Vicisitud & Sordidez

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Nunca he ocultado que, como gallego, soy un profesional del resentimiento: yo soy aquel que invitó a una ronda de cervezas cuando se enteró de la muerte de Juan Pablo II. Que, justo aquel día, me hubiesen despedido a grito pelado y hubiese terminado de ver a Queen con Paul Rodgers no es un atenuante. Y, por supuesto, soy aquel que se tomará tremenda fabada para celebrar que el coche incendiado del Mierda abrase una tribuna con 100.000 ingleses. Por ese motivo, cuando proclamo – al igual que Paco – mi pasión por la caca (condición indispensable para escribir en ente vlog) está claro que una de sus múltiples funciones en la vida tiene que ser la de poco sofisticado, pero eficaz, instrumento de venganza.


Así, a bote pronto, me vienen a la mente momentos en los que he sido pésimamente tratado en un bar. Recuerdo, por ejemplo, una terraza en Chartres, cuando una señora tuvo el cuajo de decirme que creía que se había equivocado al darme la vuelta y que yo había sido tan hideputo puto como para quedarme sus francos de más. No sólo no le di un céntimo sino que, justamente ofendido, me fui a su váter en donde planté tremendo mojón en el suelo (y no, no crean que estaría puteando a una señora de la limpieza argelina: ese bareto lo llevaban entre varias que se repartían las labores y el borderío). Por supuesto, las veces que recibo trato vejatorio y no poseo nada inmediato en mis intestinos, nunca he vacilado en mear todas las paredes del váter, espejo y papel higiénico. La taza queda impoluta y la conciencia tranquila.


Muchos de ustedes – fíjense en qué alta estima les tengo – me dirán: "pero qué falta de técnica. Lo MEJOR que se puede hacer es cagar dentro de la cisterna. Cierto, es difícil tanto desmontar el tinglado como poner la adecuada pose en cuclillas, pero… NADIE sabrá de dónde procede esa olor durante meses, y tirar de la cadena será toda una fiesta marrón". Ah, pero qué fácil es dar esos consejos así, en frío. Es lo que los franceses llaman esprit d'escalier – otra expresión que necesitamos en nuestro idioma – que consiste en tener la réplica perfecta – o que se te ocurra la técnica para cagar en la cisterna – cuando ya ha pasado una hora. Dommage…


Pero, si he de elegir mi hit como bengador hescatológico – o "Robin Hood de la caca", como otros me han descrito – éste, sin duda alguna, se produjo en mis años de colegio mayor.

Madrid, 1992. Es un año en el que Chueca está pasando del yonkismo que vimos en 'Átame', cuando Banderas iba a por caballón con bigotón postizo, al mariconerío jovial del que ahora disfrutamos. Un servidor de ustedes tiene amigos del colegio mayor que frecuentan la zona, a la que yo voy con las mismas posibilidades de ligar con una munhé que en los infectos baretos de Bilbao o Moncloa (Aquello que les conté de cómo un señor me entró en el XXX cuando llevaba mi camiseta ceñida de Iron Maiden ocurrió años más tarde). Las mentalidades de la gente ante el hecho gayer en el 92, por supuesto, iban algo a remolque. En serio, Rouco Varela parecería Harvey Milk al lado de algunos energúmenos de mi colegio mayor. Con 18 años, sin embargo, yo pensaba que se había terminado la época de instituto en la que te partían las gafas por cualquier motivo cuando, de pronto, un infraser se dedica a cantarme “Soy maricón, maricón, maricón...” sin tener la decencia de añadir un “De EsP-P-Paña” cada vez que un servidor de ustedes, con sus amigos, pasaba por su lado. Después de soportar eso durante un mes, el temor por mi integridad física se combinó con una hinchazón de cojones que amenazaba el campo gravitatorio terrestre. Era el momento de poner manos - y esfínteres - a la obra.

Había que enviar una carta mierda.

Defecar, lo que se dice cagar, suele ser algo bastante fácil salvo que seas mujer o tengas que doparte como José Coronado. Y algo que se hace sin poner más pensamiento en ello que acordarse de eliminar toda obstrucción textil entre el recto y la taza. Sin embargo, elaborar debidamente una carta mierda llevaba más tiempo y, para mí, se convirtió en la "prueba del odio" definitiva. ¿Estaba dispuesto a hacer todo lo que había que hacer para que el mojón postal tuviese el efecto deseado? La respuesta era que sí, y los pasos, los siguientes:

Lo primero, el papel higiénico del colegio mayor era muy reconocible, así que cogí un rollo de la facultad. Lo segundo, toda carta va manuscrita, así que decidí eliminar cualquier prueba caligráfica que me relacionase con el envío. Por ese motivo, le pedí a una amiga que escribiese la dirección (pese a que me cantasen "Maricón maricón maricón" todo el rato, no había conseguido tener letra de tía). "¿A quién pongo de remite?" me preguntó. "Pues a alguna que te caiga mal. El caso es que vea el nombre de una tía y abra el sobre con fruición e ilusión". Lo tercero, el diseño del sobre: había que forrar el interior con algunos folios para que las caca no traspasase. ¡Porque no iba a gastarme dinero en empaquetar un mojón! ¡Ese hijoputa no lo merecía! Y porque tampoco quería llegar con una cajita maloliente para que un pobre funcionario de correos me la pesase.


Con todos los ingredientes, me encaminé al váter. Planté un pino y fui introduciendo el papel higiénico usado en el sobre. Al terminar, procedí a eso llamado "ponerle la guinda al pastel". Con un folleto electoral del PSOE fui cogiendo fragmentos de caca que fueron depositados, de forma primorosa, sobre el papel higiénico que ya había metido en el interior. El sobre, ni que decir tiene, era de los de cierre autoadhesivo: ¡ahí no iba a acercar mi lengua! Una vez estaba la carta lista, me gasté todo un bote de desodorante en camuflar su olor. Por supuesto, en vano.


La última pregunta, antes de enviar la carta, fue: "¿Oye, tienes algo de Tippex? Creo que, aquí hay como una sutil manchita marrón". La respuesta, plena de sabiduría fue "No te tomes tantas molestias. ¿Quién en su sano juicio va a pensar que le van a enviar una hez por correo?". (Dato de raccord: tan sabia persona tiene, hoy en día, una posición relevante en un PSOE autonómico, ahí dejo las coincidencias).


Envié la carta y, a los dos días, la vi en el casillero del infraser. No me quedé a esperar a ver cómo la cogía y gozar con su reacción: hubiera sido muy descarado. Sólo podía imaginarme el mejor de los mundos posibles: esa escoria bajaba al comedor acompañado de sus amigotes. Cogía la carta y, extrañado ante un remitente femenino, se lo comentaba a los colegas. Abría con pasión el sobre e introducía la mano como muchos hacemos, sin ver lo que había en el interior. Por supuesto, todos los tropezones colocados sobre el papel higiénico se extendían por su mano ante el estupor de sus acompañantes primero y el épico despolle después.


Sólo podía imaginármelo. Hasta un día.

Pasaron dos meses y un amigo mío le coincidió comer en la mesa de ese sujeto. Mientras atacaban un presunto pescado empanado, uno de sus colegas se acercó y le dijo a nuestro infraser – que, cosa curiosa, ya ni se me dirigía – "Oye… ¿Qué tal el correo?". Con su grave voz le respondió "¡¡¡¿¿¿NO PODEMOS CAMBIAR DE TEMA DE UNA PUTA VEZ???!!!".

Y fui MUY feliz.

Eso sí, me desconcertó una señal divina: dos días después del evento, me vi ese peliculón que es 'Pink Flamingos' del maestro John Waters y, en ella, Divine y su familia competía contra otro grupo de entes para lograr ser los seres "más inmundos del mundo". En un momento dado, Divine se escandalizaba por recibir un ñordo por correo: "¡Hay que ser el ser más inmundo del mundo para enviar un paquete con una mierda dentro!" bramaba. Me sentí sobrecogido: "¿Me está llamando Divine "el ser más inmundo del mundo?". Palabras mayores.


Hoy en día, hay empresas que se dedican a enviar cartas mierda por un módico precio y, aunque aplaudo su iniciativa, creo que no logran recrear lo fundamental de la 'benganza hescatológica'. Todos los pasos del 'Do it yourself' no sólo son más baratos sino que, en su grado de detalle – borrar los restos de caca en el sobre con Tippex a la cabeza – son la prueba definitiva del odio, que es todo menos indiferencia. Esa cosa tan capitalista-funcionarial de pagar a otro para que cague por ti nunca podrá funcionar como debida venganza, y menos si usan cacas de vaca (cantidad no es sinónimo de calidad, sobre todo en temas de olor).

Así que, de alguna manera, me siento feliz por no haber vuelto a tener el impulso de enviar otro cagallón por correo. Desde entonces, nadie me ha enervado tanto como para dedicarle tanta pasión, atención al detalle y todo lo que esté asociado a "mis entretelas". La vida es, desde luego, mejor. Lo que ahora toca, por supuesto, es que ustedes narren en los comentarios su utilización de la caca como elemento no conciliador. Como dicen en los carnavales de Xinzo, justo antes de lanzarse bostas de vaca untadas en vinagre "¿Queredes gherra? ¡Gherra tendredes!".


