27 agosto 2012

Albert Pyun y yo, parte 2… ¡De 3!

Una de las frases que más se repite en Hollywood es “Pásame una rayita”. Otra es “Las percepciones son más importantes que los hechos”. Con Albert Pyun, la percepción general es que es un manta. Hasta la IMDB lo compara con Ed Wood. Pero, como vimos en la primera parte de este artículo, los hechos lo desmienten. Albert es un artista. Malo como pasar a un padre por la minipimer, pero artista al fin y al cabo.


En el anterior post, dejamos a nuestro héroe hundido debido a las manipulaciones sufridas por sus películas, esas maravillosas odas a los colorines y al ritmo estilo tarde de verano tras una fabada. Pero Albert tenía que comer, así que decidió que, en adelante, probaría a trabajar como mercenario de encargo. Sacrificaría su visión. Sería un artesano.

El resultado, claro está, son algunas de las pelis más insulsas de su carrera. Cosas como ‘Kickboxer 2’, ‘Combate Sangriento’ o ‘Heatseeker’ (nuevo encuentro con los cyborgs) no tienen la alegría y desvergüenza del director: se pueden ver, pero son mediocres y aburridas. Y está claro que lo que hace que hable en ente bloj de Pyun es, precisamente, su locura. No me interesa en absoluto una cosa como ‘Kickboxer 2’, que ya había olvidado cuatro minutos después de verla. Eso a pesar de venir firmada por el hoy famoso David S. Goyer, el cual volvería a trabajar con Pyun en la producción Full Moon ‘Arcade’ (posteriormente, haría mucho más daño a la humanidad con su ‘Blade 3’ y participando en el guión de ‘El Darnái: La Leyenda Renace Arreglándose una Fractura de Columna en Mes y Medio’).


Pero pronto se cansó de ser un artesano olvidable. Quizá alarmado porque algunas de sus películas como ‘Dollman’ o ‘Arcade’ podrían resultarles entretenidas a algunos espectadores, decidió no arrejuntarse más con Charles Band y la Full Moon. Porque, de todas maneras, ¿qué jautor artít-ta querría meterse en esa factoría? La Full Moon es a la cinematografía como el comedor del trabajo a la gastronomía: nunca es lo suficientemente bueno y ni siquiera te da la risa, locura y posterior visita al excusado de un menú doble del KFC.


Así que se preparó para hacer su gran ÉPICA cyborg-cyberpunk-kickboxer. El retorno del Albert de verdad. El de la risa. La peli fue ‘Nemesis’. La quintaesencia de Pyun, por mucho de que, otra vez, se quejase de que perdió en el montaje final.

A ver. Mi recuerdo de la película es difuso como los filtros amarillentos que utiliza. Pero ningún jurado me condenaría. De hecho, es el largometraje que dio origen a mi amenaza favorita que tiendo a soltar a cualquiera que intente trolear el blog: ‘Te obligaré a hacer una tesis sobre el tiempo y el espacio en el cine de Albert Pyun
Repito: Todo lo que hay que saber de cine está en 'La Gran Superproducción' de Jan. Todo.

La película, sobre todo su desorientador comienzo, está llenita de saltos temporales y obtusas subtramas de conspiración. De repente, sin saber dónde estamos ni por qué, te puede aparecer un personaje (recuerdo a Thomas Jane ensañando el culo) hablando muy seriamente de algo que no comprendemos muy bien y que realmente dudo que al final de la peli se entienda del todo. Como 'Prometheus', vamos. Pero en plan un poco mejor.

Aun así, ‘Nemesis’ es, atención, la tercera mejor película de Pyun que he visto. Y, desde luego, la mejor para conocer profundamente el estilo del director. Y sé que esta última frase ha sonado más o menos a ‘La mejor manera de estudiar rigurosamente todas los libros de la Dragonlance’. Esto es, a amenaza.

El flim fue protagonizado por una columna con patas llamada Olivier Gruner, que iba a ser el nuevo Van Damme, pero se quedó en 'dame aaaargo, paaayo'. Posiblemente porque, en lugar de tener apellido de ir repartiendo hostias, sonaba más bien a movimiento intestinal. Eso sí: tuvo el privilegio de protagonizar en esta cinta uno de los momentos cumbres del cine de bajo presupuesto de los 90, cuando, estando atrapado en una habitación, se las arregla para bajar varios pisos disparando círculos sucesivamente en los suelos de cada uno. Un fuck yeah que hasta fue copiado en otras películas con el paso del tiempo. ¡Albert como innovador! Por eso lo queremos. Disfrutadlo en el minuto 4:10 de este video:

‘Némesis’ engendró una camada de secuelas deformes y pobretonas que ni siquiera tenían a Olivier Gruner. Así que pasaré de ellas y me iré directamente a su siguiente proyecto de envergadura, saltándome su película con Andrew Dice Clay porque no quiero borrar mi recuerdo de ‘Las aventuras de Ford Fairlane’. ¿De qué iba su nueva producción de cierta solvencia y con algún actor decente?

Vamos, nenes, que estáis tontos: ¡De cyborgs, claro!


