agosto 2017

Procrastinación. Una palabra que suena a procedimiento médico. El significado de este vocablo, al que sólo le falta toga y una orgía a lo Calígula para sonar más a latín, es un concepto muy querido y odiado por estudiantes de todo el mundo y gente que está sólo un peldaño por debajo en reconocimiento social: blogueros que escriben gratis. En los primeros tiempos de tener la posibilidad de crear fácilmente tu propia web muchos nos lanzamos como Rivera a un pastel de azúcar glasé con ganas de actualizar nuestros blogs con un equivocado frenesí (equivocado porque pensamos que nos traería fama, mujeres, dinero y mujeres). Pero luego llegaron las redes sociales, los hilos de twitter y los grandes medios comprando promoción y llenando todo de click baits. A menudo con artículos mediocres escritos por gente que sí empezaron en la blogosfera y cambiaron de bando en un vano intento de ganar dinero para comer dedicándose a lo que les gustaba y de conocer mujeres.

Resultado: cada vez cuesta más trabajo actualizar. Porque para posts chorras ya está Facebook o El Español. Y, ya que te pones, quieres hacerlo lo mejor posible para distinguirte de los artículos patrocinados en tu muro compartido por sospechosos perfiles de famosos a los que tus amigos les han dado ‘Like’.

¿Todo esto a qué viene? Efectivamente: a que no puede existir un artículo de Vicisitud y Sordidez sin una introducción absurdamente larga y que no tenga nada que ver con el resto. Porque yo soy como los últimos de filipinas y me mantengo firme en mi deber y sorprendido por haber sido absurdamente preseleccionado para los Oscars. Así que aquí os dejo con un artículo postergado durante más de dos años: una nueva secuela de los hechos conocidos por todos que, en realidad, son mentira. Antes de que Adam Ruins Everything me los pise todos:

La quiropráctica no es lo mismo que la fisioterapia

Ésta seguro que os suena, porque viene a ser lo mismo que pasaba con la homeopatía, aunque con una diferencia crucial que comentaré más adelante porque en la era de internet todo escrito debe abstenerse de hacer spoilers.

Hace un buen puñado de años escribí el primer artículo de esta serie al comprobar que la totalidad de la gente que me rodeaba pensaba que la homeopatía era lo mismo que los remedios herbales, cuando en realidad se trataba de una completa estupidez basada en ideas full retarded. Pues lo mismo con esto. Es normal que te duela la espalda y que tu padre te diga: “Niño, ve a un quiropráctico”. Para la mayoría de la gente, ‘quiropráctico’ es sinónimo de ‘fisioterapeuta’, del mismo modo que ‘Donald Trump’ es sinónimo de ‘Racista’ o ‘Alexadra Daddario’ es lo mismo que ‘Diosa de la belleza en la tierra’.
Vicisitud y Sordidez tampoco sería fiel a sí misma sin una foto de la Daddario
Sin embargo, la quiropráctica nace de la misma fuente que la homeopatía. Esto es, el siglo XIX (está bien: la otra es de finales del XVIII, pero como esto está lleno de sapientines, pues aclarado queda). Esto es, tiempos en los que esto de curar funcionaba como un ejecutivo de Columbia: a base de ocurrencias. Un buen señor con todas sus buenas intenciones se inventó, tras mucho pensar sentado en el retrete, que el cuerpo tiene una esencia espiritual (ya empezamos) que se podía manipular con imanes (el equivalente antediluviano a la física cuántica en el vocabulario de los magufos). Tal esencia iba por el sistema nervioso porque... por ahí mismo y queda más bonito que decir “por el intestino delgado”. Así que pensó que las enfermedades se producían por bloqueos de energía en la columna vertebral.

A mí no me miréis. Yo no tengo tanta imaginación para inventarme estas polladas.

Por lo tanto, lo que había que hacer era toquetear la columna y así todo fluiría como litros de cartojal en la feria de Málaga. Ahora estaréis pensando que la columna es el segundo lugar del cuerpo que menos os gustaría que os manipularan sin saber qué se está haciendo. Y ahí está el problema. Si bien mover una vértebra no bien alineada no te va a curar una úlcera o la eyaculación precoz (para eso sólo sirve una foto de Esperanza Aguirre), sí que puede hacerte pupita que te deje bien jodido. Vamos, como todo tratamiento, pero con la crucial diferencia de que con el quiropráctico te estás poniendo en peligro por absolutamente nada.

