2018


“El día que muera Stan Lee va a implosionar Internez”, me decía no hace tanto Paco Fox. Y ese día llegó y la gente sigue pendiente de sus chorradas diversas, desde si un Kleenex rojigualda justifica una invasión ecuestre de Andalucía o si llevamos la tontuna posmoderna a sus últimas consecuencias (i)lógicas y reivindicamos que se nos considere unicornios en la sección “sexo” del DNI (o, mejor aún, fijar Gallifrey como nuestra residencia fiscal).

Por ello, en un humilde minipost, en ente su vlog de usarcedes, queremos dedicar no un minuto de silencio sino unos pocos párrafos de gilipollez al tío Stan (más que nada porque eso de un servidor guardando silencio es un prodigio de los efectos especiales que solo aconteció en una secuencia de ‘Cinebasura: la pinícula’ ¡aprende, Industrial Light & Magic).

Aquí no aspiramos a resumir la carrera y Jrandeza de Stan The Man. Lo primero: no me apetece escribir tanto, ni consultar la Wikipedia ni reconocer abiertamente que siempre fui más de Claremont/Sienkiewicz que de Lee/Ditko, que pasé olímpicamente de los Vengadores y devoré los mutantes, que cuando Stan reaccionó contra el rojerío contracuntural creando a su héroe Randiano (Iron Man: nunca un bigotón y una armadura molaron más y un tebeo moló menos) yo era más de Neal Adams y los izquierdismos de Denny O’Neal… Vaya, ya lo he reconocido todo y me da pereza borrar texto. Y, respecto la JRANDEZA de Stan… hostia, qué gilipollas hay que ser para pretender juntar palabras que estén a su altura. Habría que ser TAN pedante como… yo qué sé, un infraser como Javier Marías. Pero, en ese momento, todo aquel que se convierta en Marías se creerá más importante que el tío Stan y hablaría de su ombligo y de cómo la sociedad no le come el nardo todo lo que debería.

Y eso sí que no. Mejor poner un vídeo de Stan sobrándose con lo peor del cómic noventero (Liefeld fue todavía más nocivo para los superhéroes que Korn para el metal):


Así pues, como fizimos en el caso de un Titán superior que trasciende nuestras miserias humanas (Chiquito de la Calzada, claro), no queda otra que entonar un “todos somos contingentes, pero tú eres necesario”. Y, de paso, contar una chorradilla freak que intente resumir lo que significó Stan Lee en esa etapa de la vida en la que no follar y no saber vivir en democracia hace que practiques el noble deporte del salto de trampolín sincronizado a las simas más profundas del frikismo.

En mi caso, se trataba del programa radiofónico sobre cómics ‘Arte Alfa’: en una época en la que no existían los podcasts ni iVoox, lograr que los jesuitas te dejasen un espacio en su emisora Radio Ecca era una toda una heroicidad. Y algo que convocaba a todo el frikismo vighés las tardes de los domingos para escuchar a un grupo de finstros despellejar las novedades de la semana.

Y vaya que sí quedó finstrismo terrorista para el recuerdo: desde escuchar al que hoy en día es el líder de En Marea en Vigo proclamar su amor por los tebeos de ‘Hazañas bélicas’ y de cómo los recreaba a veces con su perro Líster, a relatar cómo pasar una noche velando una espada en el monte de O Castro lograría que ligases a una depravada que se afeitaba las cejas (y que no vería homosexualidad en que dibujases cómics de tíos melenas llevando espadas como penes). Todo, por supuesto, salpimentado con mucho punk, garage - el por qué poníamos siempre 'I Don't Wanna Be a Homosexual' de los Sloppy Seconds después de cada reseña de Rob Liefeld es algo que todavía no ha hallado una explicación lógica - y también un poco de metal , que es lo que tenía que nuestro programa fuese detrás de ‘Thrash do metal’ del jran Panizo y del despiporre punk rock que hacían Pepito Gumball y su novia Belén, auténtica New York people con la entrada vetada en la mitad de los garitos de Vigo, y capaces de frases como “Si Cristo volviese a resucitar, yo lo mandaba de vuelta a la tumba a hostias por jipi ¿Pero a dónde va con esa pintorra?”. Las ciudades portuarias es lo que tienen, amighos.

Todos los programas terminaban, en la temporada estival, con cena y cañas en el mítico bar Eco’s (ese ámbito abierto las 24 horas, lo cual, en Vigo, implica lo que implica, y que ya conté en este post). Por supuesto, todo estaba capitaneado por nuestro maestro y mentor, el simpar guionista Carlos Portela: de hacer obras maestras del cómic como ‘Impresiones de la Isla’, pasó a ser O Doutor TNT en Xabarín Club y, hoy en día, es responsable de muchos de los mejores guiones de la ficción televisiva esP-P-Pañola y de que la musicaza que escuchasteis en ‘Fariña’ fuese tan cool (si aún no habéis gozado como gorrinos con ‘Fariña’ es mi deber avisaros que CUALQUIER producto audiovisual que hayáis consumido ha sido una miserable pérdida de vuestro tiempo).

Y ahora es cuando, por fin, llegamos a la parte de Stan, batiendo todos los récords de preámbulo demencial de ente volg.

El caso es que Portela, en su calidad de autor, tenía invitación para el Salón del Cómic de Parchelona de aquel año. Y no era un año cualquiera: el invitado de honor iba a ser Stan The Man. Creo que ese día se inventó la palabra “hype”. Y se volvió a inventar el chopped y el thrash metal, por aquello de hacer que el momento fuese todavía más ÉPICO.

Así pues, en la tertulia del Eco’s de aquella noche, se imponía el debate clave: una vez estés con Stan… ¿Qué hacer? ¡Porque una firmita en un cómic y una foto NO iba a ser suficiente!

El plan maestro urdido por Portela no tenía fallo alguno: el objetivo era pimplar vilmente al tío Stan, aprovechar así para traérnoslo a Ghalisia y que nos montase una editorial de cómics que lo petase. En aquella época, en la que los debates PP-PSOE del parlamento gallego eran entre Antolín Sánchez Presedo y Manuel Fraga, el traerse a los autores Joe Presedo y Dan Fraga para hacer los cómics de mutantes de la X-unta parecía una idea sumamente cabal. Pero… ¿Cómo lograr pimplar adecuadamente a Stan?

La opción era evidente: licor café. Y la frase, dicha en el mejor inglés de José Luis Garci, la siguiente: “Están, están, dis is licor café. Drink, drink… ¡Excelsior!”.

Y, así, el señor que nos dio, con el universo Marvel, los cimientos del 90% de nuestro frikismo, terminó de completar el tejado de la casa dándonos una ilusión por el futuro. Aunque dicho futuro fuese la intoxicación etílica por licor café. Porque no hay mejor forma de cerrar el círculo.

Por supuesto, el plan no fructificó: la visita de Stan fue una absoluta decepción. El tío Lee andaba absolutamente perdido, fuera de lugar y sin interactuar prácticamente con nadie. Ofrecerle el licor café no fue jamás una posibilidad, ni para nosotros ni para José María Aznar disfrazado de Capitán Hispania (hala, tomad imagen para vuestras pesadillas).  Pero, aún así, tal vez eso fuese lo mejor, porque... ¿Qué habrá más perfecto que pensar en la maravilla que podría haber sido?

Desde aquel día, en mi santa casa, siempre decimos “¡Excelsior!” al brindar con el licor café que elabora mi santa madre. La cual viene a ser todo un amoroso homenaje a esa época en la que el frikismo fue lo único que nos permitió sobrevivir. Y que también viene a ser mi señor padre mostrando infinita tolerancia con las gilipolleces de su hijo. Y con Paco y Nieves llevándose una botella de licor café a su vuelta a Madrid. Licor que, automáticamente, pasaba a su nevera y a llamarse “Excelsior”.


Quién sabe, tal vez el 3D de Stan que siga haciendo cameos en las pelis del Universo Marvel termine recalando en Ghalisia y monte una editorial para los finstros millenial: porque el futuro no tiene por qué dejar de ser esperanzador. Y porque el frikismo seguirá siendo lo único que permita sobrevivir y ser felices a los finstros de las siguientes generaciones.

Y, después de vaciar mi alma contándoles esta gilipollez y lo que ha significado Stan Lee para un servidor solo me queda, al igual que en ‘El sentido de la vida’ de los Monty Phyton, el momento de lucidez en el que digo “Sí, no es una gran filosofía pero… Fuck you! ¡Es mi vida y hago lo que quiero con ella! ¡Galicia Calidade!”.

‘Nuff said.

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Sí: otro post de música. En realidad, esto iba a ser un texto de colaborador sobre la vida en las empresas, pero la verdad es que me he acojonado un poco al nivel de un niño de diez años en un congreso de pederastas.
De los que a lo mejor se celebran aquí. A lo mejor. Que no lo digo yo. Que quizá.
Y no por lo de ofender a gente, como ha quedado patente hace un párrafo. Más bien porque más de uno podría haber interpretado que estaba escrito por mí. Por ‘más de uno’ quiero decir cualquiera de mis mil trescientos jefes (por ahí iba el texto, dicho sea de paso), algunos de los cuales me siguen por redes, actos sociales y declamaciones airadas a gritos en plena oficina mientras llevo un traje de mujer.
Cosas que HAN PASADO en mi curro
No sería la primera vez que alguien lee algo de otro de los autores de ente bloj y me llegan a mí las alabanzas y los paquetes con ántrax.

Y precisamente de metal voy a hablar brevemente en esta actualización. Bueno: de Anthrax no. Pero ya sabéis que nunca he sido muy bueno con las transiciones literarias. Mi cerebro está demasiado machacado de tanto ver películas candidatas a la CutreCon de este año y ya empieza a tener secuelas. Voy a comentaros brevemente la que es sin duda alguna mi canción favorita del año… que es de un grupo de metal. De metal progresivo, claro. Porque ya sabéis que el objetivo de todo lo que hacemos en V&S es compartir el HAMOR. Somos los flower power de Blogger. Los meretrizos vocacionales de la red. O, en palabras de mi madre, los que pierden el tiempo escribiendo en lugar de poner de una vez la estantería esa.

El grupo en cuestión es A Perfect Circle.

No me gustan y nunca me han gustado.

Pero, claro hay algo importante que señalar: A Perfect Circle es un supergrupo de heavy que surge en parte de los muy alabados Tool.

Esos tampoco me gustan nada. Pero nada. Nivel “Prefiero ver la última de Médem antes de ponerme otra vez Lateralus”. Algo que dejé claro en el último programa del podcast ‘Progcastinators’ que hago con Natalia Van Humbeeck y otro señor que habrá hecho un puñado de películas y que sabe mucho de cine y música, pero que no se apellida VAN HUMBEECK, por lo que todo lo que diga es irrelevante.

