noviembre 2013

No soy Enrique Dans, así que no puedo hablar por todos los internautas, que es a lo que más acostumbrado está este señor. Sin embargo, sí que puedo gritar, desde lo más hondo de mi próstata, que "¡No me merezco esta Fórmula 1!".

Sí, sé que este año he hecho múltiples y variadas cosas feas contra los preceptos de la santa madre iglesia (chotearme del juego de tablero 'La alegría de la fe' ha sido una de ellas) pero, así y todo, creo que tienes que ser un pederasta aficionado al reggaetón para merecerte el bodrio que hemos padecido en el 2013. De ahí para abajo. Así pues, conmino a todos los lectores a que hagan un examen de conciencia - como hemos hecho en el último podcast de El Yate de Flavio - para reflexionar si padecer los récords de Frigodedo en este nefasto 2013 son un justo castigo a sus pecados.

En éstas últimas carreras, sólo la liga fantástica sórdida ha sido capaz de dar emoción a un mundial que será olvidado tan rápido como el del 2011, 2009, 1996, y otros que, aunque parezca mentira, he olvidado hasta el punto de perder toda capacidad de saber contar.

Sólo desde el punto de vista de la sordidez valdrá la pena recordar tres o cuatro cosas sobre esta temporada. Espero que las generaciones futuras, cuando tengan que hacer un trabajo para la clase de ciencias sociales sobre el mundial 2013 (no lo duden, la sucesivas reformas educativas, en las que sólo se debatirán chorradas como las lenguas autonómicas o la clase de religión, terminarán sumiéndonos en ese abismo intelectual) terminen hallando en Internet esta colección de premios. Y que, a través de un corta y pega, lograrán que algún profesor con criterio tenga que ponerles matrícula de honor, progresa adecuadamente, o la última chorrada de terminología que el futuro y el Ministerio de Educación puedan depararnos. Ni siquiera Belén Esteban tendría esas dotes de adivinación.


So far, los sistemáticos abucheos del público a Vettel han sido la única aportación iconográfica verdaderamente valiosa del 2013 a la Fórmula Uno.

Y ahora, vamos a por los premios:


Ganador de la liga fantástica:


Aristarcos

¡Un aplauso para el vencedor! Y, desde aquí, le conmino a que nos facilite su dirección para hacerle llegar el sórdido regalo que se ha ganado a pulso. Su soberbia elección de Red Bull, Felipe Massa, Mark Webber y Daniel Ricciardo le ha valido la primera posición. Aunque, en honor de la verdad, hay que destacar que el equipo de la munhé que quedó clasificada en segundo lugar era todavía mejor: Red Bull, Felipe Massa, Mark Webber y Jules Bianchi le hubiesen dado la victoria a Littleana de no ser por el sutil matiz de no haberse apuntado a la liga fantástica a tiempo, perdiéndose por ello las puntuaciones de las dos primeras carreras. ¡Más suerte para la próxima! (Y muchas gracias por haber comprado mi libro, by the way).




Piloto del año:


Felipe Massa

Hubo que esperar hasta la última carrera para resolver un reñido duelo, pero la grandeza de Felipe en el terreno del psicodrama terminó por inclinar la balanza a su favor. La primera carrera del año fue un ejemplo perfecto sobre cómo administrar la tensión dramática: Felipe no sólo conseguía superar Alonso, sino que, además, lograba que el equipo le diese la estrategia ganadora. Pero, conforme la carrera se acercaba a su final, tanto el asturiano como Ferrari hicieron una demostración práctica de cómo darle un certero golpe al prepucio a un miembro en el cénit de su erección.



El golpe a la autoestima de Felipe, repetido en las siguientes carreras, logró que el brasileño entrase en caída libre propiciando sus ya clásicos trompos y colisiones con otros vehículos. La guinda del pastel, por supuesto, fue el anuncio de su despido del Ferrari. Llevábamos tantos años prediciéndolo en vano que ya parecía que la Scudería, en otro de sus vistosos alardes de oligofrenia, iba a regalarle a Felipe un puesto vitalicio. Sin embargo, la patada en el culo llego, y con ella una sublime actitud "para lo que me queda en el convento, cago dentro" por parte de Felipe que no sólo proporcionó risas y color, sino que a punto estuvo de terminar en colisión contra Fernando. Una pena no haber podido disfrutar de algo tan plástico.

Su epílogo de temporada, llamando putas a la mitad de los pilotos de la parrilla, sólo hace que estemos eternamente agradecidos al equipo Williams por haberle regalado un volante el año que viene. Sí, tal vez el tío Frank esté firmando la sentencia de muerte definitiva para su decadente equipo, pero no está la triste y gris F1 actual como para permitirnos desperdiciar un talento como el de Massa.

Equipo del año:


Red Bull(ying)

Una cosa son los Alonsistas – entre los que me cuento sin rubor – y otra bien distinta los Alonsinecios, capaces de fusilarte si osas decir que, en una de las fotos que Fernando sube cada tres segundos a Instagram, hay un dedazo. Una de las eternas reivindicaciones de este grupo de integristas es que Webber es mejor piloto que Vettel, sólo que Red Bull se dedica a sabotearle. La realidad, por supuesto, es muy distinta: Webber es más lento, pero hay que ir con él por dos motivos esenciales. El primero, es que está muy bueno y la belleza física siempre es superior al espiritual. El segundo es que, en muchas situaciones en los que el mierdismo nos ahogaba a todos hasta el punto de no hacernos respirar, Mark siempre se ha mostrado como un referente de la mejor onvría.

Sin embargo, es de justicia reconocer que Mark nunca ha logrado rebelarse ante Red Bull a la hora de impedir que, temporada tras temporada, fuesen rebanando su bolsa escrotal cual rodajas de chope hasta lograr convertirle en el digno eunuco que borraría a Rubens Barrichello de la memoria colectiva de los aficionados. Eso es así.

En el 2013, con su retirada anunciada, muchos esperaban que Webber se vengase de todas las humillaciones realizando actos tan bellos como llevarse a Frigodedo puesto en nueve GPs consecutivos. La realidad, por supuesto, fue tan diferente como implacable: los testículos que te cortan no son como los rabos de lagartija. No vuelven a crecer. Y así nos lo hizo ver, con toda la grandeza psicodramática, la escudería Red Bull.

En las últimas carreras del año, cuando parecía que Webber tenía opciones de victoria, Red Bull cambio las tácticas para que Vettel logra se adelantarle en boxes. Fue un recuerdo cruel de que quien vive como un eunuco, como tal debe morir. Por supuesto, también aplaudo la decisión de sabotear su parada en boxes cuando tenía serias opciones de adelantar por estrategia a Vettel. No atornillar la rueda para que esta terminase impactando contra un cámara de televisión me parece una de las mejores formas de favorecer la acción. Y de lograr despertarnos del siestorro, claro.


Sí señores, hay jrandeza artística en el maltrato psicológico indiscriminado, y más cuando se crea ese efecto "full circle". Vettel ganó su primer campeonato gracias al mobbing hacia Mark, justo es despedir al australiano de la escudería en la misma forma. Estético y merecedor del premio al mejor equipo.


