Vicisitud & Sordidez

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(Lean aquí la primera parte sobre la vida de este ídolo de la vicisitud).

¡Bandas sonoras sórdidas!
La relación de Wakeman con el cine ha estado siempre firmemente anclada en la sordidez. Si bien es verdad que otros miembros de Yes como Trevor Rabin han acabado haciendo bandas sonoras para Jerry Bruckheimer, Rick le dio a la chunguez más dura y terminó con Ken Russell. Pero vayamos poco a poco.

Mi primer contacto con Rick Wakeman aconteció una aburrida tarde algecireña leyendo un suplemento de la revista Empire (comprada en Gibrertá, of course) sobre las escenas de sexo más chachipirulis del cine. La que más me llamó la atención fue la de ‘La pasión de China Blue’, pues describía el fornicio más o menos (han pasado muchos años para que me acuerde verbatim) como ‘espectáculo de sombras y sexo gimnástico variado al ritmo de Rick Wakeman’.

Por qué se me quedó marcado el nombre de Wakeman en lugar de lo de ‘sexo gimnástico’ es algo sobre lo que no quiero reflexionar.

No tardé en unir a tal señor con la portada de ‘The Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table’ (¡¡¡¡hell, yeah!!!!), un disco que siempre me había llamado la atención por motivos que resultan obvios para cualquiera que sepa que me había leído los 10 primeros libros de la Dragonlance. Y descubrí que el tal Wakeman había tenido cierta relación con el cine.

Con el cine o con Liztomanía. Que todavía no sé si son la misma cosa. O MÁS.

No me avergüenzo al decir que siento cierta fascinación por las películas de Ken Russell. Bueno, más bien sí. Pero desde un punto de vista de vicisitud, es un director absolutamente esencial. Este peculiar autor, conocido por su curiosa afición de coger el minimalismo y limpiarse el culo con él, siempre ha sido un amante de la música. Pero también de la sordidez. Así que decidió unir sus dos pasiones. Tras tratar la música de Mahler y de Tchaikovski con cierto respeto en sendas producciones, y contento con el derroche de sordidez de 'Tommy', Russell vio la oportunidad de sodomizar la figura de Liszt.

La idea era tratar al músico como si fuera una estrella de rock. Por lo tanto, contrató a Wakeman para adaptar la banda sonora a esos hermosos sonidos de sintetizador progresivo tan primorosamente similares a mis espasmos intestinales tras comer en un indio de Lavapiés. Y, ya de paso, para interpretar a Thor en la película. Pero no al dios nórdico. Más bien a una especie de Frankenstein-Thor-eructador vestido como en los tebeos de Marvel, pero con plataformas y la piel de plata y . Un molesto maquillaje sobre el que comenta Wakeman anecdóticamente que una vez pasó de quitárselo y se fue a un pub a beber. Con toda la suerte de que era un local gay. Con gente maquillada de plata. Que lo siguió en masa cuando se levantó a echar un pis. Desde entonces, no sólo se limpió el maquillaje todas las noches, sino que además (y más importante) cambió de pub.

El flim en sí es uno de los ejemplos más jrandes de cine-colonoscopia sórdido. Una obra maestra del Atchonburike whatthefuck. Para que os hagáis una idea, describiré la primera escena:

Un metrónomo.
Liszt (Roger Daltrey) besando alternativamente las dos tetas de una señora, tumbados en la cama, al ritmo marcado por el aparato. El metrónomo, digo.
Una mano acelera el ritmo. Lizt besa las tetas más rápido. Otra aceleración. Liszt alterna tetas a velocidad Flash con la imagen acelerada.
Entra el marido en la decimonónica alcoba y persigue a Liszt por la habitación con un florete.
Entra canción bluegrass de cateto sureño que va describiendo la acción con versos tan hermosos como ‘se le queman las bolas’ cuando los huevecillos de Daltrey rozan un candelabro.
El marido cornudo pincha los pechos de una estatua-fuente y el agua le cae en la cara, por lo que pincha la entrepierna y abre otro chorro. Mientras, su mujer come voluptuosamente un plátano.

