Desde Rusia con ardor: los alimentos rusos más sórdidos

Aquí Paco Fox: Tras hablarnos del clon ruso de Harry Potter, Guille Stardust vuelve al blog. Se ve que le ha cogido el gusto. Eso o es una respuesta al comentario de un rusófilo cabreado que le decía que "Me da la impresión de que tu estancia en esa casa de campo se limitó a pagar fantas a chochitos rusos...perdón, vodka, que en rusia (sic) todo el mundo bebe vodka, tiene un oso de mascota y toca la balalaika." Ante tal declaración, sólo hay una acción posible: volver a escribir sobre Rusia.

Os dejo con Guille Stardust:

Heteropatriarcado, foodie, demisexual, trendy, cuqui, runner, chochito… son términos que forman parte del léxico de todo buen cuñado. Hay gente, que lo ha llevado hasta el paroxismo como El Comidista, el foodie cuñado por excelencia del panorama patrio.
El Comidista posa siniestramente con Matrioshkas de col prensada en una emulsión de lágrimas de cortar cebolla.
Desde aquí queremos romper una lanza a favor de esa otra comida, la que no es trendy, no es cuqui y desde luego ningún foodie o runner se llevaría a la boca. Llegados a este punto quiero explicar que he metido la palabra cuqui al principio porque me gusta cómo suena.
Cuqui.
Como respuesta al siniestro señor de El País, y no me refiero a Cebrián, vamos a repasar las delicatessen de un país tan jrande como desconocido; la madre patria del comunismo. La vagina que alumbró a Putin. Rusia.

Doktorskaya

Embutido “Doktorskaya”: 0 de cada 10 doctores lo recomiendan.
Una de las leyendas urbanas que circulan desde tiempos de la Unión Soviética es que esta delicia, una especie de mortadela ahumada, se fabricaba con papel higiénico. Ante la falta de comida (el ser humano ruso es sorprendente), algún jran onvre de la madre patria, al que llamaremos Sergey Sarasov, pensó “a falta de proteínas buena es la celulosa”. Supongo que honrando a Mendeleyev y los Simpsons, recreó la tabla periódica de Oscar Mayer. Estableció que como si de gases nobles se tratase, el Salchichonio está en el mismo periodo que el papel higiénico. El resultado, además de los gases nobles, este sustituto barato y sabroso de la mortadela, un producto claramente imperialista.
Papel higiénico de lija a granel en un súper ruso.
Pero esto me lleva a dos reflexiones; el chef detrás de esta receta merece tantas estrellas Michelin como infartos ha provocado, puesto que para hacer que el papel higiénico estuviese bueno hay que ser un JRANDE. Y la segunda y menos halagüeña. Para potenciar el sabor, ¿usaba el papel ya usado?Inquietante...

Durante la Segunda Guerra Mundial, los conservadores del Hermitage se mantuvieron escondidos en los sótanos para proteger las obras y comían el pegamento para sobrevivir porque estaba hecho de cartílagos de caballo.
Conservador del Hermitage durante el sitio a Leningrado, circa 1942, coloreada.
En mi mentalidad de supervivencia, si estamos ahorrando, lo lógico es que a ese papel haya que darle al menos dos usos. Claro que habiendo tocado el papel en cuestión, no sé si es peor limpiarse con él o comérselo una vez usado. Además me hace ilusión imaginar el reencuentro de esa celulosa con el esfínter anal. Es como ver a un viejo amigo que ha cambiado mucho. Y se ha convertido en un sin techo. Un sin techo heroinómano.

Pero sobre todo, me gusta pensar que el ciclo de la comida se ha invertido, primero ha sido heces y luego comida y no a la inversa. Es jugar a ser dios como solo un ruso podría hacerlo.

