junio 2015

O “Un espía super guay”, que rezaba la super molongui chahi piruli carátula del VHS. Que es el formato en el que se estrenó esta cosa en España: directamente saltándose el bochorno de tener que pasarla por cines. En los 80. Con Bill Cosby de prota y siendo el tentpole (esto es, la producción más cara de la temporada) de Columbia para 1987.

Lo cual significa que estamos ante una hostia más relevante todavía que la previa ‘Ishtar’ de la misma compañía y de la que ya casi nadie habla. En una época en la que todo el mundo escribe sobre 'The Room' o 'Birdemic', hay grandes puntales de la historia del cine de mierda que están completamente o medianamente condenados a la oscuridad. Feck: ni siquiera he encontrado una versión en español de esta cosa por la red. Y estamos hablando de un mundo en el que puedes hallar en los torrents desde cine de comedia soviética hasta porno en árabe. Cosa que a mí no me gusta nada. La comedia soviética digo. El niqab del porno árabe le da un toque de tensión sexual y protección contra los rayos solares que no veas.

Hechos del caso:

En los 80, Bill Cosby hizo un truco de magia que habría dejado a David Copperfield azotándose el pene contra la estatua de la libertad de envidia. No estoy hablando de magrear a decenas de mujeres sin que ninguna lo denunciara. Me refiero a algo mucho más difícil y, por qué no decirlo, terrible: convencer a todo el mundo de que tenía gracia.

Yo llevo 9 años de blog intentándolo y os aseguro que no es fácil. Pero en los últimos años empiezo a ver resultados. Ahora a veces mi madre se lee mis artículos y me dice que tengo más gracia que cuando recitaba chirigotas delante de mis tíos con 6 años. Sí: las pelis de Joe D’Amato no son mi único trauma infantil.
Cientos de ovejas dieron su vida para crear esta abominación a los ojos de Yaveh
El caso es que el rey indiscutible de la televisión de los ochenta era una colección de jerseys de colorines con un tío dentro. Para que los más jóvenes me entendáis, Cosby era como el Emilio Aragón de la época: ambos inmensamente populares, ambos inmensamente poderosos y ambos con comedias familiares sin gracia. Sólo falla la comparación en que las hijas en la ficción no estaban igual de buenas y que Isabel Aboy no acabó como Lisa Bonet haciendo escenas de sexo con Mickey Rourke. Por suerte para ella.

Cosby ya tenía una discreta carrera como actor a sus acosadoras espaldas. Pero era más conocido por una serie de espías y por haber creado a un personaje llamado ‘Fat Albert’, cuya hilaridad consistía en que estaba gordo. Los 70 eran otra época. Otra época más gilipollas. Sin embargo, en el 84 lo petó a lo grande con una sitcom blanca, blanca, blanca.

Obviemos en chascarrillo fácil y continuemos.

La serie era muy muy familiar (en el sentido ‘ñoña que hace que ‘Padres Forzosos’ parezca ‘Breaking Bad’. Ñoña en el sentido que 'dan ganas de lamer las botas de una dominatrix con ortigas mientras tocas una guitarra eléctrica lanzallamas con tal de quitarte el regusto a azúcar estilo Globomedia’). Ello ayudó a que llegar al éxito masivo entro todos los públicos y a suicidios igualmente generalizados. Tan importante era Cosby que fichó como imagen de Coca Cola, la compañía que representa todo lo americano sólo detrás de Disney y Halliburton. Incluso estuvo implicado en la debacle de la New Coke, que es algo de lo que en España casi nadie sabe nada porque a veces tenemos suerte en este país de mierda. ¿Y averiguáis quién compró una major de Hollywood con la idea de generar ‘sinergias’ publicitarias? Efectivamente.

En 1982, Cocacola adquirió Columbia porque, qué cojones: en algo hay que gastarse los millones de dólares y hasta Rodrigo Rato sabe que hay un límite en lo que puede uno derrochar en putas. Tras algunos éxitos, los dirigentes Donald Keough (efectivamente, no era precisamente de Baracaldo) y Roberto Goizueta (que, como su propio apellida indica, era cubano) decidieron que su compañía necesitaba prestigio. Y aquí me vais a permitir que haga un apartado para presentaros a un señor que sólo tiene que ver periféricamente con esta historia, pero que siempre me ha fascinado. Coca Cola contrató al productor inglés David Puttnam para dirigir el estudio.