‘Knights’ es digna de ser reseñada por varios motivos. Por un lado, tuvo una distribución decente en nuestro país (¡por la Fox!). Por otro, es una de las pocas películas más o menos entretenidas de Pyun. Protagonizada por un Kris Kristofferson al que doblan hasta para estornudar en el papel de un cyborg que busca matar a otros cyborgs-vampiros (no preguntéis), el flim tiene incluso ritmillo. Además, está rodado con ese brío de steadycam y lentes de ojo de pez que permiten, por supuesto, que los planos se vea molones y, más importante, que todo esté enfocado. Como en el porno gonzo, pero con Lance Henriksen. Así ahorras en días de rodaje y presupuesto. La cinta hace además gran uso de uno de los recursos favoritos de Albert que aparecerá sin interrupción en sus siguientes películas: el subjetivo del disparo o arma arrojadiza. He de reconocer que es un plano que me encanta, y que rebobinaba la peli varias veces para repetirlo. Claro que, para cuando ya lo había utilizado unas ciento treinta veces más en ‘Adrenalina’ u ‘Omega Doom’, sus dos siguientes películas de cierto empaque, ya estaba de ellos hasta concretamente la parte interior del escroto.


A propósito: Ay, ‘Omega Doom’.

Ay.

Pocas veces una película ha conseguido ponerme en un estado de desesperación nerviosa tal que me ha dado cagalera. Ésta es una de ellas. Decir que su visionado es sólo frustrante es como llamar 'pelusilla' al bigote de Tom Selleck. Si ‘Knights’ era una muestra de las ligeras virtudes de Pyun, ‘Omega Doom’ es un catálogo de sus horrores. El finstro, protagonizado por Rutger Hauer, es una ovra totalmente personal del director. No sé si recordaréis que ya comenté su amor por Toshiro Mifune y las películas de samuráis. Unámosle su gusto por Sergio Leone. Así que un día se levantó de la cama, se tomó un café sin sacarina, se golpeó la cabeza contra un muro de hormigón y gritó: ¡Ya sé cómo mejorar ‘Yojimbo’ y su remake ‘Por un puñado de dólares’! ¡Con… CYBORGS!

Nadie puede negarle a Albert que tenga una ovra con constantes claras.

No sé si en ese momento decidió también hacer la misma historia con sólo tres personajes en cada uno de los bandos enfrentados alrededor de un patio derruido de Europa del Este. O si también llegó a la conclusión de que donde fallaban Kurosawa y Leone era en la patente falta de flamenco en la banda sonora. Quizá vio que, para que le tomaran en serio, la película realmente tenía que ser lenta como uno de esos pedos silenciosos que salen pausadamente, crean un eterno momento de incomodidad durante una partida de ‘La llamada de Cthulhu’ que parece no acabar nunca y luego hacen que el ficus de tu salón se suicide.


Si has visto cualquiera de las versiones de esta historia (de las cuales, por supuesto, la mejor es la de Walter Hill con Bruce Willis porque es la que tiene más disparos por minuto de metraje), no hace falta contar mucho. Pero sí es interesante reseñar el uso salvaje de la pantalla verde obvia y esteta al principio y el final de la película, un recurso que adelanta lo que dominará la obra de Pyun en años recientes. Para nuestro regocijo y horror. Es curioso señalar también que la peli era tan personal que fue el canto del cisne del director como guionista (co guionista en este caso, ayudado por el escritor de ‘Troll’ y ‘Cariño, he encogido a los niños’). Y cualquiera que haya escuchado a un cisne cantar sabe que suena como más o menos una trompeta con problemas de flema.



Adrenalina, por sus partes, es una película extraña dentro de la obra de Pyun. No porque sea buena, válgame feck, sino porque básicamente no tiene trama. Es lo que se conoce como ‘porno de túneles’: un grupo de policías futuristas (creo que ninguno es un cyborg) se mete por unos subterráneos a perseguir a un mutante que cumple la famosa regla de teletransportación de Jason Voorhees. A continuación, festival de subjetivos de disparos y tontadas varias. ¡Pero al menos sale Chrislanbert! Cualquier película con Connor McCleod siempre tiene algún mínimo interés, aunque sea 'Beowulf'. O más bien no. Pero quizá en ello pensaba Albert cuando se le ocurrió darle el papel más o menos protagonista de 'Mean Guns'.


Su mejor película.

¿Es porque su banda sonora está compuesta de temas de mambo a toda hostia mientras la gente se lía a tiros?

Pues claro que no, leñe. Eso es básicamente insoportable.

Pero, por mucho que me pese decirlo al ser fan de 'Cromwell, Rey de los Bárbaros', 'Mean Guns' es la joya escondida en la filmografía de nuestro rotundo héroe. Lo voy a decir claro: si esta película estuviera dirigida por John Woo, Quentin Tarantino llevaría años dando la tabarra diciendo que es una de las mejores de la historia. Claro que para Tarantino TODAS las películas que podrían aparecer en ente bloj son las mejores de la historia. Y las del resto de blogs también. Y de todo internet.

