26 agosto 2009

Anvil: ¡Apoyad a vuestras bandas!

Lo malo de participar en un blog de humor es que a veces realmente te apetece escribir algo que no se presta a ser objeto de chistes, como, por ejemplo, hondas reflexiones políticas sobre el nacionalismo. Ah, no, que eso ya lo hice.

Empecemos otra vez: Lo malo de participar en un blog de humor es que a veces te levantas, descubres que la taza del retrete está húmeda, te das cuenta de que sólo te quedan calzoncillos que te aprietan los cojoncillos y, encima, te da por escribir acerca de un tema que no ves que de para muchos chistes. Obviamente, siempre se le puede buscar la chanza a todo. Porque el humor es como las cascarrias: si se escarba bien, al final acabará saliendo algo. Una porquería, pero algo al fin y al cabo. Claro que, a veces, bien por falta de inspiración, bien porque tienes las uñas largas...

¿Lo veis? Ya se me ha vuelto a ir el chiste malo de las manos. Volvamos a empezar:

Hoy voy a escribir sobre una cosa sin pensar en hacer gracietas. Así que a joderse todos. Y no sólo eso: voy a reprender a algunos lectores cual viejuno sentado en el banco del parque quejándose de los males de la sociedad mientras observa con mirada lasciva pasar a las chicas jóvenes. Esto es: se trata de un post autodestructivo. ¿Quién dijo que los emo son los únicos con derecho a suicidarse? ¡Que yo también me he leído Death Note y, mire usted por dónde, hoy voy de negro! Opción estética gilipollas con el solazo y los 37 grados que hay en la calle. Pero es que estoy taaaaan mono...

Pero a lo que iba: el otro día vi una de las mejores películas del año. Se trata del documental ‘Anvil: The Story of Anvil’. Una masterpiece sobre un grupo de metal ochentero que sólo me sonaba de las portadas de los casetes cutrongos del catálogo del Discoplay, posiblemente justo al lado del perenne ‘Breaker’ (“qué demonios le están haciendo a esa señora y por qué le han metido un alambre por las orejas”) de Accept. Los pobres Anvil, cuya música me da tal que igual, parece ser que fueron muy influyentes, en parte por tener la gran idea de tocar la guitarra con un dildo durante sus conciertos, algo mucho más divertido que el puñado de bailarines que sacan Madonna, Kylie Minogue o incluso algunos artistas no orientados exclusivamente al público homosexual. En el documental, gente como Lars Ulrich o Slash y seres de otra dimensión como Lemmy hablan maravillas de ellos.
Sin embargo, los pobres no llegaron a tener un éxito masivo, y se han pasado la vida sacando discos de forma independiente y trabajando en empleos de mierda para poder tocar de cuando en cuando en algunos pubs. O sea, la historia de casi todos los músicos. Cuando comienza el documental, una nueva manager les va a conseguir una gira por Europa. ¿Será el comienzo de la resurrección?

Como puede verse, lo que ofrece esta película es la clásica historia alcoyánica del underdog. Pero funciona especialmente porque está pensada y narrada como si fuera una película: es ‘Rocky’ con pelos largos, dos colegas y un cuadro de un retrete con un ñordo de terciopelo pegado (totalmente cierto: forma parte de la pinacoteca del batería Robb Reiner). Lo que todo el mundo ha sacado en claro de de esta emotiva epopeya vicisitúdica es lo de siempre: no dejes de perseguir tu sueño, la pasión no debe desaparecer y ese tipo de chorradas. Pero lo que yo he entendido es lo siguiente:

La vida de los músicos poco famosos es muy chunga. Así que ¡apoyad a vuestras bandas pequeñas, leñe, y dejad de ser unos piratas!

Efectivamente: en tiempos en los que comentas que te has comprado un CD y tus conocidos te tratan de gilipollas pa’rriba, decir esto es un suicidio blogger. Pero es que tenía que soltarlo. Todos conocemos la cantinela:

- Los CDs no son nada. Hoy el dinero se gana en conciertos. Así que yo me bajo el cd para así conocer grupos e ir a sus conciertos. Ah, y ya de paso: ¡La SGAE es una mierda!

Todo ello es en parte verdad. Pero también en parte una gilipollez. Porque depende de quién estemos hablando.

