agosto 2016

No me negaréis que echáis de menos la época en la que cada película iba acompañada por una canción por aquello de promocionar y vender algunos LPs. Soy tan fan de esa maniobra de mercadotecnia que, cuando saltó la canción de Rijana y, por supuesto, la ubicua Sia (que alguien la pare, por dios) para 'Star Trek: La Mejor desde Primer Contacto', tuve una cálida sensación de placer en el estómago que, sin duda, era producto principalmente del apocalípsis estomacal de haberme zampado un chupachups gigante y una bebida de sauco que compré en el Tiger porque me van los deportes de riesgo y no tengo aprecio por mi propio bienestar. Pero un poquito, muy poco, fue también porque hubiera una canción que además no daba asco en los créditos finales. Obviamente, el tema pega con Star Trek lo mismo que una anchoa con una tostada de leche condensada. Esto es, un poco. Pero la práctica me retrotrae a la infancia, época en la que éramos capaces de comprar la banda sonora de ‘The Crying Game’ sin haber visto la película sólo porque tenía una canción producida por los Pet Shop Boys. Éramos más inocentes entonces. Más inocentes y más imbéciles.

La sinergia del cine y la industria cinematográfica se fue al carajo más o menos cuando la gente dejó de comprar discos. Coincidiendo con la época en la que TODO lo que triunfaba en los EEUU empezó a ser rap malo, R&B con interludio de rap malo o Pop con interludio de rap que haría morir de vergüenza ajena hasta a David Brent. Echad un vistazo a este vídeo que ya compartí en un viejo post y morid de vicisitud a eso del minuto 2:13. Cuidado. DUELE:


En la lista que viene a continuación no puedo incluir este tema. Básicamente porque, aunque a mí… me haga… me inspire… vamos, que me gusta. Objetivamente, la película era del montón y la canción del montón para abajo. Concretamente debajo del resto de canciones, una capa de mantillo y otra de abono comido y posteriormente cagado por Biff Tannen.

De lo que trata este artículo es de celebrar canciones gloriosas que se crearon para películas que han pasado a la historia como castigo cinéfilo. O, si no gloriosas, al menos sí por encima de la bosta que promocionaban.

La lista consta de 14 títulos, porque esto es Vicisitus y Sordidez y ese es nuestro número de la suerte. Claro que también debido a que una vez cerré los 10 títulos habituales, me daba penica dejar fuera ciertos temas. Así que empecemos por…

Primera parte: Canciones jrandes para películas mediocres

En los 80, todo llevaba videoclip. Hasta dramas sobre la vida en Acapulco de unos ladrones de trenes. Nunca entendí qué hacía una canción como  “Two Hearts” (¡Nominada al Oscar!) en algo tan tristón como “Buster”. A menudo, se recuerdan más los singles que las películas que acompañaban, las cuales han caído en el olvido. Como otra relacionada, no con Phil Collins, sino con su amigo Tony Banks:

14.- "Quicksilver Lightning" y "Shortcut To Somewhere", de “Quicksilver”

Kevin Bacon en un drama romántico sobre mensajeros por San Francisco. Apasionante. Como era una película dirigida al público joven deseoso de crecer y ser un broker (el protagonista era uno caído en desgracia), los productores contrataron para la banda sonora al teclista de Genesis porque no comprendía que el carisma del grupo estaba en nuestro calvo favorito PIL Collins. Tony compuso esta canción para Fish, una especie de Peter Gabriel si en vez de ser un pijillo modernete se hubiera enmendado y se hubiera transmutado en escocés psicópata:

La tonada es putera y simpática, que es todo lo que se le puede y DEBE pedir a un tema cinematográfico de los ochenta. Pero se ve que los productores no confiaban en el poder comercial del dúo, por lo que llamaron al dios del bigotón y los sintetizadores Giorgio Moroder y lo arrejuntaron con Roger Daltrey porque nada dice ‘película adolescente’ como un cantante de los 60 que había salido en pelis de Ken Russell.

Por mucho que ame a Tony Banks, la canción de Moroder era mucho más pegadiza. Al menos para mí, que me tiré años murmurándola a pesar de que no creo que la escuchara más de un par de veces. Porque tanto película como canción se estrellaron en taquilla y ya nadie recuerda ninguna de las dos. Por eso estoy escribiendo esto, claro.

13.- “Nothing’s Gonna Stop Us Now”, de “Maniquí”


‘Maniquí’ fue una comedia chorra (¡Distribuida internacionalmente por la Cannon!) que no fue ni bien ni mal. Algunos la recuerdan todavía e incluso tuvo una secuela en la cual el protagonista era el estereotipo gay más ofensivo de la historia del cine.
Retrasando dos décadas los logros del movimiento gay con ESTILO
Pero lo que pasó al subconsciente colectivo fue el tema de Starship, que hasta fue nominado al Oscar en un sorprendente ataque de visión de futuro de la Academia. Recordamos que es la misma institución que premió “Hard out here to be a pimp” porque era políticamente correcto que ganara un espantoso rap sin melodía y letra pueril llena de lugares comunes del que sólo se acuerdan ya los fanáticos.

Hagamos ahora un pequeño descanso para que lleguen todos los comentarios cabreados de fans del rap habituales cada vez que digo algo negativo del género.

Bien. Ahora que un par de personas han abandonado el post y están insultándome, sigamos:

Starship, un grupo con una historia más interesante que sus discos, fueron los responsables de otorgar a la humanidad ese gran regalo de la sordidez que era ‘We Built This City’, con su letra inmortal “Marconi plays the mamba, listen to the radio, don't you remember” (puede parecer que no tiene sentido, pero si buscas en internet una interpretación del texto, descubrirás que no sólo lo tiene, sino que además es capaz de despertar a Cthulu). Si bien pasarán a la historia de la risa por esa canción, se merecen un reconocimiento por este tema para “Maniquí”. Os apuesto a que es uno de los hits de los 80 que más gente conoce, pero que nadie tiene ni idea de quién la canta ni de qué película procedía. Habría sido bonito que Starship ganara un Oscar, pero aquel año no tenían ni ellos ni Mark Knopfler (por ‘La Princesa Prometida') nada que hacer frente a la magnificencia de ‘I’ve Had The Time Of My Life’. Un puto maniquí egipcio no iba a arrinconar a Baby.