¡Mierda va!

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Anónimo dijo... 05 octubre, 2012 15:52

tiene usté el diablo dentro.

Rifle dijo... 05 octubre, 2012 16:32

Ghrandísima venganza.

Diego Calleja dijo... 05 octubre, 2012 17:14

Me limpio el culo en su honor.

Anónimo dijo... 05 octubre, 2012 18:33

Absolutamente lamentable, patético y repugnante. No había leído nada tan estúpido y absurdo en décadas. Por favor, que el que haya redactado el post de este analfabeto deje de hacerle favores al pobre subnormal.

No se puede ser más triste que odiar así a Hamilton a estas alturas de la vida. El resto no lo he leído ya de puro asco.

LETRA dijo... 06 octubre, 2012 02:19

Conviene analizar esto desde el punto de vista del sujeto postmoderno, aislado, de débil ideología, que emplea estos quehaceres en absurdas batallas con sus compañeros por motivos muy primarios y que sin embargo no es capaz de enviar cartas de protesta o cartas de dimisión en la manera que ha descrito.

Si usted un onvre escriba una de esas cartas al govierno XD

Harold Alexander dijo... 06 octubre, 2012 02:42

Hoyga, que la bosta no se lanza a palo seco, se empapan trapos en ella y se lanzan las susodichas telas al contrario!!! (ya saben que los paralelepípedos de naturaleza textil tienden a enrollarse con fuerza directamente proporcional al impulso perpendicular según la famosa ecuación que...)

En vinagre se empapan las hormigas,que se lanzan al público por la tarde, para que muerdan (los insectos, no los asistentes) con un frenesí que ríase Vd. de la marabunta.

Y no es en Xinzo, es en Laza!

(Fin de CALLEJEROS: VIAJEROS)

mortiziia dijo... 06 octubre, 2012 03:58

Jrandísimo relato. Aunque tengo que decir que esto se ha hecho en colegios mayores y residencias universitarias desde tiempos inmemoriales. No sé si seguirá haciéndose, pero en cierta residencia opusina en la que se alojaban todos mis moñoños compañeros se mandaban estos regalitos casi cada año.

Anónimo dijo... 06 octubre, 2012 09:55

Pues no vuelvas, planta un pino y sé feliz! Que poco sentido del humor... Seguro que votarias a Cospedal

gh dijo... 06 octubre, 2012 10:23

"el papel higiénico del colegio mayor era muy reconocible"--> frase a la altura de "En un lugar de la Mancha de cuyo nombre..." o "Ser o no ser, esa es la cuestión". SUBLIME.

Anónimo dijo... 07 octubre, 2012 14:38

Vais a ver Gandia Shore?

Aloe dijo... 08 octubre, 2012 21:43

Por favor, que el que haya redactado el post de este analfabeto deje de hacerle favores al pobre subnormal.

Me encantan estos comentarios. Leer comentarios peores que los míos en ente blog reconforta un huevo: Hay gente con menos capacidad de mantener el tono y de enterarse de algo, que dios les bendiga.

Llop de Ferro dijo... 09 octubre, 2012 10:21

05 octubre, 2012 17:14
Anónimo Anónimo dijo...

Absolutamente lamentable, patético y repugnante. No había leído nada tan estúpido y absurdo en décadas. Por favor, que el que haya redactado el post de este analfabeto deje de hacerle favores al pobre subnormal.

No se puede ser más triste que odiar así a Hamilton a estas alturas de la vida. El resto no lo he leído ya de puro asco.


Es el problema del internete, que todo se pierde. El esfuerzo que requería una misiva mierdosa reducido a unas líneas que desprenden el mismo tufo y odio, pero sin el encanto de "lo auténtico". Igual que con el porno. Puedo tener el disco duro lleno de vídeos y fotos, pero a la hora de pajearme, a veces hecho de menos el olor a papel de las revistas.

Y felicitar al sr. Vlogger por obsequiarnos con estas perlas que llenan de terror nuestras fidas.

Anónimo dijo... 09 octubre, 2012 16:28

en un momento de recogimiento me surge la duda de si esto se ha probado con semen.

Angelus-Ruy dijo... 10 octubre, 2012 00:10

Tan gran mojón eché una vez, que le fize una fotografía para enseñarlo orgulloso, cual CUM LAUDE, a la peña receptora. La foto la tengo guardadica para publicarla algún día, ya sea en caralibro, ya sea en mi blog. Saludos.

