junio 2016

“ INDIGENTE:
¡Es el fin, el fin… El fin de España se aproxima!
PACO FOX:
¿El fin de España? ¿Y qué fue del fin del mundo de toda la vida? ¿Y el del Universo? ¿Qué pasa, que estamos de recortes hasta en el Apocalipsis”

Cine Basura: La película

Durante estos últimos días de mierda, había logrado resistir caer en el pesimismo de que todo el mundo se iba al carallo. No era fácil resistirse, viendo tantos signos del Apocalipsis.  Empezando por esa fiesta de la democracia a cuyos resultados puso música DJ Soraya Sáenz de Santamaría hasta la eliminación bochornosa de España en la Eurocopa pasando por el doble Brexit  retrasado (de Boris Johnson y sus secuaces a Wayne Rooney y el resto de su equipo).

Sin embargo, levantarse hoy con la noticia de la muerte de Bud Spencer ha terminado por rematarme. Y, feck, hacerme salir de la madriguera tras seis meses de silencio en el blog. Porque si el universo – o peor aún, España - van a acabarse, mejor que me pillen haciendo el gilipollas profundo.

Y porque ante la muerte de Bud, sí, nos enfadamos.
Adiós, amigacho
Que empiece el post con un diálogo de ‘Cine Basura: la película’ no es casual. Desde noviembre es lo único en lo que he invertido todo mi tiempo libre, de ahí la falta de actualizaciones del blog. Que ese diálogo NO esté en la película finalmente también es normal: en la edición hemos dado mil vueltas a todo, con soluciones de montaje suicidas, para que todo quedase profundamente bien. Porque una cosa es que sea una peli hecha con dos duros. Pero son VUESTROS dos duros. Y, cuando eso entra en juego, no hay proyecto pequeño. Vais a tener a vuestra disposición la mejor peli sórdida posible. Y apretaremos los dientes para que eso ocurra antes de que el Apocalipsis nos devore.

Y, ante el poco y negro futuro que se abre entre nosotros, qué mejor que bucear en el pasado y rescatar una de las mejores cosas que a cualquiera le pueden haber pasado en la vida. Ladies and gentlemen, en uno de esos escasísimos momentos en los que ente vlog se se apura por cubrir una actualidad necrológica (otras honrosas excepciones serían Manuel Fraga, David Bedford, El Fary y Anna Nicole Smith) aquí les dejo con los diez momentos de Bud Spencer que me definieron como persona:


10. Las droghas son una sordidez muy chunga (‘El súper poli’, 1973)

Si por un lado tengo que empezar con Bud Spencer, está claro que tengo que hablar de mi señor padre. La primera peli que vi de Carlo Pedersoli fue en el salón de mi piso en el polígano en una proyección de Súper 8. La película era ‘El súper poli’ (que, como toda buena carne de videoclub, conoció unos treinta y ocho títulos diferentes, lo cual es BUENO). Esta obra maestra, dirigida por el inigualable Steno (un experto del destape italiano, con joyas como ‘Al doctor Jeckyll le gustan calientes’) narraba las aventuras del inspector Dino Rizzo, apodado ‘Zapatones’, jefe de la brigada de narcóticos de… 

Nápoles.

Junten ahora que es una peli setentera, proyectada en súper 8 y ambientada en la ciudad más sórdida de Europa y díganme dónde puede quedar cualquier discurso cool-maldito-puertas-de-la-percepción-LSD-Leary-Barret-Escohotado-Burroughs-Trainspotting-legalizeit… al lado de esta hostia en todos los sentidos perpetrada por Steno.

Unan esto al trauma ya narrado en el post del radiocasete del coche paterno escuchando el tema ‘Clara’ y comprenderán por qué jamás me he acercado a los estupefacientes. Feck, a día de hoy todos los argumentos a favor de la legalización, vengan de quien vengan (así diga misa Owen Jones) me suenan todos a Milton Friedman. Y ya saben how I roll: que gente como Joffrey Baratheon o Ramsay Bolton hagan las cosas que hacen pues… oye… son opciones vitales como cualquier otra, pero ser neoliberal… ¡por ahí sí que no paso!