12.- “No More Lonely Nights” de “Give My Regards to Broad Street”


En los 80 se produjeron varias películas al gusto del ego de varios cantantes. La más conocida probablemente sea ‘Pepe Rain’ del enano (bien) follador compulsivo (mejor) y religioso hasta el punto de matarse por hincharse a pastillas para no operarse (mal) Prince. Pero no he escogida esa. Quizá porque no la he visto, quizá porque todo el mundo dice que ‘Under a Cherry Moon’ era peor, quizá porque el realizador dirigió luego sin acreditar ‘Tango y Cash’. O quizá porque Paul McCartney es el mejor compositor de música pop del mundo adelantando al resto con la polla al viento mientras le da golpecitos en la frente al cultureta perroflauta de John Lennon.

Ahora que varios fans de los Beatles y la música en general nos han abandonado y están comentando con insultos, sigamos más tranquilos los tres que quedamos.

“Give My Regards To Broad Street” era una sucesión de vídeos musicales y actuaciones en plató con un hilo narrativo que, más que historia, era un hilillo de támpax. De hecho, toda la trama se resume en dos frases que hay en el videoclip: Macca ha perdido los masters de su disco que están en una gran caja azul y le pregunta a Ralph Richardson si la tiene. Entre medias, hay un sueño que reproduce ‘El almuerzo sobre la hierba” de Manet y un momento con unicornios. Yo ya no me acuerdo a pesar de haberla visto un par de veces.
Aunque, claro; si sale Ringo la peli automáticamente es un 38% mejor

La hostia comercial de la peli y del videojuego de Spectrum basado en ella fueron importantes. No así, claro está, de la banda sonora, la cual vendió con alegría gracias a este maravilloso single que es una de mis canciones favoritas del Beatle bueno.

Pasemos a otra mientras le decimos con cariño adiós a los fans de George Harrison que también nos han abandonado.

11.- “Killer Klowns From Outer Space”, de, obviamente, “Killer Klowns From Outer Space”


Una pequeña trampa. “Payasos asesinos” es una película buena. Bajo presupuesto loco bien entendido y cachondo. Pero si tenemos en cuenta su temática y lo absurdo de la mayor parte de sus escenas, no sería de extrañar que quienes no la han visto la calificaran como seguro cine cutre. O incluso los que la han visto. Que estamos hablando de extraterrestres con forma de payaso que matan a la gente con algodón mortal y palomitas asesinas.

La vais a ver ahora y lo sabéis.
Nolan sería incapaz de hacer algo tan maravilloso como esto
Con todo, a pesar del culto generado hoy en día a su alrededor, en su época pocos echaron cuenta de la película más allá de los visitantes de videoclubs más depravados. Lo que ahora se ve con nostalgia y como una película imaginativa, en la época se juzgó como una cutrez absurda de bajo presupuesto, por mucho que a día de hoy ande con un 71% en Rotten Tomatoes, esa página que los fans de DC quieren cerrar mientras se masturban mirando fotos de Margot Robbie.

¿Y la canción? Pues aparte de la sorpresa que es tener un tema específicamente escrito para una película así, es muy pegadiza. The Dickies era un grupo de punk light americano que merecen mi respeto porque su fundador se llamaba Stan Lee y por no tomarse en serio un género tan tonto que negó su razón de ser nada más nacer.

Y, ahora que también se ha ido el último fan del punk que quedaba, pasemos a los diez primeros. Los de pelis realmente casposas de las que amamos en ente bloj.

Segunda parte: Canciones jrandes para caspa colonoscópica


10.- “Who Made Who”, de “Maximum Overdrive”


Que este tema pueda considerarse como ‘inspirado en la película’ es debatible. Historiadores de AC/DC (esto es, toda España desde hace cosa de tres o cuatro años) podrán explicarlo mejor, pero mi instinto y el hecho de que en el vídeo ni siquiera aparezcan imágenes de la peli me hacen sospechar que el grupo estaba en el estudio y le dieron a su fan Mr. Stephen King lo primero que tenían a mano. Seguro que ni se enteró de nada, porque el de Maine estaba en la época entretenido esnifando desde azúcar en polvo hasta fungusol. La inquietante mirada que tiene en el trailer no es por ser bizco, sino porque el camello acababa de pasar por el plató:

Si quieres hacer algo bien, lo tienes que hacer tú mismo”, decía el depravado. Claro que años después describió la cinta como  “Una peli IMBÉCIL”. De sabios es rectificar.

Es terrible, sí. Pero de esas pocas películas chungas que resultan entretenidas. Además, si te aburres siempre puedes pasearte por el salón en pantalones cortos haciendo el baile del pato al ritmo de la música.

9.- “Winner Takes It All” de “Yo, el Halcón”


¡Observad la magnificencia de este vídeo y sentid cómo os crece pelo en el pecho y unos pantalones de elástico en las piernas! El resultado de la conjunción ultraterrena de Sammy Hagar, el ídolo cutre del cock rock, con el maestro total del cine-colonoscopia, Menahem Golan, cabeza de la Cannon.

