29 octubre 2009

Post autodesctructivo: ¡Queremos pactar!

Una de las principales máximas blogueriles es que, si escribes algo sobre una persona española no delirantemente famosa, dicha persona acabará encontrándote (ya sea una amazona de Tunka, una perturbada que se acostó con Ruiz Mateos, un crítico de cine que se toma con sumo humor ser incluido en Cultureta Watch y hasta el padre de María Castro). A veces, las consecuencias de lo que escribes son imprevisibles, como que, tras 42 artículos dedicados al cine colonoscopia, te inviten a Maguncia a entrevistar a Boll, que tras cagarte 42 veces en Hamilton te ofrezcan escribir en una revista o que, tras cantar las alabanzas de Luis Cobos termines hablando en Radio 3 (a la que volveremos, si no esta semana, la próxima; y con material inédito en el blog).

Ante esta vida social, algunas voces nos dijeron “¡Cuidado con las amistades, que os pueden llevar por el mal camino!”. Bien, el viernes pasado, se produjo uno de los encuentros más bizarre-hardcore-fetish-BDSM de ente vlog. Un onvre que considera que el Capitán Needa de “El imperio contraataca” es el personaje que mejor le describe – lo cual hizo que Paco se atascase más tiempo en la “F” de F-F-F-F-F-reaaaaak que en la “P” de EsP-P-P-P-P-aña cuando le dirigió la palabra – contactó con nosotros y, a raiz de ello, terminamos tomándonos unas pisicolas AQUÍ:


Sí, es Ferraz 70. Y ahora toca el mini-flashback “¿Cómo hemos llegado aquí?”. Pues sencillamente, para nuestra sorpresa, resulta que la sentida defensa de las hijas de ZP tuvo su repercusión en la blogosfera política. (Concepto, por cierto, muy amplio, que termina incluyendo a nuestro idolatrado Supersantiego y que - cágate - aporta argumentario a los patidos: cuidadito con lo que se escribe, que podéis tener una responasbilidad social más gorda de lo esperado) Por ese motivo, Carlos – uno de los responsables de comunicación online del PSOE y caballero Jedi en sus ratos libres – terminó invitándonos tras haber enseñado el post a varios en Ferraz. Y nosotros, como buenos fetichistas sórdidos, no pudimos decir que no.


Por supuesto, nuestro grito de guerra fue “¡Horteras de bolera!” así que no dudamos en hacernos fotos con toda una iconografía que ha marcado nuestra infancia. Comenzamos por la sala de ruedas de prensa, donde cada emisora de radio tiene un pequeño habitáculo. Huelga decirlo, yo me arrodillé en el de la COPE. Luego, en el atril, ensayamos poses tanto de José Luis como de Felipe. Y, mal que nos pese reconocerlo, se nos dio mejor el talante que el carisma. Y eso que Carlos nos impartía buenas instrucciones acerca de cómo imitar bien a Felipe, pero ni así.

Acto seguido, Paco envió, sin más explicación, una foto a su familia. ¿El resultado? Su abuela pilló el disgusto de su vida a la que la madre de Paco y el Ciudadano Soberano le hicieron creer que Paco había ido a Ferraz a sacarse el carnet del PSOE. Y Paco no hizo nada por sacar a su abuela de dicho error. Pura maldad.

Luego vimos la mítica mesa donde se reune la ejecutiva para los Telediarios. Imbuído por la pura erótica del poder pregunté “¿Dónde se sienta José Luis?”. Paco fue más allá y, poseído por la erótica del fistrismo preguntó “¿Dónde se sienta Chaves?”.

Poco a poco, subíamos de planta en planta. No pudimos hacernos, lamentablemente, la foto de “famoseo” con Zerolo (la persona con quien, según Carlos, más tendría que ver el blog, y no le vamos a quitar la razón). Pero sí pudimos entrever los despachos de Pepiño, Leire o José Luis (quien tiene un ascensor privado porque, cada vez que va a Ferraz, tiene que soportar varios asaltos de militantes que se comportan como fans más fatales que los fistros que yo he visto cerca de Amaia Salamanca). De entre el atrezzo, destacar estos turbadores dulces zamoranos:



Una cosa que me extrañó, curiosamente, fue la poca presencia de Felipe en la decoración de Ferraz. Tan sólo vi un documento, firmado por ÉL, donde registraba el logo del PSOE – obra del gran Cruz Novillo, responsable de los mejores carteles de Carlos Saura – y poco más. “Lo que ocurre” dijo Carlos “es que, cuando llegó José Luis, ordenó una reforma en Ferraz a su imagen y semejanza. Pero siempre desde el respeto”. Esta última frase la dijo haciendo una imitación TAN perfecta de ZP que la turbación nos acompañó durante el resto de la visita. Tanto, que ni siquiera el que nos regalasen ¡abanicos ! del PSOE nos sacó de nuestro atontamiento.

Como colofón, el hacerse unas fotos en los míticos sillones en los que los políticos sonríen y hacen que hablan para las fotos de la prensa. Una actividad tan ridícula y sórdida que termina por parecernos sublime.


Y con esto finalizó nuestra visita. Por seguir en nuestra tónica autodestructiva, podríamos decir que, si en Génova tuviesen humor y figuritas de Darth Vader en sus mesas de trabajo, no dudaríamos en aceptar una invitación para echar una partida al cinquillo con Don Mariano. Pero, de momento, y como con la Guerra Civil, eso son conjeturas – como las fantasías de Pío Moa acerca de lo que hubieran hecho los rojos de ganar la guerra civil – mientras que esta crónica son los lamentables hechos. Para dentro de nada tendrán un post que desvelará la duda cósmica acerca de qué piloto ganará la liga fantástica este año – Mierdinho, Massa, Alguersuari o... ¿podrá hacer el Mierda una remontada de última hora? – y, lo que es más importante, para un poco más adelante EL post autodestructivo por antonomasia.