9. La lucha social o es con caca o no es (‘También los ángeles comen judías’, 1973)


Es difícil tolerar una pareja de Bud Spencer que no sea Terence Hill, pero Giuliano Gemma estuvo sembrado en esta comedia ¡de denuncia social! En efecto, Bud y Giulianno, por uno de esos malentendidos tontos que a todos nos ocurren en la vida, terminan trabajando como matones a sueldo de un mafioso. Y, oye, mientras se trata de extorsionar a otra gentuza, todo va bien. El problema surge el día que van a cobrar la “protección” a una familia sumamente indigente. En un primer momento, Bud y Giuliano se hacen los duros, rechazando esas patrañas de que no tienen dinero. Toda esta escena está planificada con suma maestría por Enzo Barboni, ya que lo que coloca en primer término es a un niño pequeño sentado en un orinal haciendo un notorio esfuerzo para cagar.

Arte.

Es entonces cuando la discusión es interrumpida por un sonido de impacto contra el orinal. Giuliano, con grandes reflejos, aparta al niño, mete la mano y saca un hueso de  melocotón. Con cara de haber desenmascarado al padre sostiene el hueso recién cagado ante su cara mientras dice “Así que comiendo melocotones fuera de temporada… ¡Con lo caros que son!” ante lo cual el padre, con suma sobriedad, coge dicho hueso de melocotón y dice “Usted diga lo que quiera, pero el niño lleva una semana comiendo el mismo hueso”. Y se lo vuelve a meter en la boca.

La expresión que pone Bud y Giuliano a continuación es la esencia de la toma de conciencia de clase social. Y también un poco de asquete, como no. Si Marx hubiese visto esta peli, la hubiese regalado en DVD con la primera edición del Manifiesto Comunista (eso ocurrió en una realidad paralela en el que el Tardis del Doctor creó un pifostio en el Londres decimonónico, no lo duden).

8. Más es más (‘Dos súper dos’, 1984)


El 99% de las veces que te dicen “Menos es más” el resultado suele ser arquitectura satánica, vidas convertidas en un infierno y algún corrupto cobrando comisión. Artísticamente, la cosa suele resultar en un coñazo del nivel de los relatos de Raymond Carver (sí, lo odio, denunciadme). Desde mi más tierna infancia hasta el disco doble de ‘Nostradamus’ de Judas Priest siempre he tenido claro que no hay nada mejor que la ambición sin límites, el más es más, y que ningún delirio es jamás suficiente, sobre todo cuando te estrellas en el intento, 

En el caso de ‘Dos súper dos’… ¿Qué podía haber mejor que DOS Terence Hill y DOS Bud Spencer? Pues que la versión pija y gayer de sí mismo fuesen unos adinerados brasileños que se llamasen Antonio y Bastiano Joao Coimbra de la Coronilla y Azebedo. 

Si cambiarse el nombre fuese gratis, creo que TODA la población mundial apostaríamos por llamarnos así. Pero ésta es una visión optimista de la humanidad, y ya hemos dicho que nos encaminamos al Apocalipsis a ritmo de DJ Soraya.


7. Hay que dar varias hostias por el precio de una (TODAS sus películas)


Los ‘signature moves’ de Bud a la hora de repartir hostias tienen más fuerza icónica que todas las pelis de James Bond y todas los tebeos de Marvel juntos. El diseño de sonido de sus puñetazos convertirían a Ben Burtt o Walter Murch en técnicos de doblaje de la televisión de Galicia. La eficacia de sus combos haría que los programadores del Tekken volvieran de sus estudios a su casa llorando y que, una vez allí, se tirasen un cuesco culpable en el salón que hiciese que su perro huyese de su casa llorando.

Esto es así. Pero, además, me gustaría destacar mi combo favorito: aquel en el que Bud pone en fila a los malosos para tumbar a varios de una sola hostia. ¿La lección poética para ente su vlog de ustedes que NO cree en el derecho de nadie a sentirse ofendido? Muy sencilla: intenta ofender a la mayor cantidad de gente posible con una sola frase. No es fácil, pero hay que intentarlo: yo ya probé a ser sionista y antisemita a la vez en un solo post.


