Vicisitud y sordidez

Nuevas vicisitudes

He decidido seguir con este concepto de ‘cosas que das por hecho que todo el mundo sabe, pero que quizá no sean tan populares’ que inspiró tanto mi anterior artículo sobre Yes como la práctica totalidad de mis conversaciones con mujeres, durante las cuales me pongo a divagar sobre datos de cine fantástico italiano y que acaban siempre con ellas mirándome como si estuviera loco.

“Como si estuviera”, dice el tarado de Paco.

“Dice el tarado de Paco”, digo yo en tercera persona como si fuera alguien importante con un Master de la Rey Juan Carlos.

Pero ya está bien de ponerme tonto con el metalenguaje, que no es el momento. De hecho, NUNCA es el momento. Hoy voy a hacer una de esas listas que tanto facilitan las lecturas de los artículos. Para no leerlos, claro. Es algo que me ha enseñado Buzzfeed: haz listados interminables con gifs y tuits de otros y así no tienes que molestarte en escribir, que la vida está para pasarla con los amigos tomando cerveza o, en mi caso, viendo ‘Oogieloves the Movie’ para así desear que el mundo se vaya al carajo porque hemos fracasado como especie.

Les dije a los Teletubbies que entre hermanos no se folla, que salen cosas raras.

Hoy, y esto es una sorpresa para los que no hayan leído el título del post, voy a hablar de grupos que lograron el éxito masivo sólo después de que se largara su líder. Sé que puede ser difícil acotar qué se considera adecuado para una lista con esta temática y qué no. Porque, en primer lugar… ¿Qué se considera un líder?

Niño, tú no.

+10 de carisma al bigotón proletario

Un líder ha de ser un miembro fundador esencial dentro de la banda. La figura alrededor de la que gira el grupo. O una de las dos. O el que tuviera un padre que les pagaba el local de ensayo. No, en serio: eso puede pasar. ¿Sabéis cómo se llamaba Jethro Tull antes de ser Jethro Tull? The John Evans Band. ¿Y quién cojones es John Evans? Pues el teclista que luego no se unió a la banda hasta el tercer disco. Pero sus padres pagaban la fragoneta y el local de ensayo. Así que el nombre era suyo.

Todo esto quiere decir que habrá polémica y faltarán grupos, pero intentaré justificar mis decisiones. Aunque antes, y porque esto no sería Vicisitud y Sordidez sin ello, unas Menciones Especiales:

Genesis no cuenta por muchos motivos. Pero el principal es que tampoco se puede decir que el grupo no tuviera éxito antes de la marcha de Peter Gabriel a tocar los bongos. Pero sí que es verdad que el ascenso al poder de PIL los llevó a cotas más elevadas de lo más importante a la hora de hablar de música: Dólares.

Los cantantes suelen ser los miembros que el público suele considerar líderes de un grupo. Pero, si bien es verdad que son los que más follan, a veces no son los que llevan el bastón de mando. Deep Purple comenzó con Rod Evans, pero musicalmente quienes ya aportaban más eran Blackmore y Lord. Y Lennon y McCartney, porque eso de hacer versiones de The Beatles era una tentación más irresistible en la época que un kilo de marihuana. Lo mismo se puede decir de Iron Maiden: El drojadicto de Paul Del Culo podría hacer el tonto en el escenario hasta que llegó Dickinson, pero el puto Harris es quien siempre ha mandado y, aunque 'Killers' no fue 'The Number of The Beast', tampoco se le dio tan mal de ventas. Más o menos lo mismo pasa con Journey, pero no hablaré de ese grupo porque nunca le perdonaré a Steve Perry que se cortara el bigote en ‘Faithfully’.
TRAGEDIA
Una mención especial que bien podría haber sido el número seis de la lista son The Moody Blues. Cumplen casi todos los parámetros: comenzaron con un líder y cantante carismático, Denny Laine, que abandonó el grupo justo cuando sufrió una revolución y lo petaron con 'Nights in White Satin'. De hecho, la revolución fue tan grande que de ser un grupo de rythm and blues pasaron a ser uno de hard-ñoño and orchestra y, por lo tanto, a hacerse un hueco en mi duro corazón. Lo que pasa es que en su primer vinilo tuvieron un hit. Una versión de un tema ‘Go Now’ de Larry Banks and Milton Bennett. Pero un éxito de los gordos: no sólo fue número uno, sino que encima disfrutó de uno de los primeros videoclips de la historia que podría haber sido una influencia en el Bohemian Rhapsody de Queen. No, en serio:


Sí: The Moody Blues podrían haber sido un grupo one hit wonder como tantos de versiones de rock americano que pululaban en esa época en el Reino Unido y que a veces ni llegaban a grabar un LP. Hizo falta que llegaran John Lodge, Justin Hayward y el pelasssso de Justin Hayward (el tercer elemento más distintivo del grupo tras el uso del melotrón de Mike Pinder y el bigotón de Ray Thomas) para que fueran los VERDADEROS Moody Blues y casi un grupo distinto. Pero, sea como fuere, y a pesar de que haya en esta historia algún paralelismo con el grupo que he elegido como número 1, todos sus recopilatorios siempre empiezan con ‘Go Now’ y eso no se puede obviar... qué cojones, claro que sí:

6.- The Moody Blues

Pues eso. Vamos a por el Top 5:

5.- Ultravox

Midge Ure, uno de los cantantes con el nombre más ridículo del pop, no fue el primer líder de Ultravox. En sus inicios, era la banda de uno de los cantantes con el nombre artístico más de actor porno del pop: John Foxx.
Mi nombre artístico no viene ni por John Foxx ni por Samantha Fox, pero siempre será mejor poner una foto de la segunda.
Foxx era uno de estos músicos new wave con empacho de haber escuchado demasiado punk y Roxy Music mientras estudiaba Bellas Artes. Los dos primeros discos tiran por ese estilo y gustarán a gente que disfruten de cosas con la misma carga emotiva que las instrucciones de un pelador de patatas, pero quién soy yo para juzgar a nadie. El caso es que sus dos primeros lps e incluso el tercer disco, que ya empezaba a introducir elementos de sonidos más cercanos al synth pop, fueron fracasos. Foxx se largó a no triunfar en solitario y el resto de la banda se quedó en plan “no sé si cortarme las venas o matarme a pajas”. Así que contactaron al chaval Midge Ure a ver si les daba vidilla. Sobre todo porque venía de hacer un disco básico de esa nueva maravilla llamada synth pop: Visage.

Ure-a trajo lo que gente como yo aprecia más: teclados puteros y, sí: DRAMATISMO. Pero desatado. Vamos, que tras un par de singles que renquearon en las listas de éxitos, el grupo nos dio ESTO:


¡Épica! ¡Emociones desgarradas! ¡Frío! (Sí: no se puede pensar en esta canción sin llevar un abrigo; y parece que es una afirmación que no tiene sentido. No lo tiene)

El tema lo petó internacionalmente y lanzó la verdadera carrera del grupo, al que hamo por haber hecho hits hasta de canciones sobre devastación nuclear, que es un tema que, como hijo de los 80, Mad Max y las pelis hechas por tres pesetas por Joe D’Amato, respeto enormemente.

4.- Renaissance

Vale, Paco. Ultravox es conocido. 'Vienna' fue un éxito. 'The Voice' molaba todo. Pero, ¿qué cojones es esto? ¿Un grupo que hace el ridículo tocando vestidos con calzas en las fiestas medievales de tu pueblo?

¡No! ¡Esto no es Blackmore’s Night! (grupo con valores, no lo olvidemos). Se trata de una formación de los setenta cuya esencia se puede resumir en una frase:

“El grupo de rock progresivo que le puede gustar a tu abuela”.
¡¡¡¡Rock'n Roll!!!!
Efectivamente: estamos ante otra muestra de mi género musical favorito: el hard-ñoño-sinfónico. Renaissance se creó en 1969 con un objetivo: que buscar información sobre ellos en internet décadas después fuera un coñazo si no quieres estar todo el rato desestimando resultados que te llevan a la Galería de los Uffizi. Su génesis es tremendamente curiosa. Veréis: en los 60 había un grupo muy molón e importante llamado The Yardbirds que hacían, como era normal, pastiches de rythm and blues americano. ¿Cómo de importante? Pues por allí pasaron unos muchachos muy talentosos:

Eric Clapton, que tras estar en el grupo logró desarrollar sendas carreras muy importantes como compositor y racista profesional

Jeff Beck, que tras estar en el grupo logró desarrollar sendas carreras muy importantes como compositor y perfeccionista enfermizo profesional

Jimmy Page, que tras estar en el grupo logró desarrollar sendas carreras muy importantes como compositor, plagiador y pederasta profesional.

Pero ninguno de ellos era el líder del grupo. Feck: ni siquiera eran miembros fundadores. Los jefes del cotarro eran el cantante Keith Relf y el batería Jim McCarty. Ambos acabaron un poco cansados de tanto rock y decidieron que querían hacer cosas más poéticas. Artísticamente fue la decisión adecuada, aunque económicamente resultó un desastre, porque con Page al frente el grupo acabó mutando en esa cosa llamada Led Zeppelin que tanto aman muchos lectores de ente bloj porque hay gente para todo.

Pero ésta no es la historia de Zeppelin. Esa ya la escribió Marlow. Esto va del grupo hard-ñoño que fundaron los líderes de The Yardbirds: Renaissance. Que venía a sonar así:


Vamos que mientras Plant se dedicó a plagiar a bluseros, McCarty le hacía ojitos a Beethoven. Pero al menos en canciones más variadas. Esta formación hizo dos discos con tan poco recorrido que el segundo sólo se lanzó en Alemania, porque es un país al que le viene bien un poco de belleza con tanto pornazo sórdido y gore guarro. O al revés. Qué más da. No, en serio: tras visitar seis tiendas de música en Berlín este febrero y encontrar casi exclusivamente música electrónica de baile, estoy convencido que casi todo el país está poblado por robots buscando un alma.