Lo de aquí sólo ha sido un pequeño ensayo general. Ya sabéis lo que se avecina.

22 octubre 2009

Mis vicisitudes calzoncillísticas

Toda gran epopeya que un onvre de pro tiene que afrontar en su vida comienza, obligatoriamente, con la frase “Coge unos calzoncillos y...”. ¡Ese y no otro es el principio de una fascinante aventura! Porque no me digan que el tostón de los anillos del Señor no mejoraría automáticamente un 23% si Gandalf dijese “Frodo, coge unos calzoncillos y el anillo que...”. O, cambiando de libro ¿No sería igualmente adecuado un “Amigo Sancho, coge unos calzoncillos que nos espera la tierra de las aventuras? Aunque, la verdad, a Sancho siempre me lo imaginé más en plan comando, don’t ask me why.

De hecho, mis mayores epopeyas laborales – tipo ir a montar un anuncio a Ciudad del Cabo – comenzaron con una llamada de teléfono que decía “Coge unos calzoncillos que tienes un vuelo que va a París, allí coges uno a Johannesburgo y luego, allí otro a Capetón. No, por Murcia no pasaba el avión”. Incluso, a la vuelta, me decían que tenía que seguir montando en Barcelona. Yo pedí que me dejasen pasar un momento por mi casa antes de pillar un puente aéreo y los de la productora, totalmente atacados, me decían “¡No, vete directo a Barcelona! ¡Te busco un hotel donde te laven los calzoncillos!”. Hasta en la desesperación se recuerdan las prioridades.

Decía nuestro amigo Portrait que en la vida toca elegir bandos: si el Cola Cao o el Nesquik, si el PSOE o el PP, si Betamax o VHS, si Celta o Depor... Añadan a esa lista, entre los primeros lugares, el elegir slip o boxer, por favor. Yo, evidentemente, elegí los testículos prietos con el glande reposando en el suave lecho del vello púbico – pese al ocasional riesgo de enredamiento de éste en el prepucio – mientras que Paco optó por la filosofía de los huevos colgaderos que entiendo pero no comparto. Otros amigos, víctimas de la metrosexualidad o de hacer caso en demasía al gusto poco informado de las mujeres optaron por la opción Calvin Klein del boxer ceñido, que implica lo peor de los dos mundos. Por un lado, los huevos no son colgaderos y, por otro, la chorra pasa a pegarse molestamente al muslo sudoroso. Eso, por no decir que esos calzoncillos terminan siguiendo la tendencia natural de todo slip, que es la de encogerse y meterse por la raja del culo aspirando a ser un tanga. Sólo que tal cantidad de tela ahí nunca es cómoda.

Pero no estoy ici para hablarles de moda sino para, una vez más, humillarme públicamente relatado las múltiples vicisitudes calzoncillísticas sufridas a lo largo de mi vida.

Lo primero que me viene a la mente eran las siestas en la guardería. Por el motivo que fuese, de cara a afrontar el suceso – bastante común – de que un infante se hiciese pipí o popoch, en la guardería sólo tenían bragas de repuesto. Por ello, el niño que involuntariamente plantare un pino durante la hora de la siesta, al choteo que tenía que sufrir por parte de sus compañeros hijos de puta tenía que añadir, a continuación, el que le quitasen los pantalones, le limpiasen el orto, le pusiesen unas braguitas – que pese a tener tierna edad, ya comenzaban a oprmir el paquetíns – y, aluego, tener que evitar que sus compañeros, para descojonarse de dichas braguillas, le subiesen el mandilón (creo que fuera de Galicia la gente dice "baby", pero yo, si no es para decir "baby baby" no uso esa palabra en vano).

Creo que el haber usado la palabra “hijos de puta” da a entender que, alguna vez, planté un pino. Y el trauma subsiguiente también explicaría por qué la imagen icónica de Marilyn en ‘La tentación vive arriba’ me causaba todo menos erotismo.

La siguiente aventura que todo onvre experimenta con sus calzoncillos es el tener que cuidar de éstos cuando abandona el hogar paterno. Esta labor, que aparenta ser muy simple, en absoluto lo es. El primer obstáculo para muchos es el lavarlos (no es mi caso, hoygan). Ello me llevó a ver el caso de gente que se compraba calzoncillos de mercadillo, llevaba puesto el mismo durante siete días y, al octavo, lo tiraba a la basura. Por no hablar del suceso de cierto compañero mío y de Paco de la Escuela de Cine que iba, en pleno mes de diciembre, y con nevada, sin calcetines. Evidentemente, era por no molestarse en lavarlos. Armados de valor, le preguntamos “¿Corren tus calzoncillos la misma suerte?”. Aquel día, confirmada la no existencia de los calzoncillos bajo sus pantalones, nos sentamos un par de sitios más allá en clase.

Un servidor, sin embargo, era del bando opuesto: de cuidar mucho los calzoncillos propios pero de ser el terror de los ajenos.

Cuando estaba en el colegio mayor, para uno de mis cutrecortos – lo cual me recuerda que tengo que hacer un post sobre mis vicisitudes cortísticas – decidí que quería decorar una pared llenándola de calzoncillos colgados. Cuando, usando todos los míos, vi que ni de coña llegaban, comencé a pedírselos prestados a la gente. Sorprendentemente, conseguirlos no fue difícil. Lo complejo, empero, fue devolverlos. Imaginen la escena: voy a la una de la mañana por las escaleras y me encuentro a dos hablando. A uno de ellos le digo “¡Espera, Ricardo, que ahora te los devuelvo!”. Voy corriendo a mi habitación y regreso con ocho calzoncillos que le entrego ante la estupefacta mirada de su amigo. “Ricardo... Supongo que tendrás una explicación para esto ¿no?”. Ricardo optó por tartamudear y callar antes que explicarle “es que los quería para decorar una pared para un cortometraje”. Porque tal depravaçao de explicación no sólo te define como gayer redomado sino también como gayer tipo “A ti te gusta que vicisitud se ponga un traje de luces con tus calzoncillos por montera mientras te hace masajes con pasta dentífrica al compás de un cd de Phil Collins”.