6. A ser posible, hay que decirlo todo rezando (‘Dos misioneros’, 1974)


Una de mis grandes contradicciones vitales podría ser mi militante ateísmo y, a la vez, mi carácter sumamente clerical. Feck, después de todo estoy llorando la muerte de Bud, uno de los actores más meapilas de la historia, que montó una línea aérea para llevar peregrinos a sitios tan chungos como Lourdes, Fátima o El Vaticano (¡Exisitiendo Magaluf no sé por qué nadie viaja a ningún otro sitio!). Pero así de chunga es la vida. ¡Si es que incluso mi señor padre, que siempre termina todas nuestras conversaciones telefónicas con un “Sé bueno y no vayas a misa”, no puede dejar de recitar TODA la bendición urbi et orbe en todas las celebraciones señaladas!

En ‘Dos misioneros’, peli ambientada en el siglo XVII, Bud y Terence son los clásicos curas descarriados de parte del pueblo (ese truco de guion cutre que le viene bien hasta a Pablo Iglesias cuando intenta seducir vergonzantemente al sector capillitas de sus votantes potenciales, pero ya hemos visto que en Andalucía el grado de cenutrismo puede ser muy elevado ¡Dos hostias por el precio de una!). Pero lo realmente bello de la peli es el momento en el que Bud encabeza una rebelión,  dando hostias a diestro y siniestro, mientras da órdenes a su cuadrilla sin dejar de salmodiar. A Dios orando…

5. Nada es TAN fácil/ Otros vendrán… (‘Les llamaban los hermanos Trinidad’, 1975)


Hay un momento, en el paso de la infancia a la adolescencia, en el que te sorprende que los dos pilares vitales de tu gusto artístico (Bud Spencer y Mariano Ozores… ¿O acaso existen otros?) son algo que mucha gente dice que es una puta mierda. ¡Eso sí que es un shock y no esas chorradas del complejo de Edipo!

Sin embargo, pronto tuve un argumento infalible para no hacerles caso: la miseria extrema del videoclub (no, no me refiero a que en la edición de esa obra tardía de Bud, ‘Aladino’, escribiesen una sinopsis sin haberse visto un solo fotograma de la peli). Gracias a los videoclubs pudimos descubrir el subgénero de la…

...Exploitation de ‘Le llamaban Trinidad’.

El que hacía de Bud salía en 'Mil Gritos Tiene la Noche' y  'Popeye'. Carrerón.
La película por antonomasia de Terence Hill y Bud Spencer nació como una parodia del spaghetti western decadente, pero pronto apareció el ejército de clones de combate dispuestos a llegar a cotas jamás igualadas de vergüenza ajena. Desde el sórdido de Ignacio F. Iquino y sus ‘Los fabulosos Trinidad’ y ‘Ninguno de los tres se llamaba Trinidad’ a ‘Nos llaman Carambola’ de los actores Paul Smith y Antonio Cantafora. En el caso de estos últimos, destacaba el descaro con el que se vestían y actuaban como Terence y Bud, que llegó a su apoteosis en ‘Les llamaban los hermanos Trinidad’.

Ver aquel bodrio de pequeño fue el equivalente al que a un niño le regalen merchandising del chino de la esquina por navidad. Que no digo yo que una muñeca de Frozen gorda y con hidrocefalia no pueda tener su punto… pero el odio indiscriminado al género humano es algo que debería quedarse solo en el selecto grupo de votantes del PACMA (¡dos hostias por el precio de una!).

Películas como esa – o, en el caso de la exploitation de mi amado Mariano Ozores bodrios como ‘Juana la Loca de vez en cuando’ y ‘El Cid Cabreador’ – demostraban que daba igual lo mucho que despotricasen los critiquillos contra Bud y Terence: lo que hacían era algo sublime, y allí estaban todos los que se estrellaron en el intento para demostrarlo.