Pero ahora viene la diferencia crucial con la homeopatía: la quiropráctica se ha diluído (See what I did there?) y roto en varias ramas. Incluso ha evolucionado y adoptado conocimientos de anatomía modernos. Los hay que siguen como en el XIX y los hay que mezclan chorradas espirituales con fisioterapia. A éstos les digo con respeto: MADURAD, COÑO, Y DEJAD DE CREER EN POLLADAS

Luego están los reformadores, que dicen que lo que se propugnaba en los inicios era una idiotez y básicamente hacen fisioterapia. A éstos les digo con respeto: ¿PARA QUÉ COJONES TE LLAMAS QUIROPRÁCTICO? Para eso, diplómate en fisioterapia. Es un sinsentido como ser arquitecto y llamarte ‘Mago de los ladrillos’ o ser programador informático y llamarte ‘Seductor Follador’.

La endogamia no implica necesariamente hijos con problemas de aprendizaje

A todos nos ha ocurrido: tenemos una prima que está buenísima, pero no podemos follárnosla. Primero porque no se deja. Y segundo, porque entonces miramos a los borbones y comprendemos que hacer cosas feas en familia da como resultado gente con problemas cognitivos a la hora de firmar papeles.
O directamente tontas
El cine nos ha enseñado además que si vas a sitios remotos, probablemente acabes teniendo competiciones de banjo con el hijo de Cletus y que acabes siendo violado sin piedad.
Luego me iré con unos amigos marroquíes, que hay una burra muy sexy

Sin embargo, esto no es del todo exacto. Engendrar con parientes cercanos lo que aumenta es la posibilidad de perpetuar enfermedades hereditarias, con el consiguiente empobrecimiento de las comunidades endogámicas, pero no necesariamente retrasos mentales. En la India, por ejemplo, se dan numerosos casos de enfermedades neuromotrices o diabetes debido al repugnante sistema de castas. Repugnante porque todo lo que prohíba follar con quien se quiera me parace espantoso. Hay que follar más. Por favor. Mi número de teléfono es...

Crujir los dedos no causa artritis

Hay mucha gente a la que le da grima escuchar un crujido de dedos. Yo puedo hacerlos indefinidamente y a voluntad con los de los pies y sin necesidad de usar las manos. Es muy importante saber hacer cosas con los pies, puesto que nos acerca más que ninguna otra cosa a parecernos al mono Clyde, modelo aspiracional de todos nosotros:
El actor más infravalorado de los 70 al lado de un señor que dirigió unas cuantas pelis
No es raro escuchar a gente que te avise sobre el peligro de crujir las articulaciones y cómo puede acabar en artritis del mismo modo que hacerte pajas culmina en ceguera. Es sabiduría popular.

Pues no. Los nudillos tienen un lubricante con un nombre que causa el terror de forever alones del mundo: el sinovia.

Por favor, matadme por este chiste antes de que transmita mis deficiencias genéticas.

Cuando crujes los nudillos, el fluído tiene que rellenar espacio que dejan los huesos que has separado. Esto hace que baje la presión del líquido y varios gases forman burbujas. Al explotar, pues eso: CRACK. Esto se suele identificar con la artrítis, pero no tiene nada que ver, dado que esta enfermedad se produce cuando el sistema inmunológico ataca las articulaciones inflamándolas.

Esto sí: como todo en esta vida, desde beber demasiado vino o leer VozPópuli, es mejor tomarse el jueguecito con calma, porque quizá pasarse crujuendo demasiado podría dañar las articulaciones. A lo mejor. No hay datos concluyentes que yo haya encontrado. Lo mejor para calmar la tendencia a no estarse quieto es comprarse un spinner. Así además te sientes más joven y la gente en el metro no se sentará a tu lado ante el temor de que seas un señor con síndrome de Peter Pan o, directamente, un retrasado.

La tortura no funciona

Vamos a meternos en camisa de once varas. Bueno, no, que no estamos en un tebeo de los Golfos Apandadores. Más bien en pijamas naranjas guantanameros. Todos los que vimos series en los pasados 10 años sabemos de lo que se trata: Jack Bauer tiene que salvar al presidente, a su novia o su colección de condones de colores usados. Yo qué sé. Nunca fui muy fan de ‘24’ a pesar de ser una ficción que entendía que el derechismo bien entendido favorece la acción (¡pareado intencional!). Pero esto de la realidad tiene la manía de no ser muy cinematográfica tanto por defecto como... por defecto también (lo de la presidencia de Trump lo pones en un guión y nadie se lo cree).

