29 julio 2010

Instrumentos del infierno: La gaita

La música tradicional. Esa cosa que puede tener tres efectos en el oyente:

1.- Aumento del ardor localista: En el fondo, una especie de versión más respetable del ver Mazinger Z o, dependiendo de la edad, Los Caballeros del Zodiaco y ponerte nostálgico: es algo generalmente poco soportable, pero que te recuerda a lo que has mamado mientras crecías. Un sentimiento nostálgico que sólo puede llevarte a exclamar: ‘¡Qué bonica es mi tierra!’

2.- Aumento del ardor por la tierra de otros. Escuchar folk de lugares ajenos genera imágenes de tópicos turísticos que llevan a un ‘¡Qué bonica es la tierra de los otros!’ Esto último, en el caso de las músicas de países subdesarrollados, se convertiría en ‘¡Qué bonicas son las idiosincrasias del tercer mundo sin coger disentería mientras escucho estos tambores!¡Cómo me pone el exotismo congoleño sin riesgo a que me peguen un tiro!’.

3.- Rechazo absoluto del ardor localista y, en general, el conocido como ‘síndrome de querer extraer el tímpano arañándose la oreja con la uña del dedo chico’. Esto suele darse entre hijos criados en hogares en los que el efecto número 1 era constante en los progenitores. Lo sabes bien: si tienes descendencia, lo más probable es que acabe odiando exáctamente todo lo que te gusta a tí y abrazando todo lo que te da repelús. Por eso no tengo hijos. Estoy seguro que no sólo heredaría mis problemas intestinales sino, lo que es peor, sería fan de Muchachito Bombo Infierno, de Angelopoulos y que se haría gallolas con porno hindú. Seguro que sería una especie de Bizarro Paco Fox con perilla, como el Spock alternativo.

Yo pertenezco a una también usual mezcla del segundo y tercer punto. En algún momento de mi primera adolescencia, justo entre las pajas, escuchar a Battiato, las pajas, el Spectrum y las pajas empecé a escuchar música celta. Yo creía que porque me recordaba a El Señor de los Anillos (¡qué coño, no nos hagamos los cultos!: ¡era a la Dragonlance!). Pero sospecho que en realidad era por oponerme brutalmente a las casetes de Romero San Juan con las que me torturaba mi padre. O a la música de carnaval de Cádiz, una opción estética que se basa a menudo en ese maravilloso instrumento llamado kazoo y que yo conozco cariñosamente como trompetilla porculera de chirigota.

Con el tiempo acabé convirtiéndome en un conocedor medio de la música celta, gracias sobre todo a que se puso de moda unos años después, cuando a todo el mundo le dio por grabar un disco con flautas y, obviamente, gaitas. Las putas gaitas.

Por supuesto que existen otros instrumentos más terroríficos que éste. No hablaré de las tan de moda vuvuzelas, pero no puedo dejar pasar la oportunidad de nombrar al menos el didgeridoo. Ver a un perroflauta dándole caña a una cosa incapaz de generar melodía y que parece exáctamente el sonido de evacuación intestinal de un hipopótamo siempre me ha fascinado. O dado ganas de liarme a patadas con la cosa. Me refiero al instrumento, no al perroflauta. O no.
Pero hoy esto va de gaitas. Porque siempre he dicho que en este blog solemos hablar de cosas que nos gustan. Y a mí me encantan. Pero no somos de los que piensan ‘yo soy la hostia luego lo que me gusta es la hostia’. Por lo tanto, reconozco que estamos ante un instrumento sórdido, conocido cariñosamente como ‘ese aparato del infierno’. Porque entra dentro de ese grupo selecto (en el sentido de ‘selecto que produce horror absoluto en el oyente’) de instrumentos que, cuando son tocados mal, hacen que sientas como las conexiones neuronales se rebelan y comienzan a darte calambrazos en los testículos. Y, cuando son tocados bien, también. Porque no en vano la cosa TIENE forma de escroto. No dudo que existía un motivo doble para que se tocaran en batallas: para animar a la gente a ensartarse en una espada antes de seguir escuchándolo o para acojonar a los contendientes ante la visión de un tipo soplando en unos enormes cojones mientras los estruja con el sobaco. Una imagen poderosa que tengo que reconocer que para muchos es la representación gráfica de la palabra ‘porculero’. No en vano, la RAE nos dice que un ‘soplagaitas’ es un estúpido. Aunque yo añadiría otras acepciones. Porque no podemos obviar lo poderoso de la metáfora sexual del acto de tocar la gaita. ¿Cuántas veces se habrá dicho la frase ‘¡Pero no soples, chupa!’? No tengo ni idea. Pero sé seguro que si además va acompañada con estrujamiento escrotal, la expresión va seguida de un grito de horror. Similar, todo sea dicho, al sonido de una gaita. ¡Todo tiene sentido!