Pilotaje del año:


Sergio Pérez, Mónaco

Que yo tenga que aceptar que el liberalismo económico es algo que favorece la acción y la estética, es una cosa que no sucede todos los días. Pero, después del espectáculo que Sergio dio en Mónaco, no he tenido más remedio que escribir todo un artículo de teoría económica sobre ello. Feck, es que he llegado a desear que todos los pilotos sigan su ejemplo hasta que un anarcocapitalismo desquiciado, que sería aplaudido por la mismísima Ayn Rand, termine dominando la F1.

Eso es el gran arte.


Onvre del año:


Pastor Maldonado

Para compensar la tentación liberal de checo Pérez, qué mejor que recurrir a los valores eternos de la revolución bolivariana de Maldonado. Si a principios de año nos emocionó con su homenaje al comandante Chávez, el lucir, aunque fuese un retoque cutre de app de iPhone, un "bigote obrero" en apoyo a Nicolás Maduro, terminó de consagrarle.



Por supuesto, Pastor volvió a ser sinónimo de acción en la pista, llegando casi a  arrebatarle el título de la liga fantástica a Felipe Massa, aunque al final tuviese que conformarse con el subcampeonato. Pero eso ya lo dábamos por descontado. Lo raro es que no sea el ganador perpetuo de esta nuestra competición.

Si Lotus no confirma su volante, me planteo dejar de hacer esta liga. En serio.



Munhé del año:


Raquel del Rosario

A día de hoy, después de esa vergüenza que son los votos a través del teléfono móvil, es tan difícil lograr un cero absoluto en Eurovisión como terminar cinco carreras consecutivas en la era turbo sin que tu motor explotase. Por ese motivo, el ridículo cósmico de El Sueño de Morfeo en el festival, hizo que todos pudiésemos gozar hasta el orgasmo leyendo cómo Fernando Alonso relato tan épica actuación por Twitter.


Bigotón del año:


Daniel Ricciardo

Ese encomiable movimiento que es Movember no sólo ha logrado concienciarnos sobre temas como el cáncer de próstata sino que, además, ha tenido el maravilloso efecto secundario de mejorar la estética de este mundo nefando en que vivimos. Da igual que se trate de bigotes postizos como el del Vettel, trucos de Photoshop como el de Maldonado, o recordar mejores tiempos pasados en el Twitter de McLaren (nunca nos cansaremos de volver a ver fotos de Nigel Mansell o Keke Rosberg ¿por qué no hizo lo mismo Williams, pudiendo añadir a Reggazzoni al pack?).

Sin embargo, no hay nada como the real thing. Si, en su día, Button nos deleitó con su bigotín inglés a lo Graham Hill, este año Daniel Ricciardo nos ha admirado demostrándonos lo BIEN que le sienta el mostacho. Si persevera y debuta con ese look en el 2014, logrará sustituir a Webber no sólo en Red Bull, sino también en mi corazón y mis pósters deplegables para el váter.



Ahora le preguntaré a Enrique Dans si Ricciardo - Richichi para los amigos - también reinará en los corazones de todos vosotros.


Premio Jerry Bruckheimer a la piña del año


Adrian Sutil, Corea

En el escenario de la que fue una de las mejores carreras de su vida, Tootsie nos dio una lección sublime de ballet haciendo deslizar su Force India contra Mark Weber provocando un incendio en el Red Bull a continuación. Sé que, en términos de fuerza bruta y cipotismo, no llega al nivel de Max Chilton estampándose de forma gratuita contra Pastor Maldonado en Mónaco, pero el fuegoooooorrrrlllll y la plasticidad siempre ganan.


Premio 'Golfus de Roma' al eunuco del año


Mark Webber

Como ya comentamos en El Yate de Flavio, sí que había una respuesta al enigma "¿dónde se metió el casco Mark Webber cuando se lo quito durante la última vuelta del Gran Premio de Brasil?". En el hueco que Red Bull dejó donde antes estaba su paquete.




Premio "se me ha caído el jabón" al bromance del año


Fernando Alonso y Mark Webber

Muchos dicen que las mujeres se ven las películas porno hasta los títulos de crédito para ver si los protagonistas terminan casándose. Pero, aunque no se diga tanto, es de justicia reconocer que los hombres nos tragamos las películas de Bruce Lee y Chuck Norris sólo para ver si, en medio de la pelea, éstos se anima a meterse un muerdo. Nos gusta más el bromance que al Mierda una Chonifiesta.



Y, desde esa cena romántica que Alonso subió a su cuenta de Twitter, hasta ese final emotivo en Brasil, Fernando y Mark han demostrado estar un peldaño por encima de Ayrton y Alain o James y Niki. Jrandes.


Premio LH al Mierdismo del año:


Sebastian Vettel y el Multi21

Desobedecer órdenes de equipo, con el ánimo de hundir en un pozo de mierda a tu compañero, es algo que siempre hemos apoyado en esta liga. Lo que JAMÁS defenderemos, bajo ningún concepto, es el meter una puñalada trapera para luego, en plena ceremonia de pódium, pedir perdón. En la crónica que, en su momento, escribí de la carrera, pueden volver a maravillarse sobre como un piloto que apodamos 'el Mierdecilla' logró dar una lección de mierdismo al Mierda por antonomasia.

Y sí, sé que la frase anterior no hubiese pasado ningún filtro de taller literario por repetir tantas veces la misma palabra. Tampoco hubiese pasado un filtro de una depuradora. Pero la F1 actual es así.



Premio Bárcenas a la corrupción del año


Bernie y los sobornos

Mucho se ha hablado sobre la vergüenza de Pirelli cambiando los neumáticos a mitad de temporada para favorecer al equipo Red Bull. Pero no es una conspiranoia que cuente con mi aplauso. Más que nada, porque ha fracasado a la hora de generar el mínimo espectáculo corrupto exigible para nuestra justa diversión.


Sin embargo, los sobornos de Ecclestone a numerosos jefes de equipo (especialmente Eddie Jordan y Alain Prost) ha logrado dar un grado más de eternidad a la F1. Porque esto es como el fútbol: lo menos interesante es lo que pase en el terreno de juego. Son los debates del bar los que mantienen vivo a cualquier deporte. Si el balonmano ha logrado salir del pozo de inmundicia en el que estaba sumido gracias a los chanchullos de Urdangarín, ahora la F1 puede permitirse cuestionar todas las temporadas anteriores gracias a la sombra alargada de la corrupción. "¿Los títulos de Senna? ¡Todos amañados a lo Bárcenas!". Ni Cristopher Hitchens tendría réplica para eso.



Pitstop del año (kind of…)


El Mierda, Melbourne

Cosas como esta son las que hacen que quiera reescribir artículos ya clásicos de ente vlog como "los 10 momentos más bochornososde la F1". Ay, cómo prometía esta temporada en sus compases iniciales…


Premio Manolete al momento cómico-taurino del año

Jules Bianchi, GP de Alemania

La verdad es que "cómico-taurino" se queda corto para describir este alarde de inventiva, genialidad, originalidad, y espíritu visionario de Jules Bianchi. Sólo con esto puede uno considerarse satisfecho de su carrera en la F1. ¡Dejar que el coche, sin freno alguno, se deslice hasta quedar en medio de la pista sólo está al alcance de unos pocos escogidos!


Atchonburike del año


Vanderglande

De todos los rookies, Giedo es de los que más acción ha sabido dar en pista, aunque sin llegar a los niveles de originalidad de Bianchi. Sin embargo, es su ya mítica frase "¡hay algo entre mis piernas! ¡Se está moviendo!" la que lo ha convertido en mito erótico y estrella sórdida de la F1. Good job.