Dejemos a un lado el discurso sobre la SGAE, que ya me tiene cansado y tampoco guarda mucha relación con todo esto. Sólo diré que es una vergüenza que el gobierno deje que una sociedad privada controle un tema tan importante. ¿Qué es lo siguiente? ¿La privatización de la policía a manos del POC y sin un Robocop que nos saque las castañas del fuego y limpiando las calles de gente como, por ejemplo y ya que nos ponemos, Teddy Bautista?

Pero aquí lo importante es la aseveración de ‘el dinero se saca con la música en directo’. Claro, claro. Eso lo hace U2, Springsteen o AC/DC, el grupo que hasta hace cinco años sólo escuchaba un puñado de hard rockers y cuyos conciertos, misteriosamente, están hoy en día llenos de gente que apenas se conocen dos o tres canciones, pero que van porque es lo más que decir en la oficina que tienes entradas, que mira como molo.

Claro que ahora díganme cómo se sacan las perras para pagar la hipoteca los señores que no llenan estadios y graban con independientes. Veamos lo que les pasa a Anvil: los tipos llevan trece discos y no han parado de dar conciertos. Pero trabajan en construcción y en una empresa de catering por aquello de poder comer. Así que eso les deja sólo el tiempo de vacaciones para hacer una gira. A tomar por culo eso de pasarlo con tu mujer, tus hijos y/o tu amante homosexual. Hagan cuentas y busquen la forma de ganar dinero con una gira de dos a cuatro semanas, organizada por un manager semiprofesional por amor al arte y un par de cosas en festivo a tiro de casa. Por no hablar de que las posibilidades de que ese breve tour llegue a tu localidad española son las mismas que las de Badoer de puntuar en un gran premio.

De los últimos cinco CDs que me he comprado, ninguno de los músicos ha venido a Madrid. Nunca. Never. Jamais. Así que, díganme ustedes cómo apoyo a la banda para que sigan sacando discos y no tengan que abandonar la música. Algunos dirán: ¡dona por Paypal! Y yo responderé: ¡cojonudo! Pero, primero, ¿cuántos lo hemos hecho y cuántas veces? Y, segundo: para eso, les compro el CD, que viene con afotos bonicas y, a veces, hasta mi propio nombre.

Pero también puede tomarse otra postura: En el documental queda claro que los de Anvil querían ser estrellas. ¡Pues que se conformen con sacar discos grabados con Garageband y curren como el resto de nosotros! Y eso vale para algunos. Pero es muy revelador cuando Lips, el cantante de la banda, se muestra desesperado por la calidad de producción de sus últimos discos, más cercanos a las delicias sónicas del ‘Duck Tales is Awesome’. Sí señor: él es un tipo dedicado a su obra y obsesionado con dar lo mejor de sí mismo. Cuando entran en contacto con un productor de verdad, éste les da el presupuesto para hacer un disco decente... ¡y tienen que hipotecar su casa para grabarlo! Finalmente (spoilers) acaban vendiéndolo por internet. Pensemos en eso después de bajarnos un disco, que nos guste y no nos compremos el original. A lo mejor los pobres señores se han entrampado hasta la melena para grabarlo.

Que sí: que las grandes compañías nos han tomado el pelo durante años. Pero también a los artistas. Cuando subieron los discos de mil a tres mil pelas con la llegada del CD, ¿a que no sabéis cuánto aumentaron los royalties de los grupos? Obviamente, un 8%. Su ansia de dinero ha sido tan culpable de su caída como el nacimiento de los P2P. Pero eso no quiere decir que se deje de pagar por las obras musicales. Ahora, muchas de las bandas venden directamente sus discos desde sus páginas. Y, siguiendo la estela iniciada por Marillion (a los que Vicisitud les compra religiosa y temerariamente todos sus discos), incluso pre-venden los CDs antes de grabarlos. Así que ya estáis todos soltando pasta por vuestros grupos favoritos y, más importante, por aquellos CDs que os habéis bajado y que os han gustado. Por ética y porque no vean ustedes la pechá de llorar que te metes viendo esa obra maestra de redundante título llamada ‘Anvil: The Story of Anvil’. Que, ya puestos, sería mucho mejor si la titularan ‘Anvil, The Story of Anvil: a look at the life of Anvil'. Anvil. Anvvvvil. Vvvvvvino.
Actualizado: Esto no tiene nada que ver con el post. Pero el grupo de mi primo ha hecho su primer video y me apetece colocarlo por aquí. Que no sólo hay que apoyar a los grupos de los que eres fan, sino también a la familia:

24 agosto 2009

La liga fantástica de F1 2009. Round 11: Valencia

Siempre he pensado que mi hermana era la única mentalista de la familia. Hace muchísimos años, ella logró expeler una ventosidad en el ascensor – del tipo discreto pero mortal – estando en compañía de un vecino. Antes de que éste pudiese decirle nada, mi hermana se quedó mirándolo fijamente con una cara de inmensa reprobación. Pocos segundos después, el pobre señor agachaba la vista avergonzado y preguntándose cómo era posible que se hubiese pedido en el ascensor sin darse cuenta. Huelga decirlo, estos poderes psíquicos de mi hermana han supuesto un pequeño trauma y una gigantesca envidia.

Hasta el domingo.

En la tribuna G3 del circuito de Valencia soportaba algo mucho peor que un sol de justicia sin una mísera sombra bajo la que resguardarse. Ese algo peor era, obviamente, la perspectiva cada vez más real vuelta a vuelta, de que me había marcado el palizón de ir a la ciudad de las fallas – y arrastrar a lanavaja en mi insensato periplo – para ver una autoritaria victoria del Mierda en el suelo patrio.

Vuelta a vuelta iba agotando mi arsenal de maldiciones gitanas cada vez que pasaba por delante de la tribuna. Entonces, en la última gran oportunidad – esperar una gañanería en la segunda parada en boxes – tanto yo como lanavaja luchamos por concentrar toda nuestra energía negativa hasta que la tribuna se tiñese de negro.

Sé que es duro que alguien tan ateo, antiespiritual, antinewage y fan de Richard Dawkins como un servidor tenga que caer en ese foso. Tal es el poder de los Mierdas. Pero, qué quieren... ¡salió bien! McLaren logró la star of the race por su caastrófico repostaje, marca: “Ay, entra, ay, no, ay, sí, ay no...” que, lógicamente lleva un x2 del factor Mierda y 10 puntos de estilo por haberme quitado el trauma de no tener poderes mentalistas.

Muchos dirán, y con razón, que por qué no uso esos poderes para el bien propio en vez de para procurar la desgracia ajena. Mi respuesta es sencilla: si hiciese eso no sería un esP-P-P-P-P-añol con “P” mayúscula. Hombre ya. ¿A alguien le extraña mi cara de alegría al ver a estos cariacontecidos ingleses que abandonaban el circuito portando sus camisetas de “Lewis”?


Respecto a los pilotos, la star of the race no admite discusión: Schumacher, calentando a la peña para luego poner a Badoer, logra 10 puntos por cabrón-hijoputa. Pero luego, el bueno de Luca nos regaló un inmenso recital que, muy probablemente, protagonice mi próximo artículo para la Gran Prix Actual. En efecto, su arranque de semana supuso acumular ¡cuatro! multas por exceso de velocidad en el pitlane. Pero no puedo culparle: fue la única parte del circuito en la que logró ser más rápido que el resto. Perdón: ni así. El adelantamiento al que le sometió Grosjean en boxes lleva un 4+6 de estilo depravado por lo inverosímil del suceso y por la gestualidad, marca: “¡¿Quieres irte a cagar?!” del Kaiser. ¡Y encima le metieron un drive through (1) por el orto! Eso sin olvidar su trompo en la vuelta 2 (1). Tampoco renuncio a darle un punto por el desastre de relaciones públicas de calificar el último, a segundo y medio de un bisoño Alguersuari, al que sólo le preocupó llegar sano, salvo y no deshidratado a la meta. Pero, sin duda, lo que subraya la grandeza cósmica de Badoer es encular (3) a otro monoplaza al intentar aparcar en el parc fermé. ¿Adivinan cuál? Sí, el de Tootsie. Añadan tres puntos de estilo, por favor.

