cual la Lideresa dice, como quien espera mil años para pronunciar su frase definitiva:

“No”.


Llegan los brutalistas (en serio, se llaman así)

Da igual lo que pensase la gente de bien: los gobernantes hicieron caso al Corbu. Especialmente en las dictaduras comunistas, lo cual no debería sorprender a nadie (Bueno, sí le sorprendió a lanavajaenelojo cuando, de pequeña, y de turismo por el este, veía como un guía turístico mostraba orgulloso sus bloques de viviendas sociales que convertían a Móstoles en Versalles).

Sin embargo, hubo dos países no dictatoriales que, mejor que ningún otro, decidieron que la vida de sus habitantes tenía que ser un infierno. Me refiero a Inglaterra y Escocia. Big fucking surprise.

Después de la Gran Guerra, había un sentimiento entre los artit-tas de que “la belleza es inútil” porque no había podido crear un mundo mejor. Así que... ¿por qué no abrazar el hormigonazo y el mamotetrismo como la nueva estética?


A esta gente me gustaría decirles que “la belleza” no es algo que se hayan inventado ellos. Todo el mundo tiene una idea sobre “lo bello” (y, si no, no se explica la taquilla de Transformers). Y, desde luego, el “bello” culto a Satán que estos arquitectos perpetraron tuvo una curiosa conclusión: pocos de sus edificios lograron vivir más de veinte años. La gente aplaudió con ganas su demolición, pero todavía quedan obras en pie que, cual museo del Holocausto, recuerdan a las futuras generaciones que ESO no debe volver a repetirse (luego veremos que los arquitectos siguen sin aprender nada de la historia).


A continuación, vamos a ver algunos hits brutalistas.

Robin Hood Gardens

El matrimonio Smithson inventó un concepto que, así dicho en inglés, suena chulo: “Streets in the sky”. En español su traducción es menos lírica y viene a ser “Joer, enteraos, que habéis vuelto a inventar la corrala. Y de hormigón”.

Y es que, en los 60, una idea muy popular era la de separar radicalmente a los peatones de los coches. Así dicho, no suena mal. El problema es que, en el reparto, los peatones se acabaron quedando con rampas de hormigón que iban de un sitio a otro sin tener nada a los lados y los coches arramplaron con todo lo divertido.

Still, lo de las estritsindaskai, en la práctica, era crear un tremendo pasillo a la salida de tu casa con el que lograr no tener terraza, tener menos luz en el interior y, además, tener enfrente de la casa un lugar de paso para todos los vecinos (de follar en el salón mejor nos olvidamos) y, como todo buen lugar de paso público sin tiendas ni hostias... Sí, ya sé que saben la respuesta: un picódromo.


Claro que también podrían responder: un buen lugar para robarte y violarte y luego escapar con alegría. A día de hoy, la mejor forma de explicar las estritsindaskai es decir “¿Sabes donde viven en ‘My Name is Earl’ o en todas las pelis de Ken Loach?”. Y el terror se dibujará en la cara de nuestro oyente.


La obra maestra del matrimonio que creó esa gran herramienta de Satán que son las estritsindaskai fueron los Robin Hood Gardens: una macrovivienda que demuestra que el 99% de las “soluciones brillantes” que planteaban los arquitectos brutalistas, en la práctica, generaban el triple de problemas.

Por ejemplo: “Ésta es una zona muy ruidosa”. ¿Respuesta? Primero, hacemos unos muros alrededor del edificio que se las harían pasar putas a Michael Scoffield y perder aún más vista a Stevie Wonder.