4. Nadie acierta a la primera (‘La colina de las botas’ 1969)


Carlo Pedersoli comenzó su carrera en el cine haciendo de extra en Quo Vadis, y se lanzó a saco el los 60 con varios spaghetti western de esos que, por la tarde, te hacen zapear hasta ver lo que toca ver a esas horas: cómo un hipopótamo crea un ecosistema basado en los excrementos con los que va poblando su laguna.

Afortunadamente, me salvé de todos ellos PERO… En el videoclub vi, de pronto, una peli que ponía “Terence Hill, Bud Spencer en ‘La colina de las botas’”. Era la pareja cómica definitiva justo antes de rodar ‘Le llamaban Trinidad’. ¿Qué podía salir mal?


In short: todo.

La magnitud de la catástrofe fue el clásico trauma de infancia del “nadie es infalible”. Ni una risa, ni una historia que enganchase, ni una hostia dada con salero… Pero, con el paso de los años, termina convirtiéndose en la clásica lección del “persevera… Muy pocos lo consiguen a la primera. Ahí tienes a Bud Spencer… Feck, si hasta Michael Bolton tuvo que hacer muchos discos de AOR salchichero hasta dar con la tecla”.

Sí: Bud Spencer y Michael Bolton son el ejemplo de la perseverancia y gran arte para mí. Nunca he dicho que mi educación fuese ejemplar (Y, qué coño, el ‘Everybody’s Crazy’ de Michael Bolton es una obra maestra del AOR que debería haber triunfado).


3. Para triunfar… el hombre tiene que mear (‘Como el perro y el gato’ 1983)


Rodar una película ambientada en Miami con el actor cubano Tomas Millan en lugar de Terence Hill supuso una peli flojita para los estándares de Bud. Pero, entre la insufrible verborrea del personaje de Millan, surgió esa sentencia filosofal en verso que marcó a hierro la base del 98% de mi poética (no significa nada, es una poética tan cutre y limitada como la dosis homeopática de izquierdismo que hay en Pedro Sánchez, lo cual hace que votarle con convicción sea del mismo nivel que tomar homeopatía con convicción ¡dos hostias!).

Básicamente: todo pensamiento relevante tiene que ser en pareado putón e implicar ir al váter. Durante mucho tiempo, en mi santa casa, era imposible ir a mear sin pronunciar esa frase de ‘Como el perro y el gato’, lo cual generó una conciencia de orgullo escatológico familiar que me ha llevado hasta donde estoy.


2. Siempre hay un momento para ponerse serio… dentro de una sordidez (‘Turín Negro’, 1972)


Verte cuarenta pelis de Bud en el videoclub y, de pronto, alquilarte… esto… ¡Bud Spencer actuando en serio! ¡Sus hijos trabajando para que no esté injustamente encarcelado! ¡Una investigación dramática y con acción sobre la Mafia en Turín rodada por un director que no era un mamporrero!

Uno está acostumbrado a crecer con los actores y ver que Pajares se haga un ‘¡Ay, Carmela!’ con nuestro reverenciado Carlos Saura. O a descubrir, como con ‘La colina de las botas’, que los inicios son cutrongos. Feck, yo ya sabía que, con Bud, a partir del 85, la edad pesaba, las hostias disminuían y, con ellas, la gracia de sus películas (recuerdo cuando dije “Hasta aquí hemos llegado” con las lamentables ‘Aladino’ y ‘Bombardero’…). Pero, de pequeño, descubrir una peli chungamente buena en un registro dramático fue una de esas revelaciones de lo poliédrico de la existencia y la primera intuición de algo hoy ya plenamente asumido: que el Cosmos tiene catorce dimensiones espaciales y dos temporales.

1. Pompompom Lalala (‘Y si no… Nos enfadamos’, 1974)


Podría decirse que esta coproducción hispano italiana – así como la excelente ‘Soldado de Fortuna’ - demuestra que trabajando todos juntos, somos más grandes, que la unión hace la fuerza y el Brexit sazona la gilipollez.

