25 octubre 2011

Cine Basura Season 2, Epichode 2: Kárate, bigotones, clones y tetas.

Tetas.

Tetas tetas tetas, tetas tetas. Tetas tetas. Tetastetastetas tetas tetas tetas: munheres. Y tetas. Con toros.

Ahí andaba yo, pensando en invitar a una señora por fin a Cine Basura. Justo cuando estaba a punto de mandarle un correo a la interfecta (cuyo nombre no revelaré a la espera de que acepte venir en noviembre), pienso en echarle un vistazo rápido a la película. Básicamente porque le tengo miedo a esto los flims de kárate a la hora de hacer comentarios. El motivo es que el número de veces en las que se puede decir “¡Novehlahostia!” es limitado. Así que veo un poco de la segunda escena. Tetas. Paso unos minutos. Tetas. Paso un poco más. Toro. Pero un punto más allá, sí: tetas.

Por consiguiente, nuestro invitado será Antonio Trashorras. No porque me de cosa ver una peli de desnudos femeninos al lado de una actriz.

Qué cojones, claro que sí que me da.

Trashorras ya quiso venir al Cine Basura de Sitges, pero sus compromisos en el festival, durante el cual presentaba su ópera prima “El callejón”, se lo impidieron. O quizá tiene poderes parasubnormales y sabía que, en lugar de ver tías en bikini por Portugal a principios de mes, iba a ser mejor ver chicas en pelotas jugando al tenis a cámara lenta. Y toros. Y Richard Harrison con bigotón. Y es que nada falla en el póster de la película:
Bigotón, kárate, Nadiuska, nombre del protagonista sospechosamente con una ‘E’ de más, director inventado y un güen letrero avisando que la peli es de hostias. No fuera a confundirse el dueño de taller mecánico que quisiera alquilar la peli en VHS y se pensara que era un crossover de Dungeons & Dragons con un documental de La 2.

Así que ya sabéis. El próximo viernes 28 a las 22:45 H. en internet gratis (la página, aquí: www.canalplus.es/Cine-Basura) y en calidad de imagen sobresaliente en Canal+ Xtra, canal de audio 2 para oír nuestras idioteces. Y escucharnos decir unos cincuenta sinónimos de ‘tetas’ y ‘hotias como panes’. Pero sólo uno de ‘bigotón’.

Y otra cosa: Pronto, Videofobia 6. Intentaremos darnos más prisa con Videofobia 7, que está escrita y a punto de ser grabada. Ahora que Vicente Vegas ha hecho este IMPRESIONANTE cartel, me siento en la obligación de trabajar más:

19 octubre 2011

Las cinco canciones más vicisitúdicas de mi reproductor de MP3

José Viruete, pilar moral, intelectual, dórico, cojónico y corintio del universo conocido y varias realidades cuánticas paralelas en las que el mundo ha sido tomado por los borj, dijo una vez que le parecía muy mal el concepto de ‘placer culpable’. Según el ilustre pensador, denotaba complejo de inferioridad, el no aceptar con naturalidad los gustos propios. No seré yo quien le quite la razón.

Pero es que suelo ponerme 'La Amenaza Fantasma' al menos una vez al año.

Y ni siquiera me salto las partes de Jar Jar Binks.

Comprendo perfectamente el trasfondo de lo que quiso decir Viruete. No hay que avergonzarse de las propias depravaciones. ¡Feck!: en ente bloj hemos hablado de Pimpinela, Perales y Saurom Lamderth. Pero llevo ya muchos años dándole vueltas a todo esto del juicio de gusto para saber que la realidad es poliédrica, con 14 dimensiones espaciales, dos temporales y una en la que el ‘Cheers’ español dura siete temporadas. Para cualquiera, sería normal evaluar una obra objetivamente, concluir que es un truño, pero aceptar que le tienes cariño. Claro que este mundo no es normal. Y mucho menos la gente. Sobre todo porque vivimos en un lugar en el que hay personas capaces de decir que ‘No habrá paz para los malvados’ está bien montada. Pedir una comparativa de objetividad y subjetividad es casi imposible al hablar con cualquier ser humano. Y totalmente imposible al conversar con un crítico español de cine.

Así que sospecho que la mayor parte de las declaraciones de placer culpable no emanan de este tipo de disquisiciones comparativas de calidad y gusto. La realidad más usual suele pivotar en torno a la presión social. Esa tan capulla que crea las corrientes de opinión, las modas y, sobre todo, la posibilidad de ser aceptado en el entorno.

