marzo 2018

Mi cita favorita de todos los tiempos es, obviamente, “Si no farcias las caroidas, no remuldas las leporcias”, escrita por la persona que más me enseñó de historia aparte de mi madre: El Perich. Del que también aprendí lo que eran las pajas. Pero, enhorabuena: ese es otro tema del que no escribiré otra vez. Tal frase esconde una de las grandes verdades de la existencia: que nada tiene sentido y que es mejor hacer chistes porque PA QUÉ.

Mi segunda cita favorita, y que tiene un poco más que ver con este post, es de J.R.R.Tolkien, el R.R. original aficionado a dejar cosas inconclusas. Es algo así como:

"¿Por qué debería un hombre ser objeto de burla si, encontrándose en prisión, intenta escapar e ir a casa? ¿O y si no puede hacerlo, piensa y habla sobre otros temas distintos a guardianes y los muros de la cárcel?"

El escrito sale de su tratado “Sobre los cuentos de hadas” que, como su propio nombre indica, no ha leído casi nadie porque todavía le quedan muchos capítulos de series dramáticas episódicas que ver. Pero viene a cuento por el lamentable espectáculo que he presenciado en redes sociales en las semanas previas al estreno de 'Ready Player One'. Pero, antes de abordar la locura que se ha desatado, aclaremos un par de cosas.

Mi trabajo, por si algún despistado no lleva suficiente tiempo leyendo este blog como para haber subido de nivel su avatar a nivel Dios Günther, consiste en evaluar películas. Es decir, que es normal que me acerque a cualquier obra con un espíritu analítico. Veo con relativa facilidad por donde puede flojear una narración para tal o cual persona y que eso mismo no le importe a otra. Pero conservo hasta cierto punto la habilidad de ir al cine y disfrutar sin estar en estado de constante análisis. Soy como un ginecólogo que todavía puede mirar un potorro con vicio al salir de trabajar.

Admiro a los ginecólogos que todavía pueden mirar con vicio un potorro al salir de trabajar.

También soy una persona (bajita, pero persona) a la que suelen preguntar mucho su opinión sobre películas. Por lo tanto, estoy acostumbrado a sentir la necesidad de formarme un juicio claro para poder dar una respuesta cuando me pregunta cierto superior del trabajo al que llamamos 'Twitterman' porque no es capaz de atender respuestas de más de 280 caracteres.

Todo esto es importante porque, amijos: si yo todavía puedo ir a ver una película por gusto y para maravillarme, vosotros también podéis. En serio. Lo juro. Porque vivimos en un mundo en el que me da la sensación de que un porcentaje amplísimo de los consumidores de cultura y especialmente los que se denominan fans o ‘cinéfilos’ (esperad, que me voy a lavar los dedos tras escribir esa palabreja) tienen lo de entretenerse en el cine como algo secundario. Lo importante es tener munición para formarse una opinión con la que iluminar las redes sociales. A menudo, incluso ANTES del estreno. Lo principal es saber qué resúmen hacer de la película, a ser posible en una frase rotunda, extrema (todo es o cojonudo o una puta mierda) y, a ser posible, negativa. ¿Por qué negativa? Porque es más fácil.
Yoda nos lo explicó de forma coherente por una vez en su no-vida.
Pensadlo bien: la creación, especialmente el cine, es algo tan complejo, que es muy difícil que todos los aspectos casen al cien por cien con un supuesto ideal del espectador. Es, por lo tanto, más fácil centrarse en los fallos. Pero hay algo más: es mucho más agradecido para exhibirte en redes sociales: lo negativo, como demuestran desaprensivos que hacen vídeos de humor sobre pelis malas en internet, es más fácil para, por un lado, hacer comentarios sarcásticos e irónicos que llamen la atención y, por otro, poder quedar bien en el caso de que un gurú te diga que tal cosa que secretamente te gustó es en su opinión una mierda.