Pero la realidad es que los JRANDES artit-tas y las JRANDES obras de arte nunca se reducen a explicaciones tan simplistas. Entran, como Santa Teresa penetrada por un dardo dorado que le lance un ángel bellísimo, en el terreno de lo inefable. Hay críticos de cine que dicen que podrían pasarse toda la vida estudiando el plano inicial de ‘Centauros del desierto’. Lo veo y subo la apuesta: il coro dei pompieri en ‘Y si no, nos enfadamos’, es uno de esos momentos definitivos que te traslada a un plano diferente de la existencia al que ni Jodorowsky supo llegar. 
Y mira que la colaboración de Bud Spencer con el músico Oliver Onions es una de las pocas armas que le quedan a la humanidad para hacer frente a este Apocalipsis cutre que nos devora, pero aquí… aquí todo se resume en una frase que me dijo un técnico de sonido italiano, con todo su acentazo, mientras estaba montando un anuncio en Milán:

“This song is… HOLY in Italy”.

No podía tener más razón. No en vano, solo vi tres pelis de Bud en el cine – de la mano de mi señor padre, claro – y éstas fueron el estreno de ‘Dos superesbirros’ y las reposiciones de ‘Le llamaban Trinidad’ y ‘Y si no… Nos enfadamos’. Y esa última fue la que resultó la experiencia mísitica que se merecía la gran pantalla.

Dan ganas de sumarse a un coro universal a golpe de Pompompom lalala para llegar a esa otra dimensión en la que ya descansa Bud.

Y que la Tierra se hunda en el Apocalipsis que se ha buscado. Coñe.

Interesante e infinítamente más divertida que recientes truños de superproducciones, bien de éxito mundial como ‘Jurassic World’, bien de éxito chino como ‘Warcraft’. Obviamente, no me he vuelto loco. Ambas son mejores que ‘Dioses de Egipto’. De hecho, la peli de Alex Proyas es un auténtico desastre. Pero yo vería diez veces antes ésta que el aburrimiento de Duncan Jones o el festival de tópicas de Colin Trevorrow. Bueno: quizá no diez veces. Pero una más sí. Dentro de un par de años. O cuatro.

Voy a intentar explicarme en cinco puntos que no convencerán a nadie y que sólo generarán comentarios como “Estás loco”, “Está bien polemizar, pero esto es demasiado” o “Matadle antes de que ponga huevos”.

1.- No es una franquicia

Como ya expliqué hace tiempo en un post que pocos habrán leído por ser un texto que acompañaba a un podcast, vivimos en una nueva era de la industria de Hollywood. De los pioneros se pasó al Sistema de Estudios, luego a la Era de la Televisión y crisis de dichos estudios y, hasta ahora, todo había culminado en 1975 con el inicio de la Era de los Blockbusters. Pero yo defiendo que hemos pasado a una nueva situación. Es la Era de las Franquicias. Los grandes estudios casi no producen ya cosas que no sean Propiedades Intelectuales preexistentes. Por el amor de dios: si hasta se realizan cómics con el único objetivo de que se pueda vender el guión en el que se basan a un ejecutivo de estudio con un MIB y colitis constante que le lleva a no querer presentar nada que no tenga algo previo con lo que anclar el tentpole de turno de 100 millones de dólares. Eso ha hecho que este verano, por ejemplo, se haya convertido, una vez esquilmadas novelas Y.A. y tebeos, en un festival de secuelas que nadie espera. La mayoría se está fostiando y sólo los poderosos Pixar se han mantenido a flote quizá porque ha pasado el tiempo suficiente entre una de sus películas menos interesantes, ‘Buscando a Nemo’, y su forzada continuación para que funcione la nostalgia. Que sí: que siempre ha habido remakes y secuelas. Desde el mudo incluso. Muchas de ellas superiores al original. Pero la clave de hoy en día es que son casi todas las pelis gordas. Bien se basan un libro de mucho éxito sobre un psicópata al que le gusta azotar a secretarias (pero en el fondo es bueno y me quiera, como los gatos), bien en otra película, como hace MGM, los cuales llevan años con un modelo de negocio basado únicamente en explotar sus IP previas con resultados como éste:
Mi cuñado me ha dicho que su hijo maneja bien lo del photoshop
A todo esto, que ‘Dioses de Egipto’ no es de uno de los grandes estudios clásicos.

