Vicisitud & Sordidez

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Por una parte, soy un tipo de orígenes normalitos, pues nunca tuve ni siquiera el típico tío rico, mi madre era maestra de escuela y mi padre una mezcla impía de Chandler Bing y Homer Simpson (en serio: el buen hombre trabajaba en una fábrica y nunca supe de qué). Por la otra, soy una persona apasionada con todo. Así que, una vez rechacé toda mi herencia natural (marcada por tebeos de la Biblia, flamenco y reuniones familiares en las que mi tía echaba leche con la teta a mi madre), mi vida en lo cultural estaba condenada a elegir entre dos caminos extremos: el primero era enmascarar mis orígenes más o menos humildes y convirtiéndome en un esnob. 

Pero claro: soy un poco gilipollas, pero no tanto. La otra opción era convertirme en un gruñón extremo estilo los dos viejos de los Teleñecos empecinado en poner en evidencia toda muestra de lo que mi abuelo llamaba con gran acierto y sutileza “peer más alto que el culo”. Esto es: como persona de familia media, siempre he odiado las actitudes de superioridad y elitismo en cualquier terreno. Por eso tardé tanto tiempo en reconocer la valía de, por ejemplo, muchos directores culturetas. Si me miraban mal porque me daba pereza ver cierta peli, rápidamente tenía una reacción similar a un israelí frente a un palestino y me cerraba en banda. La evolución mental me llevó a enfrentarme a esta gilipollesca tara con una sutil táctica que poca gente pone en práctica: mejor me lo tragaba todo independientemente de lo que dijeran, reflexionaba por qué le gustaba a la gente y luego, si no me había convencido, me iba a ver ‘Star Trek IV’ y a leer ‘Las Crónicas de la Thomas Covenant’, que son las sordideces que me gustan de corazón. Y así con todas las disciplinas.

Con el tiempo y la bajada de actividad hormonal, me he calmado un poquito. Las actitudes snobs ya no me sientan como una patada en la boca del estómago, sino como un cariñoso bofetón de Terence Hill. Eso sí: hay un ámbito del esnobismo que me puede. Una disciplina que me genera la misma reacción que un litro de leche con el estómago vacío. Una afición que hace que me entren más deseos de depilarme los pelos de los pezones a pellizcos que cuando escucho a alguien proferir la frase ‘rollito canalla’:

Las catas de vvvvvvvino. Y, si en lugar de decir “vvvvvvino”, escucho que les llaman ‘caldos’, me dan ganas de sacrificar pequeños cachorros a Kali-má. En serio: cuando oigo el palabro en un informativo entro en modo berserker y empiezo a gritar como un perturbado. Hay quien ha dicho que hasta me pongo a hablar en lenguas. En palabrotas de otras lenguas.

Todo este odio irracional empezó cuando comencé a ir a restaurantes en los que te dan a probar el vvvvino, momento en el que se crea un instante de absoluta vicisitud con varios posibles cauces de acción:

a) Avergonzarse ante las amistades, poner cara de interesante y decirle al camarero que está bien con el mismo arrastre de palabras a media voz con la que yo hablo normalmente a una actriz pelirroja. Algo así como “psisibuenoyasiesodejala”.
b) Dar un trago y decir “¡Echa vino montañés, que lo paga Luis de Vargas!” para horror del camarero y tus acompañantes.
c) Tomar la copa, menearla como si estuvieras acariciando una teta, olisquear, sorber un poquito, decir que ‘excelente’ y, a continuación, proferir las palabras equivalentes a leer ‘hoy toca ducha’ en el orden del día en un campo de exterminio:

“Interesante vvvvvino, con cuerpo. Porque es que yo he hecho varios cursos de catas y mi vvvvida ha cambiado”.

Es el momento de huir. O de tomarte esa pastilla de cianuro que tenías guardada para cuando tus sobrinos te obligaran a ir a ver ‘Los Pitufos 2’.

Yo no hice ninguna de las dos cosas la primera vez que me encontré con un diletante del vino, el ex de mi mejor amiga que, por otra parte, era un tipo agradable. Pero ese día quise matarlo. Sobre todo porque luego empezó a zamparme sus teorías sobre cómo la nación surge de la tierra así en plan mágico. De esas ideas idiotas ya me encargué en otro post. Ahora voy a por toda la tontería que rodea a los vinos. Vvvvino. Vvvvvvvvvvvvino.

Al principio, pensaba que era cosa mía. Que miles de libros escritos sobre el tema no podían estar equivocados. Que me dejaba llevar por las mismas filias y fobias irracionales que me hacen babear con jóvenes francesas bajitas y eróticas y salir corriendo ante una gigantesca diosa de ébano (decidme racista, pero uno no puede combatir lo que le dicta su posha). Y  no me dediqué a investigar. Hasta que un día, hace más o menos un año, llegó a mis manos cierto estudio gracioso. Uno que abría la puerta al cachondeo:

Frédéric Brochet (con Gil Morrota y Denis Dubourdieu) pillaron un vino blanco y le pusieron un tinte rojo, sirviendo sendas copas de cada color. Llamaron a unos 54 expertos y todos describieron con alegría ambas como si fueran dos vinos distintos. Es más: a cada uno se le asignaron palabros que normalmente describen a vinos de su supuesto color. La conclusión del estudio: que hay una percepción ilusoria entre el olor y el color del vino. Esto es: nada concluyente, porque no se trataba de un experimento a ciegas y lo que concluyeron los especialistas no era que no se pudieran distinguir las clases de vinos (tal y como se dice si lees por internet artículos basados en este experimento), sino que lo visual se impone a lo olfativo, quedando este sentido descartado. Eso sí, plantaba en mí la duda razonable de que todo fuera una soplapollez, sobre todo porque se puede inferir mucho cachondeo de la terminología vinícola (obsérvese que obvio decir ‘enología’ para intentar mantener la calma, pues no puedo evitar, sea o no cierto, que la palabra me recuerde a otras maravillosas pseudociencias que añaden “-logía” a cualquier palabra para molar más).
Al Stewart se gastó todo el dinero que le dimos por 'Year of the Cat' en sus vinos. Y luego encima hizo un disco conceptual sobre ello. El muy desaprensivo.
Y es que pocas cosas son más divertidas que ir a un restaurante y leer las abigarradas descripciones de cada uno de los vvvinos. Auténticas obras maestras de la chorradología (¿lo véis? Con –logía todo suena mejor) y, al mismo tiempo, de la literatura de ciencia ficción.

Porque, como pude comprobar cuando seguí investigando, frases como “Polvoriento, con aromas a tiza, seguidos por menta, ciruelas, tabaco y cuero; sabrosa cereza con acentos de roble”…están llenas de chorradas. Y no sólo porque a ver quién puñetas quiere beber algo que SEPA A TIZA. O, ya puestos, que mezcle ciruelas con tabaco. Puñetas: no parece un vino, sino el famoso triffle de Rachel en ‘Friends’.
Y la gilipollez se hizo anuncio.
Algunos dirán que soy un polemista y que ellos sí que notan los sabores en sus cursos de catas a las que les llevó su novio esnob. “Pues, con entrenamiento, yo sí que he llegado a distinguir el sabor a grosella con un ligero regusto a banana, cardamomo, roble y pipí de gato”. Pues vale. Sólo tengo que deciros: sumad vuestra evidencia anecdótica con algo mucho más poderoso: la sugestión. Con el adecuado ambiente y las adecuadas técnicas de persuasión, estoy convencido de que se puede convencer a cualquiera con una polla en la boca que eso que está chupando sabe a panqueque a las rosas con culís de fresa.

Así que ¿cómo cojones va a saber un vino a manzana, moras o sobaco de luchador de sumo si es sólo un conjunto de uvas? Según los expertos, existen tres tipos de aromas. Los que da la uva, los que se producen durante la fermentación (que ahí es donde entran todos esos que nos dan tanta risa cuando leemos una carta de vinos) y un tercer grupo que engloba a los olores ambientales procedentes de cómo se ha conservado el vino, los que varían con el tiempo y los que han sido producto de un hechizo del profesor Dumbledore.
El Terror No Tiene Forma
Y, obviamente, esto, con páginas y páginas de literatura a sus espaldas y miles de profesionales y gentes faltas de  aficiones más edificantes que pagan dinero por echarse vinos a la boca y a veces a escupirlo (menudo desperdicio: cuanto más vino ingieras en una cata, mejor sabe todo; hasta el la taza del váter en la que estás potando), es cuanto menos que dudoso.