Antes de que me critiquen por puntuar cosas de Schumacher sin que éste participase en la carrera, recomiendo ojear mi artículo en la última Gran Prix: Michael es como El Cid. No necesita participar en las carreras para vencerlas. A continuación, un pequeño extracto:

“Cuando Schumacher se retiró, todos pensamos que el talento de Alonso nos haría olvidar al Kaiser. Pero el asturiano tuvo que conformarse con dos títulos que sólo brillaban más por haber sido conseguidos en plena “Era Schumacher”. Era el turno de otro piloto que, lejos del talante de Michael, demostraría ser un maestro en el arte del politiqueo, y del mentir y no ir nunca de cara. En algunas aldeas españolas a eso se le llama “Ser un mierda”, pero yo soy muy educado y no llamaré aquí “mierda” a nadie. Aunque lo piense. (...) No tuvimos Schumacher, pero el Kaiser ganó la carrera. La emoción que provocó el anuncio de su retorno demostró que, sin él, la F1 actual es la lúgubre “Era Hamilton”. Pero, con la inteligente decisión de no participar, le negó a ese individuo la oportunidad de reivindicarse derrotándole en la pista: una perfección estratégica digna del mejor Ross Brawn. Esta victoria de Schumacher nos deja un mensaje claro: que termine pronto esta era (tal vez cuando Vettel se anime a dejarse bigotón) porque Bernie, siempre ávido de titulares, no dudará en fabricar un “Se estudia la clonación de Ayrton Senna a través del ADN de células un mechón de sus cabellos que un fan guardaba en un escapulario”.

Por lo demás, demos un voto de confianza a Grosjean: tuvo el detalle de dedicarnos un trompo a los de nuestra tribuna (1) y no supo esquivar a Trulli en la salida, con lo cual perdió el morro (2). Acto seguido, hizo trompear a Badoer y el resultado fue enviar a Glock y a Buemi a los pits para cambiar el morro (7). Nakajima, por su parte, se esmeró a la hora de reventar plásticamente su neumático (1), pero poco más.

Aplausos también para Red Bull, que logró romper ¡dos motores! gracias a Vettel. Recordemos que Sebastien había roto en Hungría, así que doy, vista la consecutividad, 15 puntos en total. El equipo hermano, Toro Rosso, por su parte, logra 4 puntos por los problemas de frenos de Buemi.

¿Una conclusión? Después de mi exhibición mentalista en Valencia sólo puedo reafirmarme en mi amor por la F1. Valió la pena cada hora del viaje y cada gota de sudor. Al final, me desgañité como un buen hooligan, uniéndome a la masa y celebrando los acelerones que nos dedicaba Alonso, insultando al Mierda y aclamando a Rubinho. Que nadie se engañe: todos somos masa. Pero existen pocos momentos mejores para fundirse con la masa que viendo la cara de Anthony Hamilton ante el pitstop de McLaren. ¡Qué sinfonía de insultos más bella y ensordecedora!

UPDATE:

Jracias por aportarme lo de Alguersuari llevando la estampita de la Macarena y un reloj de Antonio Molina. Si bien desprecio con toda mi alma la religiosidad sevillana sobre cualquier otra manifestación, hay que dar a Dios lo que es de Dios (me refiero a Antonio Molina, claro): 3+3 de apoteosis estética. Por su parte, Nelsinho, en su canto de cisne, también merece 3 puntos por la infantilada de "Flavio no tiene amigos". Eso sí, recuerdo que, en los entrenamientos, sólo puntúan las gañanerías de la última sesión. Por mucho que ponga la foto de la piña a Heidfeld.


18 agosto 2009

Mis vicisitudes cortistas

En el mundo del cine hay una palabra que me causa un pavor comparable a la perspectiva de un ménage à trois con Carmen de Mairena y Esperanza Aguirre. Un término temible que mezcla un 50% de vicisitud, un 50% de dolor intelectual y un 50% de frustración. Esta maravilla capaz de desafiar la lógica tiene un nombre:

Cortometraje.

Los lectores habituales ya sabrán de mí todo tipo de vergonzosos datos: que salí de penitente escuchando un walkman con The Human League. Que mi extrema gaycidad es todo un misterio en el campo de la sociología. Y, ahora, gracias al primer párrafo, que las matemáticas no son lo mío. El siguiente paso será relatar mis experiencias en el lamentable mundo del cortismo. Y eso sólo puede significar una cosa: que se me están acabando las vicisitudes a narrar. Al fin y al cabo, mi vida ha sido básicamente normal. Tampoco es que lleve desde la cuna pasando vergüenza. No me ha dado tiempo a vivir muchas más vicisitudes lementables que las ya relatadas. No porque todavía tenga treinta y tantos, sino porque, si te pasas media vida metido en una sala de cine o en el videoclub, tampoco es que puedas vivir aventuras en plan Miguel de la Cuadra Salcedo.