Quizá por ese motivo no di ninguna explicación a mi señora madre cuando, estando ella en mi cuarto, vio unos boxer estampados – también recolectados para el corto - que, claramente no eran míos. “¿Y esto, filliño?”. Mi amigo Juan Carlos, presente también en el cuarto, agachó la vista y dijo “Son míos...”. No comentamos más y mi madre dejó claro que estaba dispuesta a aceptar cualquier cosa de su hijo.

Cuando pasé a vivir en un piso, otra cosa que se puso de moda fue el asalto al cajón de los calzoncillos ajenos. Todo comenzó el día que uno de mis compañeiros, Vitijito, se quedó sin calzoncillos limpios y fue a pedirle unos prestados a otro de nosotros. Y, claro, ya que se había dado el paso crucial de que te prestasen algo tan íntimo, pues... ¿por qué no elegir los más épicos? Durante el resto del día, Vitijito se dedicó a exhibirnos unos calzoncillos de lycra amarilla fosforito con adornos negros que recordaban al primer traje de Lobezno. Lo cual demuestra lo nocivo que es que vivan juntos varios onvres sin novia (aunque lo de la novia tampoco arregla las cosas: Paco me regaló, poco después, una huevera escocesa que sigue protagonizando sus peores pesadillas). Yo también intenté apuntarme a la moda con mi cuñao. Pero, a la que los demás le decían “Moncho, déjale los calzoncillos del fenómeno (unos ceñidos de seda roja)”, éste sólo pudo responderme “Hombre, te los prestaría, pero es que son un regalo de tu hermana”. Hay fronteras que no pueden cruzarse.

Sí las cruzamos cuando otro amigo – Machango – pasó, de permiso de la mili, por nuestro piso. Hizo una inmensa colada de ropa verde con logos de “ejército español”. Ni que decir tiene, ninguno pudimos resistirnos a llevar puestos unos calzoncillos del ejército español. Como souvenir, nos regaló unos “calzoncillos de camuflaje” que son, básicamente, el coser varios retales de tela verde a un calzoncillo para poner éste encima del casco. Y es que ponérselos en la cabeza no es algo que únicamente se haga para generar debates tipo “¿Cómo estoy declarando más abiertamente al mundo que no follaré en la vida: así o con una camiseta de DJ Spock?”. Moraleja: no todo en el militarismo es malo.

Mi siguiente fase fue abandonar la soltería pero vivir a caballo entre el piso de mi novia – de una sola habitación – y el de mis compañeros, en el que seguía teniendo el ordenador y demás frikismos. Ello implicaba, como en toda buena aventura, que muchas veces cogía unos calzoncillos e iba a dormir al piso de mi novia. Lo interesante, empero, llegaba al día siguiente, cuando volvía a hacer cualquier curro a mi ordenador y me llevaba los calzoncillos usados en una bolsa del Día. En algunas ocasiones, no iba directo al piso, sino que daba una vuelta por ahí y entraba en varias tiendas de esas que te dicen “por favor, deje la bolsa en el mostrador y recójala a la salida”. Creo el gaiteiro yonki de Vigo era mirado con más consideración de la que los escandalizados dependientes me dedicaban al recoger una bolsa del Día con unos calzoncillos usados dentro. Que se jodan, por desconfiados.

Creo que ese fue el motivo de que lanavaja y yo buscásemos un piso para ir a vivir juntos. Ya ven: las grandes – y mejores - aventuras de ayer hoy y siempre comienzan por coger unos calzoncillos y...

19 octubre 2009

La liga fantástica de F1 2009. Round 16: Brasil.

Decía Lobato que, este fin de semana, Jenson Button era el hombre más feliz del mundo. Automovilísticamente hablando, tengo que disentir. O, por lo menos, decir que el onvre más feliz del mundo ese fin de semana... ¡¡¡era yo!!! Chorrocientas clases después y, al segundo intento, por fin me he convertido en otro español de pro que hace bueno el dicho “Es que le dan el carnet a cualquiera”.

Y ahora, la clásica pregunta ¿Cómo OSAS hablar de F1 o llamarle Mierda a Hamilton sin tener ni siquiera el carnet? Probablemente, como buen gallego debería responder diciendo ¿Y cómo oso montar “Sin tetas no hay paraíso” sin meterme rayas, operarme las tetas, follarme a un futbolista y pagarle una puta privada a mi hermana lesbiana? Still, me parece que llegar a los 35 sin carnet – y creo que Paco superará mi marca – es una actitud vicisitúdica lógica en ente volg. Al nivel de seguirme negando a aprender a montar en bici, a montar a caballo, a patinar sobre hielo y, en general, negarme a practicar cualquier actividad que requiera un mínimo de coordinación psicomotriz. Y es que mi integridad física se pone en peligro con nada y uno es un cagao.

Pero, al final, uno cede a las presiones y termina haciendo sufrir a un pobre profesor de autoescuela que tenía que oír de mi boca perlas tipo “¡Hay entes en la vía!” o “¡Satán es mi señor!” (dicha ante el urbanismo de ciertos polígonos) cuando no “Después de pegar a una mujer, pisar un embrague es la forma más subnormal de demostrar la hombría”. Al final, aprobé, sencillamente, por encontrarme con el examinador más majo de España. Un onvre capaz de comulgar con piedras de molino y con incorporaciones a rotondas que serían la envidia del mejor Takuma Sato. Pero, en realidad, lo que mejor describía la jrandeza del examinador era algo tan sencillo como esencial.

El bigotón.