Sin embargo, ese onvre, Norberto Ramos, ayer publicó en su Facebook (hay gente que todavía usa esa red y podría echarme un discurso vestido con traje de mujer sobre por qué esa mierda de sitio es la mejor red social, pero no es el momento ni el lu... EN FACEBOOK se pueden elaborar pensamientos complejos. Se puede discutir con elocuencia y lo que comparte la gente te puede enriquecer si controlas bien a quién aceptas. Twat-ter es un campo de trincheras que hace que la Batalla de Somme parezca una yincana. Instagram sólo va de egolatría y de venderse para, sí: follar. Y Google+ es un chiste más lamentable que todas las casetes de Jaimito Borromeo. Con Facebook yéndose a la mierda (por su culpa, claro, que son unos cabroncetes), nos queda, o bien cabrearnos en twitter, o bien no aportar nada interesante en Instragram. Yo cerraría todo si no fuera porque el puto Google+ se cargó reader y necesito las RRSS para que la gente lea mis cosas. Que en el fondo es un poco egol... AQUÍ PACO: ya se me ha pasado el cabreo. Volvemos al hamor:

Lo que publicó Norberto fue el nuevo vídeo del cuarto single del disco de retorno de A Perfect Circle, una gente que se toma su tiempo entre LP y LP. Tal canción se dio a conocer en abril y estamos en noviembre, por lo que queda claro que los miembros del grupo son todos canarios, porque lo que se dice prisa no suelen tener.

Voy a aprovechar a que los canarios lectores todavía tardarán un tiempo en ofenderse por el anterior comentario (ellos al menos sólo van con una hora de retraso: los andaluces, según Isabel García Tejerina, vamos con dos años) para seguir:

El single se llama ‘So Long, And Thanks For All The Fish’ y sólo eso la cualifica como candidata a mejor tema del año junto a ‘La Gente es Imbécil’ de El Reno Renardo. Sí: sé que no es el título más sutil de la banda, pero estamos en una era en la que los matices, los guiños y los subtextos no son suficientes para luchar contra la ola de imbecilidad que nos rodea y que se hace presa de todos nosotros.

Algunos frikardos de callo viejo (como metáfora y como realidad, que el frikerío sigue siendo una empresa de soledad) habrán averiguado que A Perfect Circle hace referencia al inicio de ‘La Guia del Autoestopista Galáctico’, posiblemente el mejor libro de humor jamás escrito junto con media obra de Terry Pratchett y “Viking” de Fabio.

Se preguntaba qué era más dañino - las bebidas alcohólicas con las que sus guerreros se intoxicaban libremente, o la dieta tan rica en grasa y colesterol que los Vikingos consumían diariamente

En la novela de Douglas Adams, se revela que los delfines son los seres más inteligentes de la tierra y, cuando se dan cuenta de que el planeta está condenado a la destrucción para abrir paso a una autovía galáctica, se largan volando. Y con tal imagen empieza el vídeo:


Sí: parece la intro de “Fallout 5: Ahora con Más Prog y Sado”. Pero a mí lo que me ha hecho pensar es en ‘Black Hole Sun’ de Soundgarden. Pero no nos adelantemos.

La canción me llamó la atención cuando posiblemente Natalia o quizá nuestro ex colaborador Milgrom la compartió en abril. Que yo soy de darle al play a las músicas que ponéis en redes, no sea que me pierda algo interesante. Feck: si me he escuchado el disco entero de Rosalía. Aunque eso ha sido para poder vivir en sociedad, porque hoy en día es más importante tener una opinión sobre esa señora que sobre el conflicto palestino.

For the record: Sobre lo segundo no tengo una opinión clara, porque es la hostia de complejo y, sobre lo primero, me quedo con el concepto de sacar un disco en el que el mundo se ilumina por la luz que sale del potorrins de la cantante. Eso lo aplaudo mucho más que usar palmas para hacer ritmo de trap o que las influencias flamencas por una vez en este tipo de cosas no den vergüenza pero, de verdad, los que os corréis con la supuesta complejidad de este disco conceptual (BRAVO), no escuchéis a Triana o Mezquita, que os puede reventar un testículo de la emoción.
Por el poder de mi arbusto, ¡YO TENGO EL PODER!
Pero a lo que iba. Que esto da más vueltas que el Guadiana o un programa de Tiempo de Culto con dos cervezas de más. O sin cervezas. ‘Hasta luego y gracias por el pescado’ me pareció, a eso de la segunda escucha, la mejor canción nueva de pop rock que había escuchado en lustros. Mi comentario fue que si algo tan pegadizo, inteligente, bien construido y al mismo tiempo accesible no se convertía en hit single, el rock estaba muerto.

Obviamente no pasó, porque el rock está muerto. No creo que ni el fandom nuevo de Queen gracias a 'Bohemian Rhapsody' levante un género moribundo. Feck: si es que ya casi ni se venden guitarras eléctricas. Lo cual no quita que siga pensando que en este tema hay jrandeza más allá de guiñar a Adams.

Que no sólo es que sea pegadiza y esté cantada con todo el arte. No sólo alabo sus arreglos de cuerda que la levantan a eso de la entrada del puente y sus originales riffs. Es que defiendo que es LA canción sobre esta situación espantosa a nivel mundial que vivimos. Es el tema definitivo sobre los 2010 que nos ha conducido a un punto en el que muchos vemos que nos vamos al carajo de culo y cuesta abajo (¡pareado intencionado y no me arrepiento de ello!)

Black Hole Sun’ reflejaba en su vídeo muy bien lo que más o menos venía a pintar Nirvana en la letra de ‘Smells Like a Teen Spirit’ capturando el espíritu de su época: una era en la que nos dábamos cuenta de que el sueño capitalista suburbial estaba podrido por dentro. En realidad, retomaba básicamente conceptos adelantados en los 80 del célebre inicio de ‘Terciopelo Azul’ de David LynchamientopúblicoporlaterceradeTwinPeaks:


El sueño americano está podrido. Tal sueño es ahora mundial. Pero la cosa es diferente hoy en día. Mientras que la generación grunge (que viene a ser la mía, me guste o no) lo tomó como una invitación al nihilismo y a esperar a que todo se autodestruyera, incluyendo tú mismo, el mundo actual está perdido en la soma constante del entretenimiento, la lucha día a día por no caer en la desesperación, los conciertos que te hagan olvidar que casi no llegas a fin de mes con un sueldo de becario, el visionado del tirón de series que te anestesien por dios del hecho de que los acuerdos del clima están más muertos que las flores que te regalaron por tu cumpleaños en mayo, o los artículos o vídeos de internet sobre canciones chulas que hagan que te olvides de que la mayoría de los países más importantes están gobernados por fascistas avanzando hacia dictaduras.

Que nos vamos al carajo, claro. Pero nos vamos felices al carajo. Nos reímos y celebramos la vida mientras se acerca el apocalipsis.

Bravísimo, hip hip hurra
Qué gloriosa exhibición
Derrite nuestros alegres corazones
Bajo una nube de confeti en forma de hongo.

‘Al menos vivimos en tiempos interesantes y de las crisis surgen los cambios’ dirá alguno con positivismo y ganas de repetir lugares comunes. ‘Al menos no te voy a romper los dientes porque soy mucho más pequeño y canijo que tú”, diré yo.

Vicisitud y Sordidez: blog de optimismo y humor.

Estamos tirando confeti (aunque yo soy más de purpurina porque gaycidad) mientras intentamos olvidar el desastre social que vivimos a nivel mundial y al que no vemos solución. La canción nos cuenta con esa mezcla musical de alegría y melancolía que tanto me gusta que los ídolos de mi generación y las anteriores se han ido muriendo: David Bowie, Carrie Fisher, Gene Wilder… y porque la canción es americana, que si no hablarían de Chiquito. Joder: cuando palmen Stan Lee y Kirk Douglas, seguro que se abre el último sello del Apocalípsis.

El día a día duele, aunque lo pasamos como si estuviéramos en una cabalgata intentando sonreír porque si no estaríamos en un constante estado de depresión. Como en los 90 pero duchándonos más y sin tener que aguantar ‘Salvados por la Campana’. Aunque en esos tiempos oscuros en los que hasta el metal se fue a la mierda, Kelly Kapowski era mi principal bálsamo contra los males de la vida. Sí: tenía la cara de pan y estaba colgada de un gilipollas, pero me seguía poniendo. Y, en la gloriosa tradición de ver televisión para sentirnos superiores a los demás (ejercicio de ocio que explica la existencia de ‘Hombres Mujeres y Viceversa’, ‘Gran Hermano’ y ‘Ahora Caigo’), al menos yo no era Screech. Madre mía, qué fostiable era Screech.

La canción, eso sí, parece apuntar a un holocausto nuclear de manera literal, hermanándola con ‘La Huerta Átomica’ de Miguel Ríos. Lo cual, que quede claro, es bueno. Que no olvidemos que era un disco conceptual con el granadino cantando en inglés, Massiel, orgasmos y, por supuesto, ¡¡¡¡EL MEGACRISTO!!!
En este post no sale la Daddario, pero aprovecho para meter otra imagen igual de recurrente y estéticamente poderosa.
No creo que acabemos como se temía en los 50. Más bien son tiempos oscuros en los que seguiremos sonriendo con nuestras somas mientras vemos que el mundo se diluye poco a poco como zurullo en retrete inglés. Pero ello no quita que ‘So Long, And Thanks For All The Fish’ sea la mejor canción del año y, a lo mejor, la que mejor ha captado la presente década.

Ahora voy a mirar si las giras de las Spice Girls y los Bastriboys pasan por Madrid. Porque tenemos derecho a nublar nuestra mente con la droja de nuestra elección. Y la mía es la ELO y la sordidez desbocada en un radiante crescendo hacia el desastre.

Vicisitud y Sordidez: Humor.

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Aquí Paco Fox: Hoy es un día importante. Hoy vuelve con un post breve un colaborador cuya primera y última participación en ente vuestro bloj data de 2008. Mierdón Herodes Muerte, mi amigo periodista premiado que se esconde bajo pseudónimo porque, joder: ¿Acaso no habéis leído el título del post? Pues eso. Mierdón es posiblemente la persona del mundo que más me hace reír. Por encima de Ángel Sanchidrián, Terry Prachett y mi psiquiatra cuando me pregunta que si me encuentro bien. En esta corta aportación, se apunta a la tradición escatológica de Vicisitud y Sordidez porque, no nos confundamos: también peninsular. No en vano El Quijote tiene un momento muy similar a éste que pasa a narrar porque ESPPPAÑA:


Este es el relato de un viaje. De un viaje de gómito verdulero. De un viaje de popó beis. Este es el relato de un trayecto desde Bodø a las islas Lofoten en barco. Un trayecto en el que ocupé el sillón KK mayúscula de la real academia de la mierda. Cuando hube de sentarme como pude en un váter resbaladizo de un ferry nórdico que se bamboleaba por el viento y las olas, un escenario involuntario de Lars von Trier, cuando acuñé un término y obré (obré) un gran logro personal: cagomité. Esto es: cagué y vomité a la vez. En mitad de una marejada. Despatarrado. Yo solo, sin ayuda de una matrona. Echando la papa por las patas abajo. Plantando un pino firmado por Banksy y devolviendo mi primera maizena a un tiempo. To’ pa’ ti, morenazo.