¿Y luego? Pues un extensísimo parque que separe los Robin Hood Gardens del tráfico. Lástima que los arquitectos son enemigos de los árboles – por aquello de que tapan la arquitectura – y sus parques son una oda a los “espacios abiertos” (ya saben, a la gente con muchas pelas, les gusta viajar “al desierto” porque allí no están los zafios que van a Mallorca). ¿El resultado? Lo que TODOS los jardines “modernos”: tremendo picódromo con tremenda solanera en verano que quema la hierba hasta convertirla en rastrojo. Furthermore, a todos nos gusta pasear por un parque – yonki free, of course – de vez en cuando. Pero invertir media hora todos los putos días en atravesar un erial para poder ir al trabajo es algo que merece el linchamiento del diseñador.


Actualmente, el edificio está comenzando a amenazar ruina y, a los pretenciosos que lo diseñaron, no se les ocurre nada mejor que intentar que lo acepten en el “Patrimonio inglés” y que los contribuyentes tengan que pagar una delirante reforma. Y ese es el momento en el que los ingleses, a diferencia de los españoles, se dan cuenta de que UN SOLO edificio público cuesta más dinero que todas las subvenciones que el cine ha recibido desde la democracia. Sin embargo, en España, mientras la gente se aprende los nombres de cuarenta directores a los que reclamar su dinero – y llamarles, de paso, “maricones rojos hijos de puta” - ¿Podría alguien decirme el nombre del estudio de arquitectura que, por ejemplo, ha perpetrado esa cosa en la Plaza de Santo Domingo de Madrid?

Conozco directores de cine – como mi bienamado Víctor García León – que, ante el clásico exabrupto “maricones rojos hijos de puta” responden, cabalmente, con un “Hombre, pues tiene su razón...”. Pero aún tengo que encontrar a un arquitecto que no entienda que tirar al suelo los Robin Hood Gardens es una cuestión de caridad cristiana para con sus ocupantes.

Como colofón, esta foto que los modelnos hicieron para demostrar que las estritsindaskai son pura alegría: ¡los niños juegan en ellas!


¿Qué quieren? Ante esta foto sólo puedo decir “educando a los yonkis del mañana”


Park Hill

Si viajan a Inglaterra y adoran, aunque sólo sea un poquito, a Satán, no pueden dejar de visitar esta obra: la Meca del Satanismo.


El bloque de viviendas más grande del mundo está en Sheffield y sus estritsindaskai son la culminación definitiva del grito de guerra “¡Por favor, róbeme, vióleme y máteme!”.


Park Hill nació para acomodar a las clases trabajadoras tras la posguerra y aportó un punto de “buena conciencia” a los arquitectos pretenciosos. Ya no eran los pringados que hacían palacios a sueldo del mecenas, sino que, ahora, podían ser unos “rojos” del lado del pueblo. Podían ser los que reclamaban la nobleza proletaria del hormigón frente al decadentismo burgués del mármol.


Evidentemente, el proletariado terminó diciéndoles “Habla por ti, gafapasta. El hormigón y el acero visto en países en los que sólo llueve acaba siendo sinónimo de chorretón. Y, una vez más, si no pones buenas tiendas y vidilla nadie se va a quedar en el descampao yonkis que rodea el edificio”.


¿Conclusión? Delincuencia, abandono y partidos políticos – fachosos, pero, a veces, hay que darle la razón al enemigo – que han hecho campaña electoral prometiendo cargarse Park Hill. ¡Visítenlo mientras puedan oyendo Slayer a todo trapo en su mp3! Porque ni campañas gafapasta como esta van a convencer a ningún cliente del Mercado de Fuencarral para vivir en Park Hill.


El programa de la BBC ‘English Heritage’ dedicó un especial a reivindicar la rehabilitación de Park Hill y lo único que logró fue asustar a los pobres contribuyentes. Eso sí, debo reconocer que los ingleses, cuando quieren ser “ecuánimes” a veces son la bomba y tienen ideas como el programa “rival”, que se emitió en Channel 4 y que llevaba por título ‘Demolition’ . La gente votaba los edificios británicos más espantosos y, again, big fucking surprise, Park Hill quedó en primer lugar.