Un estudio del Journal of Experimental Psycology de 1996 demostraba que incluso los expertos no son capaces de identificar más de tres o cuatro componentes. Así que ya podéis hacer avioncitos de papel con las cartas llenas de descripciones que no cabrían en un twit.

“Bueno, pues se inventan algunos de los sabores. Pero otros son totalmente ciertos, ¿RIGHT?”


Pues va a ser que no. ¿Recordáis el ejemplo ese de la tiza y la menta que puse hace unos párrafos. Pues ahí va otro: “Aromas prometedores de lavanda, hierbas tostadas (¿hierbas tostadas? ¿Pero alguien se come hierbas al horno si no van acompañadas de un pollo?¿O se refiere a otro tipo de hierbas que se fuman?), arándanos y grosella”. ¿Cuál es la gracia? Pues que, tal y como recoge el propio estudio, ambas descripciones son del mismo puto vvvvino. Siete sabores por un lado y cuatro por otro y no coinciden ninguno.

Pero, claro. Errar es humano. Los catadores no son máquinas. Y existen, de hecho, Maestros Sumilleres que ganan una pasta por su trabajo y apenas superan las dos centenas de personas debido a lo escrupuloso de su selección. Pero entre sus capacidades reales no está el detectar estas humorísticas listas de sabores. Lo que sí parece ser que pueden hacer, además de detectar enfermedades del vino, (y de esto no he encontrado ningún estudio científico al respecto, pero parece razonable) y lo que, según he leído, es lo que les hace ganarse el título, es  detectar ciertas propiedades del vino que le permiten delimitar la región y variedad a la que pertenece. Pero la clave es que inferir que eso signifique que un vino sea mejor o tenga un sabor espectacular es un non sequitur nivel afirmar que porque te llevas calzoncillos ajustados, te gusta practicar sexo anal con los calcetines puestos.

Así que pasamos a lo más importante de la cuestión. Que te dejes llevar por colores, ambientes o incluso la música que suena mientras tomas un vino (o, por extensión, cualquier alimento) para inventarte sabores me parece gracioso y da para hacerse el ingenioso delante de los amigos a la hora de pedir la carta de bebidas en un restaurante. Lo chungo de verdad es cuando todo eso se convierte en un circo de mercadotecnia. Porque todos damos por hecho que, independientemente de grosellas y mentas, vinos blancos y tintos, los más caros han de ser mejores que los más baratos. ¿RIGHT?


Frédéric Brochet, el del estudio del tinte, no paró con esa muestra de hyper-trolling, sino que hizo otro experimento. Pilló un vino de calidad media y lo metió en dos botellas diferentes. Una en plan superchupi la mar de pija y otra con pinta de haber sido arrebatada de las manos de un sin techo a las puertas del Mercadona. Y se las dio a varios expertos.

A estas alturas del artículo, no os tengo que decir los resultados.

Bueno sí, que es bueno regocijarse de las vicisitudes ajenas de gente que cree que pee más alto que el culo. Al beber de la botella pija, se describió el vino con palabras como ‘complejo’, ‘equilibrado’, ‘agradable’ y, en definitiva, ‘para llenar de amor viscoso mis Calvin Klein de 100 dólares’. Cuando se probó el supuestamente barato, los adjetivos variaban entre ‘flojo’, ‘plano’, ‘defectuoso’ y ‘puaaaaaj’.

Pero, claro: este experimento tiene los mismos problemas que el del tinte: realmente habla de cómo el entorno puede afectar la percepción, anulando las capacidades. Seguro que en condiciones experimentales con protocolo ciego sí que se distinguen con claridad los vinos normales de los caros, ¿RIGHT?

(Ya está bien de poner el video de Kevin Sp...

…no pude resistirme)

Según un artículo de The Wall Street Journal (porque no he podido rastrear en este caso el estudio original), Robert Hodgson, un profesor de estadística dueño de un viñedo, se planteó averiguar si las notas que se le ponen a cada vino (y que son esenciales para los posteriores precios) eran consistentes o no superaban al azar. Así que hizo un experimento distinto, esta vez totalmente ciego. En el sentido científico del término, joder. Que tengo que hacer el chiste malo antes de que alguien lo ponga en los comentarios.

El procedimiento ciego era el mismo utilizado por los jueces que anualmente califican los vinos. Evidentemente, como en todo concurso, no saben qué vino están bebiendo. La diferencia malandrina es que Hodgson sirvió a los 70 jueces unos 100 vinos a lo largo de dos días, pero la gracia es que cada vino se daba tres veces (siempre de la misma botella, claro).

El resultado: los puntos otorgados a cada uno de los tres vasos de cada vino variaban a lo loco y que rara vez superaban el azar. Y los jueces que consiguieron más consistencia un año, la cagaban al siguiente.

Así que las catas que dictan los precios y el prestigio de un vino son un fraude. Todo ello quiere decir que, obviamente, da igual el vino que se baba, porque todos saben igual, ¿RIGHT?

All together now: WROOOOOOONG!!!

Claro que no, joder. Cada vino sabe distinto, aunque sea de manera sutil. Lo único es que hay mucha tontería alrededor. Pero eso no es culpa del producto en sí, sino de gente que se aburre lo suficiente como para elevar a cotas absurdas de pseudociencia lo que es simplemente una bebida que mola desde tiempos inmemoriales. Así que la conclusión es obvia: ¿Te gusta el vino? Pues me alegro. Prueba varios de un precio razonable. Y quédate con el que más te guste a ti, sin matarte a inventarte supuestos sabores que hacen que parezca que estás hablando de la nueva carta de polos de Frigo. Mi madre, por ejemplo, ahora que ya ha superado el trauma de ser agredida por leche materna de mi tía, siempre se dedica a pedir vino que le agrada para sus tintos de verano sin importarle que sea un poco más caro del normal. Porque no hay que tenerle miedo a la policía del vino ni nadie te va a arrestar por atentado al falso buen gusto. El vino no es dios. Al menos no en cantidades moderadas.

Pero por supuesto que no has de decantarte obligatoriamente por la botella que cueste más dinero o la que se diga que es más chachipiruli. Y si resulta que el que el vvvvino que te gusta más es uno de mesa cutre de 2 euros la botella, pues mejor para tu bolsillo. Feck, cierta publicación llamada Journal of Wine Economics reconoció en un estudio de 2008 que cuando los consumidores no saben el precio de lo que están bebiendo, tienden a disfrutar más los vinos más baratos. Así que bebe. Emborráchate. Aseguro que tras ocho copas te va a importar un cojón lo que digan los críticos y estarás más concentrado en entrarle a la espectacular pelirroja de la mesa de enfrente. Que es en realidad un turista inglés rubio de cuarenta y ocho años.

Son las ventajas de la intoxicación etílica: Ayudando a ligar desde el neolítico.

Es jodido decirle a alguien que esa disciplina en la que ha invertido tiempo, dinero e ilusión está llenita de tontería. Por eso espero airados comentarios e insultos a este post. Y por eso yo he estado meses leyendo sobre el tema y añadiendo a favoritos los enlaces a los estudios y artículos. Que no pienso poner, porque, como siempre en estos posts escépticos, os invito a que no creáis lo que yo digo, sino a que investiguéis por vuestra cuenta. Al resto, sólo tengo que decirles una cosa: Aquí ya hemos sufrido el nerd rage. BRING ME THE OENOLOGIC RAGE! BRING IT ON!

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Santiago Bergantinhos dijo... 22 agosto, 2013 10:01

En la serie Weeds hay una escena genial en la que la protagonista ve a dos ricachos snobs hablando de vino. Un presume de tomarse botellas de a 3000 dólares la botella, y la tipa no puede resistirse a preguntarle si nota que está mucho más rico que uno de 300 (que ya es pagar una pasta por una botella, ya). El tipo, campechano él y sin importarle su explicación de nuevo rico, le replica que lo hace porque se lo puede permitir, nada más. Eso: lo que le mola es que es caro, le pone poder tomarse algo que muy poca gente puede.
Después de esa revelación la vendedora de grifa decide lo lógico: vender su producto haciéndolo pasar por algo exclusivo y en cantidades limitadas, a un precio exorbitado, y como es lógico se forra.