Pero mi exceso de cine sí que sirvió para algo: condujo mis pasos hacia el audiovisual. Y, claro: todo aquel aficionado al cine que estudia algo relacionado acaba tarde o temprano enfrascado en el terrible empeño de crear esas pequeñas obras de tortura que se conocen como ‘Cortometrajes’. Diréis que soy un exagerado. Por supuesto, tendréis razón. Pero todo aquel que ha estado en un festival dedicado a este género sabe que el grueso de la producción es lo que se conoce en ámbitos científicos con el nombre de ‘lavativa’.

¿Y qué puñeta hacía yo paseándome por ese tipo de eventos, a sabiendas que hoy en día prefiero confesar que me he dado un garbeo por la zona portuaria de Algeciras oteando pilinguis antes que reconocer haber ido a un festival de cortos sin que me obligaran? Pues a eso vamos.

Hoy en día, gracias al digital y a los programas de edición, cualquiera puede marcarse una obra audiovisual presentable. Pero en los noventa la cosa no era tan sencilla. Con las máquinas analógicas, los productos de aficionado rodados en video hacían saltar las lágrimas de todo aquel que los veía. No por malos, sino porque la calidad resultante tras tres o cuatro generaciones era todo un atentado visual que hacía que salieran callos en las córneas.

Yo empecé grabando escenas sueltas y montándolas directamente con el avanzado método de usar el botón de pausa del VHS. El resultado solía ser una cosa que no sólo no cabalgaba audios, sino que mostraba un bonito salto cada vez que cambiaba de plano. Visto el desastre, esperé a la facultad para grabar más cosas.

El primer intento fue una maravillosa ovra titulada ‘El ataque de las televisiones asesinas’, memorable porque me dediqué a vestir a mis amigas y a mi propia novia como putas con el pelo cardado que eran atacadas por una televisión que mostraba una trompa gigante que salía de la pantalla echando puré de patatas.

Freud tendría un par de cosas que decir de eso. Mi novia también. Concretamente, ‘hijodeputa’.

Esta vergüenza quedó tan mal que nunca la sonorizamos. En parte porque quedaba infinitamente más graciosa con el sonido directo, que no sólo impedía que los espantosos diálogos se escucharan con claridad, sino que ofrecía grandes momentos de vicisitud cuando algún actor gritaba exabruptos en voz baja para no molestar a los vecinos.

La segunda oportunidad vino del típico profesor que ofreció subir nota a cambio de un trabajo. Y yo convencí a unos amigos de que hiciéramos un videoclip. No recuerdo en absoluto de qué iba la asignatura (algo que me ocurre con el 80% de las de mi carrera), pero el caso es que el tipo tenía algo que ver con la semiótica y era fan de Battiato. Así que pensamos es hacer un video relacionando al cantante con Baudelaire y el pensamiento de los nómadas de la canción homónima.

No, a día de hoy, no tengo ni idea de qué significa eso.

Y entonces tampoco.

Nos pusimos manos a la bazofia y grabamos tres jornadas: una con un tipo vestido de época escribiendo para la introducción. Otra de planos que sólo podían describirse como una versión de ‘Losing my religion’ con olor a bocata de chope y una última en un espantoso parque sevillano para tener recursos de naturaleza, pues sabíamos que en una cosa semiótica CUALQUIER imagen que pusieras podría tener sentido.

Entonces yo pillé un herpes en el ojo (¡DOLOR!) y abandonamos el proyecto. Unas semanas antes de la fecha de entrega, mi amigo Jorg y yo nos metimos en la sala de montaje, con un 20% de material necesario para cubrir la canción. ¿Qué podíamos hacer?

Muy sencillo: usar lo que grabé en mi visita al castillo de Castellar y al Parque de los Alcornocales con mi novia.

Lo que salió daba una vergüenza exquisita. Nuestra falta de escrúpulos llegó hasta el punto de que, como estábamos aprovechando hasta el último segundo de metraje, pusimos un plano ralentizado de uno de los miembros del equipo que sólo salió un segundo mientras bajaba la cámara y la apagaba. Total, si aparecíamos todos (incluido algún amigo mío de Algeciras), qué más daba uno más. Claro que mi momento favorito era una toma de un aspersor regando las plantas al ritmo de la música, justo cuando llegábamos al solo final de la canción, momento en el que, efectivamente, ya no me quedaba material que aprovechar.