Atrás queda el esquivar, con violentos volantazos, a peatones en pasos de cebra o el hacer un ensayo previo a las clases prácticas en el circuito de karts de Carlos Sainz (en el que, por cierto, a la que dije “creo que puedo enlazar las tres primeras curvas sin pisar el pedal del freno” lo único que logré que hacer un Nelsinho clavando el coche en la cuarta y haciendo una épica montonera de cuatro karts estrellados a mis espaldas). Lo que queda por delante es volver a ser un buen español canónico, de los que se relaja viendo Bricomanía. Porque no hay nada más bello que ver a otros hacer algo mientras tú te tocas los cojones. Y, si esas personas que hacen algo son gays y comparten aficiones... so much the better!

Así que ahora toca cachondearse de señores para los que meter la quinta velocidad no supone que su cuerpo se vuelva un bloque rígido que arrastre el volante hacia la derecha. De la misma manera que no hay nadie mejor que un jubilado para criticar cómo un rumano hace la mezcla del cemento, nadie mejor que un sórdido incapaz para festejar el magnífico espectáculo de destrucción que el GP de Brasil nos deparó. O, al menos, eso quiero creer.

En una de esas coincidencias cósmicas, dado que un Toyota Yaris será la pobre máquina a la que haga sufrir – y que despertará un temor religioso entre los demás entes de la vía – quisieron los hados que los dos pilotos de Toyota tuviesen una actuación realmente magggggnífica en Interlagos. Por una parte, demos una calurosa bienvenida a uno de los mejores talentos que Japón haya dado en muchos años: Kamui Kobayashi. Donde gente como Ide o Nakajima simplemente eran inútiles – y ya han visto que sé mucho de ese tema – cuya incapacidad para conducir por lo negro o para frenar antes de donde estaban colocados los mecánicos producía momentos de gran regocijo, Kobayashi es un heredero directo del jran Takuma Sato: velocidad y talento puestos al servicio de la mejor conducción kamikaze sin ningún respeto por la vida propia o ajena. Donde Ide o Nakajima terminarían “mejorando” hasta convertirse en unos taxistas como Alguersuari, Kobayashi sólo aspira a tomar más rápido las curvas apoyándose en los otros coches. O a maximizar frenada reventando difusores. En este GP, Kamui nos dio una señora exhibición de cómo no dejarse adelantar dando volantazos indiscriminados. La aniquilación de Nakajima en el proceso tiene 7 puntos con un complemento de 5 de estilo por plasticidad. Rezo a San Peich para que Toyota largue a quien sea con tal de que podamos seguir disfrutando de Kobayashi varios años más.

Su compañero de equipo, por su parte, hiló más fino hasta lograr ser la star of the race. Sí, la culpa del accidente con Sutil era íntegramente de Jarno y de su ocurrencia de intentar adelantar por el exterior de una curva rápida. Lógicamente, no terminó de pillar la posición y un trompo en la hierba fue su merecido destino. Lo realmente brillante a la par que plástico fue la carambola que logró hacer con Sutil, que terminó por cobrarse al Renault de Alonso (7 más 9 de estilo por la épica). Y entonces, fue cuando Jarno destapó el tarro de las esencias al irse corriendo a zarandear a un pobre Tootsie completamente atontao tras el golpe. El poligonerismo de Trulli merece 10 puntos y otro más por la merecida multa que le puso la FIA, por no hablar del subsiguiente safety car (1).

Aplauso también para Webber que demostró que, cuando su innato cipotismo no le pone fuera de juego a la primera de cambio, le sirve para ganar carreras. 7 puntos por su empujón a Raicoñen.

Barrichello, por su parte, se animó a emular a Kobayashi a la hora de no dejarse adelantar por el Mierda. Pero quedó claro que Rubinho no está hecho de esa pasta: el Mierda le adelantó – por cierto, bella su salida de boxes (1x2) - y, debido a lo cutre de la obstrucción, Barrichello tuvo un pinchazo que añadir a su colección de patéticos resultados en el GP de Brasil. 5 puntillos por gañán.

En el terreno de los equipos, siguiendo este homenaje que fago a Toyota, no puedo dejar de refocilarme en esta teoría de la conspiración . Normalmente, dichas teorías no suelen ser ciertas, pero... ¿Cómo resistirse a la perspectiva de que Toyota se había inventado la fisura de vértebra para evitar que Glock viajase a Brasil, un país en el que sería linchado por una afición que no le perdona su última curva del 2008? 5 puntos para Toyota por dar pie a tan buenos rumores (y forzando el debut de Kobayashi en el intento).

Sin embargo, la ghloria absoluta se la merece McLaren y su épico repostaje donde, al levantar la piruleta antes de tiempo (4) lograron un arranque de manguera (5 de estilo) que lleno de fuegoooooorrrlll (10) al pobre Raicoñen que seguía al eunuco de Heiki. Como consecuencia, se llevaron una abultada multa (2, que fue de las gordas) y Heiki una penalización a posteriori (un puntillo que unir a otro por salida de pista). Eso sí, Brawn se llevan -3 por la cortesía de haber retirado la manguera de Kovalainen. ¡Al enemigo, ni agua! Mucho mejor que el fallido repostaje de Heidfeld, que terminó sin gasolina (le doy 10 puntos porque no tuvo fuste o psicodramatismo como los 25 puntazos de Massa en España).

En el terreno de roturas varias, hay que darle puntos a Liuzzi por joder su caja de cambios de un hostión (4) y a Williams por el abandono de Rosberg (5).

Y, fuera de la pista, como no, aplaudamos tanto las lagrimitas de Vettel (1) como el desastre de relaciones públicas de Massa al dar la bienvenida a Alonso al equipo volviendo a insistir en que el asturiano sabía lo de Singapur. Di que sí, Felipe, esa es una buena forma de conseguir pues... 8 puntos, que son los que me dan a mí con el carnet. Eso sí, doy -5 a Ferrari por haber disculpado y maquillado las declaraciones de Felipe en su web oficial. ¡Aquí queremos malrollismo y promesas de diversión y psicodrama para el 2009!