Cumbernauld

El yonkismo de la novela ‘Trainspotting’ tenía lugar en Edimburgo pero, a la que tocó hacer una – muy acertada – traducción a imágenes, Danny Boyle se dio cuenta de que Glasgow era EL sitio para ambientar la historia.

O, análogamente, Jonathan Glazer decidió que un polígono satánico de Glasgow era un bun objetivo para atacar con pintura de colores en su celebrado anuncio de Sony Bravia.


Todo satanista de pro tiene que hacer una visita a esa ciudad para, acto seguido llegar a las afueras de Glasgow y descubrir a Cumbernauld ¡toda una ciudad basada en los principios del Brutalismo!


El centro de la ciudad estaba planteado como el primer gran centro comercial de múltiples niveles de Europa. Y con “executive flats” en la parte superior. ¿Por qué será que nadie los alquiló?



Y todavía hoy se preguntan por qué Cumbernauld ha ganado DOS veces el premio ‘Plook on a Plinth’ a la chunguez y depresión creada por la pésima arquitectura y peor urbanismo. La segunda vez se lo dieron porque... ¡no habían hecho nada tras el oprobio y escarnio público del primer premio!


Bueno, sí que hicieron algo: intentar animar la vidilla de la ciudad haciendo otro centro comercial. Problem is, prácticamente ninguna tienda se animó abrir nada allí.


Viendo a esta gente en la inauguración uno se pregunta si está viendo la primera convención escocesa de Dillingers o un remake gaitero de ‘Dawn of the Dead’.


Still, el principal motivo por el que Cumbernauld tiene apartado propio en ente post es porque... ¡Es la ciudad en la que se fabrica la infame bebida Irn-Bru! ¡Sí, ese refresco consumido por Paco para fundir su esmalte dental y ser objeto de cinco colonoscopias al mes! Como pueden ver, TODO en el mundo del satanismo sórdido encaja en un terrible plan maestro que preferimos no conocer en su totalidad.

Cuando los norteamericanos hicieron caso a Le Corbusier...

La arquitectura es como la Fórmula 1: un buen arquitecto siempre tendrá una excusa a mano. “En realidad, la culpa de que todo lo que he diseñado se convierta en un yonkídromo o pozo de inmundicia es de los constructores/especuladores/políticos/ponga-usted-aquí-lo-que-quiera-siempre-que-tenga-muy-poca-vergüenza que arruinaron mi maravillosa visión”. No voy a decir yo ahora que, del papel al solar no ocurran mil cosas, pero todo arquitecto ya tiene pelo en el pubis como para saber cómo es el mundo real y no decir cosas como “Vale que me corrí dentro, ¿pero cómo iba a saber que te quedarías preñada?” o “¿Crees que mi hermana corre peligro atada en pelotas a una farola a la salida de una sala X?”.


Por eso, sabiendo mínimamente cómo es el mundo real no tengo mayor problema en ponerme delante del arquitecto que sea y decirle: “Le Corbusier es TAN mierda que Lewis Hamilton se cambiaría de acera para no saludarle”. Y ganaría el debate en una décima de segundo, porque la realidad ha demostrado, sistemáticamente, desde los delirantes índices de delincuencia y suicidio en todas las Unités d’Habitation que el Corbu construyó, que este señor estaba equivocado. Vamos imagínense que Cesar Vidal escribiese: “Si Franco hubiese ganado la Guerra Civil, ahora España sería el país que lideraría el mundo... ¡un momento!”. Ya ven, lo ni ese señor ni Pío Moa pueden escribir, sin embargo, es lo que le dicen a todos los estudiantes de arquitectura. Los que logran acabar la carrera es porque se lo han creído. Y así nos va.

