Vicisitud y sordidez

Nuevas vicisitudes

Después de dos capítulos, terminamos ya con la importantísima saga épica que cuentas las gestas de Juan Pardo, de cara a mejorar vuestras conversaciones sobre música de auténtica calidad, provocando lo que cualquier friki desea en muchos momentos de su vida: que lo miren mal aunque tenga razón.

Puede que después de dos episodios, aún no sepáis por qué nuestro Pardiño merece ser hamado por cualquier sórdido que se precia de tener un mínimo de sentimientos. Si ese es el caso, no os preocupéis, aún tenéis una oportunidad con este capítulo final.

Si recordáis los episodios 1 y 2, habíamos terminado los años setenta con Juan Pardo en plena cresta de la ola, produciendo y componiendo como un loco y consiguiendo buenas ventas y altos puestos en las listas de éxitos. Pero en la siguientes décadas, nuestro héroe de Ferrol va a llegar por fin a lo más alto, para descender, subir, volver a bajar y sorprendernos a todos. Recorramos rápidamente la carretera secundaria que es el tercer capítulo de la historia de Juan Pardo.

1980 es, sin duda, un año en el que el mierdismo ilustrado vuelve a la vida de Pardo y nos enseña que fusilar tus propios éxitos también puede ser una opción. En primer lugar, compone el tema “Twist del colegio” para el grupo Parchís, donde se recrea en una retórica digna de Mecano para meter todo el rato las mismas estrofas y las mismas rimas. Después de la serie de Don Quijote, los niños de Essspaña se merecían un chorradismo adaptado a su edad.

En segundo lugar, ¿recordáis la canción “Natural”, del maravilloso disco del mismo nombre? Como ya os comenté que se olvidó con cierta rapidez, ¿qué mejor que reciclarla para servir de reclamo de un anuncio de una conocida marca de refrescos? Dicho y hecho, de Cat Stevens al Trinaranjus de piña. ¿Qué puede salir mal?

Por último, en este año Juan saca un nuevo disco con un nuevo sello discográfico. Hispavox, la productora donde una vez le dijeron que jamás sería cantante, acoge esta vez a Pardo con los brazos abiertos y lanza el LP Juan, mucho más Juan. Porque ya la portada nos indica que ser un intenso no es una filosofía, ni una religión, sino un modo de vida.

En este disco, heredero directo de Hotel Tobazo y Amor mío, Juan ya casi ha ultimado su metamorfosis. Para ello, se cortará el pelo y comenzará a trabajar el estilo camiseta blanca y americana que tanto bien hizo a los artistas cuarentones de los ochenta. En cuanto a su música, las marcas de la casa que ya serán constantes en toda su producción serán:
1. La balada coñazo.
2. La balada intensa.
3. La pachanguita pardeira.
4. El casticismo zarzuelero.
5. La perfecta cabecera de serie de Televisión Española.
6. La épica coplera.

Obviamente, estos estilos pueden combinarse, cambiar o estar sujetos a la genial locura de nuestro protagonista, pero así nos hacemos una idea general.

De este disco merece la pena el single “No me hables”, ejemplo claro de pachanguita pardeira con toques de ranchera, y que lo devolvió a las listas de éxitos una vez más.

Pero la verdadera incursión de Juan Pardo en nuestras miserables vidas no tardaría en llegar. En 1982, aparece un disco anodino, que repite las mismas fórmulas que el anterior, pero que contiene el chingle definitivo, el temazo sideral por antonomasia, el hard-ñoñismo hecho canción que ha marcado a generaciones enteras de tiernos infantes de por vida.

Sí, calamares insulsos del espacio, 1982 contempló la llegada de…
BRAVO POR LA MÚSICA
¿Cómo pudo ser creada semejante Ovra Maestra del Hamor universal? En realidad es fácil, haces una melodía con una base del “I have a dream” de ABBA que tira de espaldas, le añades un coro infantil –igual que “I have a dream”- pero, como eres un genio de la vicisitud, la MEJORAS exponencialmente metiéndole una intro con casiotone y un VOCODER.

Por supuesto, además de los elementos antes mencionados, hay que añadir otras dos marcas de la casa Pardo: cantar creyéndotelo mucho, pero mucho mucho; y acompañarte de bailarines, actores o cualquier tipo de atrezzo para aportar CALIDADE a tu espectáculo. Porque otra nueva seña de identidad en lo físico de Pardiño es su amor por las performances y los elementos obvios de apoyo a las letras de sus canciones.

¿Necesitas un robot para el inicio del tema? ¡Listo! ¿Quieres niños corifeos? ¡Hecho! Estos elementos son los básicos de cualquier vídeo de “Bravo por la música” que podáis buscar en los interneses. Como eso ya nos lo sabemos, a pesar de que sea muy bello y divertido, pondré dos versiones. En la primera, Juan presentaba su single en primicia primiciosa. Como aún no estaba grabado, canta en acústico, con guitarritas y unos pocos niños. Escuchada solo con guitarra, os aseguro que el parecido a ABBA da hasta miedo, y el aplomo con el que sonríe tras echar la bronca a los niños porque cantan a destiempo es digno de admirar.

Pero como sé que lo que a vosotros os gusta es el robot y el play back descarado, os voy a dejar una versión en la que hay androide, niños y ¡bengalas! Porque nunca se debe escatimar en cualquier elemento que ponga en peligro la integridad física de tus ayudantes en pro del molonismo más extremo.

Ahora sí, por fin Juan Pardo es el Juan Pardo que todos conocemos, hamamos y azmiramos hasta el regüeldo. Los primeros años de la década de los ochenta no podían ir mejor para nuestro artista favorito. Por eso fue que, un buen día, nuestro onvre recibió una llamada de las altas esferas.

Resulta que Adolfo Suárez, además de ponerse de acuerdo con el resto de líderes políticos, sacar adelante una constitución y ser presidente en la nueva democracia, era admirador de Pardiño. Y qué casualidad que a Juan le molaba el rollito centro-democrático-social de Suárez. Así las cosas, el político le encargó a Pardo que compusiera una canción para las elecciones. Mucha gente piensa que Juan Pardo compuso la famosa canción de “Vota CDS, vota libertad”.

Años después, cuando un sagaz periodista le preguntó a nuestro artitta por el asunto, este corroboró la información. En efecto, había compuesto una canción para el CDS. Cuál no sería la sorpresa del periodista cuando, al ponerle la famosa tonadilla, Pardo puso cara de admiración y dijo que esa no era, que él no había compuesto eso jamás. ¿Dónde andaba entonces la canción de Juampa?

Pues no lo sabe, y ni siquiera la recuerda como para tararearla. Así que aquí tenéis un auténtico misterio de la Transición y la respuesta de por qué el PSOE ganó aquellas elecciones. Cuando os salga un listezas a deciros teorías sobre el Rey y el 23-F, le soltáis esto y lo dejáis moñeco. De nada.

Como el Fénix de Ferrol se sentía imparable, recién entrado en los cuarenta y recién divorciado, 1983 es el año en que va directamente a por todas con un nuevo disco, esta vez DOBLE. Caballo de batalla tiene todos los elementos pardísticos para petarlo en las listas de éxitos, y ya os digo yo que lo consigue con creces.

Para empezar, el chingle que da título al disco tiene también múltiples vídeos y actuaciones televisivas. En la mayor parte de las mismas, Juan se acompaña de bailarines vestidos de caballo, o incluso de caballos reales. Pero seamos sinceros, un tema que maneja una metáfora tan poco sutil como la de los caballos, las yeguas y el cabalgar, merece otra cosa más allá de lo performático que ya conocemos todos. El vídeo realizado en casa de Juan Pardo en 1984 es mucho mejor.

Juan Pardo en su estudio de grabación casero, con una piscina decorada con una clave de Sol, va vestido con algo que se parece a un chándal sin mangas a lo Marc Lenders, cadenita de oro y esclava incluidas. Con los cascos puestos en un intento de que no se note el play back que se está marcando, le da indicaciones al técnico de sonido, que no se entera, por lo que tiene hacerle señas como si pidiera la cuenta en el bar de la esquina. Una vez rematado todo ello, qué mejor que tomarse un buen lingotazo entre estrofa y estrofa porque sí, porque tú lo vales, y hacer unos cuantos gestos sublimados como seguro que harías en el estudio de tu casa con el bronceado de la ría puesto por montera. Os aseguro que este vídeo es oro puro.

En Caballo de batalla, además, hay otras canciones muy destacables. “Quién soy yo” y, sobre todo, “Ahora que no estás”, aportan ejemplos de intensidad coplera y perfecta cabecera de serie de Televisión Española. “Cazador” nos da un plus de mierdismo fusilando los mejores recursos de “Quijote-Sancho” junto con la épica zarzuelera. Por último, el disco cuenta con dos canciones compuestas para ser cantadas a dúo con ni más ni menos que la mejor voz del siglo XX, la Chipionera universal, la Más Grande. Rocío Jurado se come a Pardo tanto en “¿Por qué me habrás besado?” como en “Amar tan bien”, pero de aquella colaboración surgió una amistad que traería muchas alegrías al mundo unos años después.

1984, en cuanto a discos, es un pelín anodino. Finalmente, Juan se reconcilió con Fernando Arbex –el de Los Brincos- y ambos se largaron a Londres a grabar Un sorbito de champán, donde Pardo agarraba con fuerza el fusil para aplicarlo a esta misma canción. Además, hay dos temas que serán recurrentes en su gira de conciertos, como “Ninna”, la historia de una niña de circo que soñaba con ser domadora; y “Qué peligro tiene”, una pachanguita pardeira que solía ir acompañada de su propia performance coreográfica.