Ah, por cierto, Button fue campeón del mundo así que, por primera vez, y sin que sirva de precedente, paso a reproducir íntegro el artículo que hice en su momento para la GPA - ¡que ya tiene página web! – titulado “Será un gran campeón”.


Hubo una época en la que “ganar el Gran Premio de Mónaco” significaba “acostarse con Estefanía”. Hubo una época en la que los campeones del mundo llegaban de empalme a los circuitos tras noches de sexo y alcohol… ¡Y luego, se montaban en su bólido para dejarlo aparcado en el arcén y echarse una siesta dentro! También hubo una época en la que Eddie Irvine abría la puerta de su casa a las cámaras de televisión en pelota picada, pero esa es otra historia…

Pues bien, gracias a la sentencia absolutoria sobre los difusores de Brawn, esta temporada podríamos tener un campeón “como los de antes”: Jenson Button. Y eso es motivo de júbilo.

Las primeras carreras de Jenson en F1 le convirtieron en el niño mimado de la prensa británica. Por no decir que su físico lo hacía candidato a reemplazar a Robbie Williams en Take That y a que sus fotos forrasen la carpeta de los hijos de Lady Di. Así de grande era Jenson: hacía tambalearse la heterosexualidad del Imperio Británico.

Button, en un alarde de sabiduría, hizo lo mejor que se puede hacer con la adulación: dejar que se te suba salvajemente a la cabeza. De la noche a la mañana, se hizo monegasco y decidió que no llevaría una prenda que no fuese un smoking. Vale, no está a la altura moral de vivir constantemente en batín como el dueño de Playboy, pero la perspectiva de levantarse de la cama a las siete de la tarde y enfundarse en un smoking para ir a ligar al bar del hotel de Coulthard me parece más interesante que la de encerrarse en una casa en Suiza – la opción de la gente aburrida a la hora de evadir impuestos - para que no te pidan autógrafos.

Durante su espiral de orgía y desenfreno, Button no logró buenos resultados en las carreras. Eso era porque sus coches eran una porquería, claro. Pero, para los de siempre, esa mala racha significaba que sólo los buenos chicos deportistas, disciplinados y sacrificados, podían triunfar. ¡Qué lejos quedaban los tiempos en los que James Hunt se proclamaba campeón para luego mear borracho sobre el público! Incluso Ron Dennis saboteó al único piloto que demostró que se podía aspirar al campeonato mientras te cebabas con hamburguesas: Juan Pablo Montoya.

Así que los que lo ensalzaron lo hundieron en el fango so pretexto de que, con esa vida disoluta, Button no podía “ser un ejemplo para la juventud”. Y yo me pregunto… ¿Unos seres de una competitividad patológica, que salen de un punto X para llegar a ese mismo punto X a una velocidad altamente peligrosa, tienen que ser el ejemplo de algo? Preferiría vivir en un país donde un ejemplo fuese un científico o, simplemente, alguien que se duche y se cambie de calzoncillos cada día. Pero no pensaron así los ingleses, que encontraron su nuevo “ejemplo” en Hamilton: el niño perfecto que no miente, no atropella, no pulsa el botón… Y, claro está, con una maravillosa familia de telefilm que no tenía nada que ver con el padre de Button: ese señor sórdido descamisado en pos de las pit babes.

Un año y un difusor después, los nostálgicos de la buena F1 saboreamos nuestra venganza. Estamos a punto de ver cómo un piloto que tarda en comparecer a la rueda de prensa porque está ocupado “celebrándolo” con su novia, cómo un piloto que se pelea con Richard Branson cuándo intuye que éste está tirándole los tejos a esa misma novia, cómo un piloto con el físico para cantar en Backstreet Boys que prefirió morir con smoking antes que vivir de rodillas, va a ser campeón del mundo. Y lo celebrará con una fiesta de tal nivel, que Beyoncé será la que limpie los servicios y David Beckham el que dé las fichas en el guardarropa. Y, no, no estarán invitados los pobres pilotos que viven en Suiza. ¿Sabíais que, nada más acabar la carrera, tienen que viajar allí porque, obligatoriamente, han de residir la mitad del año en el país más aburrido del mundo si quieren defraudar impuestos? No me extraña que Hamilton, para animarse un poco, se saltase un stop y estrellase su coche contra unos ciudadanos suizos.

¿Campeón “merecido” Button? No lo puede ser más.




Y un rayo de esperanza para afrontar esa carrera tonta que nos queda en Abu Dhabi (me alegraría haberlo escrito mal: hay países que no merecen el menor respeto). Mis fuentes a pie de pista me han comentado que puede que, a lo mejor, sería posible, en según que circunstancia... para esa última carrera... Fernando Alonso himself... podría dejarse...

Redoble de tambor...

Bueno, qué carallo, si ya sabéis lo que viene...

Pero queréis oirlo ¿no?

Venga, va...

Bigotón.

Esa es toda la épica e intriga que le podréis pedir a la última prueba del 2009. That’s life.



15 octubre 2009

La gran duda: ¿Qué foto poner en el perfil del Facebú?

Las redes sociales como el Facebook son un gran invento que te permite decirles a tus amigos que has visto las fotos de sus vacaciones sin tener que molestarte siquiera en echarles un vistazo. Pero no son ese tipo de cosas las que más me llaman la atención. Ni siquiera las actitudes estilo Twitter de andar actualizando el estado hasta cuando te han sentado mal los guisantes con chope y has tenido un gas furtivo en el ascensor del Reina Sofía. No. El momento crucial y gran dilema de facebú es... ¿qué foto pongo en el perfil?