Todo esto viene a que parece ser que usar las narraciones para sumergirse en una historia y ser feliz se ha convertido en algo muy secundario e incluso sucio. Si la vida cultural fuera un sandbox, la evasión de la realidad no sería ni una misión secundaria. Ni siquiera una de esas terciarias que te dan NPGs y que siempre son variación de dos o tres modelos. Sería como poner el Witcher 3 y dedicarse a jugar al Gwent.
O al strip-gwent con Triss: no me extrañaría un mod con esa posibilidad
Cosa que yo he hecho. Se me daba cojonudo. Desde luego, es mucho más divertido que La Canasta, más fácil de entender y no requiere que me haga la permanente y cuide que el corega esté bien fijado para que mis amigas del Casino no noten nada.

Esa actitud en la que lo importante no es tu experiencia, sino lo que opinen otros de dicha experiencia, es muy de hipster y, en el caso del cine fantástico, que es de lo que va esto, muy de frikipster. Un tipo de supuesto fandom que encarnan lo que toda la vida he llamado ‘el falso freak’. (Alguien acusándome de dar carnets de pureza está flexionando los nudillos antes de ponerse a escribir un comentario) Los protagonistas de una frase que un día solté y que había olvidado haber dicho hasta que me la recordó un amigo: “El fandom acabará con el fandom”.

Pero no el fandom de los tarados normales (parece una antítesis, pero es que mi mente funciona como las leporcias siendo remueldadas), sino el que no comparte su frikismo. El obsesionado con el qué dirán. El que es freak por formar parte de un grupo social. El loco por revestir de una pátina de prestigio a sus aficiones. El que acumula visionados para soltarte peroratas sobre por qué eres un mal fan por no conocer tal o cual serie oscura, en lugar de pasártelas todas en un Mega para que ambos conozcáis las delicias de, qué sé yo, ‘Father Ted’ y por qué la frase ‘Kicking Bishop Brennan Up The Arse’ es digno de celebración y regocijo.
Os juro que esto es más y mejor historia de la televisión que cualquier momento de The Wire.
Todo esto lo comenté ya en parte en mi artículo sobre los ‘frikipsters’(post hermano de éste y uno de esos momentos de soltar la perorata que me permito en el blog cada dos o tres años). Todos esos pesados que se han apuntado al nerdismo ahora que está de moda y que lo abandonarán con facilidad por pastos más culturetas y jordicósticos cuando acaben con él gracias a su mismo fundamentalismo. Porque acabarán. Y tengo la hipótesis posiblemente errónea de que un posible fracaso de Ready Player One unido con el declive de ‘The Big Bang Theory’ y la cumbre de la Fase 3 de Marvel, sea el inicio del cambio.

O al menos eso me ha parecido oler con la oleada salvaje de odio hacia la película de Spielberg por parte de gente que se declara ‘nerd’. Para que os hagáis una idea, yo he publicado artículos sobre religión y nacionalismo, pero no he sufrido tantos ataques como por decir que me hacía ilusión ver 'Ready Player One' y que me esperaría a tragármela para opinar. Que me dejaran ser feliz con el proceso de expectación. Madre mía la que se armó.

Porque la pasión por juzgar negativamente la película sin haberla visto ha sido mareante. Sorprendentemente incomprensible viniendo de una cinta de aventuras de Steven Spielberg, que es un señor con sus cosas, pero que generalmente debería disfrutar de un beneficio de la duda muy superior a la de gente que escribe en internet en blogs de nombres impronunciables para andaluces o alemanes (ay, lo que nos reímos intentando hacer que Uwe Boll dijera 'Vicisitud')

Lo dije hace más de una década en mi ¿mítico? artículo “¿Qué es una mala película?”. Parece de perogrullo, pero antes de juzgarla hay que verla. Es lícito tener malas expectativas, pero este mes pasado se lanzaban con la seguridad fundamentalista y soberbia de quien no sólo la había visto, sino también de quien ha escrito ya una tesis sobre ella. Hubo un artículo especialmente execrable en Canino que no acertaba absolutamente en nada (empezando a hablar de la película que no había visto para luego centrarse en sacarle lecturas machistas al libro, porque, ¡eh!, es lo que está de moda para ser aliado). Pero lo que más me gustó fue el tuit de un señor que me dijo que “Había leído algunas páginas del libro y que unos amigos le habían dicho que era malo, así que la peli sería una mierda”. Un non sequitur del nivel intelectual de “Me he comido una pastilla de chocolate de kazajistán y, por lo tanto, los tomates kazajos saben a colillas mojadas”.