Y si ese entorno incluye ser popular por ir por la calle vestido de Riker, enhorabuena: has alcanzado el nerdvana.

Resumiendo: todo aquello que te gusta y te da vergüenza reconocer, más porque sea una mierda (algo problable), se convierte en placer culpable por el famoso ‘¿Qué dirán los demás?’

Obviamente, todos sabemos lo que nos importa a los autores de ente bloj esa máxima tan de pueblo. Estamos hablando de gente tan lamentable que, cuando una hermosa y escultural mujer rubia le comenta a uno "Soy fan tuyo de Cine Basura", sólo puede responder: "Hay gente para todo". Y que habla de sí misma en tercera persona. Eso sí que es para avergonzarse.
Sin embargo, incluso nosotros, que hemos hablado de nuestras costumbres a la hora de visitar el inodoro y de nuestra historia onanística, tenemos nuestros placeres culpables. Sé que es difícil de imaginar. Pero la clave de la cuestión es que muchas de las sordideces de las que ya hemos escrito son aceptables dentro del ámbito de los freaks. Que es el único importante, pues tarde o temprano conquistaremos el mundo. Quizir, CONQUISTARÉ el mundo.

Así que, en homenaje a Steve Jobs, ese hombre que demostró que se puede ser un genio creando aparatitos y un completo gilipollas a la hora de elegir tratamiento médico, hemos decidido revelar las cinco canciones que están en nuestros IPhones que más nos avergüenzan. Canciones que no sólo andan allí para hacer la broma, sino que escuchamos. A menudo. Y a escondidas. Y que nos gustan. Esto es lo que realmente me da vicisitud enseñar a mis amistades:


5.- Kylie Minogue: Confide in Me.
Ya lo dije hace un par de posts: No me interesa Kylie Minogue debido a mi pequeño defecto de no ser gay. Pero ahí está en mi teléfono esta canción para recordarme que a veces sacrifico la verdad en aras de hacer un chiste homófobo. Si bien sería de esperar por mis amistades encontrar cualquier cosa de la época de Stock Aitken & Waterman en mis mp3 en plan “mira qué graciosete es el Paco, que escucha Bananarama por pura nostalgia juvenil”, es más extraño hallar justo el disco en el que Kylie intentó ser gafapasta. Previo a su alzamiento como icono chuequil, éste fue el primer chingle de su intento de sacudirse de su pasado y convertirse en icono moen-no, justo desde la propia portada, en la que parece gritar “¡Soy seria y juarra al mismo tiempo! ¡Tomadme sólo a medias en serio!”. Lamentablemente para ella, los culturetas sólo se fijan en chicas lánguidas que garabatean poesías inspiradas en Boudelaire mientras observan una tarde de otoño por la ventana con una mirada que promete noches en las que no habrá ni una felación de por medio.

¿Os he dicho que también tengo el ‘Write About Love’ de Belle & Sebastian? A tomar por culo mi prestigio anti-gafapasta.

A todo esto, la canción me parece que no está mal. Cuando la escuché por primera vez, me encantó esa base de violines de fondo. Y ese ambiente un tanto amenaza…

Oh, cojones: fue por el video. El video me puso cachondo. Ya lo he dicho. Vergüenza debería darme.


4.-Elisa: God Only Knows.
Imaginaos que estoy pasando por las portadas de discos del IPerrins (mote copyright Vicisitud) para enseñarle algo a un amigo y, de repente, llego a ESTO:
Lo primero que pasaría por la mente de cualquiera es algo tan simple como HENTAI HOMOSEXUAL. Así que me he tirado los últimos tiempos intentando que nadie se diera cuenta de que tenía esto. Ni que durante una época escuchaba la canción hasta tres veces por día.

A mí el J-Pop me cae simpático, pero, como el strapon y las fustas, es algo que no practico. Esos ritmos chumba-chumba son un complemento demasiado chungo para un tío que siempre se define seriamente como amante del rock progresivo, el folk progresivo y la pérdida de vergüenza progresiva. Pero ahí que estaba viendo un video sobre sintonías de anime y apareció esto. Al principio, la misma cosa sonrojante de siempre. Y, de repente… ¡CLAVICORDIO! La cosa se pone épica y yo voy a buscar información de la canción. Y resulta que la cabecera de la serie sólo es una versión acortada de una composición de 10 minutos que se llama ‘God Only Knows Oratorio’. Y, a lo tonto, con las ganas de llegar a la parte sórdida barroca, me acabo tragando una y otra vez la suite enterita hasta que me gusta. A pesar de que eso de escribir letras en inglés no es lo de esta canción. Para los que tengan un dominio del inglés, escuchen sobre todo los lamentables énfasis de la pronunciación de las palabras. Pero qué más da. ¡CLAVICORDIO!