PD. Le puse nombre: el truño épico. Tuvo la magnífica suerte de no quebrarse cual débil plastilina, mostrando así la fortaleza de su propietario, y el toalé tenía tal cantidad de agua, que quedó horizontal y flotando. Una maravilla de criatura.

MonoFoca dijo... 10 octubre, 2012 13:35

Con gusto, aunque con cierto temor de no alcanzar las cotas escatológicas necesarias para el nivel de ente bloj, recojo su invitación a narrar usos de la caca como elemento no conciliador: el Método Lluvia Marrón.

Siendo yo un zagal, en los tiempos en los que los niños jugaban en las calles y en los elementos comunes de las urbanizaciones satánicas (antes de que vallaran todo escarmentados de la experiencia), nos encontramos con un portero que debió sufrir alguna experiencia traumática en su infancia con alguna bicicleta. El caso es que nos prohibió vehementemente (¡niños, iros a tomar por culo con las bicis!) circular con nuestras bienamadas monturas por sus dominios.

La cosa no hubiera pasado de mera anécdota si el recinto que se nos había prohibido no hubiese sido nuestro circuito particular de competición ciclista, con lo que fue asumido por la pandilla como una afrenta al honor y una injusticia intolerable. Debíamos pasar a la acción.

Por aquel entonces ya habíamos adquirido suficiente destreza con los petardos como para no volarnos los dedos y disponíamos de cuanta caca quisiéramos, ya que recoger las deposiciones caninas era cosa poco habitual por no decir que era una extravagancia. Para nuestra venganza había que planificar a la perfección todos los detalles. Primero era necesario hacerse con un explosivo lo suficientemente potente para vaporizar el montón de heces: un petardo de 60 ptas. no fue nada complicado de adquirir y retardar la mecha era una técnica muy conocida por nosotros. Segundo: la metralla. Nos pasamos el día entero (con sus pausas necesarias para el Cacaolat y el Tigretón) recogiendo el material necesario, cuanto más reciente y de consistencia líquida mejor, y depositándolo en una bolsa de plástico. Había llegado la hora de nuestra venganza.

Preparando el mojón-trampa nos dimos cuenta que la cantidad de metralla sobrepasaba con mucho la capacidad explosiva prevista. Ni cortos ni perezosos decidimos atar unos cuantos petardos y juntar las mechas al estilo Acme. Ahora sólo quedaba echar a suertes a quién le tocaba hacer de cebo para atraer a nuestra némesis hacia su perdición. El pobre agraciado debía provocar al portero para hacerle salir de su fortaleza y que le persiguiera en dirección al tordo-mina mientras encendíamos la mecha, y conseguir subir a la bicicleta y escapar del radio de acción previsto, dejando al enemigo expuesto al marrón. Nada sencillo.

Pero ese día los Hados quisieron sernos favorables (serán unos cachondos mentales, digo yo) y el plan nos salió a la perfección, exceptuando un pequeño detalle: se nos había ido la mano. La explosión se produjo dentro de una zona ajardinada rodeada de edificios, con el portero a una distancia aproximada de 25-50 metros, y nosotros protegidos de la onda expansiva detrás de una jardinera a unos 200 metros. Fue tal la magnitud del petardazo y la cantidad de metralla que utilizamos que todos los frontales de los edificios (que conformaban una u en la urbanización) acabaron pintados de gotelé marrón. El portero ya ni les cuento, y el pobrecillo cebo se quedó bicolor: color natural por delante, color caca por detrás. Pero la carga, además de fragmentarse, se había vaporizado, y esto provocó que durante un par de minutos asistiéramos a una preciosa, poco habitual y finísima lluvia marrón que se fue depositando poco a poco y dejando toda la urbanización cubierta de rocío mierdoso.

No fue hasta muchos años después, que ante la despedida del portero por llegar su jubilación y muerto por los remordimientos, le confesé que yo había sido uno de los artífices. Y me contestó: ¡Claro, ya lo sabía! ¿Quienes iban a ser sino los niños cabronazos del número 4?

Y es que los niños son muy cabrones.

Vicisitud y Sordidez dijo... 10 octubre, 2012 13:40

Tecleo después de retorcerme por el suelo tras leer ese terrorismo escatológico. Me recuerda al anuncio de Sony Bravia pero con llovina marrón en vez de multicolor.