Cuando te torturan eres capaz de decir que mataste a Manolete, disparaste sobre Kennedy y le diste la luz verde a la producción de Alatriste condensando todos los libros en dos horas de peli. Pero la realidad es que las confesiones conseguidas por tortura no son fiables. Es mejor obtenerlas sin retorcerle los huevos a nadie. Ofreciendo cosas: beneficios para la familia, buen rollo y una caja con todos los discos de Abba. Porque sólo las malas personas odian Abba y eso es un hecho indiscutible.

Como siempre os comento, no creáis lo que leeis de cualquiera, sobre todo en un blog llamado ‘Vicisitud y Sordidez’. Investigad por vuestra cuenta, puesto que así asimilaréis la información mejor, con más matices y sin chistes de caca. Pero como esto de torturar es algo muy feo a no ser que sea consentido, incluya penetración con strapon y palabra de seguridad (la mía es ‘Endoscopia’, aunque seriamente creo que debo cambiarla), os voy a decir la fuente de este apartado: el “Senate Intelligence Committee report on CIA torture”. Vamos, la página de wikipedia que la resume, que no estoy yo como para comprarme y leer un libraco sobre estas cosas feas teniendo pendiente todavía ‘Tres Enanos y Pico’ de Ángel Sanchidrián.

Depilarse el potorro no es más limpio, sino todo lo contrario

Como blogger censura, voy a poner la imagen de mi otro conejo favorito

Ésta no es una creencia tan extendida: la mayoría de la gente lo hace por ideal de belleza. Esto es: por haberlo visto en el porno. Tomar este subgénero como guía estética es como basar tu vida en los cuadros de Ronnie Cutrone. Pero no entremos en el tema de creerse que el porno es algo real. Vamos a lo que importa a gente obsesiva compulsiva:

Infecciones.

Al igual que lo de cortarse innecesariamente trozos de prepucio (algo que se hace por imposición religiosa activa o imbuida en tradición social) aunque la gente diga que es ‘por higiene’ en realidad es por moda. Sin embargo, según la Asociación Estadounidense de Medicina, un 59% de las mujeres dice hacerlo por motivos de limpieza.

No, joer, no. Ese pelo está ahí por algo. En el caso de Ruth Gabriel en ‘Días Contados’, para aterrorizarme en mis pesadillas durante más de una década. Pero tengas cortinilla anasagasti púbica o potorro afro, el vello púbico es una barrera contra infecciones. Que lo que hay ahí es una zona húmeda. Mucho más en el caso de que Idris Elba te diga ‘¿Hola, qué tal preciosa?’. Quitarse el vello no tiene beneficios para la salud a no ser que sea evitar pillar piojos. Cosa que no he visto en mi vida, pero ahora mismo me voy al baño a potar, puesto que la imagen me acompañará también en mis pesadillas junto a haber visto ‘Días Contados’.
Yonkarrismo Chick
Afeitárselo, sin embargo, es harina de otro costal. Aumenta la posibilidad de infecciones con bacterias o virus. Por no hablar de pelos enquistados y la consiguiente posibilidad de problemas que te dan un poco que igual en otra parte del cuerpo, pero que NO quieres tener en zona húmeda. Recordemos, además, que dicha área mojadita está muy cerquita del ojal. La posibilidad de que la porquerida anal pase a las partes de diversión está ahí, y QUIERES tener algún tipo de protección.

Qué maravilla de diseño, los seres humanos. Entre esas dos áreas deberíamos tener also así como el Abismo de Helm, pero la evolución nos ha hecho contentarnos con unos pelos que inteligentemente no quiere eliminar. Quien diga que un dios nos hizo así del tirón es que cree firmemente en un ser todopoderoso tarado con ganas de cachondeo y trolear a sus inferiores. Algo que habría apoyado hace años en este blog, pero ahora que existe Trump President, me lo estoy pensando.

Edison no inventó la bombilla

Ésta es muy simple: Para que nos entendamos, Edison era más un Menahem Golan que un Sam Firstenberg.... si Menahen hubiera firmado todas las películas que se hacían en la Cannon y hubiera ocultado a los verdaderos creadores. Vamos: que era un productor con un gran plantel de curritos creativos a los que soplarles las ideas y que ya ellos se lo curraran. Era, sobre todo, era empresario que comercializaba cosas a precios razonables.