Lo gracioso y casi inédito de este grupo es que, para el tercer disco, la formación había cambiado totalmente. McCarty, que era realmente el líder de la banda y principal compositor, le pasó el nombre del grupo a un nota que había compuesto un tema del segundo disco, Michael Dunford. Para el tercer LP, llamado ‘Prólogue’ porque liar a futuros compradores de la discografía del grupo es divertido, McCarty sólo compuso algún tema y ni siquiera tocó en la grabación.

Pero, sorprendentemente, cuando ya andaban por el cuarto disco (con McCarty todavía componiendo un tema en éste y el siguiente sin ser miembro de la formación que creó porque ser raros es tan divertido como liar a los fans) el grupo no sólo mantuvo la esencia de los inicios, sino que la empezó a adornar con la inclusión de orquesta. Se convirtió en uno de los puntales del movimiento progresivo en su vertiente más dada al aspartamo. Ese LP, “Ashes Are Burning”, fue el primero en entrar en las listas de éxitos.

En 1978, con el prog en retirada, curiosamente consiguieron su primer y único gran éxito: “Esto podría ser de Abba”, también conocida como “Nothern Lights”.


La risión total es que la historia no acaba ahí. Ese mismo año, McCarty echa de menos hacer hard-ñoño, y planea resucitar la formación original como competencia a su propio grupo. A pesar de la repentina muerte de Keith Relf, consigue grabar dos discos bajo el nombre de ‘Illusion’. Que son buenísimos. Me gustan al nivel de decir que el segundo contiene probablemente el mejor single que no tuvo éxito de la historia del prog:


Naturalmente, no consiguió rivalizar en impacto comercial con Renaissance, pero da igual, porque a esas alturas de la década ambas formaciones iban directas al abismo del desprecio de la gente guay que prefiere música más COOL. Esto es, más fría y sin alma. Esto es, Talking Heads (HORDAS DE FANS DE DAVID BYRNE CAGÁNDOSE EN MIS MUERTOS EN 3, 2, 1…)

3.- Depeche Mode

Al contrario que Renaissance, nunca he sido fan de Deteta Moda. Mucha gente tiene el trauma de que la gente de su colegio daba todo el día por culo con Queen o Dire Straits y por eso les cogían tirria. En el mío, eran éstos. Yo era más de cosas más melódicas y, por que no decirlo, gays. Esto es, de Erasure.

Pero la gracia es que Vince Clark, el calvo de Erasure, fue el fundador y líder de Depeche Mode. Todas las canciones excepto un par de su primer y joviel álbum, ‘Speak & Spell’ son de Clark, incluyendo su primer éxito moderado que, con el tiempo, ganó en apreciación de nostalgia ochentera:


Vamos, que más allá de los sintetizadores, no es algo que tenga mucho que ver con lo que vino después. Clark se largó NO para hacer el mundo un lugar mucho más feliz con Erasure, sino para hacer dos discos con el nombre de Yazoo y hacer el mundo un lugar mucho más feliz con 'Only You'.

Martin Gore, otro de los tres teclistas del grupo (porque NUNCA hay demasiados teclados en un disco de los 80) se vio con el marronazo de continuar con la formación para evitar caer en el olvido de tantos grupos de la época. La aventura tenía todas las papeletas de irse al carajo, pero el buen señor se lo curró, tiró para adelante y el resto es historia de la música emo-synth-cool. Que, con el tiempo, he llegado a apreciar por no tener que aguantar que sus fans me miraran por encima del hombro por estar escuchando ‘Alchemy’ en vez del ‘101’.

2.- Pink Floyd

Antes del ego de Rogelio Inodoros, Pink Floyd estaba comandado por otro ente mucho más carismático, peligroso y abrasivo: LAS DROJAS. O, en su defecto, Syd Barrett. Él fue el alma del grupo en su inicio, lo cual resulta obvio si tenemos en cuenta que era el Estudiante de Bellas Artes Que Forma un Grupo Excéntrico (™) y el resto eran lo peor de lo peor: estudiantes de arquitectura.

Barrett era aficionado a los cuentos y tenía ciertas inclinaciones infantiles. Algo que se nota a la hora de titular su disco según un capítulo de ‘El Viento en los Sauces’ y en canciones como ésta:


Esto es, que hoy en día llevaría camisetas de los Super Coco y coleccionaría muñecos de las Sylvanian Familes.
Los que coleccionan muñecos de las Sylvanian Familes son unos degenerados.
Sin embargo, lo que realmente le iba al líder de Floyd eran las pastillas alegres que te hacen ver arcoíris y unicornios bizcos con jeringuillas clavadas (de fresa, chocolate y purpurina, por supuesto), por lo que a la mitad de la grabación del segundo disco el chaval salió directamente por la puerta y entró en un psiquiátrico, siendo sustituído por David Gilmour, que a partir de entonces se disputaría el liderazgo con Rogelio mientras Rick Wright se dedicaba a crear ambientillos espaciales. Los cuales permitirían en el futuro que grupos como Radiohead pudieran hacer prog, pero no mancharse las manos cuando les preguntaba la prensa alegando que lo suyo no era el sinfónico, qué va, que lo que les mola es Pink Floyd. Que se ve que lo que hacían eran bailes regionales aragoneses, vamos. Qué imbéciles eran los primeros 2000, cuando el progresivo seguía siendo una palabrota para la prensa especializada. Especializada en no tener ni puta idea de música.

Por su parte, Barrett logró grabar un par de discos más, pero su mente estaba demasiado dañada (ya sabéis niños: no os drojéis ni pongáis cosas raras en las bebidas de la gente) y desapareció del mundo, inspirando de paso uno de los puntos de giro de una de mis comedias inglesas favoritas que YA estáis viendo: ‘Siempre Locos’. Lo mejor que nos dejó todo este culebrón fue que el grupo acabó dedicándole su mejor canción….

… lo cual inspiró la mejor portada de Siniestro Total. Y eso SÍ que es importante.
Todo mejora con gaitas.

1.- Fleetwood Mac

Hay grupos cuya historia da para un artículo entero. Fleetwood Mac da para una serie de televisión. De varias temporadas. Intentar resumir el caos de esta gente en una sóla entrada de una lista es como tratar de explicar a tu madre la trama de ‘Twin Peaks: El regreso’. Así que vamos a lo importante:

El grupo se llama Fleetwood Mac. Se trata de uno de esos nombres que parecen referirse al líder del grupo, como Jethro Tull o Alice Cooper (que fue cómo se conocía la banda antes que lo adoptara el cantante). Pero no. Es un compuesto de los nombres de, atención, el BAJO y el BATERÍA. Imaginad que U2 se hubiera llamado 'Mullen Clayton'. ¿Abominación? Por supuesto. Y es que Mick Fleetwood y John McVie son los únicos miembros contantes a lo largo de los años del grupo, pero apenas han compuesto nada. Los líderes reales iban y venían. Y el que llevaba la batuta en el nacimiento de la banda era Peter Green, uno de esos bluesmen ingleses de los 60, años en los que la chorrada esa de ‘apropiación cultural’ importaba un carajo si el que cogía una guitarra para imitar a la música negra lo hacía de puta madre. Joder: Hasta B.B.King era fan suyo.

El grupo tuvo una decente carrera con Green a la cabeza, con por lo menos un single de éxito a pesar de ser tremendamente aburrido:


Pero seguía siendo un grupo más de culto que de éxito. De hecho, ese no es el Fleetwood Mac que todo el mundo conoce. Ni siquiera el de la época de en medio, cuando Green se largó y el liderazgo un tanto en la sombra recayó en la teclista Christine Perfect, que se había casado con John McVie, iniciando una bonita tradición de fornicio dentro de la banda que explotaría unos años más tarde en una historia que da para un libro entero escrito por el negro de Ana Rosa Quintana.

Tras unos discos de calidad variable con otros cantantes y guitarristas que hacían las veces de líderes, Fleetwood y la pareja McVie alistaron a un americano, Lindsay Buckingham, el cual puso como condición para unirse al grupo el meter a su novia Stevie Nicks. Ambos resultaron ser algo así como la hostia en verso y cambiaron todo el estilo de la formación. El primer disco tras la renovación no tuvo título, para reforzar la idea de que la cosa había cambiado. El trono les esperaba, los príncipes llegaban. Porque, si bien ese LP supuso su primer número uno y fue el segundo disco más vendido de su año (¡A la décima va la vencida!), el siguiente, ‘Rumours’ es directamente uno de los más importantes de la historia. Grabado además mientras todos andaban drojados, a gresca y follando entre sí: Buckingham y Nicks habían cortado y la cantante estaba tirándose al batería. ¡La fiesta! La cosa llega al paroxismo del género rosa cuando te das cuenta de que la cancionaca ‘Go Your Own Way’ de Buckingham tiene a Nicks cantando los coros de un tema cuya letra básicamente la está mandando a tomar por culo. Eso sí: con todo el cachondeo entre bambalinas, la banda entera se unió para firmar entre todos una de las mejores canciones rock jamás escrita con la mejor frase musical de bajo de la historia. Y, encima, la letra va sobre mantenerse juntos a pesar de todo. No, si hasta es emocionante:


El grupo siguió peleándose y separándose a lo largo de los años (sin ir más lejos, el otro día se anunció que Buckingham se había largado) y la historia sigue siendo extraña para una formación que tardó diez discos y necesitó la salida de dos líderes para alcanzar el éxito masivo.

Y, para acabar, os dejo la última canción de Fleetwood Mac simplemente porque me gusta mucho y porque no está firmada como el grupo aunque tocan Mick Fleetwood y John McVie en ella. Mirad, yo no entiendo nada:

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O más bien "Tertulia de té verde chino que me hace mear como loco en teoría para hablar de ñoñería y Spielberg, pero que se fue de las manos espectacularmente".

Como he dicho en varias presentaciones de mis participaciones en TdC, lo que me fascina del formato de los Podcasts es que aquellos que suelen ir mejor son los que se basan en el complejo plan y estructura de RAJAR SIN PARAR DE LO QUE SEA. Es natural que, por lo tanto, quisiéramos llevar el experimento al extremo. Y así ha nacido el episodio Seinfeld. El episodio que no va de nada.