Me extraña que no hayas hablado sobre la competición que hicieron entre vinos californianos y franceses, que se ha repetido dos veces. Si el catador sabe lo que toma, ganan los franceses (sesgo de tradición y de prestigio), y si no saben lo que hacen ganan los californianos.

Otra cosa que siempre me ha hecho mucha gracia es lo del vodka. Básicamente es alcohol rebajado, de hecho cuanto "mejor" es el vodka más químicamente puro es, así que en realidad cuanto más caro y exclusivo es el vodka más se parecería al vodka "ideal" que puedes hacerte el casa con alcohol de farmacia no desnaturalizado y agua destilada en proporción 40-60. Pero por una botella chula y una etiqueta con nombre bonito pagas una pasta.
Ah, el sublime arte de separar a los tontos de su dinero.

mortiziia dijo... 22 agosto, 2013 10:11

Jrandísimo. Esto, con menos detalle, lo había visto en la serie Bullshit de Penn y Teller: en un restaurante les ponen el mismo vino de cartón, pero uno lo echan en botella, y a la gente se le deshace el ojete elogiando uno y puteando el otro.

Yo entiendo muchísimo de vvvvino: entiendo que unos me gustan más que otros, ahí es nada. Y que normalmente a mismo precio me gustan más un vino chileno, californiano o argentino que uno francés. Sobre todo en Estados Unidos, la diferencia de precio por ser el vino francés es brutal.

Linyáve dijo... 22 agosto, 2013 10:12

Soy enólogo. Y no puedo más que arrodillarme y aplaudir.

Solo un apunte: la cata es una herramienta para detectar enfermedades en el vino antes de comercializarlo.
Sobre el absurdo ritual en que se ha convertido ya lo has dejado claro.

Sigo aplaudiendo mientras comparto el enlace en facebook para que lo lean mis colegas de profesión.

Paco Fox dijo... 22 agosto, 2013 10:18

Supersantiego: ese ejemplo de vinos californianos vs franceses es uno de los párrafos que he dejado fuera por motivos de ritmo. Creo que ya con lo del colorante quedaba claro el tema de la sugestión. Además, es el experimento más conocido, como bien dices. Y te doy las gracias: la semilla de este artículo la pusiste tú cuando me mandaste lo del I-Wine (porque fuiste tú, ¿no?)

Linyáve: interesante puntualización. Creo que debería meterla en el propio post. De hecho, lo voy a hacer.

Paco Fox dijo... 22 agosto, 2013 10:22

Mortiziia: No recuerdo eso de Bullshit (¡Que pronto se emitirá por primera vez en España en Canal+ Xtra!), aunque sí el muy parecido 'experimento' del agua embotellada. Cuando sirvieron agua de manguera con la etiqueta 'AGUA DE CULO' me moría de la risa.

Jaime dijo... 22 agosto, 2013 10:26

Dos cosas:

Envido a tu Kevin Spacey y subo con el chuache y su VRONG!

http://www.youtube.com/watch?v=p8-HDUBbtgQ

Dos (y lo comentamos in person), tengo un amigo catador que sostiene que el proceso de cata debe ser inverso. Es decir, a la gente le gusta este vino, ¿qué tiene que haga que les guste? ¿Cómo podemos conseguir más de ese tipo de sabor y menos de el otro tipo que no les gusta?
También dice que no hay una relación entre calidad y precio, pero para nada, y que uno puede encontrar vinos estupendos por precios muy baratos.

Yo soy guitarrista, y te puedo asegurar que con los sonidos de las guitarras es igual o peor, encima con el agravante de que hay otro elemento importante, que es lo cómoda que sea de tocar (que todo hace). Lo jachondo es que, si uno se pone a probar, a todo se puede sacar diferencias, pero se llega el punto de la ridiculez muy rápidamente... PERO MUCHO (tanto rápido, como ridículo)

(Actualización) Lo del agua de botella también tiene su aquel. Encima hay algunas que saben fatal. El caso es que salen más caras que la gasolina a poco que el agua sea medio pijilla...

Cutty dijo... 22 agosto, 2013 10:30

¡Clap, Clap, Clap! Tiene usted más razón que un santo. Mis amigos y yo hicimos un día una cata ciega (para ponernos ciegos, entiendase), con puntuación y comentarios y monóculos, a lo elegante, y todos coincidimos en que, cuantos más vinos pruebas, más buenos están. De hecho, el último nos pareció tan bueno, que tuvimos que ponernos un güiscazo.
Yo me quedo con la escena de Aquí no hay quien viva en la que el portero va a cenar a un restaurante, le dan a probar el vino y, después de menearlo, olerlo y mirarlo, dice muy serio: "pues sí, es tinto".

Jaime dijo... 22 agosto, 2013 10:37

Y otra cosa que se me pasaba. Si se nombra a Al Steward, hay que poner ESTA MARABIYA

http://www.recordsale.de/cdpix/a/al_stewart-year_of_the_cat(2).jpg

Que no todos los güanjitgüonders tienen tanto estilo, hombrepordios....

Paco Fox dijo... 22 agosto, 2013 10:39

Joer, Cutty: me he reído dos veces con tu comentario. Creo que es mejor que el post, de hecho.

Jaime: en guitarras, en equipos de sonido, en las tontadas de vinilos frente a CDs (eso daría para otro post)... el esnobismo de marketing está por todas partes.

Paco Fox dijo... 22 agosto, 2013 10:41

Jaime (again): Yo es que estoy ahora en una fase muy Al Stewart. 'Modern Times' y 'Past, Present, Future' son casi tan buenos como 'Year of the Cat'. Y no paro de escuchar 'Electric Los Angeles Sunset' del 'Zero She Flies'.

Yoyo dijo... 22 agosto, 2013 10:46

Otro experimento de andar por casa: Apostad en cualquier bar a cualquiera a que no es capaz de distinguir entre tinto, claro y blanco con los ojos cerrados.

Jaime dijo... 22 agosto, 2013 10:47

Paco: Me refiero a nivel estético (además de que Year of The Cat es una canción fabulosa). Es una de mis portadas favoritas de siempre... Tengo el vinilo por ahí heredado de mi madre ;-)

Santiago Bergantinhos dijo... 22 agosto, 2013 10:52

Sí, Paquiño, en la presentación del libro de Eligio en 2011 hablamos de esto.

Oye, que hay gente que es incluso más peor: los que se ponen exquisitos con los de coscacola / pichicola e incluso entre las distintas variedades de éstas.

A mí me decía un colega que las distinguía todas perfectamente. Que no dudo que se podrá hacer si tienes el paladar sensible, pero en su caso fumando como un carretero dudo que distinga una vaso de La Casera de uno de salfumán.

Por no hablar de los que dicen que distinguen un cubata de Ballantines de uno de JB cuando andan cocidos a las 4 de la mañana. Anda que cuando me ha dicho un colega "el mío de JB, ¿eh?" la de veces que se lo he traído de la primera botella que había y se lo han tomado sin rechistar. O una amiga mía camarera, que a los que estaban echando la partida de cartas con la faria pedían el carajillo de Soberano o de Terry. Eso me decía: de la primera botella a la que echo la mano y ninguno se ha dado cuenta todavía.

Miguel A. Jaen dijo... 22 agosto, 2013 11:14

Si ya lo dijo el siempre pedo Moran

https://www.youtube.com/watch?v=DSMs77v2oNk&feature=youtube_gdata_player

Guillermo dijo... 22 agosto, 2013 11:39

Y lo mejor de todo es si sabes realmente como han producido esas maravillas de vinos. Gracias al acero, vinos planos en serie que se mezclan con aromas, baten en serrín o diluyen con añadas no vendidas...

Miguel Angel dijo... 22 agosto, 2013 11:42

Plas, plas, plas, plas... me ponga 2 y la yerba aparte po favó!!

spanjaard dijo... 22 agosto, 2013 11:51

Mi tío Ramón (exjugador de pelota mano) me daba a beber del porrón un clarete con posos cuando yo tenía seis años. Cuando tenía siete me daba a probar tinta de Toro sin refinar pero con gaseosa. Sentado en el escaño y picando unas almendras tostadas. Sin retóricas. Han pasado décadas y sigue ofreciento el mismo brebaje. Malo pero querido. Creo que lo mantiene vivo.