Flash fordward a dos años más tarde. Una guiri de Erasmus nos ve a mi amigo Jorl y a mí en la tienda de fotocopias. “¡Hoy os he visto en un video!”. Estupor. “Era un videoclip de una canción en italiano. El profesor se ha tirado una hora comentando el simbolismo de las imágenes”. Descojone. Como pocas veces me he reído en toda mi vida.

Volviendo atrás a tercero de carrera, llegó el momento del primer corto. Una práctica cuyo guión básicamente improvisaron unos compañeros míos en una tarde. La cosa la dirigimos entre todos, y no recuerdo qué planos eran míos. Excepto dos: Uno que copié de un momento de ‘Beltenebros’ y otro de un fotocromo de ‘Mil gritos tiene la noche’. Y no sé cuál de las dos confesiones me da más vergüenza.

El caso es que la cosa resultante, a la que titulamos con el nombre del libro de inglés de algunos de mis amigos sin que tuviera la más mínima relación con la trama... ¡acabó en algunos festivales! ¡Y con algunos premios! En ese momento me di cuenta de lo triste del panorama. Pero también me dio confianza. Concretamente en que la humanidad estaba en plena decadencia y que mi deber era invocar a Gozer el Gozeriano.

En lugar de eso, hicimos un reportaje sobre la desaparición de salas de cine con mucha poca vergüenza y utilizando todo tipo de recursos chorras y sórdidos excepto la cortinilla de estrella. Que ya nos hubiera gustado, pero los equipos de edición que teníamos en Hi-8 no daban ni para eso. El resultado se llevó un premio de Canal Sur y un buen dinerito, que reinvertimos en nuestro corto fin de carrera. Concretamente, en construir un escenario de corcho blanco.

Titulado como una canción de Mike Oldfield y con un guión espantoso a partir de una historia ridículo-pretenciosa, esta pequeña obra tenía todo los elementos comunes al peor cortismo:
- Diálogos dolorosos.
- Necesidad de demostrar en cada plano toda nuestra sapiencia cinematográfica.
- Pretenciosidad.
- Chistes malos.
- Homenajes.
- Y un reparto estelar compuesto por:

En el papel protagonista, Yamcha.
Como su mejor amiga, Goku.
El malo, el maestro Muten.
Y hasta Bullma como extra en una escena.

Efectivamente: uno de los compañeros que ejerció de productor en la función era (y es) doblador, además de la voz de Goku mayor en las pelis para video. Así que se trajo a sus amigos. Me alegraría decir que el resultado era un festival de confusión que hacía que un corto sobre un tipo que tira el techo de su casa (en serio) pareciera la búsqueda de las bolas mágicas. Pero, como buenos profesionales, a ninguno se le notaba. Una pena. Sólo me queda que, al menos, ahora puedo decirle a mi abuela que trabajé con dos de sus iconos de la interpretación en este país: Yamcha acabó interpretando al gay protagonista de ‘Yo soy Bea’ y el maestro Muten no es otro que... ¡Mariano Peña, el dueño del inmensamente llamado Bar Reinols de ‘Aída’! Cuando muera, probablemente ponga en mi lápida: ‘Dirigió al tipo del Bar Reinols, aunque sin bigotón: como puede verse, nunca tuvo visión estética’.

Más tarde me metía en la Escuela de Cine, pero como productor, por lo que pasé a hacer cortos no muy graciosos y con poca anécdota en Betacam e incluso en 35 mm. Sin embargo, abandoné todo intento de dirigir otra ovra. Excepto en una ocasión, un año más tarde, en el que grabamos uno al estilo ‘Jo qué noche’ por todo Toledo a lo largo de una semana. El resultado nunca llegó a montarse, y es algo que me da tanta vergüenza que me planteé no mencionarlo en este blog. Un lugar en el que he llegado a contar incluso mis problemas intestinales. Imaginen ustedes la vicisitud que me causa ese recuerdo. Y quizá la frustración que explique mi rechazo a este género cinematográfico.

O más bien no. Que he visto la obra completa de Grojo y hasta ‘El Cuervo’ de Tinieblas González. Yo he conocido el dolor.