Y ahora, después de tantas gilipolleces, un poco de curtura. Las gaitas nacen en los albores de la humanidad, cuando la gente todavía no sabía qué era una pastilla de jabón, pero al menos tampoco conocían a Belén Esteban. Multitud de pastores alrededor del mundo, entre polvete y polvete ovejero, pensaron en coger tripas de animales y añadir huesos por los que soplar. Sí: eran tiempos en los que la gente era realmente inventiva. Maléficamente inventiva, diría yo. Me pregunto: ¿Cómo se generó tan gorrina idea? ¿Fue en un concurso de ‘yo pueo soplá la flauta más fuerte pa'spantá lah vacah de Marcelo de la cerca d'alao’? Y, sobre todo, ¿eran conscientes de las implicaciones homosexuales de todo esto? Si estaban en Grecia, no lo dudo.

Algunos historiadores defienden la idea de que los romanos llevaran consigo las gaitas a Bretaña. Yo no veo al Imperium como un ente TAN cruel, pero así lo he leído en un libro. Una importación que, extrañamente, no logró que naciera un movimiento independentista estilo Frente Popular de Britania. Acueductos, sí. Alcantarillado, también. Pero dar por culo con las gaitas, eso es opresión de la dura.

En Escocia se les pilló especial cariño, en una clara muestra de embriaguez colectiva. Se dice que sonaron en la famosa batalla de Bannockburn, aquella que realmente logró la independencia temporal de la región, capitaneada por un pobre hombre llamado Robert The Bruce. Héroe escocés que, gracias a Hollywood y ‘Braveheart’, es mundialmente conocido como ‘el hijoputa que traicionó a Mel Gibson’ en lugar de ‘el hijoputa que ganó Bannockburn utilizando las gaitas como armamento de destrucción psicológica masiva’. Pero vamos: que tampoco es un dato muy fiable. También se dice que el Activia te hace cagar y miles de mujeres con estreñimiento pueden atestiguar que no sirve para nada. No le hagáis demasiado caso a lo que leéis por ahí. Y menos si es en un blog que se llama ‘Vicisitud y sordidez’.

El caso es que, cuando los escoceses fueron derrotados en el siglo XVIII tras las Rebeliones Jacobitas, el instrumento empezó a estar mal visto en el sentido de ‘te meto en la cárcel y te corto todos los apéndices en el cuerpo’ de mal. Se lo consideraba como un símbolo del nacionalismo local debido a que había acompañado en las batallas a cientos de tipos con falda y sin ropa interior. Algo que debería haber producido más bien hilaridad, pero no seré yo quien se ponga a interpretar el sentido del humor de un gobernante inglés del XVIII. ¡Si sólo un par de siglos antes el chiste de moda en la corte era cortarle la cabeza a las esposas!

Las gaitas fueron sustituidas en las verbenas populares por lo que Ian Anderson llama ‘La cosa estrujante del infierno’, que es la descripción más adecuada de ese instrumento conocido como ‘acordeón’ o, entre sus practicantes, como ‘¿por qué habré estudiado esto que me hace parecer Urkel habiendo estado en mi mano pillar una guitarra e intentar follar con grupis?’.

Pero sabemos que todo vuelve, como las gafas de sol inmensas, Ace of Base o Goku cada vez que se lo cargan. Y a principios de los 70 la música tradicional británica se puso de moda, sacando de la tumba tanto a la ensordecedora gaita escocesa de las Tierras Altas de donde era Connor McCloud, como a la más tolerable en cuestión de decibelios gaitas de Northumberland.

Los irlandeses, por su parte, decidieron que eso de soplar un tubo del que colgaba una bolsa era demasiado para unos tipos que, no lo olvidemos, no solían llevar faldas. Al menos en público. Así que se especializaron en las ‘uilleann pipes’ (gaitas de codo), así llamadas por tocarse con el sobaco en lugar de con la boca. ¡Si hay que hacer algo con la bolsa es estrujarla! Ellos sí que saben. No como el resto del mundo, que utiliza el espacio entre el tronco y el brazo para hacer sonidos de pedos. El instrumento en sí es bastante más complejo,y la cosa implicaría comenzar a hablar de octavas y reguladores, pero aquí tampoco estamos para ponernos técnicos. Básicamente porque no tendría ni idea de lo que estaría escribiendo. Basta saber que se trata de la gaita más difícil de tocar, pero también mi preferida y la que suena más bonica, al estar pensada para ser usada en lugares cerrados. Claro que suena bien sólo si la toca alguien tan jrande como Paddy Moloney.