Hematogen

Hematogen, ese erizo ha asesinado a tu familia y ha hecho chocolate con ellos (no puedo parar de pensar en chochitos).
Antes de que los metomentodo de sanidad se inmiscuyeran en los negocios de bien (a veces me gusta hablar como en una película mal doblada de los 80), esta chocolatina que contiene hierro, cobre, berilio (que no valirio), vitaminas C y B6, en origen se concibió como un suplemento alimenticio para niños. Y el avezado lector se preguntará qué tiene eso de malo. Pues tan avezado no será si la palabra "hemato" no le despierta sospechas; estaba hecha con sangre. En principio, como andaluz que soy, estoy acostumbrado a la morcilla y la sangre frita, y por lo tanto no tengo problemas con comer sangre. Ahora, ¿es necesario mezclarlo con chocolate? Entiendo que seas un tarado que pones piña en la pizza. Sin ir más lejos, mi ex lo hacía. De ahí lo de EX. Pero arruinar dos delicias de la naturaleza me parece ir muy lejos.

Especial mención requiere el envoltorio, con ese erizo que parece Heidi después de cambiar de sexo y especie con un brote psicótico.
Extra! Extra! Chocolatina predice los Teletubbies.
Si os dijese que durante los 80 un exiliado ruso que se dedicaba a diseñar envoltorios de chocolatinas tuvo que largarse a Reino Unido y, tras viajar en un pesquero noruego, quedó tan afectado que juro venganza al mundo creando los Teletubbies, no me creeríais. Pero si veis la imagen anterior quizá empecéis a dudar. Los colores de los monigotes, ese sol sonriente, los tumores craneales, la pose homosexual... todo indica a una versión muy rusa de los Teletubbies.

Y con sangre en su interior.

Moskovski Kartofel

Moskovski Kartofel o el arte de los saborizantes. De izquierda a derecha: ensaladilla rusa, sushi roll de Philadelphia, pollo teriyaki, cebolleta con esmetana y salami.

Personalmente me gusta creer que el inventor del embutido Doktorskaya, después de llegar a lo más alto de su carrera otorgándole un sabor celestial al papel higiénico, comenzó a caer en picado. Su creatividad no encontraba desafíos a su nivel hasta que alguien le ofreció trabajar en la fábrica de patatas local “Patatas Moscovitas”. Lo que gastaron en contratar a Sergey Sarasov se lo ahorraron en naming (como tomo cañas en Lavapiés los domingos puedo decir palabras en inglés). El brainstorming para elegir el nombre se dio en las típicas circunstancias rusas: uno que se tenía que ir a pasear el oso, otro que tenía clases de balalaika y el tercero que había bebido el equivalente en vodka a los pantanos que inauguro Paquito Piscinas.

El calado de estas patatas en la sociedad moscovita no es demasiado profundo, pero en cada visita descubro un nuevo engendro que sustituye al anterior. A los escépticos que creen que la ensaladilla rusa no es rusa, aquí la prueba irrefutable: patatas fritas con sabor a ensalada Olivie que es como en Rusia llaman a la ensaladilla rusa. Del mismo modo que a las montañas rusas las llaman montañas americanas y a los dictadores les llaman Putin.

Pero, como no solo de ensaladilla vive el onvre, para los paladares más exquisitos y exóticos (o no) han desarrollado sabores del lejano oriente: patatas fritas de sushi y teriyaki, ¿de verdad tengo que hacer un chiste? Por otra parte, la primera palabra que aprendes en ruso es esmetana. El esmetana es una crema agria que se le pone a: los pilminis, las sopas, el strogonoff, los blinis, los asados, el pescado, la carne, los postres… absolutamente a todo. Por lo tanto no es de extrañar que en una noche de placer con alguien que viene del otro lado del telón de acero saque un bote de esmetana, te lo restriegue por todo el cuerpo y te lama como un caballo a su piedra de sal, con la lengua áspera.

Las Lays locales

Nos invade el capitalismo. Lays de shashlik, pepino y cangrejo.
El capitalismo, que siempre ha sido muy de librar batallas gastronómicas, sobre todo dejando a gente sin comer, no podía permitirse perder la batalla de las patatas, o como lo llamarán los historiadores, patatalla. En un burdo intento de meterse en el bolsillo a la población rusa cogen una de sus comidas por excelencia, el shashlik y lo convierten en patatas, deliciosidad máxima pero un golpe bajo a la tierra que vio crecer a Marx, un tipo muy gordo para ser comunista, dicho sea de paso. Luego ya pasaron a una guerra más sucia, Lays de pepino.