Os lo voy a contar con más detalle por si queréis intentarlo en casa con vuestros gatos o en clase de manualidades. Pero luego voy a necesitar mucho cariño.

Probablemente no haga falta irse al norte de Noruega para cagomitar, pero fítetu que yo sí. Llegamos a la preciosísima (no) localidad de Bodø (pronúnciese como si arrastraras la yema del dedo por el paladar hasta la campanilla e intentaras decir ‘Buda’). En una larga espera para un ferry, mis tres amigos y yo habíamos comido pizza en un local noruego en manos de árabes. Vamos: lo típico. Y tenía tanta hambre cuando pillé la carta que no reparé en los ingredientes de la pizza que pedía. Luego eso dio igual, porque uno a uno, cada cacho de jamón de york y cada champiñón crudo fue saliendo sin saludar de mi estómago. Un par de horas después, ya en el ferry de los køjønes, todo eso desfiló ante mí en mitad de la pota-bosta, cayendo entre mis piernas y, en su camino a un ¿inodoro? marrón glacé, esquivando como podían los pelillos de mis intramuslos, no siempre con éxito. Mi polla les ponía cara de asco en su caída a esos abortos de zurullos. ¡Con lo que ha hecho esa perdida! ¡Con los sitios donde ha estado!
Un ferry en el que las cosas entran y también salen. Por ambos canales.
Me salía el gómito y la caquita a la vez. Pipí no hice, señorita. Para qué más. Y me escocía todo el cuerpo, por fuera y por dentro, salvo una parte de las cejas. Y qué olor, señora, qué olor tan malísima a cacurri-gotelé y a alfombrilla de Renault 5 tuneado por Los Chichos para su gira Carabanchel ‘83. 

Antes de cagomitar, he de deciros, yo ya sabía que era un hombre de gran vida interior. Todos esos champiñones, carne de cerdo y harina de trigo un día estuvieron vivos, lo aprendí en tercero de EGB. Y toda su existencia bendecida por el Señor acabó sumergida en un taza de váter resbalosa y barnizada de popó. No os riáis, que os veo, porque el destino de esos ingenuos ingredientes estándar de una pizza era precisamente convertirse algún día en caca, pero no asín, sino de a poquito a poco, con un orden y un paso tranquilo por mi sistema digestivo.

Pues no pudo ser. Se fueron demasiado jóvenes -chof, chof- al melting popó.

Cagomitando me sentí como una esclava somalí en manos de los Cascos Azules. A estas alturas os preguntaréis cómo bautizaré a mi futuro hijo. No, claro que no os lo preguntaréis, porque hasta ahora os había hurtado esta secuela desconocida de mi cagómito. Pero aun así os lo cuento, como bonus track. Mi hijo se va a llamar José María Aznar.

Fin.

Si, como yo, eres un jebi cuarentón, solo dos palabras antes de arrancar con todo el post. Dos palabras sencillitas, pero que da un gusto indecible pronunciar:

HEMOS GANADO.

Porque hoy se trata de rememorar esa década lamentable en la que hicieron mucho más que darnos de hostias hasta en el DNI y la tarjeta de Día (después de todo, el metal nace y vive para ser insultado: eso es lo que lo convierte en el refugio perfecto para finstros). Lo que lograron fue hacer que dudásemos de la laca como símbolo de virtud, del cuero ceñido como paradigma de la masculinidad, de cantar más alto que una soprano como la forma más perfecta de hacer feliz a Odín, de los solos de guitarra como ambrosía para los labios de Satán…

Fueron años jodidos, pero casi tres décadas después, podemos responderle a toda esa gentuza: “¿Sabes por qué ya no se hacen memes de Chuck Norris? Porque todo el planeta ha aprendido que el übercool máximo al que puede aspirar la humanidad es Bruce Dickinson. El cáncer y el hambre en África se acabarán cuando Brusiño tenga un rato para ponerse a ello. Pero los fans somos tan cabrones que preferimos más giras y discos de Maiden, aunque el precio sea tener a Albert Rivera como presidente sin dejar tiempo a Bruce para poner orden en el caos”.

Así que preparémonos para este viaje a una época en la que nuestros grupos favoritos comenzaron a tocar leeeeento, cambiaron la afinación de las guitarras para que sonasen como martillos pilones incapaces de un riff memorable, las banda se cortaron el pelo y hasta lograron que maquillarse fuese la antítesis de la alegría de vivir de Kiss… Peor aún: Satán desapareció de las letras para ser reemplazado por historias de ‘mi papá no me quería’ – o me petaba el cacas – con tal de ser tan “sensibles” como Kurt Cobain. Sí, todo esto ocurrió y es nuestro deber recordarlo porque, como decía mi profesor de historia: “Quien no la estudie se verá abocado a repetirla en septiembre”.

En este top 14 – siempre 14 en ente vlog – no abordaremos los artit-tas que definieron el metal noventero. Al fin y al cabo, muchas de las peores bandas (Korn, Limp Bizkit, Creed…) entran dentro de esa categoría del “Tú ya eras gilipollas cuando tus padres eran novios”. Y no tiene sentido apuntar obviedades como que Jonathan Davies no sabe cantar (el MTV unplugged de Korn es una cumbre de la comedia involuntaria, con Robert Smith teniendo que decir, después de un dueto, “Yo… soy un… gran fan… de Korn” de una forma jamás vista desde el “- Shin Chan… ¿Te has limpiado el culo? – Sssssssssí…”). O que ningún ser humano puede dar más asco – excepto Hamilton y Albert Rivera peleando en tanga en el barro – que Fred Durst. Qué carallo, sí que tiene sentido: cada vez que quieran insultar a un rapero o un reggaetonero, relájense y piensen que nunca puede ser peor que ESTO:


De lo que va, pues, esta lista es de bandas respetables que perdieron profundamente el norte. Y de si, al final del camino, lograron ver la luz de Satán nuestro dueño y señor. Ladies and gentlemen, con todos ustedes los catorce discos del metal noventero que fueron una cumbre de la vicisitud (con aghradecimiento especial a Milgrom por haber buceado en su suica memoria recordándome lo que debería permanecer olvidado):

14. Sepultura – Roots (1996)




¡Comenzamos con POLÉMICA! Muchos considerarán a ‘Roots’ como una obra maestra. Y yo también en su día. Qué carallo, por momentos, no lo niego, lo parece. Pero, como con la “mariconez” de Mecano, el contexto lo es todo. Y el contexto es que este disco puede considerarse la semilla del mal, de ahí que abra la lista.

¿A quién copiaron?

Sepultura venía de haber grabado el último gran disco del thrash metal clásico con ‘Arise’ en el 91 y de evolucionar su sonido con un acojonante ‘Chaos AD’ en el 93. La evolución pasó por incorporar punk, hardcore, sonidos tribales brasileiros y mucho de una cosa llamada Groove metal. El Groove consistía, principalmente, en guitarras más graves, riffs más lentos a lo Black Sabbath y, por qué no decirlo, caer en el peligro constante de sonar más tedioso, repetitivo y falto de imaginación que exclamar “¡Venezuela!” en el Congreso de los Diputados. Pero, feck, el Groove nos había regalado dos obras maestras absolutas del metal: el ‘Cowboys From Hell’ y el ‘Vulgar Display of Power’ de Pantera (recuerden bien este nombre… saldrá muchas veces en el post). Así que, oye, parecía que Sepultura sabían elegir bien sus maestros.

Y entonces les dio por ser “pioneros” y fijarse en grupos que todavía no comenzaban a triunfar como Korn, paladines de una cosa llamada nü metal. El nü, aparte de arruinar toda la metalez de usar diéresis (garantía de caña seria desde Mötorhead), logró ser la parodia perfecta de todo lo que hubiesen podido hacer bien Rage Against de Machine o Anthrax en sus excursiones por el rap-metal. Podría extenderme explicando los deméritos de esta no-música, pero la intro del mejor videojuego ever de la Playstation – el Brütal Legend, claro, pero eso ya lo sabíais – lo hace mejor que nadie:


Creo que ya intuís el desastre que se avecina.

¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Como buena frase de Rajoy, el chiste tarda en llegar y exige reflexión en el espectador, pero, cuando lo hace, es sublime. El chiste se prepara con TODAS las revistas musicales culturetas considerándolo como el disco de la semana. El mundo rinde pleitesía a ‘Roots’ diciendo que es el futuro del metal, que las demás bandas son zombies que se resisten a morir y que van importunando por la calle a los modernos de bien. Ahora, dejemos que pase el tiempo y expliquemos que la canción más celebrada – ‘Ratamahatta’, cantada en algo tan portugués como llamarle “castellano” a lo que decía Toxeiro – sirvió no para crear un mundo moden-no mejor, sino para presentar en sociedad a Carlinhos Brown y que la humanidad tuviese que soportar ‘María Caipirinha’. 


Otras glorias son frotar el pene contra una guitarra acústica y, en nombre de las “raíces” llamarlo canción (‘Jasco’), hacer que soportemos danzas tribales sin advertirnos con una pegatina de ‘Músicas del mundo’ el peligro que se avecina (‘Itsari’) o hacer ruidos genéricos noventeros con scratching incorporado porque… la atmósfera (‘Lookaway’). Y, en general, cometer el error de todos los grupos de la era cd: llenar los 74 minutos con lo que fuese, aunque fuesen informes e indistinguibles temas de Groove/nü metal (un sugus para el que recuerde o distinga una canción a partir del quinto tema). Worse still: el éxito crítico-pionero de ‘Roots’ dio el visto bueno a grupos como Korn y Limp Bizkit, con las terribles consecuencias que conocemos: que, en el 2000, apareciese Linkin Park. Pero eso son historias para no dormir de otra década.

¿Debo llamar a la fashion police?

Los 90 fueron una era de deplorables decisiones estéticas. Pero, credit where is due: Sepultura resistieron lo peor del estilismo salvo…


Cuando se adentraron en la jungla brasileira en pos de sus raíces y se vistieron de entidades tribales. Es lo que tiene la memoria histórica: si no viviste a Sting hacer el ridículo en los 80, estás abocado a repetirlo. 

(Y, luego, ir con camisetas de Adisdas y rastas, que no es que sea peor, pero…)

¿Sobrevivieron?

A todos nos gusta una historia con redención al final pero… la verdad es que no. Después de este disco, el líder Max Cavalera, con el ego hinchado por un ataque de artistitis abandonó el grupo para formar Soulfly, que se podría definir como una parodia del ‘Roots’. El resto del grupo pilló a un cantante negro – Derrick Green – con el que intentar dar una onda más hardcore al grupo. Y que fue un mojón.

Morajeja: si or ofrecen drojaína o nü metal, decid siempre que Norl.

¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Evidentemente: Soulfly. O, ya que estamos, espera a la próxima moda en la que escuchar músicas del mundo vuelva a ser cool. Con suerte pasarán más de 40 años antes de tener que exponerte a algo así.


13. Def Leppard – Slang (1996)

El look graffitero es peor que la letra gótica del Death. Y lo sabéis.

Con ‘Hysteria’ se puede decir que Def Leppard inventaron la producción ochentera: a su lado, un disco de Modern Talking sonaba como los Sex Pistols. Pero, con su siguiente oVra, ‘Adrenalize’, comenzó a verse que aquello empezaba a agotarse más que los asistentes a un maratón de cine con toda la filmografía de Apichatpong. Se imponía una vuelta de tuerca.

¿A quién copiaron?

Como grupo de melodías memorables que eran – en esencia, consistían en un cruce entre T-Rex y AC/DC – cosas como el nü, el Groove, el sludge, el industrial… estaban fuera del debate. Así que la opción más elemental era el grunge. El primer tema ‘Truth?’ es un intento desesperado de sonar como Alice in Chains y, ya que estamos, poner algo de percusión electrónica, que también era como que moden-no por la época. Si mezclar Alice in Chains con percusión electrónica les suena tan anormal “Soy de izquierdas en lo social y de derechas en lo económico”, no seré yo quien les contradiga.


¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Pues hasta un punto que, en ente vlog, nos gusta (y que hace que no estén más alto en la lista). Esforzadamente, intentan sonar noventeros pero, en el momento más inesperado de la canción, salen todos sus instintos melódicos de otra época y terminan traicionándose de la MEJOR forma posible:

Sonando como una boy band. Canónica. 

Habría que esperar hasta el 2002 y su disco ‘X’ para, libres de la pose grunge, pudiesen hacer un disco para todos aquellos metaleros en el armario que no pueden admitir públicamente ser fans de Take That.


¿Debo llamar a la fashion police?

Su pinta de señores que quieren ser alternativos y se quedan en adult contemporary, aunque dolorosa, tampoco da para poner un ‘Aaagh’ en la portada del Coure. Eso sí, quitamos puntos por nula originalidad al haer recurrido al ultimate cliché noventero: el anciano con el tordo desnudo (también te estoy mirando a ti, Megadeth, aunque con un disco tan acojonante como el ‘Countdown to Extinction’ perdono hasta eso)

¿Sobrevivieron?

El disco vendió más de lo merecido, pero estamos hablando de un grupo que había batido récords con ‘Hysteria’. Así que, frustrados, volvieron a su sonido anterior con el encomiable ‘Euphoria’, que tuvo unas ventas menos encomiables. Pero, qué carallo, cuando has sido tal GIGANTE, ya juegas en la liga de los Rolling Stones: todos vamos a ir a verlos sabiendo qué gritar cuando Joe Elliot nos diga “Madrid, oi ‘ave a question for ya: Do you wanna get rocked?”

¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

‘X’ es la opción para salir del armario. Y en ente vlog no se nos ocurre nada mejor que salir del armario, especialmente si eres jebi. Copón.

12. Slayer - Diabolus in Musica (1998)



Uno de esos cisnes negros que acontecen en el mundo de la música es la aparición de un disco de metal extremo que hace que, desde los jebis de Carabanchel a los hípsters del East End, todos tengan que celebrarlo como obra maestra absoluta: ese disco se llama ‘Reign in Blood’ y fue el principio de una Santa Trilogía que, junto con ‘South of Heaven’ y ‘Seasons in the Abyss’ convirtió a Slayer en la banda más intocable de la historia. Y, entonces, se fue su batería y sacaron dos discos que no interesaron a nadie… Se imponían medidas drásticas.

¿A quién copiaron?

La dura respuesta es que Slayer coquetearon con el nü metal (más onda Slipknot que, comparado con Limp Bizkit es el equivalente a fallar cuando te la estás machacando con dos piedras) así como con cierto Groove. El efecto fue similar al de Fernando Alonso cuando regresó a McLaren: todos nos preguntamos dónde se había ido la velocidad.

¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Que Ana Torroja diga “dijistes”, duele. Que lo hubiese hecho Constantino Romero no solo sería un síntoma inequívoco de la ruptura de España, sino también siete signos del Apocalipsis todo en uno. Por eso, aunque algunas canciones del Diabolus puedan sonar remotamente a Slayer, el escuchar ‘Stain of Mind’ e intuir que Tom Araya está haciendo algo parecido a ¡rapear! Hace que una grieta se forme en el espacio-tiempo que solo dos temporadas de Doctor Who podrían reparar. 


Peor aún: cuando escuchas ‘Desire’ y piensas… “En esta parte lenta… Araya en vez de sonar amenazador y atmosférico… ¿no parece un poquito gilipollas?” acto seguido te flagelas un poco y te circuncidas con la tapa de un yogur por dejar que esas blasfemias entren en tu mente.

Y luego te circuncidas un poco más. Porque el disco es lo peor de todo su catálogo.

¿Debo llamar a la fashion police?

¿Debo meterte una hostia? ¡Que estamos hablando de Slayer, copón! Aunque, la verdad, la portada del disco es de un conyuntural-Blair-Witch que espanta. Y renunciar a su logo clásico es un pecado que cometieron demasiados grupos en esta era (y por el que TODOS pedirían perdón). Sí: sus portadas clásicas en muchas ocasiones recordaban aquellos cuadros que Lola Flores pintaba para pagar sus deudas con el fisco. E, incluso, la portada del último disco fue reemplazada en muchos sitios por el Ecce Homo de Borja.

Pero si alguien va a hablar mal de Lola Flores y del Ecce Homo de Cecilia, que se abroche bien el cinturón, porque allá le va la segunda hostia.

¿Sobrevivieron?

Respuesta gallega: sí y no. Después de este disco, repitieron el mismo pecado nü metal con ‘God Hates Us All’ (algo mejor) y, a continuación, con el retorno de Dave Lombardo (y Lola Flores a la portada) grabaron una obra maestra del calibre de ‘Christ Illusion’, que continuaron con el excelente ‘World Painted Blood’.

Y luego va el guitarrista Jeff Hanneman y tiene la sana ocurrencia de que le pique una araña y morirse.

Mierda.

¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

‘God Hates Us All’ es el hermano más listo y más guapo de este disco. Pero preferimos apostar por la originalidad y demostrar como coquetear con el nü metal jode CUALQUIER COSA. Ladies and gentlemen, con todos ustedes el intento metalero de…

Vanilla Ice.



Con dos cojones. O la demostración más canónica ever de “Two wrongs don´t make it right”. O que cuando crees que algo no puede ir a peor, siempre puede ser lo mismo, pero a ritmo de nü metal.


11. WASP – kill.fuck.die (1997)


W.A.S.P. (We are Sex Perverts) fue de lo mejorcito del despelote y la provocación por la provocación ochentera. Desde su primer EP, con su huevera en forma de motosierra, se ganaron todo el amol de gentuza como Tipper Gore. Pero, claro, conforme avanzaban los tiempos, la chavalería necesitaba otras cosas de las que escandalizarse aparte del hecho de sacar a ZZ Top en tus vídeos (Chistecillo de ZZ Top: ¿En qué se diferencia ZZ Top de Santa Claus? En que, cuando se sientan en su regazo, los niños no dicen a Santa “¡Qué asco! ¡Tu barba huele a chumino revenido!”)

¿A quién copiaron?

Blackie Lawless, con buen criterio, vio que el shock rock que triunfaba por la época – principalmente Marilyn Manson – era algo que el podía hacer con la punta de su motosierra. Así pues, ¿por qué no disfrazar sus canciones con toda la parafernalia del rock industrial de los 90?

¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Cuando hay que explicar el concepto de “producción mierdosa”, el disco kill.fuck.die debería ponerse en su integridad en cualquier escuela (y, en según que escuelas, si hiciesen caso del título durante su reproducción, todo eso que saldríamos ganando). Es tentador decir que el disco suena a ‘Trent Reznor marca Hacendado’, pero creo que los productos del Mercadona no se merecen ese insulto, y Reznor no tiene la culpa de que, a ratos, parezca que W.A.S.P. están plagiando su ‘Head Like a Hole’ mientras la voz suena desde un váter y el presunto rollito industrial del disco degenera en que la batería suene a una caja de ritmos de los 80 que no valdría ni para una maqueta de los Nikis.


La pena es que alguna canción demostraba que Blackie sabía seguir haciendo himnos memorables, pero descifrarlos a través de la producción marca Eroski – nah… me sigue pareciendo ofensivo para Eroski – es un esfuerzo demasiado titánico, cuando se puede emplear el tiempo libre en cosas de más provecho como el análisis de yogures caducados o el simbolismo de la disposición del adoquinado en Copenhague.


¿Debo llamar a la fashion police?

Con Blackie Lawless, jamás. El tuneo que tenía que hacer a su jloriosa estética para adaptarse al sock rock a la Marilyn Manson fue mínimo (aunque la huevera-motosierra fue MUY echada en falta en esa gira). El tuneo en producción  a su voz fue otra cosa, pero si hemos pasado por Cher cantando ‘Believe’, podemos con todo. Maricón.

¿Sobrevivieron?

El experimento duró un solo disco, afortunadamente. Y WASP volvieron más o menos a su solvente sordidez de crucero. Chris Holmes – “el otro de WASP” – se largó y Blackie hizo lo que debe hacer todo shock rocker que no quiera estancarse y caer en la complacencia: después de años de ofender a las madres ochenteras, decidió convertirse al Cristianismo. ¿Lo peor de todo? ¡Que sus discos cristianos… están bien! 

Nada como ir contra la época, no como en kill.fuck.die

¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Pues… la verdad sea dicha, el industrial fue lo que mejor sentó al metal de los 90 (que el ‘Psalm 69’ de Ministry fuese una obra maestra de la salvajada ayudó bastante, eso por no decir que me declaro talibán del primer disco de NIN). Hubo más de un triunfo: desde grupos que, como Anthrax, hicieron el mejor crossover imaginable de grunge/industrial/thrash con su monumental ‘Sound of White Noise’ hasta un histórico como Geezer Butler grabando una finstrada con peña de Fear Factory y saliendo victorioso del intento. ¡Es que hasta el ‘Brutal Planet’ de Alice Cooper está bien!

Pero también hay ignominias, y pocas más JLORIOSAS que lo que perpetró Danzig en su disco ‘5’. Una mezcla informe industrial, en la que los instrumentos no solo es que sonasen como el culo, sino que se repartían arbitrariamente en los sitios en los que no hubiese nada. Y, si ya no sabías que hacer ¡pues mete ruido blanco! Yo nunca uso la frase “no se lo deseo ni a mi peor enemigo”, porque los gallegos somos rencorosos y deseamos el mal ajeno de noite e de día. Así que, sin duda, temas como éste van dedicados a mi peor enemigo:



10. Queensryche - Hear in the Now Frontier (1997)


Los padres del metal progresivo estaban en racha: después de grabar la primera jran ópera rock del metal con ‘Operation: Mindcrime’ (disco top 10 del metal ever, no lo duden), lograron petarla comercialmente en la MTV con ‘Empire’ e, incluso, en su excelente ‘Promised Land’ demostraban que podían incorporar elementos noventeros con toda la gracia y salero del mundo. Pero, ay, todo su grungerío fue como las liberalizaciones y recortes de derechos laborales para los economistas liberales: NADA es suficiente… Y, en su siguiente disco, tocaba cumplir las condiciones de la Troika noventera…

¿A quién copiaron?