En el caso de la bombilla, se trata de uno de esos inventos que no salen de la nada.

Esto es: TODOS.

La imagen del inventor loco al que se le ocurre una genialidad suele ser falsa. Lo normal es experimentar sobre descubrimientos anteriores o incluso que se producen en paralelo. Que se lo digan a los Lumiere y… bueno: a Edison. Y Wordsworth Donisthorpe. Y Louis Le Prince. Y William Kennedy Laurie Dickson, que es al pobre al que Edison le robó la idea del Kinetoscopio.  Pero ese es otro tema. El caso que nos ocupa es que la bombilla, quizá el invento más famoso del americano chungo, no es invento suyo. Ya había bombillas primitivas a principios del XIX (se podría decir que el concepto es del mismísimo Volta, aunque la primera lámpara eléctrica hay que apuntársela a un tal Humphry Davy y la primera bombilla a un relojero llamado Heinrich Göbel). Edison lo que hizo fue investigar más sobre los avances de los anteriores setenta años según investigaciones recientes de los señores Woodward y Evans (a los que les compró la patente para que no le tocaran los mondongos) o, sobre todo, Joseph Swan, al que no conoce nadie porque no le dedicaron un episodio de Los Simpsons en el que Homer hace el idiota (o sea, otra vez: todos).

De todo se puede sacar una referencia en los Simpsons. DE TODO.

Lo que sí hizo Edison fue crear, asociándose con Swan cuando vio que no había manera de robarle la patente, una bombilla comercialmente viable. Vamos: que inventó un filamento que duraba más que los demás (y otras mejoras más, que ya estoy escuchando a los calculines escribir en los comentarios). O, conociendo su historia, vaya usted a saber si le pilló la idea a alguien de su estudio.

Las posturas de yoga no son milenarias

Si esto de poner posturas curiosas y mantenerlas un rato mientras se escucha sitar se lleva haciendo desde casi el inicio de la historia, es porque ha de ser bueno por cojones, ¿no? Pues no. Bueno es, pero no porque sea milenario.

Las filosofías yogui (no hacer chiste obvio… no hacer chiste obvio) se originaron hace cuatro mil o cinco mil años. Pero las posturas no. En textos antiguos se recogen algunas, pero son pocas y referidas a meditación sentado o tumbado. Nada de saludos al sol, el árbol, el perrito o cualquiera de todos esos nombres que parecen posturas sexuales más divertidas que hacer estiramientos glorificados. El yoga como ejercicio apenas es más viejo que la Guerra de la Independencia Española.

¿Cómo se popularizó en Occidente? Pues muy muy hacia el oeste. Concretamente en la cuna de todas las modas chorras: Hollywood. Fue Indra Devi, una letona muy echá palante, que se fue a la India por gusto (hay gente para todo y con estómago potente) y aprendió filosofía yoga y ejercicios que llevaban eleborándose desde hacía bastantes décadas. Con todo esto, fundó una academia para actores buscando sentirse más interesantes. Greta Garbo fue una de sus alumnas. Y lo que es bueno para la Garbo era bueno para el mundo. Por lo tanto, aquello empezó a crecer y hasta hoy hemos llegado: con personas que me dicen que me meta en yoga para eliminar el estrés aproximadamente una vez por semana desde hace una década. Yo lo haría, pero soy más de no follar. Pero imaginármelo muy muy fuerte, que debe de ser lo mismo. Espero.

Eso no quiere decir que las posturas de yoga sean inútiles. Son buen ejercicio para estirar los músculos y realmente ayudan a relajarse si se hacen bien y se controla la respiración como cualquier otro tipo de deporte. Pero no digáis que es bueno porque es milenario. Nada es bueno por ser viejo. Excepto Chiquito de la Calzada. Él es mejor que cualquier otra persona, cosa o postura sexual.

La Gran Muralla China no se ve desde el espacio

Ésta es de esas leyendas urbanas que está tan extendida que no me puedo creer que todavía no la haya publicado en esta serie. Quizá sea porque no es muy divertida de rebatir. Simplemente no se vé. Punto. Ya. Es una leyenda urbana que data de antes de la exploración espacial.