Nombre real de trabajo de la web

Freud dijo: “El subconsciente es un hijo de puta dispuesto a violentarte analmente, pero desde dentro, que es menos doloroso, aunque infinitamente más complicado” (citation needed). Cuando te haces del Facebú, pones inocentemente una fotillo cualquiera para dar una buena imagen de tu persona. Generalmente, cualquier cosa que ya tuvieras en el disco duro. Pero con lo que no cuentas es con la astucia y ganas de joder de tu subconsciente. Ni con la mala idea del resto de internet, que interpretará tu elección como concretamente como les salga de los cojones. Esto es, con maldad. ¿Qué hice yo? ¿Qué hizo vicisitud? ¿Qué más da? Aquí está el abanico de opciones que se puede plantear:

Grupo A: ¡Pero qué guapo soy!
- Foto melancólica en blanco y negro:
Lo que crees que dice de ti: ¡Qué mono salí en esa foto!
Lo que realmente transmite: Quiero follar. A ver si así no se ven mis innumerables defectos. Aunque claro, seguro que eso ya lo has pensado. Pero dame una oportunidad. Anda. Por favor. POR FAVOR.

- Foto artit-tico-pretenciosa:
Lo que crees que dice de ti: Soy del audiovisual
Lo que realmente transmite: Soy del audiovisual. ¡A que molo! ¡Aunque trabaje de preparador de cafés en el rodaje de anuncios de teles locales, soy INTERESANTE!

¿Follamos?

- Foto de infante / bebé:
Lo que crees que dice de ti: ¡Qué mono era!
Lo que realmente transmite: ¡Mira qué mono era! Lamentablemente, de ahí todo fue cuesta abajo, y cada día me da más grima mirarme al espejo. Pero te comunico que fui pequeño, lo cual significa que seré mimosín en la cama. A propósito: quiero follar.

- Primer plano con mirada intensa
Lo que crees que dice de ti: ¡Qué interesante soy! No me extraña que saliera tan bien en esa foto.
Lo que realmente transmite: Soy la hostia. Hasta los cantantes de rap son una mierda a mi lado. ¿Te he dicho que el Ministerio de Medioambiente me tiene prohibido follar en el campo por riesgo de incendio? Me amo. Mucho. Hoy no follas.


-Primer plano con mirada mimosa
Lo que crees que dice de ti: Soy encantador. Salí adorable en esa foto.
Lo que realmente transmite: Vale. No soy gran cosa. Pero quiero ser tu peluchito. Muchos besos y mimitos. Quiero seeeeer tu peluchiiiito. Y, luego, a follar.


Grupo B: Tus ojos no se posarán en mí, mortal.
- Sugerente foto con la cara medio tapada:
Lo que crees que dice de ti: Soy un ser misterioso e interesantísimo.
Lo que realmente transmite: Seguro que estoy bueno. Y quiero follar. Sólo que, contigo, NO.

- Sugerente foto con la espalda semidesnuda:
Lo que crees que dice de ti: Soy un ser misterioso e interesantísimo.
Lo que realmente transmite: Soy una mujer.

- Logo reivindicativo:
Lo que crees que dice de ti: Soy un tipo comprometido que informa a sus amigos de causas importantes.
Lo que realmente transmite: Quiero decir que estoy comprometido con todo, pero en realidad, soy un fanático de las causas de temporada. Voy a hacerte la vida imposible mandándote inútiles cadenas de firmas todos los días para que no lapiden a una pobre desafortunada o en defensa del urogallo salvaje.

- Caricatura hecha con un programa
Lo que crees que dice de ti: ¡Qué gracioso me quedó este generador de dibujos Simpson/South Park/Manga/Mad Men/Los Lunnis Porno!
Lo que realmente transmite: Me avergüenzo de mi propia imagen, así que pondré esta cosa simpática a ver si es eso lo que queda en el subconsciente de la gente y no ven lo terrible e incluso antipático que puedo ser.

- Dibujo realista hecho con un programa:
Lo que crees que dice de ti: ¡Qué bien salí con este generador de retratos! ¡Soy talmente que clavado, oyes!
Lo que realmente transmite: Mira qué bueno estoy. Esto es un teaser. Para ver la magnífica realidad, tendrás que currártelo. Quizá considere que eres digno de ver mis fotos reales. Así que hazme la pelota. Ahora.

- Imagen abstracta:
Lo que crees que dice de ti: Soy misterioso y celoso de mi intimidad. Que en internet nadie sabe quién puede estar mirando. Hay que ser precavidos.
Lo que realmente transmite: Soy demasiado importante y complejo para que me veas la cara. Infraser. Que seguro que eres un tipo de recursos humanos / headhunter / CIA / judeomasones intentando espiar mis fotos de las maravillosas vacaciones en el pueblo de mi abuela en Soria. (Alternativamente: soy terriblemente feo y la verdad es que no quiero dilapidar cualquier oportunidad de, sí, follar. Que ya echabais de menos la palabrita).

- Imagen de una serie, película o dibujo animado:
Lo que crees que dice de ti: Me encanta esta serie / película
Lo que realmente transmite: A ver si alguien pilla a qué corresponde la imágen y lo que me gusta esta serie. Así podré encontrar almas gemelas, pues lo único que me interesa es la gente que comparte mis gustos, que es lo que me define como persona. Soy feo.

- Foto de la mascota (gato, perro, mi hermano...)
Lo que crees que dice de ti: Me gustan los animales.
Lo que realmente transmite: Si tienes alergia, ni se te ocurra pasar por mi casa: lo más probable es que te estalle la cabeza en un violento estornudo. ¿Te he dicho que mi imagen es tan magnificente que no está permitido que la contemplen extraños? Lo más cercano a mi divinidad que podrás estar será viendo mi mascota, verdadero reflejo del ser extraordinario e (independiente en el caso de gatos / cariñoso en el de perros / perturbado en el de mi hermano) que soy.


- Foto de un famoso. Y tú ni siquiera estás al lado.
Lo que crees que dice de ti: Admiro a esta persona y me gustaría llegar a ser como él.
Lo que realmente transmite: Quiero que la imagen mental que te crees de mí sea la de un tipo excepcional en su campo. Así, no tengo que esforzarme en hacer nada o en ser agradable: ¡ya tengo asociada la imagen de marca! Creo que he perdido mi personalidad por alguna parte. La vida me odia.