Que esto sucediese en la misma semana en la que Pedro Almodóvar enseñó a decir al Mierda "estoy cachondo" volvió a ser otro espejismo erótico-festivo de lo que este mundial 2013 nunca llegó a ser.

Tro-lo-lo del año


Fernando Alonso, GP de EsP-P-Paña

Fernando ya venía calentando motores antes de pisar la Península Ibérica cuando dijo lo de "Si no se puede correr en Bahrein por la represión... tampoco se podría correr en España por la corrupción."

Pero, en pleno delirio independentista, dedicarse a ondear la rojigualda delante de Artur Mas, logró no sólo que Lobato perdiese los papeles, sino también los mierdas responsables del circuito. La investigación del "objeto extraño" que Alonso recibió de las manos de un comisario de pista, es ya historia de los despropósitos políticos de este país. Que, no les quepa duda, irán a más. Es nuestro deber saber disfrutarlos. Yo ya lo hice.

Joder, si hasta un anormal como Vettel también se ha apuntado al carro.

Y esto es lo poco salvable que el 2013 debería dejar en nuestra memoria. Crucemos los dedos y hagamos peregrinaciones al Ecce Homo de Borja para un 2014 en el que, por lo menos, Maldonado con un Lotus tenga a los líderes a tiro. Y, cuando digo "a tiro" estoy hablando de forma literal.

Onvre ya.

Llamémoslo moda, llamémoslo prejuicios, llamémoslo esnobismo, llamémoslo Francisco de Paula. El caso es que existen ciertos objetos que, como decía Ramón de Pitis, están socialmente muy mal considerados, pero que son el bienestar... la verdadera felicidad. Así que olvidad vuestros prejuicios y, ya puestos, vuestra vergüenza y abrazad la realidad: que estos objetos son maravillosos:

5.- Las bragas faja
Nos guste o no, ‘El diario de Bridget Jones’ es un peliculón. Yo no sólo la he visto unas diez veces, sino que además hasta me leí el libro. Pero no me lo tengáis en cuenta: a pesar de mi bien conocida gaycidad, la realidad es que lo hice para tener tema de conversación antes de que saliera la adaptación con la chica que me lo recomendó, que era de un erotismo sublime.

En un momento de la película, Jones se encuentra con una decisión de alta importancia. El conflicto de Chechenia nos la suda a todos, pero qué tipo de ropa interior llevar a la primera cita es un tema que dejaría con el culo partido a un congreso comandado por Carl Sagan, Richard Dawkins y Christopher Hitchens. Bueno: no a Christchens. Él, como siempre, tendría la solución. Que es la que descubrió Bridget Jones: cuando se tiene un poco de tripilla, hay que optar por la braga faja. Sin duda, tal prenda aumenta la posibilidad de alcanzar tercera base y sexo desenfrenado. Porque, ¿para qué llevar brajas sexys si no las vas a enseñar porque a Hugh Grant le dará cosa la barriguita que asoma y no te llevará al catre? Como quedó demostrado, una vez se ha decidido ir al lío, ningún hombre en su sano juicio va a abrocharse la bragueta porque lleves bragas de abuela de color carne. De todas maneras, no te van a durar mucho puestas.

Cierto es que el tipo de hombre que no te follaría por tener un poco de tripita es un gilipollas con el que no conviene estar mucho tiempo. Pero aquí estamos hablando de un polvo salvaje con Hugh Grant, no de casarse con Mr Darcy, quizir, con Colin Firth.  Por mi parte, tengo muchos calzoncillos la mar de erótico-festivos de esos ajustados, pero que se me enrollan en los muslos y acaban como un tanga ahogándome la zona testicular, con los consiguientes problemas de incomodidad y sudor que hace que si te los quitas un día de verano puedas tener a todos los gatos del barrio a tu puerta por la olor escrotal. Así que siempre voy fresquito con boxers que permiten tolón tolón.

Esto no tiene nada que ver con las bragas faja. Pero quería dejar una imagen aterradora en vuestras enfermas mentes. De nada.

4.- Los gnomos de jardín
Podríamos hablar de los flamencos rosa. Pero esto es Esppppaña y nosotros no somos tan cool como para traer necesariamente a colación un elemento clásico de los paisajes de caravanas americanos. De todas maneras, a mí desde joven los flamencos me han recordado a ‘Corrupción en Miami’ más que a ‘Pink Flamingos’ de Waters. Y ya sabéis lo que opino de esa obra maestra de la estética que fueron las hombreras y las chaquetas blancas de Sonny Crockett: que desde que se acabó, sólo fuimos cuesta abajo como especie hasta la aparición de las gafas de sol de Horatio Caine.

Los gnomos, sin embargo, son una cosa más europea. Y molan porque son personajes fantásticos. Algunos dirían que ñoños. Pues vale. En ente bloj no tenemos problema con el ñoñerío, como bien hemos demostrado declarándonos fans de gente tan maravillosa como José Luis Perales o Pimpinela. Además, para toda una generación, los gnomos son sinónimo de dos cosas: maravilla y trauma. Maravilla por el primer capítulo de ‘David el Gnomo’, en el que un pequeño Paco Fox (valga la redundancia) vio por primera vez en televisión cómo un personaje se secaba el culo. A fecha de hoy, todavía sigo haciendo referencia a ese maravilloso refrote todos los días cuando salgo de la bañera. Otra razón por la que nunca seré un mito erótico.

Por otra parte, el trauma antes nombrado viene de ese último capítulo en el que tuvieron los cojones de cargarse al barbudo de gorro de penitente rojo. Sería el equivalente a la famosa muerte de la madre de Bambi si no fuera porque aquí era más grave. A esa señora no la conocíamos casi de nada, pero con David llevábamos veintiseis episodios. Claro que este shock lo narro por referencias. Porque os aseguro que, cual ex combatiente de Viet Nam, no recuerdo ese final del que todo el mundo me habla. Aunque me consta que lo vi en su momento, lo he borrado de la mente como aquella vez que dos personas de un equipo de rodaje de un corto me pillaron con el culo al aire y empalmado en mi dormitorio mientras entraban a enchufar un foco sin llamar a la puerta.

Mierda. Ahora lo he recordado. Que alguien me de alcohol para matar algunas neuronas.

El caso es  que la gente de bien tiende a condenar el acto de decorar los jardines con gnomos por considerarlo una horterada. Una palabra realmente despreciable porque es más relativa que la capacidad de construir frases coherentes de Ana Botella. ¿Por qué jardines japoneses de arena sí y gnomos no? No os confundáis: los jardines japoneses molan porque permiten jugar y hacer dibujitos. Y mi mayor aspiración en todo momento es jugar con todo, ya sea con la arena, con la playstation o, sí: con las tetas. Preferente unas que no sean las mías. Ni las de Vicisitud. Con suerte, las de Cacaman.
Cacaman, mito erótico del cine-colonoscopia.
Pero también puede haber sitio para personajes de fantasía. Porque nadie entra en una casa y se ríe del dueño porque tenga un crucifijo en una pared. Un personaje de ficción con clavos en la palma de las manos sangrando. Mucho mejor decorar con un enano sonriente que recuerda a un catalán con la barretina erecta y al que se le ha ido la mano con la butifarra.