Puttman era un antiguo ejecutivo publicitario que, contra todo pronóstico, no era cocainómano. Ni juerguista. Sí un poquito adicto al trabajo. Tras petarlo desde muy joven y hacer muchos contactos con realizadores ingleses de anuncios, decidió pasarse al cine. Hizo algunas películas menores, pero con material de sordidez. Una tenía a nuestro ídolo Ringo Starr de coprotagonista (y le funcionó en taquilla) y otra tenía a Donovan haciendo de flautista de Hamelin a las órdenes de Jacques Demy (el cual, como su propio nombre indica, era un hortera). De esa sordidez quizá me encargue en otro momento. Digamos ya que el éxito masivo le vino con el morbo. Su amigo realizador de publicidad Alan Parker le llamó para que le ayudara con ‘El expreso de medianoche’. Un poco de torturas y violaciones anales después y, ya que estamos con la anal-ogía, a petarlo.

David poco a poco se convirtió en el productor de moda e imagen del cine inglés en un periodo de crisis para esa industria. Aficionado a las pelis de qualité, la mayor gloria le llegó cuando llamó a otro director de anuncios, Hugh Hudson, y llevó su proyecto personal ‘Carros de Fuego’ hasta los Oscars, con la suerte de que el realizador era un poco tímido y toda la promoción recayó sobre la imagen del productor. Un tipo un tanto bocazas, aficionado a contradecirse y tendente a ser diletante, pero al que amo por haber hecho mi película favorita de todos los tiempos ever forever: 'Un tipo genial' (Local Hero) y por su curioso gusto, casual o no, a la hora de elegir las bandas sonoras de sus pelis. Digo que quizá causal porque Hugh Hudson jura que la idea de tener a Vangelis en ‘Carros de Fuego’ fue suya. Pero observen la gente que contrató:

- Mark Knopfler para Local Hero (obra maestra), Cal (coñazo con Helen Mirren) y Confort and Joy (decepción con solo tres temas de Knopfler)
- Vangelis para la nombrada ‘Carros de fuego’
- Mike Oldfield, del que ya hemos hablado en el blog, para ‘Los Gritos del Silencio’ (The Killing Fields)
- Giorgio ‘Bigotón’ Moroder para ‘El Expreso de Medianoche’ (Oscar incluido por este hard casio fest)
- Enya (sí, sí: Enya. Esa ENYA. La que mola despreciar más que al propio Knopfler, pero que yo HAMO) para ‘The Frog Prince’, película que no conozco a nadie que haya visto, pero cuya banda sonora tiene, atención, saxofón ochentero a saco. DE ENYA.

Tras acabar hasta los cojones por rodar 'La Misión' en Sudamérica con guardaespaldas para medio equipo y cagaleras para todos (y música de Morricone, por si alguien seguía dudando del gusto de este señor), Puttnam decidió que necesitaba un cambio. Su compañía Goldcrest estaba hundiendo la poca industria que él mismo había creado con la hostia monumental de ‘Revolución’ de Hudson con Al HU HA Pacino y la de ‘Absolute Beginners’ (de la cual ya hablé en este olvidado post). O se iba a dar clases a la universidad o aceptaba 5 millones de dólares y se quedaba tres años dirigiendo Columbia.

Puttnam no era tonto.

Así que llegó a Columbia y empezó a ponerlo todo patas arriba. De entrada, se encontró con un marrón de cojones. Uno tan mítico como ‘La Puerta del Cielo’ llamado ‘Ishtar’. A Puttnam le parecía un mojón, pero una de las condiciones de su puesto era que dejara tranquilos a Warren Beatty (que lo odiaba porque ‘Carros de Fuego’ le quitó el Oscar a ‘Rojos’) y a Dustin Hoffman (que lo odiaba porque el enano se comportó como un cabroncete en el rodaje de ‘Agatha’). Todos sabemos cómo acabó esta historia. Strike one.