Tras el éxito de descargas de un anterior programa que no compartí en V&S el cual, en teoría, iba de recuerdos universitarios pero que se iba de madre constantemente a otros temas, decidimos quedar ayer para empezar a hablar sin tener nada preparado ni saber exactamente en qué echaríamos tres horas. Sólo buscamos una base laxa: la ñoñería. En parte por mi obsesión por lo hard-ñoño, la música que me gusta por la que siempre he sido objeto de burla y los ataques que está recibiendo Spielberg últimamente por la comunidad fan para la que el cinismo y lo oscuro son los únicos valores realmente respetables. Sí: los darnáis han vuelto.

Pero pronto se abandonó eso y empezamos a divagar. Durante tres horas. Codón y yo contábamos en la aventura con la conexión por Skype con Natalia Van Humbeeck, que es una podcaster cuyos conocimientos fistros y personalidad así en general me han fascinado mucho recientemente. La pobre se encontró a dos tarados que no paraban de divagar, pero me asegura que se lo pasó bien mientras huía despavorida ante tanta concentración de innormalidad. Espero que vosotros también lo encontréis curioso. ¡Podcasting experimental!


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Mi cita favorita de todos los tiempos es, obviamente, “Si no farcias las caroidas, no remuldas las leporcias”, escrita por la persona que más me enseñó de historia aparte de mi madre: El Perich. Del que también aprendí lo que eran las pajas. Pero, enhorabuena: ese es otro tema del que no escribiré otra vez. Tal frase esconde una de las grandes verdades de la existencia: que nada tiene sentido y que es mejor hacer chistes porque PA QUÉ.

Mi segunda cita favorita, y que tiene un poco más que ver con este post, es de J.R.R.Tolkien, el R.R. original aficionado a dejar cosas inconclusas. Es algo así como:

"¿Por qué debería un hombre ser objeto de burla si, encontrándose en prisión, intenta escapar e ir a casa? ¿O y si no puede hacerlo, piensa y habla sobre otros temas distintos a guardianes y los muros de la cárcel?"

El escrito sale de su tratado “Sobre los cuentos de hadas” que, como su propio nombre indica, no ha leído casi nadie porque todavía le quedan muchos capítulos de series dramáticas episódicas que ver. Pero viene a cuento por el lamentable espectáculo que he presenciado en redes sociales en las semanas previas al estreno de 'Ready Player One'. Pero, antes de abordar la locura que se ha desatado, aclaremos un par de cosas.

Mi trabajo, por si algún despistado no lleva suficiente tiempo leyendo este blog como para haber subido de nivel su avatar a nivel Dios Günther, consiste en evaluar películas. Es decir, que es normal que me acerque a cualquier obra con un espíritu analítico. Veo con relativa facilidad por donde puede flojear una narración para tal o cual persona y que eso mismo no le importe a otra. Pero conservo hasta cierto punto la habilidad de ir al cine y disfrutar sin estar en estado de constante análisis. Soy como un ginecólogo que todavía puede mirar un potorro con vicio al salir de trabajar.

Admiro a los ginecólogos que todavía pueden mirar con vicio un potorro al salir de trabajar.

También soy una persona (bajita, pero persona) a la que suelen preguntar mucho su opinión sobre películas. Por lo tanto, estoy acostumbrado a sentir la necesidad de formarme un juicio claro para poder dar una respuesta cuando me pregunta cierto superior del trabajo al que llamamos 'Twitterman' porque no es capaz de atender respuestas de más de 280 caracteres.

Todo esto es importante porque, amijos: si yo todavía puedo ir a ver una película por gusto y para maravillarme, vosotros también podéis. En serio. Lo juro. Porque vivimos en un mundo en el que me da la sensación de que un porcentaje amplísimo de los consumidores de cultura y especialmente los que se denominan fans o ‘cinéfilos’ (esperad, que me voy a lavar los dedos tras escribir esa palabreja) tienen lo de entretenerse en el cine como algo secundario. Lo importante es tener munición para formarse una opinión con la que iluminar las redes sociales. A menudo, incluso ANTES del estreno. Lo principal es saber qué resúmen hacer de la película, a ser posible en una frase rotunda, extrema (todo es o cojonudo o una puta mierda) y, a ser posible, negativa. ¿Por qué negativa? Porque es más fácil.
Yoda nos lo explicó de forma coherente por una vez en su no-vida.
Pensadlo bien: la creación, especialmente el cine, es algo tan complejo, que es muy difícil que todos los aspectos casen al cien por cien con un supuesto ideal del espectador. Es, por lo tanto, más fácil centrarse en los fallos. Pero hay algo más: es mucho más agradecido para exhibirte en redes sociales: lo negativo, como demuestran desaprensivos que hacen vídeos de humor sobre pelis malas en internet, es más fácil para, por un lado, hacer comentarios sarcásticos e irónicos que llamen la atención y, por otro, poder quedar bien en el caso de que un gurú te diga que tal cosa que secretamente te gustó es en su opinión una mierda.

Todo esto viene a que parece ser que usar las narraciones para sumergirse en una historia y ser feliz se ha convertido en algo muy secundario e incluso sucio. Si la vida cultural fuera un sandbox, la evasión de la realidad no sería ni una misión secundaria. Ni siquiera una de esas terciarias que te dan NPGs y que siempre son variación de dos o tres modelos. Sería como poner el Witcher 3 y dedicarse a jugar al Gwent.
O al strip-gwent con Triss: no me extrañaría un mod con esa posibilidad
Cosa que yo he hecho. Se me daba cojonudo. Desde luego, es mucho más divertido que La Canasta, más fácil de entender y no requiere que me haga la permanente y cuide que el corega esté bien fijado para que mis amigas del Casino no noten nada.

Esa actitud en la que lo importante no es tu experiencia, sino lo que opinen otros de dicha experiencia, es muy de hipster y, en el caso del cine fantástico, que es de lo que va esto, muy de frikipster. Un tipo de supuesto fandom que encarnan lo que toda la vida he llamado ‘el falso freak’. (Alguien acusándome de dar carnets de pureza está flexionando los nudillos antes de ponerse a escribir un comentario) Los protagonistas de una frase que un día solté y que había olvidado haber dicho hasta que me la recordó un amigo: “El fandom acabará con el fandom”.

Pero no el fandom de los tarados normales (parece una antítesis, pero es que mi mente funciona como las leporcias siendo remueldadas), sino el que no comparte su frikismo. El obsesionado con el qué dirán. El que es freak por formar parte de un grupo social. El loco por revestir de una pátina de prestigio a sus aficiones. El que acumula visionados para soltarte peroratas sobre por qué eres un mal fan por no conocer tal o cual serie oscura, en lugar de pasártelas todas en un Mega para que ambos conozcáis las delicias de, qué sé yo, ‘Father Ted’ y por qué la frase ‘Kicking Bishop Brennan Up The Arse’ es digno de celebración y regocijo.
Os juro que esto es más y mejor historia de la televisión que cualquier momento de The Wire.
Todo esto lo comenté ya en parte en mi artículo sobre los ‘frikipsters’(post hermano de éste y uno de esos momentos de soltar la perorata que me permito en el blog cada dos o tres años). Todos esos pesados que se han apuntado al nerdismo ahora que está de moda y que lo abandonarán con facilidad por pastos más culturetas y jordicósticos cuando acaben con él gracias a su mismo fundamentalismo. Porque acabarán. Y tengo la hipótesis posiblemente errónea de que un posible fracaso de Ready Player One unido con el declive de ‘The Big Bang Theory’ y la cumbre de la Fase 3 de Marvel, sea el inicio del cambio.

O al menos eso me ha parecido oler con la oleada salvaje de odio hacia la película de Spielberg por parte de gente que se declara ‘nerd’. Para que os hagáis una idea, yo he publicado artículos sobre religión y nacionalismo, pero no he sufrido tantos ataques como por decir que me hacía ilusión ver 'Ready Player One' y que me esperaría a tragármela para opinar. Que me dejaran ser feliz con el proceso de expectación. Madre mía la que se armó.

Porque la pasión por juzgar negativamente la película sin haberla visto ha sido mareante. Sorprendentemente incomprensible viniendo de una cinta de aventuras de Steven Spielberg, que es un señor con sus cosas, pero que generalmente debería disfrutar de un beneficio de la duda muy superior a la de gente que escribe en internet en blogs de nombres impronunciables para andaluces o alemanes (ay, lo que nos reímos intentando hacer que Uwe Boll dijera 'Vicisitud')

Lo dije hace más de una década en mi ¿mítico? artículo “¿Qué es una mala película?”. Parece de perogrullo, pero antes de juzgarla hay que verla. Es lícito tener malas expectativas, pero este mes pasado se lanzaban con la seguridad fundamentalista y soberbia de quien no sólo la había visto, sino también de quien ha escrito ya una tesis sobre ella. Hubo un artículo especialmente execrable en Canino que no acertaba absolutamente en nada (empezando a hablar de la película que no había visto para luego centrarse en sacarle lecturas machistas al libro, porque, ¡eh!, es lo que está de moda para ser aliado). Pero lo que más me gustó fue el tuit de un señor que me dijo que “Había leído algunas páginas del libro y que unos amigos le habían dicho que era malo, así que la peli sería una mierda”. Un non sequitur del nivel intelectual de “Me he comido una pastilla de chocolate de kazajistán y, por lo tanto, los tomates kazajos saben a colillas mojadas”.

Ay, el chocolate kazajo. Era como lamer tierra en la que han derramado un poco de caramelo líquido Hacendado. Pero, una vez más, desvarío.
(Por si acaso, os dejo una imagen del atentado culinario en concreto)
Ese comentario me divirtió especialmente, porque, sin salirse de Spielberg, se podría aplicar a ‘Tiburón’ perfectamente un día antes de su estreno en 1975. Palabra por palabra.