Busque al azar cualquier grupo de grunge en la Wikipedia. Plágielo. Repita el esquema para las siguiente canción y así hasta dejar bien rellenito el cd. Preferentemente, no distorsione mucho las guitarras ni suba mucho de octava, no sea que le acusen de metal. Qué carallo: preferentemente olvídese de cualquier cosa que no sea que no le acusen de metal. Y así presentaron el disco en el infame “secret concert” en el desierto de Socorro (añadan chiste fácil aquí). Lo mejor de esa actuación es que, en esencia, consistía en ver la cara de perdido de Bob Dylan durante ‘We Are The World’… ¡pero multiplicada por cinco!



¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Las canciones eran más produndamente aburridas que malas de solemnidad. Pero fue la única vez que, en una tienda del metal, el dependiente me espetó un “¡Quieto, insensato!”, cuando deposité el disco sobre el mostrador. Para sorpresa de todo el mundo, me puso algunas canciones de motu propio “Por si lo chunga que es la portada no te hubiese advertido”. Como agradecimiento, le compré otro disco. Eso sí, era el sublime ‘Angels Cry’ de Angra ¡y antes le hice poner la versión powermetalera del ‘Wuthering Heights’ de Kate Bush para shock de todos los que estaban en la tienda! Y ahora se lo pongo a ustedes para que, por aquello de varias, escuchen algo bueno:


¿Debo llamar a la fashion police?

Queensrÿche tuvieron la decencia de no ir con pintorras excesivamente lamentables ni con cortes de pelo que ofendiesen a Satán. Feck, después de todo… ¡eran un grupo de Seattle! ¡Deberían ser los grupos de grunge los que les plagiasen a ellos! O, mejor aún, a la auténtica banda JRANDE de esa ciudad: Heart.


¿Sobrevivieron?

Lo mejor de este fracaso es que el grupo se apuntó a la onda Pimpinela. El líder Chris deGarmo abandonó el grupo para dedicarse a ser piloto de aviones. Luego, cuando la cosa estaba comercialmente muy chunga para Queensrÿche, volvió para ayudarles a grabar un disco bastante bueno (‘Tribe’). Acto seguido, volvió a sus aviones dejando al grupo en la irrelevancia grabando una ponzoña tras otra (con la excepción de la ¡secuela! De ‘Operation: Mindcrime’ con el Épico cameo de Ronnie James Dio como el jefe de los Ángeles de Charlie… o ‘Mister X’, no recuerdo bien). La cumbre de su discografía reciente fue un divorcio pimpinélico en el cual el cantante Geoff Tate y el resto de la banda se disputaban judicialmente el nombre del grupo. ¡Y tuvimos dos discos mediocres por el precio de uno! (en honor a la verdad, el ‘Frequency Unknown’ de Tate, poniendo las siglas ‘F.U.’ en la portada, ya nos avisaba lo que iba a suceder; por su parte, que los restantes miembros usasen al cantante de un grupo considerado ‘A poor man’s Queensrÿche’ (esto es, marca Hacendado) le dio a su trabajo una respetabilidad análoga a escuchar metal progresivo a todo trapo por la megafonía del Mercadona (ahora sí).


¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Mmmmm… ¿Qué tal el ‘American Hardcore’ de L.A. Guns? En este caso, se trataría de un grupo de glam metal que se metió a hacer el Chris Cornell sin tener repajolera idea de cómo funcionaba el grunge. Y, sí: muchos grupos de Seattle no eran otra cosa que melodías pobres y letras mongólicas, pero ese no es el caso de discazos como el ‘Badmotorfinger’ de Soundgarden. Y es lo que no entendieron los L.A. Guns en momentos deplorables como interrumpir una canción para gritar “I’m pissed! I’m pissed! I’m pissed!” (que, oye, seguro que le funciona bien a idolazos de ente blog como el sórdido Richard Cheese, pero es que hay cosas que es mejor que no vean la luz del día)




9. Barricada - La araña (1994)

Arrancaban los conciertos con una araña hinchable...
...Y esperaban que nadie se riese.

Desde que Cervantes escribió el Quijote, en EsP-P-Paña quedamos vacunados contra toda tentación de dragones y mazmorras así como de tema fantástico en general. El metal, claro, no fue una excepción: aquí siempre fuimos más de la litrona y el barriazo, entronizamos a Obus y a Rosendo y Barón Rojo nos demostraron, en ‘Hijos de Caín’, que, puestos a hablar de religión, era mejor cagarse en Dios que fliparlo con el Apocalipsis. En este contexto, a finales de los 80, los navarros Barricada lograron llevar toda la mala hostia del barriazo al mainstream con tres discos que la petaron: ‘Pasión por el ruido’ (con un tema censurado por cagarse en el Opus Dei), ‘Por instinto’ y ‘Balas Blancas’. Nadie podría culparles por endiosarse y creerse que podrían ser también unos artit-tas noventeros como Dios y Kurt Cobain mandaban…

¿A quién copiaron?

Barricada se fueron a Londres con la idea clarita de que su disco debía sonar como el rock alternativo del momento. Y, ya desde el primer tema del disco, el pobre oyente soporta una mezcolanza de grunge y hasta funk que le sientan tan bien al espíritu de Barricada como un pañuelo palestino a Albert Rivera. O el título ‘Un pokito de rocanrol’ a un disco de Bebe. O el título ‘un pokito de rocanrol’ a un disco de cualquiera.

Aunque, la verdad sea dicha, cuando Barricada intenta nadar y guardar la ropa haciendo algún tema a su manera de siempre, a lo que terminan sonando es a una parodia de Barricada. Así que, en ente vlog, apoyamos antes hacer el ridi alternativo que el quitar el alma al rock del barriazo.

¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Si ‘La araña’ ha entrado en esta lista no es tanto por su vicisitud musical como por el hito que se merece todo un apartado en la historia de la vicisitud estética musical. Coming next…

¿Debo llamar a la fashion police?

Durante años, una de los hechos más fascinantes del panorama musical esP-P-Pañol fue el comentario “Tron, que hay uno de un grupo al que llaman ‘El Drogas’… ¿Cómo cojones tiene que ser?”. Y la realidad no defraudaba:



Y, entonces, en la pirueta demencial que solo los 90 podían ofrecernos, ‘La araña’ nos regaló… ¡AL DROGAS MAQUILLADO!


Y, de nuevo, resuciten a Oscar Wilde si quieren, pero creo que no existe respuesta o comentario ingenioso posible al concepto de ¡EL DROGAS MAQUILLADO! 

¿Sobrevivieron?

En los polígonos seremos sórdidos, pero no gilipollas. ‘La araña’ fue un hostiazo del que Barricada no se recuperó jamás. Siguieron sacando discos – los últimos sin el Drogas, al que dieron la patada – ante un interés decreciente y, como mucho, todo el interés que generaron se centró en que El Drogas dijese que ya no se metía nada:


Y que, algunos, al ver su pinta actual, pensasen que echarse doscientos kilos de maquillaje encima sí que no sería una idea tan mala hoy como en los 90. 

¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

No es de los 90, pero mezclar EsP-P-Paña con maquillaje – o cirugía estética -  y grunge y no puedo evitar pensar en un ídolo de ente vlog como Ramoncín y ese éxito fugaz versioneando a Nirvana. Lo cual demuestra que muchas veces es mejor no pensar.



8. Life of Agony – Ugly (1995)


Antes de la explosión grunge, en los primerísimos 90, el metal estaba demostrando que sí que era capaz de evolucionar, marcándose discazos como el ‘Sound of White Noise’ de Anthrax, el ‘Cowboys From Hell’ de Pantera, e incluso grupos maravillosamente demenciales como Primus – Les Claypool hizo su casting para ser bajista de Metallica – o los inconmensurables Faith No More eran celebrados por la comunidad metalera. En este contexto, una banda como Life of Agony publicaba el reputado ‘River Runs Red’, un disco entre el metal y el hardcore (el metalcore que vino mucho después con grupos como Atreyu sí que fue y sigue siendo una infamia, ojo)  que sintonizó con el espíritu de la chavalería y cierto adolescentismo torturado sin dar excesiva vergüenza ajena. Los 90 no tenían por qué ser el fin del mundo… ¿no?

¿A quién copiaron?

Citar bandas grunge para explicar lo que hicieron Life of Agony en este disco sería insultar gratuitamente a las bandas grunge. Digamos que el grupo dijo adiós a la velocidad del hardcore y lo cambió por riffs genéricos que conseguían, a paso lento pero seguro, no llegar absolutamente a ningún sitio. Además de desperdiciar a un pedazo de cantante como Ketih Caputo en el intento.


¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Lo que salva a este disco del aburrimiento más absoluto, sin duda alguna, son las letras. Es un hecho de todos sabido que todo buen norteamericano, cuando quiere romper el hielo en un conversación, te cuenta de una forma casual cómo su padre le sodomizaba. Y, merced al abuso infantil, tenemos un elevado porcentaje de las letras de los grupos más relevantes de los 90 (el porcentaje restante es Alanis Morrisette cagándose en sus ex, pero eso da para otro blog entero).

Afortunadamente, no es el caso de Keith, pero si lo que cuenta en canciones como ‘Seasons’ ‘Let’s Pretend’ o ‘How It Would Be’ es cierto… Joer, pobre onvre y qué fiesta de infancia la suya. Si los 90 se trataban de mostrar una sensibilidad adolescente torturada y de vicisitudes paterno-filiales varias, es de justicia reconcer que Keith Caputo vapuleó a más de un pope de la década. Que la música no acompañase, eso es otra historia.

¿Debo llamar a la fashion police?

Con una portada lamentablemente noventera y con ese trauma de paterno-filial, ya cumplieron el expediente, no les hizo falta maquillarse como El Drogas.

¿Sobrevivieron?

‘Ugly’ fue un fracaso y, aunque discos posteriores mejoraron la propuesta, la cosa no cuajó y Keith Caputo abandonó el grupo. Ello dio pie a momentos de demencial vicisitud como reemplazarlo con el cantante de Ugly Kid Joe en uno de los fichajes más WTF desde Ian Gillan en Black Sabbath o Mayra Gómez Kemp en Slayer. En 1999 lo dejaron, claro.