El resto de la película es toda una gran metáfora de la vida del compositor que incluye pollas gigantes (y guillotina adecuada hacia la que cabalga Daltrey sobre su inmenso nardo sobre una fila de mujeres posando como en un musical de Busby Berkeley), Liszt como Chaplin, Ringo Starr haciendo de Papa y una aparición especial de Hitler como el monstruo de Frankenstein. ¿Y he dicho que Richard Wagner resulta ser un científico loco nazi y vampiro? ¿No? A lo mejor es porque todavía me estoy dando cabezazos contra el mando a distancia de la tele. Porque ese es uno de los efectos secundarios, además del descojone agudo, que puede producir esta película. Toda ella, dicho sea de paso, financiada por la Warner. Incluso los últimos diez minutos con Liszt bajando de los cielos en una nave espacial manejada con un órgano para atacar a Frankenwagnerhitler, el cual lleva una guitarra eléctrica ametralladora.
Desde luego, Hollywood ha cambiado mucho desde los 70.

Tras esta inmensa experiencia, Rick volvió al cine con la música para el documental sobre las Olimpiadas de Invierno de 1976. Se trató de una de las primeras veces en las que se utilizó música rock para un evento deportivo. Nunca he visto la película en sí, pero sí que puedo decir que la banda sonora incluye una pista titulada 'Moctezuma’s Revenge'. Un tema que, esta vez sí, transmite exactamente la sensación que se le presupone. No, por supuesto, la de esquiar a toda velocidad, válgame feck, sino la del título. Cada vez que la escucho, puedo crearme talmente la imagen mental de un rabino ruso teniendo espasmos mientras se dirige al retrete con cagalera.

Y ojalá pudiera borrarla de mi mente.

Wakeman haría años más tarde otra banda sonora deportiva. La del mundial de España de fútbol. Que llevó el forsálico título de ‘G’Olé’. No, en serio.

Pero, fuera del documental, nuestro ídolo paseó sus teclados por unas cuantas películas más. La primera, 'The Burning', era un slasher con efectos de Tom Savini y (más importante) guión de los hermanos Weinstein. De hecho, fue la película responsable de que acabaran montando la productora Miramax gracias a su éxito en taquilla. Que los responsables de ‘El Piano’ y ‘El Paciente Inglés’ empezaran con un flim sobre un cateto matando adolescentes con tijeras de podar al ritmo de Wakeman es algo que encuentro fascinante e hilarante.

Este disco es un tanto duro de escuchar. No como el de la banda sonora de 'She'. Ese es directamente imposible, principalmente porque nunca se editó. Algo curioso, teniendo en cuenta que incluía temas de Motorhead y Justin Hayward (una mezcla similar a tomarse morcilla untada en nocilla). La peli era una adaptación del relato de H. Rider Haggard pero en un ámbito post apocalíptico. Por lo tanto, ya estoy tardando en poner la mula a funcionar.
De todas maneras, estoy seguro de que el que la música de esa película nunca se publicara no tuvo nada que ver con su calidad. Porque la de ‘La pasión de China Blue’ sí que salió a la venta. Lo sé. La tengo. Original. Hasta conseguí escucharla entera una vez.

Tras este trabajo, Rick volvió a colaborar en cine y televisión en algunas cosas más desconocidas (excepto un temita para 'Creepshow 2') que ni he visto ni se prestan al chiste fácil. Sin embargo, hay otra banda sonora que sí se puede reseñar por su vicisitud.

Ya contamos en la primera parte de este post que Andrew Lloyd Webber se inspiró en una frase musical de un tema de ‘Criminal Record’ para componer una de las melodías principales de ‘El fantasma de la ópera’. En 1990, Rick decidió poner música a la versión muda de 1925 de la obra de Leroux. Y se marcó un reto. No creo que fuera superar a su compañero en calidad. Más bien supongo que se trataba de ver cuál es el número máximo de veces que puedes decir la palabra ‘Phantom’ en la banda sonora de una película muda sin que el público se descojone. El proyecto, mirado desde esa perspectiva, puede considerarse como un completo fracaso.