¿Recuerdan el plan del Corbu de arrasar París? Aquello no fue una mala tarde de borrachera y sesión golfa posterior de pelis de Uwe Boll, sino un proyecto que presentó machaconamente a las autoridades ¡durante cuarenta años! Pero hubo sentido común: ni siquiera los nazis quisieron arrasar París en su momento. Tristemente para los arquitectos, los plantes de Le Corbusier no quedaron en la esfera de los sueños para que pudieran decir, como un buen Pío Moa, “Si lo hubiesen hecho/ Si los rojos hubiesen ganado la guerra...”. Dichos planes se aplicaron en Estados Unidos y, una vez más, los resultados me dan la razón.

Onvres y munheres, I give you… Cabrini Green!


Aplaudan su record Guiness de lograr que la basura llegase hasta el piso 15.


Furthermore, esta zona, en su momento, no era precisamente lo más arrastrado de Chicago. Pero luego, logró delimitar sus fronteras con orgullosos desfiles de cucarachas. Con alguna que otra rata, por aquello de dar color.


Eso sí, de momento aún sigue en pie. Cosa que no puede decir el otro jran jit satánico yanki: Pruit-Igoe.


Este urbanismo es el cenit del movimiento llamado “Urban renewal” que, en español, significa, “Vamos a arrasar los vecindarios con vidilla que tanto molestan al señor Corbusier y, en su lugar, rendir culto a Satán”. ¿Por qué triunfó esta aberración? Pues por el mismo motivo que, con didacticismo, logran triunfar las lecciones de higiene genital para adolescentes: es tan fácil convencer a un chaval de que se frote la minga con jabón en la ducha como convencer a un promotor inmobiliario de arrasar todo un barrio – con una ley del gobierno que permite la turboexpropiación – para edificar rascacielos.


¿Ven? El otro gran invento de Le Corbusier fue la especulación inmobiliaria a saco (además del polígono, las ciudades dormitorio o los grandes centros comerciales para calorros que reunan TODAS las tiendas de una zona).

Para redondearlo, como todo buen barrio Corbusieriano, distinguía los edificios entre “para blancos” y “para negros”. No es de extrañar que todo el mundo huyese de allí y que su demolición fuese un evento tan celebrado que la televisión lo retransmitió mundialmente.


Feck, hasta Philip Glass lo jaleó componiendo un tema específico para la destrucción de ese pozo de inmundicia en la película Koyaanisqatsi (min 3):



Y cierro el bloque estadounidense hablando de una de las ciudades favoritas de Paco Fox (y un sitio tan sórdido que permite impartir clases al Ciudadano Soberano): Boston.


Cuando el nazismo de la arquitectura modernista se da la mano con la especulación inmobiliaria, lo primero que hay que hacer es vender que una zona de la ciudad está TAN degradada que es urgente hacerle un “Urban Renewal”. Lo curioso es que, casi siempre, se solían escoger barrios joviales y bulliciosos en los que viviesen judíos, negros o italianos. Acto seguido, se enviaban unos fotógrafos dignos de colaborar con Urdaci o Libertad Digital, para sacar lo más chungo del barrio. Evidentemente, en pleno McCarthysmo nadie iba a quejarse o firmar nada (por aquello de que te encerrarían por comunista si te quejabas porque alguien te destruía tu casa) y, acto seguido, prodecíamos a arrasar a mayor gloria de Satán. Para entendernos: si Madrid hubiese sido Boston, hoy en día Malasaña sería San Chinarro y el barrio de los Austrias sería un polígono industrial de Alcobendas. Y Florentino Pérez sería todavía más rico. Y mi vida sería un infierno.


Bien, pues a Paco, paseando por Boston, le tocó llegar a la considerada “peor plaza del mundo”. And for good reason.


Dicho espacio vacío, con diferentes niveles que te hacen bajar y subir sin sentido - y enyonkarte con sentido - si quieres llegar a algún sitio en línea recta, es tal inmensidad de hormigón que sólo podía estar coronada por un edificio considerado la obra cumbre del brutalismo: el Boston City Hall. Y Paco, fascinado ante Satán, tuvo que facerse foto.