La película es una de esas ideas surgidas de una limitación presupuestaria: Pyun tenía unos tres días para rodar algo en una prisión a punto de abrirse. Así que se le ocurrió la siguiente trama: un grupo de mafiosos que han traicionado a la organización principal son reunidos en una prisión a instancias de Ice T. Gracias a peich no les canta un rap, sino que les da un montón de armas y les dice que se maten los unos a los otros. Los tres que queden en pie, ganan el perdón y un premio.

Y, a partir de ahí, a liarse a tiros.


Al contrario que en 'Adrenalina', hay algunas subtramas de cada personaje rodadas como si tuviéramos que tomárnoslas en serio. Pero da igual. Aquí la cosa va de copiar el cine de tiros de Hong Kong. Y vaya si se divierte Pyun haciéndolo. Una pena que la peli no esté editada en Widescreen (formato de todo el cine de Pyun) para comprobar el amor que le puso el director a esta cinta. Que además saliera decente con sólo unas horas de rodaje fue un milagro. Coñe: a Christopher Lambert, el puñetero protagonista, sólo lo tuvo en el set durante dos días. Disparando sin parar a un puñado de extras que, sí: mueren varias veces. Pero no importa. El caso es que mola y está rodado todo con alegría. Con muchos colores y unos altibajos extrañísimos de ritmo. Pero a esta altura del artículo no es que esté acostumbrado a estas dos constantes: es que si no fuera así la película, me cabrearía.


Pero el flim tampoco fue a ninguna parte. Como la propia carrera de Pyun. Intentó rodar una película más con vistas a cierta distribución cinematográfica: ‘Postmorten’. Una especie de clon de combate de ‘Seven’ bastante más contenida de lo normal para Albert, y con Charlie Sheen antes de convertirse en un chiste para toda la prensa mundial y un héroe para ente bloj. De hecho, era una época en la que intentaba que lo tomáramos en serio entre noviazgos con actrices porno y denuncias a ‘Guinea Pig’ por ser una peli snuff. Así que, en un movimiento que me parece entrañable por recordarme a otro similar de Mike Oldfield, la firmó como ‘Charles Sheen’. Por qué eligió a Albert Pyun para relanzar su carrera como actor serio es algo entre él y su camello habitual.

Rodada en Escocia en apenas diez días, la película parece un poco mejor de lo que debería teniendo en cuenta su presupuesto. El guión es rutinario, pero decente y la cosa se puede ver y olvidar. Recuerdo que incluso algún crítico nacional intentó recomendarla como una pequeña joya perdida por culpa de la mala percepción que se tenía de su director. ¿Sería el inicio del renacimiento de la carrera de Pyun?

Pues claro que no, joder. Después de esto, cerró la década de los 90 con una bastante ignota trilogía de pelis de negros con Ice-T y, a veces, Snoop Dog. Que no pienso ver porque lo que realmente tengo ganas es de pasar al presente siglo y poneros al día de lo que ha estado haciendo Pyun durante los últimos 12 años.

Un breve adelanto:

Hostia. Hostia puta.

26 agosto 2012

Ya llega...


El 'Darnái Rises' decepcionó. 'Brave' no tenía magia. 'Prometheus' daba risa…

Este verano nos ha dejado con la picha encogida.

Pero aún queda una película.

La elegida. La salvadora del verano.

Garci... es nuestro señor.


Un tal Ángel Andarondo, con el sabio remontaje del trailer, ha demostrado entender la jrandeza que se nos avecna:

19 agosto 2012

Albert Pyun y yo (Parte 1)


El primer post que escribí para ente blog hablaba de nuestro viejo amigo Uwe Boll. Allí ya adelanté uno de los motivos por los que me fascinaba este tipo: no se trataba, como la chavalería indocumentada andaba diciendo por aquellos entonces, del nuevo Ed Wood. Boll era en nuevo Albert Pyun.

Seis años más tarde y todavía a) ni he aclarado esa frase, b) ni he explicado quién es Albert Pyun, c) ni he ahondado en el proceso mental que me lleva a arrancarme pelos de la nariz con las manos desnudas cuando estoy aburrido en el cine. Hoy, por fin, voy a hablar por encima de las dos primeras cuestiones. De uno de los directores que más me fascinan. Y aterran, claro.

Digo ‘por encima’ porque no haré un recorrido al uso de su filmografía. Entre otras cosas porque hay que estar muy mal para haberse visto toda la ovra de este prolífico y orondo director. Así que intentaré transmitir las constantes del director de manera somera en el próximo párrafo:

Cyborgs, grandes angulares, post apocalipsis, cámaras lentas, ochenterismo, caos narrativo, focazos, John Woo, kickboxing, steady cam, más cyborgs, planos molones porque sí, ritmo de un niño de cuatro años tocando una batería de juguete. Y cyborgs.

Ala. Ya se ha acabado el post.

No, en serio.

Cambiad de página. Id a ver porno alemán. O, peor todavía: a leer Libertad Digital.


Parece ser que alguno se ha quedado. Bueno. Os hablaré un poco más de Albert Pyun y su filmografía.