Pero, claro: es mucho mejor ser cínico. Reírse del que demuestra ilusión. Basarse en datos incompletos para hacer un juicio que, y ahí viene lo malo, intentarán mantener durante la proyección y afectará a su capacidad de evasión. Para tener un discurso continuísta. La inmersión en la peli será más difícil. No podrán ser felices a pesar de tal escena implausible o cual efecto especial flojo. Si el discurso previo es que ‘Ready Player One’ es un filme sobre la nostalgia ochentera sin valores interesantes, pues habrá que mantenerlo.

Que, a propósito, no lo es. Va de videojuegos. Que no sé si habéis notado que el texto está plagado de chorradillas referentes al tema. Pero eso lo comentaré más adelante.

Y si hay un género fácil para sacarle las cosquillas, es la fantasía escapista, porque la construcción de mundos es algo complicadísimo de hacer verosimilmente, sobre todo en dos horas. El quisquillosismo puede hacer estragos. Es mucho más agradecido hacer algo más simple, con apariencia oscura, con supuesta crítica social y cinismo en primer término.

Lo cual no quiere decir que Ready Player One no tenga componente social. Oh, sí que lo tiene. Más de lo que parece. Y es muy importante, porque tiene que ver con la importancia de la fuga del prisionero, que no debe confundirse con la deserción del soldado.

¿A que parecía que estaba dando vueltas en círculo en este post y que no iba a retomar lo del principio? Pues tenéis razón: estaba dando vueltas y me he acordado de repente de cómo empecé.

Veréis. Los fancistas que empezaron a hacer comentarios inteligentes e informados antes de ver la película basándose en lo que habían leído en el libro o, en la mayoría de los casos, lo que le habían dicho sus cuñados que era la novela venían a ser esto:
¡Miradme! ¡El libro y la peli sólo son un festival de nostalgia y referencias! ¡Os traigo la opinión experta!
Realmente, los que hayáis visto la película sabréis, y esto puede ser un shock, que SPIELBERG NO ES TONTO. Que la nostalgia ochentera es integral a la premisa, pero que él y Zak Penn están más interesados en otra cosa. Dicha nostalgia pop es algo adjunto a la trama y ni siquiera se basa siempre en los ochenta. Porque los fancistas pueden ver que ya en el trailer hay referencias a el Gigante de Hierro, Overwatch, Battletoads, Second Life o Harley Quinn y seguir gritando EZTOY JARTO DE ESTREINYER ZINGS Y LOS MITOPLASTAS DE LOS GOONIES sin parar.
El necronomicón del frikispter
Lo que han hecho Spielberg y los guionistas (incluyendo al ahora de repente odiado Cline, porque siempre es bueno tener villanos) es hacer una película futurista y muy actual (sospecho que la disfrutará más la generación de los MMORPG que la anterior o los que no han cogido una consola en su puta vida). En la que, miren ustedes por dónde, el mundo es un lugar gris que hay que cambiar. Y quienes los hacen son, precisamente, los que se sienten prisioneros.

Prisioneros que se evaden, pero no soldados que desertan.

Y que ellos son los primeros conscientes de que un beso real es mejor que uno virtual. Que saben distinguir entre realidad y ficción. Justo lo contrario de los que nos acusan a los amantes de la fantasía tanto los guardianes de la moral (obsérvese la que se ha vuelto a armar con los videojuegos en Estados Unidos) como los guardianes del buen gusto.

Tolkien también decía: “Es un gran placer para mí encontrar mis creencias justificadas: Que ‘el cuento de hadas’ es, en realidad, un género adulto, y uno para el que existe un público hambriento".

Bueno: ya no está hambriento como en la época del viejo profesor. Ahora, la fantasía domina el entretenimiento a través de las nuevas mitologías, que van desde superhéroes hasta videojuegos, pasando por mundos fantásticos y hasta juegos de mesa. Ahora la referencia común mundial no es tanto el folklore tradicional sino un nuevo folklore con referencias más recientes. Que se consume y muta más rápido. Sí: es de consumición masiva, pero eso es la humanidad hoy en día, nos guste o no (sobre lo de la mercantilización de los mitos y su relación con ciertas subtramas de Ready Player One, mejor no meternos, que son las dos de la madrugada y quiero acabar ya). Es una mitología en la que puede haber gigantes y hadas, pero también cyberpunk, romances virtuales y leyendas fanfiction basadas en juegos de apenas dos décadas con eróticos resultados.

(Mi mayor ilusión en el mundo es que se haga un fanfiction de CineBasura con eróticos resultados)

Pero, claro: eso es ahora masivo y, osea osea, tonto para niños, y muchos no se sienten cómodos con ello. Hay que separarse de la masa, paradójicamente uniéndose a otra masa distinta. Una que imagino que vuelve a pedir el regreso a los reboots descarnados que se pusieron de moda en los 2000.

Pues ole, pues vale, pues me alegro. Si alguien no se siente preso, pues me parece genial que reclame ver más películas realistas y abandone la narrativa de evasión. No tengo ningún problema con ello. He vivido media vida en el ostracismo alejado del Buen Gusto ™. Sólo os pido que, al menos, lo hagáis de corazón y no por el puñetero postureo. Y que esperéis a ver una película o leer un libro antes de dar opiniones categóricas. Que váis a tener lo que queréis: la historia es cíclica y este reinado del fandom acabará. Quizá así estaremos más tranquilos los de siempre. Y sí: soy consciente de la paradoja de que esta última frase puede interpretarse como elitista y, una vez más, de repartidor de carnets. Pero denominar de tal manera a quienes, aún en el mundo del reinado nerd, nos miran por encima del hombro por nuestra afición desmesurada a la evasión no deja también de ser un poco paradójico.

(Insertar aquí mi típico párrafo de conclusión sobre que cada uno vea lo que le dé la gana y opine lo que le dé la gana, pero pensando un poquito antes de hablar o escribir y sin ser condescendiente, que ya son las 2:30 y creo que ya lo sabéis todos los que habéis leído tan lejos)
Aquí iba anoche una foto de Ren y Stimpy con los ojos rojos. Pero mira tú por donde que me ha dado por cambiarla esta mañana.
Todo esto lo puede haber leído alguien y preguntarse: ¿Pero, es 'Ready Player One' una peli redonda? ¿Es siquiera buena? Es que ese NO es el tema de este artículo. Pero si tenéis que preguntar, pensad en ‘En Busca del Arca Perdida’. Una obra maestra. Una de las películas de aventuras más queridas de todos los tiempos. Una peli en la que nada de lo que hacen los personajes tiene impacto en el resultado final, que es un literal Deus Ex Machina. Imaginaos ahora cómo habría sido recibida por los que hoy.

EXACTO.

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Damien. El infernal. El que divide y traerá el Apocali... Vale, sí; lo dejo. Que el chiste con el nombre de Chazelle y el niño de "La Profecía" es muy obvio. Pero es lo único obvio de este personaje que, a día de hoy, es un misterio. Porque pocas óperas primas hay como 'Whiplash', pero tampoco hay tantas películas que dividan tanto a la hora de preguntarse: "¿Qué cojones me ha querido contar este chaval?". O, mejor todavía: "¿Quería contarme algo o sólo molar?".

Pues de eso va este vídeo, como siempre, totalmente improvisado. De eso, y de Alianza Popular. Y antes de que preguntéis, no: no hablamos de "Gran Piano" (guión regulero, la salva la buena realización y montaje) o "Cloverfield 10" (guión cojonudo, bien rodada y así como que muy buena en general). Aquí vamos al grano de las dos polémicas a nivel temático que ha dirigido.

EDITADO: YA ESTÁ ARREGLADO EL SONIDO


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A medida que han ido avanzando los años de ente bloj, se han producido varios cambios que han afectado a los contenidos. El principal es que los artículos cortos de chorradas pilladas por internet acabaron convirtiéndose en actualizaciones de nuestros muros o de grupos de facebook como ‘Música de Merde’ (fuente de risión personal diaria). Para cuando tenía tiempo de escribir algo y elaborar sobre tal o cual descubrimiento, el vídeo en cuestión ya era viral.

El otro fenómeno es que nos hemos convertido en tal isla dentro de nosotros mismos que damos por supuestas historias que no todo el mundo ha de conocer. De ello trata el presente post. De algo del que estás hablando un buen día con amigos y gritas dos cosas: “¡Coño! ¡Si lo piensas bien, esta historia es realmente absurda!” y “¡Coño! ¡Mis amigos suelen ser perturbados que hablan de rock progresivo!”

Porque esto va de PROG.

¡Un momento! ¡No huyáis! El artículo está escrito precisamente para la gente que no conocen en profundidad este género. Esto es, para personas con suerte y posibilidades de tener sexo más de una vez cada trienio. Porque ya os hemos contado en numerosas ocasiones que el sinfónico es el tipo de música más denostada de la historia. Y justo es en la época en la que cayó en desgracia cuando empieza nuestro cuento…

Érase una vez un grupo formado por un cantante castrado napoleónico, un bajista erótico, un alcohólico magistral con capa, Gollum cuando sólo llevaba unos años con el Anillo Único y el equivalente en batería prog a Ringo Starr manco. Todos genios respetados.
Todos listos para formar parte del reparto de la nueva de Fesser.

Lo que pasa es que los miembros de dicha formación, llamada Yes, hacían cosas malas: Rick Wakeman, el de la capa, se dedicaba a beber como un suicida y, lo que es peor, a hacer espectáculos de prog sobre hielo. Lo de Jon Anderson, el pequeño Napoleón, era mucho más grave: además de discos dobles basados en notas a pie de página de libros tibetanos, era vegano.



Todos juntos hicieron un disco llamado 'Tormato'. Explicando: originalmente, se titulaba 'YesTor', por el monte (“Tor”) Yes (“Yes”) que está en Devon, lugar que me pone muchísimo. Todo en consonancia con lo que venía siendo el rock sinfónico en su lustro y pico de popularidad: naturaleza, épica, poesía e historias atávicas sobre druidas de Stonehenge:

El prog en una parodia de dos minutillos.