¡Qué música más bonita! ¡Qué bellez....aaaaaaarggg!

Los gabachos también tienen su propia gaita de sobaco, llamada la musette de cour, lo cual se traduce como ‘gaita de la que nadie habla porque no la tocan los Chieftains ni Carlos Núñez’. En general, según vamos bajando geográficamente, el poderoso sonido de las tierras altas se ensordidece más. Y comienzan a salir más tipos de gaitas que chorros de sangre en una partida de Mortal Kombat. También en Francia está la binioù, una variación bretona de tortura poco refinada que viene a ser como si una gaita fuera un coro de pitufos que se hubiesen pimplao cien cubatas de helio:


Ya en España, la cosa se pone extremadamente complicada. Como todo el mundo quiere su hecho diferencial, todo dios tiene su instrumento con ligeras modificaciones. Hasta los catalanes desarrollaron un tipo que, por lo que he leído en la wikipedia (yo siempre consulto fuentes de calidad), a veces se llama acertadamente ‘coixinera’, sin duda la forma definitiva del término adaptado al Idioma Mundial. No es éste el blog en el que se deban listar todas. Feck, este no es el blog en el que se deba hablar de la gaita y punto. Pero es verano y escribo de lo primero que se me ocurre. El que la palabra ‘gaita’ saltara a mi mente cuando me puse delante de la hoja en blanco es algo entre mi psicóloga y yo.

La más famosa de todas las gaitas peninsulares es obviamente la gallega, que también es una de las más evolucionadas a nivel estructural. Y es que en esa región se vivió un renacimiento brutal de la música folk en los 90 que encumbró a gente como Milladoiro o, sobre todo, Carlos Núñez, pero que también trajo el horror de las pandereteiras. Un terror monocorde que ni siquiera conseguiría que alguien se hiciera en Facebook ‘Fan de señoras que se meten a pandereteiras’. Y eso es muuuucho decir.

En segundo lugar del ranking de popularidad está la gaita asturiana, conocida principalmente por salir en una botella de sidra. Personalmente, esta variedad tiene un algo que la hace especial: que me suena a pito cutrongo. No es el terror agudo de la bretona, pero a mis machacados oídos le parecen algo así como la versión de tómbola de feria de las gaitas más famosas. Mientras que con las escocesas quiero dar mandobles de espada en batallas o romper piernas jugando al furbo, con las asturianas (e incluso un poquito con la gallega) sólo estoy esperando que me den un perrito piloto y un dominó de plástico. Ahora habré herido sensibilidades. Pero es que realmente son instrumentos para herir sensibilidades. No en vano el asturiano Hevia inventó la gaita MIDI para que sus alumnos pudieran practicar en casa sin que sus vecinos los echaran de esa su Comunidad. No de vecinos: de la Autónoma. Porque para muchos, las gaitas, al contrario que Brummel, mejor cuanto más lejos. Pero no para mí. Porque ya lo he dicho: hasta el Always Look on the Bright Side of Life es mejor con gaitas. Vayan al minuto 3 para descubrirlo:

20 julio 2010

Post vago vacacional: Las mujeres son como CDs

Como algunos habrán imaginado en los breves momentos en los que no tienen la mente ocupada en pensar en cosas realmente importantes como bañarse en salsa inglesa mientras ven las reposiciones de ‘El gran héroe americano’ (yo lo hago constantemente), Vicisitud y yo estamos de vacaciones. Así que eso significa una cosa: que no estamos trabajando. Y también otra: que nada de actualizaciones de Fórmula 1, nada del próximo Videofobia (le hemos cambiado el título, y el segundo capítulo está a punto de terminarse de montar) y nada de Satán es mi señor 3. Ni siquiera vamos a hacer un post de la selección, por mucho que adorásemos cierto magggnífico titular inglés (Beauty 1 – Beasts 0) y nos desgañitáramos gritando vítores dirigidos al bigotón de Vincent Of The Forest. Y, por favor: que nadie venga con lo de que el furbo embrutece, lo del pan y el circo y la cantinela del tenemos lo que nos merecemos. Sí: la hipoteca y la explotación laboral a mi novia siguen aunque Esppppaña gane el mundial. Pero nunca oigo a la gente quejarse del supuesto bajo nivel intelectual del país cada vez que habla, por ejemplo, un político nacionalista, que dan un espectáculo aburrido que soluciona exactamente los mismos problemas que un partido de furgo, pero encima sin Xabi Alonso. Y es que a todos nos pone Xabi Alonso. Sí. A todos.