Cierto es que muchos irónicos están arrebatándonos a los ñoños sórdidos de corazón el monopolio de los gnomos de jardín con cosas como los “frentes de liberación” que raptan estatuas y las mandan por todo el mundo. Algo que, al menos, inspiró ciertas escenas de una de mis películas favoritas.
Mi nevera. Redefiniendo el concepto de 'decoración ecléctica'.
Pero los que tenemos en nuestro corazón el Libro de los Gnomos o la trilogía de 'Camioneros' de Terry Prachett (el concepto de que el cielo de los gnomos que viven en unos grandes almacenes es convertirse en las estatuas que venden en la última planta, se mea sobre cualquier reflexión de Ursula K Legin o de Hermann Hesse) y somos de ese tipo de engendros que tiene su muro de Pinterest lleno de dibujos de cuentos infantiles victorianos, sabemos que poner estatuas de enanos regordetes en el jardín hace feliz a mucha gente digan lo que digan.

Aunque yo soy más de poner hadas. Pero eso es otra historia. Otra historia más triste.

3.- Los cordones para las gafas.
Cuando yo era adolescente, mi madre me obligó a llevar cordones en las gafas. Eso implicó dos cosas:

- Que mi mote en 8º de EGB fuera ‘Sofía Petrillo’
- Que mantuviera intacta mi virginidad más años de lo deseable.

Yo la odié por ello hasta que me he dado cuenta de que tenía razón. Porque, sin los cordones, mis gafas se habrían roto más veces que las de un hipster pidiendo un gintonic con pepino y un chorrito de pomelo en un bar de moteros. Y porque de todas maneras tampoco habría follado, como bien demostró mi entrada en el mundo de las lentillas, que se saldó igualmente con un Paco Fox 0-Vaginas Acogedoras 0.
Retrato robot aproximado de la imagen de Paco Fox adolescente. No hay fotos de la época porque a las cámaras les daba cáncer.

Porque puedes parecer una vieja de 80 años, pero el caso es que si te dan una colleja (algo usual en un chaval con bigotín chungo, aficionado al Spectrum, con buenas notas y, lo peor de todo, hijo de maestra), no tenías que pasar un par de días cegato gracias al práctico complemento. Y os aseguro que la semana mientras te daban el cristal nuevo era una mierda. Todavía recuerdo ir a ver ‘Único Testigo’ compartiendo gafas con un amigo porque las mías me las había cargado en un accidente de bici. Nos la turnábamos cada 10 minutos.

Las hostias cuando salió en pelotas Kelly McGuillis fueron le-gen-da-rias.

2.- Los pantalones de tiro alto
Humphrey Bogart llevaba pantalones de tiro alto y molaba más que tú.

James Cagney llevaba pantalones de tiro alto y molaba más que tú.

Antonio Garisa llev…

Perdón. Siempre hay excepciones. Pero lo importante aquí es que los pantalones a la altura del sobaco han caído en desgracia con el paso del tiempo y el exceso de uso por parte de nuestros abuelos. Pero, ¿por qué tanto odio? Este tipo de prenda de vestir sólo ofrece ventajas:

- Gracias a él, no enseñas nunca la hucha. Algo muy de agradecer en invierno por aquello de que no te entre frío en el lumbago y por no hacer que yo grite de terror ante tal visión. O, dependiendo del humor que tenga el día en cuestión, acabe echándote un céntimo por la raja.

- Los pantalones normales han de ser asegurados con cinturones a la altura de la cintura, justo en la tripa. Eso puede ser una receta para el desastre gástrico si lo haces durante la digestión de una fabada. La presión intestinal es mala para el proceso y pude resultar en más gases todavía y, por consiguiente, la exclusión social o la expatriación a, como cerca, Tau Ceti 1. Y no lo digo yo: que lo dicen años de evidencia anecdótica y digestiones pesadas. Con los pantalones de tallo alto, es la curva de la tripa la que asegura grácilmente que la prenda no se caiga y acabe revelando la hucha, con lo cual todos ganamos y yo no gasto más céntimos en hacer el tonto.

1.- La riñonera
Yo me bajo todos los días al llegar de trabajar en Embajadores. Para los que no sean de Madrid o no frecuenten la zona, sólo puedo decirles que lo que veo me lleva de regreso a la infancia como una TARDIS con ganas de trolear. Porque es lo más parecido a ciertas zonas de Algeciras en los años 80. Y con ‘ciertas zonas’ quiero decir exactamente la calle donde estaba mi colegio. Yonkarras terminales por todos lados, bocas carentes de dientes, gorras mugrientas y, por supuesto, riñoneras.

Es cierto que la riñonera se ha quedado como objeto propio de drogadictos terminales, domingueros, turistas con sombrilla, paletas, nevera y bañador de talle alto (existen). Pero tenemos que rendirnos ante la evidencia:

Son muy prácticas.

Cuando yo era adolescente, los hombres iban con la cartera en la chaqueta. Resultado: te la mangaban como a Hernández y Fernández en ‘El secreto del Unicornio’. Los jóvenes eran más de guardarlas en el culo. Resultado: desaparecía en exactamente un minuto y treinta y dos segundos. Y si, como yo, te la ponías en el más seguro bolsillo delantero, parecía que llevaras a Roger Rabbit escondido en la entrepierna. O servía como excusa para ocultar una erección inconveniente delante de la MILF de uno de tus amigos.

Con el tiempo, las mujeres nos convencieron de que eso que llevaban los gays no era un bolso de cruzar (de acera), sino un complemento necesario. Que está bien para el día a día, pero es impensable si quieres ir a la playa o a hacer deporte. Ahí entra la riñonera.

Es perfecta para correr, bajar a por el pan, ir al gimnasio, coger el coche para darte un baño rápido en Tarifa o asegurarte de que ninguna mujer se fijará en ti el resto del día. Como los cordones de las gafas. O que te pillen comprando un gnomo de jardín. O llevando pantalones de tiro alto.

Menos mal que ellas llevarán bragas faja.

No suelo fijarme demasiado en los fallos de continuidad de las películas de factura decente. De hecho, soy de la opinión de que es mejor dejar un error de raccord si la secuencia funciona que sacrificar una buena interpretación o un corte molón sólo porque hay un vaso de piscosauer con distinga cantidad de líquido o una tabla de planchar que cambia de posición.
La mejor script girl de la historia.
Dicho esto, que ocurran tales cosas en una película de animación tiene cojones. Y produce fascinación. Hay que ser muy cutre y descuidado para realizar repetidos atentados al raccord en una de dibujos. Por eso hemos elegido una muestra de anime-colonoscopia para el nuevo Videofobia. Un clon de combate coreano de principio de los 80 que produjo traumas en más de un chaval de la época y estamos seguros de que hizo que más gente se metiera en el costo que los camellos que se ponían a la entrada de los colegios. O al menos del mío. Coño: que soy de Algeciras. 
¡Suscribíos a nuestra página de Youtube: https://www.youtube.com/user/TheVideofobia!


Me gustaría pensar que escribir un post para promocionar la nueva peli en la que he participado es algo tan predecible como nuestra porra necrológica, nuestras listas de mejores pelis del año, poner un bigotón o una caca por sistema en cualquier post o tener la necesidad de escribir una guía turística satánica después de cada visita al Reino Unido.