Luego decidió que se había acabado esto de que las agencias de talentos manejaran el pastel. Que ya estaba bien de que las películas fueran paquetes de estrella+director+guión+estupefacientes que hacía que al final nadie fuera el adecuado para el material en cuestión. Eso le granjeó el odio del productor habitual de la casa, Ray Stark (insert joke about Game of Thrones/Iron Man here), que se llevó su proyecto ‘El secreto de mi éxito’ a otro estudio y, más importante, el de Mike Ovitz (el agente más poderoso de la época). Esta política anti-paqueteconpaquete llevó a que no quisieran hacer con él ‘Los Cazafantasmas 2’. Strike two.

Y, finalmente, el niño bonito de Cocacola, Bill Cosby, quería conquistar el cine. Así que tuvo una idea maravillosa y pilló a un guionista novatillo para desarrollarla: una parodia de las pelis de espías en la que se enfrentaba a una fanática activista de los derechos de los animales que conoce la manera de controlar los cerebros de los bichos y los usa para sus actos criminales mientras se esconde en una fábrica de atún.

Todos juntos otra vez: ¿Cuál era la sustancia blanca en polvo más popular en las ochenta?

Puttnam leyó dos versiones del guión y, tras vomitar profusamente, dijo que no lo veía claro. Pero Cosby tenía un triple telón de protección: su acuerdo con Cocacola, el antiguo presidente en funciones Steve Sohmer, que se dedicó a ser su perrito faldero impidiendo intromisiones, y sus gigantescos y machistas cojones. Al menos, Puttnam consiguió poner a uno de sus directores ingleses de anuncios al mando. No tanto por su insistencia, sino porque Cosby quería ‘humor inglés’... ‘alguien que ofreciera EL NUEVO COSBY alejado de su imagen televisiva’ (lo cual, teniendo en cuenta que el 40% de la trama se centra en las relaciones familiares del protagonista te hace pensar que Cosby no tenía muy claro lo que quería). Así que el director del estudio llamó a su amigo y debutante en el cine Paul Weiland. Existen regalos envenenados y luego están los que, además de envenenados, van con un anal intruder con pinchos sin vaselina. Weiland no quería, oiga, no quería. Pero sus amigos, entre ellos Alan Parker, le convencieron. Y en el estudio le decían que el guión sería un mojón, pero que la magia, la grasssia y el salero de Cosby lo harían funcionar como los Morancos hicieron con ‘Sevilla Connection’. Así que se pusieron a rodar. Strike three

¿Qué pasa en la película?

Ahora es la parte en la que debería escribir una reseña pormenorizada de la cinta. Pero no lo haré por dos motivos. El primero es que esto no es un Videofobia ni una reseña de Cine Cutre. El segundo es que estaba jugando con el móvil el 60% de las escenas. Sí: es así de mala. Mucho. Hasta doler. Doler en los huevos. Después de una patada. Una patada de Hulk. Con una bota con punta de acero.

De entrada está el hecho de llamarse ‘Leonard Part 6’, en un chiste que ni le funcionó a ‘Surf 2’ tres años antes ni, extrañamente, a ‘Vivancos 3’. Al menos, la debacle del Gran Wyoming usaba el chiste en la propia promoción (“Si gusta, haremos las dos primeras”... talk about wishful thinking). Aquí se explica nada más empezar por parte del obvio criado inglés (papel ofrecido a Michael Palin, el cual lo rechazó quizá mientras se limpiaba el culo con el guión): las otras cinco aventuras están clasificadas. Y fin. Se acabó el chiste. No se vuelve a mencionar.

El resto… ay, el resto. Los créditos, con dibujos de animales hechos por un niño de tres años manco y con parálisis cerebral, hacen que las pelis de animación de los chinos que ponen en las Cutrecones parezcan Pixar.
Imagen real del próximo corto de Cacaman para la CutreCon 2016
Tras mostrarnos tres imágenes de la tortura que está por venir (un coche-tanque saltando por San Francisco, porque no existen películas rodadas en esa ciudad en las que no salten vehículos o no se vea el Golden Gate), el doble de Cosby haciendo piruetas de baile vestido como el robot de RoboVampire, pero con zapatillas de ballet (humor se escribe con h de horror) y el actor saltando de una explosión montado en un avestruz porque a tomar por culo la cordura.