Así que me toca cubrir el expediente con algún breve post vago. Las opciones son varias: poner videos hoygan miren que grasioso peor que Wendy Sulca jaja. Poner fotos de Fails y añadir Epic a dos o tres. Hablar de caca. Incluso apuntarme a contribuir al final estético-moral del universo conocido y poner videos de gatos haciendo monerías.

Pero no. Prefiero echar mano de algo más terrible: ¡Las teorías absurdas que les sueltas a los amigos cuando llevas dos cervezas de más! (En mi caso, eso equivale aproximadamente a dos cervezas). Cada vez que estoy aburrido en una terraza tomándome una clara con limón, mis amistades tienen que aguantar mi absurda forma de clasificar a las mujeres. Y es que, para mí, las mujeres son como compact discs.

Lah muhere zon... como un dihco.

Veamos: la cara es la música del CD en sí.Lo realmente importante. Es por lo que te lo compras. . ¡Necesito ese disco!

Porque yo me los compro. ¿Acaso me descargo a las mujeres por internet como si esto fuera La Mujer Explosiva? ¡No! Pues dado que las señoras son como los CDs, es absurdo descargarte un CD. Efectivamente: si Aristótles me escuchara, le pediría a Sócrates la receta del cubata de cicuta para acabar con su dolor mental. Lógica y Vicisitud y Sordidez: dos conceptos que se dan más patadas que un partido Holanda-Klingon United.

Así que lo importante para mí en una mujer es el rostro. Te escuchas el cd en el Spotify. Te gusta la música. Ergo compras. Claro que siempre hay algo que destaca en el conjunto: ese es el single. En el caso de la mayoría de la gente, son los ojos. En el mío, la nariz. Soy así de rarito. El resto de los rasgos son el equivalente a los estilos musicales: étnica, metal, perroflauta o incluso schlager. Eso sí: en el caso de una choni de polígono que te guste, siempre se dejará de hablar de CD y pasaremos a referirnos a ella como una casete. Cromo o Ferro dependiendo de lo hard-chunga que sea. Y, por supuesto, dentro de mi teoría, una MILF es obviamente un vinilo.

Ya tienes tu CD, vinilo o, so depravado, casete que te gusta. Pero hay algo muy importante que hemos olvidado: Las tetas. Ahí es donde entran en juego los bonus tracks. Un par mamario de aplauso incontestable es el equivalente a unas buenas canciones inéditas. No te vas a comprar un CD por los bonus tracks, pero su presencia ayuda. Y mucho. Pero es innegable que son algo secundario. Es lo que en términos científicos se conoce como El Paradigma Glandular Milla Jovovich.

¡Me la compro por un dolar! O dos. Feck, me la compro aunque sea de importación en una puja ida de madre en Ebay.

A veces intentas obviar que el disco en sí no es de lo mejor del grupo, pero acabas comprándolo por los temas extra. Pero al menos tiene que ser un artista que te interesa. Puede darse la contingencia de que el disco realmente te parezca una castaña, pero como coleccionista de toda la discografía de un grupo necesites tener el cd con bonus tracks. Eso complica las cosas. Efectivamente, en casos excepcionales puedes comprar un disco por los dos temas inéditos de talla 100 de sujetador. Pero más le vale que, al menos, las letras sean buenas. ¡Y luego dicen que los hombres no valoramos la inteligencia! Grandes Bonus Tracks+Conversación Interesante=Compra Probable. Una sencilla operación matemática que hasta yo puedo entender. Imaginemos si el musicalmente flojo disco de Battiato ‘L’ombrello e la macchina da cucire’ saliera al mercando con algunas canciones inéditas que incluyeran al italiano en dueto con Paul Rodgers. Pues la suma de éstas con un CD que tiene letras como la magggnífica ‘Fornicazione’ aquivale a compra segura. Indudablemente.