Bueno, no. Hay un detalle gracioso asociado. ¿Sabéis qué es lo más fácil de ver desde la Estación Internacional, aparte de algunos puentes y carreteras largos y las pirámides si miras bien? Amijos, hay una construcción humana que se ve de puta madre. Es fea de cojones. Está en Esppppaña. Han hecho una serie sobre ella.

Efectivamente: Es EL MAR DE PLÁSTICOS DE ALMERÍA. Lo primero que contemplarán los extraterrestres será posiblemente lo más feo que he visto en mi vida. Preparaos para nuestra destrucción total. Con razón.
Ahí en medio fui a una boda. Comprended mi depresión.
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No os sorpenderá saber que la mayor parte de las veces que escribo para Vicisitud y Sordidez suelo colar en los textos sibilinamente temas que me rondan la cabeza o me preocupan en ese preciso momento, independientemente de si estoy hablando de escepticismo, cine, nostalgia o, por supuesto, caca. Videofobia no es una excepción. Si bien el modus operandi es reunirnos, hablar de munheres, elegir una peli, hablar de munheres, elegir otra, cotillear, ver la peli y tomar nota de los chistoides mientras hablamos de muheres, la estructura o el tema global se pueden ver afectados por lo que pasa en el mundo. Y por 'mundo' quiero decir 'mi burbuja de redes sociales'.

Así que aquí estamos con el tema de la corrección política. Hablando, jatétú, de algo tan tonto como la primera adaptación de los personajes de Escobar (que normalmente va acompañado de 'MAESTRO' si esto se lee en cualquier página sobre tebeos). Esto es: la buena. La que nos dio pesadillas en la infancia cuando fuimos por error al cine. Y los que no cayeron en la trampa o aquellos de generación posterior, preparaos para un festival de la vicisitud. Pero mucha vicisitud. Tanta que, cuando la estábamos viendo en la CutreCon, le dije en voz baja a Oso: "¡Los 125 euros mejor gastados de mi vida!". Esa es la grandeza de enta ovra. Nuestra primera reseña de una comedia. Creo que no volveremos a intentar otra en mucho tiempo.
La pedazo de Banda Sonora que suena todavía en vuestras pesadillas


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Aquí Paco Fox: El equipo del blog está de vacaciones. Pero, mientras tanto os dejo con un colaborador: Legolás Tú Tendrás, amorcito de Cava Baja, a la que conoció en una proyección de cine cutre (esas cosas pueden pasar, por lo que siempre tendréis esperanzas), y señor que una vez fue a ver ‘Las Dos Torres’ disfrazado de Raistlin de la Dragonlance porque a tomar por culo el raccord:

Hay algo bello en el hecho de ser joven. Es decir, no sólo en el asunto de no comerse un rosco y alardear de ello con falsa dignidad, que también. La juventud suele ser la edad en la que uno carece de filtro, sobre todo con el consumo de ocio. Rara vez a un adulto consciente y cabal le oirás decir “pues me falta una novela de Thomas Covenant para terminar la saga”, o le verás volver a casa de fiesta a las cuatro de la mañana un sábado y exclamar: “joder, El Manantial de la Doncella, me quedo viéndola mientras se me baja el pedo”. Pero a los jófenes y las jofénas de bien, sí. Es esta particularidad del pensamiento juvenil la que prefigura muchas de las vicisitudes que luego definirán el carácter en la vida adulta. Porque ¿a quién no le ha ocurrido algo parecido en su adolescencia?

No hacía falta que levantaseis todos la mano, pillo la indirecta.

El caso es que los veranos en el pueblo cuando era pequeño siempre estuvieron marcados por la lectura. Bueno, por eso, y por las adolescentes que iban a la piscina en bañador, pero eso es materia de otro post mucho más turbador (SEE WHAT I DID THERE?). La temporada estival era el momento en el que podías quedarte toda una tarde enganchado a un libro con la misma interacción social que camaleón disecado. En esos años cayeron obras magnas del género de terror: esa copia de El Exorcista de Blatty en edición de Plaza y Janés del 74, rústica en cuatro colores, impresa sobre papel de lija sepia, tipografía Courier New tamaño 9. O esa maravillosa novela gótica llamada It, de nuevo perpetrada por P&J, 1215 páginas de libro “de bolsillo, pero sólo para el culo de Ser Gregor Clegane”, pergeñada por el único señor famoso que vive en Maine. Ah, los buenos tiempos.