La peli de Poyas (obviamente sic porque soy de humor infantil) está financiada por Summit entertainment, una especie de mini estudio en conjunción con Lionsgate para EEUU que financia sus películas con el pastizal que todavía les sobra de La Saga Crepúsculo tras bañarse en piscinas de oro como el Tío Gilito y con preventas internacionales. Sí: como la Cannon en los 80. De hecho, ‘Dioses de Egipto’ ha sido una hostia, pero los costes que tenían que cubrir a nivel doméstico apenas alcanzaban unos 10 millones de euros. O, en términos que puede entender el freak medio, lo que ha costado el capítulo 9 de esta temporada de ‘Juego de Trónidos’.

Pero lo importante de todo esto no es que sea una peli independiente. Es que sea un argumento nuevo. Mientras la veía, me sentía como transportado a los 90. Pensé que era por lo idiota y naif del guión, que me recordaba al Ronald Emmerich de la época. Que también. Pero en parte porque hacía tiempo que no veía un espectáculo de aventuras y efectos completamente nuevo sin que hubiera visto antes unos dibujos animados o una versión anterior.

2.- Es hortera, pero al menos es hortera con personalidad

El diseño de producción de ‘Dioses de Egipto’ es como si Los Caballeros del Zodiaco’ hubieran hecho un gang bang con los Transformers en lo que, ahora que lo pienso, podría ser el argumento de la mejor película de porno gay freak de la historia.
Cooontra las fuerzas de-mo-nia-cás
Nunca he visto a nadie quejarse porque los japoneses pillaran la mitología grecorromana y le añadiesen lo que siempre le faltó: armaduras metálicas relucientes con diseño del Carnaval de Tenerife. Eso sí: lo hacen para una de Egipto y de repente todo el mundo grita que es un atentado al mal gusto como si estuvieran en una cata de vvvvino y vieran a un señor sirviéndose de un cartón de Don Simón. ¡Qué ordinariez!

¿Significa eso que el diseño de producción de la película es acertado? ¡No, por dios! La idea es terrible, el exceso de cortinas de CGI para partirse la caja y los efectos de morphing cuando los dioses gigantes se ponen sus armaduras de poder estaban viejos dos años después del ‘Black and White’ de Michael Jackson. Pero al menos son distintos. En una época en la que todo en ‘Warcraft: El origen’ son descartes de ‘El Hobbit’, pero con las armaduras más grandes y recién pintadas, al menos es de agradecer que aquí se vea algo nuevo.

Y sí: sé perfectamente que defender el valor de ‘la novedad’ o ‘lo distinto’ como algo absoluto para hablar de una película es un error que siempre he denunciado. Pero aquí no hablo de que la peli sea buena por eso. Ni siquiera de que la película sea buena. Sólo que es más disfrutable que otras más rutinarias.

3.- El terrible guión da risa, pero al menos no aburre

‘Warcraft: El Tomarse en Serio una Chorrada’ es una peli DE PERSONAJES. Esto no significa que hacer una gran superproducción que intente desarrollar conflictos complejos entre sus protagonistas esté mal. El problema es que, entre tanta intención de DRAMA, en el fondo todos los personajes son los mismos tópicos de siempre.

‘Dioses de Egipto’, por su parte, opta por coger los tópicos y zamparlos en una manida trama de ‘búsqueda del objeto peich para acabar con el malo’. Pero en la que una aventurilla lleva a la otra al estilo pulp. O Harryhausen si lo preferís. Luego, a eso del final del segundo acto, decide que todo no ha servido para nada y se inventa un clímax sin sentido alguno, pero lleno de ideas tiradas al gotelé a ver qué queda. Resultado: entretiene en su oligofrenia. Como ver ‘Batman V Superman’ e intentar descrifrar el plan de Lex Luthor. Efectivamente: no tenía sentido. Pero al menos me divertí buscándolo.
Me quitan una mano en un lado, un ojo en el otro... Como vengas a por mi testículo, te arranco la cabeza.
Mientras tanto, ‘Warcraft’ da vueltas por la trama cometiendo el peor error del cine comercial: que yo vuelva de mear y le pregunte a mi acompañante, en lugar del habitual “¿Qué ha pasado?”, un rotundo y agonizante “¿Ha pasado algo?”