Es obvio aclarar que Albert no es un director de dramas ni comedias. Como los hermanos Pang o Nick Rotundo, su apellido le condicionó de nacimiento para hacer películas de hostias. Y una de ellas en particular es la que probablemente fuera vuestro primer encontronazo, de cara y con severo traumatismo craneoencefálico, con este director. Me refiero a su épica vandamiana ‘Cyborg’, uno de los últimos productos (de hecho, el último lanzado en salas) de… ¡La Cannon!

Al menos así fue en mi caso. Vista poco después de su estreno, llegué rápidamente a dos conclusiones:

-Que el tío del póster no se parecía al protagonista
¿Es Van Damme 20 años más viejo? ¿Es un culturista oliendo un pedo? 
-Que si el Van Damme ese no era un Cyborg, ¿por qué coño titulaban así la peli?

-Que era la peor bazofia que me había tragado en la vida.

¡Qué inocente, indocumentado y gilipollas era! El tiempo me ha llevado a relativizar esa afirmación y a avergonzarme de ella. Y a descubrir que el título original era ‘Slinger’, lo cual, seamos sinceros, es un dato totalmente prescindible, excepto para entender el título de la secuela ‘Cyborg: Rise of the Slingers’ en la que está trabajando ahora. Pero no adelantemos acontecimientos.

Por supuesto que el que cambiara mi evaluación juvenil de la película no quiere decir que ahora piense que sea buena. Amos, no me jodas.

La cosa es… artítica. De hecho, quizá inspirado por la mezcla de ver ‘El último combate’ de Luc Besson y una indigestión de costillas barbacoa, Pyun quería hacer una peli en blanco y negro muda. Ante lo cual a Menahem Golan le dio un ataque de la risa. Al fin y al cabo, se trataba de hacer un producto rapidito en el que meter contablemente los gastos de preproducción de ‘Masters del Universo 2’ y ‘Spiderman’, películas que por desgracia para la historia del humor nunca se rodaron, pero para las que Pyun fue uno de los directores considerados.

Claro que Albert tenía su trayectoria antes de llegar a la Cannon. Y es ahí donde yo empiezo a interesarme de verdad en este director. Porque su primera película fue la muy mítica ‘The Sword and The Sorcerer’, también conocida como ‘Cromwell, rey de los bárbaros’ gracias a un distribuidor español seguidor de la tradición de principio de los 80 de parecerse en el título lo más posible a ‘Conan el bárbaro’. Y que, sin embargo, tiene mucho más que ver con ‘Los Tres Mosqueteros’ y con las pelis de Toshiro Mifune. Porque Pyun era, atención, amigo del actor japonés y sus primeros pasos los dio junto a él en Japón. Probablemente emborrachándose de sake.

Para muchos, se trata de la mejor peli de su director, de la que ya he hablado varias veces en este blog. De hecho, tuvo tanto éxito que Dino de Laurentiis le ofreció dirigir ‘Desafío Total’ con William Hurt de prota, lo creáis o no. Sea o no su obra cumbre (que no lo es, como veremos en la segunda parte del post), ya presenta ciertas constantes de Pyun: confusión temporal, su buen puñado de subtramas que nunca se desarrollan del todo y, sobre todo, molonería visual PORQUE SÍ.

Aquí tenemos LA HESCENA que define por qué me dedico a veces a ver películas de Pyun:
¡Filtros!¡Esteticismo!¡ÉPICA!¡Saltos imposibles!¡Espada absurda!¡Plano sin sentido! Pero, sí: Mola. Mucho. Es como ese momento en ‘Golpe en la Pequeña China’ en la que los tres malos, antes de lanzar sus cuchillos, dan una voltereta. ¿Sirve para algo? No. ¿Mola? Sin duda. Una lección que ya aprendió Uwe Boll en House of the Dead (titulada con gran acierto ‘La casa del espanto’ en Argentina) cuando hizo que un zombi lanzara un hacha dando una voltereta.

El plano final de este clip tiene más magia que toda la filmografía de Christopher Nolan. Es algo que alguien como Paul Thomas Anderson ni podría ni tendría el decoro de hacer. Y por eso tiene una prestigiosa carrera. Y por eso a mí me la trae floja.


Y es que Pyun sabe hacer imágenes que se te quedan en la mente como gonorrea en las partes inferiores. Lo de contar una historia decente con ritmo es algo totalmente diferente. De hecho, antes de que Pyun fuera ‘El Enemigo Público del Cine ™’, ya críticos Roger Ebert le pillaron el punto cuando, en su reseña de la época sobre la primera peli del director con la Cannon, ‘Los Centinelas’, comentó: “Esto es un ejercicio técnico, una clase de cine diseñada para mostrar que el creador puede manipular las herramientas de su oficio para su propia satisfacción”. O lo que es lo mismo: un pajero visual. La reseña tenía cero estrellicas, pero, feck, al menos le reconocía buen ojo al, por entonces, chaval. (El flim ese es una cosita un tanto rollo que se distingue por poner mucha música ochentera y focazos tremendos en las escenas nocturnas, amén de la participación de Carey Lowell, uno de mis mitos eróticos de la infancia)
Así me gustaban a finales de los 80. Ahora me gustan TOAS. 