3.- Stix: Mr Roboto.
Dentro de los fans del progresivo hay un chiste que sobresale entre los demás. Bueno, no. Entre los fans del progresivo NO hay chistes. En general, son personas que se toman en serio hasta a Rick Wakeman. Por eso huí de sus foros como Mr. Satán ante una pelea con Freezer. Pero a la hora de señalar con el dedo con la misma actitud de desprecio que un cultureta en un concierto de Phil Collins, siempre eligen a Styx. ¡Hasta Kansas tiene más respeto en la comunidad progresiva que estos AORteras con pretensiones! Cosa que es del todo injusta: en Styx hay el mismo amor que en cualquier disco de Journey.

‘Killroy was here’ ha pasado a la historia como uno de los discos conceptuales más hilarantes jamás creados. Es el punchline del progresivo. Sigue la ley no escrita de que, cuando un grupo hace un disco futurista, la trama ha de ser siempre sobre una distopía en la que el rock está prohibido. El protagonista se llama Robert Orin Charles Killroy (¿Lo pilláis? ¿Lo pilláis? ¡Es ROCK!), y escapa de una prisión disfrazado de robot. Ahí es donde entra esa
espectacular chunguez que es Mr. Roboto. La obertura de la magna obra de Dennis DeYoung. Porque ente señor, como su propio nombre de heroína de Tennessee Williams indica, quería llevar al grupo por los caminos de la ¡¡¡¡ÉPICA!!! y del musical en plan Broadway. Ello produjo la ruptura con el otro miembro principal del grupo, un tal Tommy Shaw, que quería volver al hard rock. Pero DeYoung, para suerte de todos los sórdidos del mundo y vergüenza de mis amistades que no paran de escucharme cantar ‘Mr. Roboto’, se impuso para enta ovra. ¡Y qué ovra!

Desde ese inicio en japonés, pasando por gritillos de inmensa gaycidad hasta un final que suena a los pedos de un Commodore, todo en esta canción grita ¡Maaaarl! Especial impresión me causa esa parte de la letra que dice ‘With parts made in Japan / I am the modern man’, que haría que Nacho Cano se sentara y muy serio dijera con voz calmada: “Muy bien”.
Esta canción, una de las favoritas de Homer Simpson según algún guionista alcoholizado de la serie, es el hazmerreír no sólo de la parroquia progresiva, sino de todos los EE.UU. Durante la gira, el grupo interpretaba un teatrillo antes del concierto para ir metiendo a la gente en la historia, pero lo único que les metía era un par de hostias intelectuales que hacían que los fans más aguerridos quisieran cambiarse el cerebro por una alcachofa. Eso sí, al escenario salían con una bonita careta de robot diseñada por… ¡Stan Winston!:
Pero yo no puedo parar de escucharla. Y el tema fue un buen hit en su momento. Pero tanto robot chungo triunfante es algo que no puede volver a pasar en este mundo civilizado.
O no.

2.- Katy Perry: E.T.
En una actitud estúpida de superioridad mal entendida, suelo ir por la vida proclamando a quien me quiera escuchar que no compro pop posterior a los ochenta. El R&B me da grima, el autotune, asco y cualquier interludio rap en una canción con el objetivo de ‘eh-tío-molar-más-qué-juvenial-y-urban-que-soy’ ganas de arrancarme las vellosidades intestinales con un martillo pilón.

Así que tengo una canción de Katy Perry con Kanye West en el Iphone.

Obviamente, no me voy a meter con la Perry. Principalmente porque yo he crecido con Clara de Noche y Jennifer Connelly en Rocketeer y sé lo que me gusta una morena en plan pin-up. La primera vez que la vi, en el video de ‘I Kissed a Girl’, no pude parar de rascarme con la mano izquierda la cabeza extrañado ante lo obvia y descaradamente que proclamaba ser un producto de mercadotectia. Con la derecha TODOS sabéis lo que estaba haciendo.

Pero con el tiempo, me empezó a caer bien, porque al menos no iba de icono gay/”en el fondo soy una buena artista” como esa Lady Gaga, con tanta pinta de travelo que podría estar casada con Zapatero. ‘Fireworks’ era divertida, porque cualquier mujer que eche fuego por las tetas merece mi respeto. Lo de echar nata en ‘California Gurls’ me da más cosa, pero es por mi poca tolerancia a los lácteos.