Esos, claro, no son los tres momentos cumbres de la peli. O al menos no todo: Cosby sí que se enfrenta a unos malos con ballet, pero esos malos son… ¡hombres disfrazados de pájaros!

La lógica explicación de ello en la película es porque los cojones. Igual que el hecho de que el resto de esbirros de la mala vayan con camiseta imperio que, como diría Ángel Sanchidrián, es lo que le da calidad a la película.
Masculinidad.
Por otra parte, este resumen se deja fuera el momento más impactante de la cinta. No estoy hablando de cuando unas ranas se reúnen debajo de un coche y lo echan al agua saltando todas a la vez (estoy convencido que la física no funciona exactamente así). Ni siquiera de ese instante en el que una trucha asesina (sí: TRUCHA ASESINA) pasa por delante de un Playboy en una cañería y vuelve atrás a mirar la portada (que quizá sea el único momento del visionado en el que mi cerebro consideró detenidamente la opción de darle la orden a mis labios de hacer una mueca de leve sonrisa, pero decidió seguir tomándose un té). No. Lo mejor es cuando, para enfrentarse a los malos, Cosby usa hamburguesas y salchichas que le ha dado una vidente rumana (no preguntéis) y que hace que los malvados vegetarianos caigan fulminados.

Feck, si hasta saca una salchica que echa estrellitas...
La salchicha mágica de Bill Cosby, muy popular en los despachos y ahora en los tribunales
… y se la da de comer al malo, al que luego le explota la cabeza. ¡Con una puta salchica! Si fuera algo de Taco Bell lo entendería, pero esto es exagerar.

Lo peor de todo, como suele ser normal en estas parodias fallidas, es el tono. Por un lado, está lleno de intentos de chistes absurdos a lo ZAZ. Por otro, hay hasta dos subtramas estilo ‘La hora de Bill Cosby’ que ocupan más de la mitad de la película que tienen que ver con su vida familiar. Feck, nada más empezar, en lugar de irse de aventuras, tenemos una secuencia de montaje interminable en la que Cosby elige qué ponerse para ir a ver a su exmujer, con el maravilloso chiste recurrente y apasionante de elegir la ropa y corbata adecuada durante 5 minutos.
¡ACCIÓN!¡SEXO!
Y, por otro lado, otra subtrama en la que su hija está liada con un señor de 80 años y matadme ya por favor.

¿Qué pasó en su estreno?

1.153 dólares por sala. Como comparación, ‘Ishtar’ había hecho, en el mismo número de cines en su primera semana, 3.803. Y ESA es la película que ha pasado a la historia como la gran hostia.

La noticia le tuvo que sentó fatal a Cosby, el cual, según Weiland, sólo tenía miedo a dos cosas: Eddie Murphy los críticos. Y ambos fantasmas venían a darle por culo. Su carrera nunca alcanzaría al otro negro importante de los 80 (éste más putero que acosador) y las críticas iban a DOLER.

Con el tiempo y las páginas de trivia de la IMDB y la wikipedia, la historia oficial ha quedado registrada de la siguiente manera: Bill Cosby vio la película y, horrorizado, fue a varios programas de variedades a avisar a la gente de que era mejor gastar su dinero pinzas para pezón sin reguladores de presión. De hecho, su damage control fue tan concienzudo que aceptó el Razzie en plan ‘Chavales, que me lo tomo a bien, que seguimos siendo coleguitas’.

Pero no hay que fiarse de historias de antes de internet. Y yo, que hasta me leo las instrucciones de uso de los condones sabor a fresa para saber si afecta o no el que te lo pongas al revés al PH del glande, he investigado. Verán ustedes. Todo esto fue a posteriori. Cuando Cosby vio el primer montaje en soledad (prohibiendo a los ejecutivos de Columbia volar a Londres para acompañarlo en el proceso), quedó tan contento con la mierda que le habían pasado y con la que pretendía adulterar las mentes de la nación que exigió un nuevo crédito. Además de productor y estrella, ahora quería también el de ‘Historia original’. Que todo el mundo supiera que él era el AUTOR de la maravilla. Estaba convencido de que iba a hacer 100 millones de dólares. El director, por su parte, le contestó que se iban a ganar más bien 100 millones de hostias.