Pero como dice el refrán, “una de cal y diecisiete de arena”. Como no puede ser de otro modo, algún finstro te comías. Si no, que le pregunten a Cava Baja. En mi caso, las experiencias literarias sórdidas son, como mucho, carne de cañón para el olvido. Pero no todas, queridos parroquianos… no todas estas obras están llamadas a desaparecer en la noche de los tiempos.

Hará como diez años, echando un ojo al juego de rol Trail of Cthulhu en su sección de lecturas recomendadas como ambientación porque por aquellos entonces tenía el dulce abandono del Héroe de No Follarás en la Vida ™, me encontré con el párrafo siguiente:

"Las novelas de "Magia Negra" que Dennis Wheatley hizo como churros en los años 30 y 40 son, si cabe, más escabrosas (y casi tan racistas como las de Sax Rohmer), pero presentan un fuerte contexto dramático sobre la idea de que la maldad política (el nazismo en Strange Conflict y en Fuerzas Oscuras, el comunismo en El Talismán de Set y en Magia Negra) recurre a la maldad sobrenatural (el satanismo)".
Dennis Wheatley de Borbón Dos Austrias Inbred Upperclass Twit of the Year
Otra vez en la encrucijada. Como aquella vez con Lodoss War, descubría el testimonio de un onvre de jrande sabiduría, un iluminado… o un John Waters de la vida, que sabe que trolear en el fondo son dos días. Y aquí un servidor ¿cómo podía reconocer ese diamante en bruto de la novela grande, la que sirve para entretener y envolver pescado a la vez? Pues porque conocía ya la obra del afamado sr. Wheatley. ¿Queréis que os cuente cómo la descubrí?

Veréis ¿recordáis esa escena en The Ring, cuando Nanako Matsushima se registra en el hotel de montaña donde han muerto los chavales que abren la trama de la película? De repente, ve en un estante una cinta de vídeo sin rotular, y súbitamente la imagen se emborrona y suena un acorde ominoso de violín.

Pues más o menos así encontré Magia Negra de Dennis Wheatley en la estantería de la casa de mi pueblo.

Pensadlo bien. Verano. Una novela de terror. La madurez mental de un cacahuete tostado. Las horas pasaron ligeras en la compañía de esta joyita. Hasta que llegó el momento de la Revelación, pero… me estoy adelantando. Vayamos poco a poco.

Mis primeras palabras de agradecimiento cuando hablamos de Magia Negra van dirigidas, si no al emérito traductor don Alfredo Castillo Dibildox, sí a la editorial Novaro, que tuvo un ataque de genio editorial y comercial al reconocer que el título original de la novela (The Haunting of Toby Jugg, algo así como Las Apariciones de Toby Jugg) daba tufillo de naftalina a novela del siglo XIX, y decidió renombrarla como Magia Negra, segmentando mejor su nicho de mercado y cambiando así un spoiler menor por un spoiler mayor, pensando que si hacía el mismo truco que con Rosemary’s Baby de Ira Levin, quizás la novela obtuviera así el favor del público.

Pero entremos en materia. El emérito Toby Jugg es, en esencia, un WASP de la Segunda Guerra Mundial. Veintiún añitos, guapetón, un futuro prometedor como continuador del legado industrial de su familia; como Batman, pero con sus padres vivos. Y al niño no se le ocurre otra idea brillante que irse a la guerra, porque él es un británico comprometido con su país. Además, se va de piloto, que es lo que mola, que se ha visto Dunquerke y ha sido su fandefurius. En un completamente inesperado giro de trama, su avión es golpeado por fuego enemigo durante la Batalla de Inglaterra y él queda inválido y con un síndrome de estrés post traumático king size. El chaval se ha ganado su medallita de veterano de guerra, no siente las piernas, y es llevado a casa a curar sus heridas. Su familia, para más inri, toma una decisión de guion todavía más inesperada y completamente desesperanzadora que habla del profundo contexto social de la novela: lo envía a descansar en una vieja mansión ¡en Llanferdrack, en GALES! Ahí es donde sentimos la primera simpatía por el joven Jugg y la primera señal de que su destino está marcado por la chunguez.
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Dentro de la mansión, reciben al joven Jugg con los brazos abiertos, en especial el doctor Helmuth Lisicky, que era uno de sus profesores cuando pasó su juventud estudiando en Weylands Abbey. El colegio tenía este pegadizo eslogan Crowleyano: “Haz lo que quieras será toda la ley”. Guiño, guiño. No vaya a ser que sospeches qué hace un alemán en el Reino Unido en periodo de entre guerras. Bajo la batuta de Lisicky, el niño salió ateo, amoral, y del Betis.