La adecuación de las canciones a la acción es bastante vicisitúdica, pero sin duda hace que el film sea mucho más divertido de ver que con la típica música de organillo. Y, si estás con amigos, puedes jugar a tomarte un chupito cada vez que alguien cante ‘¡Phantom!’. Aseguro borrachera y coma etílico al final de la noche.



¡Vicisitudes personales!
Aquí tenemos un rápido resumen audiovisual de la mente de Rick Wakeman:


Wakeman es, claramente, un cachondo con el que siento gran afinidad. Obviamente, no debido a la habilidad tocando el piano, pues, a la hora de machacar las teclas, yo demuestro más bien la pericia de un preescolar manco con apoplejía. Tampoco es que suela ponerme capas más allá de aquellos magníficos estrenos de la trilogía de El Señor de los Anillos. Se trata más bien de que este jrande de la música ha basado parte de su vida en perfeccionar el vicisitúdico arte de contar en público todas sus más deshonrosas anécdotas de vergüenza ajena. Que, si se refieren a sus años de gloria, suelen estar relacionadas con el alcohol.

Porque lo de Wakeman con el bebercio sólo puede describirse como… sí, lo habéis adivinado: ¡¡¡¡ÉPICO!!!! Ya de joven solía engullir pintas y pintas cuando tocaba en bandas amateurs. Al llegar a Yes, resultó que sus compañeros eran fanáticos de la vida sana y Rick era el único que bebía. Así que tomaba alcohol por todos los miembros del grupo.
Y por los roadies.
Y probablemente por todos los que iban a un concierto.

Para hacernos una idea de la cantidad de alcohol que consumía, sólo tenemos que leer la conversación que tuvo con su médico tras sufrir sus primeros tres infartos seguidos:
- ¿Se droga?
- No.
- Pero usted es una estrella de rock, ¿no? No mienta, que de todas maneras saldrá en los tests.
- En los test no saldrá nada.
- ¿Bebe?
- Bebo bastante
- ¿Qué es bastante?
- Pues dos cifras de pintas de cerveza, dos botellas de vino y una de güisqui. Al día.
- Vale. Diremos que es del tipo ‘fuerte bebedor’. Suicida, más bien.

Sin embargo, Wakeman y su grupo (la English Rock Ensemble) eran borrachuzos de los buenos. Esto es, nunca violentos y más bien inclinados a las bromas y a la exaltación de la amistad. Por algún motivo, el propio Rick no solía emborracharse (ese desequilibrio físico y resistencia fue, obviamente, el culpable de su afición, pero, al mismo tiempo, facilitó que dejara la bebida en el 85 de un día para otro. Concretamente, como ya hemos comentado, cuando el médico le dio seis semanas de vida). Lo mejor de todo es que sus compañeros de banda también solían tener comportamientos modelo. A pesar de estar bebidos, siempre cumplían y se comportaban. Daba igual la cantidad de alcohol: el concierto salía adelante. Aunque el trompetista tuviera que dar una nota difícil estando pedo, la daba. Otra cuestión es que luego se cagara encima, como ocurrió en una ocasión.

Incluso tuvo eco en la prensa cómo, durante un viaje a Japón, la banda acabó con toda la bebida del aparato, incluidas las provisiones que subieron durante una escala. Todo ello portándose de una manera espléndida. De hecho, la compañía aérea propuso patrocinar la gira del grupo.

Pero los días de tomar guarrerías como media pinta de oporto mezclado con media de brandy (la bebida favorita de nuestro héroe etílico) se acabaron trágicamente. No porque muriera, sino porque, como hemos visto, coincidió con el momento en el que le dio por hacer discos cristianos.

Y no quiero volver a recordar eso. Ni tampoco dejar la impresión de que todas las vicisitudes de Rick tienen que ver con el alcohol. Tanto en su libro ‘Grumpy Old Rock Star’ como en cualquiera de sus conciertos, se pueden aprender múltiples anécdotas. Desde contrabando de uniformes de la KGB hasta encuentros con prófugos de la justicia. Por no hablar de su ruinoso intento de ser empresario constructor de teclados analógicos (con el simpático nombre de 'birotrones') a finales de los 70, justo cuando estaban a punto de inventarse los sintetizadores digitales. Pero me gustaría detellaros una de mis historias favoritas que escuché en un DVD:

Rick iba a dar un concierto en un lugar con un viejo órgano bajo el escenario. Su intención era que el instrumento saliera por una trampilla durante un solo de ‘Las seis mujeres de Enrique VIII’ rodeado de humo. Gran momento dramático. Además, decidió cambiar el tema que abría el concierto. Pero andaba con la mente algo nublada, por lo que a dos miembros del grupo les dijo sendas canciones distintas y él mismo se confundió. Por lo que una cacofonía de cuatro temas mezclados inauguró el espectáculo. Para cuando llegó el momento trampilla, Rick reptó debajo del escenario. Pero con el humo tardó varios dramáticos minutos. Cuando por fin consiguió darle al botón para elevarse, el mecanismo falló a medio camino y comenzó a bajar. Un miembro del equipo fue a ver que pasaba, pero, una vez más, debido a la humareda no vio el borde de la trampilla y se cayó, dislocando el hombro de Wakeman.

Al día siguiente, el periódico publicó esta crítica:

Normalmente, no me gusta Rick Wakeman. Pero la actuación de anoche fue toda una revelación que me abrió los ojos. La velada comenzó con un brillante pastiche de cuatro de sus temas más conocidos, intrincadamente mezclados en un alarde de jazz-rock-fusión que desafía cualquier convención musical. El teatro en sí también interpretó un importante papel en la revolucionaria actuación. La escena de la muerte de Ana Bolena fue en verdad espectacular. No se pierdan este espectáculo”.

Una anécdota propia de Cultureta Watch que nos lleva a nuestro último capítulo:


¡Espectáculos vicisitúdicos!
Con tanta mala prensa actual en contra de nuestro héroe, pocos recuerdan que durante una época, Rick fue una megaestrella. Hasta los de Yes estaban celosos de cómo el avión de su ex compañero era más portentoso que el suyo. Así que si Rick se proponía los espectáculos más estrambóticos del mundo, conseguía llevarlos a cabo.

El primero de ellos fue el maravilloso tour de ‘Journey to the Centre of the Earth’. Siempre fascinado por contar historias a través de la música (algo que apoyo y que sospecho que está detrás de mi gusto por los discos conceptuales y el progresivo en general), Rick quería cuidar la escenografía.

Y encargó que fabricaran dos dinosaurios hinchables.

Los bichos fueron una molestia para los técnicos. Tenían fugas de aire constantemente. Pero Wakeman quería que se mantuvieran durante la gira. Hasta que, estando en pleno Bible Belt estadounidense, los roadies pincharon a mala idea los muñecos. Y comenzaron a inflarlos y desinflarlos de tal manera que pareciera que estaban follando. Tuvieron que salir por patas y, por supuesto, los dinosaurios no volvieron a salir a escena durante el resto de la gira.

Por supuesto que este momento prehistórico no es lo más reseñable de la carrera vicisitúdica de Wakeman. Ni tampoco el famoso momento en el que, aburrido por ‘Tales of the topographic oceans’ en un concierto con Yes, se puso a comer todo un menú de comida india que le había traído por error el tipo que se encargaba de afinarle los teclados. La magnificencia más vergonzosa aconteció en los espectáculos de presentación de ‘The Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table’ (¡¡¡¡hell, yeah, hell, yeah, bring me my sword !!!!).

Una de esas mañanas en las que el cerebro se despierta y decide seguir en cama hasta el día siguiente, Rick se dirigió a las oficinas de sus promotores para hablar de la presentación de su nuevo disco. Allí, propuso su idea:

- ¡Caballos! ¡Un castillo! ¡Caballeros! Todo en Wembley.
- Rick, no puede ser en Wembley.
- ¿Por qué?
- Porque en las fechas del concierto estarán preparando la pista de patinaje, un trabajo que les lleva tres semanas.

Y, sin pensárselo mucho (qué coño: ‘pensar’ es darle demasiado crédito), Wakeman perpetró historia de la vicisitud:

- ¡Lo haremos sobre hielo!