Una vez que Juan Pardo se ha convertido definitivamente en un galán de la música melódica, solo le queda ofrecer actuaciones como churros y aparecer mucho en televisión. Este último objetivo lo cumplen ampliamente dos programas de los que colgaré el enlace por su duración, pero de los que hablaré un poquejo.

El especial Juan Pardo de 1984 es un derroche de genialidad donde Juan protagoniza, por un lado, una serie de videoclips de algunos de sus más conocidos chingles, y, por otro, sale a la calle con su micrófono en mano cual reportero de España Directo y se lía a preguntarle cosas a la gente que pasa por allí. Niños, ancianitas con prisa, jóvenes quinquilleros, mujeres jóvenes en edad de merecer y mujeres maduras que no dudan en decirle: “Tú estás perfecto en todo”. La música del galán melódico llega a todos los rincones y estratos de la sociedad. Cierto que algunas preguntas, como “¿Te han castigado alguna vez?”, no acaban de tener sentido, salvo por las respuestas; pero este especial resulta maravilloso por cuatro motivos básicos:
Juan Pardo... ¡Patina!
Juan Pardo... ¡Cabalga!
Juan Pardo... ¡Viaja en el tiempo!
Juan Pardo... ¡Camina entre dinosaurios!
Eso sumado a la horroentrevista con Los Pecos –ojo al diálogo de besugos que se marcan a costa del pobre rubio- eleva este especial a página de letras doradas de la historia de la televisión.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/musica-en-el-archivo-de-rtve/especial-juan-pardo-22-7-1984/3570508/

En 1985, aprovechando el tirón, se edita Pardo por la música, doble disco con un concierto en directo, que será televisado –aunque con mucha menos duración- por TVE. Bravo por Juan Pardo es un concierto grabado en Madrid donde Juan aparece con unos ropajes cuasi neorrománticos y tiene bailarines, teléfonos, vocoders, copas de champán con purpurina que no duda en arrojar sobre la melena de Paloma San Basilio, un número en que un bailarín sale disfrazado de él a bailar y que recuerda de forma demasiado sórdida al videoclip de “I’ve got my mind set on you” de George Harrison –Harrison PLAGIÓ a Juan pardo-, a Massiel tomándose unos copazos, y a la siempre genial Mari Trini volteando servilletas para animar a ese público revenío, siendo el único personaje con cordura que sabe lo que procede en un espectáculo de semejantes características.
http://www.rtve.es/alacarta/videos/programas-y-concursos-en-el-archivo-de-rtve/bravo-juan-pardo-1985/3390225/

Ese mismo año, Pardo no podía parar de crear y decide sacar un nuevo single épico que potencia los VALORES de la sociedad, puesto que fue escrito en homenaje a las personas deficientes mentales. “Ciudadanos del mundo (abrid los brazos)” es un auténtico himno, y no aparece en ningún disco, lo mismo que ya hizo Pardo con La charanga.

En el videoclip, vemos como Juan Pardo se embebe de espíritu gallego posado sobre unas verdes cumbres vestido de blanco. Mientras hace gestos sublimados y se mola como nunca hasta ese momento, Gandalf va recorriendo Galicia para acabar otorgándole a Pardo la Llama de Anor. Como el pobrecillo ha debido hacerse el Camino de Santiago desde Roncesvalles y sin águilas, viene matadito perdido, así que Pardo recoge el testigo mítico-olímpico y suelta una paloma blanca de forma un pelín desastrosa.

Y como Juan Pardo se anticipa a los años, las edades y lo que le echen, también se anticipó al propio Vicisitud y Sordidez, porque durante toda la retransmisión del vídeo, vemos cómo el fúrbo, motor y eje de la cultura esssssspañola, se impone a la cordura y los valores haciendo que algún desalmado programador vaya poniendo los rótulos con los resultados de la semana. Y sí, mutantes del océano, el Zaragoza metió dos goles.

El Cádiz, cero.

CALIDADE.

Tras este soberano empacho de éxito, más de un crítico pensaba que Juan Pardo estaba muerto y enterrado. Una vez llegado a la más alta cumbre del éxito, resultaba casi imposible repetir las heroicidades que Juan Pardo había realizado durante cinco años que ya duraba la década. Y, como siempre, nuestro Fénix ferrolano nos sorprendió con uno de sus mejores discos.

En el anexo a los discos con valores ya hablé de 'Qué tienes en la cama', que destaca sobre todo por el contexto en el que apareció. Sobre la rumbilla que da título al disco, en palabras del propio Juan Pardo en un especial de la TVG: “Todo el mundo piensa que es una canción de corte pícaro, y en realidad no tiene nada que ver. Narra el encuentro con uno mismo, el balance del día cuando uno se despide física y psíquicamente. Hacer el recuento de lo que piensas que tienes contigo mismo cuando estás en la cama”. Por supuesto, no seré yo quien desmerezca las palabras del propio autor de una obra.
Juan Pardo, haciendo un balance reflexivo sobre su día
Además de con Los Chunguitos, el disco cuenta con un dueto con Mari Trini, la canción “El último romántico” -otra perfecta cabecera para serie de Televisión Española- y la inconmensurable La Puerta.

Ya hablamos de la canción en sí, que aúna en once minutos todos los elementos melódicos del pardismo ilustrado; pero, ¿se podrían tener los santos carallos de interpretar semejante muestra de poderío en televisión?

Espero que hayáis entendido que se trata de una pregunta retórica. POR SUPUESTO que hay una actuación. Yo tengo un problema, porque me da síndrome de Stendhal cada vez que lo veo y termino llorando de la risa y la admiración al no poder asimilar tales cotas de grandeza. Hace ya unos años Paco Fox se hizo fan de la canción y, por supuesto, del vídeo, así que, como él tiene un mayor control sobre sus juanetes, os lo va a glosar mucho mejor que yo.


A ello.... ¡JEIPI GOES PROG! Por supuesto que tenía que loaros esta ovra mágica, magna y, como diría José Bono, magggturbatoria. Porque en toda épica prog hay un poco de onanismo. Y en toda creación artística así en general.


La lógica nos dicta que, dado que estamos hablando de un tema de casi 12 minutazos que haría llorar a Rick Wakeman de envidia, Jeipi metería en él un cóctel (sí: molotov) de toda su discografía que aquí culmina. Pero si algo he aprendido tras leer esta serie de artículos es que nadie puede dar nada por sentado en lo que se refiere a este jrande de Esppppaña.

Abre fuego con un astuto ataque Balada Intensa invocando la mejor tradición italiana de cantar haciendo fuerzas para pasar aquello que el déficit de fibra deja en los intestinos. Pero, de repente, nos pilla a todos con los calzoncillos bajados y se marca un grito que huele a laca y aorterismo que haría que Rob Halford quisiera follarse a Jeipi MÁS. Porque todos querríamos habernos follado a Jeipi. Es el equivalente gallego a El Hombre Más Interesante del Mundo pero sin anunciar cerveza de mierda.
Sí, chicas: desde que me operaron de la próstata, ya sale directamente de vejiga a botella.
Con el agudo en falsete, la orquesta se viene arriba y... para abajo otra vez. Porque Juan sabe que los clímax hay que posponerlos. Joder: qué bien tiene que follar este hombre.

La parte lenta calmada sirve de puente para lo que todos estábais esperando. SÍ: la parte recitada. Que no es la primera vez que aparece en su discografía, pero nunca con tanta actitud de fucker. Es tan jrande y erótica que hace que desde ese momento en la historia de la música no tenga sentido ninguna canción recitada. A tomar por saco todo el rap y los últimos discos de Sabina. Porque no me digáis que eso que hace ahora es cantar.

A continuación, sube a un nivel de 'a ver si se me hacen nódulos en la garganta como a un profesor de primaria' y, como esto es un sin parar de emociones, llega la parte instrumental de cuerdas con un baile en el vídeo en plan 'El Lago de los Urogallos' que si no te emociona, es que tienes ojos.

Jeipi se viene otra vez arriba citando de nuevo al Eclesiastés (O a The Byrds, que molan más) con el adagio de 'Para cada cosa hay un momento": Hay un tiempo de morir y hay un tiempo de amar. En el caso de Pardo, siempre es tiempo de amar. Porque no lo olvidemos que, incluso hoy, no hay nada como un madurito gallego:
Sensualidad con sabor a licor café.
A continuación, cuando todos esperamos que hagan acto de aparición La Pachanguita Pardeira o El Casticismo Zarzuelero, la canción se da un quiebro y evoca a 'Érase una vez el Espacio'. Los vientos se ponen juguetones, la letra habla de galaxias y, por supuesto, comprobamos que Juan ha recurrido a mi aspecto favorito de su ovra: La Sintonía de TVE. Corta, eso sí. Porque hay que dar paso a la otra sección de esta suite. Y es que todos sabemos que meter una sóla parte recitada en una canción es de cobardes. JP zampa un nuevo ruego susurrado bajabragas que al menos a mí, me ha dejado azorado cuando me ha pedido que "Por favor, dame una noche". ¡Y tres, si me las pides así!

¿Qué viene tras ese ruego de fiesta nocturna? ¿El pachangueo por fin? No. Lo habéis adivinado:

Otra parte recitada. Pero esta vez es mucho mejor. Esta vez es una declaración de intenciones. Esta vez parece...  'Madre soy cristiano homosexual'.
José Ángel: PRESENTE.
"Quiero hablaros con el corazón, buena gente", nos dice Jeipi. Y nos habla. Nos exhorta a acabar con el egoísmo y HAMAR. Pues joder, sí. De esto va ente bloj desde que nació en 2016. JP nos representa. Tanto se emociona en su alegato para construir un mundo mejor con crescendo de orquesta de fondo que en eso del 9:05 de la canción se le olvida que está recitando y lanza un grito desgarrador ya cantado que, qué queréis que os diga: es el motivo por el que yo escucho música. Y escribo aquí. Y vivo, así en general. Aunque no hayáis dado play al vídeo, os conmino a que vayáis a ese punto. Me emocioné y descojoné al mismo tiempo y esos son dos de las tres mejores sensaciones que hay en la vida juntas. Si hubiera estado tocándome, habría hecho pleno.