Más secundario todavía es el culo. Sé que hay muchos fans de los panderos. A esos sólo les digo: sed felices con vuestra perversión. Pero esta es mi teoría absurda y aquí mando yo. Y está claro que no concibo que una cara de Belén Esteban pegada a unas tetas tan caidas que se pueda jugar al toque de balón con las rodillas con ellas (imagen mental que os acompañará en vuestras pesadillas) se pueda considerar como algo decente aunque tenga el trasero de una modelo de bañadores. Para mí, un buen culo es como unas bonus tracks de canciones en directo. Definitivamente, en ningún caso me compraría un CD por un par de ellas, por muy bien grabadas que estén. Pero si están ahí, bienvenidas sean. Su ausencia es irrelevante si el disco es verdaderamente bueno. O si las canciones inéditas son interesantes. Esto último, recuerdo, son las tetas. NUNCA está de más escribir otra vez la palabra ‘tetas’. Tetas.

Un fenómeno muy conocido gracias a las películas de adolescentes americanas es el de ‘la chica que está obviamente buena pero no se saca partido’. Eso es, dentro de esta teoría, lo que se conoce como una Demo. Sólo hace falta una buena producción para convertirla en un disco apañado. Pero, ¡cuidado! Un exceso de tecnología puede acabar en emputecimiento salvaje. Eso, dependiendo de la amplitud del cardado y el colorete puede hasta estar bien, pero generalmente termina en el terreno de la depravación. Es, por lo tanto, una remezcla. Como en el Introspective de los Pet Shop Boys, las canciones buenas de verdad son las versiones normales, no la bazofia esa de ‘Always on my mind / In my house’, que sería el equivalente musical a coger a una mujer y pintarle un triángulo de colorete bajo los pómulos y hacerle una mecha blanca en el pelo cardado. Y, sí: estoy pensando en el porno ochentero. Así que puedo conceder la depravación de que a alguien le gusten las remezclas, aunque sea por nostalgia pajillera.

La portada suele ser un elemento importante para que nos llame la atención un disco. El símil es obvio: equivale a la ropa. El estilo favorito de cada uno vendría a ser, por supuesto, lo mismo que la lencería. Esto es, para mí una carátula de Roger Dean tiende a ser más o menos esto:
Y absolutamente nadie se preguntará: ¿dónde queda la celulitis en todo esto? Muy sencillo: es el libreto cutre. Ese momento que abres el disco y no vienen ni las letras ni nada. Pero para entonces es probable que todo de igual porque ya estés con los pantalones bajados. Como yo ahora mismo. Que hace mucho calor delante de este ordenador. (¡Ya os he jodido el día con otra imagen mental lamentable!)

Y con esto termino el que probablemente sea el post más cutre de la historia de este blog. Pero me consuelo con que pronto vendrá un precioso Videofobia con película italiana, algo más cortito, mejor iluminado y en el que salgo con un pañuelo rosa fucsia . Porque los programas de Videofobia son como un toro... bueno. Mejor dejarme ya de idioteces. ¡Ah sí! Se me olvidaba decir una cosa importante:

Tetas.

04 julio 2010

10 artistas extranjeros que se hicieron historia de la vicisitud al cantar en español

En este país (que no se dice país, que se dice ESSSSPPPPPAÑA) hay un complejo generalizado sobre nuestra incapacidad para hablar en inglés. No seré yo el que defienda ser un iletrado en el idioma de gente tan notable como John Waters o Ian Anderson. Hay que dominarlo correctamente para ser un buen freak. Pero también es verdad que aquí nos comunicamos con una lengua que se habla en decenas de países de todo el mundo e incluso en algunas zonas de las Alpujarras. Al igual que el inglés, el castellano es un idioma muy extendido. Por lo tanto, nosotros no debemos compararnos con esos escandinavos que seguro que hablan bien inglés porque no comprenden sus propios idiomas, sino con los propios angloparlantes. Y estos últimos, a nivel general, tienen un acercamiento al español que provoca muchas reacciones en el oyente. La primera es “¿Lo qué?”. La segunda, la hilaridad.

Mucho se habla del triste acento que demostramos los hispanoparlantes cuando atacamos al inglés. Pero tampoco es que conozca a muchos guiris que pasen del nivel de los Morancos de Triana. Así que tenemos que poner las cosas en perspectiva. Por ejemplo, mi hermano El Ciudadano Soberano, ha dado conferencias en Harvard con un acentazo de esos que exhiben con orgullo la existencia de sólo cinco vocales y que la T no se diga escupiendo a no ser que estés al mismo tiempo comiendo una croqueta. Una vez le pregunté por qué, si es totalmente capaz de hablar un inglés gramaticalmente perfecto, no ponía más empeño en su presentación. Su respuesta, como siempre en su caso, fue inteligente, soberana, iluminadora y con dos cojones del tamaño del culo de una inglesa: “Que se jodan y se esfuercen en escucharme”.