(UPDATE vicisitúdico: Un fotograma de "Cielo abierto" con el cameo de Paco Fox)


08 agosto 2009

La liga fantástica de F1 2009. Round 10: Hungría

“Mira, ese MAGNÍFICO onvre con bigotón y camiseta de tirantes es igual que De Gaulle en cutre”, me decía Paco Fox tomándose un confit de canard en Les Landes. Cargado de energía tras un periplo gabacho - ¿sabían que, en Burdeos, Joseph “Le Péthomane” Pujol, tiene una calle? – paso a una revisión del GP de Hungría que, en teoría, tendría que haber sido el gran día de Nelsinho. Su canto del cisne en la F1. Un momento histórico.


Pero, como ya sabréis, fue otro brasileño el que se curró, de verdad, convertirse en star of the race. Arrancó fuerte el viernes cuando encabezó la oposición a que Alguersuari – cuya exigua experiencia en la F1 se limitaba a conducir en línea recta – participase en el Gp (1). Pero tuvo que ser una voluminosa pieza de un Brawn (que se llevan aquí 4 puntillos por su participación en el accidente) la que nos dejase con peor rollo en el cuerpo que ver un cartelito al final del vídeo de Babooshka de Kate Bush diciendo “No se pierdan Babooshka 2: Electric Boogaloo, donde la señorita Bush se cepilla a Paul Rodgers”. Afortunadamente, ahora que Massa evoluciona favorablemente, ya podemos darle 5 puntos por comerse la pieza y 5 de estilazo por lograr frenar dramáticamente en una milésima de segundo. Huelga decir que el complemento de 10 puntos de “pabersematao” es más que merecido. Así como un punto por la suspensión de la sesión. Además, recibe 5 puntos por no poder presentarse a la carrera a los que se suman 10 de estilo por el hecho de que su sustituto para Valencia sea... ¡Schumacher! Señoras y señores, como el regreso de Michael a las pistas posea la mitad de sordidez que los eternos retornos de Nigel Mansell sólo puedo decir que, quienes posean el combo Schumi-Massa se van a convertir en serios aspirantes a ganar esta liga. De momento, ya hay un puntillo para Frank Williams por negarse a que el genio alemán pueda tener un día de tests (“Las normas son iguales para Alguersuari que para Schumacher”) y otro para Ferrari, con tres de estilo, por decir que de qué va ese tipo de esa escudería que lleva años sin comerse nada. Dando donde duele, sí señor.

Evidentemente, si la star of the race estaba cantada, también lo estaba el team of the race. Renault volvió a destapar el tarro de las esencias en Hungría realizando otro de sus soberbios cambios de neumáticos a los que ya nos tenían desacostumbrados desde la era dorada del gañán de la tuerca. A los 4 puntos de la gañanería en el pit, hay que dar 10 de estilo por el desprendimiento de rueda y 10 por la desmesurada sanción de la FIA. (está claro que quieren ganar esta liga y no les llega con los 5 puntos por los problemas en la bomba de gasolina de Alonso). ¿De verdad pueden demostrar que tanto el de la tuerca, como el jefe de mecánicos como el propio Fernando Alonso abandonaron el box a sabiendas de que la rueda no estaba atornillada? Max tiene que estar más enfadado con Flavio que Flavio con Nelsinho. Y mira que fue épico lo de largarse de boxes mientras Piquet seguía en pista (3), aparte del mobbing que Nelsinho reveló (“15 minutos antes de cada sesión me decían que tenían un sustituto preparado”). Lo siento, Nelsinho, pero esos 5 puntos también van para Renault, no así un puntillo para tí por tu enternecedor infantilismo llamar “hombre sin amigos” a Flavio. Por lo demás, lloriqueces a las que sólo harán caso los ingleses: esa gentuza a la que le gusta regodearse en “cómo Alonso exige trato preferente” mientras quieren pensar que Kovalainen es sólo un error de McLaren. Eso sí, para el próximo número de Grand Prix Actual prometo dedicar mi columna a mayor gloria de Piquet Jr.: un incomprendido para paladares exigentes. Con esto, Renault logra eclipsar el anuncio de la muerte de BMW (25 puntos) en lo que es el declive más apoteósico de una escudería que partía como favorita para llevarse el mundial 2009 de calle.

Por lo demás, Alguersuari, como decía un compañero de la revista, fue un buen taxista, llegando al final sin complicaciones y superando a Buemi gracias a un trompo del suizo (1). Webber superó a un Vettel cuyo Red Bull no resistió la carrera (5) pero perdió el segundo puesto merced a una estrategia de mierda que consensuó con el equipo. Así que 2 puntitos para cada uno. Force India, por su parte, se llevó 5 puntos por lo de Sutil y Brawn también suma sus tres puntos por el lamentable hecho de que su patrón esté muy ocupado para presentarse a un juicio y, debido a ello, pierda el carnet de conducir.