Pyun siguió con la Cannon varias películas más porque Menahem sabía reconocer el talento de mierda cuando lo veía. Sin embargo, primero hizo una escapada con Charles Band que no he visto, llamada ‘Vicious Lips’. Pero teniendo en cuenta que presentó una gran innovación cinematográfica, la prostituta  extraterrestre de tres tetas, YA ESTOY TARDANDO. De vuelta a Cannon, hizo ‘El Tesoro de San Lucas’, una especie de ‘El misterio de la pirámide de oro’ sin elementos sobrenaturales y con menos gracia (comparar películas muy oscuras con películas ligeramente oscuras: placer de freak diletante). La siguió ‘Alien from L.A.’, importante por varios motivos: el primero, porque vuelve a introducir su pasión por escenarios apocalípticos que ya se dejó ver en su segundo flim ‘Sueños radiactivos’ (de la que no hablaré porque acabo de hacerlo ahora mismo. Joer.) El segundo, porque supuso la existencia de otra película. Una de las más lamentables de la historia del cine.

Yo he visto mucha mierda. Pero pocas que realmente me hayan sentado psicológicamente mal. El equivalente a meterse en el cerebro un bocadillo de criadillas con morcilla y nocilla. ‘Viaje al centro de la tierra’, siguiente película no acreditada de Albert Pyun, es una de ellas.

Los bichos de arriba salen en una secuencia onírica. Los de abajo, ni eso.

Resulta que la Cannon estaba a punto de implosionar por hacer el mal en forma de contabilidad creativa. Pero como había vendido los derechos de una adaptación de Verne que comenzó a rodarse tres años antes, tenía que cumplir sus compromisos con los distribuidores internacionales. ¡El futuro de Ízaro Films Espppaña en peligro! Así que Menahem, que no tenía dinero para terminar los efectos especiales de la película dirigida por un tipo con nombre de refresco de soda llamado Rusty Lemorande, pilló la secuela de ‘Alien from L.A.’ y la pegó detrás de 10 minutos ya rodados de ‘Viaje al centro de la tierra’. O eso dice la IMBD y Albert Pyun. Una vez visto el resultado y llorar de vergüenza y pena por el director original, queda claro que Pyun aprovechó los escenarios de su anterior ovra para rodar en dos días cualquier cosa que pudiera llamarse ‘película’. Él dice que se siente avergonzado de “cómo pillaron su filme y lo pusieron detrás de los planos de la de otra persona”. Pero la presencia de actores de una en la otra me hace sospechar de sus afirmaciones, pues más bien revela que Albert fue aquí un mercenario al servicio de la Cannon y ahora se avergüenza del mal realizado.

Albert Pyun se avergüenza de la película. Recapacitad sobre esa frase.

¿Dónde ir tras esta horrible experiencia con Menahem?  Pues directamente a otra horrible experiencia con Menahem. Porque si sus películas no son coherentes, ¿por qué cojones lo va a ser él?

Tras cerrar la Cannon, a Golan le quedaban pelas todavía para un paquete de Chester, una bolsa de hielo y los derechos de ‘Capitán América’. Así que, una vez le dejó a Pyun rodar la oscura ‘Deceipt’ en tres días, insistió en su visión de que Albert era quien tenía que realizar su gran película de súper héroes. La que reverdecería los laureles del israelí. Solo que faltaba un insignificante detalle:

Dinero.

Quién sabe. Puede que Pyun hubiera podido hacer una peli divertida de El Capitán América. O más bien no. Pero desde luego que su visión, en sus propias palabras, ‘psicológica del personaje’ no pudo llegar a ninguna parte. Porque se vio perdido en algún lugar de Yugoslavia esperando, día sí, día no, que apareciera un tipo con un maletín para ir pagando esas tonterías como sueldos, película o, qué se yo… comida.

El resultado es bien conocido por internet. La peli incita al noble arte de abrir agujeros en la pared de tu casa a cabezazos. Algo que se complica si encima tienes gotelé. No porque te pinches más en la frente, sino porque ver ‘Capitán América’ y gotelé al mismo tiempo es peor para la salud que meterle un dedo en el culo sin permiso a Mr.T. Así que pasemos a la segunda etapa de la carrera de Albert: Pyun el artesano.

En casi todas las películas comentadas, el director intentaba poner su impronta estética como fuera. Sus focazos, sus angulares, sus cámaras lentas, sus ideas de guión… todo un artít-ta. Pero tras ver su ‘Capitán América’ hecho una mierda, cómo le cambiaron el montaje de Cyborg (¿quizá para que se entendiera?) y cómo le quitaron el montaje final de ‘Sueños radiactivos’ y ‘Cromwell, Rey de los bárbaros’,  decidió que era el momento de dejar de luchar por la integridad de su obra, convertirse en un artesano y ponerse voluntario a cualquier palabra o acto amoroso de productor.

Lo gracioso de todo esto es que, cuando años después recobró el control total sobre sus películas, la cosa se puso mucho más lamentable y, al mismo tiempo, delirante. Poco a poco, parecía que se le iba olvidando eso de cómo hacer una película. Pero esta historia la dejaremos para la segunda parte del post. Que es verano y ver más de cuatro páginas es algo que seguro que le provoca a los lectores una sensación de aburrimiento y desorientación mayor que la mía tras un maratón de películas de Albert Pyun. Porque Pyun se mete en tu mente. Anida en tu cerebro. Y caga en él.