‘Yo, el Halcón’ fue uno de los intentos de Golan para pasar con su compañía a las grandes ligas y hacer sombra a las majors de Hollywood. Para ello, le pagó un pastizal a Stallone para que protagonizara un remake de Rocky con peleas de pulsos (A-PA-SIO-NAN-TE) y, con lo que sobró, pagó la comida del equipo, el alquiler de un camión y la minuta de Sammy Hagar, un tipo que sólo puede describirse, en las inmortales palabras de The Monch, como “tan sutil como mear y cagar al mismo tiempo”.

"¡Pero Paco! ¡Si ‘Yo el Halcón’ mola!", gritaron algunos perturbados aficionados a ver los maratones de Paramount Channel. No, hijos míos. Es la nostalgia. Ni me gustó a mí cuando la vi en el cine. Es ridícula, ñoña y basada en un concepto absurdo. ¿Que la queremos precisamente por eso? Por supuesto. ¿Que era buena? Claro que no.


8- “Last Dance”, de “¡Por fin ya es viernes!”


"La peor película con un Óscar" según Leonard Maltin. Claro que yo le daría el premio a ‘El Lector’. Sólo por joder. Porque, para ser sincero, no puedo olvidar el luctuoso hecho de que Pearl Harbour ganara una estatuilla al mejor sonido.

El caso es que Maltin no andaba muy desencaminado. La película es chorra, pero lo peor de todo es que ni siquiera es la cosa más mala jamás salida del cine-disco. Es más bien solo la tercera. Por encima de ella están ‘Can’t Stop the Music’ y ‘Xanadú’. Algunos dirán que también ‘Nunca en horas de clase’. Pero esa tiene toda la gracia, porque un musical disco con José Luis López Vázquez es automáticamente mejor que todos los demás. Eso sí, ninguna de las nombradas empieza con el logo de Columbia marcándose un Tony Manero:

Aunque claro, también es triste que ni siquiera se trate la mejor animación del icono de la compañía. Eso ya lo había hecho antes ‘La ingenua explosiva’.

¿Qué quiere decir todo esto? Que estamos ante una chunguez. Que se puede ver para echarse unas risas. Pero que nos dejó una canción popular muy jovial. Y, al menos, hizo que la ceremonia de 1979 de los Oscars fuera la de Giorgio Bigotón Moroder, pues era productor del tema de Summer y, además, ganó el premio a la mejor banda sonora por ‘El expreso de medianoche’, otra oda al buen rollismo y la diversión en la alegre Turquía.

7.- “Shanghai Surprise”, de “Madonna y Sean Penn se van al oriente”


Vale: George Harrison también me caía simpático. No tenía la jrandeza de MacCartney, pero escribió mi segunda canción favorita de The Beatles (‘While My Guitar Gently Weeps’). Por no hablar de que, como productor, hizo grandes contribuciones a la historia del cine. Todo lo relativo a este desastre está narrado en este oscuro artículo.

En lo que se refiere a la canción en sí, se puede decir que no es una obra maestra, pero es la mar de cuca, con sus sonidos asiático-ochenteros y la machada de contratar para tu película a Madonna, pero cantar tú la canción con otra chavala. Eras el puto amo, George.

6.- "Almost Unreal", de "Super Mario Bros"



En los 90, lo de encargar canciones para películas era ya una parte automática de la maquinaria de los blockbusters. Recordemos que la moda no se afianzó hasta que Don Simpson y Jerry Bruckheimer se encoñaron con la idea de convertir 'Flashdance' en un fenómeno de la sinergia música pop-película-venta de LPs.

Por lo tanto, las compañías de discos y los agentes iban asignando temas a las películas un poco como dios les daba a entender. Esto es, con la chorra sacada y embadurnada de coca. Ahí entra este tema de Roxette. Nuestros amados Roxette. Al principio, esta composición estaba destinada a la película 'Hocus Pocus', de Kenny Ortega, el responsable de hacer que los 2000 fueran un poco más chorras gracias a 'High School Musical'.  De ahí que el estribillo diga expresamente las palabras "I love when you do that HOCUS POCUS to me". ¿Tenía sentido dentro de una peli sobre unas brujas en Halloween? ¡Claro que no! La expresión está metida con calzador, palanca y martillo pilón dentro de una letra de amor. Así que no pasaba nada si se cambiaba de película.

Y qué película, madre mía.

La primera cinta basada en un videojuego (exceptuando cierta comedia hongkonesa, pero no entraremos en esos matices ahora) que pillaba todo lo que nos gustaba de las aventuras del fontanero, se limpiaba el culo con ello y decidía en su lugar hacer una cosa futurista - distópica con dinosaurios (porque en los 90 los dinosaurios eran LO MÁS RADICAL WHOA) y citas a elementos del videojuego repartidas al azar. ¿Que una seta te daba en el juego un power up? Pues en la película había un hongo repugnante por toda la ciudad futurista que daba pie a una de las frases más terribles e hilarantes de la historia del cine:

- ¡Confía en los hongos!
Nuestros agentes lo hicieron y, tras tres días de delirio, firmaron para que apareciéramos en la peli.
¿Y la canción, diréis? Pues aunque Marie declarara en el libreto de su primer recopilatorio de grandes éxitos que "No es uno de nuestros momentos más inspirados" y Per Gessle que "Si quisieras hacer una parodia de Roxette, probablemente sonaría así", a mí me gusta, resulta memorable y lo petó bastante en Los 40 Subnormales hasta el punto de hacerme caer en la trampa e impulsarme a ir a ver la película.

Os juro que ese día descubrí, mientras experimentaba vías alternativas de no morir de aburrimiento en el cine, que podía tumbarme ocupando tres butacas pasando mi más delgado cuerpo por debajo de los reposabrazos.

5.- “The End is the Beginning is the End”, de "Batman & Robin"


Tengo que reconocer que no soy especial fan de Smashing Pumpkins. Ni del rock de los 90 en general. Sin embargo, me gusta mucho la canción 'Tonight Tonight' y, qué demonios: aunque no le pille el gusto a este tema, al menos ganó un Grammy.