Poco más hay que decir para mostrar que el vino tiene un origen humilde. Alrededor se ha construído lo mismo que pasó con la etiqueta en la mesa. Gabachos que decidieron no mancharse los dediles comiendo y que inventaron los cubiertos, pero trasladado al vino.

En el resto del continente donde daba el sol se produce el mejor peor vino del mundo. De hecho a la mitad de nuestros vecinos las ranas les jode que no les arree lo suficiente y por eso plantan Gewürztraminer, Riesling y otros orines blancos alsacianos. Un crack como Tolo Sanchez ha dicho que nuestro peor vino es mejor que muchos mejores vinos.

Sustituto del agua en los lugares donde no era potable, servido durante siglos en jarras de barro refregadas con el mandil y desinfectadas con las puntas de los dedos de ese posadero que metía mínimo tres al llevarlas a la mesa, hay que reconocerle que el tinto que está bueno, se nota. Nos lo vendan como quieran, en frasca o en bota, en bordelesa o en esas fuentes de vino del territorio tintorro. Si un vino gusta eso es una característica emocional. De los sentidos. Luego ya va desde "cóñoquébuenoestá" hasta la etiqueta "sivalecuatrocientoslabotellayaentiendoporquéestádecojones".

Me extendería pero estoy seco. Y no son horas de andar abriendo botellas. Menos aquí, en la oficina. Un placer, seorpaco.

Richi Melide dijo... 22 agosto, 2013 12:18

Genial!! De alguna manera te has metido en mi cabeza y has escrito lo que pienso sobre el vino... pero mejor ;)
Por cierto, hablando de snobismo y marketing, ¿qué me decís de la moda de los gin-tonics? Hasta las cojones que ver capullos pedir cosas raras para tomarse... ¡¡¡¡UN PUTO GIN-TONIC!!!!

Juan dijo... 22 agosto, 2013 12:40

Como ex-fumador, y sufridor de rinitis, siempre pensé que mi paladar y sentidos no eran lo suficientemente agudos como para llegar a las frutas además del vino, pero con el tiempo y esfuerzo, me dí cuenta de que no estaban.

Puntualizo una cosa que siempre me ha llamado la atención: el Whisky si es una disciplina donde las cosas huelen y saben a madera y otros matices puesto que se tira 15 putos años en un barril, plus el garito que tienes que montar para destilar... eso si merece un plus de precio y un más que digno Jack Daniels cuesta 20€ la botella.

No obstante, en el mundo-vino, 20 euros es gama media tirando a normalita, cuando no han hecho más aplastar uvas y dejarlas 6 meses a oscuras, con lo que sin duda las cosas valen lo que la gente está dispuesta a pagar por ellas.

hermanastra dijo... 22 agosto, 2013 12:49

Hola, qué tal? Soy la del ex con paladar. Sólo puedo sonreír mientras se me cae la baba. La experiencia con el enólogo -que a pesar de eso era, como dice Fox, un tipo agradable- me hizo descubrir que hay vinos que me gustan -cuando yo creía lo contrario-, y a distinguir algunos sabores. No hay tanta variedad como se supone. Ni siquiera la mitad, aunque tengas un cromatógrafo bajo la nariz. Las descripciones de las etiquetas y catálogos que se leen en los vinos son para fusilar al amanecer y sin juicio previo. Y no entiendo cómo carajo alguien sabe cómo son las 'notas de cuero' -¿qué hace, pasar la lengua por el sillón del abuelo?-. Se sufre mucho. Desde entonces, cuando voy a una cata, aprovecho para hacer de terrorista y completarle las frases al enólogo o decir que algo sabe a 'gomibaya'. Y procurar emborracharme prontito mientras habla que es, creo, lo que planeó hacer conmigo el enólogo, con muy buen resultado para él. Más allá de fondos de crema y vanilla, grosella y violeta.

Eye dijo... 22 agosto, 2013 12:56

Gracias por el artículo, alguien tenía que decirlo ya, copón.

Soy bebedor habitual de vino, y curiosamente el que más he disfrutado en mi vida era una cosa innombrable que alguien fermentó en su casa y guardaba en una bota, durante la cosecha de la aceituna. Echabas un trago después de almorzar y aquello era como la poción mágica de Astérix... Dudo que ese brebaje ganase un concurso de catas, claro, y ni falta que le hacía: nos levantaba el alma a toda la cuadrilla.

El chiste está en que ese amiguete "experto" que agita su copa de vino para ver cómo resbala por el cristal, y lo huele como un perro trufero, no parece disfrutar demasiado del acto de, bueno, beber vino.

KeScI dijo... 22 agosto, 2013 13:14

Bueno, bueno, bueno, nunca apostaba que vería un post sobre vino en vuestro blog, pero mira, "sorpresas te da la vida".

Y como enólogo de esos que ha estudiado 4 años la carrera universitaria, solo tnego que hacer unas pequeñas puntualizaciones con vuestro permiso.

Sabores solo hay 4, por lo que difícil que "sepa a tiza" cuando solo hay: dulce, salado, ácido y amargo.

En lo relativo a los aromas del vino, hay una relación diferente entre un mismo aroma y diferentes personas que se basan en su "experiencia olfativa", esto es, que cada uno recuerda un aroma según el contexto que lo haya olido, y queda grabado de esa forma en su memoria.

Siguiendo con los aromas, creo que no he leido nada en vuestro artículo sobre la "nez du vin" (San Google para ver lo que es ;) ) en la que se "educa / entrena" el olfato para distinguir y clarificar en tu memoria los aromas, muchos de los cuales aparecen reflejados luego en la publicidad.

Una vez puntualizado esto, solo añadir:
1] Muchos textos sobre las características de los vinos dan pena/risa.
2] El vino mejor del mundo es aquel que más te guste, no el que cuesta más
3] La enología es una ciencia agraria (aunque lleve el sufijo de "logía" ;) ), porque a día de hoy el vino no se hace sólo.
4] Todo catador es autosugestionable, al igual que cualquier persona, pero es trabajo del catador el no serlo, aunque a veces por un fajo de billetes o algún regalo es más fácil de convencer de las virtudes de algún vino.
5] La próxima vez que vayas a un restaurante pide el vino que te guste de antemano, y si no lo tienen pide de la Denominación de Origen de ese vino, así no tendrás que decir nada, y con un simple "es el que me gusta" quedarás menos snob ;)

Oenologist has left the building...

Paco Fox dijo... 22 agosto, 2013 13:52

KeScl: Me alegra mucho que un experto en el tema esté de acuerdo con las conclusiones del artículo. Interesante lo de la educación del olfato, pero no encontré ningún estudio al respecto, por lo que no lo nombré. ¿Es algo real o sugestionado? ¿O, como tantas cosas, la verdad es mitad y mitar? Pues no lo sé y sin apoyo científico no me meto en ello.

Spanjaard: He notado buscando fotos para el post que los españoles somos mucho más terrenales y sobrios (por ahora) con las catas de vino. No hay tantos ejemplos de descripciones fantásticas como en cartas francesas o anglosajonas. Eso me llenó de orgullo patrio, claro.

Hermanastra: Con lo de 'Gomibaya' he soltado una risita en plena oficina. Mi jefa me ha mirado raro por tu culpa. Que lo sepas.

Paco Fox dijo... 22 agosto, 2013 13:55

De hecho, KeScl, estoy agradablemente sorprendido de comprobar tanto aquí como en el facebook y otras redes, que la gente que DE VERDAD sabe de vinos tiende a estar de acuerdo con el post, y la única persona que se ha cabreado es un compañero de curro un poco snob (pero yo le quiero igual) cuya experiencia es de alguna cata suelta y muchas malas amistades.