Ay, el chocolate kazajo. Era como lamer tierra en la que han derramado un poco de caramelo líquido Hacendado. Pero, una vez más, desvarío.
(Por si acaso, os dejo una imagen del atentado culinario en concreto)
Ese comentario me divirtió especialmente, porque, sin salirse de Spielberg, se podría aplicar a ‘Tiburón’ perfectamente un día antes de su estreno en 1975. Palabra por palabra.

Pero, claro: es mucho mejor ser cínico. Reírse del que demuestra ilusión. Basarse en datos incompletos para hacer un juicio que, y ahí viene lo malo, intentarán mantener durante la proyección y afectará a su capacidad de evasión. Para tener un discurso continuísta. La inmersión en la peli será más difícil. No podrán ser felices a pesar de tal escena implausible o cual efecto especial flojo. Si el discurso previo es que ‘Ready Player One’ es un filme sobre la nostalgia ochentera sin valores interesantes, pues habrá que mantenerlo.

Que, a propósito, no lo es. Va de videojuegos. Que no sé si habéis notado que el texto está plagado de chorradillas referentes al tema. Pero eso lo comentaré más adelante.

Y si hay un género fácil para sacarle las cosquillas, es la fantasía escapista, porque la construcción de mundos es algo complicadísimo de hacer verosimilmente, sobre todo en dos horas. El quisquillosismo puede hacer estragos. Es mucho más agradecido hacer algo más simple, con apariencia oscura, con supuesta crítica social y cinismo en primer término.

Lo cual no quiere decir que Ready Player One no tenga componente social. Oh, sí que lo tiene. Más de lo que parece. Y es muy importante, porque tiene que ver con la importancia de la fuga del prisionero, que no debe confundirse con la deserción del soldado.

¿A que parecía que estaba dando vueltas en círculo en este post y que no iba a retomar lo del principio? Pues tenéis razón: estaba dando vueltas y me he acordado de repente de cómo empecé.

Veréis. Los fancistas que empezaron a hacer comentarios inteligentes e informados antes de ver la película basándose en lo que habían leído en el libro o, en la mayoría de los casos, lo que le habían dicho sus cuñados que era la novela venían a ser esto:
¡Miradme! ¡El libro y la peli sólo son un festival de nostalgia y referencias! ¡Os traigo la opinión experta!
Realmente, los que hayáis visto la película sabréis, y esto puede ser un shock, que SPIELBERG NO ES TONTO. Que la nostalgia ochentera es integral a la premisa, pero que él y Zak Penn están más interesados en otra cosa. Dicha nostalgia pop es algo adjunto a la trama y ni siquiera se basa siempre en los ochenta. Porque los fancistas pueden ver que ya en el trailer hay referencias a el Gigante de Hierro, Overwatch, Battletoads, Second Life o Harley Quinn y seguir gritando EZTOY JARTO DE ESTREINYER ZINGS Y LOS MITOPLASTAS DE LOS GOONIES sin parar.
El necronomicón del frikispter
Lo que han hecho Spielberg y los guionistas (incluyendo al ahora de repente odiado Cline, porque siempre es bueno tener villanos) es hacer una película futurista y muy actual (sospecho que la disfrutará más la generación de los MMORPG que la anterior o los que no han cogido una consola en su puta vida). En la que, miren ustedes por dónde, el mundo es un lugar gris que hay que cambiar. Y quienes los hacen son, precisamente, los que se sienten prisioneros.

Prisioneros que se evaden, pero no soldados que desertan.

Y que ellos son los primeros conscientes de que un beso real es mejor que uno virtual. Que saben distinguir entre realidad y ficción. Justo lo contrario de los que nos acusan a los amantes de la fantasía tanto los guardianes de la moral (obsérvese la que se ha vuelto a armar con los videojuegos en Estados Unidos) como los guardianes del buen gusto.