La canción se calma otra vez tras el clímax, y, cuando tú estás a punto de apagar el ordenador y fumarte un pitillo postcoital, la cosa... mejora. Sí. Tras el clímax orquestal, por fin viene lo que redondea de verdad el temazo:

La parte rítmica que suena a himno del CDS que no compuso JP.

Con coristas y todo.

Y todos estamos de rodillas alabando a Pardo sobre una alfombra haciendo genuflexiones en dirección a Palma de Mallorca, que es mejor que La Meca aunque esté también llena de turistas molestos. Yo estoy agotado de tanta emoción. Así que os dejo otra vez con Cava Baja:


A partir de 1987, comienza el declive de nuestro héroe de forma definitiva. A pesar de todo, no creáis que estaba acabado ni mucho menos, pero en estos discos hay poco destacable. En cuanto a la estética, digamos que las pintas de Juan Pardo a partir de este año se van a volver atemporales, es decir, va a ir siempre con el traje y la corbata, y solo puedes saber el año en el que canta por la ropa que llevan los bailarines.
Galán melódico
Mírame de frente (1987) ofrece más de lo mismo, pero acercándose a los noventa, hecho que hace bajar la calidad de cualquier producto musical un veinticinco por ciento, más o menos. De este disco solo destaco la canción “Xuntos”, que Juan decidió dar al PP para su campaña electoral, porque todos en este blog sabemos que el PP es el partido que apoya la auténtica cultura. En 1989, Gallo de pelea no aporta nada nuevo, y la metáfora de los gallos aplicada a los gilipollas esféricos de la sociedad resulta bastante más débil que la de los caballos y el folgar.

Si bien Juan Pardo va sacando discos cada vez más flojetes, no se resistió a despedir la década sin demostrarnos que aún le quedaba cuerda para rato, porque pudo sacarse de las barbas todo un discazo adorado por los actuales fans de Paquita Salas. Sí, gambones del desierto, En el punto de partida fue la joya que Juan Pardo le regaló a su amiga Rocío Jurado.
Guerrilleros (recién duchados) del HAMOR
La década de los noventa se inaugura con el disco Uno está solo, que tiene dos grandiosos conceptos en medio de una obra flojita en general. Para empezar, la letra de la canción que da título al disco es el descojone sumo. En medio de una atmósfera entre la épica coplera y la balada intensa, Juan Pardo decide que es un buen momento para que los adultos tengamos nuestra particular versión de la típica canción de los números que todo niño aprende alguna vez. El resultado, aplicado a las relaciones amorosas, es el siguiente:

“Uno está solo. Dos es mejor. Y tres es la medida en la que nunca se habla de amor. Cuatro se cruzan buscando ser dos. Cinco, seis o siete, es baloncesto, fútbol o rugby, pero no es amor”.
¡Ni amor ni carallos!
Aparte de que los números del final no cuadran ni aunque Bárcenas te haga las cuentas, podemos comprobar que ni la orgía ni el poliamor entraban en los esquemas de Juan Pardo. Un galán siempre es un galán.

En la canción “Galicia” se observan los restos de las últimas actuaciones performáticas de Pardo, con una niña, una anciana, un canto flipado a lo ancestral y mucha gaita, mucha muiñeira y mucho coro con traje regional. El galleguismo no flojeará precisamente en los últimos discos del cantante.

Los coros del disco los realiza una amiga conocida. Amaya Saizar entra en contacto con Juan Pardo, y será en este 1990 cuando el gallegazo cósmico la haga brillar en el disco Tengamos la guerra en paz. Además de esto, otra rubia, pero distinta, lo entrevista con sórdidos resultados. Solo una periodista de raza como Encarna Sánchez lograría generar en su plató el milagro de que un Junior bastante avejentado cantase de nuevo “Anduriña” junto a su amigo, pero sin participar en modo alguno en la entrevista. Una auténtica aparición en el sentido estricto de la palabra.

Me compré unas alas (1991), La niña y el mar (1993) y Año nuevo (1995) dan claras muestras de decadencia suma a las que hay que añadir el concepto de chispún noventero, que genera unos arreglos bastante aburridos. De ellos solo destaco la canción “Anduriña es golondrina”, tema en el que Pardo nos cuenta cómo escribió uno de sus mayores hits, que provocó que el mismísimo Pablo Picasso le regalara un cuadro con una golondrina en honor a una de sus canciones favoritas. A día de hoy, por cierto, la pintura se ha perdido, al igual que la canción del CDS y la película de los aliens. Imagino que a nadie se le ha ocurrido preguntar en la Universidad Rey Juan Carlos, ya puestos.

En 1997 vuelve al galleguismo más extremo con Alma Galega, disco doble donde Juan no duda en versionarse a sí mismo acompañado de unos cuantos amigüitos de todas las épocas. Además de que podemos ver que la chaqueta amarilla de "Bravo por la música" se ha convertido en el abrigo del Capitán Pescanova, reconozco que una canción que me gustó mucho en su momento fue “Rias Baixas”. El hecho de incluir a sórdidos como los Gwendal, o a Serrat cantando “Anduriña”, elevan este disco por encima del nivel del erial en que se estaba convirtiendo la década.

En 1999, Juan Pardo aún no ha dicho su última palabra, y nos sorprende con Pasión por la vida, disco que le regalamos a mi madre en su momento y que acabé dejando en mi cuarto en vista de que ella no lo usaba, porque tiene dos canciones que me encantan desde que las escuché por primera vez: "Canto para ti", single máximo de la ovra; y "Sevilla en procesión", que comienza con guitarreos flamencos y un quejío, pero mete rápidamente los sintetizadores y todas las rarezas que a Pardo le da la gana, para transformar una canción que debería haber sido rancia en una joyita oculta casi al final de su carrera.



Y como Juan ya se había versionado a sí mismo sin mostrar signos de decadencia, en 2001 aparece Trigeneración, para ver si a la tercera iba la vencida: Los Brincos, Juan y Junior, sus diversas etapas en solitario, todo ello vergonzosamente modernizado. Para mí este disco da más pereza que otra cosa, y las versiones moennas dosmileras resultan tan lamentables que ni siquiera son divertidas. ¿Se había acabado, acaso, la jrandeza de Juan Pardo?

Pues en realidad no. Lua Chea (2004) es su último disco y lo cierto es que sigue sin aportar nada especial, pero al menos no es un desastre. En mi opinión es una obra compacta y digna para terminar su carrera, una despedida consciente y más que decente después de años de hacernos soñar con sus locurotes. ¡Disfrutad de la pachanguita pardeira crepuscular!

¿Y qué hace ahora Juan Pardo? ¿A qué dedica el tiempo libre? Al parecer, vive muy tranquilito componiendo para otros. Su hija Lys y su yerno (de él, calamarcillos) se dedican a cantar el repertorio de Padre e insuflarle una nueva vida. Hace no mucho decidió emular a Frank Sinatra –como si le hiciera falta compararse con él- y grabó con Lys una versión de “Something stupid like I love you”.

En mayo de 2017 tuvieron que operarle del corazón, pero la cosa salió bien y, además de seguir componiendo, recordemos que Juan Pardo es un genio que no puede parar de crear, y se encuentra inmerso en el arte de la pintura, con un estilo donde mezcla fotos con elementos surrealistas, que yo prefiero llamar “ecléctico” y puede que otras personas llamen “Ecce Homo de Borja”. De hecho,  hay una página de feck-buck donde se pueden ver los cuadros que va pintando, ¡e incluso se le pueden hacer encargos! ¡Ya tenéis regalo para vuestro próximo NO-cumpleaños!
Retrato de Cecilia, por Juan Pardo
Total, que desde que se retiró definitivamente, los juanpardistas –nombre verídico con el que se autodenominan sus fans fatales- intentan que el hombre vuelva a ponerse ante las cámaras, pero ya no cuela. Juan Pardo sabe lo que hace, y digno es respetar que haya decidido seguir el camino de las artes plásticas y que ya no cante más. Además, que os digo una cosa, creo que algo que hemos demostrado es que Juan Pardo ha hecho siempre lo que le ha dado la realísima gana, como para que vengamos nosotros o quien sea a decirle que vuelva. Desde aquí, yo solo puedo decir que espero que este repaso por frikadas tan poco comunes os haya gustado tanto como a mí, que os haya podido probar que Juan Pardo es un ser verdaderamente HAMABLE, y enviaros un mensaje con toda la fuerza de mis trompas de falopio:

¡Juanpardistas del mundo, abrid los brazos!


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Un momento de atención, chavalada, por favor.

Mientras escribía esta épica y singular historia, ha llegado a mis manos una información de suma importancia para salvaguardar el destino de ente blog. Debo compartirla con vosotros, aunque habéis de tener en cuenta que es muy probable que ya estemos condenados.

Bien. Allá va.

Al parecer, en el mundo de la música, decir o escribir seguidas las palabras “Juan” y “Pardo” da mal fario.

hamijos. He hablado demasiado a la ligera de Aquel que no debe ser nombrado. Queriendo hacer un bien a la humanidad, os he condenado a la catástrofe. Quién sabe qué pérfida maldición pesará a partir de ahora sobre vosotros, sobre el blog o sobre los bocatas de chope.

Pero como yo creo en la bondad del ser humano, y por ende del Universo, he pensado que todo en esta vida tiene su contrapartida, así que haremos dos cosas. Primero, crear un meme con el mejor de los acabados, de aspecto beatífico e irresistible, para que podáis pasarlo a todos vuestros contactos de guachap y os otorgue eternas bendisiones y boena zuerte para toda la bida.