Pero luego vinieron los pases con público. El primero fue peor con la audiencia que un programa de debate de Buruaga. No podía ser. Cosby era dios. Así que la culpa tenía que ser del editor. Cortaba a Cosby demasiado. No se le veía suficiente. Porque la lógica ochentera dictaba que si la gente le veía la cara TENÍA que reírse. Pero ellos no sabían que eso sólo pasa con Carlos Floriano. En realidad, el pobre montador había cortado a la estrella por NO tener gracia. Como declaró luego sobre el segundo pase de público tras alargarle los planos a Cosby “Podrías sentir el odio. ¡Cristo, si una trucha consiguió risas mayores que el Gran Dios Cosby”. Como no quiero volver a ver su sitcom, no sé si esa cara de completo y total aburrimiento que se gasta durante toda la película estaba presente también en televisión.
No: no me invento lo del chiste de la trucha.
Tras estos dos pases previos, Cosby hizo caso a la única persona que un actor con ego desmedido puede escuchar: ¿a quien se la chupa? No. Curiosamente, en este caso fue a su mujer. Así que retiró todo el ambicioso plan de marketing (¡Sinergia con Cocacola! ¡Sinergia con Porsche!, gritaban en las oficinas de McCann-Ericson pensando en que iban a hacer una millonada) y se fue a decirle a Larry King, así en vivo y sin vaselina, que la peli era un mojón. Y de paso, echarle la culpa a David Puttnam por haber ayudado eligiendo el director británico (que, recordemos, pidió él) y al director de producción del mismo país. El cual, por si no sabéis de cine, os aseguro que poco tiene que ver con el proceso creativo que lleva a poner al protagonista con traje acolchado y casco de ciclista luchando con pases de ballet frente a hombres vestidos de pájaros.

Pero tanto control de daños no sirvió de nada. Hollywood intentó darle una segunda oportunidad con otra peli familiar con efectos especiales, ‘Ghost Dad’. Un proyecto que desarrolló primero Spielberg bajo el título de ‘Ghost Kid’ hasta que los guionistas de ‘Temblores’ le dijeron que lo de una historia de un niño muerto era terriblemente deprimente. Y por eso, años más tarde, produjo Casper. Spielberg siempre tiene otra oportunidad. Además, fue suficientemente inteligente para pasar del guión y largárselo a Cosby. A ver si averiguáis cómo se estrenó el resultado en España.
Un hombre atrapado en una puerta y tres terroríficas cabezas flotantes. ¿De verdad que no era de miedo?

Efectivamente: directamente en VHS.

Puttman, por su parte, fue rigurosamente despedido tras debacles como ésta, 'Un señorito en Nueva York' o la muy olvidada 'Vice Versa', película de padre e hijo que intercambian cuerpo que, en una muestra de cómo funciona Hollywood, fue devorada por otra exactamente igual llamada 'De tal astilla, tal palo' que se produjo simultáneamente por Tri Star, marca paralela de, SÍ: la propia Columbia.

Hollywood.

¿Por qué tanto odio?

Porque se lo merece. Los guerreros del cine colonoscopia sabemos que pocas cosas hay peores que una comedia fallida. Y por eso estoy ahora mismo cagándome en los calzones pensando en que yo mismo me he metido a hacer una película con el género más complicado de todos. Con lo fácil que es poner a dos hablando en una cafetería y hacer una dramedia. No. Tenía que hacer una de chistes malos. A lo mejor el año que viene alguien estará escribiendo un artículo similar sobre ‘Cine Basura: La película’.

Y el caso es que Cosby le puso ilusión a la peli. Pero la cosa no funcionaba y, lo más importante, no escuchó a la gente que le decía que estaba mal. Es el problema de estar en la cumbre: demasiados Yes Men y demasiado tiempo pensando en a quién le vas a meter mano luego en lugar de reescribir el guión.
Lo del avestruz tampoco me lo he inventado.
Claro que en la época nadie sabía que Bill era un salidorro. Lo que moló fue hundir esta comedia fallida porque era una figura. Eso hacen a menudo los Razzies (premios en los que barrió) generalmente con cintas que tampoco se lo merecen tanto, pero porque mola hacer leña del gran, inmenso, gigantesco árbol caído..