Tolkien también decía: “Es un gran placer para mí encontrar mis creencias justificadas: Que ‘el cuento de hadas’ es, en realidad, un género adulto, y uno para el que existe un público hambriento".

Bueno: ya no está hambriento como en la época del viejo profesor. Ahora, la fantasía domina el entretenimiento a través de las nuevas mitologías, que van desde superhéroes hasta videojuegos, pasando por mundos fantásticos y hasta juegos de mesa. Ahora la referencia común mundial no es tanto el folklore tradicional sino un nuevo folklore con referencias más recientes. Que se consume y muta más rápido. Sí: es de consumición masiva, pero eso es la humanidad hoy en día, nos guste o no (sobre lo de la mercantilización de los mitos y su relación con ciertas subtramas de Ready Player One, mejor no meternos, que son las dos de la madrugada y quiero acabar ya). Es una mitología en la que puede haber gigantes y hadas, pero también cyberpunk, romances virtuales y leyendas fanfiction basadas en juegos de apenas dos décadas con eróticos resultados.

(Mi mayor ilusión en el mundo es que se haga un fanfiction de CineBasura con eróticos resultados)

Pero, claro: eso es ahora masivo y, osea osea, tonto para niños, y muchos no se sienten cómodos con ello. Hay que separarse de la masa, paradójicamente uniéndose a otra masa distinta. Una que imagino que vuelve a pedir el regreso a los reboots descarnados que se pusieron de moda en los 2000.

Pues ole, pues vale, pues me alegro. Si alguien no se siente preso, pues me parece genial que reclame ver más películas realistas y abandone la narrativa de evasión. No tengo ningún problema con ello. He vivido media vida en el ostracismo alejado del Buen Gusto ™. Sólo os pido que, al menos, lo hagáis de corazón y no por el puñetero postureo. Y que esperéis a ver una película o leer un libro antes de dar opiniones categóricas. Que váis a tener lo que queréis: la historia es cíclica y este reinado del fandom acabará. Quizá así estaremos más tranquilos los de siempre. Y sí: soy consciente de la paradoja de que esta última frase puede interpretarse como elitista y, una vez más, de repartidor de carnets. Pero denominar de tal manera a quienes, aún en el mundo del reinado nerd, nos miran por encima del hombro por nuestra afición desmesurada a la evasión no deja también de ser un poco paradójico.

(Insertar aquí mi típico párrafo de conclusión sobre que cada uno vea lo que le dé la gana y opine lo que le dé la gana, pero pensando un poquito antes de hablar o escribir y sin ser condescendiente, que ya son las 2:30 y creo que ya lo sabéis todos los que habéis leído tan lejos)
Aquí iba anoche una foto de Ren y Stimpy con los ojos rojos. Pero mira tú por donde que me ha dado por cambiarla esta mañana.
Todo esto lo puede haber leído alguien y preguntarse: ¿Pero, es 'Ready Player One' una peli redonda? ¿Es siquiera buena? Es que ese NO es el tema de este artículo. Pero si tenéis que preguntar, pensad en ‘En Busca del Arca Perdida’. Una obra maestra. Una de las películas de aventuras más queridas de todos los tiempos. Una peli en la que nada de lo que hacen los personajes tiene impacto en el resultado final, que es un literal Deus Ex Machina. Imaginaos ahora cómo habría sido recibida por los que hoy.

EXACTO.

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Damien. El infernal. El que divide y traerá el Apocali... Vale, sí; lo dejo. Que el chiste con el nombre de Chazelle y el niño de "La Profecía" es muy obvio. Pero es lo único obvio de este personaje que, a día de hoy, es un misterio. Porque pocas óperas primas hay como 'Whiplash', pero tampoco hay tantas películas que dividan tanto a la hora de preguntarse: "¿Qué cojones me ha querido contar este chaval?". O, mejor todavía: "¿Quería contarme algo o sólo molar?".

Pues de eso va este vídeo, como siempre, totalmente improvisado. De eso, y de Alianza Popular. Y antes de que preguntéis, no: no hablamos de "Gran Piano" (guión regulero, la salva la buena realización y montaje) o "Cloverfield 10" (guión cojonudo, bien rodada y así como que muy buena en general). Aquí vamos al grano de las dos polémicas a nivel temático que ha dirigido.