Próximamente en ente su vlog (salí vivo, creo)
 Pero la realidad es que la cosa esa del cine cada vez está más chunga. Pero mucho. Y poder escribir un post como éste me parece, ahora más que nunca, toda un acontecimiento.

La peli en cuestión se titula 'Esto no es una cita' y es una comedia romántica – no vamos a negallo: el género favorito de Paco y mío, aunque no salgan ninjas ni cyborgs ni zombis – de mucho, mucho reír. Y de mucha, mucha vicisitud. Lograr seducir a una munhé con una profunda declaración romántica para que, segundos después, se dé cuenta de que la estás leyendo de Internez rompe todos los indicadores posibles de vergüenza ajena. Y eso sólo es algo que ocurre en los primeros minutos del flim. Ya no os cuento qué produce el hablar de guarreridas con Julia de 'Verano azul'…


La peli ya viene acumulando premios en muchos festivales (Premio del público y mejor actriz en Málaga, mejor película en los festivales Tarazona y Marbella, mejor actor en Alicante…) y ¡qué carallo! ¡se los merece todos! ¡y los que vengan!

Guillermo, el dire, asustando a la gente en Málaga

Ahora, después de haber batallado mucho, por fin se ha logrado tener distribución (en el plan que lo hemos hecho, no es nada fácil: las ofertas iniciales oscilaban entre "ponme 700.000 euros en la mesa y hablamos" y "no te pido nada, pero nada te vas a llevar"). Por eso, en estas primeras y cruciales semanas, si alguno se anima a ir y le gusta – lo más probable, seriously – puede que el boca-oreja nos dé alguna oportunidad.

¿Dónde poder verla?

En la web de la película se detallan todas las salas en las que se estrenará las semanas del 8 y 15 de noviembre.


En los siguientes enlaces se pueden adquirir las entradas para las salas Artistic Metropol y Pequeño Cine Estudio de Madrid.

Un dato más que me hace recomendar la peli con toda la tranquilidad del mundo: Paco, que no perdona ni una y que es incapaz de quedar bien hasta con los amigos – de hecho, casi quiso pegarme después de dejar de ver 'Ens veiem demà' – salió del pase de prensa riéndose y maravillándose del nivel de la interpretación. Cierto, luego tuvo que añadir un "¿Es grave que me ponga tanto Alexandra Jiménez y… podrías presentarme a Carlotta?". Cosa que haré, por supuesto, ver a Paco ante una bella Munhé es material para un documental sobre la historia de la vicisitud.

Nunca mejor título de crédito tuviera...
 Les esperamos con alegría en las salas. Cualquiera que, por allí nos vea, tendrá derecho a tocarnos el pecho izquierdo y a, después de la película, abrasarnos para que les expliquemos qué carallo es eso de "hacer el angelito".

Durante los años ochenta, la crítica de cine comenzó vomitar la expresión ‘estética de videoclip’ para denigrar cualquier producto audiovisual moen-no y, en su viejuna opinión, mareante y vacío de contenido. O, concretando, para insultar los filtros y las hombreras de ‘Corrupción en Miami’. Una actitud que siempre me pareció de una inmensa falta de sentido común, porque todos sabemos que la mayor aspiración estética de un hombre es vestir como Sonny Crockett. Y ser Sonny Crockett.

El nacimiento de la MTV y la necesidad de cubrir la programación con cosas que no fueran actuaciones en playback de señores con grandes patillas y bigotones setenteros generó un gran interés por vídeos musicales, un arte que ya existía desde que Edison creó el kinetoscopio (sí: aun siendo aparatos mudos) y que había alcanzado la madurez sórdida con ‘La Balada de Bilbo Bolsón’ de Leonard Nimoy y, en nuestro país, con ‘Buscando en el baúl de los recuerdos’ de Karina. Sin embargo, la madurez más aceptable para la gente seria estaba todavía por llegar. Así que numerosos pioneros se lanzaron a grabar video clips como sus testículos le dieron a entender, porque por aquellos primeros ochenta no había nadie que interfiriera en su trabajo. Y ya sabemos lo que esa libertad significa: TETAS.

Y, además de tetas, mucho artisteo del loco. Del independiente. Del alimentado con cocaína, vamos. La primera generación de directores de vídeo clips era gente perturbada atraída por la idea de poner imágenes a la música porque, de todas maneras, eran jóvenes y no tenían ningún trabajo mejor. Años más tarde, la opción de rodar clips comenzaría a convertirse en un equivalente menos terrible para el destino de la humanidad que ese pozo de infantilismo llamado ‘mundo del cortometraje’: en una puerta hacia una carrera en el cine. Pero estos pioneros no se planteaban estos objetivos al comenzar sus carreras. Claro que, como es lógico, los más exitosos del grupo acabaron saltando al cine.

Con resultados lamentables en casi todos los casos.

En la segunda mitad de los 80, una nueva generación de directores llegaría y cambiaría Hollywood. Comenzaron con la creación de la productora ‘Propaganda’, con David Fincher y Dominic Sena como cabezas de cartel a los que pronto se les uniría ese cipote humano llamado Michael Bay como futura cabeza de turco de toda la crítica mundial. Ellos marcaron la evolución de rodajes guerrilleros libres a productos ultra-profesionales. Y muchos empezaron a petarlo en el cine unos lustros después. ¿Pero qué fue de los verdaderos pioneros? A ello vamos:


Menciones especiales:
Como muestra de que no todos los pioneros tenían la más mínima intención de dedicarse a la ficción, hay que destacar a gente como David Mallet (el de casi todos los vídeos de Queen) o sobre todo el dúo Godley & Creme, unos tipos que venían de formar parte del grupo 10cc (concretamente, llevando el aspecto más moenno y artít-tico de la esquizofrénica formación),  a los cuales hay que respetar a pesar de su mediocridad: fueron producto del perturbado pederasta Jonathan King (¿quizá se merece un artículo de ‘ente onvre’?), que fue quien les puso el nombre, según él ‘por un sueño que tuvo’. Según Creme, en un raccord inigualable con su propio apellido, porque King decía que era la cantidad media-alta de semen eyaculado por un hombre. Conociendo lo salido que estaba el famoso productor, me inclino a creerle, pero con cuidado de no inclinarme demasiado. (*NOTA del editor: en el futuro, no volver a hacer chascarrillos homófobos malos nivel Jaimito Borromeo)

También es necesario nombrar a Bernard Rose. No se le suele considerar como uno de los grandes pioneros, debido a que tampoco llegó a realizar demasiados clips (sobre todo muchos de UB40 y el par del primer grupo de Jimmy Sommerville, Bronski Beat), pero fue el autor de dos ejemplos jloriosos del género: ‘Relax’ y ‘Welcome to the Pleasuredome’ de Frankie Goes to Hollywood. Esa maravillosa oda al mariconerío leather del primero es digna de aplauso, sobre todo porque hasta lo censuraron en casi todas partes, señal indudable de entretenimiento asegurado. Rose realizó una peli independiente hoy olvidada, pero que recuerdo que me gustó mucho, llamada ‘Paper House’, además del primer ‘Candyman’. Luego se puso clasicón con ‘Melodía Inmortal’ y ‘Anna Karenina’, que era  más o menos igual de portentosamente aburrida que la adaptación del año pasado de Joe Wright. Y de ahí, al olvido. La última peli suya que vi fue ‘Mr Nice’, de la que lo único que se puede decir es que sale la Pataky. Y eso no es demasiado nice.