Pero, en uno de esos giros soberbios de guión que fundirían la cabeza hasta a Steven Moffat durante la sexta temporada de Doctor Who, Life of Agony se reunieron en 2005 para tocar canciones de ‘River Runs Red’. La gente que fue al tour se encontraron con una señora cantante llamada Mina Caputo:


Yo no sé cuántas personas trasgénero se han puesto a cantar en un concierto de hardcore, solo sé que blogger no tiene una fuente suficientemente ÉPICA para escribir el RESPECT que Mina se merece (y por ahorrarme decir la frase “con dos cojones”).


¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Este derroche de sensibilidad no tiene parangón en el mundo del metal, así que tiro más por el lado de riffs grunge aburridos y sin imaginación para sugerir un ‘Ozzmosis’ de Ozzy Osbourne. Si se lo escuchan mientras ven ‘The Osbournes’ en la tele pueden tener una buena mezcla de exhibicionismo sentimental y metal aburrido al que cuesta mucho resistirse. Creo. O eso me ha dicho el señor del butano.


7. Lynch Mob – Smoke this (1999)


Durante los 80, Don Dokken y el guitarrista George Lych fueron los dioses del hair metal al frente de la banda Dokken. Si no los conoces, trágate sus grijís en Spotify antes de seguir leyendo, que está muy feo eso de ser un indocumentado. Y, ya que estás, cárdate, hostias.

Obviamente, conforme la década llegaba a su fin el éxito de Dokken se fue apagando y George Lynch montó su propio grupo: Lynch Mob. Su disco ‘Wicked Sensation’, sin llegar a las ventas de antaño fue una forma muy inteligente de hacer más cañero y contemporáneo su sonido sin renunciar a lo que hacía Dokken irresistible a todos los que sabíamos que la laca era sinónimo de virtud, aunque hoy en día esté conceptuada socialmente… muy mal… Eso sí, el segundo disco fracasó y George volvió a reunirse con Don Dokken, hasta que los dos se dieron cuenta de por qué se habían odiado en un principio.

So, enter 1998 y George Lynch vuelve a unir Lynch Mob pensando “Si supe hacer ‘Wicked Sensation’ en 1990, seguro que se me ocurre una aún mejor para este año…

¿A quién copiaron?

Dos palabras voy a decir que causan desazón en los corazones humanos y reducen a lágrimas al más gallardo: 

Rap-metal.

Lo habéis leído bien.


¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Escuchen lo que puedan aguantas de una canción pillada at random y luego me cuentan si hay vicisitómetro que mida esto:


Uno no sabe qué es peor: si el rap infecto genérico o la idea de George Lynch de que, en ese contexto, puede entrar un solo de guitarra. Tal vez se lleve la palma titular las canciones en plan ‘When I Rize’. So ghetto, George!

Si este disco no está más alto en la lista es simplemente porque George Lynch no ha caído desde tan alto como los que vendrán a continuación. Ahora bien… más bajo… es jodido caer. Pero es lo que tienen las matemáticas: se suma la altura y la profundidad del pozo de inmundicia para llegar al resultado.


¿Debo llamar a la fashion police?

El hecho de que el cantante elegido para la ocasión – Kirk Harper – tenga una presencia cuasi nula en internez (lo primero que hay son perfiles de Linkedin: esa red social tan divertida como ir a ligar con tu padre) demuestra que la fashion police ha procedido a limpiar este engendro con una perfección casis estalinista.

Y le estamos muy agradecidos por ello.


¿Sobrevivieron?

Feck, no. George disolvió el grupo después de la gira. Volvió a reunirse con Dokken, volvieron a pelearse, volvió a juntar Lynch Mob… Sigan el bucle lo que los apetezca, pero déjenme que me baje a por laca y no me vuelva a subir.


¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Ésta es muy fácil: la hecatombe del del “dos por el precio de uno” juntando a George con Don. El disco ‘Shadowlife’ de Dokken nos muestra a los reyes del hair metal apuntándose sin vergüenza a imitar a todos los grupos del grunge con un Don Dokken que, más de la mitad del tiempo, se crea Scott Weiland Stone Temple Pilots. Y que, por cierto, hace que esa banda tan mediocre termine pareciendo buena a su lado.




6. El divorcio de la década: 2wo – Voyeurs / Judas Priest – Demolition



Dejémonos de hostias: el gran cataclismo del metal noventero se produjo entre 1992 y 1993 cuando, respectivamente, Bruce Dickinson y Rob Halford abandonaron Iron Maiden y Judas Priest. Si eso no son dos torpedos a la principal línea de flotación del heavy metal entonces es que Pimpinela no es el mejor grupo de la historia (y sabéis que lo es).

¿Y por qué no pones a Maiden en la lista, cabrón? Preguntarán los fans de Yudas. Muy fácil: lo primero, el divorcio no tuvo particular gracia. En segundo lugar, si bien el ‘Virtual XI’ es el peor disco que ha grabado la doncella, lo es por mediocre, no por haber caído en la ignomina noventera: que o puto Jarris siempre ha sido muy de piñón fijo, neno. Y en tercer lugar… ¡que carallo! ¡Bruce Dickinson es incapaz de descender un solo peldaño de las montañas del übercool! Y, no no me vengáis con que ‘Skunkworks’ suena a grunge porque lo produjo un señor que curraba con Nirvana. Brusiño nunca podría sonar a gilipollas ni aunque lo intentase, y, si acaso, el disco suena más a Rush que a otra cosa. Y está de puta madre, como CUALQUIER cosa que haga Bruce.

Pero los Yudas… Ay, los Yudas…


¿A quién copiaron?

Empezamos con Rob porque la respuesta es sencillísima:

PANTERA. (¿Os dije que íbamos a hablar más de una vez de los popes del Groove, no?)

Durante la gira del Painkiller – best álbum ever? Probablemente – Rob se llevó a estos animales tejanos de teloneros. Y lo flipó: aparte de por la cafrada por el hecho de que Philip Anselmo era el cantante con la voz más parecida a Rob Halford de la galaxia. Por delante incluso de Rob Halford. Y, a pesar de ello, Philip había decidido limitar su rango para grabar patadas en la cara que pasaron con justicia a la historia del metal (si no te mola ‘Domination’, eres un retrasado, y no lo digo yo, que lo dice Hans Magnus Enzensberger). Así que Rob grabó una canción acompañado de los Pantera mientras intentaba convencer a los Yudas de actualizar su sonido. Y le mandaron al carallo.

A resultas de aquello, Rob montó un grupo llamado Fight con el que grabó un digno sucedáneo de Pantera (‘War of Words’). Y un segundo disco que fue una puta mierda. A nadie nos extrañó: después de todo, el mejor grupo de Goove Metal de la historia solo fueron capaces de grabar dos discos buenos antes de degenerar en un amasijo sonoro sin un tema memorable (sí, es entrañable que el ‘Far Beyond Driven’ sea la mayor cafrada que jamás se haya visto en el número 1 de una lista, pero eso no quita que esté a siglos luz del ‘Vulgar Display of Power’).

Por su parte, los Yudas, como buenas amantes despechadas, ficharon a un chavalillo para demostrarle que podían ser mejores y más duros sin Rob. La sobreactuación de un tema y una letra como ‘Jugulator’ es una cumbre de la comedia involuntaria, pero hay que reconocer que, pese a la cera que se dio a aquel disco, había un par de coplas muy buenas.

Deberían haber pensado “coñe, juntos estábamos mejor” pero, al igual que Maiden, decidieron estirar el divorcio un poco más. Y, al igual que Pimpinela, hacerlo todo más divertido.


¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Los Yudas hicieron algo inédito en su carrera: cagarla big time. El grupo que se había salvado de la quema aún grabando un disco de pop metal con ‘Turbo’ no fue capaz de sustraerse a ¡coquetear con el nü metal en ‘Demolition’! Bueno, con el nü, la electrónica, el industrial, una pizca de grunge  y salpimentado con Groove: todo envuelto en un gigantesco vibrador que los fans vimos venir con velocidad y furia hacia nuestro orto sin un solo escupitajo de aviso. Y fue muy rápido y fuerte.


Rob, por su parte, fichó a Trent Reznor the man himself para hacer un disco más enfocado a la electrónica y el industrial. En ‘Voyeurs’ Rob se dedicaría a susurrar más que a deleitarnos con su grito, porque ese entorno era lo que juzgaba más conveniente para…

Salir del armario.

El secreto peor guardado de la historia del rock salía a la luz.



¿Debo llamar a la fashion police?

Yudas siguieron siendo los onvres de cuero (aunque incapaces de componer una canción), pero me veo en el desagradable trance de tirarle de las orejas a Rob. Entiéndanme: nunca podré ser fan entregado del ‘Mr. Bad Guy’ de Freddie Mercury porque me parece que se suma a una tendencia de música gay canónica un Dios que debería ser LA tendencia él. Pues de la misma forma me da rabia que Rob tenga que travestirse de moderna noventera y hacer electrónica para mostrarse “como realmente es”.

Por decir una frase tópica “Has retrasado décadas el movimiento de liberación de los gays metaleros que quieren que les pongan ‘Hell Bent For Leather’ en Chueca”.

El jran onvre que nos dijo “no me verás/ pero me sentirás” o “Nunca des la espalda/ Al destripador” no merecía convertirse en un estereotipo en un momento que debía ser histórico. Coñe.

¿Sobrevivieron?

Los noventa se acabaron en el año 2000 no porque lo diga el calendario, sino porque Brusiño volvió a Maiden para grabar el acojonante ‘Brave New World’ y todos pudimos quitarnos, con alivio, esa década de encima. Rob siguió grabando en solitario, pero ya vestido de cuero y, en un momento dado… ¡grabó un dueto con Bruce Dickinson!


Y todos supimos que el reton-no a los Yudas era una formalidad. Que el Viejo Régimen había vuelto para quedarse y ¡qué carallo! Priest fueron capaces de grabar una cumbre de la vicisitud que acabó en nuestra lista de los discos con VALORES: ‘Nostradamus’.

¿Qué si sobrevivieron? Rob y Bruce os van a enterrar. Y lo sabéis.


¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?


Me va a caer una hostia por lo que voy a decir, y puede que la primera me la dé yo mismo, pero en su disco de 1998 ‘Angry Machines’ un desorientado Ronnie James Dio – el único cantante del metal a la altura de Rob y Bruce - prueba suerte con casi todos los estilos del momento. Afortunadamente para todos, su voz y su sentido melódico le impedían hacer el ridículo o bajar mucho el nivel, pero en el tema ‘Black’, un extraño rapeo asincopado hace acto de presencia y muchos nos santiguamos ante un inequívoco signo del Apocalipsis:




5. Mötley Crüe - Generation Swine



Cinco discos en los 80, cinco obras maestras del glam metal sin paliativos. Lo único más asombroso que temazos como ‘Too Fast For Love’, ‘Shout at the Devil’, ‘Girls, Girls, Girls’ o ‘Dr. Feelgood’ eran las dimensiones del pollón de Tommy Lee en su vídeo con Pamela Anderson.

Pero es que ese vídeo fue lo único realmente exitoso y memorable que los Crüe lograron hacer en los 90.

¿A quién copiaron?