Así que hay que ser consecuentes. Si aplaudimos las palabras del Ciudadano y el inglés hablado con aroma a chorizo, tenemos que jalear los acentazos españoles chungos de los guiris. Por el amor de Peich: en un blog fan de Gibraltar no podemos hacer otra cosa que reclamar un castellano con una pronunciación más gruesa que Buu con un antojo de Big Macs. Por un motivo claro: que da mucha más risa. ¿Qué es mejor: entender perfectamente a un extranjero o entender lo suficiente, pero descojonándote al mismo tiempo? La respuesta está clara: follar.

Las muestras más divertidas de masacres del castellano no suelen llegar de una entrevista a Viggo Mortensen o de Melania Griffith diciendo ‘TTTche quieiro, AnTTchounio’, sino de las canciones. Porque, en muchas ocasiones, los pobres cantantes se ponen voz al micro sin tener ni idea del idioma. Veamos mi selección de diez temas en español vicisitúdicamente interpretados por guiris:


Menciones especiales:
Beck: Loser
Esta lista estará compuesta por temas escritos originalmente en inglés y luego magreados, sobados y estrujados de mala manera con la misma música para hacer un nuevo producto destinado a causar que los tímpanos se vayan al INEM en busca de un nuevo trabajo. Sin embargo, tengo que hacer una mención especial a esta canción por un motivo: no supe que el estribillo decía ‘Soooooy un pe-é-rdedoooor’ hasta que la vi subtitulada en un capítulo de Glee. Y, sí: that’s gay.

The Clash: Spanish Bombs.
Otra con sólo un estribillo. Pero si escuchas esta canción y no empiezas a entrar en todos los bares de tapas andaluzas gritando sin parar ‘yo te cuero infinito’, es que no tienes corazón.

Battiato: La era del jabalí blanco.
Los italianos, por motivos obvios, no entrarán en esta lista. Adecuar las canciones a la métrica y al acento les sale de forma tan natural como el cantar como si estuvieran estreñidos. Pero todo tiene sus límites, y Battiato es el único capaz de superarlos con escroto reforzado de titanio. Lo de ‘Espero que retorne pronto la era del jabalí blanco’, así, metido en el estribillo con un calzador tamaño zapatillas de Gasol, tiene una poca vergüenza tan inmensa que da la vuelta entera al mundo y se convierte en maestría.

10.- Blondie: Llámame
Un gran momento del desastre confeccionado para el mercado hispanoparlante que no puede estar más alto por la falta de valor del traductor. En lugar de tirarse a la piscina y soltar, por ejemplo, ‘Todo lo que hago lo hago por ti’ pegase o no con la música, aquí se opta por la cobardía de mantener el grito en el inglés original. Pero en este blog nunca podremos dejar de puntuar cualquier interpretación de Deborah Harry, que con su dejadez de ‘estoy buena y lo sé’ pronuncia unas ‘ttttch’ que nos mandan al octavo cielo, que es como el séptimo, pero con más canciones de Giorgio Moroder.

Vicisitud del acento: 4
Atchonburikismo de la traducción: 1
Sordidez de la métrica: 1
Hell yeah de la interpretación: 3
TOTAL: 2,25

9.- David Hasslehoff: Historia de un amor
¡Trampa! Mientras que Nat King Cole, con ese acento estilo turista americano pidiendo una ración de calamares en Marbella, se ha quedado fuera por hacerse popular sobre todo cantttchando cosas compuestas originalmente en español (‘Perfidia’ o ‘Quizás quizás quizás’), he decidido otorgar un puesto en la lista a otro gran señor haciendo lo mismo. Pero a ver quién es el guapo seguidor de este blog que se atreve a condenarme por saltarme mis propias reglas y poner esta maravilla de la vicisitud y, al mismo tiempo, la actitud. Olvidaros del Hasslehoff de ‘Hooked on a Feeling’. La canción en la que realmente se entrega y nos muestra toda su sórdida vicisitud es ésta:

Vicisitud del acento: 4
Atchonburikismo de la traducción: 0
Sordidez de la métrica: 0
Hell yeah de la interpretación: 5
TOTAL: 2,25

8.- Pil: Hijo de Hombre
Que Phil Collins es uno de los grandes genios del mundo mundial es algo que no se debe poner en duda no vaya a ser que tengamos que empezar Vicisitud y yo a montarnos nuestra propia International Guerrilla contra todos los lectores infieles. Porque Pil es un grande, tal y como demostró cuando le dijeron que hiciera las canciones de 'Tarzán' y él, con su capacidad para hacer lo que absolutamente le da la gana, decidió cantar todas en varios idiomas. Incluso distinguiendo castellano québuenoqueviniste del de ESP-P-P-AÑA. ¡Cuánto me gustaría saber alemán para poder apreciar el descojone de los cines de aquel país! Pero tampoco hay que quejarse, que nosotros tuvimos este maravilloso ‘Hihho de Hom-bbure’ que en boca de cualquiera sonaría a insulto, pero en la de Pil suena a palabrota. Yo tengo el CD de esta banda sonora en Español. Como debe ser.