Pero no puedo entender cómo la única canción que acabó en mi reproductor fue E.T. Posiblemente el peor single de todo el disco. Veamos:
- El ritmo es sástamente el de We Will Rock You.
- Básicamente, se dedica a repetir dos notas durante todas las estrofas.
- Es el ÚNICO video en el que Katy no está erótica.
- La letra va sobre follarse a un extraterrestre. No metafóricamente. De pedir a gritos un buen sondeo anal de esos en los que creía el Agente Mulder.
- La intervención de Kanye West. Ay, la intervención de Kanye West. Veamos uno ejemplos de lo mejor que puede dar este ídolo del rap:
I got a dirty mind
I got filthy ways
I'm trying to bathe my ape
In your milky way

Lo de ‘Bañar mi simio en tu vía láctea’ se puede interpretar como… joder, no sé cómo. Pero tiene que ser algo guarro. Con sus tetas. Espero.

Pero hay más:
Pockets on shrek, rockets on deck
Tell me what's next, alien sex

Sí: acaba de citar a Shrek en la letra. Y no: tampoco sé por qué. Ni qué tiene el ogro verde en los bolsillos. Ni qué tiene que ver con extraterrestres. Ni qué coño fuma West. Pero que rule.

Katy Perry - E.T. ft. Kanye West from Renan on Vimeo.


Vamos, una mierda de canción. Si cuando dije que los placeres culpables tenían que existir hasta para mí no bromeaba. Claro que todo se puede superar. Hay una canción que lleva años en mi IPod y que es más lamentable que ésta. Mucho más. Señoras y señoras, vean cómo destrozo mi prestigio, oblitero mi ya deteriorada imagen y lanzo un holocausto nuclear sobre mis posibilidades de hacerme el interesante y poder follar. A no ser que sea con una extraterrestre. Una extraterrestre ciega. Y macho.
Ahí va el número uno:

1.- Lindsey Lohan: Drama Queen (That Girl)
No sé por dónde empezar.

Esta es una de esas cosas que, como las pajas furtivas con 12 años, sólo se pueden revelar en un confesionario a un cura que puede o no disfrutar con el relato. Yo lo voy a hacer en internet. Bueno, ya lo he hecho. Un día, guiado por mi amor por ‘Chicas Malas’ (una de las mejores comedias de los primeros 2000) y los bustos amplios, alquilé ‘Confessions of a Teenage Drama Queen’ en DVD. De la película apenas recuerdo nada. Pero por algún motivo que sólo El Monstruo Volante del Espagueti sabría si le interesara lo más mínimo, se me quedó en la cabeza el tema principal que sonaba en los créditos.

A ver: si os fijáis a lo largo de nuestra historia bloguera, yo he sido mucho de airear mis gustos lamentables en cine. Pero en música soy bastante quisquilloso. Siempre que he escrito algo, ha sido sobre tipos extraños, pero con talento. Sórdidos, pero geniales. Y me gustó una canción de Lindsey Lohan. Que tiene esta parte en plan rap, cantado por ella misma, que hace que se me ericen los pelos del escroto y se me metan avergonzados en la uretra:

Life is a work of art you gotta paint it colorful,
Can make it anything u want don't have to stick to any rules
You don't need a high IQ to succeed in what you do,
You just gotta have no doubt just believe in yourself.

Yo pensaba que lo de ‘I kissed a girl’ era una proclama de mercadotectia. Pero esta cosa no sólo se resume en el lema de una pegatina con menos profundidad todavía que un libro de Paulo Coelho. Es que ni siquiera rima. Al menos Kanye West se inventaba las palabras, pero rimaban. Esta bazofia de pernicioso mensaje hace que anvfsadhi afasjnsñfaf a

Perdón: es que me estaba dando cabezazos contra el teclado. Ahí os dejo el video. OS JODEIS:

Y éstas han sido las canciones cuya presencia en mi Iphone me da vergüenza confesar. Ahora sólo queda que Vicisitud recoja la toalla y haga su lista. Yo me voy a dar un paseo mientras escucho el tema principal de un musical israelí dirigido por Menahem Golan y el disco aquel de retorno de Take That. A ver si me encuentro con un extraterrestre y me dice qué coño tiene que ver Shrek con la exploración espacial.

11 octubre 2011

Ha muerto un jran onvre

La semana pasada falleció uno de las personas que más presentes ha estado en mi vida. Su legado me ha marcado profundamente y…

Bueno, ya vale. Que ya sabéis que NO voy a decir Steve Jobs.