EDITADO: YA ESTÁ ARREGLADO EL SONIDO


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A medida que han ido avanzando los años de ente bloj, se han producido varios cambios que han afectado a los contenidos. El principal es que los artículos cortos de chorradas pilladas por internet acabaron convirtiéndose en actualizaciones de nuestros muros o de grupos de facebook como ‘Música de Merde’ (fuente de risión personal diaria). Para cuando tenía tiempo de escribir algo y elaborar sobre tal o cual descubrimiento, el vídeo en cuestión ya era viral.

El otro fenómeno es que nos hemos convertido en tal isla dentro de nosotros mismos que damos por supuestas historias que no todo el mundo ha de conocer. De ello trata el presente post. De algo del que estás hablando un buen día con amigos y gritas dos cosas: “¡Coño! ¡Si lo piensas bien, esta historia es realmente absurda!” y “¡Coño! ¡Mis amigos suelen ser perturbados que hablan de rock progresivo!”

Porque esto va de PROG.

¡Un momento! ¡No huyáis! El artículo está escrito precisamente para la gente que no conocen en profundidad este género. Esto es, para personas con suerte y posibilidades de tener sexo más de una vez cada trienio. Porque ya os hemos contado en numerosas ocasiones que el sinfónico es el tipo de música más denostada de la historia. Y justo es en la época en la que cayó en desgracia cuando empieza nuestro cuento…

Érase una vez un grupo formado por un cantante castrado napoleónico, un bajista erótico, un alcohólico magistral con capa, Gollum cuando sólo llevaba unos años con el Anillo Único y el equivalente en batería prog a Ringo Starr manco. Todos genios respetados.
Todos listos para formar parte del reparto de la nueva de Fesser.

Lo que pasa es que los miembros de dicha formación, llamada Yes, hacían cosas malas: Rick Wakeman, el de la capa, se dedicaba a beber como un suicida y, lo que es peor, a hacer espectáculos de prog sobre hielo. Lo de Jon Anderson, el pequeño Napoleón, era mucho más grave: además de discos dobles basados en notas a pie de página de libros tibetanos, era vegano.



Todos juntos hicieron un disco llamado 'Tormato'. Explicando: originalmente, se titulaba 'YesTor', por el monte (“Tor”) Yes (“Yes”) que está en Devon, lugar que me pone muchísimo. Todo en consonancia con lo que venía siendo el rock sinfónico en su lustro y pico de popularidad: naturaleza, épica, poesía e historias atávicas sobre druidas de Stonehenge:

El prog en una parodia de dos minutillos.

Sin embargo, los tiempos cambiaban. A Wakeman no le gustaba la portada que habían perpetrado los míticos Hipgnosis con el monte en cuestión y un señor con batuta, así que le tiró un tomate encima… y el resto es historia. Historia de los juegos de palabras que dan ganas de exterminar a la humanidad.

‘Tormato’ (see the idiotez they did there?) fue un disco que muchos defienden ahora, porque el mundo está lleno de gente con problemas. Como yo. Que a mí me hace gracia debido a que tanto cine cutre me ha dejado las conexiones neuronales como anchoas requemadas. Sin embargo, en la época y entre la mayor parte de los fans de Yes, fue un desastre. Muchos vieron en sus mezcolanza rara de sonidos y evidente falta de sintonía del grupo el inicio del fin. Entre ellos, un joven aspirante a ingeniero de sonido con un objetivo en la vida: llevar gafas más divinas que las de Elton John
Trevor Horn(y)
Pero no adelantemos acontecimientos. Ya llegará el momento de este señor. El asunto es que Anderson y Wakeman deciden largarse a hacer sus cositas. El primero, discos más comerciales con Vangelis, al que siempre quiso como parte de la formación. El segundo, un disco doble de canciones que puede invocar al diablo aunque no lo pongas marcha atrás. Secundariamente, a desintoxicarse, casarse un puñado de veces y hacer LPs de new age que ni recuerda haber compuesto para pagar a sus ex esposas.
¡FANTASÍA!
En parte, la situación del grupo era un desastre porque todos tenían egos que no cabrían en la Torre Trump y eran muy quisquillosos con el dinero. Las grandes estrellas de los 70 (Sí: Yes eran grandes en EEUU y eso significaba PASTA A MONTONES) gastaban mucho cuando estaban de gira. Viajes en los que a veces no se hablaban entre ellos. Ni siquiera entre las esposas y novias de los respectivos. Tan grandes eran, que tenían reservado un gran tour mundial… y no había grupo con el que ir ni disco que promocionar. Así que se fueron los tres miembros restantes a un estudio a practicar algunas ideas musicales y empezaron a pedir material por ahí.