KeScI dijo... 22 agosto, 2013 14:41

Estimado Paco,

lo de "Nez de vin" es una caja con aromas (esencias) de diferentes tipos, desde florarles, frutales, defectos (olores negativos), etc. Sirve para identificar más correctamente el olor en cuestión, puesto que en el vino a veces hay una mezcla de ellos en muy baja proporción, lo que hace dudar al que lo huele si se trata de una cosa u otra. Es un "entrenamiento olfativo", por llamarlo de una forma menos académica, pero por experiencia puedo decir que es real. Tampo sé de estudios científicos que avalen este tema, pero no son necesarios puesto que el aroma a geranio huele a geranio y se puede comprobar oliendo un geranio, y así con todos los demás ;)

Es lógico que los que estamos en este mundo coincidamos en lo que dices, y aún tenemos más críticas que las que reflejas (lo de los premios de vino del año o de una Denominación de Origen o de una Comunidad daría para otro post largo y profuso), pero preferimos decirlo en "petit comite" para que la gente no piense que solo hay medias verdades en este mundo, que por culpa de algunos lo estropean más que lo dignifican.

Por cierto, me acuerdo en una clase de cata que recibí hace tiempo, que el profesor nos comentó sobre los términos empleados a la hora de describir el aroma de un vino, que cierto famoso catador había dicho de un vino que: "huele como las enaguas de una monja cuando se levanta por la mañana". Las cejas de los asistentes se levantaron cual Carlos Sobera, y a todos nos quedó la duda de cuándo y cómo coño fue capaz de olor eso, y sobre todo el cómo.

popthewine dijo... 22 agosto, 2013 14:49

Dicen por ahí que la Liga de las Bodegas Malignas tienen un plan secreto para que baje el consumo de cerveza. Básicamente este plan se basa en incluir "notas de cata" en la cerveza.

Hay muchísimo esnobismo en el sector tanto del vino como de la gastronomía (y preparémosnos porque llega la cerveza).

El principal problema, y punta de lanza del esnobismo, es la "mal entendida" figura del sumiller. Un sumiller debería de ser la persona que lo ha bebido todo acompañando a todo tipo de platos... la sumillería es un "arte", no es un título que se pueda entregar tras hacer un cursillo, requiere bastos conocimientos, mucha experiencia y mucha memoria (una vida bebiendo vinos).

Un sumiller de verdad, en un restaurante, o en cualquier sitio, a la hora de recomendarte un vino, lo primero que va a preguntar es que te gusta, que le digas, por ejemplo, una marca de vino que te guste (y si le dices que lo que te gusta es el lambrusco no pasará nada porque a el también le gusta) y gracias a esos bastos conocimientos, muchas pruebas y errores, podrá recomendarte algún vino para la ocasión para la que quieres descorchar e incluso si quieres un vinito para tomar todos los días).

En vez de hablar de "grosellas", "fresas" o "vainilla" te hablará de "suave", "ácido", "ligero"... que son las palabras que todo el mundo entiende.

Olvidamos que los aromas del vino no son nada más que recuerdos de olores que tenemos almacenados en nuestra memoria, el vino no huele a fresas sino que resulta que tiene un componente químico que nos recuerda su olor y por lo tanto en cada persona la percepción de un vino es completamente diferente.

Las únicas personas que conozco y que respeto a la hora de valorar los vinos son mis clientes, que son los que lo pagan y se lo beben.

Paco Fox dijo... 22 agosto, 2013 15:03

O sea, que un sumiller es exactamente lo que yo siempre he entendido que es un verdadero crítico de cine: el dependiente de videoclub. El que te pregunta si te gustó tal de Van Damme y te recomienda entonces una determinada de Jason Statham.

Anónimo dijo... 22 agosto, 2013 15:22

Qué jran post! Aquí un licenciado en enología por la UPV (aunque no ejerzo) que a los pocos meses de carrera se dio cuenta de la cantidad ingente de tontería que impregna este mundillo, alcanzando incluso a los propios profesores que llegaban a hacer el ridículo a unos niveles muy altos, hablando, por ejemplo, de aromas a "corteza de naranja podrida"

Anónimo dijo... 22 agosto, 2013 15:22

Por otro lado hay variedades que dejan olores en los vinos muy característicos, como el pimiento verde de algunos monovarietales de Cabernet Sauvignon o el pipi du chat de algunos blancos, pero vamos, de ahí a la "hierba recien cortada sobre la que ha retozado una joven virgen" (plagiando a alguien) hay un trecho..

Shirokuri dijo... 22 agosto, 2013 16:22

¡Bravo! Creo que hoy Paco ha hecho una jran ovra social plasmando el sentir de buena parte de la sociedad en ente artículo ¡y además con estudios que lo avalan!

Porque, no nos engañemos, todos hemos pensado alguna vez que muchos de esos supuestos "entendidos" en vino no son más que la versión 2.0 de esos charlatanes que vendían tónicos milagrosos curalotodo en el Oeste. Lo que no quita que, como se ha visto en los comentarios, haya gente que de verdad sepa de vinos, por supuesto.

Sorpéndome de no haber leído la mágica palabra que, en mi grupo de amigos, se convirtió en símbolo inequívoco del esnobismo vinil: "taninos", palabro que descubrí gracias a los microespacios de vino que emitía Canal Cocina hará unos 10 años.

Spacialace dijo... 22 agosto, 2013 18:05

Yo tengo un cuñado muy aficionado que ha hecho cursos de cata y, cuando le ponen un vino se limita a coger la copa, probarlo y decir "está rico" o "no me gusta". Al final se reduce a eso. Hay mucha pedantería en el mundo, ahora se ha puesto de moda, como comentaban más arriba, lo de los gintonics de diseño. Vamos a ver: GINTONIC. Ginebra y tónica. Sin pepino, gajos de manzana, tronchos de coliflor ni semillas de cardamomo (Por cierto: ¿Qué coj... es un cardamomo?) Y con la comida lo mismo. Recuerdo una vez que nos estábamos zampando un cabrito asado, en una tasca, y una mujer muy cursi comentó que "Estaba exquisito y tenía un aroma sutil a campo". La respuesta obvia se la dio otro de los comensales que zanjó la conversación con un "Pues si, señora. Está cojonudo" Ese onvre si que sabía

poquetacosa dijo... 22 agosto, 2013 18:50

Traigo dos frases que vienen a cuento de este magnífico post:

"En esto del vino lo que hay ultimamente es mucha tontería"
Un amigo, enólogo él.

"Una buena cata suele tener un 10% de nariz, paladar y vista, y un 90% de labia"
Dicho por otro enólogo durante un curso de cata.

Chema dijo... 22 agosto, 2013 18:55

Ha sido leer ese "echa vino, montañés/ que lo paga Luis de vargas" y venírmese a la cambenza este momento fílmico apañol

(Recomiendo no saltarse la intro de Luis Peña. Por el arrance memory que se marca, que creo soberano)

http://www.youtube.com/watch?v=bAWo31NU2Zk

Analizar la letra cantada con ojitos caedizos por Doña Concha tampoco tié que ver con el vino, pero es tannnnn de lo que creían los letristas que la censura se tragaba sin enterarse, pero enterándose...

Saúl Ares dijo... 22 agosto, 2013 20:05

Como ya lo han pedido tanto aquí como en el feisbuk, veo que hay gente que no sabe que el post sobre gin-tonic ya existe: lo hizo Leo Harlem en forma de monólogo:

https://www.youtube.com/watch?v=LmPBX8frNnc

Perro Harkonnen dijo... 22 agosto, 2013 20:25

Yo, como ex gilipollas del vino que soy, solo puedo decir que hay dos tipos de vino: el tinto recio para hombres y las mariconadas que beben las nenazas (blancos, claretes y tintos que no merecen tal denominacion) y una forma de tomarlo, frrrriiio como la polla de Walt Disney.
Cuando por fin deje de hacer el capullo (las desventajas de vivir en medio de una denominacion de origen) cada vez que me venia el camarero a que probara hasta la sangria (juro que me paso en un chino), me senti liberado, pero casi demasiado tarde. Me pase a la cerveza. E, incluso, casi la cague con una cerveza que saco la Damm para el restaurante de algun guru de la cocina "moenna", venia con su carta de cata y al probarla intente identificar sus sutiles aromas, menos mal que sabia a mierda pura y deje de hacer el chorras.
Por ultimo, recordar a todo el mundo que TODO EL VINO DEJA UNA RESACA DE PUTA MADRE, tenedlo en cuenta antes de pimplaros dos botellas con la cena...

Eligio dijo... 22 agosto, 2013 21:16

Me alegra saber que la presentación del libro "La Viña Vieja" sirvió de aglutinador para la pequeña idea de la que surgió este jran artículo. Todo un honor y una alegría. Y unas risas...