Sin embargo, los tiempos cambiaban. A Wakeman no le gustaba la portada que habían perpetrado los míticos Hipgnosis con el monte en cuestión y un señor con batuta, así que le tiró un tomate encima… y el resto es historia. Historia de los juegos de palabras que dan ganas de exterminar a la humanidad.

‘Tormato’ (see the idiotez they did there?) fue un disco que muchos defienden ahora, porque el mundo está lleno de gente con problemas. Como yo. Que a mí me hace gracia debido a que tanto cine cutre me ha dejado las conexiones neuronales como anchoas requemadas. Sin embargo, en la época y entre la mayor parte de los fans de Yes, fue un desastre. Muchos vieron en sus mezcolanza rara de sonidos y evidente falta de sintonía del grupo el inicio del fin. Entre ellos, un joven aspirante a ingeniero de sonido con un objetivo en la vida: llevar gafas más divinas que las de Elton John
Trevor Horn(y)
Pero no adelantemos acontecimientos. Ya llegará el momento de este señor. El asunto es que Anderson y Wakeman deciden largarse a hacer sus cositas. El primero, discos más comerciales con Vangelis, al que siempre quiso como parte de la formación. El segundo, un disco doble de canciones que puede invocar al diablo aunque no lo pongas marcha atrás. Secundariamente, a desintoxicarse, casarse un puñado de veces y hacer LPs de new age que ni recuerda haber compuesto para pagar a sus ex esposas.
¡FANTASÍA!
En parte, la situación del grupo era un desastre porque todos tenían egos que no cabrían en la Torre Trump y eran muy quisquillosos con el dinero. Las grandes estrellas de los 70 (Sí: Yes eran grandes en EEUU y eso significaba PASTA A MONTONES) gastaban mucho cuando estaban de gira. Viajes en los que a veces no se hablaban entre ellos. Ni siquiera entre las esposas y novias de los respectivos. Tan grandes eran, que tenían reservado un gran tour mundial… y no había grupo con el que ir ni disco que promocionar. Así que se fueron los tres miembros restantes a un estudio a practicar algunas ideas musicales y empezaron a pedir material por ahí.

Intermedio en la historia.

Vamos a otro mundo. El de la música de sintetizadores a punto de cambiar el panorama. Mientras el punk, género mierder que había acabado a los ojos de la crítica con el prog y el arena rock, implosionaba al ritmo de venas reventadas por la heroína, el verdadero futuro ya se gestaba. En 1976, Trevor Horn y Geoff Downes (con Bruce Woolley, que abandonaría el grupo antes de grabar nada) se unieron para hacer cosas… cosas musicales. Lo que fuera. El primero hacía sus pinitos como técnico y como productor. El segundo venía de un pasado de estudios musicales. El tercero no suele importarle a nadie, aunque tiene su carrera interesante en la que ha llegado a tocar con Thomas Dolby en una canción preciosa y eso me vale.

Tras un par de años grabando unas demos con el nombre de The Buggles (Bugs… Beatles - see the idiotez they did there?), por fin consiguieron que les produjeran un disco co escrito en parte por los tres, aunque Woolley ya se había largado y grabado el que sería el primer single del grupo por su cuenta sin mucho éxito (los críticos idiotas con ganas de llamar la atención te dirán que es mejor porque es más 'primario'. No. Es un desastre).

Y qué single. Lo conocéis. Todo el mundo lo conoce. Es puta historia de la música. Feck: es puta historia del audiovisual. FECK: Es puta historia y punto.


Sí: el que sale al final del vídeo no es Woolley, sino Hans Zimmer, el amigo de los darnáis y enemigo público número uno del resto de aficionados a las bandas sonoras. Pero de eso y del vídeo de Russell Mulcahy ya hablé en este artículo que recomiendo mucho más que éste que estáis leyendo.

La mayoría ya sabréis la historia: La canción fue un éxito morrocotudo. Pero no sólo eso: fue la bandera del cambio, como el PSOE del 82, pero sustituyendo a Felipe-Guerra por gente un poco más petable. El título resultó profético: en agosto de 1981 abrió las emisiones de MTV, marcando de facto el momento en el que el video dj mató al radio dj. La imagen se imponía definitivamente al puro sonido.

Vamos: que era el no va más de la modernidad. Eso es importante para esta historia. Porque Horn y Downes, ahí en sus entrañas, eran fans en el armario del prog. En particular Horn, que se declaraba seguidor fatal de Yes. Eso estaba muy mal visto en la época entre los grupos modernos de éxito. Estoy seguro que podías decir que te habías ido de fiesta con Brian Singer y Kevin Spacey y no sonaba tan sucio como proclamar al NME que te la ponía dura 'Close To The Edge' (la Mejor Canción Para Follar ™). Relacionar tu grupo que lo está petando en las listas, abanderando la revolución sónica del vocoder y los sintetizadores y molando por hacer otros singles como mi favorito ‘Elstree’ habría sido un suicidio.

Así que se unieron a Yes.

Andaban los dos como unos freaks dando vueltas por el mundo de la música cuando un agente común, Brian Lane, los puso en contacto. The Buggles compusieron una cancionaca con Yes en mente, titulada ‘Fly From Here’, que podría serviles para renovar su sonido y, al mismo tiempo, mantener su esencia, algo perdida en el anterior 'Tormato'. Squire, que era un viejo zorro (que no lo digo yo: que lo dice su single 'Run With The Fox' - See la gilipollez I did there?), vio la oportunidad de cubrir los puestos libres de la gira: un cantante y un teclista con formación clásica. Los invitó a tocar juntos, les sedujo con sus movimientos sessys de bajo erótico, les echó burundanga… y acabaron entrando a formar parte del grupo.

Pongámoslo en perspectiva, porque fue algo gordo. Es como si hoy en día Bono y The Edge se marcharan de U2 (en el caso de que Larry Mullen Jr. y Adam Clayton tuvieran algo de talento compositivo o carisma) y los sustituyeran Bon Iver y Lady Gaga. Es como si Chris Martin decidiera dejar Coldplay para hacerse lavados al vapor de sus pequeños testículos y lo sustituyera Ed Sheeran. Vale: en este caso tampoco cambiaría mucho la cosa, la verdad.

Pero es que esto es más absurdo todavía si consideramos las carreras posteriores de los dos Buggles. Tras un segundo disco muy recomendable que era casi un proyecto de Trevor Horn en solitario, Geoff Downes les dijo a varias luminarias del prog más perdidos que un rolero en Tinder que se unieran a él en la conquista del mundo. Y vaya si lo conquistaron:


Downes se llevó a un ex King Crimson que nos había dado lo mejor jamás grabado por el tarado de Robert Freak, a la P de ELP y al Gollum al que había conocido en Yes a petarlo haciendo AOR ochentero del güeno. Del que dominó el mercado en los 80. Luego tuvo más carrera con Asia y otras aventuras musicales. Pero lo glorioso es lo de Horn. El tío más importante de la música que NO conoces (que diría un click bait normal estilo los dedicados a Max Martin, pero que teniendo en cuenta el fistrismo de los lectores de ente bloj tampoco creo que sea verdad). Nuestro ex renovador pop se metió a productor. Pero a lo bestia.


¡Gaycidad avant-garde!


¡Gaycidad con violines!


¡Señores con marcas raras que no son Morgan Freeman!


¡Hipsters escoceses!


¡Lesbianismo ruso!

Y mucho, mucho más (Oldfield, Robbie Williams, Tina Turner, Marc Almond… feck, hasta Eros Ramazzotti), pero sobre todo esta maravilla del rock ochentero que adoro:


Porque hemos hecho un salto adelante a la grabación y gira del ‘Drama’ para que comprendáis la dimensión histórica de la unión de estos dos grupos. Cuando se anunció, a la prensa hipster casi le da un síncope, y los fans puristas amenazaron con suicidios en masa de sus personajes de rol. El caso es que la nombrada ‘Fly From Here’ no se grabó (entonces), pero sí otros varios temas que mezclaban materia de Horn y Downes y lo que habían estado trabajando Chiquito de Howe, Erótico Squire y Dos Manos Izquierdas White. Así, a todo meter porque se acercaba la gira. De hecho, el pobre cantante tuvo que ir reduciendo su luna de miel hasta dejarla en una semana en el campo con Steve Howe al lado, lo cual era lo más parecido a acampar de camino a Cirith Ungol.

Al resultado lo llamaron ‘Drama’ por motivos obvios.

El disco fue recibido con recelo, pero no del todo mal por un motivo claro: es cojonudo. Para mí, el segundo mejor de Yes. Escuchad esta maravilla de la complejidad musical pero, al mismo tiempo, molonidad melódica:


Pero los apologéticos de Anderson y Wakeman seguían recelando de él. En la gira, pasó lo que se esperaba: la gente abucheaba a los nuevos. Básicamente porque en esa época no había internet y muchos se plantaron en los conciertos sin saber que el grupo había cambiado. En EEUU tampoco fue tan grave, pero cuando llegaron al Reino Unido, la cosa se puso violenta. No sólo el público fue más… bueno: más hooligan, sino que encima esto de cantar como Anderson sin rehacer los temas estaba destrozando la voz de Horn, que pasaba los días sin hablar para poder luego llegar a los tonos de eunuco del antiguo líder del grupo.

Naturalmente, el grupo se deshizo al terminar la gira. Pero la historia tuvo final feliz: Squire y White, ya sólos y con Howe currando en Asia, se unieron a un chico mono sudafricano llamado Trevor Rabin. Horn seguía siendo fan y quería entrar de productor. Entre todos convencieron a Jon Eunuco Anderson para arreglar ciertas canciones del chavalito y, esta vez sí, petarlo con ‘Owner of a Lonely Heart’, abriéndose de esta manera otra etapa de la historia del grupo mucho más movida y con mucho, mucho más drama. Que continúa: ahora hay hasta dos Yes de gira. Un pifostio bueno.