Vicisitud del acento: 3
Atchonburikismo de la traducción: 1
Sordidez de la métrica: 1
Hell yeah de la interpretación: 5
TOTAL: 2,5


7.- The Moody Blues: Noches de seda
Normalmente, las adaptaciones de las letras suelen estar llevadas con un mínimo de profesionalidad y decencia. Este no es el caso. Observen con alegría el momento en el que el peinado de Justin Haywath (es que ese casco-melena que lleva décadas dominando todo su ser y convirtiéndolo en el Lauren Postigo del art-rock me fascina) grita sin problemas un maravilloso ‘Míos pensamientos’ que harían que Mecano se enrojecieran por su falta de respeto al diccionario.
Respecto al acento, se nota esa sutil calidad que otorga el sesudo estudio de un idioma dos minutos antes de entrar en el estudio de grabación:

Vicisitud del acento: 4.
Atchonburikismo de la traducción: 4.
Sordidez de la métrica: 2
Hell yeah de la interpretación: 2
TOTAL: 3



6.- Bryan Adams: Todo Lo Que Hago, Lo Hago Por Ti
Buscar videos para acompañar esta entrada ha sido... no tengo palabras... un dolor visual comparable a ver a Carmen Machi masturbándose. Por un lado, uno que comenzaba con la frase:
Ser madre soltera aveses (sic) no es facil (sic) pero una vez que se tiene un hijo todo lo que nosotras hacemos lo hacemos por el (sic)
Y otro (sic) más por no poner punto y final, claro.
Por otro lado, declaraciones de amor a una tal yovana (sic, por supuesto) montadas con escenas de acción de Naruto que harían que Enjuto Mojamuto se levantara y dijera: ¡por ahí no paso!-
Y muchos más hubiera: videos atribuidos a BRAYAN ADAMS, BRAYAM ADAMS o BRYAND ADAMS, excesos de ositos de peluches, fotomontajes de bodas o, por desgracia, uno con las imágenes de una fiesta de Quinceañera con niños mejicanos bailando como zombis, del que no hablaré en profundidad porque me lo ha prohibido el médico.

En lo que se refiere a la versión en sí, una cosa está clara: ya desde el comienzo sabes que estás ante algo especial cuando el canadiense suelta un bonito ‘mira a mis ojÓs’ en la que el traductor ha dejado clara su intención de pasarse la adecuación de la letra a la métrica concretamente por el sobaco de Marilyn Chambers en Rabia.

El video no lo incrusto. Pinchad en los enlaces si tenéis valor. O mejor: haced una búsqueda en Youtube. Compartid mi dolor.

Vicisitud del acento: 3
Atchonburikismo de la traducción: 2
Sordidez de la métrica: 5
Hell yeah de la interpretación: 2
TOTAL: 3


5.- The Police: De Do Do Do, De Da Da Da
Sting demostró su complete falta de decoro al grabar todo un disco en solitario en español. Pero poco antes había hecho con The Police una versión de la canción con el mejor título de toda la trayectoria del grupo. Esto es, el más gilipollas. Pero, curiosamente, la traducción pasa absolutamente de la letra original (que tampoco está tan mal) y lo convierte todo en un rosario de frases hechas. Cambiar 'Su elocuencia me elude y me viola' por 'Quiero cantarte lo que sí-én-en-Tcho' es de una dejadez que haría que Bruno Mattei se levantara y le regañara al traductor por indolencia y falta de imaginación.

Vicisitud del acento: 4
Atchonburikismo de la traducción: 3
Sordidez de la métrica: 4
Hell yeah de la interpretación: 2
TOTAL: 3,25


4.- Roxette: No sé si es amor
Per Geesle es uno de mis ídolos por haber sido capaz de escribir la frase ‘…’cause life is very simple, just like la-la-la’ y no haber sido condenado a prisión. Nada más que por eso y su afición a decir ‘na-na-na-na-ná’ cuando ya no se le ocurre otro verso, le tengo el más absoluto de los respetos: Per sabe cómo hacernos reír. Como cuando le dio por componer una canción llamada ‘Crash Boom Bang’ y que resultara ser una balada en lugar de una oda a las películas de los hermanos Pang y Albert Pyun. Esa es, sin duda, una idea de genio del mal jugando al desconcierto.