Finalmente, Alex Proyas sí que ha tenido una buena carrera en el cine (¡y ojalá le dejaran hacer más pelis!), pero apenas hizo un puñado de vídeos, por lo cual no se le puede considerar de los pioneros del género. Eso sí: realizó ‘Magic Touch’ de Mike Oldfield, mi video favorito que hasta me inspiró un corto de mierda que realicé en la facultad (y que me da una excusa barata para enlazar ¡dos! posts antiguos)


5.- Andy Morahan
Muy bajo en la lista debido a que este señor llegó al mega estrellato de los vídeos un poco tarde. A pesar de haber empezado con, por ejemplo, el ‘West End Girls’ de Pet Shop Boys, sus días de gloria se corresponden más bien con los 90 y, concretamente, su ¡ÉPICAS! para Guns’n Roses (‘November Rain’, ‘Stranged’… o sea: LAS BUENAS). Así que no iba a comentarlo. Pero el abismo tan espectacular entre su carrera en el cine en relación con el poder que tuvo en su época (y el respeto del que sigue disfrutando) es tan inmenso, que había que nombrarlo. Porque el tipo, aparte de un par de cosas desconocidas, fue el responsable de dos vicisitúdicas terceras partes.

Una no la he visto. Ni yo, ni casi nadie. No sé si os acordáis de que unos productores pensaron que los americanos habían hecho grandes odas a todos los deportes de masas y faltaba una esencial.  Así que estos ingleses se aliaron con Disney para lanzar la película definitiva del deporte más popular del mundo por encima de jugar a arrastrar vellos púbicos de los urinarios públicos con tu chorrito: El FURNGO. Y no iba a ser una simple cosa en plan ‘Campo de Sueños’. No. Se haría… ¡una trilogía! El responsable sería alguien de probada valía:

No Michael Culodeinvierno, que era la primera y poco comercial elección. Más bien se eligió al director del ‘Juez Dredd’ de Stallone. Añadamos que salía el gafe de Raúl y hasta Zidane y ¡a la mierda con la taquilla! Pero los tipos consiguieron terminar la saga cual adolescente que se ha marcado el reto de seis pajas en un día y por Iluvatar que lo va a conseguir. Eso sí: la tercera parte acabó siendo directa a vídeo y ni siquiera recuerdo estreno español en ese formato. Ya que estaban de rebajas, pillaron a Morahan, porque el director ya había demostrado su valía en otra tercera entrega: ‘Los Innormales 3’. Quizir: ‘Los Inmortales 3’. Una película que yo, que he visto la cuarta parte y hasta me tragué Beowulf en el cine por ver a Christopher Lambert dando sablazos, no he sido nunca capaz de terminar.
Mario: prefiero que me cortes la cabeza antes que ver la quinta parte
Ese es, por ahora, el legado cinematográfico de uno de los responsables de los vídeos más espectaculares y caros de la historia: básicamente una secuela colonoscópica de una saga que le dio la gloria y el dolor escrotal a otro veterano, éste realmente pionero:


4.- Russell Mulcahy
De todos los locos de la primera época de los videoclips, Mulcahy es el único con una verdadera carrera cinematográfica. Más o menos de la misma regularidad que mis movimientos intestinales y de la misma consistencia que… joder: que mis movimientos intestinales. Pero se puede decir que es quien alumbró la única obra maestra de la corriente y una película cuya influencia estética y de montaje no se pondera lo suficiente debido a que la mayor parte de los críticos que piensan en ella todavía se están riendo por ‘El Rey Escorpión 2’.

Se trata de ‘Los Inmortales’, una de mis películas favoritas y muestra de cómo ha evolucionado el lenguaje cinematográfico gracias a en parte a ella. La primera vez que me la vi, no me enteré de un carajo. Ahora se puede disfrutar sin advertir problema alguno de complejidad narrativa como si estuvieras leyendo un libro de ‘Teo va al campo’, ‘Teo va a la escuela’ o ‘Teo se compra un strapon’. O quizá fuera que me la tragué por primera vez en un cine de verano de Algeciras con dos tíos fumando mandanga a mis espaldas (momento mítico de mi madre comentando en voz alta y confundida la frase inmortal “Paquito, aquí huele a campo”)

Aparte de, obviamente, con Queen, Mulcahy trabajó con prácticamente todos los grupos gordos británicos de los ochenta. Pero es especialmente notable por haber realizado en una tarde ‘Video Killed The Radio Star’, cosa hecha un poco porque sí, pero que hoy se interpreta como la declaración definitiva de intenciones del nuevo movimiento audiovisual tanto por letra como por haber sido el primer clip emitido por la MTV un par de años después de su realización.
Sí: el señor del final con cara de estar disfrutando de la agradable sensación de tener una fregona metida por el recto por el lado de la mopa es Hans Zimmer antes de inventar el sonido de elefante con diarrea que mete hoy en día en todas sus bandas sonoras y que un día de estos va a despertar a un primigenio cabreado.

Mulcahy también fue el autor de ‘Total Eclipse of the Heart’, locura con niños de ojos brillantes, gasas, chavales descamisados lanzando palomas y, sí, ninjas que hizo que Bonnie Tyler saliera cabreada del set al grito de ‘¡No eres más que un puto pervertido!’. O sea: una obra maestra.

Russell sí que llevaba tiempo queriendo hacer cine. Su primera cinta, un documental, es de 1979 (aunque no fue estrenada por problemas de censura por su cantidad saludable de palabrotas y blasfemias; o sea, una vez más, que será buena), pero fue su fama por los videoclips lo que le permitió realizar ‘Razorback’, descrita en la época como ‘Tiburón en el desierto australiano’, que resulta la mar de divertida y además tenía un póster que me fascinaba:
Seguro que la recordáis si digo que es la peli esa del cochino jabalín mutante
Tras el éxito de ‘Los Inmortales’, no tuvo más remedio que liarse a hacer la secuela. Desastre mítico del que ya hablé en este post, por lo que tampoco hay voy a hacer más escarnio de un despropósito tan famoso que casi lo consideramos para un Videofobia antes de decantarnos por ‘Campo de Batalla: La Tierra’.

De un fracaso así es difícil recuperarse, por lo que pasó unos años con producciones pequeñas que nadie recuerda (‘Ricochet’), aburridos intentos de policiaco inglés estilo años 70 (‘Blue Ice’) o, directamente, chorradas (‘The Real McCoy’). Eso sí: un gran estudio confió en él para devolverle la gloria perdida y le dieron ‘La Sombra’ en esa maravillosa época antes de que Marvel se pusiera las pilas en la que las adaptaciones de tebeos aseguraban vicisitud sí o sí. ‘La Sombra’ está rodada con gracia, tiene sus defensores y no es ni de lejos la risa de ‘The Phantom’ o el fin de la civilización occidental de ‘Steel’. Pero fue regulera en taquilla. Así que Mulcahy se vio condenado a hacer cine de género independiente (hasta un clon de combate de ‘Seven’ llamado ‘Resurection’ que vi en salas por mi perniciosa militancia en el Chrilambertismo). Tras mucha televisión, algún loco nostálgico decidió darle la tercera de ‘Resident Evil’. El resultado: intrigado, tuve que ir a verla al cine. Lo bueno de ello es que me reí cosa fina con los maravillosos diálogos de derrame cerebral. Lo malo fue que, después de dejar de lado la segunda, volví a la progresivamente más espantosa saga, culminando por ahora en la espectacularmente irrelevante quinta parte.