Como el joven Jugg se siente súper solo durante su convalecencia, decide redactar un diario personal para echar los ratos muertos entre colonoscopias y pajas. En él, recoge las experiencias paranormales que le acontecen: durante las noches de luna llena, a través de las ventanas, atisba apenas la sombra de una araña gigante que ronda el exterior de su estancia. Jugg, que aunque era de cole privado tiene estudios, comienza a sospechar que quizás el que la mansión se haya reconstruido sobre parte del antiguo castillo en ruinas a orillas de un lago puede tener relación con esa presencia ominosa que le visita.

Más tarde, Jugg descubre, con mayúscula sorpresa, que el doctor Lisicky odia profundamente a su familia desde hace años y que su objetivo es convertirse en albacea de Toby para desplumarle. El maléfico doctor tiene controlados a través de “ciertos poderes” al resto del servicio de la mansión, convirtiendo a Toby en prisionero en Llewelyndavies. El joven, que es espabilado, encuentra en la biblioteca de la mansión un libro del “curso CCC de hipnotismo”, se lo estudia y trata de anular el control mental que Helmuth mantiene sobre las enfermeras, pero no se lo aprueban porque no ha hecho el curso puente en la universidad y porque no se llama Felipe Juan Froilán de todos los Santos. Total, que no le sale la tirada de control mental, y no consigue beneficiarse a una sola enfermera, que era de lo que se trataba al fin y al cabo. La araña, cada diez páginas, sigue apareciendo y dando mal rollo, que es para lo que la han contratado, e intenta hacer un cásting para otros papeles de más registro, pero al final se encasilla y la cogen para Stranger Things 2.
Aquí viene el enema... quizir, la trama

Por esas calendas, entra al servicio Sally Cardew, una enfermera cubriendo una baja por satanidad, de la cual Toby se enamora. Cuando consigue confiar plenamente en ella, algo así como dos páginas más tarde, él termina confesándole sus miedos sobre Lisicky y la valiente Sally promete protegerle. En una escena de gran corte dramático, Sally le ayuda a defenderse de Julia, una de las enfermeras más mayores, que le quiere echar droja en el colacao al enfermo. Súbitamente, Julia fallece de un ataque al corazón y el pérfido doctor Lisicky aparece en escena para aprovecharse de la situación y desvelar sus cartas: él pertenece a un grupo satanista. Pero ahí no termina la cosa, queridos míos, porque ese giro en el año 48 ya estaba muy visto. Hay que apuntar más alto.

La cosa es que Helmuth, en un tono un poquito lastimero, explica que lo del satanismo ya no da de comer como antes, que la vida está muy cara, y que con tanto capillitas europeos, creacionistas norteamericanos y ateos fans de Richard Dawkins, no hay satanista que se pueda ganar el pan con dignidad para dar de comer a sus pobrecitos sectarios. Pero Lucifer, que tiene olfato para el negocio y el azufre, ha encontrado una manera de subsistir: mantener el perfil bajo, disimular mientras silba…
E inventarse EL PARTIDO COMUNISTA, donde pueden seguir como siempre sin miedo a que nadie les reconozca.

Sí.

Eso es.

En realidad, la novela iba de eso. Que en condiciones normales, podríamos dejarlo aquí. El niño con la conciencia política de un caracol de campo que yo solía ser pudo haberlo dejado. Abrir una botella de Bitter Kas, arreglar el mundo desde el bar o sofá casero más cercano, pontificar y olvidarnos. Pero es que la cosa sigue.

Tras la revelación, Lisicky, que le ha echado el ojo a la Cardew, le dice a esta que si quiere mantener su contrato tras la baja, que le tiene que entregar a él su virginidad (se ve que en Alemania las cosas van de otra manera) durante la próxima misa negra y a Jugg, que si no firma la cesión de todos sus bienes, acusará a la Cardew ante las autoridades por la muerte de la enfermera Julia. Jugg, que ve el cielo abierto al descubrir que la enfermera es virgen, firma con sangre la cesión de todas sus almas y parte de sus cabras con la esperanza de pillar cacho.