Lo segundo será no decir el nombre y el apellido de nuestro héroe todo seguido. Así, he pensado que, además de usa “Juan” y “Pardo” de vez en cuando, puedo llamarlo Jotapé o, lo que es aún mejor, Yeipí.

Ahora sí, no tengáis miedo de leer las siguientes líneas y adentrémonos en la segunda parte de la historia de… Yeipí.

Porque una cosa es no poder nombrarlo, y otra, que no podamos seguir HAMÁNDOLO.

En el año 1969, como recordaréis, Juan y Junior se habían separado, por lo que los críticos musicales deseaban vapulear a nuestro héroe. Sin embargo, Yeipí iba a darles a todos en los morros con la velocidad de un relámpago publicando su primer sencillo, "La charanga".

En realidad, la compañía Novola decidió sacarlo de tapadillo, porque, por algún motivo, seguían sin confiar en que un chingle en gallego, de tintes folclóricos pero con pasajes épicos y guitarreo extraño, que no servía para bailar y que duraba unos seis minutos fuera a cuajar.

Y, por supuesto, se equivocaron.

"La charanga" fue un pelotazo que vendió ciento cincuenta mil copias en un par de meses y llegó al número uno de las listas de éxitos. Para que lo entiendan los jovenzuelos, el Zasca se escuchó con un extra de onda expansiva incluso en Valladolid.

Así pues, nuestro héroe subió un par de puntos en su marcador, y estuvo preparado para sacar a la luz su primer disco. Ahora ya estaba solo ante el peligro. Solo, pero confiado. Sería él mismo, no un apéndice de nadie. De ahí que este disco lleve simplemente su nombre. Desde aquel momento y para siempre, sería JUAN PARDO.

Vale, creo que acabo de matar un gatito. Perdón.

Para el disco, que apareció en 1969, Pardo se basó en la premisa de que la coherencia interna es para débiles, y decidió hacer una mezcolanza de canciones que tenía por ahí. En él encontramos temas que nuestro onvre ya había compuesto para otros artistas, como Fórmula V o Miguel Ríos, una nana, baladas barrocas, etc.; pero yo me quedo con dos. "Mi rancho" es la mezcla perfecta entre un Jesucristo Superstar de baratillo y una recreación libre de la intro de Bonanza.

Por su parte, "Flamenco Blues" nos da una lección muy valiosa. Puedes llamar Flamenco Blues a tu canción entendiendo por “flamenco” cantar llorando cual folclórica de los cuarenta y por “blues” unos cuantos crecendos de organillo épico. Y arreando.

El año 1970, Pardo comienza una nueva década casado y componiendo un exitazo para su amiga Marisol. ¿Alguna vez habéis escuchado "Mami Panchita"? ¿Habíais sido tan depravados como para preguntaros quién la habría compuesto? ¡Pues aquí tenéis la respuesta!

Además, ese año sale a la luz el LP Soledades, muy del estilo del anterior, es decir, marcado por la esquizofrenia entre el pachangueo y las baladas. Lo bueno es que Yeipí grabó este disco en Londres, y de nuevo la idea de saltar al mercado internacional cantando en inglés sobrevuela sus discos con temas como "Noreen". Pero lo mejor es que, para rematar, decide que meter una canción de siete minutos, con intro de saxofón y partes casi recitadas con letra salida de la mente de Quintero, León y Quiroga tras un día de resaca de pacharanes es una idea digna. A ver, desde luego es digna de él por lo que vamos viendo. Pero esa fórmula no le saldrá bien hasta dentro de unos años. Mientras tanto, podemos considerar la canción "Eva" como un mal necesario en aras de un futuro bien mayor.

Pero Juan deseaba crear y seguir haciendo el bien. Como ya había catado la producción, en 1971 se embarcó en preparar, limpiar y dar esplendor al disco Borriquito de Peret. Cierto que si nuestro héroe hubiera compuesto el tema ya sería la repanocha en verso, pero no se puede tener todo. Y, además, no importa, porque solo un año más tarde escribe el temazo "Algo de mí", de Camilo Sesto, y produce todo el LP del mismo nombre.

Pero con dos discos a sus espaldas, Juan sigue sin encontrar del todo su camino. 1972 era el año para hacer que a sus fans les explotara la cabeza y todo cambió. De aquella barbita mosquetera incipiente, Pardo se pasó a la barbaza sideral, lo que le dio el toque fucker definitivo, y se marchó a Londres para grabar un disco entero en inglés. Sí, hamijos, el Cat Stevens español tenía una imagen y un nombre. Que se agarraran todos los machos porque aquí llegaba uno de los mejores discos de toda la carrera de JUAN PARDO.

Perdón…

Natural es un discazo. En serio, es muy bueno. De hecho, la crítica recibió su patada en la boca definitiva y lo puso por la nubes, llegando al número uno en España. Eso sí, la nueva imagen de Yeipí cada vez se acerca más a lo que todos conocemos: barbaza, juego con el micro, cabeza arriba Concha Piquer Style y horterismo elegante.

La segunda versión de "Natural" es lo menos asociable a Jotapé y de lo más chulo que hayáis escuchado jamás. Pero meter en medio del disco un temazo de once minutos como "Come Back", y una canción protesta con aires folk-asiáticos-tranquilones como Hiroshima eleva este LP a la categoría de los más JRANDES de la historia de la música. Pardo lo bordó, a pesar de que su disco fue rápidamente olvidado.

Visto que las cosas le iban bien, Pardo estaba más crecido que nunca. En 1973 se marcha a grabar con el sello Ariola, y allí compondrá sus otros dos discos en inglés: My Guitar y, en un alarde de intensidad suprema, Conversations with myself (1974).

El pequeño problema que van a tener ambas producciones es que, si bien gustaron y no estaban mal ni por asomo, Juan decidió grabar los principales chingles en español, porque no quería pillarse los dedos con lo del mercado internacional, aunque él mismo explica en una entrevista que para vender en España era casi obligatorio garbar en español. Esto se puede ver en el concierto del programa A su aire que Pardo da en 1974. No voy a ponerlo porque dura media hora y puede que no tengáis el colon a punto, pero adjunto el enlace normal y os animo a que lo veáis solo por las pintas de Juan, que se corresponden con la descripción de Los Gandules de “Llevo colgando del cuello una cruz con un Cristo en medio y una cadenuca de oro que tiembla el misterio”...

...y a un joven moderno de pecho descubierto y colgante excesivo, que de lejos puede parecerse a Roger Daltrey, pero que no es otro que…
¡El maestro Leiva!
El señor que dirigía fanfarrias de orquesta en el Grand Prix y Qué apostamos, y el que dirigía orquestas a secas en Eurovisión.

Por si esto fuera poco, en el vídeo podréis encontrar, a modo de Wally intercativo, a los siguientes personajes:
- La madre de las gafas y su hijo el empanao.
- El barbudo con polito de Lacoste.
- La señora de sonrisa radiante y mirada lasciva.
- La madre y la hija clónicas.
- Las adolescentes enloquecidas (se las ve y se las oye).
- Y, por supuesto, Pepa Antón, que ha ido con sus amigas a escuchar a su cantante favorito en FERROL DEL CAUDILLO.

Y es que todo en este concierto rebosa valors por los cuatro costados, como cuando Juan dice mientras le aplauden: “No os canséis más, gracias.Voy a cantar más canciones”. Porque Serrat puede versionar a Antonio Machado con dos mil arreglos orquestales, Paco Ibáñez puede coger la guitarra y sacar a la luz los versos de Alberti o Jorge Manrique; pero escuchar a nuestro Pardiño berreando “Lonshe da terriña. / Lonshe do meu lar./ Com'a terra nosa/ non hay outra igual” por Rosalía de Castro… Eso, habitantes del Averno… eso es CALIDADE.

https://www.youtube.com/watch?v=AVrsnfMxLPU

A pesar del supuesto batacazo internacional, la presencia del maestro Leiva debe hacernos reflexionar sobre una cuestión: incluso los más jrandes se han cruzado en algún momento de su vida en la carrera de Yeipí, y puedo demostrar que, lejos de dar mal fario, ese encuentro cósmico con un gigante de sus características puede marcar el destino y el éxito de cualquiera para siempre.

Mientras estaba en los estudios londinenses, Pardo cuenta que tenía que arreglar unos coros para una canción y decidió hacerlo in situ con los coristas. Uno de ellos, muy apañado, se sentó al piano para ayudar. Cuando Juan le comentó lo bien que tocaba, el joven le dijo que estaba preparando un disco propio. Ese joven era Elton John.
Strike One!
 Otro ejemplo: Elaine Paige -inmensa protagonista del primer Cats o de Chess, primer musical de Benny y Björn post ABBA- le dijo que no podría hacerle los coros porque la habían contratado para hacer Evita, de Tim  Rice.
No llores por mí, Juan Pardiño.
Pero es que subo la apuesta: una mañana en la cafetería del estudio, Juan le comentó a Vangelis -¡¡A VANGELIS!!- que el pianista no llegaba y que qué coñazo todo. Vangelis se ofreció a tocar en ausencia del músico y, justo cuando Pardo iba a decir que sí, el susodicho pianista entró por la puerta, destruyendo la que habría sido una de las colaboraciones más fructíferas de la historia de la música.