Pasaron los años y se hacía patente y manifiesto que esa plaza era un desastre integral. Pero, claro, los que tenían que arreglarla no eran gente con sentido común (que arrasarían todo el lugar para comenzar de cero) sino... ¡arquitectos! Y esta es su manera de pensar:

“La fuente de la plaza es una estupidez hedionda que no interesa a nadie... ¿Qué hacemos?”


“¡Pues taparla con hormigón!”


Es una respuesta tan predecible que arranca mi aplauso. Y hace que me arranque los ojos y me los meta por el recto para que presencien algo más agradable.



Las ciudades “ideales”

¿Alguna vez se han preguntado por qué pierden más de tres horas al día en ir a un trabajo en un polígono industrial en casa de Peich y, luego, volver de éste? La respuesta la tienen en experimentos como Brasilia, que lleva al paroxismo la idea de Le Corbusier de separar la vivienda del trabajo y regalarle la ciudad al automóvil.


El caso es que, ante ese tipo de ideas, cualquiera de nosotros que no haya decidido probar la eficacia del último taladro comprado en el todo a 100 haciéndonos una trepanación casera puede sentirse más inteligente que “genios” como los señores Niemeyer y Costa. O, dicho de otra forma, cualquiera puede juzgar que hay más sabiduría y sentido común en la carpeta de la Yoli que en toda la obra teórica de estos genios. Y eso contando con que el 95% de la carpeta de la Yoli serían transcripciones de letras del Canto del loco.


Una vez más, los arquitectos deciden lo compartimentada que está la vida de la gente, olvidándose de que las personas somos seres volubles y NO racionales. ¿O, si no, cómo se explica la cantidad de películas colonoscopia que se traga Paco? ¿O que yo piense, de corazón, que “Sin tetas no hay paraíso” esté bien? ¡La gente no vive para salir de su opresivo edificio y e ir a una mierda de trabajo donde Cristo perdió el bolígrafo! ¡Señores arquitectos, lo que la gente quiere es un poco de caos jovial en la vida! Así, en contra de todo lo que gente como Niemeyer hubiese podido plantear, el caos generará la improbable conclusión de que una persona...

Sí, es lo que estáis pensando:

Que folle.

Y nada hay más importante que eso.



Por eso, cuando al fracaso monumental de Brasilia siguió la experiencia “utópica” de Canberra, se cometió un error distinto pero con el mismo poso: CANBERRA NO ERA UNA CIUDAD PENSADA PARA FOLLAR.


En este caso, el arquitecto pensó en desagregar la ciudad en varios núcleos autosuficientes de 20.000 habitantes. Y yo sólo pude decirle: “Enhorabuena, señor, acaba de inventar usted la aldea. No, mejor aún, acaba de inventar usted Galicia. Sólo que, en vez de coger todo el pack galaico incluyendo el lacón con grelos y María Castro, ha decidido pillar sólo la delirante estadística de alcoholismo y suicidios que tenemos en esta nuestra comunidad”.

En efecto, el diseñador utópico ignoraba que las ciudades surgen como concentración de mucha gente para que haya de todo y, así, se maximicen las opciones de follar. In short: un fan de la nueva generación de Star Trek que decida ir vestido de Ryker por la calle tiene más opciones de follar en según que barrio de Madrid que en la plaza de la iglesia de Lalín. Fact.


¿Qué sucedió? Pues que los grandes negocios fueron pillando los mininúcleos urbanos centrales (para estar más cerca de todo) y se acabó creando una macrociudad chunga como Los Ángeles: esto es, una masa informe de adifisios unidos por autopistas. Unan al pack unos cuantos jits del Brutalismo – que ya están siendo demolidos, obviously - y tendrán una ciudad pletórica de aristas de hormigón que gentilmente cortarán sus venas si así lo desean.


Nunca aprenderán: Barcelona.