La segunda parte, aquí: http://vicisitudysordidez.blogspot.com.es/2012/08/albert-pyun-y-yo-parte-2-de-3.html

10 agosto 2012

Un hito en la democracia: el partido griego que sólo consiguió un voto

Política. Esa cosa que tiene a toda Espppaña más desanimada que Yamcha a punto de pegarse con Célula. Eso que llena los muros de Facebook y Twitter de todos mis amigos. Eso que hizo que una conocida francesa me dijera que no le apetecía volver a vivir aquí, porque todos andamos con cara de descomposición estomacal constante.

Obviamente, nunca apetece hablar de los políticos. Pero hasta en ese pozo de inútiles y últimos de sus respectivas promociones en carreras Féber, hay cosas que nos pueden hacer reír. Y no me refiero a la imagen de Montoro en calzoncillos de corazoncitos. Básicamente porque eso, más que sonrisas, haría que quisiera aspirarme el cuerpo vítreo del globo ocular y rellenarlo con lejía. Y clavos.

No: en política hay un fenómeno que a todos nos divierte de vez en cuando. Porque imagino que poca gente va a votar llena de ilusión. Lo normal es acercarse al colegio electoral a practicar el antiguo deporte de mirar las papeletas de los partidos minoritarios absurdos que no conseguirían un escaño ni aunque todos sus candidatos hicieran un flashmob vestidos de Perry el ornitorrinco y cantando ‘Madre soy cristiano homosexual’. Aunque en ese casó SÍ que tendrían mi voto.

Y quizá en los demás. Porque, qué coño: vista la situación política actual, en la que hasta las grandes alternativas a los partidos mayoritarios resultan que generan su buen número de aprovechados indolentes (con una espectacular y sórdida excepción) o son cultos personales al gran líder Kim Jon Rosa Díez con posiciones políticas esquizofrénicas, yo prefiero otra opción: la de la risa. Porque entre corruptos populares (¡forsale!) o perturbados desconocidos, prefiero a los últimos. Al menos, ofrecerían más descojone. Y, si son partidos griegos, tendrían en el congreso a munheres como enta:
La de arriba es la actriz porno Julia Alexandratou (y lo de abajo son tus manos en un lugar inapropiado, so guarro). Por desgracia, Julia, del partido ecologista griego, no se ha nacionalizado española, por lo que nunca la tendremos en nuestro parlamento. Nosotros nos tenemos que conformar con las fotos sexys de Soraya Sáenz de Santamaría y Aribaespppaña, un documento audiovisual creado con la sana intención de que toda la población masculina del país quiera salir en la próxima cabalgata del orgullo gay luciendo un ensanchador anal.

Pero hoy no voy a hablar del partido de esta señora ni de ninguno de las numerosas candidaturas cómico-taurinas que pueblan los comicios nacionales. No por falta de ganas: sabe feck que me encantaría investigar a uno de mis favoritos desde joven: el ‘Partido de la Asociación de Viudas y Esposas Legales’, al que yo desde que tengo uso de razón lo he llamado el PAVEL Chekov.

Tras esta referencia absurdamente forzada a Star Trek, y que debería marcar el cierre de este bloj, os voy a hablar de otro partido. Uno que ha conseguido un resultado ÉPICO en las pasadas elecciones griegas:

Sacó sólo un voto.

Y estaba escrito a boli detrás de otra papeleta. O al menos eso dice su líder, Miltiadis Tzalazidis, que en adelante, para abreviar, llamaremos Miltiadis Tzalaidis. Porque él lo vale:
Molaría en el remake griego de ‘La ciudad no es para mí’. 
De hecho, Miltiadis ni siquiera se votó a sí mismo. Las notas de prensa que han dado a conocer este hecho al mundo no son del todo claras, quizá porque no se han tomado este momento histórico con la necesaria seriedad. Pero parece ser que el líder del partido declaró que no había papeleta en su colegio electoral. Algo que me extraña, puesto que eso en España sería totalmente ilegal. Pero estamos hablando de Grecia y NO VOY A HACER NINGÚN COMENTARIO con las palabras ‘dar’, ‘por’ y ‘culo’. No hay que ser tan obvio.

En los confusos textos de las agencias de noticias parece ser que Miltadis llamó Judas a quien le votó, pero luego se retractó, porque sin duda quería más votos. Y no veo yo a este hombre como alguien con sentido del humor para presentarse por la risa. Como, por otra parte, pensamos hacer Vicisitud y yo las pasadas elecciones hasta que cambiaron la ley electoral. En serio.

El motivo que me hace sospechar que nuestro héroe no es un bromista, sino un perturbado genuino, es que a ningún cachondo se le ocurriría la jugada maestra que define realmente a su partido: el nombre. Está bien hacer formaciones con retretes en el logo o bromas más divertidas como presentarse en España como Falange Auténtica. Pero hay que tener una especial forma de locura que ningún humorista puede alcanzar para llamar a tu partido con un nombre que ya forma parte del Libro Promocional de Bebida Para Barrigudos de los Records:

"Independiente renovando a la derecha, renovando a la izquierda, renovando al Pasok, renovando a Nueva Democracia, no a la guerra, partido de la acción, me deshago de la tierra, me deshago de las deudas, salvo vidas, movimiento griego del trabajo panagrario Paeke", en adelante, para facilitar la lectura, IRALDRALIRAPRANDNALGPDLAMDDLTMDDLDSVMGDTPP. O mejor, el CHEWBACCA. Que siempre quise que existiera un partido con esas siglas, coño.


