Vicisitud & Sordidez

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Para quienes tengáis la suerte de no saber lo que es un rodaje de publicidad: de lo que se trata, en esencia, es de la combinación definitiva de largos momentos de aburrimiento puntuadas por explosiones de histeria y absurdez. Por supuesto, comenzando a las cinco y media de la mañana y terminando a las cuatro de la madrugada.

Ésta es la historia de un onvre que no supo - o sí supo - poner un adecuado punto  final a la jornada de rodaje.

Are you ready?


Ente onvre, al que llamaremos Heliodoro - y no, no voy a dar explicaciones - se dedicaba a la poco respetable profesión de producción. Lo cual equivale a decir que, después de unas infernales 22 horas de rodaje, todavía tenía que atar cabos, camino a su casa, para el rodaje del día siguiente. En un estado claramente zombi, Heliodoro se metió en su coche a las cuatro de la madrugada mientras enganchaba una llamada con otra. En un momento dado, se para en un semáforo, ve a un pibonaco en el coche de al lado, sigue hablando con alguien del equipo, arranca el coche y…

Una luz azul destella detrás de él.

Conforme para el coche, un agente se acerca y le pregunta “¿Sabe por qué le hemos parado?”. “Pues sí. Porque voy hablando con el móvil al volante y, además, no llevo el cinturón”. “En efecto. Pero es que, encima, se ha saltado un semáforo en rojo”. “¿De verdad? Ni me di cuenta. Eso es que debí despistarme…”

Y entonces llega ese momento en el que el reblandecimiento neuronal de una larga jornada de rodaje te hace suministrar más información de la debida.

“…Es que me quedé mirando a tu compañera, que está buenísima”.

La conclusión no podía ser otra que…

“¡Agente García! (not her real name) ¡Ven aquí, que este señor tiene algo que decirte!”.

Con seriedad y sequedad, una impactante rubia - con su punto algo choni, eso sí, pero tampoco vamos a hacernos los falsos y decir que no existen las diosas de polígano -  llega hasta el coche de Heliodoro mientras el compañero agente le dice “Este señor quiere explicarte por qué se ha saltado el semáforo”.

Heliodoro, tartamudeando, confiesa: “Es que eres tan guapa que me quedé mirándote y me salté el semáforo”.

“Documentación”.

Nervioso, Heliodoro comienza a sacar papeles de la guantera y revolver dentro de su cartera. Y es aquí cuando tenemos que hacer un

FLASHBACK:

Aquejado de frecuentes jaquecas, Heliodoro suele llevarse gelocatiles a los rodajes. Aquella mañana, antes de salir de la productora, tuvo la desgracia de que el gelocatil se le saliera del blister. ¿Cómo procedió? Lo partió en dos y guardó cada mitad en…

Papel de plata.

Que luego metió dentro de su cartera consiguiendo hacerlo polvo.

VOLVEMOS DEL FLASHBACK A:

Dos pequeños sobres de papel de plata caen a los pies de los agentes de policía. Intrigados, los recogen y los abren, descubriendo un polvo blanco en su interior. En ese momento Heliodoro se da cuenta de que están mirando su coche - un Mercedes blanco con tapicería de cuero rojo - como lo han hecho muchos agentes antes con afición a pararle por la carretera: como el vehículo canónico de un buen narco putero.

Lo que antes era sequedad se convierte en agresivo borderío mientras le hacen salir del coche y registran los asientos. Los agentes sacan de su vehículo un kit de análisis de drogas. Mientras pasan los minutos buscando la reacción con los productos químicos, Heliodoro vuelve a dar más información de la debida:

“De verdad que es Gelocatil. Que yo no me dedico a drogarme. Bueno, hasta no hace mucho sólo el porro de antes de acostarme, pero ya ni eso”.

Sorprendentemente, no logra aliviar la tensión.

Cinco minutos después, para asombro de los agentes, el test constata que, en efecto, Heliodoro es un finstro que viaja en un coche de narco guardando medios gelocatiles en papel de plata.

“En breve recibirá la multa. Vuelva a su casa, póngase el cinturón, no hable por el móvil y no se salte semáforos”. Heliodoro se puso el cinturón, no habló por el móvil, no se saltó semáforos y llegó a su casa.

Justo a tiempo para, nada más se estaba metiendo en la cama, recibir un mensaje en el WhatsApp. En concreto, una foto de él mismo en la carretera de Valencia mirando un mensaje recién recibido en el móvil. Mientras Heliodoro alucinaba, recibe un texto: “No deberías usar tanto el móvil al volante”.

Entre la espesura de ideas de las cinco de la mañana tiene un instante de claridad - tal vez por no haberse echado el porro de antes de acostarse - y responde al WhatasApp: “¿Agente García?”.

A continuación, en palabras del propio Heliodoro “Comenzamos a chatear, a encendernos, a calentarnos y…

…Pues acabamos quedando para follar”.

Acto seguido, nos enseñó unas cuantas fotos bien eróticas a todos los presentes - entre la que cabe destacar una pose bien perraca con camiseta de tirantes ante un hórreo - que sólo mereció el aplauso y abrazos múltiples de toda la concurrencia.

Y, por supuesto, la imperiosa necesidad de sacar una moraleja de esta historia. La mía particular es que hay que apoyar la labor de la policía, guardia civil de tráfico y DGT a la hora de sancionar los comportamientos indebidos al volante. Porque, como Heliodoro nos demostró, al final todo es por tu bien.

Pero les invito encarecidamente a que saquen sus propias conclusiones.

(Y que tengan en cuenta a Heliodoro para la votación del #entedelaño2014 y que nos envíen al formulario de contacto onvres y munheres que crean deben aspirar a tan bella distinción).

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Anónimo dijo... 23 agosto, 2014 15:38

Habitual para cualquier tío que conduzca un Mercedes con tapicería nosequé y con llantas nosequemás.

Charlie Marlow dijo... 23 agosto, 2014 16:16

Onvre del año. Game over, man!

Juguetes Sexuales dijo... 24 agosto, 2014 21:13

Si, si,... a mi me pasó algo parecido jajaja

XVISION dijo... 18 septiembre, 2014 12:24

Despues de ver el coche y el "olor" a pasta, no ha podido resistirse (como tantas otras al ver los mismos ingredientes) probar.

Anónimo dijo... 14 enero, 2015 18:42

Una historia muy bonita, pero no me queda claro cómo consiguió la agente García el número de teléfono de Heliodoro. ¿Qué bases de datos maneja la policía?

Si hubiera habido fotos probablemente no me habría preocupado de este detalle, pero al no haberlas no he podido evitarlo.

 
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