Como ya comenté en este antiguo post, el espectáculo fue una debacle económica. No porque no fuera nadie. Al contrario, llenó todas las noches. Sólo que el coste era mucho mayor que lo que se podía amortizar con las entradas. No sólo había orquesta y docenas de patinadores importados de Europa del Este, sino que además incluía batallas a espada sobre hielo con caballos de cartón:


Con su caída en desgracia, los espectáculos épicos cesaron. Pero hay una plataforma para que los sórdidos que fueron singan demostrando que tienen mucha vicisitud que compartir con el mundo: la televisión. A partir de los 90, Wakeman hizo de este medio su escenario particular para demostrar su capacidad para la vergüenza ajena. Aquí tenemos, por ejemplo, un video reciente de un concurso de música en el que hace pareja con el también ídolo de este blog Bill Bailey, actor que protagonizó el mejor momento de la serie ‘Black Books’ cuando entonó la maravillosa frase ‘I’m a prostitute robot from the future’:

Hoy en día, Wakeman sigue siendo bastante popular en el Reino Unido, sobre todo gracias a su participación en 'Grumpy Old Men', un programa en el que señores viejunos hacen lo que mejor se les da: cagarse en todo. Como si los dos teleñecos del balcón tuvieran su propia serie. ¡Televisión de interés!

Conclusión:

¿Y qué hemos sacado en claro de este largo viaje por la vida de Rick Wakeman? Pues espero que mucho amor. Porque si bien la vicisitud es importante en la vida de este señor, mucho más lo es la pasión por la música. Un hombre entregado a lo que hace, siempre en busca del siguiente reto que, posiblemente, se salde con risas. Pero que, independientemente de lo que nos parezca el resultado, en el fondo siempre es maravilloso. No puede ser de otra forma cuando se arriesga todo, se agarra a lo ‘cool’ y se le da una visita turística por el ojete y se consigue armonizar la afición por los teclados chungos con la pasión por contar historias a mayor gloria de lo único que realmente importa en toda ovra:

La ¡¡¡¡ÉPICA!!!!

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Dr. Elektro dijo... 17 junio, 2009 09:25

Esto si es darse prisa en postear la segunda parte!!!! Muy bien!!!
Lisztomania está desde ya en mi Wishlist. A bajar tocan!!! Ahora, vamos a ver quien ha tenido los cojones de currarse unos subtitulos, si alguien ha colgado la version nueva claro...
Quiero aprender mas ingles para poder ver tele de este calibre!!!!

Dani dijo... 17 junio, 2009 10:35

Excelente post, as always. Por cierto, ¿nadie se ha dado cuenta que Wakeman de mayor se ha convertido en Leo Benhakker(o como coño se llame)?

NO he podido leerlo entero, pero supongo que no se te habrá escapado la anécdota de la representación de "The 6 wives of Henry VIII on Ice", en la que el narrador, dada la enorme cantidad de humo de hielo seco empezó a toser y a joder toda la mística.

Es un ser inenarrable.

Por cierto, os he linkado en mi próximo post en Blogcaspa sobre el festival de la caspa que hicimos ya hace algún tiempo. Os conmino a que lo comprobéis en unos días.

Abrazos! Sois los mejores!

Paco Fox dijo... 17 junio, 2009 13:28

Elektro: ojalá existan subtítulos. Con todo, la peli es una locura visual de tal calibre que se puede ver sin ellos y disfrutarala depravadamente igual se tenga o no dominio del idioma.

Dani: Espero con deseo el próximo post. Porque caer más bajo que Robot Holocaust va a ser difícil. Pero posible.
No he puesto la anécdota de la tos... ¡porque la desconocía! Con todo, anécdotas hay miles. Con decir que el tío ha sacado una secuela de su libro de memorias vicisitúdicas...

La navaja en el ojo dijo... 17 junio, 2009 14:33

¡¡¡¡¡Me lo he leído enterito!!!!! Y del anterior buena parte.

Está escrito con mucha gracia.

Lo de Lisztomanía es tremendo. Es cierto que no hacen falta los subtítulos. La película no desaprovecha nada, es decir: si en el encuadre hay treinta cosas, pues con las treinta se intenta hacer un chiste... y luego continúa a otra escena más en la que se hace lo mismo. Maravillosa.