Entre arcadas tuve que probar más de media bolsa para saber a qué sabía eso realmente. Nunca lo descubrí. Ahora en los locales más hipster de Malasaña, en lugar de poner el pepino en el gin tonic, ponen un par de Lays pepino, que es Moscool (no me arrepiento de nada).

En esa guerra fría del snack, como si de la creación de las Supernenas se tratase, estaban fabricando patatas, añadieron aceite, sal, patatas y ¡oh no!, el agua sucia del acuario y así nacieron las Lays cangrejo, si alguien quiere saber con exactitud como saben solo tienen que liofilizar el filtro de una pecera para conseguir la textura crujiente y buen provecho.

Vodka to go


No solo de comida vive el ruso, también debe beber y para los paladares menos exquisitos, por algo menos de 1 euro puedes comprar tu vaso de 20cl de vodka. Lo que más me sorprende es que el vaso es de cristal, de los buenos. Si por ese precio tienes vajilla nueva Y vodka, algo va a acabar muy mal esa noche (o media mañana). Porque cuando intentas comprar esto como souvenir cutre para tus amigos, la dependienta te mira como si acabases de insultar a todos sus ancestros. Es el take away del borracho, el Actimel del beodo, la coca de Albert Rivera, algo que solo una adicción muy grande te haría comprar.

Pepero

¿A quién no le gusta llevarse a la boca buen Pepero?
Y hablando de fachas, los coreanos, que copiando el afán de copiar de los chinos, han creado algo que combina dos cosas maravillosas: los Mikado y el mejor partido que tenemos en este país (para poder usar el adjetivo “mejor” se ha usado como escala de medida la corrupción). Es que no hay nada malo que decir de estos aperitivos: tienen chocolate, son coreanos, saben a papel de sobre marrón y tienen un nombre que ofende a la derecha española. En esta batalla entre capitalismo y comunismo que estamos librando esto es un claro punto para el comunismo. En realidad esto es algo que se me acaba de ocurrir ahora mismo y que no he mencionado antes. No hace falta que releas el artículo.

Okroshka

The final boss: Okroshka.
En este videojuego al que estamos haciendo review, hay un malo final, ese que coge características de los masillas que nos hemos ido encontrando en las distintas fases (soy consciente de que hace unas líneas he dicho que era un concurso; pues ahora es un videojuego). Esto es el okroshka, si hay algo más feo que el nombre y el aspecto de cenicero con colillas es el sabor. Vamos a concentrar las papilas gustativas para llegar a imaginar este sabor. En un plato hondo hacemos una sopa fría que aúna los sabores rusos más tradicionales: esmetana (¿no os dije que se lo ponían a todo?), pepino, eneldo, cebolleta, rábanos picantes, alguna carne que hasta puede ser el embutido “Doktorskaya” y kvass. El kvass es una especie de cerveza muy suave mezclada con refresco de cola y un sabor a rayos. Si algún valiente se anima a probarlo me personaré en su funeral tocando Kalinka en mi balalaika en su honor.

Dónde comer:

Dimitri Yemets, ahora restaurador.
Parece que nuestro viejo conocido Dimitri, autor de Tanya Grotter, ha decidido copiar más allá de la literatura y ha dado el paso a infringir derechos de autor en restauración. El Crusty Crab recrea a la perfección el famoso local de El Señor Cangrejo con unos precios de lo más asequibles al bolsillo moscovita: hamburguesas y pizzas por unos 5€, bebidas por unos 3€ y postres por alrededor de 1’5€. Si os preguntáis como pueden tener unos precios tan competitivos, la respuesta es simple: no pagan derechos de autor y probablemente la carne esté hecha de papel higiénico. Para Yemets, como El Señor Cangrejo, el rublo es el rublo.