'Drama' se convirtió en un disco muy de culto, en parte debido a que Anderson se negaba a cantar sus temas en las giras porque EL EGO. En los primeros tiempos de internet, los grupos de fans de Yes se ponían nombres según la época que más les gustaba del grupo (sobre todo, YesEast o YesWest según eran de la versión AOR con Trevor Rabin o la versión ABWH). Pero había subgrupos más graciosos, entre los que destacaban por su locura Los Caballeros de la Orden de la Pantera, que éramos los fans de 'Drama'. O, por su total demencialidad, los Pantera Kamikaze, de los que formaba parte nuestro querido redactor Charlie Marlow incluso antes de que yo lo conociera en un foro de fans de Camel. Los kamikaze son aquellos que no sólo defienden el Drama, sino que consideran que el grupo es mejor con Horn como cantante. Esos perturbados están de enhorabuena, porque Horn, Downes, Howe, White y Billy Sherwood (no preguntéis: la lista de miembros pasados de Yes es como la de las mujeres que han pasado por la cama de Julio Iglesias) han vuelto a grabar el disco ‘Fly From Here’ (de hace unos años, basado en un par de temas descartados de Drama, pero con un cantante sacado de una banda tributo) con la voz de Horn.
Tres aguerridos Hobbits, un fantasma alto que representa al verdadero espíritu del grupo y el producto de llevar 100 años el Anillo Único.
Mirad: yo he gastado tanto dinero en esa banda que ese ya no me lo compro (comentó él mientras se metía en internet a ver el precio)

… Y así fue como Paco Fox contó la historia de cómo un grupo de género denostado se unió a los más modernos y, de tal unión impía, tanto directa como indirectamente, surgieron algunas de las canciones más populares de todos los tiempos. Muchos ya la conociais. Apuesto que los que no tenían ni idea de ello no han llegado hasta aquí. A estos últimos les digo:

Nada. No les digo nada. Que no están leyendo. Que me creo John Hurt en ‘El Cuentacuentos’ pero más bien parezco un gilipollas. Un gilipollas que se va a poner Tempus Fugir ahora mismito:

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Que lo sé. Que el resto de canales de Youtube actualizan sin parar. Pero nosotros preferimos que cada Videofobia sea especial. No en plan 'Ralph Wiggum es especial'. Bueno sí. Que hay mucho chiste subnormal en cada episodio. Pero sí que cada uno sea diferente y esté muy cuidado. Hasta el punto de pasarse de la duración que todos los gurús de Youtube indican que es la adecuada. Porque teníamos pensado recortar cerca de cinco minutos quitando dos secciones completas de la primera parte del vídeo. Pero preguntamos por las redes sociales y los fans quieren el completo con final feliz. Pues nada: ahí va casi todo lo escrito y grabado.

Quizá con esta longitud no ganemos nuevos suscriptores. Pero nosotros hacemos esto por otros motivos. Nunca hemos buscado Fortuna y Gloria, Doctor Jones. Sólo compartir nuestro cariño a ciertas películas indecentes. No ganamos dinero con esto más allá de un puñado pequeño de patreones (gracias por hacer que al menos no nos cueste pasta cada capítulo) y lo hacemos para daros HAMOR. Y ésta es una película que le otorga felicidad y HAMOR especialmente a Carlos Palencia, que fue quien insistió en que fuera nuestro nuevo capítulo. Una de esas mierdas hechas con más pasión que medios. O que habilidad. O que neuronas. Pero que nosotros apreciamos de todas maneras. Esperemos que aprendáis y, sobre todo, que os riáis:


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Me llego a mi escritorio en medio de la soledad de una oscura y tormentosa noche. Mis manos temblorosas sujetan la frágil pluma que -¡Ay de mí!- debe escribir estas líneas bañadas por la melancolía de las lágrimas. Mis ojos acuosos descienden hasta el pergamino y se clavan en él como puñales de incertidumbre. Finalmente, un suspiro recorre mi columna vertebral para escapar de mis labios hacia la tormenta, y lanzo la -¡Oh, Señor!- ominosa pregunta, cegada por el relámpago de la tempestad que se desata en mi interior.

¿Alguna vez os han regalado un libro de mierda? 

No en plan, “Uf, este mismo, que no tengo ganas de pensar”; o “Así me quito el muerto de encima y se lo endilgo a esta, que seguro que se lo lee”. Me refiero a que alguien, con toda su buena intención, queriendo buscar una obra que os llegue al alma y os haga pasar un buen rato, haya metido la pata y os haya regalado un truño soberano digno de acabar en una entrada de este blog.

Si la respuesta es sí, podéis avanzar un par de párrafos para comenzar la aventura. Si la respuesta es no, leed esos párrafos para ir ambientando vuestro personaje. ¡Y no olvideis pasar por el armero, que el Alfanje de Cornwall está muy cotizao!

Hace ya unos cuantos años, un ser de los abismos decidió que sería buena idea regalarme un libro por San Valentín. Yo, que además no suelo celebrar dicha festividad, me sentí halagada. Hasta que abrí el paquete. 


 hamijos, el refrán dice que quien bien te quiere, te hará llorar. Pero ese mismo refrán no especifica si de risa o de pena. En este caso, yo no podía parar de descojonarme, así que pensé que la experiencia de leer el petardo que vamos a comentar hoy sería ya para partirse la caja a dos aguas y escupir flemas de la risión. Y lo fue, aunque llegar a ese estado costó lo suyo. ¡Vamos allá!

La castaña obra que presentamos esta vez está escrita por Michel Benoît, un autor, como poco, peculiar. Resulta que el buen señor es doctor en teología, especialista en orígenes del cristianismo y ex benedictino. En un momento dado, cansado de diversas corruptelas y otras cosas que –por lo que sea- no le debieron gustar cuando vivió en el Vaticano, decidió colgar los hábitos para hacer algo más provechoso con su vida.

Ente onvre
 Primero, expuso sus ideas teológicas en un ensayo llamado “Dios a pesar de Sí mismo”, y como debe ser que -por lo que sea AGAIN- la obra no fue muy leída, decidió que lo mejor que podía hacer era convertir ese tostónverbenereo en un best-seller miérder donde relata verdades súper novedosas basadas en la HISTORIA con mayúsculas, porque él es un onvre leído y curto y se ha enterado de toda la historia del cristianismo de una forma que ni Antonio Piñeiro en sus mejores años de Cuarto Milenio.

La novela comienza con un ser humano que viaja hasta los Abruzos para ver a un tal Nil, quien vive como un ermitaño en medio de la naturaleza comiendo pizzas de Casa Tarradellas en un horno de piedra, y que, no sabemos para qué ni (sobre todo) por qué, se dispone a contar su historia al desconocido.

¿Y cuál es la historia? Un lío bastante grande que vamos a tratar de desentrañar, porque vaya tela.
En primer lugar, es necesario aclarar que la novela, que ya hemos dicho que es original y novedosa, sigue la original y novedosa estructura de que cada capítulo oscila entre el presente y el pasado. De esta original y novedosa manera, la acción se distribuye en lo que Benoît debe calificar de “estructura cinematográfica”, los demás llamamos “otra vez la misma mierda con la que no me entero de nada”, y los más listos denominan “cierro el libro y me voy a dormir al coche con un trapito en el tubo de escape”.

A pesar de que el prólogo nos indique que es el padre Nil quien va a contar su historia, esta comienza con un pasaje protagonizado por otro personaje: el padre Andrei, un monje bibliotecario de una abadía francesa y estudioso de los Evangelios, que se encuentra en un tren viajando hacia Roma. En su vagón sólo tiene la compañía de un hombre rubio con una cicatriz que, de forma original y sorprendente, es un asesino que mata al padre Andrei cubriéndole el cuerpo con una chaqueta y tirándolo por la ventanilla del vagón. El dinero que le dieron para armas acabó gastado en carajillos y caramelos de Vampiro.

Aquí se introduce la idea original y sorprendente de que el padre Andrei era el mejor amigo del padre Nil, de ahí la conexión. Y, cómo no, de forma original y, más que nada, sorprendente, en difunto Andrei le ha dejado una serie de pistas al joven monje para que continúe con sus arriesgadas investigaciones. 

Lo que pasa es que Andrei debía de ser un cachondo, porque las pistas que le deja a Nil (que tampoco es que tenga muchas luces, ya os lo adelanto) son una foto sacada en plena noche con una cámara cutronga de esas desechables que te las revelan en menos de veinticuatro horas y unos papeles con signos e iniciales. Así que, como en la foto no se ve un carajo, a Nil le toca volver al lugar donde fue tomada y hacer otra, para enterarse aunque sea un poco de qué va todo esto. 

La foto en cuestión es de una tumba ubicada en una especie de iglesia o abadía en ruinas. En ella, aparece una inscripción con un acróstico digno del más complejo ejercicio de las Vacaciones Santillana, que Nil tarda lo suyo en resolver. Para no liarnos, el caso es que al parecer existió un apóstol de más, el número trece, que, por algún motivo, no debe ser conocido, y cuya existencia e historia revela una versión diferente de los Evangelios tal y como se conocen. Por otro lado, los papeles con signos son signaturas de la biblioteca de la abadía, que llevan a nuestro protagonista a otras signaturas y documentos que, en esencia, hablan de lo mismo.

Como Nil aún no ha descubierto ni la mitad de la tostada que se está liando, a sus espaldas y sin que él se entere (lo que tampoco es muy difícil) el abad le está espiando y alerta a las altas esferas  vaticanas sobre que el joven monje está siguiendo los pasos de Andrei. Sorprendentemente, a Nil le llega una carta invitándole a ir al Vaticano ¡Qué casualidad, como al padre Andrei! ¡Y qué bien, en tren, como él! Por lo que vemos, los malos de esta historia también son muy originales. Por supuesto, como ya hemos aclarado que a Nil a ratos le faltan un par de patatas p’al kilo, acepta y se monta en el tren camino de Roma. Total,  ¿qué puede pasar?