Dr. Elektro dijo... 17 junio, 2009 19:44

Jooooooo, subtítulos solo en Rumano, ruso y Polaco. solo en Europa del este saben ver lo Jrande y sórdido que es Ken Russell? Nooooooo.
Paco, tu que tienes mano con el polaco, échame una mano...

Danda dijo... 17 junio, 2009 21:03

¡Yo también compré (por pringao) la banda sonora de "Crimes of Passion"! Pocas veces me he arrepentido tanto por comprar un disco. Y eso que estaba de liquidación.

¿Vale la pena el libro de Wakeman? Creo que lo voy a encargar. Según Amazon, en septiembre saldrá la segunda parte...

En el vídeo con Bill Bailey, parece que están esperando a Juanjo Pedregosa para sacar las fotos de la portada de "Galaxian". ¿Cómo puede acabar uno de los mejores teclistas del mundo vestido de Gandalf en un concurso jocoso de "Adivine esta melodía"? Anonanado me quedo. Pero bueno, a esas alturas como que eso ya no es nada, claro.

La conclusión es que el tipo este es un cachondo irredento, y por ello le podemos perdonar todo el patetismo, chunguez y delirio de tantos años. Viva Wakeman.

Juls dijo... 17 junio, 2009 21:35

Sublime post en dos partes, like Kill Bill.
Muy jrande.

Paco Fox dijo... 17 junio, 2009 22:00

Qué curioso: dos que nos compramos el Crimes of Passion de saldo (3 o 4 lerus en mi caso) y pensamos que pagamos mucho dinero.

El libro se lee en dos tacadas y es muy ameno. Wakeman tiene mano para contar las anécdotas.

Anónimo dijo... 18 junio, 2009 09:24

Buenas:

Jrandioso post, las consecuencias de estas lecturas es haber oido esta mañana camino del curro el "Return to the centre of the earth", ayer "The Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table", preparando un USB con "Lisztomania" y "Criminal Record" y buscando por inten-né "No earhtly connection" que mi LP vinílico no está para muchos trotes.

Yo tambien contribuí con mi granito de pringadez cuando me compré el DVD con referencias al señor de los anillos con música de Wakeman, pero me redimí cuando tuve en mi mano una caja triple CD con "In the Beginning", "Orisons" y "The Word and Music" y se quedó en su sitio en la estantería, o en otra ocasión se quedó "G'olé" en La Metralleta o cuando abandoné a su suerte "The Gospels", aunque realmente siempre me quedará la duda de si fue por convencimiento o por falta de dinero.

Sigue así, pequeño Fox, vas por el buen camino.

George Kaplan

Anónimo dijo... 18 junio, 2009 10:02

En la chunga-biografía de los YES que me pasaste, Paco, ya despuntaba Mr. Wakeman como el cachondo pasota de la banda... y claro, con señores tan serios como Anderson y Howe, pues la relación tenía que resentirse. Aunque han vuelto, y parecen un grupo entrañable de abuelitos hobbits recordando buenos tiempos en el pub. Yo, que soy fan de Yes, nunca-nunca-nunca me compraré un disco de Rick (salvo quizá el Six wives...). Apoteósicamente sórdido a la vez que vicisitúdico.

Danda dijo... 18 junio, 2009 10:40

Hay algo que me pregunto... ¿Cómo pudo un tipo así llegar a tocar tan bien? ¿Todo lo aprendió cuando era niño y no podía probar el alcohol? ¿O siempre fue una de esas raras personas que, como Jorge Martínez de los Ilegales, puede beber lo que sea sin que afecte a su capacidad musical?

Paco Fox dijo... 18 junio, 2009 10:48

En el libro cuenta que tiene un desequilibrio que hace que difícilmente se emborrache, de ahí su resistencia. Y también la falta de síndrome de abstinencia cuando lo dejó.

La navaja en el ojo dijo... 18 junio, 2009 12:15

Entonces estaba tirando el dinero: que beba agua del grifo.

Danda dijo... 18 junio, 2009 16:44

Pero algo de efecto le tendrá que hacer al cerebro, porque esas cosas suyas no son ni normales.