Por otra parte, durante la escritura del libro curré con un enólogo, y muchas de las cosas que expones aquí (con más gracia, por supuesto) ya me las comentaba él. Así que el tiro no va en absoluto errado.

Lo de los aromas tiene algo de lógica, pues es una forma de hablar del vino y sus propiedades (como comentaba muy bien el que hablaba de la "nez de vin"), pero les ha pasado como a los filósofos con el posmodernismo (o a ciertos críticos de música): que se les ha ido de madre el invento y se ha convertido en refugio de snobs y horteras con verborrea.

Yo reconozco que no sé demasiado de vinos y que no soy un gran aficionado (y me encantan cosas de nenazas como los blancos dulces) pero que en La Rioja, estando de visita para documentarme, en una bodega me dieron un gran reserva que solo sacaban para las visitas, y aquello estaba de la hostia. No sé por qué ni cómo, ni si sería sugestión o porque el trago de algo tan caro me salía gratis, pero aquello sabía muy bien... Supongo que algo hará que los dejen tanto tiempo en el barril y que seleccionen con más cuidado las uvas...

La baja de la Cava dijo... 22 agosto, 2013 21:31

Mi único contacto con la enología se reduce a mi tío, que es un genio de la ciencia enloquecido -como casi todos los genios- y que escribió un estudio sobre las propiedades químicas del zumito de uva; y un primo cretino que está estudiando para enólogo, y se cree todas las chorradas que sobre los caldos se cuentan por ahí.

La pasada Navidad, ambos acabaron la comida familiar con una bronca de chupa y dómine gracias a un pique de sabores, texturas, aromas y calidades de un vino que mi primo intentaba comercializar y mi tío despreció porque era muy malo.

Conclusión: mi tío sabía lo que decía, mi primo se lió a soltar gilipolleces para demostrar que su vino era bueno. Yo me descojonaba en un rincón, y llegué a la conclusión de que "le jente ehtá mu loka". Ahora ya sé por qué.

De hecho, ¡qué coño! Ya tengo tema divertido poniéndole este post a mi primo las próximas Navidades, para que termine echando espuma por la boca e invocando a Cthulu. ¡Va a ser la risión! ¡Gracias!

Anónimo dijo... 22 agosto, 2013 23:33

Yaaaa, ahora nadie ha sido xD

Render dijo... 23 agosto, 2013 19:58

Comparto punto por punto todo lo que dices. De hecho, hace ya bastante tiempo, me dio por escribir la valoración de un calimocho al estilo de las críticas de vinos (vvvvinos) que salen en los suplementos semanales, lo malo es que no se dónde coño la metí...

Render dijo... 23 agosto, 2013 20:00

Y además soy vasco, vivo en La Rioja y no me gusta el vino, asi que imagina lo harto que estoy de esas chorradas.

Marlow dijo... 23 agosto, 2013 22:51

¡Magnifico articulo, Paco! Hasta diria que es necesario traducirlo al inglés y publicarlo en mi pais de origen donde suelten MUCHAS gilipolleces sobre el vino.


El actor comico inglés Terry-Thomas, que siempre hacia de malvados "snobs" siempre fingia ser un sumiller experto en restaurantes de lujo pretenciosos para reirse de ellos cuando le traian los vinos para probar, despues de esnifalos, ponia un poco en la palma de su mano y lo escuchaba antes de dar su veredicto.

Ferkaos dijo... 27 agosto, 2013 09:51

Hola Paco,
Muy buen post sobre el tema del vino, todo hay que decirlo.
Soy aficionado al mundo de vvvvino desde hace ya por los menos 15 años y empecé desde ir haciendo mis propios experimentos probando por mi cuenta, digamos desde la ignorancia, para ir definiendo a ti mismo lo que te gusta hasta con el tiempo, ir asistiendo a cursos de cata, para ampliar horizontes, ser socio de una vinoteca y toda esa parafernalia. Tuve la muy buena suerte, de que el enólogo que llevaba la vinoteca (ya quebró) es un tío que estaba muy de acuerdo en que la relación calidad/precio del 90% de los vinos de hoy, es de cachondeo. De hecho, era una vinoteca de barrio, de esas que los vecinos, que van a alli, ya les jodia un huevo pagar mas de 7 euros por una botella, luego este señor siempre se dedicó a tratar con vinos de entre los 3 y los 12 euros. Alguno mas caro había, ya que siempre hay algún billetoso que no le importaba pillar un Priorato a 30 pavos la botella, pero no era la tónica general.
Yo he descubierto vinos de entre 4 y 7 euros, que dejan en pelotas a muchos de 20, pero no te imaginas cuantos. El problema es que es difícil sacarle a un snob de la cabeza la soplapollez de que si un vino vale 50 pavos, va a ser cojonudo si o si.....¡¡¡y una leche!!!! Menudos tasajos inmundos he probado por 20 y 30 pavos...

Otro tema es el de los aromas. Cierto que si entrenas un poco la nariz, como decia KeCsl si que puedes conseguir detectar bastantes aromas en los vinos, tanto buenos como malos, pero no tantos como dicen en un solo vino. A lo mejor si estas fresco y despejado, en una copa, detectas 4 o 5 que son los mas claros y mas evidentes. Para el resto ya habría que hilar MUY MUY fino. Que ves algunas etiquetas de las botellas, con la descripción de la cata, te sirves una copa, metes la nariz un rato, vuelves a mirar la nota de cata y te dan ganas de hacerle vudú al que la escribió. Ademas señores, los sentidos se saturan y a la tercera copa, la precepción sensorial, cae en picado.
Cuando cates (perdon, quise decir bebas) un vino, quédate con los 3 o 4 detalles que te han gustado de el y punto. Unos lo lamará grosellas y otros lo llamara chicle de fresa. El caso es que te guste y punto. Yo tengo un abanico de vinos muy asequibles que bebo habitualmente que, comparado con todo los que he catado, es muy muy reducido, pero no me salgo de esos porque, oye, son los que me gustan y los que me tomo. Si te dejas llevar por lo que va saliendo año a año, al final acabas haciendo el payaso y mas "liao" que la pata de un romano.

Y otro tema ya es el de los maridajes......ahí si que se pueden escuchar autenticas gilipolleces. Si algún día te animas a un post sobre maridajes....te haré un comentario "Premiun"....a no coño, que esto es de las ginebras.

Un abrazo compañero.

Paco Fox dijo... 27 agosto, 2013 10:01

Hola, Ferkaos. Gracias por el interesante comentario. De verdad que estoy asombrado del nivel de gente que está trayendo este post. Sobre todo porque se ha entendido el point. Y, hoy en día, la gente en internet tiende a comentar, más que sobre lo escrito, sobre lo que cree haber leído.

No sé nada de maridajes porque no he encontrado estudios científicos sobre el tema, por lo que lo dejé fuera del artículo. Ya lo del experimento del vino blanco/vino tinto me agudizó mi lado escéptico, pero me quedé ahí. Lo máximo es lo que decían en otro lado: los (buenos)sumilleres que recomiendan vino con las comidas lo que hacen es de dependientes de videoclub: averiguan qué le gusta al cliente y recomienda. Sospecho que lo de 'con el pato a la naranja pega tal o cual vino porque sí' es una chorrada, pero sólo lo sospecho. MUCHO.

Ferkaos dijo... 27 agosto, 2013 10:16

A Paco Fox:
Es que lo de los vinos es de cachondeo (y lo dice un aficionado a ellos) pero hay que tener dos dedos de frente para que no te tomen el pelo.
Que muchas veces estas en algún sitio, o en algún cocktail de una boda de esos que van sacando copitas de vino y por una vicisitud del destino das a parar con un grupito y hay alguno en plan “entendiu” que esta “pues el vino blanco este que sirven….muy rico, tiene un puntito refrescante que le da un sabor afrutado”….y tu acabas de dejar la copa en la mesa de al lado según lo has probado porque estaba más caliente que el queso de un San Jacobo y a eso le estaba subiendo el acido acético de tal manera que te lo podías guardar para aliñar la ensalada de los entrates, con un poco de aceite y sal.
No hay pauta, el vvvvino bueno es o son los que te gustan a ti, y punto. Que te gustan afrutaditos, pues dale a los rosaditos, que te gustan espesos y abigarrados, pues dale caña a esos Rioja de Gran Reserva capaces de disolver un filete por efervescencia…
Lo que mola es tomarlo, y divertirse (que para eso se toma ¿¿no?? ).