Lo cual todos sabemos que no significa absolutamente nada.

Pero estamos hablando de una canción de uno de los grupos más relevantes de la década para una de las mierdas cinematográficas más ridículas de la década. De hecho, mientras Joel Schumacher se empeñaba en hacer más gay y camp la franquicia, U2 (en 'Batman Forever') y Billy Corgan empujaban para el otro lado componiendo canciones oscuras. ¡Estaban adelantados al nolanismo!

4.- "Howard The Duck", de "Howard The Duck"


Mi idolatrado Thomas Dolby se puso en su modo más jovial e 'Hyperactive' en esta canción para el mayor desastre de la carrera de Lucas por encima incluso de la creación de Jar Jar Binks. Años más tarde declararía que la peli la produjo sólo como un favor a sus amigos Willard Huyck y Gloria Katz, como pago por haberle escrito 'American Graffiti', 'Indiana Jones y el Templo Maldito' y partes de la propia 'La Guerra de las Galaxias'.

Como 'Yo, el Halcón' y tantas otras, ahora le tendréis cariño. Pero en la época se estrelló en taquilla y todavía se están escuchando las risas de la crítica y los sollozos de Tim Robbins al recordar que protagonizó esta cosa.

La canción no es la mejor de la carrera de Dolby, pues pertenece a una etapa en la que andaba grabando temas chorra-pop junto a George Clinton (el negro, no el de la mamada), pero al menos no causa la vicisitud de la película esa en la que aparece una pata desnuda con tetas.
Y, encima, ni siquiera daba para paja como Daisy Duck


3.- “Hard Ticket to Hawaii”, de “Hard Ticket To Hawaii”


En mi primer borrador de la lista, el tercer puesto estaba ocupado por la jrandérrima Yor’s World’ de ‘Yor, cazador del futuro’ (jodiendo el giro de guión de la película en propio título… muy bien) Sin embargo, al escucharla me di cuenta de que, por mucho que la ame, es un desastre repetitivo de nuestros adorados Oliver Onions (sí: los de ‘Dune Buggy’ para Bud Spencer). Esta otra mierdaca podría considerarse espantosa, pero la he metido en la lista por dos motivos:

El primero es que no me apetecía volver a hablar de ‘Yor’.

El segundo es que el tema es muy memorable. Pero mucho. Algo que era de esperar de los de Angelis, pero no de una peli cutronga de acción de Andy Sidaris. Cuando se proyectó la película en la pasada Cutre Con, la escena en la que por fin aparece la canción fue acogida con aplausos y el estribillo acabó siendo cantada por los espectadores a la salida mientras sus cerebros intentaban volver a su estado normal.

Porque no hay nada como un tema que tiene el título de la película en el estribillo. Bueno, sí: que la peli a la que pertenezca tenga esta escena:

Lo sé: es lo mejor que habéis visto en todo el año, incluyendo todo ‘Deadpool’, 'Estreinyer Zings' y 'First Dates'.

Bien. Y ahora que la gente con buen gusto musical en general también nos ha abandonado, pasemos los valientes que quedamos a los dos primeros puestos.

2.- “Against the Ninja”, de “Miami Connection”

Dicen que si escuchas esta canción más de una vez, puedes expulsar laca y purpurina por el orto:

El tema, que es la encarnación de todas las canciones de películas de los 80 en una tormenta perfecta de sordidez, pertenece a una película cutre llamada “Miami Connection”, cuya trama narra la historia de un grupo de rock formado por practicantes de Tae Kwon Do que se enfrenta a una banda de ninjas malhechores de Miami.

Efectivamente: es el mejor argumento de la historia del cine.

Única en esta lista porque los integrantes del grupo intérprete son, de hecho, los protagonistas de la trama, la película fue una bazofia de amor fruto de la pasión por el cine de su director y protagonista, Y.K. Kim, un artista marcial que tenía el sueño de hacer la película de artes marciales definitiva. El no saber pegar dos planos juntos no fue un obstáculo. El resultado: la canción oficial de la pasada Cutre Con. Calidad.

1.- Xanadu


Los lectores habituales lo esperábais. ‘Xanadu’ es una película de la que hemos hablado varias veces en ente bloj. Empezamos hace ya 10 años, aprovechando un corto artículo sobre ‘El Rey Arturo sobre Hielo’, continuamos en 2007 glosando su importancia dentro de la historia de las películas malas, las despedidas más lamentables de grandes actores en 2010 y hemos aprovechado para hablar de ella cada vez que se presentaba la ocasión de tratar el tema del aerógrafo, la música disco o la maravillosa Electric Light Orchestra (temas todos que deberían tratarse en el presente debate de investidura pero que, lamentablemente, no se van ni a tocar de pasada; así va Espppaña).

Porque ésta una película en la que la relación de calidad y éxito de la banda sonora con respecto a la respetabilidad y taquilla de la cinta sólo puede describirse como un abismo insondable más profundo que la raja del culo entre los cachetes de una Kardashian. La cinta en la que canciones y resultado fílmico están más lejos un tatuaje en la cara y una oferta laboral de directivo del OPUS.