Leonard Part 6 se lo merecía. Y la leña de Bill Cosby daba para calentar todas las chimeneas de Villa Topo durante un invierno en Poniente.

¿Por qué está olvidada?

Porque su fracaso quedó ensombrecido por el de Ishtar solo unos meses antes. Otra comedia ligeramente mejor y ligeramente más exitosa, pero con dos estrellas ególatras que despellejar en lugar de solo una. El que no llegara a salas en España no ha ayudado a que quede como clásico del cine colonoscopia. Puesto que sin duda merece. ¿En cuántas películas se ve al protagonista siendo tan políticamente incorrecto como para matar a malos vegetarianos con hamburguesas?
¿Y vacas que echan fresisuís?
Gracias a dios, sólo en una. Y ya.

Los ochenta fueron muy crueles con los grupos de rock progresivo.

Muchos preguntarán : “¿Rock progrequé?”

A ellos les contesto: Enhorabuena. Ya podrás hablar con munheres de música. Porque no hay nada más triste que ir con una chica atractiva a mirar discos (sí: existen las tiendas de discos y hay imbéciles como yo que las visitamos), que ella se emocione con la Velvet o cualquier cosa punk y tú sólo sepas llorar ante la visión de un disco de Anthony Phillips.

Muchos preguntarán: “¿Anthony Phiqué?”

A ellos les contesto: Enhorabuena. Aunque seáis fans en el armario de Dinamita Pa Los Pollos, ya tenéis más posibilidades de conectar en gustos con una mujer que yo.

El caso es que en la década dorada de las hombreras y los drum machines, los grupos de sinfónico no tenían mucho que hacer. Casi todos desaparecieron. Otros se mantuvieron con cierto éxito, pero a costa de que, gracias a su producción, hoy en día sus discos pop de la época sean objeto de escarnio tanto de los viejos fans como de los modernos de toda la vida. Ni siquiera hacían AOR de ese que reivindican los que hacen cosas como 'Kung Fury'. Aunque era gente que solía rondar sólo los cuarenta en esos años, era como ver a tu abuela intentando hablar de cómo le mola quedar con las amigas a jugar a Minecraft y construir pollas y esvásticas en el juego.

Esa es más o menos la imagen mental que se me viene a la cabeza cuando pienso en Justin Hayward con estas pintas:
Pelassso.
Y es que esto va de los Moody Blues. Los inventores del rock sinfónico (fuck King Crimson: ellos llegaron primero). El grupo con la cantante más guapa del género y el bigotón más glorioso. Como nunca fueron demasiado oscuros ni complejos y hacían sus singles decentes, pudieron atravesar la debacle del género con cierta dignidad. Pero poco a poco iban perdiendo relevancia.

En 1983, otras viejas glorias del prog consiguieron lo verdaderamente ansiado: un hit single de los gordos para reverdecer laureles con una canción que no tenía nada que ver con ellos mismos. Fueron Yes, y hasta llegaron a llenar estadios con un Jon Napoleoncito Anderson vestido de Eva Nasarre.
Leggins to the left of you, wrist bands to the right.
No era como Asia, plagada de expatriados del género. Se trataba de un comeback por todo lo alto usando el nombre del grupo, aunque el autor de las canciones básicamente fuera un chaval sudafricano petable. Los Moodies no se habían desbandado como sí lo hizo Yes. Ellos llevaban media década intentando mantenerse como podían, incluso cambiando a su teclista más de melotrones por uno un poco más hortera que, además, era el segundo más feo de la historia del prog…
Pelazo. Que no es lo mismo que “pelassso”
… que a su vez había sustituido al verdaderamente más feo en Yes durante un disco.
Y, con todo, Wakeman ha follado más que todos vosotros juntos.
Pero flash back. Los Moodies fue un grupo que entró en la historia de las curiosidades por partida doble. Nada más empezar, fue uno de esos casos de formación que resultó tener verdadero éxito cuando se largó su líder. Fue un tal Denny Laine, pero no sufráis por él, que no es un Pete Best de la vida. Tuvo su carrera. Si acaso, podéis odiarle por haber acabado en los Wings y co firmando “Mull of Kintyre”, el atentado auditivo con gaitas definitivo. Que, por supuesto, a mí me agrada. Algunos pensaréis que porque soy un terrorista audiovisual sin gusto. Algunos tendréis razón.