Ferkaos dijo... 27 agosto, 2013 11:08

A popthewine:

Cuánta razón tienes compañero. Para ser un buen sumiller, hay que gastar mucho vino probándolo con muchas comidas distintas hasta que das con el plato que le va fetén. Hasta cinco veces he visto yo a un amigo sumiller pifiarla con el mismo vino hasta que encontró lo que le iba mejor. Y ojo, que si al sumiller le encanta tomarse unos buenos judiones de la granja con un tinto recio, lo mismo también están buenos con un buen rosado fresquito.

Y en el fondo, lo que se busca, es que el sumiller te diga eso: que es un vino pues suave, dulzón, o ácido o muy seco, etc, que es lo que la gente entiende. A lo mejor términos más sofisticados como “afrutado” y “sedoso” también caben. Pero como empieces con aromas de tinta china, cuero, casís, o monte bajo…..las caras que te pone la gente son de descojonarse.

Avutardo dijo... 27 agosto, 2013 12:36

Viniendo el texto de alguien con vicisitudes gastrointestinales de alto standing, me alegra profundamente leer este texto.

Yo achacaba el no entender ni p'atras tanta chorrada con el vino a mi condición de comepiedras y paladar insensible: sólo distingo entre "etto é agua con azuca", "hostiacomoarrea", "ta ico", y "coke needed".

Y claro, leer que dos "hostiacomoarrea" tienen descripciones frutales y aromáticas totalmente diferentes pues como que me hacía sentir raro. Algo así como cuando me intentan explicar la diferencia entre lila y fucsia.

Supongo que el frikismo inherente a la condición humana se manifiesta en cada uno por dónde le sale del carajo. Estas movidas no tienen otra explicación.

mortiziia dijo... 27 agosto, 2013 12:52

Dos cosas muy buenas he aprendido en los comentarios: que existe ¡una licenciatura de enología! y que existe la palabra «sumillería», que a mí me suena a una romería donde de tanto catar vino cae uno redondo sobre las matas de tomillo.

Cuidadín con las catas de cerveza, que en algunos sitios en NiuYol ya he pressenciado fiestas de apreciación de la cerveza que consisten en pagar $50 por cinco dedales de cerveza y 3 dados de queso adornado con flores y cuchufletas varias (no comestibles). Y si lo hacen en NiuYol, pronto le puede dar por hacerlo hastaal Bar Paco de la esquina.

Ferkaos dijo... 27 agosto, 2013 13:09

Si lo del vino ya tiene tela, lo de las catas de cerveza es una engañifa de las buenas. Si a mi me cobran 50 euros por catar 6 cervezas, como poco espero salir de alli habiéndome bebido no menos de 5 o 6 cervezas, en un estado mental digamos lisérgico y habiendo forrado las pareces estomacales con suficiente comida. Nada mas lejos, hay ya tiendas solo de cerveza, y ver que venden cervezas artesanas de 33 cl a 9 malditos euros. ¡¡NUEVE!! ¿¿Pero estamos locos o que?? Coñe que no deja de ser un "zumo de cebada" dicho asi....

Y a los sumilleres, a algunos en algunos restaurantes es directamente para cortarles las manos o peor, porque a veces tiene uno la sensación de lo tratan como aun gilipollas.
No me suelo dejar aconsejar mucho por el sumiller, salvo que vea la carta y no conozca ni un solo vino, ni una sola DO. Y si aun así, si veo un vino que me gusta, pero me van a pegar la clavada del mes por la botella, pues cervecita fresquita oiga para comer, que esta muy rica y es digestiva.

Nuria dijo... 27 agosto, 2013 13:20

Yo tengo un ejemplo lamentable. Estando servidora y señora a punto de comer, me dijo mi churri: como todavía queda un poco del gazpacho del carrefú que te da tanto asco y acabo de comprar del bueno, me pongo yo lo que queda del malo y el bueno lo empiezas tú. Vale, estupendo.
Cuando fuimos a sentarnos a la mesa no recordábamos qué cuenco llevaba qué. Nos pasamos toda la comida cambiándonos el gazpacho a la voz de "yo creo que es este" "pues no yo creo que este otro" y así. No conseguimos averiguarlo.
Pero es que a mí me daba verdadero asco. Mucho.

Denantes mortos que escravos. dijo... 27 agosto, 2013 18:01

Somentes um espanholista recalcitrante demonstraría sûa inoráncia duas vezes seguidas. O vinho é umha das máis senlheiras manifestaçoms de cultura, e nom ten nada que ver um Rosal con um Barrantes ou um Alvarinho.

Está claro que para um mesetârio irredento coma o do blogue todo o que nom seja Ribeira do Douro ou Manzanilha (pra tomar com presunto mentres ve os touros na televisom centralista) é purria e merda.

Os patriòtas, mentras, segueremos a desfrutar dos vinhos nacionâis.












¡ATCHONBURIKÉ!

Alberto MdH dijo... 27 agosto, 2013 22:53

¡Quiero felicitar a los autores del Bló! ¡Ya tienen un Troll residente!

Pako dijo... 28 agosto, 2013 13:03

Felicidades por el post y ya puestos por el resto del blog.

Creo que no has mencionado el tema de lo viejuno en los vinos. Eso de que un vino de 40 años o los que sean pueda estar bueno y gane aromas, sabores y mil historias...

Por lo demás perfecto. Y como creo que han mencionado en los otros comentarios, estaría genial otro sobre esa moda reciente de los gintonics (y lo dice uno que no soporta la tónica).

mad_gcc dijo... 28 agosto, 2013 17:26

Un chintoni es un combinado de una buena ginebra (No, la Larios no entra en esa categoría), una tonica decente (¿Nordic Mist?, por favor...), hielo de *excelente* calidad, y una miaja de corteza de limón o lima (naranja NO).

Teniendo en cuenta lo anterior, sólo existen en este mundo para mi 2 clases de vinos. Los que me gustan y los que no. Y si encima son baratos, mejor para mi bolsillo. Y oiga, no suelo equivocarme en los que elijo... :)

Perro Harkonnen dijo... 28 agosto, 2013 23:37

¡Hostias!un troll gallego...
Le voy a dedicar una canción que le cantábamos a un encargado gallego que tenia hace años y que le tocaba mucho los cojones...

(cantese a ritmo de muñeira)
los gallegos de Galicia
cuando van de procesión
llevan un gato por santo
y una vieja por pendón
(finalicese con el tiriri que cantaba Millan Salcedo, de los martes y trece, en el anuncio de atún Rianxeira cuando Josema Yuste le pisaba...)

Por dios, que ningún gallego de bien se me ofenda, que esto solo es para darle vidilla al cateto del troll.

Esther dijo... 29 agosto, 2013 03:21

He asistido a algunas catas en el que el grado de plastez y moñerío era tan grande que me tenía que contener a mimisma para no ponerme mode escenadesubastaenconlamuerteen lostalones y pedir un poquito de casera o de fanta de limón para rebajarlo, que está muy fuerte. Pero me he comido el muñón, que una sólo es mala de pensamiento, una pena.Por otro lado, pofesionalmente me resultan de interés las descripciones de las botellas (o de las cartas) para ponérselas a los alumnos como comentario de texto.
Quicirte, Paco querido, que en el nuestro barrio hay una vinoteca estupenda donde los sábados por la mañana suelen hacer unas catas muy apañadas. Lo lleva una gente bien maja, de lo más simpático, sencillo y profesional. Es debajo dencá mi madre, al lado del Burger King...no me acuerdo del nombre, ains.