Lo más admirable es que este tío no es de los de la escuela "soy un anormal y no me doy ni cuenta" (como ciertos intérpretes de canción ligera del noroeste español que no nombraré), sino de los de "soy un bizarro, pero me la suda".

Tyrion dijo... 18 junio, 2009 19:38

Geniales los dos posts, Paco. Yo soy acérrimo de Yes y los discos que de verdad me gustan son aquellos en los que toca Rick.

Tengo en vinilo el "Journey to the Centre of the Earth" y el "The Six Wives of Henry VIII", más que nada porque cuando los compré aún no existían los CD's, pero no seguí más allá de esto la carrera de Rick en solitario, aunque creo que fue por el impacto de un concierto suyo allá por el 81, en el antiguo Pabellón de los Deportes del Real Madrid, donde ahora se levantan las 4 torres más feas del planeta.

El caso es que el concierto fue de lo más minimalista cuando yo esperaba coros, dinosaurios y ¡¡¡¡ÉPICA!!!!. Apenas Rick con un par de teclados, una medio-capa con una araña de lentejuelas y un escenario cutre y sin luces y cuatro tipos más. Y además sonaba fatal. Luego me enteré que poco antes del concierto les habían robado casi todo el equipo (o eso dijeron para justificar que lo habían perdido o se lo había pulido Rick en el Rastro o vaya usted a saber) y el equipo de sonido y luces era prestado de un grupo de garaje de la movida madrileña. El concierto se me hizo eterno y además la gente no paraba de pedir bises, más que nada por si de una puñetera vez tocaban algo que sonara bien. Al final el cantante dijo que ya no tocaban más porque no se sabían más canciones (literal). El único speech que soltó Rick fue al final para pedir perdón por la mierda de concierto que habían hecho y para prometer que volvería en breve a Madrid para que pudiéramos desquitarnos con un concierto en condiciones. Afortunadamente no cumplió la promesa.

Pero a pesar de todo, le sigo considerando uno de los rockeros más auténticos, de los que a pesar de lo que digan los demás siempre han hecho lo que les ha salido de las gónadas y sin arrepentirse de ello.

Voy a ver si pillo el "Return to the Centre ..." ya que lo recomiendas. A ver si me reconcilio con él después de tantos años ... ;)

Vulcanelli dijo... 18 junio, 2009 21:31

¡Bravo!¡Bravo! Una subvención ¡por Dios! Una subvención del Ministerio de Cultura para estos onvres que tanto contribuyen a divulgar la obra de genios como éste, tan injustamente desconocida en este país de OT y aserejé.
Al menos sus primeros tres discos en solitario (Wives, Journey y Arthur) son de escucha obligada para cualquiera interesado en la historia del rock progresivo. Además claro está de su obra con Yes.

Anónimo dijo... 19 junio, 2009 13:52

¿Qué coño hacía vendiendo birotrones de esos? Lo que tenía que patentar y vender era su metabolismo. Este tío es el auténtico hombre del futuro, y no los pringaos de Heroes.

Krjnk dijo... 19 junio, 2009 19:16

Grandísimo post. Sabia de algunas de la genialidades de la vida de Wakeman, pero no que llegara hasta esas metas. Sencillamente grande entre grandes.

Por cierto una anéctoda que no has contado y a mi me parece de las mejores la cuenta en su web:

Cuando estava grabando el Myths and Legends of King Arthur and the Knights of the Round Table (eeeeepico!) no conseguia que le saliera un buen solo para el Merlin, así que se fue al bar de debajo el estudio pidió una botella de wyski y lo siguiente que recuerda es encontrarse dormido en su cama y al volver estudio tenia grabada esa maravilla que suena en el disco. Nunca ha sido capaz de reproducir-lo en directo porque no recuerda como lo hizo (lo dicho grande entre grandes como el blog)

Daniel dijo... 19 junio, 2009 20:11

Tengo mis dudas sobre un tema musical

¿Sordido o no sordido?

http://www.youtube.com/watch?v=wr0-9MHYTuQ&feature=related

El concepto Cher-Metal esta en el limite.