Intermedio en la historia.

Vamos a otro mundo. El de la música de sintetizadores a punto de cambiar el panorama. Mientras el punk, género mierder que había acabado a los ojos de la crítica con el prog y el arena rock, implosionaba al ritmo de venas reventadas por la heroína, el verdadero futuro ya se gestaba. En 1976, Trevor Horn y Geoff Downes (con Bruce Woolley, que abandonaría el grupo antes de grabar nada) se unieron para hacer cosas… cosas musicales. Lo que fuera. El primero hacía sus pinitos como técnico y como productor. El segundo venía de un pasado de estudios musicales. El tercero no suele importarle a nadie, aunque tiene su carrera interesante en la que ha llegado a tocar con Thomas Dolby en una canción preciosa y eso me vale.

Tras un par de años grabando unas demos con el nombre de The Buggles (Bugs… Beatles - see the idiotez they did there?), por fin consiguieron que les produjeran un disco co escrito en parte por los tres, aunque Woolley ya se había largado y grabado el que sería el primer single del grupo por su cuenta sin mucho éxito (los críticos idiotas con ganas de llamar la atención te dirán que es mejor porque es más 'primario'. No. Es un desastre).

Y qué single. Lo conocéis. Todo el mundo lo conoce. Es puta historia de la música. Feck: es puta historia del audiovisual. FECK: Es puta historia y punto.


Sí: el que sale al final del vídeo no es Woolley, sino Hans Zimmer, el amigo de los darnáis y enemigo público número uno del resto de aficionados a las bandas sonoras. Pero de eso y del vídeo de Russell Mulcahy ya hablé en este artículo que recomiendo mucho más que éste que estáis leyendo.

La mayoría ya sabréis la historia: La canción fue un éxito morrocotudo. Pero no sólo eso: fue la bandera del cambio, como el PSOE del 82, pero sustituyendo a Felipe-Guerra por gente un poco más petable. El título resultó profético: en agosto de 1981 abrió las emisiones de MTV, marcando de facto el momento en el que el video dj mató al radio dj. La imagen se imponía definitivamente al puro sonido.

Vamos: que era el no va más de la modernidad. Eso es importante para esta historia. Porque Horn y Downes, ahí en sus entrañas, eran fans en el armario del prog. En particular Horn, que se declaraba seguidor fatal de Yes. Eso estaba muy mal visto en la época entre los grupos modernos de éxito. Estoy seguro que podías decir que te habías ido de fiesta con Brian Singer y Kevin Spacey y no sonaba tan sucio como proclamar al NME que te la ponía dura 'Close To The Edge' (la Mejor Canción Para Follar ™). Relacionar tu grupo que lo está petando en las listas, abanderando la revolución sónica del vocoder y los sintetizadores y molando por hacer otros singles como mi favorito ‘Elstree’ habría sido un suicidio.

Así que se unieron a Yes.

Andaban los dos como unos freaks dando vueltas por el mundo de la música cuando un agente común, Brian Lane, los puso en contacto. The Buggles compusieron una cancionaca con Yes en mente, titulada ‘Fly From Here’, que podría serviles para renovar su sonido y, al mismo tiempo, mantener su esencia, algo perdida en el anterior 'Tormato'. Squire, que era un viejo zorro (que no lo digo yo: que lo dice su single 'Run With The Fox' - See la gilipollez I did there?), vio la oportunidad de cubrir los puestos libres de la gira: un cantante y un teclista con formación clásica. Los invitó a tocar juntos, les sedujo con sus movimientos sessys de bajo erótico, les echó burundanga… y acabaron entrando a formar parte del grupo.