Pero no puedo perdonarle que se prestase a realizar todo un atentado de baladas en español que consiguió que sus fans se sintieran más avergonzados que un aficionado de Mike Oldfield ante la trigesimocuarta edición de Tubular Bells. Escoger una de todo el disco es similar a decidir entre la silla eléctrica, inyección letal o ahogamiento en salsa tártara pasada de fecha. Así que ofrezco la más famosa:

Vicisitud del acento: 3
Atchonburikismo de la traducción: 5
Sordidez de la métrica: 5
Hell yeah de la interpretación: 1
TOTAL: 3,5


3.- Erasure: Ex aequo ‘Amor y odio’ y ‘Siempre’
Erasure, el grupo que define mi gaycidad, nunca fueron conocidos en España. Intentaron una versión en español del no muy difundido ‘Love to Hate You’ que hasta yo desconocía hasta que me puse con este post y del que entiendo aproximadamente un 60% de las palabras. Eso es un 5% más que el estribillo de ‘El peón del rey de negras’ de Mecano.

Pero sobre todo recuerdo que su ya tardío chingle ‘Always’ consiguió que la discográfica se rascara los bolsillos y colara la canción y su colorido video (en el sentido de ‘colorido que hace que se me derritan las córneas’) en los Cuarenta Subnormales. Su moderado impacto condujo a otra poco conocida versión en apañó.

El pobre hombre que intentó la traducción eligió el camino de respetar lo más posible el texto original. Y si eso significaba rimar ‘cielos’ con la sospechosamente similar palabra ‘cielos’, pues que así fuera. Respecto a la pronunciación del pobre Andy Bell, el buen señor se aplica y hace lo que puede, logrando un par de '¿Loquéesloquehadicho?' la mar de entrañables.

Vicisitud del acento: 4
Atchonburikismo de la traducción: 4
Sordidez de la métrica: 4
Hell yeah de la interpretación: 3
TOTAL: 3,75


2.- Bon Jovi – Ex aequo ‘Como yo nadie te ha amado’ y ‘Cama de rosas’
Juan Francisco Bongiovi entiende que, para escalar puestos en esta lista, no hay nada mejor que cantar en español diciendo baby en medio de cualquier estrofa. Un recurso artístico que elige para su ‘Como yo nadie te ha amado’, tema que, como cualquiera podría imaginar, es ‘This Ain’t a Love Song’. Total. Si en esto de las canciones de amor, las letras son totalmente intercambiables, ¿por qué no los títulos?

Por algún motivo curioso, quizá conocido como ‘mucho alcohol’, el acento de Jon se endurece todavía más en ‘Cama de Rosas’, añadiendo un toque de mejicano al aspirar las jotas que hace que tenga ganas de volver a ver ‘Arma Joven 2’ y, en general, acometer otras empresas de alto riesgo para mi vida.

Vicisitud del acento: 5
Atchonburikismo de la traducción: 2
Sordidez de la métrica: 3
Hell yeah de la interpretación: 5
TOTAL: 3,75


1.- David Lee Roth: Yankee Rose
Estuvo en la lista de discos con valores en una buena posición, así que nadie debe sorprenderse de nuestro número uno. Español chicanizado, adecuación de la letra al tempo similar a un concurso de imitadores de Alejandro Sanz y, sobre todo, actitud sórdida. Una ovra maestra:

Vicisitud del acento: 5
Atchonburikismo de la traducción: 3
Sordidez de la métrica: 5
Hell yeah de la interpretación: 5
TOTAL: 4,5

Eso es todo. Fuera se quedan Suzanne Vega con su ‘creo que soy torpe un poco‘ en plan Yoda en la copla ‘Luka’, Christina Aguilera demostrando que el que tu padre sea ecuatoriano no quiere decir que tengas un acento perfecto, Scorpions, las Wilson Phillips (¡feck, cómo me erotizaba la rubia!), Maruja Carey aburriéndonos mientras se pelea con el español y hasta tres hermanos Jackson haciendo lo que podían. Algunos reclamarán la presencia de Abba por la simpática forma en la que decían ‘Ferrrnando’. Pues adelante. Que ahora tocan los ejemplos de los lectores, que, como siempre, son lo mejor de este blog.

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