Jeff Lynne, el único hombre que nació llevando ya unas gafas de sol (en serio: poned su nombre en google y pinchad en ‘imágenes’), es uno de los grandes genios olvidados de la música pop. ¿Es una pena que su aportación al cine quedara empañada por trabajar en una película chorra y rodada con desgana que dio origen al culto por el cine malo? En absoluto. Es justo esa maravillosa disociación la que hace que la leyenda de la ELO sea aún más jrande. Desde que tenía 5 años, es una de mis canciones favoritas. Y si no es de las tuyas, es que no sólo no tienes corazón, sino que además, y lo que es peor, no tienes gaycidad.
ARTE

Éste es mi recopilatorio de música que a muchos habrá horrorizado, a otros les habrá traído buenos recuerdos y a muchos más pesadillas. ¿Cuáles son vuestras canciones favoritas de películas cutres? ¿Consideráis que debería haber puesto alguna de The Apple? ¿Sois fans del tema de Brusiño Dickinson para ‘Pesadilla en Elm Street V’? Es más, ¿sois fans del tema de Iggy Pop para ‘Pesadilla en Elm Street VI’? ¿Sí? Pues en ese caso, mejor que os lo hagáis mirar. Yo ya estoy camino al loquero por haber escuchado varias veces ‘Yor’s World’ y ‘Hard Ticket to Hawaii’ mientras escribía esto. JOIN ME!.

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Hace un buen puñado de posts me dio por reivindicar la figura de Scatman John. ¿Fue por su afán de ayudar con su música a niños tartamudos? ¿Fue por su bigotón? No: fue porque siempre me ha gustado que señores mayores triunfen entre la chavalería. Incluso cuando yo mismo era chavalería.

Por eso fui feliz cuando los dos compadres de Dos Hermanas lo petaron. Petarlo en el sentido Usain Bolt jugando a Policías y Ladrones. Nivel estratosférico. Récord de permanencia en el número 1 en EEUU sólo superado por la Rocío Jurado norteamericana, Maruja Carey. Pero aquí no estoy para hablar de 'La Macarena'. Una canción que todo el mundo trae a colación cuando se habla de los peores éxitos de la historia y que a mí, sin embargo, me parece realmente un espanto. U os creíais que iba a ir de rebelde porque el mundo me hizo así y llevar la contraria por ser sórdido. No. La Macarena me horrorizó cuando salió en su versión con saxo cutrón de tómbola del cubo, me espantó en la encarnación bailable que arrasó y ha hecho que tenga que empalarme el conducto auditivo con una berenjena cuando he escuchado esta tarde la nueva versión de unos tipos llamados ‘Gente de Zona’ (featuring Los del Río, claro, porque la mejor maneras de saber si un disco es de los 2010 es si tiene “Ft” en la mitad de las canciones).

La Macarena. Por supuesto que no.

A mí lo que me gustó fue el follow up single.

Los ‘follow up single’ son las canciones que sacan artistas tras tener un gran éxito. Es algo muy jodido. Se trata de constatar que no eres un one hit wonder. Si repites el estilo de manera exagerada, te crucificarán por falta de variedad. Si te apartas mucho, alienarás a la audiencia del original. Sin olvidar hacer un vídeo que valga la pena. O que hunda tu carrera para siempre, como le pasó a Michael Sembrello con la maravillosa sordidez con rayos láser, pintura plateada y trajes Mad Max de ‘Automatic Man’:


Los del Río tuvieron un follow up single raro. La propia carrera comercial de ‘Macarena’ explica lo ocurrido. La canción apareció en el 93 y más o menos funcionó en España. Quizá tuvo más difusión gracias a la previa popularidad más allá de los círculos folklóricos que había adquirido el grupo con ‘Sevilla tiene un color especial’. El cual sería himno de Andalucía si no fuera porque el de Blas Infante es el mejor de todo el mundo por aquello de hablar de tener para comer, inspirar buen rollo en general y demostrar el espíritu Star Trek se puede aplicar a algo tan idiota como el nacionalismo.

Pero no fue hasta el 95 cuando la mayor parte de la población mundial comenzó a pactar suicidios en masa al escuchar por 184ª vez la cosa esa machacona y con letra digna de chistes de Arévalo (Featuring Jorge Cremades, que estamos en los 2010). En el ínterin, Los del Río habían sacado un par de discos en España y alrededor de tres de remixes con versiones hasta de música de baile esquimal y remezclas de temas antiguos que no he podido saber a qué suenan porque todavía tengo los tímpanos irritados por el empalamiento berenjenal.
¡Marca ESPPPAÑA!
La Wikipedia en inglés habla de un tal ‘Tengo Tengo’ como siguiente single en 2016, pero eso no tiene vídeo, es una canción de flamenco pop chorra y a estas alturas sabemos que no hay que fiarse de una entrada en inglés sobre un grupo español. Ni de la entrada en español, que encima es vergonzosamente pobre para una gente que ha sido más embajadores de Esppppaña que el bíceps de Nadal. O incluso el trasero de Nadal. El verdadero ‘Siguiente Single’ de Los del Río fue esta maravilla olvidada:

Con título de The Eagles e imagen de The Blues Brothers, The Ones From The River se disponían a intentar reconquistar las pistas de baile en 1997, con un CD cuya portada hizo un chaval con dominio estupefaciente del Paint:
No puedo poner pie de foto. Sólo un gif:


Ritmos latinos, que para eso estamos en los años de dominio de Ricky Martin, dan paso a un chunda chunda interpretado por los testículos de un productor musical borracho sobre unas estrofas de las de toda la vida del grupo que, y ahí estuvo el error, tienen melodía. Las de La Macarena eran más simples que el mecanismo de un chupete. Éstas parecen mínimamente pensadas. Mal ejemplo si se quiere alcanzar el éxito mundial.