En un sorprendente y original giro de los acontecimientos, el vagón de tren de Nil está vacío. ¿Vacío? ¡No! Un par de asientos más allá del suyo, un hombre rubio con una extraña cicatriz se sienta, mirándole fijamente. En un momento dado en que Nil se queda traspuesto con el chaca-chá del tren, el hombre se levanta con la original excusa de ir a buscar algo en el portamaletas. Agarra la chaqueta y… entran unas monjitas que tenían reserva por conveniencia narrativa y Nil se queda un poco sorprendido, pero como es de la escuela de Jon Nieve, no se termina de enterar de nada y se queda frito. ¡Qué peculiar es la gente en los trenes, hoygan!

Mientras tanto, en el Vaticano, se está fraguando un plan tramado por dos malvados personajes que deben detener al padre Nil cueste lo que cueste.

El primero en discordia es monseñor Calfo, un sacerdote rechoncho, con bigotillo (signo inequívoco de maldad), que dirige una sociedad secreta que tiene que proteger un súper secreto que no sabemos cuál es; pero que, de nuevo, puede destruir los cimientos de la Iglesia y de todo lo bueno y bello que existe en el mundo (o sea, LAS CROQUETAS). Además, como buen sacerdote malvado marca ACME, Calfo es  amante de los lujos, la buena comida y bebida y, por supuesto, las munheres. Lo que pasa es que el monseñor este tiene una teoría según la cual el sexo es la mejor manera de llegar al éxtasis espiritual por medio de la carne, y le gusta contratar a prostitutas y vestirlas de monjas, vírgenes y cosas así, mientras se las folla colgadas en curces o arrodilladas en reclinatorios delante de iconos gigantes. O sea, que es un sacerdote malvado, pero con parafernalia 50 sombras de cristianismo para hacerlo más original y… sorprendente.

El segundo sacerdote tiene un poder ilimitado dentro de la Iglesia. ¿El Papa? No. En esta novela el Papa es un señor polaco que está muy enfermito y no se entera de nada. 

"¡Ah, vaya! Qué original y sorprendente. Pues no me suena de nada. ¿No será el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, remarcando de forma muy original que antes era la Inquisición?"

Pozí.

"¿Y no será alemán?"

Sipi.

"¿Quizás se dice en algún momento de la novela que tiene un pasado relacionado con el nazismo?"

Sep.

"¡Oh mai gach! Pues ahora sí que no caigo en quién puede ser. Tal vez el nombre me ayude un poco…"

¡Claro que sí, wapi! Nuestro siniestro personaje es… 

EL CARDENAL CATZINGER 

Cualquier parecido con la realidad es pura ficción
 Después de esta clase magistral de sutileza, vemos que el siniestro cardenal utiliza a Rembert Leeland, un viejo amigo de Nil experto en música sacra, para sacarle toda la información que pueda. Obviamente, el pérfido cardenal tiene documentos que pueden presionar a este pobre sacerdote de la manera más cruel imaginable, porque…

¡El sacerdote es gaylor!

Bien, puede que tantas sorpresas originales y novedosas os estén confundiendo. Repasemos lo que tenemos hasta ahora:

1. El Vaticano tiene líderes corruptos en las altas esferas, y algunos sacerdotes son puteros u homosexuales reprimidos, y otros son radicales inmisercordes que ven la Iglesia como una gran empresa que debe perdurar para dar beneficios.
2. Hay obispos que lideran sociedades secretas dentro del propio Vaticano y, salvo ellos y sus cuatro compinches, nadie se cosca de que esas sociedades existen.
3. El Papa no se entera de nada de lo que pasa y los cardenales y obispos hacen y deshacen a su antojo trapicheando con secretos históricos que NADIE ha descubierto jamás a partir de 1900 más o menos.

¿Veis como la novela es original y sorprendente? Repasad la cantidad de obras en las que hayáis visto un alarde de originalidad tan enorme como este.

A mí en este ratito ya me han salido veinticinco.

Bueno, pues agarrarse los machos, que nos vamos de paseo. Resulta que Calfo y...
 
Catzinger
...trabajan juntos pero son rivales. Calfo desea los conocimientos de Nil para utilizarlos en su sociedad secreta (La Sociedad San pío V), y...
 
Catzinger
...piensa que lo más importante es acabar con el joven monje y enterrar todo vestigio de sus descubrimientos para siempre. De ahí las distintas formas de trabajar. 
Catzinger
 más directo y ladino, tiene chantajeado al amigo de Nil; pero Calfo, más práctico y gradilocuente, no se lo piensa dos veces y, como en esta novela había pocas instituciones sórdidas mezcladas, decide llamar a un agente de Hamas. 

Sí, hamijos, como cualquier danbrawnista de pro sabe, todos los servicios secretos se ayudan entre sí para sus cositas secretas, así que, ¿por qué no colaborar, aunque uno sea católico y el otro musulmán? ¡Dicho y hecho! Muktar, el agente de Hamas, se lía a poner micrófonos en el piso de Rembert Leeland como pa’ una boda. Nil y Leeland, como son unos aguilillas, deciden que el mejor lugar para contarse sus descubrimientos y coincidencias es… ¡Claro que sí! ¡El piso! ¡Cómo me gustan a mí los personajes inteligentes, leche!

Rembert y Nil tienen que ir todos los días a las bibliotecas vaticanas para, supuestamente, traducir unos textos musicales, pero no. Recordemos que son muy listos, por lo que esa excusa tan buena encubre que, en realidad, ambos están buscando pistas sobre el misterioso apóstol número trece. Allí conocen a un viejo bibliotecario polaco que tenía órdenes del cardenal...
 
Catzinger

...para ocultar toda la información que pudiera al bueno de Nil. 

¡Otro escollo! ¡Otro obstáculo! ¡Otra nueva dificultad! ¿Cómo podrán sortearlo esta vez nuestros intrépidos amigos, siendo tantos los peligros que les acechan? Muy fácil, el genio de la conveniencia narrativa hace que el bibliotecario sea polaco y que odie al cardenal por unos asuntillos relacionados con cierto pasado que, por lo que fuera, tiene que ver con el nazismo. Así que ya está. De pronto, Nil no solo descubre el secreto que fue a buscar, sino que, sin haber hecho absolutamente NADA ni haber pasado por la mitad de los peligros que cualquier protagonista random de cualquier novelucha conspiranoica de los últimos veinte años, se encuentra con una buhardilla abandonada donde se guardan TODOS los archivos clasificados del Vaticano desde los tiempos de Mari Castaña. ¡Que al menos Robert Lagdon corría de museo en iglesia, hombre ya!

¿Nunca habéis oído eso de “tienes más suerte que los tontos”? ¿A que ahora sí que os habéis sorprendido? Pues así me quedé yo, con cara de padre Nil para una semana.

Llegados a este punto, lo más normal es pensar que debería haber algo de tensión. No puede ser todo tan fácil. Bueno, no, lo más normal sería coger el libro y arrojarlo al río con un ladrillo para que haga peso; pero hay que terminar. 

La tensión del relato aumenta cuando Leeland recibe una invitación de su amigo Lev, un músico realmente talentoso que va a dar un concierto en Roma. Y como lo mejor en mitad de un fascinante descubrimiento que puede acabar con una sociedad llena de gatos y perros cohabitando es tomarse un respiro en un lugar público donde cualquier espía o asesino puede verte, pues se van. 

Al acabar el concierto, Nil descubre con sorpresa que el músico Lev es…

EL ASESINO DEL TREN

Bueno, para Nil Nieve es “El hombre del tren”, porque estamos a poco de acabar la novela y recordemos que NO SE HA ENTERADO de que casi lo matan allí. ¡Madre mía, qué tensión! ¡Y es amigo de su amigo! ¡Y se van los tres a cenar juntos! ¡Y Lev se pone a tirarle pullas estilo Gila sobre “alguien esconde un secretito”, “que yo sé que alguien sabe algo muy importante”! ¡Cómo acabará semejante cúmulo de tensiones!

No hace falta que vayais al fisio a que os quite la tensión del metacarpo, ya os lo cuento yo. 

No pasa nada. 

Nada.

NADA.

Rellenar páginas porque sí. El truco de todo buen escritor.

Resulta que Lev era en realidad un agente secreto de Mossad (Hay que meter muchas páginas y muchos servicios secretos, es lo que hay) que, además, es amigo de Muktar, el de Hamas. El caso es que ni a los judíos ni a los islámicos les beneficia el conocimiento del secreto que Nil ha descubierto. Lo que pasa es que Muktar debe acatar la orden de asesinar al monje, y Lev está un poquillo confuso. ¿Por qué? Bien, ha llegado la hora de conocer el secreto más secretísimo del cristianismo. Por favor, sentaos donde podáis, agarraos los pelos de las orejas y que San Dunguero os de valor. Aquí llega el SECRETASO.

A lo largo de toda la novela, como ya dijimos, los capítulos de las aburridas andanzas de Nil y sus amigos se han ido intercalando con otros que nos van revelando todo el secreto que los pardillos personajes descubren porque sí. Estos hechos son la VERDAD que, por supuesto, es ORIGINAL y NOVEDOSA, nunca tocada en ninguna otra novela de este tipo. Nada que hayais visto o leído en cualquier parte os habrá preparado para toda la trama histórica de este novelón.

Lo primero que nos llama la atención es que estos capítulos están introducidos por un título, que indica que son textos sacados de los Evangelios de Mateo y Juan, a veces incluso un mismo capítulo es de ambos Evangelios a la vez. ¡Por Peich! ¡Pero si el de Juan no era de los Sinópticos! No importa,  porque lo mejor que nos decubre Michel Benoît es que un texto del siglo I puede estar escrito en el mismo estilo y con la misma estructra y vocabulario que cualquier texto de la actualidad. Incluso, de pronto nos aparece un narrador omnisciente que introduce pensamientos de los personajes en estilo directo. 
¡Es un milagro literario!
 "Vale, pero antes de arrancarte las gafas, ¿nos dices el secreto, cohoneh?" Voy.