Pero nada: Russell siguió esta nueva película de presupuesto con el descenso al segundo círculo del infierno de los olvidados del cine comercial: una secuela directa a vídeo (la ya nombrada ‘El rey escorpión 2’, que no me cansaré de recordar que es la secuela de un spin off de una secuela de un remake el cual pronto será objeto de un reboot. Con dos cojones).

Incidentally, el tercer círculo del infierno cinematográfico es aceptar hacer una de The Asylum, pero esperemos un poco más de respeto al tío que nos emocionó con las aventuras de un actor francés haciendo de escocés en Estados Unidos y un escocés haciendo de egipcio afincado en España.

Joder con el director de casting de ‘Los Inmortales’.


3.- Julien Temple
Temple fue el director esencial del movimiento punk. Y por lo tanto, me cae mal. Lo siento. Pero desde el principio del blog he dejado claro lo que opino de este tipo de música mal interpretada y aupada por una prensa musical de mierda que rápidamente tiene que apuntarse a un nuevo carro para validar su prestigio como gurús vanguardistas. Además, estaba lleno de drojadictos de mierda. Bien es verdad que algún grupo punk tenía su gracia e incluso reconocían, en contra de lo que propagaban en NME de ‘muerte a los dinosaurios’ (esto es, todos los grupos que a mí me gustan), las influencias de los que vinieron antes.

Pero vamos: asco.

Claro que Temple se ganó un hueco en mi corazón por filmar la película que lanzó a la fama a un mito erótico absoluto de mis comienzos onanistas adolescentes: Patricia Jude Francis Kensit, AKA Patsy Kensit AKA Una de las Pocas Inglesas Que No Dan Grima. La película fue, como he avanzado sutilmente y creyéndome muy listillo en la frase anterior, ‘Absolute Beginners’. Un festival anacrónico (por estar ambientada en los 50 pero ser decididamente ochentera en todo lo demás). Un musical de colorines que es a la industria inglesa de los 80 lo que ‘La Puerta del Cielo’ a la americana.

A principio de esa década, Goldcrest estaba dominando el cotarro cinematográfico con un par de valiums ganadores de Oscar (‘Ghandi’ y ‘Carros de Fuego’) y era la gran esperanza del poderío británico. Además, puso dinero para mi película favorita de la historia, ‘Local Hero’. Pero tras el desastre de ‘Revolución’, necesitaban un hit. Se lo jugaron a dos cartas: una fue ‘La Misión’, que fue bien, pero resultó tan cara que no resultó suficiente. La otra fue una moen-na para la chavalería. Se gastaron una pasta en grandes escenarios estilo ‘Calles de Fuego’ en los estudios 007 de Pinewood y, por la falta de liquidez, involucraron a gente de gran pedigrí sórdido como Virgin (que volverá a aparecer en este post) y Palace, empresa videográfica con división de software por la que cualquiera que haya tenido un Spectum, un Amstrand o un Commodore (no os engañéis: la gente que tenía un MSX eran una leyenda urbana) guarda un pedacito de cariño en su corazón gracias a ‘Barbarian’ o ‘The Secret Armour of Antirad’. Y de odio. Puto ‘Cauldron 2’ y puta calabaza.

Pero no nos desviemos. Ni yo, en plena etapa hormonal en la que veía todos los días suspirando como una quinceañera el clip de ‘Cross My Heart’, fui capaz de acabar la película. Ni casi nadie. Así que Temple se fue a los Estados Unidos a hacer más vídeos musicales y resucitar su carrera cinematográfica con el proyecto que todo director en problemas escogería:

Jeff Goldblum, Jim Carrey y Damon Wayans vestido de peluches extraterrestres de colores en un musical en el que tienen que ligar con Geena Davis y unas amigas. Es tan doloroso como parece, si bien con el tiempo la película ha ganado en defensores por aquello del camp, la homosexualidad y que la nostalgia nos vuelve a todos gilipollas.
Como castigo, Temple, ese rebelde del punk, pasó los 90 haciendo más vídeos. En concreto, el de ‘Everything I do, I do it for you’. No puedo dejar de imaginarme al director en el rodaje del himno-aspartamo por excelencia (hasta la llegada de ‘My Jarl Will Co Jon’ de Celine Dion) en constante estado de desesperación como Cecilio Bemille en el rodaje de ‘Tronak El Kárbaro’. ¡Con lo punk que fue él, leñe!


2.- Mary Lambert
El cine siempre ha sido un lugar un tanto machista, y me jode. Pero en el mundo de los pioneros de los videoclips daba lo mismo lo que tuvieras entre las piernas. Así que una jran munher se hizo cargo de muchas de las obras más recordadas del género porque básicamente a nadie le importaba quién era el director ni lo que pusiera delante de la cámara con tal de que molara y lo hiciera baratito.

Mary Lambert era una estudiante de Audiovisual y Bellas Artes de la generación de gente de los Talking Heads que, un buen día de 1982 decidió que lo que le molaría en la vida era dirigir vídeos musicales. Así que consiguió que le pusieran en contacto con una putilla nueva llamada Madonna. Y entre las dos definieron el personaje de la chica a la que todos se querían tirar pero que no estaba especialmente buena. O sea: el sueño de todos nosotros. El mío también. El de no estar del todo bien pero que me quieran follar. No el de ser chica. Creo.

Tras videos de Madonna o Sting, se pasó al largo con ‘Siesta’, película rodada en Espppaña que no he visto, pero cuyo título que permite el chiste obvio. Curiosamente, según la IMDB Lambert quería a Madonna de prota, pero ésta se negó porque “había demasiado empelote y contenido sexual”.

Es como si yo dijera que no quiero ver una película porque hay demasiados superhéroes con bigotón, ciborgs, dragones y sale Nathan Fillion.

Estéticamente decían que no estaba mal, pero como cualquier película con Julian Sands, estaba condenada al fracaso. Sin embargo, fue una buena carta de presentación para que le encargaran una de las mejores películas de las que se habla en este post: ‘El Cementerio Viviente’.  Una muy solvente adaptación de Stephen King, que fue muy bien en taquilla, que daba mal rollo y que, además, dejó mi canción favorita de ese grupo-compositores de canciones chorizo - productos del merchandising cool aunque todas sus canciones sean la misma que eran The Ramones.

¿Cómo es posible entonces que su carrera no despegara después de esto? Pues le pasó lo que se llama ‘un Russell Mulcahy’. Esto es, realizar una secuela de mierda de su éxito. 'El Cementerio Viviente 2’ fue un desastre en taquilla. Así que lo de siempre: a la tele, alguna peli de bajo presupuesto y, en este caso sí:

Al tercer círculo del infierno cinematográfico.

Mary Lambert acabó haciendo una de The Asylum.
En esta cosa, titulada 'Mega Python vs. Gatoroid' (siempre que leo el título me imagino una serpiente luchando contra una bebida isotónica), al menos tuvo cierta gracia en el casting: Debbie Gibson y Tiffany de protagonistas. Y si eres tío y no sabes quién es ninguna de las dos, sólo tengo tres cosas que decirte: a) Que eres joven y eso está bien; b) que en los 80 no leías la Super Pop y c) que eres heterosexual.