Pero lo importante es, por supuesto, el estribillo. Ahí es donde el anterior single lo petó. Porque también estaba compuesto con el mismo esfuerzo creativo que una película porno. Una película porno mala. Una película porno mala de una sola escena. Desenfocada.
El hermano monguer de Punset y Ernest Borgnine te desean alegría y felicidad.
‘Take it easy’, sin embargo, tiene un estribillo de verdad. Como comparación, si la Macarena es como montar una silla de playa plegable, su secuela es como montar un mueble de Ikea. El resultado tampoco es que sea la hostia de bonito, pero al menos te ha hecho un par de durezas en las manos dándole a la llave allen. Además, se añade el elemento internacional. Como en el clásico inmortal ‘Europe’s Living a Celebration’, los productores de Los del Río piensan que, con meter un par de frases cortas en inglés ya vale para romper el mercado internacional. Así, surge uno de los estribillos olvidados más jrandes de la historia de la música:

Yo no sé, yo no sé
Yo no sé, I don’t know
Take it easy, tate quieto
Yo no puedo con tu amor

Repetimos: Take it easy, (es)tate quieto. ¿Estamos ante el mejor uso del idioma mundial en una canción desde los discos de Battiato en los 80? Sin duda alguna. Los del Río se imbuyen del espíritu de Alfredo Landa hablando con guiris y con cinco palabras transmiten la profundidad de la relación de la lengua de Cervantes con la lengua de Danielle Steel mejor incluso que 'Poeta en Nueva York'.

Otros golpes de CALIDAD lo da el coche con apariencia americana pero matrícula de Dos Hermanas y el momento en el que el que no tiene cara de charcutero (Los del Río son un ente indisoluble y donde empieza uno acaba el otro, por lo que está feo saberse quién es quién) se marca un elegante giro bisbaliano antes de la segunda estrofa que hace que el forofo de la gente mayor que tengo dentro se levante y aplauda golpeando el badajo con la barriga criada tras los excesos veraniegos.
Abbey Dos
La canción es, obviamente, un clásico olvidado de la pachanga. El motivo obvio por el que no llegó a nada es porque los segundos singles de one hit wonders chorras casi nunca lo hacen. Si nos ponemos un poco más gsanz (referencias a artículos antiguos del blog: nunca las dejaremos de hacer), porque la base rítmica es francamente lamentable si se quería convertir la canción en un éxito bailable y el estribillo demasiado memorable para los que esperaban lo monótono de La Macarena.

Pero, sea como fuere, la imagen de Los del Río, un grupo que como andaluz me había acompañado y aterrado desde la infancia, vestidos como Dan Aykroyd y John Belushi, me fascinó en el 97. Me hice fan de la canción. Durante años me he dedicado a cantarla delante de amigos cada vez que quería decir la frase ‘No lo sé’, ante la estupefacción y lenta retirada lateral con mirada de terror de todos ellos.

Por eso escribo esta entrada. Para que haya más amor por este olvidado follow up single. Uno de muchos que podríamos rescatar. ¿’The Sun Always Shines On Tv’ de A-Ha con su inicio de troleo y mala leche hacia los fans de ‘Take On Me’? ¿El espanto atonal de ‘Cleopatra’s Cat’ de Spin Doctors? ¿Mi adorada ‘Cross my heart’ de Eighth Wonder? ¿Cock Robin? En serio: había un grupo que se llamaba COCK Robin. Y tengo todos sus discos. Pero teniendo en cuenta que he dicho que me he tirado años cantando una canción desconocida de Los del Río, creo que nadie confiará en mi criterio.

Hacéis bien.
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Cada vez me gusta más hacer podcasts. El motivo es, como los cachetes del culo, doble. En primer lugar, cuando era pequeño yo era un tanto inaguantable. Un ser del averno en cuanto a mi verborrea. Lo habitual en mí era hablar diez minutos sin parar sobre 'Legend' al salir del cine. O, mucho más normal, contar las costumbres de evacuación de mi madre delante de todos sus amigos. Ese tipo de niño terrible.

En segundo lugar, porque apenas tengo que prepararte nada. Sólo elegir un tema que domino y, ¡ala!, a opinar. Aunque, conociéndome, esto último no tardará en cambiar. Para el próximo programa que tengo pensado con Ángel Codón me he comprado un libro que ya me estoy estudiando.

Pero no necesitaba mucha investigación previa para hablar dos horas y media de Juego de Tronos. Sobre todo porque estuve desde el principio tanto en la lectura de los libros como en el anuncio de su adaptación y lanzamiento en el extinto Canal+. Feck: hasta he moderado mesas redondas con el jran Alejo Cuervo sobre el tema. Aunque, como es normal en este podcast, no os sorprendáis si, de repente, hacemos un desvío brutal y empezamos a hablar de lo divino y lo humano. De la vida, la muerte y los frikispters. Contanto, además, con la inteligente presencia de Jimina Sabadú, la charla se puso más distendida que mi orto después de comer en un mejicano.

Espero que disfrutéis con estos tres frikazos rajando sobre Starks, Lannisters y el rubio de bote de los Targaryen. Siga al autor de ESTO en Twitter:

Normalmente se suele llamar ‘turismo alternativo’ ir a lugares como el Zimbaue o Tailandia. No, joer, no. Eso es lo que yo llamo ‘turismo de mosquitos y cagar en agujeros en el suelo’ o ‘Turismo de mirar dos veces en la maleta a ver si te han metido droga’. El verdadero freak sabe que el sol quema, que al tercer mundo es mejor no acercarse ni con armadura berserker +50 y que la cagalera siempre está a la vuelta de la esquina. Además: estos países suelen de hecho ser destinos turísticos populares.

El sórdido aguerrido debe buscar sitios a los que no vaya casi nadie y que no impliquen riesgo de ser raptado por grupos terroristas. Ése es el turismo alternativo que yo defiendo porque aprecio mi vida y la necesidad de no te roben en cuanto te alejes del grupo principal. O, si estás en el centro de Parchelona, que te roben aunque estés rodeado de gente y una muralla con foso de cinco metros de hondo. Con cocodrilos mutantes con ametralladoras. Te van a robar la cartera y lo sabes.