En plena era grunge, Mötley Crüe decidieron afrontar los 90 de la forma más reflexiva, madura y meditada posible: dándose de hostias y tirando los trastos a la cabeza del cantante. Sin Vince Neil y con el mundillo alternativo señalándolos como la apoteosis de lo peor de los 80 (que viene a ser lo mejor, pero no razonen con alternativos) los Crüe ficharon un nuevo cantante y renegaron de su estilo anterior… ¡sonando como Led Zeppelin! Vaaaale, no voy a negar toquecillos grunge aquí y allá, pero el rollo bluesy es lo que manda. Y la verdad es que lo hicieron bastante bien.

Pero no fue suficiente expiación para los metaleros ni sonó a suficiente Crüe para los fans de siempre. Y entonces, para el siguiente disco, tuvieron una idea luminosa: “Vamos a traer a Vince Neil de vuelta para que los fans de siempre estén contentos y que, así, no se den cuenta de que vamos a grabar un disco de metal industrial para los alternativos noventeros”.

Esto es como cuando el del barco de Shackleton dijo “Vamos a pasar la noche con el barco entre el hielo que, por la mañana, seguro que el sol lo derrite y avanzaremos bien” ¿Qué podía salir mal?

Esto:



¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

El disco es de un nivel de esquizofrenia solo comparable al de Letizia Ortiz intentando hacer convivir la ranciez monárquica con el moderneo de ver las pelis de Carlos Vermut y los conciertos de indie. Al atisbo de un estribillo o riff memorable sucede un ruido industrial o un teclista de Nine Inch Nails más perdido de Bob Dylan y Queensryche haciendo una versión grunge de ‘We Are the World’ en el desierto de Socorro.

Y, hasta cierto punto, eso nos toca el tra-la-la y el ding-ding-dog.

Al resto del mundo no, y a los ejecutivos de la discográfica, que les hicieron un contrato megamillonario por cinco discos despés del ‘Dr. Feelgood’ sin saber que el grunge estaba a la vuelta de la esquina, menos.


¿Debo llamar a la fashion police?

Esa portada con las caretas de cerdo merece la fashion police con refuerzos especiales de los cuerpos de seguridad de Arabia Saudí.


¿Sobrevivieron?

Cuando has sido tan JRANDE, la fiesta se acaba cuando tú quieras que se acabe. Así como muchas de las grandes estrellas de los 90 están en el más absoluto de los olvidos, Mötley Crüe pueden hacer un tour de grandes éxitos cuando a Tommy Lee le termine de salir del rabo (así que eso requiere esperar cierto tiempo hasta que la idea recorra todos lo que viene siendo su fistro sexual) y petarla sistemáticamente. En teoría se habían retirado en el 2015, pero sobra un pene de Tommy para contar el número de personas que se han sorprendido ante el anuncio de su reunión para 2018.


¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Por aquello de pillar un grupo con raíces en el glam metal, el ‘Subhuman Race’ de Skid Row es un buen candidato. El momento en el que el productor Bob Rock le dijo al cantante “Sebastian, ya sabemos que puedes gritar… ¿Por qué no pruebas a cantar más como el chaval de Stone Temple Pilots?” hizo que muchos en el grupo se preguntasen “¿Por qué alguien iba a comprar un pura sangre para, acto seguido darle con un bate de béisbol en las piernas?”.


Pero nadie hizo la pregunta en voz alta. El disco se grabó, salieron de gira… Y los fans sí que hicimos esa pregunta. Y la respuesta fue muy clara: el fin de Skid Row.


4. Black Sabbath – Forbidden (1996)

Igual la portada ya avisaba que era un disco de humor...

Black Sabbath era un grupo que había dejado de existir en 1984. Su líder Tony Iommi estaba dispuesto a arrancar una carrera en solitario contratando diversos cantantes y músicos de sesión con el disco ‘Seventh Star’, pero la discográfica le convenció de que si ponía Black Sabbath iba a vender más. Y yo le convencí de que si hacía un videoclip en el que una señora se pasaba toda la canción mirando lasciva y románticamente su soberbio bigotón, el mundo iba a ser suyo:


(Y no, no triunfó, pero me quedó material para la historia del pornazo bigotonil).

El caso es que, desde entonces, TODOS los discos de Black Sabbath han sido discos de Tony Iommi en solitario con distintos cantantes invitados. Ocasionalmente, bastante buenos como el ‘Dehumanizer’ y ‘The Devil You Know’ o con temas memorables como ‘The Shining’, pero por lo general de dar mucha vicisitud. Y, entre todos ellos, destacó una colaboración para la historia…

¿A quién copiaron?

El rapero Ice-T era un señor con una buenísima intención: intentar recuperar para el hip hop el macarrismo y la caña del metal. Lo más cerca que estuvo fue con el disco de su banda Body Count y su jit ‘Cop Killer’, pero lo cierto es que el onvre estaba muy lejos de lograr las cotas de excelencia del dueto de Anthrax y Public Enemy con su ‘Bring the Noise’, para qué engañarnos. Feck, Ice-T lo sigue intentando hoy en día con una versión de Raining Blood de Slayer (¡incluyendo un tema antes que es él explicándole a su audiencia por qué está haciendo una versión de Slayer! Hablando de causas perdidas…)

El caso es que Ice-T participó en el tema ‘The Illusion of Power’ del disco ‘Forbidden’. Y…


¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Lo cierto es que a Ice-T le dejaron las cosas muy fáciles: ‘Forbidden’ no es, en absoluto, un disco de rap-metal. Lo que es es una puta mierda: producción anémica, el peor cantante que haya pasado por Black Sabbath, temas cero memorables que, en el mejor de los casos son una parodia de Poison o Whitesnake o, en el peor, vuelven a dar protagonismo al dependiente de Hard Vynil cuando impide que me acerque al disco con un conciso “Otros que no levantan cabeza”. 

A este pastel de caca metálica solo le faltaba Ice-T saliendo en pelotas de su interior rapeando en ‘The Illusion of Power’. Check.

¿Debo llamar a la fashion police?

Esa fue la única concesión vergonzosa a los 90, el resto es, simplemente, ausencia total de talento musical. Pero, ya lo saben: el bigotón de Tony le da derecho a todo. Es, frente a la fashion police, la carta de Monopoly de “Salga de la cárcel y vaya a la salida recogiendo un sobre Barcénico de 2 millones de euros”.

¿Sobrevivieron?

¿Si los padres del metal sobrevivieron? ¿Estamos gilipollas o qué? ¡Pues claro! Un discazo excelente con Dio y una gira exitosa, un discazo bien solvente con Ozzy y una gira apoteósica de despedida. Y hasta teniendo tiempo de hacer un dueto con Raphael:



¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Evidentemente ‘Body Count’ de Body Count. Si muchos grupos del metal de esta lista cometieron el error de tocar grunge sin entender de qué carallo iba el grunge, qué menos que disfrutar de un rapero que no tiene ni idea de qué va el metal recitando chorradas sobre una batería anémica y unos riffs que… ¿Qué riffs? (Pero ‘Cop Killer’ me gusta, denúncienme)


3. Scorpions - Eye II Eye 



En 1990 Scorpions lograban su último gran éxito con ‘Crazy World’ (TODOS, desde los más hípsters a los más grindcore, sois fans de ‘Wind of Change’, mal que os pese), pero la revuelta grunge les descolocó, y ni el ruidoso sinsentido del ‘Face the Heat’ ni el más blandengue ‘Pure Instinct’ convencieron a nadie. Aún así, guardaban un as en su manga alemana…

¿A quién copiaron?

El productor Peter Wolf decidió que, hiciesen lo que hiciesen, el disco iba a estar gobernado por percusiones electrónicas marca putón-putón, que es lo que se llevaba ahora. Lo que en el ‘Slang’ de Def Leppard sonaba de pena, aquí entró, cual slogan de peli de Darío Argento, en una nueva dimensión del horror.

¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Hay que reconocer que el disco alcanza unas cotas de “genialidad del mal” cercanas a la perfección. Incluso cuando parece que les va a salir una de esas baladas en las que nunca fallan, de pronto entra una percusión R&B (en serio) que jode todo el invento. Es imposible aburrirse con ‘Eye II Eye’, porque cada canción fracasa, en su delirio electrónico, de una forma tan original como eficaz. De todas formas, si hay que elegir un solo tema, el triunfo absoluto es el del aborto pseudorap de ‘Du Bist So Schmutzig’:


El idioma alemán se inventó para llega a este tema sin duda. Así que, hala, ahora una vez grabado ya pueden irse a un campo de trabajo, dejar a Europa en paz y darle Baviera a los judíos, que está más bonita y frondosa que ese secarral infame de Israel.


¿Debo llamar a la fashion police?

Rudolf Schenker afeitándose el bigotón en los 80 es una afrenta máxima contra el decoro que no se puede tolerar. Dicho esto, hay que reconocer que nuestro querido guitarrista sórdido pertenece a ese selecto club de gente como Nigel Mansell o Bernd Schuster: pueden afeitarse el bigotón, pero se lo sigues viendo. No small feat.


¿Sobrevivieron?

¿Acaso no sigues cantando ‘Wind of Change’, cínico? Scorpions está hecho a prueba hasta de renunciar a haber tenido a uno de los baterías más adefésicos de la historia de la música.


Ese es el poder de la sordidez de Herman Rarebell: es como el bigotón de Rudolf, lo sigues sintiendo aunque hayan puesto basura electrónica en la percusión.


¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Pues no nos salgamos ni de Alemania, ni de las bases programadas ni del mongolismo de poner un “II” en el título (nota: si ven que una canción escribe “u” en vez de “you”,  “4” en vez de “for” y, peor aún, pone la palabra “Feat.”, no lo duden: un mojón se avecina). Así pues, sufran y padezcan con el ‘Machine II Machine’ de Doro.


Desde el propio título se nos están vendiendo bases programadas. Y desde la propia portada se intenta vender como una jaquetona que ponga calientes a un target más amplio que el de los metaleros old school. Para ello, hay que reconocerle visión de futuro a Doro: tirando de productores de música latina casi se anticipa en algunos años a la llegada del reggaetón. El problema, Doro, hija, es que para ver a una cañón calentando al personal con mierdaca de música cualquiera de las que le hace los coros a Daddy Yankee te pega mil vueltas. Y ahora voy a decir lo más grindcore del artículo: un tema como ‘Gasolina’ puede que le pegue mil vueltas a ‘Machine II Machine’ (y puede que al resto de la discografía de Doro salvo al ‘All We Are’. Ya les dije que me iba a poner muy grindcore).

Dadme más gasolina.


2. Kiss - Carnival of Souls (1997)



Mejor que ningún otro grupo en el planeta Tierra, Kiss siempre tuvieron muy claro que había que estar sistemáticamente en la cresta de la ola, que había que adaptar el estilo musical a lo que diese más dinerito cada momento (auqnue signifcase discos de gloriosa ignominia) y que la felicidad absoluta es levantarte empalmado por la mañana, que la churri aproveche para chupártela y que, acto seguido, te tires tal pedo que el perro tenga que huir de la habitación ladrando llorosamente. Es palabra de Gene Simmons.