Pero es que subo de nuevo y lanzo un órdago a Jrande: mientras grababa Natural, un responsable del estudio invitó a Juan a ver una sala con una mesa de veinticuatro pistas que era la repanocha en vinagre. Nuestro sagaz artista, interesado, aceptó y, al llegar al estudio, se encontró con un grupo de chavales que estaban grabando. Según le explicó el responsable, a ese grupo no le cobraban porque eran productores de su disco. El cantante era capaz de grabar multitud de voces en aquellas veinticuatro pistas. Al escucharlos, Pardo flipó bellotas limoneras y no paraba de decirles que eran buenísimos y que madre mía que cómo podían molarlo tanto. Los jóvenes, humildes, le dieron las gracias y no se volvieron a ver. Pero cuando en 1973 ese grupo sacó su primer disco, nuestro héroe se acordó rápidamente de ellos. Sí, esos chavales eran Queen.
A kind of (Gallegiña) magic.
¿Lo entendéis ahora? ¿Comprendéis la majestuosidad del asunto? Elton John, Elaine Page, Vangelis y Queen, entre otros, se han cruzado con Pardiño en algún momento de sus vidas Y NO LO HAN RECONOCIDO. ¿Cómo podemos nosotros, que sí lo conocemos, renegar de él como lo hacemos a diario? Si después de esto no lo hamáis con todos poros del entreteto, yo ya no sé, de verdad.

Andando en el tiempo, llegamos a 1975. Sabemos que este año rompe el molómetro porque se murió Franco y hubo gran regocijo en bastantes sitios; pero en lo que a nuestra historia se refiere, el siguiente LP de Pardo nos traía una nueva vuelta de tuerca. De pronto, nuestro héroe ferrolano dejó de cantar en inglés y decidió utilizar como título de su disco el hotel donde se refugiaba para ir a esquiar. Así, Hotel Tobazo nos muestra tres fotos que definen un par de datos muy importantes: El rostro de nuestro cantante: modesto y sensible, la puerta del hotel, porque ya por entonces había gente que no terminaba de captar los nombres de las cosas, y una imagen de un San Bernardo con gorra, porque, ya es tiempo de decirlo, los genios en parte lo son porque están puto locos de la cabeza.

En Hotel Tobazo lo que se ve es que al mercado internacional ya le podían ir dando, que aquello nunca parecía salir bien, y que Juan estaba destinado a pasar a una nueva etapa, con el estilo musical por el que es reconocido y que es, a su vez, el más genial y el más divertido de todos. Para muestra, el chingle "Autorretrato" tiene música digna de cabecera de serie de la tele, mezclada con la épica coplera, rimas vergonzantes como “sano y mirar circunflejo/ eso me dice mi espejo”; y, cómo no, unos segundos de recitado como sólo él sabe hacerlo, molándose mucho y terminando con unos inspirados versos: “Si algo queda en el tintero/ podéis estar seguros/ que este es un trabajo sincero”. Y así se queda, con el esfínter relajao.

Sin embargo, los años setenta fueron muy importantes para la experimentación en general y la droga en particular. Por lo tanto, aunque Yeipí, no sé si conscientemente, había marcado su futuro estilo, no quiso desprenderse tan pronto de la oportunidad de seguir causando catatonia permanente entre sus seguidores, que a estas alturas me parecen héroes, porque en cada disco que sacaba ente onvre uno no sabía a qué atenerse. Y, de este modo, en 1976 no saca uno, sino dos discos, cada uno a su puñetera bola con respecto al otro, porque puede, porque mola y porque le da la gana.

Por un lado, Calypso Joe se basa íntegramente en sonidos jamaicanos y caribeños. Tiene unos coros muy majetes y muy bien hechos y una percusión que quita el sentío. Sumadle a eso letras tan grandiosas como “Sin ser un gorrino total no era un pulcro integral sino un golfo tranquilo”, o un tema tan extraño y picantón como "Agua".

Por otro lado, o más bien en las antípodas del anterior, Miña nai dos dous mares es un disco interpretado íntegramente en gallego, con arreglos folclóricos, gaitas, flautas y demás instrumentos concebidos para la maldad. Eso sí, el gallegismo extreme lyrics lo aportan los poemas de Ramón Cabanillas, poeta modernista gallego sobre quien Pardo hará un especial de TVG años después para conmemorar el Día de Galicia, y, cómo no, la Transición le hizo sentirse aún más riquiño de lo que era y por eso en este disco interpreta el Himno gallego. En el mismo especial del que hablé antes sale cantándolo rodeado de banderas. Todo un espectáculo.


Entre 1976 y 1978, y como con dos discos seguidos dan ganas de descansar, Juan es invitado a participar en un programa de TVE llamado La hora de… En él, el invitado en cuestión tenía una hora en pantalla para hacer lo que le saliera de los carallos mayores. Eso sí, se esperaba que cantara o que hiciera algo relacionado con su arte. Juan lo hizo, pero desde el comienzo deja muy claro que quiere que nos metamos en su cabeza, cosa que, como ya podéis adivinar, es una misión más peligrosa que buscar los trabajos del Máster de Pablo Casado.
Pardo, pidiendo que nos metamos en su mente
De nuevo, os voy a dejar el enlace, porque el programa dura demasiado, pero quisiera enumerar qué cosas se pueden encontrar en la mente de Pardo:
- Un circo. Sí, en serio. Todo el especial se basa en un circo de sueños con atracciones increíblemente creepys. A partir de aquí, el espectáculo solo puede mejorar a un nivel inversamente proporcional al de vuestras neuronas.
- Juan vestido de payaso.
- Juan vestido de payaso cargándose una bonita canción a las madres porque se la canta a un cachorro de león.
- Luz Casal vestida de domadora.
- Una bailarina espídica.
- Una jamelga vestida de vaquera que da leches con un látigo y dispara a globos.
- José Luis Moreno, Monchito, Rockefeller y una oveja con plumas.
- Raúl Sender haciendo un número de humor con castañuelas.
- Luz Casal vestida de domadora cantándole a Monchito, destrozando la misma canción que Pardo vestido de payaso.
- Tres Pardos simultáneos: el payaso, el maestro de ceremonias y el del público, que es el único adulto entre niños.
- Una señora que hace play back de canciones infantiles en francés, por lo que el coro resulta lamentable.
- Una pitonisa que repasa la carrera de Pardo y termina con un chistazo que me dejó ojiplática por abajo: “Ahora voy a adivinar quién es usted. Usted es… ¡Víctor Manuel! ¡Recuerdos a Ana Belén!”
- Un coro de gallegos bailando muñeira, que aparece y desaparece.

Y con esto creo que podéis comprender que dentro de la mente de Jotapé se encuentra la verdadera y más pura vicisitud que hayáis visto en toda vuestra vida, solo comparable a una pesadilla de David Lynch tras ingerir unas vieiras en mal estado.

Os dejo solo un pequeño extracto de Pardo cantando como en sus primerísimos discos con Luz Casal vestida de Gilda, para que durmáis bien esta noche.


http://www.rtve.es/alacarta/videos/programas-y-concursos-en-el-archivo-de-rtve/hora-juan-pardo-1976/1515707/

Y hablando de Luz Casal. En aquellos años, fue una de las coristas principales de Yeipí. En 1977, cuando únicamente se hacía llamar Luz, Pardo le compuso su primer chingle, que es un auténtico finstro que suele obviarse en la carrera de la cantante, aunque yo creo que por qué no decillo. Si Pardo ha estado en tu vida, asúmelo y bebe de su incontable sabiduría. Que luego te compondrá David Summers una canción muy bonita pero mucho menos divertida, y eso sí que lo cascas la gente. Ver para creer.

Y como hasta el siguiente año Pardo no preparaba disco nuevo, en el 76 se planteó escribir un musical, porque ya vemos que ente onvre toca todos los palos y se apunta a un bombardeo, en este caso literal, porque la obra, llamada Madrid, pecado mortal, era un petardo soberano con gente en pelotas paseándose sobre el escenario porque DESTAPE. En serio, el retrato de figuras que plantea la canción, las referencias a los políticos, a las elecciones, pretenden ser un cuadro de costumbres madrileño y se queda en un especial de vedettes portuarias. Bastante lamentable.

Y ya llegando al final de la década, 1978 ve la salida del último disco que Pardo sacará con Ariola. El contrato terminó, ninguna de las partes quiso renovar, y Juan terminó con un disco que marca el camino trazado en Hotel Tobazo, pero este último es algo más mediocre. No le destaco ninguna canción porque no me parecen especialmente destacables.

Pero, ¿cómo íbamos a cerrar este episodio con un disco regulero? Tranquilidad en las masas, que los últimos años de los setenta dejan en el recuerdo tres grandes labores que Pardo hizo por la humanidad, para su mejora y la expansión del hamor entre especies.

El primer trabajo fue producir y componer algunas canciones de dos discos de un dúo que se iba a convertir en el forro de carpeta de toda una generación. Sí, queridos, sin Pardo, a saber cómo hubiera quedado esta maravillosa canción de Los Pecos.


El segundo fue darnos su último papel en el cine en un películo sumamente sórdido llamado Rostros (1978), donde interpreta nada más y nada menos que la protagonista. En este flin, Juan interpreta a Juan -los actores que no son actores hacen que no nos calentemos los cascos-, un artitta (porque he leído tres versiones de la sinopsis y en una es escritor, en otra pintor, y en otra escultor) que, por culpa de una crisis creativa, no distingue los rostros de las yentes que lo rodean, hasta que ve a Carmen Sevilla (creo) y ambos viven una extraña historia de tintes sobrenaturales, y sale Bárbara Rey, y hay muchos desnudos porque DESTAPE otra vez. En algunas webs se califica esta cinta como terror, y no es para menos, porque ya no se trata de una película de las de cantante, sino de una cosa de aspecto tróspido con banda sonora de ¡Luis Cobos!

O sea, que existe una película de serie B (o puede que Z), protagonizada por un cantante intensito que no sabe actuar y dos señoras muy jamelgas que enseñan todo su concepto sexuarrrrllll, donde aparecen elementos del fantaterror y todo lleva un chispún de fondo, seguro. Y lo peor es que NO LA HE VISTO. No la encuentro y ahora siento que necesito semejante cosa en mi vida. Y todos vosotros también, porque Pardiño no podía ser tan mediocre como para despedirse del cine sin una auténtica película de mierda.