Dentro de esa teoría de visitar destinos turísticos inesperados pero civilizados, podría haber ido a Albacete. Pero allí hace mucho calor, por lo que estas vacaciones me decanté por las Islas Feroe. Antes conocidas como ‘El punching ball de la selección de Clemente’. El desconocimiento de la situación geográfica de ese lugar es tal que me dediqué todo junio a decir que me iba a ‘un sitio en medio del Atlántico Norte’. La gente asumía que era Islandia, las Shetland o la Atlántida. Porque, ¿qué puñetas son unas Feroe?

Pues mirad: si echáis a nadar desde la costa norte de Escocia en dirección al polo norte, os moriréis en cosa de una hora. Que estáis tontos. Mejor coged un avión en Barcelona y llegaréis a un aeropuerto con pista isleña de esas de pabernosmatao a medio camino entre Noruega e Islandia.

¿Qué hay en las Feroe? Muy sencillo: prados verdes con cagarrutas de oveja (el nombre danés significa ‘Isla de los Corderos y sus deposiciónes’), acantilados, montañas, pájaros marinos, un puñado de casas mal contadas y 143 árboles en todo el territorio. Todos en el parque de la capital y un par de casas pijas. ¿Qué significa eso? Está claro: que si quieres mear, no tienes protección arbórea frente a miradas indiscretas.
Más pelao que Don Limpio preparándose para el Orgullo Gay.

Lo primero que ha de saber el turista aguerrido es justo eso: que mear se pone complicado si eres pudoroso. Si estás en carretera, te van a ver el chorrito. Si llegas a un pueblo buscarás un bar para excretar. Lo seguirás buscando. A los 5 minutos (que es lo que se tarda en recorrer el 90% de los asentamientos de las islas) llegarás sobrecogido a una revelación:

NO HAY BARES.

Pero ninguno. Cero. Nada. Niente. Rian.

Por eso, en los supermercados y en las entradas de algunas agrupaciones de casas (porque me niego a llamar algo sin plaza central con bar de viejos ‘pueblo’) puedes encontrar retretes públicos bastante limpios. No sé si porque allí son pulcros o porque las bacterias directamente no sobreviven al frío que hace en esas latitudes por aquello de estar cerca del Ártico.

En la capital y alguna población suelta (POCAS) sí que puedes tomar una cerveza en algunos cafés-restaurantes. Lo de comer es más jodido. Si no estás en Tórshavn (Puerto de Thor, lo cual hace que sea el nombre de capital más cojonudo de todo el mundo y único que se debería usar jugando al rol), lo mejor es ir a un supermercado, porque puedes olvidarte de encontrar nada más allá de algún bistro suelto con precios que deberían incluir un buttplug para ir preparando el pago. En la gran metrópolis de 12.000 habitantes tienes tres opciones: o probar la cocina local en uno de los cuatro restaurante pijillos una vez has comprobado el balance de tu cuenta de ahorro y llamado a Cofidis, intentar ir al japonés siempre lleno del centro o pizza. Mucha pizza. ¿Restaurantes italianos? Sí, por favor. ¿Take Away con una de champiñones y pepperoni? Dame más.
En el centro comercial saben que si tomas un café, es por un motivo. Son muy utilitaristas.

Yo opté por comer todos los días hamburguesa congelada en el restaurante del hotel. Para no ponerme trofollo con esa dieta, dedicaba las mañanas a senderismo hardcore y sudar la camiseta térmica frente a 50 nudos de agradable brisa marina que te puede tirar por un acantilado.

Para ayudar a los 200 visitantes que rondan por ahí como máximo (que casi no dejan dinero en las islas porque, no sé si lo he dicho ya, NO HAY BARES EN DONDE GASTAR), la oficina de turismo tiene una guía muy simpática de senderismo. Pronto descubrí que no había que tomársela a la ligera.

Fue al segundo día, cuando veo que hay un camino de tres horas que lleva a la cima de la montaña más alta del archipiélago. “Sigue el camino recto desde el parking, gira a la derecha a través de una valla a los 40 minutos y sigue a la cima”. Yo seguí el camino 40 minutos, saltando carneros. A eso de la hora, por una pendiente sísifica, el camino se fue a tomar por culo. Quedaba sólo básicamente escalar con las manos intentando averiguar si ese hundilón era un sendero, un arroyo, un paso de cabras o estabas viendo alucinaciones por el esfuerzo. Acojonado y pensando que la bajada sería rodando y con rotura de cráneo, miré la guía:

“SUITABLE FOR CHILDREN”

Y, efectivamente, tras vérmelas con piedras resbaladizas,  rocas puntiagudas y pendientes de 70 grados, entre jadeos y mientras sacaba casualmente brillo del bazo que había expulsado vía oral, allí en la cima, a 800 metros en el filo de un barranco, grupos de niños jugando.
Niño feroés de 8 años saltándose la primera comunión para hacer unos sacrificios de sangre a Odín.

Serán las pizzas. Yo qué sé. El caso es que, a partir de ese día, cuando leía que un camino era ‘adecuado para niños aunque hay que tener cuidado en tal o cual parte del recorrido’, yo ya sabía que lo que quería decir era algo así como ‘¡Puto turista continental! ¡Prepárate a pasar por el décimo nivel del sufrimiento!’

Lo malo es que recorrer caminos rurales es básicamente lo único que pude hacer por allí. Quizá podría haber disfrutado de la vida nocturna y animada escena musical de las islas. Hay una tienda de discos y sólo tiene grupos locales, lo cual, viendo las posibilidades de ocio y que la temperatura media es de 6 grados, es totalmente lógico. Pero estaba demasiado ocupado volviendo a meter mi bazo en su sitio tras todo el día trotando y exhibiendo mi colita por los prados. Lo normal era encerrarme en mi habitación, mirar como oscurecía, comprobar que no oscurecía, cerrar las cortinas (porque no han descubierto el invento de las persianas) y abrir los ojos a las 4 de la mañana cuando el sol te da directamente en los párpados. O, alternativamente, a las 3 cuando, de repente, de no haber nadie en la calle, surgen espontáneamente 20 chavales gritando.
Noche cerrada y juerga... no
Porque allí no pasea nadie. A veces se ven señoras con carritos de bebé que se mueven como un soldado haciendo guardia: 20 metros hacia un lado y vuelta atrás. Pensé que, a la vista de la ausencia de bares y de que la sala de fiestas del pueblo abre tarde, la gente estaría, bien comiendo pizza, bien en el cine.