Esto va de otro señor.

Que tampoco es Charles Napier. Y eso que salía en un buen puñado de pelis de Russ Meyer y en un capítulo sórdido de Star Trek.

Estoy hablando de David Bedford. Ente onvre era un compositor de música avant-garde. Esa que suele provocar siempre el mismo comentario por parte de las personas normales: algo así como ‘Matadme, por favor’. La actitud contraria suele ser de desdén hacia los que no aprecian los ricos matices armónicos de los utensilios del hogar siendo absorbidos metafórica y sónicamente por una aspiradora. Yo abogo por un tercer camino: disfrutarla de la mejor manera posible. Esto es, tomándosela a cachondeo y recrearse en ella como depravación. Porque el rechazo visceral hacia todas las vanguardias viene a menudo del simple asco que dan sus serios defensores. Olvidaros de ellos. O bien tenedlos en cuenta y reíros de esa gente. Es una win win situation.

Debido al inconveniente de no ser un gilipollas diletante, yo no llegué a David Bedford investigando sobre música de vanguardia, sino a través de un compositor mainstream. Bedford fue compañero de un joven Mike Oldfield en el grupo The Whole World y, más tarde, colaborador a lo largo de varios años. Fue él quien tuvo los huevos de hacer las chungas versiones orquestales de Tubular Bells y Hergest Ridge. Porque todos sabemos que no hay nada más hermoso y, al mismo tiempo, vergonzoso, que este tipo de adaptaciones de éxitos pop-rock. Precisamente por su falta de kennyGismo y/o luiscobismo, nunca me gustaron mucho estas dos obras (una nunca editada en CD, dicho sea de paso). Ni daban risa ni eran tan buenas como los originales.

Sin embargo, guiado por mi curiosidad, una portada con un dibujo de Doré y la simple imbecilidad juvenil, una vez me compré uno de sus discos en solitario. Y fue una revelación. Una revelación de que internet ya estaba tardando en llegar para no llevarme esos disgustos. Mis cabezazos contra la pared mientras escuchaba tanta disonancia mezclados con mis gritos de ‘¡Mi dinero!’ y el ruido de la panadería de debajo de mi piso de alquiler habrían engendrado una gran obra de John Cage. Claro que algo extraño pasó a eso de la mitad de la segunda cara. La composición cambiaba y aparecía un coro infantil haciendo una versión de una canción marinera que me afectó tanto que hasta soñé un par de veces con esa música como banda sonora. Por desgracia, no era un sueño erótico. Ni porno. Que realmente son lo mismo. Pero eso es otro tema. Que no suele tener que ver con la música de David Bedford y sí, como ya vimos en su momento, con la música de los Teleñecos.

Así que seguí comprando CD’s de este señor, aun a sabiendas de que no me iban a gustar. Pero sí intrigar. De hecho, se generó en mí una manía, una especie de ritual internetero. Cuando instalé mi primer programa de P2P, lo primero que busqué fue algo de este señor. A partir de entonces, cada vez que me sentaba delante del Napster, el Audiogalaxy, el Kazaa o la oficina de renovación del DNI, siempre comenzaba, sin pensarlo y de manera inconsciente, introduciendo ‘David Bedford’ en el buscador.

Todo un deporte de riesgo, claro. Porque no olvidemos que era un onvre capaz de hacer los arreglos orquestales de la banda sonora de 'The Killing Fields' y, al mismo tiempo, un concierto para kazoos o un arreglo de coros que iba subiendo tanto el tono que los cantantes tenían que aspirar helio.

Y un concierto con globos como único instrumento.


En su defensa, hay que decir que enta ovra en particular pertenece a su serie de composiciones didácticas. Supongo que con el objetivo de enseñarle a los niños la amplia gama de ruidos que descubrirán si destripan a su gato.

Pero qué queréis que os diga. Con sus atonalidades, kazoos y ruidos varios, amaba a este señor. Estoy deseando tener un momento libre para sentarme tranquilo y ponerme su disco sobre un relato de Ursula K. Leguin (componente freak que sube ahora mismo su apreciación internetera un 38,4%) o su épica consistente en gente recitando lugares topográficos de Devon alternados con nombres de estrellas. Irritante para el oído, pero la mar de cuco.

Y pronto, más música experimental, con moen-nidades de verdad a cargo de un nuevo colaborador para la ocasión: mi amigo Clayderman, descubridor de G.Sanz y pianista en un bar sórdido que mezcla David Lynch con Berlanga. Sólo apuntad este concepto: HELICÓPTEROS.

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