Bonus Track 1: Hay luz al final del túnel

Este concepto es muy cuqui (creíais que no iba a volver a decirlo y os equivocabais): se te funden todas las bombillas de tu casa, no tienes a mano, la tienda está cerrada y solo tienes que ir a tu máquina expendedora de bombillas, genial ¿verdad? Lo sería si no fuese porque dichas máquinas están dentro de tiendas, es decir que lo mismo te da comprarlo en la maquinita que entrar a la tienda. Salvo que si entras en la tienda te aseguras de que la bombilla no va a estar rota porque no se la ha dejado caer desde un metro de altura. Tampoco inspira mucha confianza que una de las muestras ya esté fundida.

Bonus track 2: Flores 24 horas.


Una de las cosas más chocantes que jamás vi en Rusia son las tiendas de flores abiertas 24 horas. Tengo la teoría de que la estabilidad sentimental de un país es inversamente proporcional a la cantidad de tiendas de flores que posee. Voy a desarrollar:

En mi visión heteropatriarcal de las relaciones, que se basa en comedias románticas, cuando un hombre (sea del sexo que sea) la caga con una mujer (sea también del sexo que sea) lo soluciona con flores. Cuantas más discusiones haya entre parejas, más tiendas de flores habrá. ¿Cómo de gordas son las discusiones de los rusos para que las tiendas de flores tengan que abrir 24 horas? Los otros supuestos que justifican esta teoría son: bodas por sorpresa, funerales por sorpresa, Princesa por sorpresa. Que como título castellano, Princesa por sorpresa 2 me parece tan inconsistente como aquella cinta de porno llamada Depravación anal sin fin que duraba 02:02:43. A lo mejor es que yo soy muy quisquilloso, pero la incoherencia es evidente. ¿Cuántas veces se puede sorprender una persona de ser princesa? En mi humilde opinión solo una, a menos que la persona en cuestión sea Borbón.

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Genial artículo. Un país apasionante, que por desgracia no vió crecer a Marx, que era alemán. Muy cuqui. :)

El Doktorskaya ese tiene ya una pinta muy sospechosa de por sí

Sórdido del Ñordeste

Pues servidor probó el Kvass en Rusia. Y me gustó. Mucho. Y no tenía coca-cola. También me encantó el okroshka. Y los bocadillos de lengua de ternera, que el articulista no menciona. ¿Será porque soy un sórdido?

Y bueno, Guille no se ha documentado demasiado, pero ¿a quién le importa? Esto es Vicisitud y Sordidez, un vlog que tiene la declaración de principios en su mismo nombre. Y eso me gusta: casi tanto como los mismos principios, perdón, VALORS, del vloj

¡Eh, oiga, no se meta usted con el Kvass! Es bebida de campeones soviéticos y por tanto, dopante. Ver Cornezuelo xD

Por cierto, has probado los Piroggin? Son como bollos donuts fritos rellenos de huevo y carne. El frío no entiende de colesterol bueno y malo...

Guille Stardust

Sórdido del Ñordeste y Tupolev, las delicias como la cecina de caballo, ensaladas de lengua o los pescados secos ahumados han quedado fuera porque son delicias deliciosas. Los poriggin si no recuerdo mal son más de la zona de Georgia, aun así rico rico!

Para todos los valientes, en calle Rafael de Riego hay una tienda rusa y otra Ucraniana, podéis comprar kvass y hematogen. Las demandas por intoxicación las lleva mi marido.

Yo probé kvass en Lituania (allí la llama gira) y confirmo: sabe a rayos y truenos.

¿Chocolatinas hechas con sangre? ¡Queremos saber! ¡¿De dónde salía esa sangre?! ¿Sangre de vaca? ¿Sangre de cerdo? ¿Sangre de perro callejero? ¿Sangre de traidores a la madre patria rusa? ¡Queremos saber! Somos sórdidos. ¡Queremos saber de dónde sacaban la sangre para las chocolatinas rusas!

Chocosangres! Yummi yummi

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