- Foto de un famoso freak:
Lo que crees que dice de ti: ¡Ja ja! ¡Soy un contracultural! ¡Ríanse conmigo!
Lo que realmente transmite: jajaja lol hoygan es grasioso no.


Grupo C: No le intereso a nadie.
- Foto con niño (protegida de la vergüenza y posibles traumas futuros por salir en este blog):
Lo que crees que dice de ti: Estoy compartiendo mi máxima felicidad con mis conocidos.
Lo que realmente transmite: Soy muy pesado. Haré de todas nuestras conversaciones un infierno de anécdotas infantiles que conseguirán que te plantees el infanticidio con una opción profesional seria.

- Foto con un famoso:
Lo que crees que dice de ti: A ver si mis conocidos se mueren de envidia.
Lo que realmente transmite: Mi vida es tristísima. Pero me he codeado con alguien importante. Soy yo el que está al lado. De verdad.... Da igual. Seguro que ni te has fijado en mí.

- Foto con un famoso friki:
Lo que crees que dice de ti: ¡Soy un freak! ¡Qué risa!
Lo que realmente transmite: Mi vida está un paso más allá de ser lamentable y más bien anda totalmente asentada con hipoteca a 50 años en el infierno del anonimato más chungo. Pero me he codeado con alguien freak. Eso no sólo convierte a mi existencia en algo doblemente triste, sino que además aseguro horas de anécdotas nérdicas interminables que harán que te replantees el hecho de añadir a facebú a más gente con fotos de niños como medida de suicidio algo menos doloroso.

- Foto lamentable disfrazado o haciendo muecas:
Lo que crees que dice de ti: ¡Soy gracioso! ¡La juerga padre!
Lo que realmente transmite: Opción a) Tengo pareja y soy feliz. Claramente, ahora no estoy interesado en follar. Opción b) Parece que no tengo interés en follar. ¡No sólo no seré un moscardón, sino que además soy una persona divertida! ¡Qué triste es tener que recurrir a la psicología inversa!

- Foto de vacaciones:
Lo que crees que dice de ti: Estoy compartiendo con mis conocidos los lugares chulipuiturris en los que acabo de estar.
Lo que realmente transmite: Aquí hay dos opciones. Si luego la cambio constantemente, está claro: muérete de envidia y mira a los sitios a los que tú NO has ido. Si no se cambia en la vida, es igualmente sencillo de inferir: soy un vago que pilló lo primero que tenía en el disco duro.

- Foto en medio de la calle:
Lo que crees que dice de ti: Soy una persona despreocupada y sin interés especial en follar.
Lo que realmente transmite: Soy aburrido. Mucho. Y me da absolutamente igual.

- Sin foto:
Lo que crees que dice de ti: Me la toca el Facebú
Lo que realmente transmite: Me la toca el Facebú

- Foto de fiesta con los amigos:
Lo que crees que dice de ti: Soy un tipo divertido. ¡Yupiiii!
Lo que realmente transmite: Bien a)tengo menos de 18 años, bien b)tengo una edad mental menor de 18 años, bien c) Estoy en crisis de vejez intentando recuperar la juventud que nunca volverá. Matadme, por favor.

(*Disclaimer! Disclaimer! Tengo últimamente unas tendencias autodestructivas que harían que un emo se sentara conmigo y me intentara convencer de lo bonita que es la vida. Casi llego al punto de hacer un artículo sobre los Darknights que posiblemente acabaría automáticamente con la vida de este blog. Pero yo no soy como esos hijos de puta que se tiran de los edificios sin preocuparse en la posibilidad de caer sobre una persona. Así que no quería obliterar esta página. Por lo tanto, me he contentado con hacer lo que mejor se me da: insultarme un poquito. ¡Que nadie se sienta ofendido si reconoce su estilo de foto! Para que veáis que es bueno reírse de uno mismo, esta es la que finalmente fue la mía:

Una elección, como hemos visto, patética. Aunque, gracias a dios, no tengo hijo. De ser así, podría haber puesto una foto de Uwe Boll con el niño. Y todos sabemos que la unión de tanto patetismo en un sólo concepto habría acabado con la destrucción de este universo y la creación de 42 realidades paralelas en las que todo daría mucha vergüenza ajena).

09 octubre 2009

Schlager. Apéndice 1

Hace varios meses, Vicisitud firmaba un atchonburike post sobre ese género musical sórdido magno conocido por sus desvergonzados practicantes como ‘Schlager’ (o, en otro tipo de círculos, como ‘Apaga eso’). Para recopilar los nombres más importantes de este estilo, utilizó el prestigioso método de documentación de pasar una tarde mirando google. El resultado fue acojonantemente exitoso, y apenas se echaron en falta nombres. Sin embargo, nadie que no sea el culo de Megan Fox es perfecto, por lo que se quedaron un par de cabos sueltos. Algo que paso a solucionar tal que ya:


Vader Abraham:
Sí: como muchos freaks sabrán, ‘vader’ es ‘padre’ en holandés. Una coincidencia que ha hecho que miles de fans de ‘La Guerra de las Galaxias’ discutan durante años sobre si Lucas tenía o no en mente la verdadera identidad de Darth Vader desde el principio, en lugar de gastar su tiempo en intentar y fallar miserablemente en el empeño de buscar una mujer escultural con la que perder media vida debatiendo sobre si Lucas tenía o no en mente la verdadera identidad de Darth Vader desde el principio. (For the record: no sólo hay un tipo que se marcó TODO UN LIBRO para desmentir esa creencia, sino que además es posible que la anterior sea la frase más larga y farragosa que se ha escrito en un blog)