Observemos toda esa inmensa denominación. Un señor que renueva todo: hasta la decoración al gotelé de tu salón. Que no quiere guerra, que le gusta la halsión, da tierra, te paga lo que debes, se convierte en Superman, salva a un tren de escolares, preña a mil mujeres en ocho segundos y es capaz de viajar en el tiempo para evitar el final de Perdidos. O no tanto. Desde luego, lo de ‘dar tierra’ parece ser cierto: en su programa ofrecía terrenos gratis. O al menos eso es lo que saqué en claro al usar el google translator con una página en griego, idioma en el que sólo sé decir ‘El barco está en el Pireo’, no me pregunten por qué. Según la traducción de mierda, "Las parcelas están situadas en Grevena en un área de 30.000 acres en la casa de Mustafa". Quién es Mustafá es un misterio en que el no voy a indagar porque prefiero gastar mi tiempo en cosas más útiles como intentar ligar. E “intentar” es la palabra clave aquí, claro.

Miltiadis, un señor de 83 años con probable experiencia en mandar cartas al director a todos los diarios nacionales y a ponerse en las vallas de las obras a comentar el trabajo de los albañiles, tiene su pasado político. El tipo ya se había presentado a las elecciones por un par de partidos, y en los pasados comicios marca Falomir que tuvieron que repetirse incluso llegó a obtener 299 votos con su CHEWBACCA. Votos de gente, sin duda, con ganas de cachondeo. O tiempo para leer la papeleta.


Lo acojonante de este caso es darse cuenta de que ni siquiera sus amigos, familiares u ovejas del campo de los acres al lado de la casa de Mustafá le han votado. Paraos un momento a pensar lo profundamente triste del caso. ¿Es que Miltiadis está solo en este mundo? ¿Es que le canta el sobaco y no se lava los dientes? ¿Es que ni siquiera los compañeros de la partida de dominó de la tarde en el bar de la esquina han levantado un dedo por su amigo? Una realidad que, qué queréis que os diga: me pone un tanto triste. Prefiero pensar que todo es como dice el señor: que es un complot de los medios en contra de los partidos pequeños. Que él puede resolver todos los problemas del mundo, pero no le dejan. 

Probablemente no tenga razón. Pero si fuera presidente, seguro que le saldrían de todos lados esos amigos que no le han votado buscando algún favor. Y Miltades sería el último en reír. Junto con todos nosotros.

03 agosto 2012

Lo que hice en mis vacaciones: De orines por el campo


Llegó el verano, y qué queréis que os diga: es necesario salir a la calle porque las señoritas llevan camisetas blancas con tirantes. Prenda que será obligatoria cuando sea dictador del mundo. Esa y las camisas de flores de Chiquito o Steve Howe.

Así que, como tampoco hay nadie leyendo, en lugar de terminar el post épico de escepticismo que estaba haciendo, voy a relatar muy brevemente, como el año pasado (y como está haciendo nuestro colaborador Marlow), lo que he hecho en mis vacaciones.

Básicamente ir por el campo.

Con momentos especiales y profundamente sentimentales como caminar por la cima de una montaña, con una densa niebla que te hace sentir como Heathcliff pensando en su Catherine, respirando humedad y atisbando la silueta de un inmenso animal en la lejanía. Momento que aprovechas para pararte, sacarte el cilindrín, sentir cómo la brisa le otorga vida,  echar una larga meada y, en definitiva, ser uno con la naturaleza. Sólo hay una cosa mejor en la vida, pero no llevaba papel higiénico y en las cumbres borrascosas sólo hay piedras demasiado agresivas para mi cerete.


Porque excretar en el campo es un acto primario necesario que los hombres hemos aprendimos a reprimir, pero que añoramos. ¿Acaso no mean los perros por toda la naturaleza? ¿Quiere decir eso que debemos ser más como nuestras amadas mascotas? Sí en el caso de restregarse en la pierna de una señora de buen ver.

Todo esto parecen divagaciones de una mente perturbada. Y lo son. Pero no me negaréis el poder primario de echar una buena cagada a la sombra de un abedul. O en la playa. Justo como hizo el otro día el Ciudadano Soberano, el cual ya no sólo se dedica a escribir libros que defienden laizquierda mucho mejor que todos los muros de Facebook de mis amigos, sino que acaba de terminar su tercera carrera inútil. Es por ello que durante mi estancia en el hogar familiar me he referido a él como Ash Ketchum: he’s gotta catch’em all!. Según pude adivinar, después de Antropología, ahora va a por una cuarta igualmente inservible. Aunque él defiende que la que acaba de terminar es útil: al menos puede estudiarse a sí mismo como ejemplo de ONVRE definitivo.