El tercer trabajo fue entrar en el corazón de los niños de Esssssssspaña en 1979, haciendo la mejor síntesis musical de toda una Magna Ovra como es El Quijote de Cervantes. Solo un barbudo loco y delgado que mezclaba la épica con la pachanga absurda podía comprender de primera mano la esencia de las aventuras del Ingenioso Hidalgo. Lanza en ristre, fue presto a componer la canción que servía como intro de la serie animada de TVE y produjo el disco de sus intérpretes, el grupo infantil Botones.

Además, que Juan no dejó de entablar batalla a favor de los débiles, pues la productora de la serie sacó un disco de canciones de la misma antes del single de los propios Botones, por lo que les robó muchas ventas, y nuestro héroe por poco los parte en dos de un buen mandoble.

Como habréis comprobado, los años setenta supusieron una eterna búsqueda en el estilo de Pardo, y una continua experimentación a la hora de encontrar su auténtico camino. Sin embargo, a pesar de la esquizofrenia que sufren las creaciones del artista durante esos diez años, hay canciones y discos muy buenos, además de conseguir varios números uno en las listas de éxitos. De esta forma, nuestro héroe se embarcó en un nuevo tiempo, con un nuevo sello discográfico y con una estética y estilo claros y definidos. En el próximo episodio veremos al más conocido, pero mucho más sórdido y desatado, JUAN PARDO.

Vaaaaaale, perdón. Para el siguiente post, cruzamos todos los deditos en señal de buena fe y tan amigos, ¿vale?

¡Un pardo abrazo para todos!


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Yo soy progresista. Tengo la firme opinión de que las costumbres no valen más necesariamente porque lleven años en nuestras vidas. Como, por ejemplo, las corridas de toros o los señores bajitos canosos que han estado varios lustros en internet diciendo que saben más que tú. Ya escribí en uno de mis artículos favoritos sobre cómo el valor de ‘guardián de las tradiciones’ tiende a devenir en actitudes francamente negativas como despeñar cabras de campanarios o no reconocer que los tres primeros mandamientos vienen a decir “¡Que soy Dios, coño! ¡Besadme el culo, que molo divinamente!”

Dicho esto, también soy humano y viejo…
LA FOTO OBLIGATORIA
… y aprecio ciertas constantes. Cosas inmutables en la vida como la aspiración de tener un sueldo fijo mensual o que Jordi Hurtado presente Saber y Ganar hasta que termine la expansión del Universo. Es necesario, en un mundo caótico en el que vivimos con la incertidumbre de si el próximo presidente va a estar o no completamente loco, tener ciertos puntos de amarre. Pero no en plan: “Pierde toda esperanza: la única certeza en todo el universo es la burocracia”, sino en positivo. Gente en plan James Rhodes que te recuerda que la vida puede ser bonita aunque en cualquier momento te venga un antivacunas a soltarte la chapa y tú tengas que refrenar tu deseo de limpiar la base genética de la humanidad.

Y para eso, tenemos sobre todo a Ringo, el pequeño coloso de la sordidez.

De Ringo ya habló Marlow en este artículo. Es obvio que se trata del Beatle favorito de ente bloj. Por simpático, por batería mediocre, por actor cachondo en pelis sórdidas y por casarse con una chica Bond. Y es que hay cosas que no cambian nunca, como la discografía de Enya, el ritmo de la batería de El Último de la Fila o las moscas en los baños del MadCool. Y, dentro de esa lista, está el hecho de que Richard Starkey nunca ha dejado de ser... Ringo.

¿Que cómo lo sé si nunca he conocido a ese señor? Porque recientemente en mi reproductor de música saltaron seguidas dos canciones suyas. Una es de 1973 y otra de 2008. Treinta y cinco años de diferencia para los que estudiaron con la LOGSE. Y ambas tratan de lo mismo: de Ringo siendo buena gente. Para twitter sería “un puto bienqueda”. Para mí, un señor cuyo único objetivo en la vida es agradar a sus amigos. Lo cual es jodido siendo millonario y habiendo formado parte del grupo más importante de la historia.

Observemos ‘Early 1970’, cara B del jlorioso single ‘It Don’t Come Easy’ (canción que le regaló Harrison y que es, sin duda, una de las cosas más maravillosas de la historia de la música con una letra en la que Ringo reconoce que es un compositor espantoso):


Esta canción chorra (¿acaso hay otro modo posible en la música de Ringo? Espera, mucho mejor expresado: ¿acaso QUEREMOS un modo que no sea chorra en la música de Ringo?) va sobre su relación en la época con los otros Beatles. Pero con una visión en común de su relación hacia cada uno de los otros miembros: En una época en la que todos estaban peleados y el grupo se iba a separar, se trata de un grito de “¡Seamos amiguitos, pardiez!”.

La primera estrofa va sobre su pelea con Paul McCartney a raíz de la fecha de lanzamiento de álbumes de ambos en solitario cuando el grupo seguía más o menos unido. Se enfadaron. Ringo contestó como sólo él sabe: haciendo exactamente lo mismo que yo cuando tenía 6 años y mi madre me regañaba. Tras irme a mi habitación, a los 5 minutos asomaba la cabeza en el salón en plan “¿Puedo? ¿Tás enfadada?”. Ringo, el poeta lo expresa así:

Vive en una granja, tiene mucho carisma, bip bip (...) y cuando baje al pueblo me pregunto si tocará conmigo”. Traducido: ¡Seamos amiguitos! ¡No nos enfademos y hagamos música!

Luego habla de John: se ve que, al contrario del resto de fans de The Beatles, él está contento de que su amigo esté feliz con LA CHINA que le absorbía la personalidad que una Tena Lady:

Tumbado en la cama, viendo la tele, ¡galletitas!, con su mama al lado, que es japonesa (...) y cuando baje al pueblo sé que va a tocar conmigo”. Traducido: ¡Somos amiguitos y, aunque estés a otras cosas raras, vamos a hacer música!”

Finalmente habla de Harrison, porque por supuesto que todo el mundo habla de Harrison en último lugar a no ser que sea para cachondearse de él por haber perdido su novia ante el racista de Eric Clapton o para aplaudirle a bragueta abierta por haber producido ‘La Vida de Brian’ y, más importante, ‘Shanghai Surprise’:

“(vive en) Una casa de cuarenta acres que no ve, porque siempre está en el pueblo tocando conmigo”. Traducido: ¡Qué feliz soy con mi amigo George, que será un adicto al trabajo, pero hacemos cositas musicales juntos!

Por dios: no queremos funkos de Ringo. Queremos OSOS AMOROSOS con la cara de Ringo. Queremos ciudades enteras de las Sylvanian Families pobladas sólo por Ringos.
Ringo Sylvano
Y es que, encima, el pobre hombre remata la canción hablando de que componiendo es más malo que un Big Mac vegetariano. No olvidemos que esta es la cara B de una canción en la que reconoce que “¿Qué vas a hacer si quieres cantar blues y no te sale fácil?”:

Toco la guitarra, la-re-mi, no toco el bajo porque es demasiado difícil, toco el piano si es en escala de do y cuando me bajo al pueblo quiero ver a los tres”. Traducido: ¡Seamos amigos! ¡No nos peleemos! ¡Que os quiero mucho!

Pues bien. 35 años después Ringo no cambió. En su disco ‘Liverpool 8’ sacó como single este tema homónimo con música de David A. Stewart, admirado por muchos por su trabajo en Eurythmics, por mí por sus discos con The Spiritual Cowboys y por la gente que importa de verdad por haber puesto música a ‘Showgirls’:


Muchos músicos importantes han escrito canciones relatando sus tiempos de gloria. A menudo agridulces, con alegría, pero también sentimiento de pérdida o exponiendo arrepentimientos, porque de eso se trata el rememorar el pasado para todos. Ringo no. Ringo va de buenrollo. Richard no ha perdido su forma de escribir como colegial de EGB presentando un poema a un concurso local sobre 'La paz'.

Me fui a Hamburgo, las luces rojas estaban encendidas, con George y Paul y mi amigo John

Si alguien puede hacer name dropping, ese es Ringo. Pero aquí no suena a eso ni de lejos. Suena a ‘me voy con mis amiguitos. ¡Qué feliz soy repartiendo amor!’.
Ringo de visita en Hamburgo, 1962
Tocábamos rock toda la noche, parecíamos duros, no teníamos mucho, pero teníamos suficiente

Bueno: Paul parecería duro. Ringo es ese amigo buena hente que se une a la pandilla para ver si así mola. Pero siempre feliz. Todos queremos a Ringo.

En los EEUU cuando tocamos en el Shea éramos Number One and it was fun”

Eso lo he tenido que dejar en inglés. Tres palabras. Tres monosílabos para describir la sensación de ser en un momento en el tiempo una de las figuras más importantes en el planeta. Y son las mismas con las que se describiría quedar una noche a jugar a ‘Cartas contra la humanidad’ mientras se pide una pizza.

La clave es que Ringo no necesita más. Para él lo más importante es relatar que era feliz como un niño con sus amigos: “Cuando miro atrás, realmente fue guay para esos cuatro chicos de Liverpool”. A nuestro héroe no le interesa la vida como una gloria del pop. Nada de drojas (que tomó), sexo (que folló), alcojol (que pimpló) y rock and roll (que más o menos tocó). Él la entiende como un divertimento con sus colegas siendo felices. Joder: sus giras de los últimos lustros no son ‘Ringo Starr en directo’, sino “Ringo Starr and his All Starr Band”.