Pero aquí vamos a hablar del otro Padre con similar influencia en mi infancia, justo por debajo de Anakin y un paso por encima del mío propio: El Padre Abraham. No de aquel descerebrado incapaz de pillar una broma del Todopoderoso con ganas de hacer un mindfuck con sus adoradores (¡Que no, Abra, tío, endevé qué bruto eres, que era de coña!). Más bien se trata de un cantante holandés llamado Pierre Kartner, nacido Petrus Antonius Laurentius Kartner (lo cual indica que a sus padres les gustaban las películas de gladiadores y que fumaban marihuana), que se cambió de nombre y se colocó una barba el día que le dio por cantar la canción ‘El Padre Abraham tenía siete hijos’ (¡qué prolífico!) Un apodo la mar de curioso, pues, teniendo en cuenta el significado de ‘Abraham’, literalmente se puede traducir como ‘El Padre Padre de Muchos tenía siete hijos’. Que, efectivamente, son muchos. Demasiados incluso.

Hay que aclarar que yo, siempre que me he puesto con algo, me he dedicado a ello plenamente. En diferentes etapas devoré toda la información posible sobre Spectrum, cine, progresivo, porno o cualquier afición repentina que se me metiera entre pelota y pelota. Pero la primera de todas fue la de los pitufos. Era un fan entregado. De hecho, lo segundo mejor que se me podía regalar, justo después de un muñeco de ‘La guerra de las galaxias’ (hoy en día, ‘figuras de acción’), era un muñeco azul con barretina. Así que mis padres me compraron el disco de El Padre Abraham, consistente en un señor de curioso acento cantando junto a Alvin y las Ardillas. Ello llevó a que abandonara totalmente mis vinilos de Enrique y Ana y Los Payasos de la Tele (pero nunca el escuchar una y otra vez el tema de ‘El Quijote’, que me parecía ¡¡¡¡ÉPICO!!!!) y me centrara en esta magna ovra.

Esto es: sin saberlo, pasé un año entero escuchando schlager.

Así he acabado.

Lo primero que me llamó la atención de este disco era la imágen de portada: esa composición fotográfica de un señor barbudo vigilando el pueblo pitufo cual ser omnipotente me fascinaba y acojonaba. Dado que el nombre ‘Abraham’ tenía claras connotaciones bíblicas, ¿acaso los pitufos, cuya religión es desconocida, adoraban a un sórdido onvre cantante? ¿Explica eso el hecho de que el único pitufo que se deja barba es el jefe? ¿Y es por todo ello que, en la primera canción, el Padre Abraham se dedique a regañar severamente a todos aquellos que desafinan? ¿Son, en realidad los descendientes de los siete hijos de la canción anterior? Un pequeño vistazo al mundo espiritual pitufo, sólo algo menos complicado que el de su vida sexual.

Todo eso pensaba yo mientras no paraba de escuchar una colección de canciones que responden totalmente a las características del schlager con la excepción de una extraña versión del ‘In the Mood’ que nos decía a los niños que hay que dejar los cigarrillos y el café si no queremos que nos de un infarto. ¡Temática infantil de calidad!

Y es que Vader Abraham era ya un famoso cantante de nuestro género salchichero favorito. Su canción del 76 'Het kleine café aan de haven' es uno de los schlagers más famosos ever, con, según wikipedia, más de 250 versiones. Y, según yo, también. Porque me fui a la página oficial del músico y me vi una por una todas las portadas de las adaptaciones que han hecho otros artistas de la obra de Kartner a la búsqueda de alguna especialmente sórdida. Trabajo absurdo por un motivo: TODAS lo eran.

Después de que una pequeña tirada de su single para la película ‘La flauta de los pitufos’ (¡Edición en DVD YA!) se agotara durante un festival, se creó un LP completo que se vendió internacionalmente, inculcando sibilinamente la verdad del schlager a miles de niños por todo el mundo. Porque Kartner, al igual que nuestro ídolo Phil Collins, se dedicó a cantar sus canciones en todos los idiomas a los que se adaptaba el disco. Aquí podéis escucharlo entero y comprobar cómo su dominio de nuestra lengua supera sin duda a Madonna, Bon Jovi, David Hasselhoff y demás grandes de la música que han cantado en español. Todos juntos: ¡Pitufarrrrrré, pitufarrrrrrás!


Udo Jürgens:
La ausencia de Udo Jürgens en la lista anterior suponía para la historia del schlager como hacer un recopilatorio de música española y olvidar a Yulio Iglesias. Imperdonable para unos y un alivio para otros.

A pesar de ser austriaco, Udo es toda una estrella internacional. Esto es, entre todas las naciones aficionadas al schlager. Que, en el mundo de la música sórdida, cuentan por dos. Si bien ganó el festival de Eurovisión y ha cantado con Shirley Bassey y las Supremes, su mejor momento (esto es, el más vicisitúdico) fue su paso a la música disco con esta canción:

¿Homenaje a Richard Clayderman que se torna en Electric Light Orchestra o el playback más obvio de la historia? De cualquier manera, absolutamente vello.

Pero como la wikipedia está plagada de sórdidos, siempre se pueden encontrar ejemplos más oscuros del genio y la popularidad de Jürgens. Como el hecho de que la banda de trash metal Sodom hiciera una versión de su ‘Aber Bitte Mit Sahne’ (‘Pero, por favor, con nata’). Una preciosa canción sobre mujeres feas zampando como locas para sobreponerse de los desastres amorosos que incluso ha dado origen a un juego de tablero. Y yo que creía que lo de adaptar al cine ‘Asteroids’ era el no va más del atchonburikismo de las franquicias...

Sin embargo, yo me quedo con su canción para los mundiales de fútbol del 78: ‘Buenos días Argentina’, cantada junto a todo el equipo. El cual, por supuesto, incluía a Karl-Heinz Rummenigge, señor cuyo apellido me fascinaba en aquellos días infantiles en los que no paraba de escuchar al Padre Abraham.

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