1.- Steve Barron
Llegamos al jefe del cotarro. El que hizo todos los vídeos de la primera mitad de los 80. Pero todos. Por poner un ejemplo, en el mismo año dirigió el mejor de la historia:
Y el primero en hacer uso brutal de la animación por ordenador que consiguió la doble conquista de cachondearse de la MTV y definir al mismo tiempo su imagen y toda una época:

Por no hablar de lanzar de verdad a Michael Jackson con ‘Billy Jean’, hacer épica con ‘Maid of Orleans’ de OMD, meter metacine en la MTV con ‘Don’t You Want Me’ de The Human League y, básicamente, ser quien cinceló la experiencia audiovisual de toda una generación de señores tristes que ahora escribimos en blogs en lugar de andar por la calle en calzoncillos gritando canciones de Toto como el resto de gente de bien.

Así que como era el director más solicitado, fue el escogido para la primera película de Virgin como productora. Sí: la empresa de nuestro querido Fuck Me Richard Branson. Tampoco me voy a poner ahora a glosar la vida de ente finstro de señor que entre su tirante relación con Mike Oldfield, sus coches de carreras con problemas de combustible y sus apuestas de vestirse de señora no para de aparecer en ente bloj. Baste saber que Virgin comenzó como una empresa poco legal de distribución de discos de importación, continuó como discográfica gracias a ‘Tubular Bells’ y se hizo de oro gracias a explotar la moda punk. Sí: esa de anti-establishment y anarquía. Esa. Vale. Dejémoslo.

Así que, tras distribuir un par de pelis, se metieron a producir. Obviamente, una de las opciones fue hacer LA película de la época del vídeo clip. Un compendio de músicos ligados a su discográfica mezclados con una trama moderna (¡ordenadores!) y dirigidos por la figura del medio en su debut en el largo.

'Sueños eléctricos', que nunca ha aparecido en DVD en España, apenas se ve en televisión, es ridícula en su trama de ciencia ficción, ñoña como ella sola y yo la adoro.

Quizá sea por cómo me impresionó su uso del travelling y su inventiva visual en la época. Quizá sea porque Giorgio Moroder (antes un sórdido, ahora cool gracias a Daft Punk) formó parte de la banda sonora, quizá porque salía el peor actor de Los Colby. Yo qué sé. La peli iba de un freak asocial (automáticamente, el 83,5% de lectores del blog se han sentido identificados) que se enamora de su vecina Virgina Madsen (automáticamente, el 98% de lectores del blog se han sentido identificados), la cual es violonchelista. El chaval se compra un ordenador (¡DEL FUTURO!) que, debido a que derraman un poco de refresco en el teclado, cobra conciencia en plan HAL, pero más calentorro. Por lo que también quiere ligarse a la Madsen.

No, en serio.

Una película que además acaba con la frase ‘¡Qué bárbaro! ¡Qué música más guay del Paraguay!’ justo después de poner una canción de Moroder con Philip Oakley (el de Human League) supuestamente compuesta e interpretada por una inteligencia artificial que se ha infiltrado en la red eléctrica con el objetivo de repartir amor en lugar del más común de crear Terminators NO puede ser mala. Bueno, sí. Pero desde luego no puede odiarse.
De acuerdo: hay que estar un poco tarado para que te guste esta película. Y sin duda eso es lo que pasó. La banda sonora funcionó mejor que la cinta y el resto de producto Virgin para cine tampoco es que fuera la leche en taquilla (como hemos visto, hasta se metió en ‘Absolute Beginners’). Pero aquí hemos venido a hablar de Barron.

El realizador tardó unos años en recuperarse de ‘Sueños eléctricos’ hasta que unos productores independientes le ofrecieron una película infantil que pintaba bien para la que necesitaban un realizador barato por aquello de gastarse el dinero… en disfraces de tortugas.

Recuerdo cuando se anunció que Barron iba a ser el director de ‘Las Tortugas Ninja’. Como listillo precoz (algo que en la era pre- internet tiene su mérito), yo ya sabía que era el de ‘Money for nothing’ y ‘Sueños eléctricos’, por lo que la noticia me hizo la mar de feliz. Y la taquilla posterior le alegró el día a Barron, pues la cinta hizo un pastizal. Lo cual le permitió dar el salto a una major de Hollywood.

Esa es la buena noticia. 

La mala era que la peli iba a ser una adaptación de un sketch de Saturday Night Live.

Pero, Paco (dirán dos o tres lectores): hay pelis de SNL buenas. Sin duda. DOS. ‘Granujas a todo ritmo’ y ‘Wayne’s World’. Y ni siquiera soy fan de la segunda. Ahora veamos la lista de otras películas de SNL:


-‘It’s Pat’, sobre una cosa que no se sabe si es tío o tía. Ese es todo el chiste. Y da mucha grima. Inédita en España, claro

-‘Stuart Saves His Family’. ¿Sabéis qué peli es? Pues eso.
-‘Movida en el Roxbury’: Esa es famosa. Pero ahora. Cuando se estrenó, nadie le hizo caso. Y mola sólo por lo de la cabeza y el ‘Baby don’t hurt me’, que hacía más gracia hecho por Jim Carrey en alguno de los sketches.
-‘Superstar’: ésta es tan mala que sólo la defendió Jordi Costa porque él sabía quién era Molly Shannon y TÚ NO.
-‘The Ladies Man’: Repito: ¿Sabes qué peli es?
-‘MacGruber’: un bonito fracaso de taquilla que también quedó inédita en nuestro país. Ahora en serio: ¿una parodia de McGyver? ¿De verdad?

A Barron le tocó lidiar con la que falta en la lista (aparte de las secuelas de los dos éxitos): ‘Los caraconos’, que habría sido mejor si se hubiera adaptado como tebeo de Superlópez. Lo del director eran los planos molones y esas cosas, pero la comedia como que no. Ahora, gracias a los numerosos pases en televisión (y, teniendo en cuenta que es una película Paramount, muchos más que le esperan en el canal homónimo) habrá perturbados que la defiendan como yo declaro mi amor por ‘Sueños eléctricos’, pero el hecho es que las críticas fueron lamentables y no pasó del sexto puesto en taquilla en EEUU. En España, ni se molestaron en pasarla por cines.

Por lo tanto, Steve tuvo que volver al cine independiente con ‘Pinocho: La leyenda’ (en contraste con ‘Pinocho: el cuento chungo’)  y un infierno de películas para televisión y mini series, de las cuales la más relevante fue ‘Merlin’. Relevante en el sentido de que me dieron ganas de prenderle fuego a la televisión tras esperar con ansia su estreno y encontrarme aquello.

Al menos no ha hecho una de The Asylum. Todavía.


Y este es el resumen en cinco personalidades de mi infancia audiovisual. De esa época en la que ponías ‘Tocata’ y no sabías si te iba a tocar una nueva maravilla que revolucionara tu mundo audiovisual o directamente te ibas a morir de vicisitud. Porque como los primeros videojuegos, los primeros discos de progresivo o los primeros polvos, los comienzos son siempre memorables, locos y de futuro imprevisible.

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