No quiere ir como figura divina, sino tocar con colegas y que la gente los vea pasar un buen rato. Desde hace décadas, ese señor bajito de Liverpool siempre ha sido una constante de buenahentismo. Ese amigo con el que siempre se puede contar.

En un universo caótico, desagradable, imprevisible, triste y de derechas, Ringo es, como dirían en Lost, NUESTRA CONSTANTE.
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El título es largo de narices, pero no me diréis que no deja las cosas claras.
Sí, seres del averno, este verano comienza con menos calor del que cabría esperar (quicir, no me siento reptar porque mis miembros se están convirtiendo en gelatina), y me parece que es un buen momento para ir glosando, poco a poco y resumida, la historia de ese onvre de bien y músico de mejón que siempre ha sido Juan Pardo. Puede que alguna ameba estelar no se haya enterado todavía de que Juan Pardo es uno de los grandes artittas de este país. Productor, intérprete, compositor, intenso, barbudo y fucker. Solo un ente cósmico como Julio Iglesias pudo disputarle el puesto y vencer en buena lid, eso sí, con algo menos de sordidez. Pero no mucha.
Como ahora se llevan tanto las sagas y tragarse series como churros en Netflix para dejar mal a los amigos que aún van por capítulo dos, vamos a comenzar a hablar de lo que todo héroe necesita: un origen. En este apartado, por tanto, no hablaremos de los éxitos de Juan Pardo en solitario, sino de su paso por jrandes grupos de la música patria de los años 60, y de alguna vicisitud más.

Juan Pardo nació en 1942, en Palma de Mallorca. De padre gaditano y militar de la Armada y madre gallega, su origen se resume en un pisto multicultural que haría sonrojar a los políticos daneses en busca de nuevos guetos en los que destruir los derechos de los inmigrantes, o a un nacionalista supremacista de cualquier parte de España, la propia España incluida. La diversidad crea joyas artísticas y, para muestra, un botón.

Con pocos años, la familia Pardo se traslada a Ferrol, donde el pequeño Juan pasará su infancia y adolescencia, y como sabemos que el galleguismo imprime carácter, desde entonces su ADN remix mutó hacia el hamor por Galicia, cosa que, desde este blog, hemos de aplaudir con toda la fuerza de nuestro coxis. Por causa del trabajo de su padre, la familia Pardo vuelve a trasladarse, esta vez, a Madrid. Una vez establecido en la capital, Juan intenta entrar en la Armada, como su padre, pero una enfermedad ocular se lo impide. Su destino estaba marcado y, como hombre creativo en medio de un Madrid moderno y lleno de oportunidades, decidió que sería músico a toda costa.

En un primer momento estuvo en un grupo llamado Los Vándalos, pero aquello duró poco. En 1962 se unió a otro grupo llamado los Teleko, donde militaba su primo José Ramón. En una entrevista realizada al premoh en cuestión, descubrimos una faceta de Juan Pardo que nos lleva a ver que, ya desde el origen, se trataba de un ente nacido para la vicisitud. Resulta que los Teleko nunca habían llegado a grabar un disco, pero se prodigaban en bastantes festivales, siendo auténticos pioneros de la modernidad en el rock español. Una vez Juan Pardo entra como cantante, todos van a probar suerte a los estudios de Philips. Allí les advirtieron que el tempo de sus canciones se ralentizaba conforme las mismas avanzaban. El grupo estuvo ensayando largo tiempo con nuestro héroe haciendo de solista a saco, imaginamos que tan instenso como siempre. Sin embargo, cuando los componentes de Teleko se vieron listos para volver a Philips, su sorpresa fue mayúscula al descubrir que nadie contaba ya con ellos. Por las declaraciones de José Ramón Pardo, imagino que la situación tuvo que ser más o menos así:

- Buenas, venimos a grabar, que ya hemos ensayado los temas.
- Pero, ¿no lo habíais dejado?
- ¿Cómorl?
- Sí, el cantante vino a vernos hace tiempo y nos dijo que lo habíais dejado, pero que él sí quería seguir cantando, que contáramos con él.
- What the f…
Esa cara más o menos se les debió de quedar a los pobres Teleko mientras Juan Pardo se subía veinte puntos de mierdismo ilustrado en su hoja de personaje. Sin embargo, Juan Pardo tenía otro objetivo. Los Pekenikes era otro grupo de gran petadismo en los años sesenta, innovadores, preocupados por la polifonía y el rock. Pardo pensó que podría ser un buen cantante, y los Pekenikes  andaban buscando uno. Así que el bueno de Juan se presentó, pero el productor dijo que aquel chico no tenía carisma ni buena voz, que a los Pekenikes les convenía más llamar de nuevo a Antonio Morales (Junior, su anterior vocalista), y que aquel chaval delgaducho de nariz aguileña jamás sería cantante ni llegaría a nada. Imaginad en qué nivel específico del infierno debe estar semejante ser, os dejo elegir. Finalmente, Juan Pardo decide irse a Fontana, donde podrá grabar un disco en solitario: Juan Pardo y su conjunto (1963). En un principio –para que veáis que no todo es maldad- el “conjunto” que iba a acompañar a nuestro héroe era Teleko, pero la compañía se puso farruca y fueron Los Relámpagos quienes acompañaron a Juan en su primera aventura en solitario. Y esta es, amigos, la historia de cómo Juan Pardo se abría paso en el mundo de la música mientras los Teleko, prometedora banda pionera en el rock español, jamás pudo ver cumplido su sueño de poder grabar un mísero chingle.
¡Continuamos para bingo! El disco de Juan Pardo y su conjunto resulta muy revelador, porque en él vemos una faceta desconocida de nuestro artista favorito, que es lo mismo que decir su obsesión durante un buen puñado de años. Juan Pardo no aspiraba solo a ser músico. Quería ser el mejor. Comenzaría por Madrid, de ahí saltaría a Galicia y, desde Galicia… ¡El mundo! En efecto, el afán del joven Pardo era meter cabeza en el mercado internacional. Sus miras estaban puestas en lo más alto, y sus influencias anglosajonas le llevaban a emular a sus ídolos americanos o ingleses. Por ese motivo espero que os choque poco (porque CHOCA) escuchar al autor de Bravo por la música interpretando una versión de un tema de Jerry Lewis con voz engolada a lo Elvis. Que lo disfruten vuesas mercedes:
 
Por aquellas mismas calendas, Junior también probaba suerte con un disco en solitario que, al igual que el de Juan, no cuajó en absoluto más allá de Valdemorillos de Abajo o cosa así. Cómo sería la cosa, que el disco no se debió escuchar ni en Coruña. Lástima. Entre 1963 y 1964, y visto que el pobre no se había comido un colín en solitario, grabó tres sencillos con los Pekenikes, hasta que en ese mismo año 64, ocurrió el milagro. Juan Pardo decidió que lo que mejor le iba a su carrera era hacer un Pedro Sánchez, a saber, montar su particular Liga de los Onvres Extraordinarios y, de esta forma, hacerse el jefe del cotarro. Se trataba de un viaje lento, lleno de vicisitudes y problemas; pero ya sabéis que el camino del bien nunca es el camino fácil. Así pues, Juan se unió a Junior, Fernando Arbex y Manuel González, hermanísimo del ínclito…
¡Agustín González!
¡Bigotón!
Los cuatro jóvenes tenían un grupo que mezclaba la influencia anglosajona con la castiza, pero les faltaba un nombre fresco y pegadizo para vender en su propio país. Según cuenta Manuel González, hay múltiples versiones de quién inventó el nombre, pero el caso es que los cuatro amigos decidieron hacer cada uno una lista con lo primero que se les pasara por la cabeza. Cuando tenían bastante claro que iban a ser Las Ovejas Negras, una joven entró con su propia lista y en ella aparecía EL nombre, el sello de uno de los conjuntos más revolucionarios de la España de los sesenta. Los Beatles españoles con pinta de mod y capita a lo Mariano José de Larra iban a pasar a la historia como LOS BRINCOS.
El primer LP de los Brincos fue un éxito rotundo. Pero no penséis que sus capas castizas les apartaban del deseo de exportar su música. Os recuerdo que esa es una constante en la mente del primer Juan Pardo. De esta forma, el tema “Baila la Pulga”, muy marchoso y juvenil, no abría el disco con su versión en español, sino en inglés:
 
El otro gran éxito de aquel LP fue, sin duda alguna, “Flamenco”. Y la pongo más que nada porque sirve de guía  para quienes deseen escuhar el disco entero. Para que no os perdáis, Junior es el que canta y Juan el que pone voz de ir borracho de cazalla a las seis de la mañana en el metro.

De nada:

  
En 1965 aparecía el segundo disco de Los Brincos, llamado Los Brincos II (Chúpate esa, Led Zeppelin). Siguiendo con la misma tónica del anterior, este álbum incluye varios temazos siderales que son “Un sorbito de champagne”, “Mejor”  y, por supuesto, “Borracho”. También había temas en inglés, pero estos son los más divertidos. En 1966, Juan y Junior deciden marcharse de Los Brincos y montarse un dúo. Porque Juan Pardo dentro de un grupo estaba bien, pero tenía que ir acotando para alcanzar el triunfo total en solitario. En este caso, Juan y Junior no se calentaron mucho los cascos y decidieron dejar sus nombres tal cual, siendo perfectamente reconocibles para cualquier fan que quisiera ir en busca de sus nuevas creaciones.