Con esta filosofía de vida, nos regalaron cumbres de la vicisitud con VALORS como el ‘Unmasked’ o el ‘Music From The Elder’, pero también joyas de la música disco como el ‘Dynasty’ o del hair ochentero como el ‘Animalyze’. Incluso, cuando sus discos de los últimos 80 se quedaban muy moñas, supieron darse un nuevo aire cañero con el cojonudo ‘Revenge’. ¡Y hasta grabaron el mejor de todos los unplugged de la MTV! Pero ni siquiera Kiss eran capaces de acertar siempre…

¿A quién copiaron?

En un momento de debilidad, Kiss comenzaron a trabajar en un disco que era una caricatura del grunge, pero sin intención cómica. En algún punto del proceso, Gene y Paul debieron darse cuenta de la dimensión de la bosta y pensó que lo que la gente quería – y con razón – es que volviesen a reunirse con Ace y Peter. Así pues, archivaron sabiamente el disco en el que estaban trabajando con la intención de que no viese la luz del día. Pero las copias pirata comenzaron a circular. Y, para Gene Simmons solo había algo peor que la gente se diese cuenta de la mierda que estaban grabando. Y ese algo era que ¡otra persona que no fuese él hiciese dinero con algo que pusiese “Kiss” en la portada!

¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

De nuevo, se trata de medir la altura de la caída. El día que el grunge empezó a triunfar, Gene Simmons despellejó toda la escena de Seattle con una de sus muestras de sabiduría. En esencia, lo que venía a decir era que la gente solo quiere pagar dinero por ver a peña extraordinaria en un espectáculo de la hostia, y no a una panda de tristes con camisas de leñador iluminados por dos bombillas de sesenta watios. De paso, explicó el porqué del auge posterior del hip hop: la gente prefiere ver peña más chula que un ocho marcando paquete, proclamando que son la hostia y luciendo a sus perracas montadas en Ferraris.

Entonces, si Gene tenía razón… ¿Por qué someternos a la tortura inacabable de este disco? Más de una hora de temas intercambiables de grunge random en los que se logra la proeza de que… ¡la voz de Paul Stanley drene nuestra fuerza vital!


¿Debo llamar a la fashion police?

No hace falta: la fashion police ya había llegado antes de publicar este disco en el que no se molestaron ni en hacerle una portada (en serio: hay piratas hechos con el Microsoft Paint de mayor sofisticación). NADIE se enteró de esto, porque ‘Psycho Circus’ ya había salido al mercado y, pese a ser una obra mediocre, eso suponía ver a Kiss en directo: Ace electrocutándose en ‘Shcok Me’, Peter lanzándonos rosas en ‘Beth’, Gene vomitando sangre en ‘God of Thunder’ y Paul repartiendo amol para todos y diciendo “Eres muy bonita” en perfecto mexicano.

¿Sobrevivieron?

El capitalismo no se acabará cuando pete algo más gordo que Lehmann, sino cuando Gene Simmons deje de forrarse. Kiss es indestructible, perras.

¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Por no cambiar de banda, el lamentable momento en el que Gene Simmons quiso seguir siendo joven y moderno e hizo una versión del ‘Firestarter’ de Prodigy. El disco en el que está se llama ‘Asshole’, así que tampoco hay que añadir mucho más a la vergüenza ajena:


(En serio, Gene, nadie hace mejor de Daddy Yankee que Daddy Yankee, asúmelo)


1. Metallica – Load (1996)

Sangre y semen... La del Reload era meado y sangre. ¿Una mejora?

En 1984, ‘Ride the Ligtning’ cambió la historia del metal. En 1991, con el ‘Black Album’, Metallica casi se convirtieron en “La historia del metal”. Entremedias, dos obras maestras: una se llamaba ‘Master of Puppets’ y en la otra perdieron el Grammy al mejor grupo de heavy metal contra Jethro Tull.

No es exagerado decir que, en los cinco años que transcurrieron del 91 al 96, NINGÚN disco de la historia del metal fue esperado con más ansia que “lo próximo” de Metallica…

¿A quién copiaron?

Se habla de mezclar rock sureño y boogie con Groove (tradúzcanlo como “helado de vainilla con mayonesa” o, mejor aún: lo que vi en una fiesta del PCE asturiano: helado de fabada). Pero yo siempre he sido más de definir el ‘Load’ como el más triste quiero y no puedo ser Alice in Chains ever (for the record, hay un vídeo de James Hetfield cantando el inmenso ‘Would’ con los Alice y, a mitad de la actuación, lo que hace todo Cristo en youtube es ir a por la versión con Philip Anselmo de Pantera… yo también).

¿Hasta dónde llegó el nivel de vicisitud?

Solo siendo EL grupo del metal puedes realizar LA gran sodomización del metal. Si fuésemos tan gilipollas como los que hacer Power Points llenos de anglicismos (lo que viene siendo el programa político de Ciudadanos) hablaríamos ‘Vicisitud del 90s metal 101’. Nada hay más canónico que el ‘Load’ para explicar TODO lo que era ridículo en los 90.


Podría hacer un copypaste de todo lo anterior y valdría para el ‘Load’: composiciones pedestres, no entender cómo funciona el grunge, letras ridículas que muestran la intimidad con la misma sutileza que el “hola, qué tal, puedes dejar tu abrigo en el perchero ¿quieres un vaso de agua? Mi padre me dio por culo”. Check. Adolescentismo mental con ínfulas de profundidad. Check. Traumas paterno-filiales (en descargo de Metallica, ya lo venían haciendo de antes: pero la diferencia entre ‘Dyers Eve’ del Justice y el ‘Mama Said’ es sangrante). Check. Temas trágico-deprimente-confesionales sobre la adicción a las drogas (de nuevo: la distancia que va de ‘Master of Puppets’ a ‘The House Jack Built’). Check.

¿Y la estética? My feckin’ Satan, para eso está el siguiente apartado. Y un signo de Check tan grande que debería ser construido por Santiago Calatrava que acabase cayendo sobre la calva de Lars Ulrich.


¿Debo llamar a la fashion police?

Desde el día 2 estaba claro que el único miembro de Metallica que podía vestir como un chuloputas era Kirk Hammet. Podría ser desde el día 1, pero entonces tocaba la guitarra el yonki esquizoide de Mustaine, al que ningún ser humano desea ver vestido de chuloputas.

El caso es que sus maquillajes lograron superar en vicisitud metalera a los cardados satánicos de Celtic Frost en el ‘Cold Lake’.

En el caso de James Hetfield, el pobre metalero medio intentaba ser policorrecto repitiéndose el mantra “No te metas con James, que te van a llamar intolerante, cerrado de mente o algún chascarrillo coyuntural noventero que se nos haya olvidado a todos”. Vamos lo mismo que hoy en día es un “No digas la evidencia de que Barijaputa es una retrasada incapacitada para el pensamiento lógico, que te crucifican por opresor heteropatriarcal”.

Al final, tuvo que ser la gente “normal” que había disfrutado del Black Album porque, joer, cuando algo es TAN perfecto la psicopatía es que no te guste, la que dijese “¿Por qué James Hetfield está cantando como un gilipollas?”. Así que la pintorra era solo el reflejo del dinero peor gastado en clases de canto ever.


De la misma forma, las pintas de retrasado de Ulrich eran solo el tráiler de sus míticas demandas a Napster y del convertirse en “el blanco fácil más socialmente aceptado de la historia del metal”.

La fashion police, como The Bishop en el sketch de Monty Python, no supo llegar a tiempo.


¿Sobrevivieron?

Pese a todos los méritos de los 90 para conseguir hundirse en la miseria (y, ojo, soy del bando de los que piensa que el ‘Reload’ es bastante superior a esta tontería cósmica de disco extendida a toda la capacidad de un cd), los cinco primeros discos de Metallica son un salvavidas en el que caben DiCaprio, Winslet y toda la tripulación del Titanic (salvo el anormal de Cameron, y así nos hubiésemos ahorrado ‘Avatar’). Era cuestión de tiempo que se acordasen como sonaba el ‘…And Justice For All’ para que grabasen su versión Hacendado en ‘Death Magnetic’ y todo quedase perdonado. O que mezclasen el ‘Kill ‘Em All’ y el ‘Black Album’ y saliese el excelente ‘Hardwired to Self Destruct’. Tan bueno que Rita Barberá esperó a que saliese para poder escucharlo y morirse a gusto el día siguiente.

Y todos regresamos a formar parte de la milicia del metal.


¿Qué me recomienda si quiero seguir torturándome en esta onda?

Sencillísimo: viaje una década más adelante y retuérzase como un gorrino en el fango del ‘St. Anger’: un disco que no te produciría ni tu peor enemigo con unas letras confesionales vergonzosas que ningún psicólogo te dejaría mostrar en algo que no sea su consulta. Por aquello de que una foto tuya sodomizando a un gorrino te desprestigia menos que los versos del ‘St. Anger’. Eso sí, si te gusta algún riff de guitarra, estarás de enhorabuena, porque, durante los 418 minutos de media que dura cada canción… ¡no escucharás otra cosa que eso! 

Recomendamos asimismo ver el magistral documental ‘Some Kind of Monster’: un relato divertidísimo de las secuelas de los 90 en el que, además, suena una canción que los propios Metallica tuvieron los reflejos de NO incluir en el disco, y que puede ser la canción más lamentable de la historia del metal.

Porque es prerrogativa de los más grandes el poder hacer lo más infame:




…Y esto ha sido el duro paseo por ese campo de batalla noventero en el que la gente aburrida del mundo logró hacernos dudar a todos de nuestra fe en Satán, el cuero, las tachuelas, los elásticos rojos y los parches de Kiss.

Pero, como todo trekking extremo o sesión de fistfuckin sin lubricar, hay un motivo para hacerlo: al final hay recompensa.

Y la recompensa es que el tiempo acabó poniendo todo en su sitio: mientras el grunge quedaba olvidado, los sex symbol hípster de los nuevos tiempos aprendían que nada había más cool que un top que ponga “Iron Maiden” con lentejuelas. Mientras Jack White tenía que abordar la titánica misión reeducar a los modernos en las bondades del blues rock, un grupo sueco tiraba de varios de los elementos considerados menos cool por toda la intelligentsia crítica (rugidos de Satán, Ritchie Blackmore y ¡rock progresivo italiano!) para grabar un disco magistral que reducía prácticamente todo le que le rodeaba en el siglo XXI a la categoría de zurraspilla en la loza.

(Hablo del ‘Ghost Reveries’ de Opeth, claro, pero eso ya lo sabíais).


Así que, de nuevo, desde el Valhalla, desde la torre más alta del polígano, desde el bareto favorito de Satán, digámoslo bien claro, con ternura pero con huevos y ovarios:

HEMOS GANADO.

Joder, qué bien sienta.


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