Si hay una ciudad llamada a ser pasto del “Urban renewal” (palabro casi tan jodido de pronunciar como “Rural Juror”, aunque de consecuencias más funestas) ésta es Barcelona. El máximo sacerdote satánico de dicho movimiento fue Robert Moses. Él solito se cargó media Nueva York construyendo puentes, autopistas y trenes en la puta mitad de núcleos urbanos. De ahí la delirante criminalidad de ciertos barrios de la Gran Manzana. De hecho, llegó a tales cotas de delirio (como querer cargarse medio Central Park para hacer una autopista y un macroparking) que una biografía que lo degollaba – “The Power Broker” – fue un bestseller que ganó el Pulitzer. No sólo eso: el odio que generó en la gente fue tan inmenso que una señora llamada Jane Jacobs logró, casi en solitario, movilizar a la gente para, en los 80, lograr detener, for good, todo el urbanismo moderno. Invítenla a unas cañas si la ven por ahí.

Barcelona tiene dos características que la hacen apetecible para el resurgir del “Urban renewal”: la primera, que no puede expandirse. Por ello, si hay que hacer dinerito inmobiliario, es necesario cargársela antes. Y, segundo y más importante: la característica más importante de Le Corbusier eran sus...


Sí, my friends. Sus gafas de pasta.

Todos sus seguidores están imbuidos de ese espíritu gafapasta y... ¿Qué mejor sitio que Barcelona para intentar convencer a la gente de volver a la apoteosis del urbanismo satánico?

En Madrid, un buen gafapasta, mientras maneja a la vez cuatro productos de Apple, tendrá el cuajo de decirte que la apmpliación del Reina Sofía no es un corte en la retina hecho con un dvd oxidado de Joe D’Amato. Ellos son así. Tienen que hacerse los especiales.

En Barcelona, por supuesto, tienen que ir más allá y, en su espíritu Gafapastown tendrán que defender el ser, según varias asociaciones: ¡la ciudad que tiene la mayor cantidad de parques y plazas satánicas del mundo! A continuación, una muestra de lo que muchos nunca creerían encontrar en una ciudad con cosas tan bellas como el Parque Güell.

La plaça dels paisos catalans.


Una maravillosa explanada donde, aparte de hormigón no hay... ¡nada! ¿Y qué se puede hacer? ¡Nada!


El parc Joan Miró.


O cómo los arquitectos reconvierten el jardín a “escultura”. Llegue usted ahí, vea un feo chirimbolo de Miró. ¿Ya lo ha visto? Bien, pues váyase o enyónkese porque, aparte del chirimbolo y un estanque pútrido, la inmensidad de suelo de hormigón sin árboles que le rodea no da para mucho más.

Plaça dels àngels.


Todo pintaba bien: vamos a darle vidilla al Raval poniendo un museo de arte contemporáneo gafapastil en cuya plaza de acceso se podría tener una vida comunitaria medio normal o, por lo menos, no tan trapichera y prostituida como en según qué callejones. Sin embargo, un gafapasta decidió que el skate es algo esencial en la cultura urbana ultramoderna a la que debe aspirar Barcelona y el resultado fue... Sí, ya sabían que iba a usar la palabra hormigón.


Diagonal Mar.


Enhorabuena, urbanistas contratados por el Ajuntament. Acaban de recibir el galardón de “Peor parque del mundo”. ¡Una vez más somos la envidia de todo el planeta! Disfruten de estas fotos, porque me he quedado ya sin epítetos.



Satanismo religioso

Está claro que Le Corbusier, como buen meapilas que era, no le habría gustado nada la cantidad de veces que le acabo de llamar siervo de Satán. Es por ello por lo que dedicó no pocos de sus esfuerzos al arte religioso. Y, como él, muchos de sus seguidores.