Al parecer ha habido muchas preguntas sobre la separación de los Brincos en plena cresta de la ola. Juan Pardo lo achaca a diversas presiones impuestas por la compañía discográfica, aunque seguramente hubo algún problema más. Se dice que hubo problemas con la canción “Borracho”, concebida para la película “Más bonita que ninguna” –en la que aparece el propio Juan Pardo-. Dejo esta versión por el frikismo y porque pocas cosas pueden igualar a Gracita Morales diciendo: “Mira que eres pesado, Alvarado”.
Recién separado el grupo, Juan Pardo tuvo varias discusiones con Arbex, pues este último fichó a otros dos componentes, continuando con el nombre de los Brincos. Si el grupo era de cuatro y se iban dos, Pardo pensaba que no podían llamarse igual. El caso es que las protestas de Juan no llegaron a ningún sitio y los Brincos siguieron triunfando, primero con el disco Contrabando, donde aparece la preciosa canción “Lola”; y con su siguiente LP, donde los Brincos decidieron dar el salto al PROGRESIVO. Mundo, demonio, carne es una cosa raruna medio en inglés medio en español, con ruiditos y piezas más clásicas. Es decir, Juan Pardo trajo genialidad a los Brincos, pero el grupo era capaz de crear sus propias sordideces sin ayuda de nadie. Mirad si se hicieron modernos, que tuvieron que cambiar su portada por temas de censura.
¿Dónde andarían las capitas?
Después de sacar varios sencillos desde 1967, en el año 69 aparece un disco, llamado Juan y Junior, por supuesto. Dentro de este discazo destaca “To Girls”, porque el mercado anglosajón seguía estando fijo en la mente de estos chicos como un chicle en el zapato de un ejecutivo; y la grandiosa, magnificente, cúspide del pop de todos los tiempos, “Anduriña”. Para los que no sepáis mucho de Juan y Junior, os dejo un vídeo que suplirá vuestras carencias y donde, además, podréis ver a Joaquín Prat y Laurita Valenzuela, cosa que nunca está de más. En él se pueden observar el futuro estilo de Juan Pardo: La cara de transportado en las baladas, el gesto flipado, el baile de la lagartija epiléptica y la mirada intensita. Juan y Junior lo tenían todo para triunfar.
 Incluso una imitación de Martes y Trece.
El grupo tuvo tanto éxito que incluso llegó a escribir la canción “Yo soy así” para la película debut de Ana Belén, “Zampo y yo” (1965). Para aquellos a los que no les suene, es una cosa extraña sobre una niña que se hace amiga de un payaso, o algo así. Que yo me informo mucho para estos artículos.
Aquí todos flotan, Ana Belén...
Pero no fue aquella la única incursión de nuestro héroe en el cine, ni mucho menos. Durante estos años, Juan Pardo apareció en las consabidas Películas de Cantante ™, tan bien cultivadas por Marisol, Manolo Escobar o Joan Manuel Serrat. De ellas, aparte de “Más bonita que ninguna”, destaca “A 45 revoluciones por minuto”, dirigida por Pedro Lazaga. Además de Juan Pardo, aparecían grupos como Los Ángeles o Fórmula V. La cantante Ivana era la protagonista y José María Íñigo estaba ahí por lo que todos sabemos ya.
¡Segundo Bigotón!
He de reconocer que solo he visto el final, pero os lo voy a resumir porque merece la pena. En menos de diez minutos el grupo de Juan Pardo sufre un accidente de coche, su novia que ha llegado a ser famosa va a buscarle al hospital, pero él ha desaparecido, se muestra rencoroso y amargado con la novia, se mete en un bar de borrachos y compone una canción para Fórmula V, canta en un bar delante de gente, se reencuentra con la novia, quiere dejar la música, la novia se le declara, ambos se reconcilian y todos alcanzan el éxito con sus cancionzacas.
 Que tenga alguien cojones de decirme que este final no es mejor que el de La la leiro, porque si no te fijas en la magnificencia de Juan Pardo cantando espatarrado en un banco, es que no tienes alma. Ese mismo año de 1968 se estrenaba la película “Solos los dos”, protagonizada por Marisol y Sebastián Palomo Linares, en un alarde de vergüenza atemporal intentando mezclar el ye-yé con el toreo. Los años sesenta españoles en estado puro se condensan durante todo el metraje con sus fiestas poperas, las imágenes de Marisol esquiando montadas con otras Palomo Linares toreando, y una especie de historia de amor demencial entre un tipo que no actuaba y una actriz moderna, hermosa y que cantaba fenomenal. La banda sonora y las canciones del flin fueron compuestas por Juan Pardo. De las que he visto, voy a destacar “Yo no quiero ser torero”, quizá el alegato antitaurino más ye-yé de la historia. Grandiosa canción paródica,con una Marisol guapísima de verdad y un Palomo Linares que podría haber sido una barra de chope para sumar algún punto extra de carisma.
La tercera joya de este 1968 es “Días del viejo color”. Un coñazo soberano que no va de nada, que tiene una historia de amor que le podría haber pasado a tu vecina la del quinto, una trama de tráfico de drogas que no le interesa a NADIE y que dura lo que un suspiro del protagonista, y una falsa apariencia de sensualidad que da más vergüenza que otra cosa. Todo ello rematado con un chiste tránsfobo al final. ¡Qué duros fueron los sesenta, pardiez! La aparición de Juan Pardo en semejante despropósito es un simple cameo inserto en una escena tan absurda como toda la película en sí. Y es que ese era el reclamo del film. Meter a muchas estrellas patrias a lo largo del metraje y mucha música psicodélica, a ver si picaban los jovenzuelos y pagaban los dineros de la entrada. De esta forma, Fernando Arbex canta con un zapato puesto en la cabeza, Luis Eduardo Aute canta canciones contra los burgueses en francés en la terraza de un bar de Torremolinos, y Massiel se queda privada escuchando un megáfono distorsionado que más parece un gato destripado retorciéndose en la acera.
Massiel, abducida por un megáfono.
Pero la magnificencia de 1968 no podría cerrarse sin la Maggggna Ovra que Juan Pardo creó para probarse a sí mismo que toda persona tiene tendencia a la lobotomía auditiva, solo hay que encontrar las tonadas adecuadas para descubrirlo. Ejemplos de ello serían la musiquita del Mercadona, el anuncio de Carglass, y, cómo no, la melodía del primer anuncio de Danone, compuesto por nuestro querido Juan Pardo:

¿Y qué pasaba mientras con Juan y Junior? Como ya hemos dicho, en 1969 sacaron su disco a la luz, y en 1970 se estrenaba en salas “Juan y Junior en un mundo diferente”. Esta película es la más curiosa por diversos factores: En primer lugar, la película se rodó en Galicia, lo cual es garantía de sordidez y de la vicisitud de ver tocar a Juan y Junior en un montaje que mezcla capiteles románicos con MOÑECOS portando dulzainas. En segundo lugar, el guion provoca admiración suma de la que solo puede ir acompañada de Omeprazol, pues esta es una de las pocas Películas de Cantante™ que incluye una trama de ciencia-ficción. La historia trata de que unos extraterrestres se hacen pasar por Juan y Junior para conquistar la Tierra. Analizando el asunto, vemos que los extraterrestres tienen un poco de cacao mental, porque si para conquistar a la humanidad suplantas a unos cantantes, bueno… vale. Si ya te vas a la España de Franco, concretamente a Galicia, y la tomas como centro de operaciones, la cosa no termina de cuadrar. Pero que encima tu objetivo sea dominar el mundo sin ser Lola Flores, Yulio Iglesias o Raphael, es una muestra de lo poco preparados que iban los pobrecitos aliens. De hecho, yo no hubiera tratado de detenerlos, que siguieran adelante con el plan. Puede que, con el tiempo, se dieran cuenta y buscaran un objetivo mucho más valioso.
¡Rendíos, terrícolas!
El tercer factor que ensalza esta película a la categoría de mito es el misterio que la rodea. Al parecer, no existe constancia de ninguna copia de la misma. En TVE se volvieron locos buscándola hace unos años, y Juan Pardo afirma que no la tiene ni por asomo. Se sabe que en 2014 un ser humano preguntó por ella en la filmoneca nacional, y que al parecer se puede proyectar, aunque no distribuir, por lo que aún hay esperanza.

Lo curioso del tema es que, husmeando por internet, he visto que algún ser inerte ha colgado los clips musicales de la cinta en youtube pero, ¿cómo lo ha hecho? ¿De dónde los ha sacado? Es una pena no poder verla en su totalidad, aunque solo sea por curiosidad, pero internet es oscuro y alberga horrores. Ya aparecerá el resto para todos vayamos corriendo en masa para gozar de las andanzas de los extreterrestres popeiros. O para que yo pueda verla y vosotros no tengais que hacerlo, que es lo que va a pasar.

Como se puede ver, la carrera de Juan y Junior iba viento en popa. Pero, de nuevo, se rompió el amor y el dúo, con un solo disco en el mercado, vivió su propia tragedia. Al parecer, un día cualquiera en el estudio de grabación, Juan decidió corregir unas grabaciones de Junior él mismo cuando el segundo no estaba presente. Según Wikipedia, aquel fue el inicio de las desavenencias entre los dos amigos, quienes, Rocío Dúrcal aparte, acabaron separados y sin volver a grabar juntos never more. Lástima again.
Bueno, o no tan lástima. Juan Pardo se planteó por aquel entonces dejar de cantar y dedicarse exclusivamente a la producción de artistas como Fórmula V. Pero algo le llamaba. Aún podía resurgir de sus cenizas, como el Fénix de Ferrol. Y lo haría, vaya si lo haría. Mientras tanto, los sacrosantos críticos musicales de la época se relamían de gusto sentados en un sillón orejero. Mientras acariciaban un gato blanco, no paraban de repetir que Junior iba a ser una estrella y que por fin se vería que Juan Pardo no valía ni media peseta. Aquella medianía andante no tendría carrera en el mundo de la música. 

Y ya habéis imaginado en qué sala VIP del infierno se encuentran esos personos.

¡Más aventuras de Juan Pardo en el próximo capítulo!

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