Pues no. Me metí a ver Cazafantasmas, apenas éramos 20 en la sala y no era, como podríais pensar, por el terrible boca a oreja de la cinta, dado que llevaba sólo un día en cartel. Digo ‘cartel’ a nivel metafórico, porque no había ni uno anunciando la película en el cine. De hecho, el edificio ni siquiera tenía el nombre de las salas, sino de, efectivamente, UNA PIZZERÍA. Lo más reseñable de la tarde palomitera, aparte de lo mucho que pone Kate Mckinnon lamiendo pistolas, fue que, a eso de que Melissa y Kristen dijeran lo de “Let’s go” a la vez, la pantalla se apagó. “También es mala suerte”- pensó el inocente Paco. Miré a mi alrededor y la gente no reaccionaba airada. Más bien se pusieron los abrigos, cogieron los pitillos y se fueron a la calle. Efectivamente: un descanso en la era en la que no hay que cambiar ya bobinas. ¿Es que ni siquiera una visita al cine en este país del primer mundo podía ser normal?

No, joer. Porque tampoco es normal moverse entre las islas. Recordemos que la tesis que defiende este artículo es que es divertido ir a lugares no turísticos en los que además no te de cagalera. Desde luego, no con el agua del grifo, que es la mejor que he bebido en mi vida. Seguro que se haría una buena cerveza local con ella si pudiera pagarla y hubiera encontrado un bar en el que la sirvieran. El caso es que cualquier otro sitio con tanto fiordo y acantilado majestuoso que hace que te sientas pequeño, insignificante, gilipollas y de derechas tendría el tema de transporte más orientado al turismo. Pues no. El principal problema es que la mitad de los días va a llover o hacer marejada. Yo tuve suerte y sólo me tocaron dos jornadas de temporal. Pero intentar coger un ferry es una odisea. No sólo porque no está señalizado NADA en los puertos, sino porque, para cuando te enteras por internet de los horarios (al césar lo que es del césar: wifi gratis por todas partes y cobertura hasta en la punta de la isla más perdida), apenas sale un barco a primera hora de la mañana y fin. Ir a la isla sur es un deporte de riesgo, porque con un único ferry de vuelta a las 18:30, si te quedas en tierra por tardanza, overbooking o temporal, más te vale llevar una tienda de campaña. Una tienda de campaña con paredes de piedra y cimientos.

Moverse por túneles es curioso: entre la isla del aeropuerto y las dos principales y éstas y la de la segunda ciudad más grande hay pasajes subacuáticos, bien a oscuras para recordarte que la vida es triste y ominosa, bien con luces de after en Ibiza.
No todo en la isla es verde y negro. El túnel a Klaksvik es diviiiiino
Ambos, esenciales para que el turista pueda ver algo más de lo que se recorre fácilmente en dos días, cuestan 15 eurazos cada vez que los cruzas. Seas guiri o local. Lo cual refuerza mi teoría de que los feroreses sólo salen de sus casas para comprar pizza o tocar música con sus amigos (en serio: calculé que el 30% de la población está en un grupo o es familiar directo de un miembro de uno) o, además de interpretar canciones, prepararse para asaltar con drakkars las islas vecinas:

El único grupo famoso del casi-país es de metal vikingo. Viendo a los niños saltar por terraplenes, no me extraña.

Por lo tanto, si no quieres pagar 30 euros para ir a otra isla ni ir al cine a ver mi gran decepción con nuestro amado Paul Feig ni comer en un italiano… ¿Acaso no hay algún museo?

Pues sí. Si lo encuentras.

Porque, en su maravillosa y peculiar forma de entender el turismo, el museo nacional de historia y naturaleza está, como es obvio, en una nave industrial satánica de cemento en una pedanía en las afueras de la capital al lado de concesionarios de coches.
¿Museo o economato del pueblo? ¿O quizá ambas cosas?
En una isla sin apenas edificios de más de dos pisos, con casas de base de piedra y revestimiento de madera pintada con colorines, el museo que debe representar para el visitante la esencia de la nación parece por fuera el lugar en el que un grupo de mafiosos se escondería tras un atraco para cortar orejas y hacer un mexican stand off.

Pero, Paka, diréis: por este texto parece que no te lo has pasado bien. En absoluto, respondo. Ha sido maravilloso. Campo, fresquito y nada del estrés de otros sitios turísticos, con sus colas en los lugares más visitados. Feck: la gran atracción es una isla llamada Mykines que está llena de pájaros frailecillos, y apenas éramos 40 personas en el barco (uno al día, obviamente).
Descansando tras escapar de una gaviota asesina que le quería robar el pescado.
Así que la próxima vez que leáis que algún equipo europeo se enfrenta a Islas Feroe (en el pueblo más inesperado te encontrabas un campo de fútbol), ya sabréis a qué se refieren. También sabréis que se trata de uno de los mejores destinos turísticos que existen para trotar por el campo, mear con todo el mundo viéndote y NO beber en bares ni socializar con persona alguna. Ideal para descansar del estrés, gastar una absurda cantidad de dinero y, si eres mujer, no tener que aguantar a hordas de turistas italianos metiendo ficha sin parar como en el resto de países del norte de Europa.
Sabes que estás feliz cuando posas para una foto como un maricón y te da igual.

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