El motivo está claro: la gran historia de la arquitectura anterior al siglo XIX consiste, principalmente, en catedrales que siguen impresionando a la gente hasta nuestros días. Y, claro, hasta a los gafapastas les apetece sentir algo de esa adulación. Es como los conciertos de techno: son una absurda discoteca en la que la gente tiene que mirar hacia un sitio. Y así tenemos casos tan patéticos como los Chemical Brothers pretendiendo que la gente los vea pulsar dos botoncitos con el mismo aura que si fuesen Jimi Hendrix. No funciona, chicos.

A continuación, grandes ejemplos en los que los satanistas quisieron honrar a nuestro señor Jesucristo y fracasaron maravillosamente en el intento:

El monasterio de la Tourette de Le Corbusier.


Sí, se llama “de la Tourette”. El chiste es TAN fácil que creo que voy a renunciar a hacerlo. O no: Corbu... ¡Cretino! ¡Gilipollas! ¡Anormal! ¡Supernumerario! ¡Satán es tu señor!

St. Peter's Chapel



Sí, es brutalismo escocés. Sí, está abandonada. No, nadie va a poner un duro para restaurar eso.

Catedral de Liverpool.


Una vez más, mi vocabulario se reduce a tres palabras: ¡Satán es mi señor!

La iglesia de Cristo de Harry Weiss.


Ahora, ya sólo me quedan dos palabras: ¡Cristo cósmico!

Catedral metropolitana de Río de Janeiro.


Mi cerebro explota y uso la última palabra que almacena mi cerebelo: ¡Sataaaaaaaaaán! (Aghradecimientos a mi hermana por haber expuesto su alma a Satanás de forma tan peligrosa a la hora de facer esas dos fotos)

Y, para redondear, una madrileña: la iglesia de los dominicos en Conde de Peñalver.


Como dato adicional, decir que en esta iglesia es donde bautizaron a lanavajaenelojo. Por ello, me pregunto si la noble intención de los padres era lanzarla a la mayor velocidad posible a los brazos del ateísmo o si sólo era irla avisando, a tan tierna edad, del satanismo que iba a redondear su setentera infancia.

Evidentemente, entramos. Lanavaja no lo había hecho desde su bautizo – hay una foto magnífica en cuya cara sólo hay terror – y fue una experiencia para la que no tengo palabras, porque mi cerebro ya se ha quedado a cero.


Se cachondean de Satán

Como ven, el brutalismo logró agitar el odio de la población y también la mayor destrucción inmobiliaria desde la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, después de este “modernismo”, llegó un movimiento “postmoderno” que logró lo imposible: poner de acuerdo al público y a los arquitectos en su odio.

¿Cómo lograrlo? Pues llegando a las más altas cotas de la vergüenza ajena y la sordidez. Lo cual es suficiente para que el sector finstro de la población se deje las manos aplaudiéndolos. Yan ven: nadie es inocente. Los gafapastas aplauden las costras de Jean Nouvel y los sórdidos aplaudimos la arquitectura postmoderna.

Porque por lo menos tienen la decencia de no ocultar lo que son:

(Sí, son los reyes magos)


(Si esta fuese tu casa, nunca te llevarías una cita aquí para follar)


(Aquí tampoco. Bueno, salvo que la conocieses en una convención Sci-Fi de Lalín...)


(Gorgeous!)


(¡Qué elefantito más mono!)

Con esto terminamos esta ÉPICA primera parte emplazándoles a que compartan los satanismos urbanísticos que convirtieron su infancia en un infierno. Dentro de dos semanas, la segunda parte de este terrorífico viaje en el que analizaremos NO la maldad de los arquitectos sino la estulticia de cierta gente con dinero que, en un arranque de gafapastismo - o simple oligofrenia - han decidido vivir en unos inmuebles que convertirán su vida en un infierno.

Y, como bonus track, una guía sórdida para que hagan turismo satánico-brutalista por Madrid (¿O se creían que el azote patrio iba a terminar en Barcelona? Mal que nos pese, somos unos ecuánimes del carallo).

Que Satán sea con ustedes.

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