¡Sublime! Pena no haberlo hecho en la época de los smartphones y youtube. Tal vez las nuevas generaciones...

sierra dijo... 10 octubre, 2012 14:34

La meada por las paredes del baño puede llegar a ser un arma de doble filo:
En una ocasión, en el típico bar de viejos santiagués, puse en práctica esa benganza. Dejé todo bien "pintado". lo malo, al salir, descubrí que era el baño de mujeres, con una cola de dos o tres buenas mozas esperando a que quedase el baño libre. Ya antes de entrar en el baño, sus miradas eran de rencor por haber usado el servicio equivocado.
Así pues, discretamente, abandoné el local antes de verme con la ira desatada de esas chicas y muy probablemente, de los viejos que regentaban el bar.

Anónimo dijo... 29 octubre, 2012 18:48

Así que fuiste tú.....arghhhhh te oooddddiiiiiioooooooo. Desde aquellas padezco estreñimiento crónico.

Te diría aquello de que pequeño es el mundo, pero me quedo con, el mundo es un trozo de papel higiénico usado (un pañuelo, vamos)

Karnaplosky dijo... 30 mayo, 2013 08:31

Vaya, veo tarde esto.. recomendado por un demente vía twitter, al ver que un colega y yo comentábamos algo similar, como te mencionamos tanto a tí como a Paco, hamijo sordido, sabes perfectamente quienes somos.
En fin referencias estúpidas a parte procedo a comentar mi experiencia como vengador "hescatológico" la cosa es que mi historia es parecida a la de MonoFoca. Con alguna variante.
Verán yo soy de Barcelona, nací en la ciudad condal pero me crié en Cerdanyola del Valles, antes Cerdañola, antes Sardañola, cosas del tío bigotín malaleche del Pardo y de la normalización lingüística catalana.
Bien, nosotros teníamos a bien usar la Plaza Buigas de dicha localidad, como centro, entre otras cosas, de nuestras guerras clon, partidos de hockey patines (sin patines), Baseball, y finales a muerte en la champions, bueno copa de europa, tengo 44 años así que ya pueden imaginarse de que epoca les hablo, sí había tíos de gris corriendo tras los camellos del barrio.
En dicha plaza estaba la oficina de correos... en ocasiones, un balón, una pelota de tenis. Bien preciadísimo ya que al ser obreros eso de conseguir pelotas de tenis para jugar al Baseball o al Hockey Patines, sin patines. Solo se conseguía yendo al club de tenis, que estaba a tomar por culo del barrio a ver si a algún pijo se le escapaba una por encima de la valla y salir por piernas, o directamente ir a mangarlas a un supermercado, que estaba a tomar por culísimo del barrio.
Pues bien, como es normal de tarde en tarde alguna pelota de tenis o de otro tipo de colaba en la oficina de correos, normalmente no pasaba nada, siempre que no estuviera la mujer de la limpieza, un ser bajito, regordete, siempre de negro, moño como aviso de mala leche y mal carácter por naturaleza. Cuando estaba la mujer de la limpieza como entrara un balón, pelotica o sacrosanta pelota de tenis la requisaba y no la volvíamos a ver jamás.
La cosa es que se nos inflaron las pelotas, en aquella época más bien, almendrillas y decidimos vengarnos de nuestra némesis. En una bolsa de plástico recogimos unas cuantas mierdas de perro y la lanzamos dentro de la oficina de correos cuando la buena mujer estaba fregando.
Quitando la risa por la fechoría poco más pasó, al estar dentro de una bolsa, pues quitando la estupefacción inicial el “daño” ocasionado fue mínimo, recogió la bolsa con la escoba y el recogedor nos gritó de todo desde la puerta y se acabó.
Pero, al contrario del coyote, ideamos mejorar el plan inicial. Andabamos cerca de la festividad de San Juan, así que teníamos a nuestra disposición el arsenal necesario para perpetrar el atentado “hescatológico” perfecto.
Por turnos, los cinco maleantes eje del mal infantil del barrio, cagamos dentro de una bolsa del “carreful”, nos fuimos para la oficina de correos, encendimos un petardaco de los de cinco duros, también conocidos por rompetochos, lo metimos en la bolsa, la tiramos dentro de la oficina y decoramos mediante juego de luz y color la oficina con un precioso estucado veneciano que ya quisiera haberlo realizado el mismísimo Barceló.
Lo mejor de todo es que nadie nos vió y doy gracias a d.o.s. por ello porque hasta los “monillos” fueron avisados, la buena mujer estuvo limpiando mierda durante unas buenas horas, la vengaza fue perfecta y esa la primera vez que la cuento fuera del grupo de terroristas infantiles que frecuentaba cuando tenía 9 ó 10 años.

 
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