En la última vuelta, apagué la tele y envié un mensaje a la redacción de la revista: “Poned a Massa o a Alonso en la portada. Mejor a Alonso, para que los españoles descarguen la bilis. Porque una foto sonriente del Mierda hundiría las ventas”. Ya lo debían haber pensado antes: la sanción a Alonso o el debut de Alguersuari interesan más a la gente de bien. Evidentemente, lanavajaenelojo me dijo, con toda la razón, “Podías haber tomado algo en la playa viendo alemanes con bigotón en vez de ver esta basura de carrera”. Pero, en Valencia, sí que estaremos in person en el circuito viendo el reton-no de un alemán que no necesita bigotón para ser lo máis jrande ever. Cuento los días...

06 agosto 2009

Mi clon musical favorito

Muchas veces he hablado aquí de mi fascinación por los clones de combate cinematográficos. En alguna ocasión me he planteado continuar con el tema y hablar de plagios musicales. Pero me he encontrado con un problema:

En la música hay menos originalidad que una peli de The Asylum dirigida por Bruno Mattei.

No es que se puedan encontrar artistas claramente inspirados en otros. Es que hay géneros enteros en los que es imposible distinguir un intérprete de otro. Y no voy a decir cuáles, que luego los trolls hacen su agosto en los comentarios. Bueno. Qué coño. Lo diré: a ver quién es el guapo que me asegura que, por ejemplo, el reggae es un género variado. Ser percusionista de un grupo de este estilo tiene que ser más o menos igual de divertido que encargarse de la batería de El Último de la Fila.

El caso es que, para encontrar un clon de combate realmente divertido en música, el plagiador tiene que ser mucho más concienzudo y copiarlo todo. Y cuanto más idiosincrásico sea el artista a clonar, mejor. Y si hablamos de idiosincrasia, lo primero que se me viene a la mente es una foto de mi hermano en calzoncillos. Pero lo segundo es Kate Bush.

Observen primero este video. Atentos, por favor, al segundo 58:


¡HOSTIAPUTALALECHE! ¡¡¡¡VICISITUD ÉPICA!!!! Es como si Ator 5 se hubiera follado a She-Ra y hubiera tenido una valkiria postapocalíptica rusa con un subidón de fresisuís reconcentrado. Olvidemos la razonable y fascinante duda de qué puñetas estaba haciendo con el contrabajo antes de invocar al poder de Greyskull y revelarnos la existencia de la sordidez audiovisual absoluta ultraterrena. Lo importante en relación con el post es darse cuenta de que, guste o no, como Catalina Arbusto, no hay otra.

Ahora, recordemos su mayor éxito musical:

Una obra maestra del arrebato emocional y la clara muestra de cómo cantaría un grupo de duendes adictos a las novelas románticas decimonónicas, una raza que sin duda existe en algún lugar del Mundodisco. O en tus pesadillas. Pero nunca en España. Aunque, miren ustedes por donde, de este país salió una artit-ta que se atrevió a ser clon de combate de una munhé tan obviamente imitable, pero realmente única, como Bush:

¡Vicisitud! Pero ahora viene lo bueno. Porque ya sabéis que en este blog no hablamos de la gente para ridiculizarlas. A mí, la canción... ¡me gusta! Obviamente: me encanta Wuthering Heights. Por lo tanto, ¡cómo no me va a gustar su plagio! Por eso ésta es mi canción-clon favorita. No suficiente como para escucharla sin que me de un ataque agudo de vergüenza ajena. Pero sí como para que ande en mi ipod desde hace bastantes meses, cuando, tras intentar cantar junto a Vicisitud ‘Running Up That Hill’ en el Singstars (y NUNCA la palabra ‘intentar’ alcanzó un significado tan profundo en relación con el concepto de ‘puta mierda vicisitúdica’), recordé la inmensa vergüenza ajena y fascinación de la primera vez que vi este video de Virjinia Glück (con jota, por supuesto.Supongo que por joder).

Y ahora tocaba hablar de quién es esta señora y qué hizo después de lanzar este single. Pero no lo haré. Miraros la wikipedia, leñe. Que yo estoy de vacaciones y esto es un post vago.

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