Pongámoslo en perspectiva, porque fue algo gordo. Es como si hoy en día Bono y The Edge se marcharan de U2 (en el caso de que Larry Mullen Jr. y Adam Clayton tuvieran algo de talento compositivo o carisma) y los sustituyeran Bon Iver y Lady Gaga. Es como si Chris Martin decidiera dejar Coldplay para hacerse lavados al vapor de sus pequeños testículos y lo sustituyera Ed Sheeran. Vale: en este caso tampoco cambiaría mucho la cosa, la verdad.

Pero es que esto es más absurdo todavía si consideramos las carreras posteriores de los dos Buggles. Tras un segundo disco muy recomendable que era casi un proyecto de Trevor Horn en solitario, Geoff Downes les dijo a varias luminarias del prog más perdidos que un rolero en Tinder que se unieran a él en la conquista del mundo. Y vaya si lo conquistaron:


Downes se llevó a un ex King Crimson que nos había dado lo mejor jamás grabado por el tarado de Robert Freak, a la P de ELP y al Gollum al que había conocido en Yes a petarlo haciendo AOR ochentero del güeno. Del que dominó el mercado en los 80. Luego tuvo más carrera con Asia y otras aventuras musicales. Pero lo glorioso es lo de Horn. El tío más importante de la música que NO conoces (que diría un click bait normal estilo los dedicados a Max Martin, pero que teniendo en cuenta el fistrismo de los lectores de ente bloj tampoco creo que sea verdad). Nuestro ex renovador pop se metió a productor. Pero a lo bestia.


¡Gaycidad avant-garde!


¡Gaycidad con violines!


¡Señores con marcas raras que no son Morgan Freeman!


¡Hipsters escoceses!


¡Lesbianismo ruso!

Y mucho, mucho más (Oldfield, Robbie Williams, Tina Turner, Marc Almond… feck, hasta Eros Ramazzotti), pero sobre todo esta maravilla del rock ochentero que adoro:


Porque hemos hecho un salto adelante a la grabación y gira del ‘Drama’ para que comprendáis la dimensión histórica de la unión de estos dos grupos. Cuando se anunció, a la prensa hipster casi le da un síncope, y los fans puristas amenazaron con suicidios en masa de sus personajes de rol. El caso es que la nombrada ‘Fly From Here’ no se grabó (entonces), pero sí otros varios temas que mezclaban materia de Horn y Downes y lo que habían estado trabajando Chiquito de Howe, Erótico Squire y Dos Manos Izquierdas White. Así, a todo meter porque se acercaba la gira. De hecho, el pobre cantante tuvo que ir reduciendo su luna de miel hasta dejarla en una semana en el campo con Steve Howe al lado, lo cual era lo más parecido a acampar de camino a Cirith Ungol.

Al resultado lo llamaron ‘Drama’ por motivos obvios.

El disco fue recibido con recelo, pero no del todo mal por un motivo claro: es cojonudo. Para mí, el segundo mejor de Yes. Escuchad esta maravilla de la complejidad musical pero, al mismo tiempo, molonidad melódica:


Pero los apologéticos de Anderson y Wakeman seguían recelando de él. En la gira, pasó lo que se esperaba: la gente abucheaba a los nuevos. Básicamente porque en esa época no había internet y muchos se plantaron en los conciertos sin saber que el grupo había cambiado. En EEUU tampoco fue tan grave, pero cuando llegaron al Reino Unido, la cosa se puso violenta. No sólo el público fue más… bueno: más hooligan, sino que encima esto de cantar como Anderson sin rehacer los temas estaba destrozando la voz de Horn, que pasaba los días sin hablar para poder luego llegar a los tonos de eunuco del antiguo líder del grupo.