Los setenta pasaron llenos de mucho éxito, mucho disco conceptual, mucha droja y mucha grupi esperando follarse a Justin Hayward o, si la cosa se ponía dura, a John Lodge (como siempre, si no había más remedio, al batería, aunque en este grupo la calidad era tener un flautista-pandereteiro, probablemente el combo más neverfucker de la historia del rock quizá por encima del que tocaba el fagot en Gryphon)

Pero, tras un descanso después de la marcha del teclista Mike Pinder a hacer discos para niños, el grupo siguió como si nada. Intentando adaptarse a los tiempos, pero con resultados respetables, pero nada espectaculares.

Hasta que llegó “Your Wildest Dream”.

¡Estos señores de cierta edad podían tener un hit masivo con una canción pop! ¿Acaso no fueron maravillosos los 80? Hoy en día la capacidad de alcanzar un número uno va directamente proporcional al tamaño de tus tetas, la cantidad de veces que hables de culos y a lo subnormal que sea el interludio rapero para atender al mercado de música urbana. Pero nunca a HOMBRES que comenzaron dos décadas antes haciendo canciones con títulos como “Doctor Livingstone I Presume” o “La liebre y la tortuga”.

La canción es alegre, suena bien sin el ochenterismo desatado del resto del disco que la contenía y tiene un vídeo nostálgico con EL PELASSSO DE JUSTIN HAYWARD de protagonista, lo cual mejora un 43% cualquier producto audiovisual. ¿Cómo seguir este éxito? Con la otra canción decente del disco que no suena producida por un orangután al que le han metido hombreras con purpurina en los conductos auditivos: “The Other Side of Life”. Y, ya que veníamos de un hit, había que hacerle otro vídeo con cierto empaque. Un clip que revelaba dolorosamente ciertos problemas con el grupo

Esto es: que no eran maestros de lo audiovisual y tampoco especialmente jóvenes. Como yo. Pero ese es un tema que dejaremos para cuando se estrene ‘Cine Basura:La película” y tenga que abandonar internet avergonzado.

El clip tiene cierta trama. De hecho, hasta tiene diálogos al principio, un arte cada vez más olvidado y que sólo grandes artistas como Katy Perry lo han intentado recuperar. Un yuppie (que era como se llamaba en los 80 a los neocons, que es como se llamaba en los 2000 a lo que hoy conocemos como 'hijoputas corruptos') está de cena con los colegas y pilla un taxi que le lleva, según las intenciones del director, a una especie de lado oscuro de la sociedad. La letra de Justin tampoco es que sea un prodigio de variedad y profundidad. Es como si ‘Walk on the Wild Side’ se hubiera escrito en una servilleta de McDonalds en lugar de en papel en el que venía envuelto el paquete de heroína que se metía Lou Reed.

Ese lado oscuro está representado por cosas como ésta:
ARTE
Y es que, como ya nos enseñó Russell Mulcahy en su master-piss ‘Total Eclipse of the Sun’, los directores de vídeos de los ochenta luchaban en un concurso extraño para ver quién se metía más cocaína y se le ocurrían más horteradas surrealistas. En este caso, horteradas que parecen sacadas de una peli postapocalíptica de Albert Pyun.

Pero no nos desviemos de lo que realmente me encanta del vídeo. Sí: toda la imaginería es delirante. Pero lo mejor es cuando llega el estribillo y empieza a presentarse a la banda. Comenzamos con Justin. Justin está bueno. Por Justin todo hombre dudaría de su heterosexualidad. Pero el pobre tiene cara de monaguillo. Es el roquero que le puedes presentar a tu abuela. La combinación de chupa de cuero con su imagen de novio ideal.. como que no. Y si le añadimos sus cuarenta añazos, lo de hablar de un paseo desmadrado investigando el lado oscuro de la vida, es como poner una foto de Bisbal haciendo los cuernos en un concierto Defcon Dos. Algo falla.
Mira qué chupa más molongui, tronco. Chachi piruli, soy un donjuán trolololó.
Luego vemos a nuestro ya conocido Patrick Moraz viviendo en su idiosincrasia de chaqueta hortera y siendo consciente de que esa noche Justin se follará a la modelo más mona del rodaje.
Porque un artículo con dos fotos de Moraz siempre es mejor. Y más aterrador.
Luego aparece una base de maquillaje. Debajo, se averigua a John Lodge, el otro principal compositor del grupo, ya en su comienzo de mutación de joven normalucho a señor mayor porcino.
No me mires, dejalo ya, que hoy me he puesto DEMASIADO maquillaje (jey jey)
Pasando por encima rápidamente del batería Graeme Edge porque ya de joven parecía más bien el Padre Abraham y aquí se está intentando convencer a la gente joven de que compre el disco de estos modernos Moodies, llega EL momento.