Abuelo Igor dijo... 20 junio, 2009 00:37

La banda sonora de "La pasión de China Blue" hace con la "Sinfonía del Nuevo Mundo" de Dvorak más o menos lo que "Lisztomania" con la verdad biográfica sobre Liszt. Escuchar esas genuinas atmósferas cutres de puticlub o esos escalofriantes berridos de Maggie Bell sin tener como acompañamiento visual a un tipo disfrazado de pene o a Anthony Perkins asesinando a putas con un vibrador metálico debe hacer cosas raras a la mente.

¡Ciclo Ken Russell en la Filmoteca ya!

Anónimo dijo... 20 junio, 2009 20:24

Hombre, por fin se habla de Ken Russell en este blog. Enhorabuena.

En mi molesta opinión, no hay mente más sórdida en el mundo del cine que el señor Russell, el puro ejemplo de lo que Greenaway siempre quiso ser y nunca pudo hacer,mezclado con lo mejor de maestros italianos como Fulci o Castellari, trasnochadas reflexiones filosófico-lisérgico-musicales, chistes what-the-fuck y una 'puesta en escena' como la de Hostal Royal Manzanares, más o menos, pero con más laca.

Y que las pelis sobre Mahler y companía están hechas 'con respeto', pues no sé, su esposa vestida de nazi (él era judío) bailando el cancán sobre su tumba en ligeros y enseñando la chotera, o directamente masturbándose con un gramófono mientras escucha los acordes de la Cuarta.... ¿se puede ser más respetuoso? Seguramente sí, pero a quién le importa. Y si ven que están leyendo frases largas y sin sentido no me corrijan, por favor, yo tengo la menor idea de qué es lo que intento decir, y por lo visto, Ken Russell tampoco (defensa Twinkie al canto).

Recapitulando:
¿Para cuando un post épico sobre Ken Russell, la mente criminal más genial de la historia de la colonoscopia?

Paco Fox dijo... 21 junio, 2009 11:29

Anónimo: Ya. De ahí lo de cierto respeto. Al menos la música de esas pelis no la hacía Wakeman.

¿Post de Russell? Mmmm... verme otra vez 'China Blue' sería divertido. Pero rastrear sus últimas pelis hechas en el jardín de su casa... no ´se yo, no sé.

Kike dijo... 21 junio, 2009 11:52

Joderjoderjoder... Vaya imagen la del pollardo de plastiquete. Menudo personajes y menudos discos. Y el final... ¡Esos videos son realmente ÉPICOS! ¡Ojalá hubiese podido asistir a semejantes espectáculos!

No sé como he podido vivir hasta ahora sin RICK WAKEMAN


Por cierto, mi último delirio audiovisual se titula "CODAN, EL BÁRBARO" y trata sobre un bollo con una espada. Espero que os guste: http://www.youtube.com/watch?v=LNKCJ1tXMJ8

Satur dijo... 21 junio, 2009 19:31

Disculpen mi falta de sordidez, pero tengo una duda... ¿qué es un roadie? Muchas gracias.

Paco Fox dijo... 22 junio, 2009 08:46

Un roadie es un técnico de la gira de un grupo. Generalmente, se traduce en películas y series como 'pipas', pero siempre me ha parecido muy ridículo.

Abuelo Igor dijo... 22 junio, 2009 16:50

Ah, "Roadie", qué gran película con Meat Loaf... y luego Alan Rudolph llegaría a ser uno de los cinestas de moda en los 80. Lo que hay que ver...

Satur dijo... 23 junio, 2009 02:31

Gracias Paco :)

Saurio el Apóstata dijo... 16 abril, 2013 13:52

Por si te interesa, yo vi White Rock. Por lo que recuerdo fue una experiencia comparable a la que un proctólogo epiléptico en pleno ataque te revise las hemorroides con un torno de dentista.

Y también recuerdo cuando Wakeman vino a Buenos Aires a presentar 1984, principalmente cuando el tipo y todos sus músicos hicieron un trencito de conga por todo el escenario mientras la batería del órgano eléctrico hacía un ritmo algo latino. Ah, y la cantanta que trajo (Mata Josias), que se cambiaba de vestuario a razón de dos vestidos por canción.

Ah, cuántos recuerdos...

 
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