Naturalmente, el grupo se deshizo al terminar la gira. Pero la historia tuvo final feliz: Squire y White, ya sólos y con Howe currando en Asia, se unieron a un chico mono sudafricano llamado Trevor Rabin. Horn seguía siendo fan y quería entrar de productor. Entre todos convencieron a Jon Eunuco Anderson para arreglar ciertas canciones del chavalito y, esta vez sí, petarlo con ‘Owner of a Lonely Heart’, abriéndose de esta manera otra etapa de la historia del grupo mucho más movida y con mucho, mucho más drama. Que continúa: ahora hay hasta dos Yes de gira. Un pifostio bueno.

'Drama' se convirtió en un disco muy de culto, en parte debido a que Anderson se negaba a cantar sus temas en las giras porque EL EGO. En los primeros tiempos de internet, los grupos de fans de Yes se ponían nombres según la época que más les gustaba del grupo (sobre todo, YesEast o YesWest según eran de la versión AOR con Trevor Rabin o la versión ABWH). Pero había subgrupos más graciosos, entre los que destacaban por su locura Los Caballeros de la Orden de la Pantera, que éramos los fans de 'Drama'. O, por su total demencialidad, los Pantera Kamikaze, de los que formaba parte nuestro querido redactor Charlie Marlow incluso antes de que yo lo conociera en un foro de fans de Camel. Los kamikaze son aquellos que no sólo defienden el Drama, sino que consideran que el grupo es mejor con Horn como cantante. Esos perturbados están de enhorabuena, porque Horn, Downes, Howe, White y Billy Sherwood (no preguntéis: la lista de miembros pasados de Yes es como la de las mujeres que han pasado por la cama de Julio Iglesias) han vuelto a grabar el disco ‘Fly From Here’ (de hace unos años, basado en un par de temas descartados de Drama, pero con un cantante sacado de una banda tributo) con la voz de Horn.
Tres aguerridos Hobbits, un fantasma alto que representa al verdadero espíritu del grupo y el producto de llevar 100 años el Anillo Único.
Mirad: yo he gastado tanto dinero en esa banda que ese ya no me lo compro (comentó él mientras se metía en internet a ver el precio)

… Y así fue como Paco Fox contó la historia de cómo un grupo de género denostado se unió a los más modernos y, de tal unión impía, tanto directa como indirectamente, surgieron algunas de las canciones más populares de todos los tiempos. Muchos ya la conociais. Apuesto que los que no tenían ni idea de ello no han llegado hasta aquí. A estos últimos les digo:

Nada. No les digo nada. Que no están leyendo. Que me creo John Hurt en ‘El Cuentacuentos’ pero más bien parezco un gilipollas. Un gilipollas que se va a poner Tempus Fugir ahora mismito:

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Que lo sé. Que el resto de canales de Youtube actualizan sin parar. Pero nosotros preferimos que cada Videofobia sea especial. No en plan 'Ralph Wiggum es especial'. Bueno sí. Que hay mucho chiste subnormal en cada episodio. Pero sí que cada uno sea diferente y esté muy cuidado. Hasta el punto de pasarse de la duración que todos los gurús de Youtube indican que es la adecuada. Porque teníamos pensado recortar cerca de cinco minutos quitando dos secciones completas de la primera parte del vídeo. Pero preguntamos por las redes sociales y los fans quieren el completo con final feliz. Pues nada: ahí va casi todo lo escrito y grabado.

Quizá con esta longitud no ganemos nuevos suscriptores. Pero nosotros hacemos esto por otros motivos. Nunca hemos buscado Fortuna y Gloria, Doctor Jones. Sólo compartir nuestro cariño a ciertas películas indecentes. No ganamos dinero con esto más allá de un puñado pequeño de patreones (gracias por hacer que al menos no nos cueste pasta cada capítulo) y lo hacemos para daros HAMOR. Y ésta es una película que le otorga felicidad y HAMOR especialmente a Carlos Palencia, que fue quien insistió en que fuera nuestro nuevo capítulo. Una de esas mierdas hechas con más pasión que medios. O que habilidad. O que neuronas. Pero que nosotros apreciamos de todas maneras. Esperemos que aprendáis y, sobre todo, que os riáis:


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