El instante en el que el director y el estilista demuestran por qué la cocaína no es la mejor aliada para tomar decisiones:

La gloria bendita. Ray Thomas haciendo de una mezcla de Peter Fonda y miembro vitalicio de La Ostra Azul. Observemos otra vez CON MÁS ESPLENDOR.
Es como mirar a los ojos de la Gorgona
Con la llegada de los 80, el pobre flautista Ray se había quedado sin nada que hacer en el grupo. De hecho, sus composiciones revelaban un poco anticuadas para el hard casio fest que iban a ser este disco y el posterior, "Sur la mer-de". Así que lo que básicamente quedó de él fue una corista tocando la pandereta. En lugar de una chica erótica, los Moody Blues tenían a un señor orondo con bigotón. Y ojos maquillados. Vestido del tipo leather de Frankie Goes to Hollywood.

O sea: convirtieron a un tipo con esta cara...
Quieres tocarle el tralalá y lo sabes.
...y que hacía discos en solitario con estas portadas...
La esencia de todo lo NO ochentero
...en un extra de la versión porno gay de Mad Max.

Veamos el vídeo para comprender el efecto completo de la aparición vicisitúdica de Thomas a eso del 2:20:


A partir de ahí, el vídeo no puede mejorar. Pero el director intenta epatarnos como sea poniendo al joven yuppie encontrándose consigo mismo y en varias escenas sacadas de una pesadilla de Michael Mann después de ver un maratón de Los Aurones. Parece ser que el chaval da una y otra vez con la misma mujer, pero todo lo que ve es calvos a los que parece que sólo les falta echarse cromo en los labios para alcanzar el Valhalla dando vueltas en sillones de dentista, sudorosos trabajadores con camisa de rejilla, señores de cuero echando espuma de extintor a la altura de la entrepierna y colas de hombres leather que parecen que van a entrar en el Strong (famoso bar por sus cuartos oscuros - que es lo que me han contado - que yo no soy de ir a esos sitios). Claro que no todo es tan gay. También hay un chino que NO le quiere vender un gremlin y varias cosas más que HOSTIA PUTA QUE RAY SE NOS PONE CHULO:

Si los Sex Pistols hubieran tocado la pandereta en una rondalla, habría sido algo más o menos así.

La clave es que, al igual que pasaba en los conciertos hasta que Thomas se marchó del grupo hace unos años, realmente no sabían que hacer con nuestro héroe del bigote. La flauta como instrumento (a pesar de la gaycidad del vídeo) NO era una opción en los 80. Hasta Jethro Tull la dejaron un poco de lado para sus discos hard casio. ¿Cómo meterlo en el vídeo de una canción en la que no hace nada (ni, por extensión, en todo el disco este y el siguiente)? Deberían haber obviado la opción fácil de poner a la banda tocando. Lo mejor habría sido tener a Justin de protagonista, que para eso está petable, y que hubiera tenido un encuentro estilo Welcome to the Pleasuredome con Ray mientras que el resto del grupo se tiraba a la modelo. Por supuesto, mi propuesta es peor que lo que salió. Porque yo no tengo ni idea de hilaridad y sin este vídeo nunca podría haber grabado a fuego esta imagen en mi mente:

El otro lado de la vida es un señor con bigotón con cuero y maquillado mientras toca efusivamente la pandereta. No sé si quedarme en mi lado o pasarme a ese con una lavativa y un bote de lubricante.

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