Anónimo dijo... 31 agosto, 2013 03:28

Jrande y le ruego que escriba otro artículo sobre el nivel de comomolismo al que está llegando el asunto de los runners. ¿Recuerdan cuando uno iba a correr simplemente con una camiseta vieja y unas zapatillas decentes? Miren esta web y sorpréndase de la tontería a la que hemos llegado:
http://www.gadgetsparacorrer.com/

Nekonekno dijo... 31 agosto, 2013 19:10

En México sucede algo similar: cuando vas a comprar café a Veracruz o Chiapas (que aquí entre nos, se me hace muy ricos y no me irritan para nada la panza), te lo venden en una bolsitas tejidas a mano en hilo de yute. Pero vas al Starsucks y... ¡válgame dios! Un café en 65 pesos (5 dólares). Yo con 125 pesos me compro un KILO de café y lo preparo a mi gusto (grande, no VENTI y todas esas chorradas). Y he comprobado que el café del Starsucks apesta pero allí va todos los hispters esnobs a gastar el dinero (seguramente del erario, porque sólo los hijos de los políticos se pueden esos "lujos"). Por la revindicación de que todos podemos ser catadores y expertos en alimentos. Lo de la moda lo que te acomoda.

spanjaard dijo... 02 septiembre, 2013 15:11

Anónimo, a hostia diaria voy yo con el gremio de los corredores. Me explayaré tanto como haiga farta.

ari dijo... 03 septiembre, 2013 00:03

Con la cerveza sucede algo similar. Cuando se trata de la "onda joven", o que consumen los jóvenes ni hablar, o incluso la marca consumida en una u otra "clase" social. Deberías publicar algo al respecto.

Antonio Saiz dijo... 03 septiembre, 2013 01:22

Borat lo clava
http://www.youtube.com/watch?v=y_S-BmQ4KF0

Fer dijo... 04 septiembre, 2013 12:53

Pues si lo del vino es fuerte, leed las notas de los "nexpresso": aromas a tabaco, café cultivado a 2000 ms de altura, recuerdos de frutas... me han regalado una maquinita de esas, y sí, hace un café muy rico, y encuentras diferencias entre uno y otro café (más fuerte o menos fuerte, más cargado o menos, las prisas con las que te lo tomes) pero de ahí a encontrar lo que dicen los de Nexpresso hay un mundo de tontería; de por medio

No os olvidéis del mundo del aceite de oliva.

Y en dos días, todos analizando la leche en brick y sus cualidades organolépticas, si es mejor la del DIA, la de Lidl o la Puleva

Anónimo dijo... 06 septiembre, 2013 20:36

La conclusión de este artículo es por consiguiente que es mejor conducir un coche de los 50 de la URSS que poder disfrutar de los que el mercado nos ofrece, porque para ser sinceros, quién espera que se evolucione si podemos seguir disfrutando del tintorro echao en vaso en lugar de vinos bien elaborados. Si no estás preparado para ir a locales con una carta elaborada de vinos, no vayas; si no sabes cómo comportarte con un camarero cuando te da a probar un vino, bébete el mejunje de turno, esté en condiciones o no porque al fin y al cabo los perjudicados son tus acompañantes, dado que a tu paladar le trae al fresco; en cuanto a si un vino tiene distintos sabores y aromas, es evidente, si sirves de la misma botella pero espaciado en el tiempo, ya me dirás a qué te sabe la primera y la última, porque en realidad evoluciona. Ahora bien, me parece que lo único que hay de esnobismo aquí son todos los ácolitos que te siguen incrédulos y que viven felices en la ignorancia de su simpleza. Está bien eso de tirar por tierra un trabajo bien hecho de profesionales bodegueros y de sumilleres y camareros para regocijo de la platea, así nos va. Me alegro de no trabajar ya en hostelería. Un saludo.

Paco Fox dijo... 06 septiembre, 2013 20:45

¡Premio! Enhorabuena por haber conseguido NO haber entendido nada del artículo, especialmente la conclusión. Requiere esfuerzo.

Anónimo dijo... 06 septiembre, 2013 22:12

Es cierto no he entendido lo que he leído, que los catadores están supeditados a errores que ni el propio Jean Lenoire podría explicar, tienes razón. Que nos dejamos engañar por lo visual, es cierto, si ves un Morgan por la calle seguro que te das la vuelta, no te paras a pensar si tiene un motor de un 2 CV. Que de un vino se puede decir mucha literatura, también, cosa de la que me alegro, claro que viendo la opinión que tienes de nosotros los empleados de videoclub entiendo tus livianas palabras. Cuando tengas ocasión, ahora que te ha entrado el gusanillo por entender el vino escucha hablar a Carmelo Rodero, así a lo mejor tu opinión es más positiva.

Gudari Brikolari dijo... 07 septiembre, 2013 14:30

Render, si es por notas de cata del kalimotxo, siempre puedes poner "fondo de aroma de cogollo de maría recién cortada del tiesto, con notas de pota de punki piesnegeos de alta expresividad".

Anónimo dijo... 11 septiembre, 2013 22:13

En tiempos fui director de una bodega y solo puedo decir una cosa: amén. Y eso que no conocéis las interioridades del mundillo. Pero vamos esto no ocurre solo en el vino, en una cena con amigos uno de ellos dijo que no seriamos capaces de distinguir, a ciegas, entre coñac, ron y whisky. Bien, ninguna de las 8 personas que allí estábamos lo conseguimos y eso que algunos hicimos dos rondas. Cuando lo cuento nadie me cree y sinceramente yo tampoco lo haría si no lo hubiese vivido.

Jaime dijo... 16 septiembre, 2013 17:00

Otro mundillo por el estilo: El café...

http://blogs.elpais.com/gastronotas-de-capel/2013/09/la-hora-del-cafe.html

Elam dijo... 09 febrero, 2014 07:14

Jajajajajaja. Ahora sólo te falta hacer un curso de gin-tonics para desmontar las chorradas en torno suyo. La verdad es que mis amigos "enólogos" aficionados también son expertos catadores de "gin-tonics". Curiosa coincidencia. Jajajajajajaja

Anónimo dijo... 02 marzo, 2014 12:12

Efectivamente, te falta hablar de los tontos del gintonic que se ponen a pontificar de todo, creyéndose que tienen dinero. Lo que viene siendo CUÑADISMO

Albert Sanz dijo... 23 octubre, 2015 09:53

Hola amigos. Sigo pensando que este es uno de los mejores artículos que habéis publicado, y siempre que me viene algún conocido con la tontería de lo maravilloso que es tal vino, pues le paso el enlace.
El caso es que acabo de descubrir este vídeo, y va de coña para complementar el artículo.
https://www.youtube.com/watch?v=McHwQv4ufe0

Paco Fox dijo... 23 octubre, 2015 10:00

Sí: me compartieron el vídeo en twitter el otro día y me hizo mucha ilusión. Me propuse hace 5 años desenmascarar esta farsa. Tardé un tiempo en leer los artículos científicos al respecto y me alegra que ahora se popularice más gracias a este vídeo mi cruzada personal. :-)

Anónimo dijo... 20 julio, 2016 21:01

Jran bloj, mejor post.

En su día leí el post y creo que me salvó en cierta medida de caer del todo en el mundo de la gilipollez. Andaba yo por entonces reintroduciendome en el maravilloso mundo de la cerveza y poco después de leer esto fui a mi primer cata, de esas de las que comentaba uno más arriba de 50 € para probar 5 cervezas (que no beber 5 cervezas enteras). Cual sería mi alegría cuando el tío que dirigía la cata empezó diciendo más o menos lo mismo que tú, que lo de las notas, los recuerdos, y los aromas a x cosas son bien referencias entre profesionales, bien patochadas... que nosotros no nos dejásemos influir por esas cosas y que hablásemos en nuestros propios términos: "sabe a café, huele a chocolate negro, está ácida, joder cómo pega, deja un gusto así como dulzón, esta es como si rascara, no?"

3 años más tardes, y aproximadamente unas 200 cervezas distintas después, o sea hoy, cuando pruebo una birra nueva mis comentarios suelen ser cosas como "joder como se pasan con el azúcar, esta me va a empalagar, de esta van a caer 2 pintas". Lo que he aprendido principalmente en todo esto tiempo es a conocer una amplia variedad de cervezas e identificar la más prestosina según lo que me apetezca.

Lo que no he aprendido es a detectar intoxicaciones o a valorar si una cerveza es buena o no en función del estilo. Ni falta que me hace, vaya. Eso se lo dejo a los profesionales del tema, yo so más de beber.

Y todo esto lo digo porque sino hubiera leído este post, puede que hubiera salido decepcionado de la canta antes la falta de verborrea snob y hubiera sido susceptible de caer en las garras de los hipsters cerveceros que tanto pululan últimamente y ahora estaría bebiendo cerveza industrial reetiquetada con alabanzas a la pureza del lúpulo empleado y de que es un producto 100% vegano.

 
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