“Jurassic World”, por su parte, metía situaciones de aventurillas, pero plagadas de tópicos: el rico que hace las cosas él y muere. La ejecutiva sin tiempo para sus hijos (en este caso, sobrinos). La historia de amor forzada. El militar malvado (™)... Tantos que yo acabé asqueado de la trama.

Mal estamos, dirán algunos, si lo que le pedimos a una película es que al menos pase algo, que no te duermas y que no todo sea tópico. Pero recordad: esto no se trata de decir que ‘Dioses de Egipto’ sea buena. Se trata de no descartarla sin más.

4.- Se la ha juzgado mal por los motivos erróneos

Vale: esto no es un motivo que la haga interesante. Pero hay que reseñarlo, porque a menudo las películas vienen con un hype negativo al que la gente se apunta una vez lo ve sin examinar lo que tiene de verdad.

También, por qué no negarlo, es importante señalar que soy fan de ver grandes mierdas, siempre más entretenidas que las películas simplemente mediocres. Creedme. Me gano la vida viendo cintas ni malas ni buenas que no encuentran distribución en salas para ver si alguna vale la pena estrenarla en España. Todas ellas más frustrantes que un Buen Mojón como la primera de ‘Transformers’, la cual, como ya dije hace años, es quizá la mejor peor película de la historia.

‘Dioses de Egipto’ no llega a ese nivel, porque no dudo que hay algún espectador que la pueda encontrar un latazo. Como no dudo tampoco que niños desprejuiciados de hoy en día acaben recordándola con nostalgia dentro de 20 años.

Niños que ahora no saben lo que es el ‘whitewashing’ (lo de poner blancos haciendo de papeles de otras etnias) y a los que les da igual la perfección de los efectos digitales. Las principales quejas que se han vertido contra la película con mayor virulencia en internet. Ninguna de las dos acertadas.
"¿Cómo era tu cheque, Gerardo Mayordomo?" "¡ASÍN!"
A ver: el problema no es que los actores sean blancos para una historia de Egipto. Es todo el reparto. Pero todo. Es un desastre de decisiones cercana a “Voy a poner la tele enchufada al lado de la bañera llena” o “Creo que hoy me follaré un mapache salvaje”. Aunque, de hecho, no todo. Desde cierto punto de vista, tener a un danés y un escocés con pinta de oler (y el único actor que parece tomarse a coña la peli, emergiendo del periplo como lo mejor del desastre) como dioses es irrelevante. Porque no se especifica de dónde vienen esos dioses y, de hecho, los hay también con aspecto más moreno e incluso un negro.

Uy, el negro. Precisamente el negro.

Chadwick Boseman probablemente sea la peor elección de casting de la historia del cine al nivel de John Wayne para hacer de Atila. Incluso John Wayne para hacer de legionario romano. Aquí tenemos a un tío de 40 años que aparenta 30 haciendo del ser más sabio del universo, que lo vio desde su creación al mismo tiempo que Ra, el cual aparenta unos 100 años (más de esto en breve). ¿Cómo hace Boseman para dar a entender sabiduría en un papel que debería haber hecho Patrick Stewart, Ian McKellen o incluso Jaime Blach? Pone el codo reposando en el antebrazo con la muñeca caída hacia afuera. Como una parodia de Martes y 13 de Paca de Carmona. Pero todo el tiempo. TODO.
En las imágenes promocionales al menos se dignó a poner el puño cerrado. El que nos metió por el orto.
Ra es el ser más viejo de la creación. ¿A quién pillar? Pues  Geoffrey Rush con un maquillaje y una calva falsa con coletilla que haría que Dick Smith se levantara de la tumba con una uzi en cada mano. ¿Acaso no había actores de 80 años (Rush tiene 65) a los que no hubiera que maquillar? El haber contratado al australiano parece la típica jugada de Uwe Boll de ‘A ver qué actor más o menos mayor de prestigio está libre para estas fechas’. Algo conocido en círculos de historiadores serios del cine como ‘La jugada Burt Reynolds como rey medieval’.