Pero no desvariemos. Y no sé por qué lo digo en plural: aquí el único que divaga soy yo. Este periodo vacacional he decidido no salir a las islas británicas como siempre. Ya me dejé lo de comprar el Irn Bru para mi visita a Gibraltar (y esas dos botellas las dejo para quien tenga el valor de concertar cita conmigo y aceptar el desafío). Así que, por aquello de apoyar el turismo nacional, me fui a Asturias y Cantabria.

A trotar por el campo. Será que te sientes mucho más primario en esos entornos, pero, joder: entre mear en un urinario público en Covadonga y meterse en el bosque a regar las plantas, yo tengo clara mi opción: la que te hace sentir vivo y no tener que soportar a un padre de familia mirándote la pisha en el urinario de al lado.

Porque, si bien he tenido pocos contactos con británicos (y, gracias a feck, británicas) estas vacaciones, sí que he estado rodeado de familias con niños jóvenes porculeros. Todas me parecían exactamente iguales, con la excepción de las vascas, a las que se les reconoce no sólo por el ‘aitá’, sino porque el padre, invariablemente, lleva un zarcillo. Y es que, si bien Asturias me pareció una Galicia menos ciclada en la que todo el mundo habla como Alonso, Cantabria estaba bastante invadida por un sospechoso vasquismo que se iba acentuando a medida que viajaba al este y la concentración de mullets aumentaba en progresión aritmética. De hecho, me sorprendió que en esta Comunidad Autónoma la gente hablara con un acento vasco light. O más bien creo que los vascos son los que hablan un cántabro exagerado porque, coño: son vascos.

Pero dejemos de enfadar con tópicos a todos nuestros lectores del norte (for the record, yo soy de origen asturiano en un porcentaje que sólo se traduce en mi capacidad de NO parecer asturiano). Yo estaba con las familias de vacaciones.

Que me cargan un poquito.

Lo siento. Queda feo. Pero es que no quiero estar todo el rato moderando mi muy palabrotera verborrea para que  no me miren mal a la hora del desayuno en el hotel rural. Algo a lo que en absoluto no ayuda plantarse en el comedor, con un 60% de niños de entre 5 y 10 años, con esta maravillosa camiseta:
Pero estoy acostumbrado a las miradas de reprobación, sobre todo cada vez que intento hacerme el interesante con una mujer fermosa.

Menos mal que sí disfruté de uno de esos momentos de conjunción astral ante el cual sólo se puede gritar ¡Cristo Cósmico!: A finales de la visita a Cantabria, hacía un calor acojonante. Yo, eso de ir a playas petadas de, again, grandes familias, me pone nervioso. Así que fui a dar vueltas en coche por el valle del Asón. En esto que nos paramos en un mini-villorrio de cuatro casas llamado Santayana. Allí no había ni bar, pero sí una especie de sitio atestado de cacharros con un letrero: Museo Etnográfico de Joaquín. En realidad, un recinto petado de antigüedades de todo tipo. 

El tal Joaquín era un señor bastante mayor, fumador de puros, muy agradable en el trato. Nada más entrar, nos recibió con amabilidad y empezó a hablar un poco sobre el sitio. Yo me apoyé en una barra, pues el recinto es un viejo bar, mirando casualmente a las paredes. Billetes antiguos enmarcados. Aperos de labranza. Afiche de ‘Los Cántabr…’ 

- ¡Perdone un momento que le interrumpa! ¿Eso son fotos de Joaquín Gómez Sáinz, esto es, Dan Barry? 
- Sí, eso es la peli ‘Los Cántabros’. 
- La que hizo con Paul Naschy. 
- Él es de aquí. 
- Un momento… ¡Eso es un afiche de TUNKA

Efectivamente: en un lugar privilegiado del museo había un buen puñado de fotos y recortes sobre Dan Barry, el mítico (para ente bloj) protagonista de Tunka el guerrero. Mientras me recuperaba del shock, contemplaba cómo el señor Joaquín se recuperaba del suyo. Y es que pocos turistas llegan por allí y preguntan por esa parte de su museo.

Tras charlar sobre la vida y obra del actor, especialista y mito sórdido, el señor mayor, demostrando gran tempo dramático, paró y dijo con cara de pillín: 

- Es que es mi sobrino. Ahí hay una foto de su abuela. 

Viajo a Cantabria y, por casualidad, me encuentro un santuario dedicado a Tunka llevado por un familiar. Que se mostró muy agradecido cuando le hablé de la proyección de la peli en la Monstrua y en Canal+ Xtra. La vida es maravillosamente sórdida.

Por lo demás, pues eso: campo, algo de playa, mucho mear, raciones salvajes para comer, encuentro fortuito con George RR Martin en Avilés por pura chiripa y ganas de rellenar el blog con un post que pocos leerán. Pero es verano y ahora mismo estoy por irme a la calle a ver chicas en tirantes. La tercera cosa mejor del mundo.

PD: Sí. Ya sé que algunas de estas tonteridas ya las puse en mi Facebook. Pero podéis tomároslo de dos maneras: como que mi página en la red social es una especie de primicia de futuros posts para los que estén apuntados o como la verdad: pura vagueza estival.

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