Los apóstoles eran todos una panda de gañanes que no sabían ni leer ni escribir, que contaban con los dedos y además estaban convencidos de que debían formar una religión para acabar con los romanos. Esta idea no era compartida por el decimotercer discípulo, llamado el Bienamado, que era el único que sabía leer, escribir e incluso contar mentalmente. Por ese motivo, este misterioso discípulo comprende a Jesús y los demás no. ¿Qué comprende? Básicamente, que Jesús predica un modo de vida, no una religión, y que lo que quiere es ser un buen judío y poco más. Los demás Apóstoles, iletrados, burdos, estúpidos, etc. utilizan la figura de Jesús para sus propios planes y odian al discípulo Bienhamado.

Total, que si tomamos en consideración esta teoría, tenemos a un Jesús que tuvo un plan bastante cutre para evangelizar a la gente: elige a trece discípulos, de los cuales solo le entiende uno; y los otros, no solo es que no le entiendan, sino que quieren utilizarlo, tapar su mensaje y vender su muerte y resurrección para montarse un chiringo de tres pares de narices. No es por nada, pero como idea a largo plazo de unos dos mil años, más o menos, me parece un pelín flojo para haber sido pensado por el Hijo de Dios. ¡Ah, claro, que según Benoît, Jesús no es Hijo de Dios! Pues ya está. Todo cuadra.

 Por eso tiene todo el sentido que Pedro asesine a Judas porque sí; que, una vez muerto Jesús, los Apóstoles se dividan en facciones y se destruyan sin ningún tapujo mientras los judíos los persiguen; y que el supuesto Bienhamado les encargue a los esenios que entierren el cuerpo de Jesús en un lugar secreto en mitad del desierto. De esta forma, se crean dos iglesias: la del judeo Bienhamado, llamada el grupo de los nazareos; y la de Pedro, que sería la Iglesia Católica que conocemos hoy en día.

¿Qué pasa? ¿No sabeis que la coherencia interna es para débiles?

Pues no acaba ahí la cosa. Siglos después, unos caballeros templarios que andaban de puente de la Constitución por Jerusalén se encuentran unas vasijas un poco pochas en Qumrán. Como lo de la arqueología no se estilaba mucho en aquella época, se ponen a hurgar con las manos sucias de matar sarracenos y encuentran un papelito. Ese papelito es la última voluntad del judeo Bienhamado, que cuenta LA VERDAD e indica el lugar exacto donde fue enterrado el cuerpo de Jesús.

Cuando volvieron del puente, que les salió más largo de lo normal entre pedir moscosos y días de asuntos propios junto con una baja por dolor en el mejillón del pulgar del pie derecho, presentaron el texto a sus superiores, que a partir de aquel momento se convirtieron en una sociedad súper secreta llamada LOS CABALLEROS TEMPLARIOS. Que ya se llamaba así de antes, pero deberíais haberlo dicho con voz de JL de Mundo Desconocido para notar la diferencia.

Así que todo el mundo pensaba que los templarios ocultaban el Grial. ¡Qué ingenuos! Ya hemos dicho que esta novela era original y sorprendente, por favor. Lo que guardaban era un tubo de oro donde se encontraba el manuscrito, aparte de hacerse una copia por si la original se perdía o destruía. Pero claro, ese gran tesoro debe ser protegido, guardado, custodiado en algún lugar donde nadie pueda encontrarlo. ¿Qué hacer? ¿Volver al desierto? ¿Esconderlo en alguna cámara subterránea? ¿Meterlo en el fondo del cajón del escritorio con una llave guardada en una cajita, como el diario secreto de la Jessy? No, hamijos. La solución del Gran Maestre de la Orden del Temple fue mucho mejor.

Hizo lo que todos querríamos que Benoît hiciera con su novela: metérsela por el culo.

El supositorio sagrado. Mejor que la santa granada de Antioquía
 Sí, hijos, sí. El Gran Maestre tenía el gran honor de practicar el secretismo religioso con su ano. Y semejante guarrerida debía ser expulsada del culete de uno cuando moría y se le ponía al siguiente como un supositorio. Por eso los templarios (OJO, dato histórico real ofrecido por Benoît) juraban lealtad al Maestre besándole en el ojete. Y solo por haber creado esta solución para un hecho histórico irrelevante, Michel Benoît se merece todo mi respeto.

Chiste real de la novela: "¡Oh, Templar queers!"
 En 1314, los Templarios fueron sentenciados a morir en la hoguera. ¿Qué fue, entonces, del documento de judeo Bienhamado? ¡Que se quemó, obviamente! De aquel sagrado supositorio solo quedó una lagrimita brillante entre las brasas. Los templarios y el secreto de Jesús habían desaparecido para siempre.

¿Para siempre? ¡Norl! El párroco de Notre Dâme recogió la lagrimita y se la llevó a Roma, donde se fundó una nueva sociedad secreta que velara por que el secreto siguiera siéndolo y lo conocieran cuatro gatos o algo así. Y esa sociedad secreta es…

LA SOCIEDAD SAN PÍO V

Monseñor Calfo es el que tiene la lagrimita guardada, y todos sus compinches se reúnen de cuando en cuando para dos cosas: tramar y besar la reliquia anal. 

¿Y el documento? Solo queda una copia, y está en la buhardilla donde lo encontró el padre Nil. O sea, que dos servicios secretos y tres religiones buscan un legajo que estaba tirado guarramente en una buhardilla abandonada, cuando alguien podía haber subido y mirado un poquito por los alrededores. Pero claro, empezarían con lo de siempre: “No me lo toques, que lo tengo desordenado pero sé dónde está todo”, y claro, luego buscas en la carpeta “Documentos que pueden cambiar el destino de la Humanidad” y resulta que ahí no estaba. Te toca montar una conspiración asesinando y espiando gente para que te encuentren las cosas por no poner un poquito más de cuidado. ¡Con los temas del Nuevo Orden Mundial no se juega, hombre!

Pues ese era el secreto secretísimo. ¿Y por qué preocupa tanto al los judíos y a los musulmanes? Muy fácil. El judeo y sus pocos seguidores conocieron a Mahoma y a este le encantó su religión. Lo que pasa es que luego huyó a Medina, una cosa llevó a la otra, y decidió montar un culto distinto, pero no importa. El secreto del judeo haría que los cristianos y los musulmanes se dieran cuenta de que ambas religiones niegan la divinidad de Jesús, y la Yihad contra Occidente terminaría porque las dos facciones olvidarían todas las guerras, petróleo, atentados y cabezas nucleares que han tenido durante siglos y vivirían en el país de los unicornios tomando el té con el dragón rosa bajo el arcoíris.

¿Y los judíos? Pues resulta que el secreto no les viene bien porque si se niega la divinidad de Jesucristo, eso querría decir que era judío, y ya no habría diferencia entre judíos y cristianos. Por lo tanto, el judaísmo sería una especie de rama del cristianismo y perdería su independencia, y los judíos no tienen ganas de que exista una Biblia Católica Naranja, que luego las Bene Gesserit empezarían a concertar matrimonios y sería un rollo.

Y recordad que esto era la base de un ensayo teórico. Atención a las sabias palabra del padre Nil a Rembert, que todo investigador de la VERDAD debería aplicar a su vida:

“- […] ¡Lo mezclas todo!
- No. Solo relaciono elementos dispares”.

La coherencia interna no para débiles. Es para gentuza. 

Lo que pasa es que Lev, por arte del hada mágica de  la conveniencia narrativa, es apartado de su misión y ya no tiene que matar a Nil ni nada. ¡Uf, qué alivio! ¡A ver si para lo poco que nos quedaba de novela iba a pasar algo interesante y se jodía el ambiente!

Lamento deciros que sí que se jode, sí. ¡Y menos mal! ¿Recordáis que a Calfo le gustaba practicar el acto de la prespitación mística? Pues se da el caso de que la señorita prespituta con la que hace sus cositas del diodeno sexuarrrrllll es una muchacha rumana que no soporta semejante trato hacia su persona ni hacia Dios. Por este motivo, acosada por la culpa, entra en una iglesia a confesarse una mañana. Y como las casualidades son maravillosas cuando las provoca el autor de la novela, el sacerdote que confiesa a la bella y atribulada joven es…

¡CATZINGER!
Por fin, el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe tiene lo que necesitaba. Le dice a la chiquilla que no se preocupe, que no vaya a más citas con Calfo, que no le va a pasar nada. Acto seguido, le pide a un tal Antonio, sacerdote del Opus Dei (tardaba ya en salir, un poquito en el último minuto, pero bueno) que vaya al apartamento donde Calfo realiza sus interpretaciones libres de la poesía de Santa Teresa de Jesús y se lo cargue tranquilamente. El joven Antonio así lo hace, y al día siguiente los medios de comunicación dicen que ha sido un paro cardiaco, y Catzinger se erige como nuevo líder de la Sociedad San Pío V. 

¡Y AHORA TIENE TODO EL PODER!
 Por su parte, Lev decide algo productivo y avisa a Nil y Rembert de que el agente de Hamas quiere matarlos. Leeland no se lo piensa dos veces y, acosado por sus traumas personales, se deja asesinar por el secuaz de Calfo. Este último solo tiene una misión más que cumplir: acabar de una vez por todas con el padre Nil.

A todo esto, ¿dónde narices ha terminado Nil? Pues donde empezó toda la historia. Resulta que el buen hombre ha huido a una ermita de los Abruzos a vivir con un vejete muy majo que comparte sus conocimientos. ¡Estructura circular! ¡Qué original! ¡Qué sorprendente! ¡Que se acabe ya este coñazo, por favor!

Bueno, se supone que Nil se queda a vivir con el viejecillo y se convierte en un ermitaño él también, hasta que un día llega un onvre que se conoce que ha descubierto el asunto del judeo Bienhamado y Nil le cuenta todo lo que sabe para que el legado del apóstol número trece siga vivo por algún lado. Lo que no termino de entender es cómo, siendo un personaje que no se enteraba de una castaña, tuvo tiempo de saber todo lo que había pasado e incluso aspectos de la historia que no le afectaban en absoluto. Creo que es el poder de las pizzas de Casa Tarradellas, pero tampoco me hagáis mucho caso.

No olvidéis ser originales, novedosos y sorprendentes.

O no.


Taluegorrrrrrrrr

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