Esto ocurrió
¿Qué queda por decir de la pareja jovencita protagonista, dos niños cuya carencia de carisma podría formar un agujero negro y devorar parte del universo conocido? Pues que, en este caso, el whitewashing sí da un poco de vergüenza. Mira que hay chavales vendiendo su cuerpo en las playas de Santa Mónica. ¿De verdad tenía que ser rubio? Vale que los dioses sean de varias etnias pero, cojones: al menos pilla un moreno. Total: aunque sea un inmigrante ilegal de un puesto de salchichas lo mismo lo haría mejor.
Aseguro que hay un chaval en la imagen. Quizá no lo veáis, pero está ahí.
Todo esto podrían parecer insultos a la película. De hecho, lo son. Pero el quid de la cuestión es que, por un lado, lo del color de la piel no es lo esencialmente malo y, por otro, que todo es un desastre tan grande que al menos es divertido.

Sobre la perfección de los efectos digitales, es cierto que hay un par de pantallas verdes lamentables. Pero no son malos per se. Como se ha dicho, son horteras. Excesivos. Absurdos. Llamadme loco, pero si veo una peli mala, al menos que sea a lo grande. Dame una locura de Ken Russell antes que una medianía de Jonathan Liebesman. Dame un disco de Rick Wakeman que falle estrepitosamente antes que uno de (insertar grupo agradable, poco pretencioso y poco memorable que os guste y os ofenda más que nombre, porque son demasiados lectores con demasiados gustos distintos)

5.- Alex Proyas ha hecho un truño, pero rueda con salero

Alex Proyas es un tipo al que le tengo cariño. Pero desde el inicio de su carrera, cuando co-realizó uno de mis videoclips favoritos:

Todos somos fans de su capacidad visual mostrada en ‘El Cuervo’ y su carácter de visionario demostrado en ‘Dark City’. Y todos odiamos esa cosa lamentable que era “Señales del futuro”. Pero sobre todo por su guión evangélico-raeliano-mormón-cienciólogo o algo por el estilo. Yo lei ese libreto antes de que se rodara y la culpa es sólo suya por aceptar esa cosa insalvable que rodó tal cual.

Ahora ha aceptado otro guión mediocre muy parecido a la anterior obra de los mismos autores, ‘El último cazador de brujas’, otro intento de blockbuster de Summit que se saldó con similar hostión, aunque de menor efecto sísmico en la prensa por ser una película más barata. Curiosamente, ambos títulos comparten el no ser del todo aburridos y guiones que parecen más propios de una pelicula fantástica de los 90. Pero, a pesar de que a veces usa recursos DE MOLAR PORQUE SÍ en una pelea para luego no repetirlos en las otras, todo tiene ritmo. No se puede decir que las escenas de acción estén mal. Alguna hasta me apetecería verla otra vez. Quizá dentro de un par de años. O… ah, vale. Que eso ya lo he dicho al principio del artículo.

Así que, en vista que me estoy repitiendo como un chorizo picante bañado en salmorejo, voy a ir cerrando:

Efectivamente: ‘Dioses de Egipto’ es un clusterfuck. Pero un clusterfuck que será de culto en el futuro por chavales que no pasan sus días leyendo noticias de cine y quejándose del guión de ‘La Liga de la Justicia’ antes de que sepan nada ni hayan visto un fotograma. Es un delirio, obviamente, pero un delirio distinto y único. De esos que llaman los críticos que saben más de análisis cinematográfico que yo ‘espíritu pulp’. Qué queréis que os diga: yo lo prefiero a otra parte de las Tontunas Ninja o a esa cosa de los dinosaurios y la señora con tacones que no entiendo cómo llegó a ser una de las 20 películas más taquilleras de la historia.

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