Total, que se van acabando las páginas y uno de los secuaces le recuerda a Helmuth que como no celebren la misa negra se termina la novela y a ver qué hacen entonces. Todos acuden a los sótanos que hay bajo las ruinas del antiguo castillo, que ahí tiene mucho más efecto dramático, dónde va a parar. Para el sectario anónimo que lleva al joven Jugg, es un rollo empujar la silla de ruedas por las escaleras de piedra, pero lo hace con dignidad, y el resto aprovechan para cambiar la ropa de temporada en el armario y sacan las túnicas de invierno para no coger un frío. Helmuth es fan de los discos de Moody Blues y se decanta por vestir “one robe of white satin”. Para que no falte la parafernalia, ambientan la misa negra con musicote de los Rametep Brothers, y así comienza el Summer Satanic Castle Lake Festival Second War 1945.

Un destello de humanidad se perfila en la figura trágica del joven Jugg y como buen agnóstico de medio pelo, reniega de sus creencias y ante la inminente llegada de la muerte, eleva su oración hacia el Altísimo, rogando a la Virgen y a todos los Santos por una muerte piadosa. Pero Dios se acuerda de sus siervos. Sí, también de los ingleses. Sí, de los ateos también. Incluso de los del Betis. Y no va a dejar desamparado a Toby en medio de esa caterva de mala gente. Así que, haciendo uso de su inextricable manifestación preferida (el Deus Ex Machina), tan tradicional de la literatura de saldo en los mercadillos, alza al joven Jugg de su silla de ruedas devolviéndole no sólo su feroz masculinidad, sino también las ganas de matar nazis comunistas satanistas, que es de lo que va esta novela, ¡hombre ya!. Hercúleo, bello y sexualmente funcional, el apolíneo Jugg utiliza sus poderes contra los sectarios, friendo telepáticamente a la Araña con grabaciones del Rosario de Juan Pablo II, dando mandanga de la buena a los sectarios y rescatando a la encantadora enfermera Cardew. Dios Todopoderoso, que no se ha querido perder la fiesta y echa de menos los buenos tiempos del Deuteronomio, se suma a la fiesta lanzando un rayo contra la caverna, el cual perfora el muro que conecta con el lago, tras lo cual la sala sacrificial se inunda antes de derrumbarse y, mientras que nuestros héroes escapan por una escalera de piedra, todos los sectarios de Satán mueren ahogados. Es un justo final para los que celebran rituales con ropajes blancos y signos del zodíaco bordados en negro los martes 23 de junio cuando tus vecinos todavía no han segado el pasto en su prado y tú alojas a un minusválido en tu casa para robarle.

Como Wheatley era fan de Nolan sin saberlo, y no le gusta que se queden cabos sin atar, Sally y Toby encuentran el documento que este último le firmó a Helmuth cediéndole Llanderfeck y lo destruyen, porque de qué sirve desmontar una conspiración comunista satánica si luego no dejas los papeles en orden. Ni que la coherencia interna fuera para los débiles.

¿Fin de la historia? Ojalá. La novela termina ahí, y el lector mantiene un dolor anal duradero por un asalto sexual no deseado. Pero las novelas siempre sueñan con su pequeño momento de éxito cinematográfico. The Haunting of Toby Jugg no es menos. Es posible que parte del argumento os resulte familiar si sois merecedores fans de Crepúsculo. Esto se debe a que ¡tiene adaptación a la televisión! ¡De la BBC!

En el año 2006, la BBC pagó una adaptación parcial de la novela (El aviador embrujado,  The Haunted Airman, Chris Durlacher, 2006) con un reparto estelar. En el papel de Toby Jugg, tenemos a Robert Pattinson en estado de gracia, como pocas veces se le ha visto: sólo medianamente interesado en interpretar. Su gran enemigo tiene el rostro de Julian Sands, retomando esos papeles de brujo carabanchelero que tan buenos momentos nos regaló en Warlock, aunque el exceso de corrección política convirtió al Dr. Lisicky en el Dr. Hal Burns y toda la trama satanista comunista en una ensoñación del propio Jugg, que en realidad estaba mal de la cabeza, y termina matando él a la pobre enfermera que le ama (¡ERA ÉL!). Quizás fue una lección del destino por no atreverse a adaptar el material original, en toda su jrandeza.

Sí, hamijos. Enfermeras jamelgas. Monstruos gigantes. Doctores alemanes comunistas y satanistas. Milagros. Pero… ¿esto era Magia Negra, o Kárate a Muerte en Torremolinos?

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