julio 2018

Yo soy progresista. Tengo la firme opinión de que las costumbres no valen más necesariamente porque lleven años en nuestras vidas. Como, por ejemplo, las corridas de toros o los señores bajitos canosos que han estado varios lustros en internet diciendo que saben más que tú. Ya escribí en uno de mis artículos favoritos sobre cómo el valor de ‘guardián de las tradiciones’ tiende a devenir en actitudes francamente negativas como despeñar cabras de campanarios o no reconocer que los tres primeros mandamientos vienen a decir “¡Que soy Dios, coño! ¡Besadme el culo, que molo divinamente!”

Dicho esto, también soy humano y viejo…
LA FOTO OBLIGATORIA
… y aprecio ciertas constantes. Cosas inmutables en la vida como la aspiración de tener un sueldo fijo mensual o que Jordi Hurtado presente Saber y Ganar hasta que termine la expansión del Universo. Es necesario, en un mundo caótico en el que vivimos con la incertidumbre de si el próximo presidente va a estar o no completamente loco, tener ciertos puntos de amarre. Pero no en plan: “Pierde toda esperanza: la única certeza en todo el universo es la burocracia”, sino en positivo. Gente en plan James Rhodes que te recuerda que la vida puede ser bonita aunque en cualquier momento te venga un antivacunas a soltarte la chapa y tú tengas que refrenar tu deseo de limpiar la base genética de la humanidad.

Y para eso, tenemos sobre todo a Ringo, el pequeño coloso de la sordidez.

De Ringo ya habló Marlow en este artículo. Es obvio que se trata del Beatle favorito de ente bloj. Por simpático, por batería mediocre, por actor cachondo en pelis sórdidas y por casarse con una chica Bond. Y es que hay cosas que no cambian nunca, como la discografía de Enya, el ritmo de la batería de El Último de la Fila o las moscas en los baños del MadCool. Y, dentro de esa lista, está el hecho de que Richard Starkey nunca ha dejado de ser... Ringo.

¿Que cómo lo sé si nunca he conocido a ese señor? Porque recientemente en mi reproductor de música saltaron seguidas dos canciones suyas. Una es de 1973 y otra de 2008. Treinta y cinco años de diferencia para los que estudiaron con la LOGSE. Y ambas tratan de lo mismo: de Ringo siendo buena gente. Para twitter sería “un puto bienqueda”. Para mí, un señor cuyo único objetivo en la vida es agradar a sus amigos. Lo cual es jodido siendo millonario y habiendo formado parte del grupo más importante de la historia.

Observemos ‘Early 1970’, cara B del jlorioso single ‘It Don’t Come Easy’ (canción que le regaló Harrison y que es, sin duda, una de las cosas más maravillosas de la historia de la música con una letra en la que Ringo reconoce que es un compositor espantoso):


Esta canción chorra (¿acaso hay otro modo posible en la música de Ringo? Espera, mucho mejor expresado: ¿acaso QUEREMOS un modo que no sea chorra en la música de Ringo?) va sobre su relación en la época con los otros Beatles. Pero con una visión en común de su relación hacia cada uno de los otros miembros: En una época en la que todos estaban peleados y el grupo se iba a separar, se trata de un grito de “¡Seamos amiguitos, pardiez!”.

La primera estrofa va sobre su pelea con Paul McCartney a raíz de la fecha de lanzamiento de álbumes de ambos en solitario cuando el grupo seguía más o menos unido. Se enfadaron. Ringo contestó como sólo él sabe: haciendo exactamente lo mismo que yo cuando tenía 6 años y mi madre me regañaba. Tras irme a mi habitación, a los 5 minutos asomaba la cabeza en el salón en plan “¿Puedo? ¿Tás enfadada?”. Ringo, el poeta lo expresa así:

Vive en una granja, tiene mucho carisma, bip bip (...) y cuando baje al pueblo me pregunto si tocará conmigo”. Traducido: ¡Seamos amiguitos! ¡No nos enfademos y hagamos música!

Luego habla de John: se ve que, al contrario del resto de fans de The Beatles, él está contento de que su amigo esté feliz con LA CHINA que le absorbía la personalidad que una Tena Lady:

Tumbado en la cama, viendo la tele, ¡galletitas!, con su mama al lado, que es japonesa (...) y cuando baje al pueblo sé que va a tocar conmigo”. Traducido: ¡Somos amiguitos y, aunque estés a otras cosas raras, vamos a hacer música!”

Finalmente habla de Harrison, porque por supuesto que todo el mundo habla de Harrison en último lugar a no ser que sea para cachondearse de él por haber perdido su novia ante el racista de Eric Clapton o para aplaudirle a bragueta abierta por haber producido ‘La Vida de Brian’ y, más importante, ‘Shanghai Surprise’:

“(vive en) Una casa de cuarenta acres que no ve, porque siempre está en el pueblo tocando conmigo”. Traducido: ¡Qué feliz soy con mi amigo George, que será un adicto al trabajo, pero hacemos cositas musicales juntos!

Por dios: no queremos funkos de Ringo. Queremos OSOS AMOROSOS con la cara de Ringo. Queremos ciudades enteras de las Sylvanian Families pobladas sólo por Ringos.
Ringo Sylvano
Y es que, encima, el pobre hombre remata la canción hablando de que componiendo es más malo que un Big Mac vegetariano. No olvidemos que esta es la cara B de una canción en la que reconoce que “¿Qué vas a hacer si quieres cantar blues y no te sale fácil?”:

Toco la guitarra, la-re-mi, no toco el bajo porque es demasiado difícil, toco el piano si es en escala de do y cuando me bajo al pueblo quiero ver a los tres”. Traducido: ¡Seamos amigos! ¡No nos peleemos! ¡Que os quiero mucho!

Pues bien. 35 años después Ringo no cambió. En su disco ‘Liverpool 8’ sacó como single este tema homónimo con música de David A. Stewart, admirado por muchos por su trabajo en Eurythmics, por mí por sus discos con The Spiritual Cowboys y por la gente que importa de verdad por haber puesto música a ‘Showgirls’:


Muchos músicos importantes han escrito canciones relatando sus tiempos de gloria. A menudo agridulces, con alegría, pero también sentimiento de pérdida o exponiendo arrepentimientos, porque de eso se trata el rememorar el pasado para todos. Ringo no. Ringo va de buenrollo. Richard no ha perdido su forma de escribir como colegial de EGB presentando un poema a un concurso local sobre 'La paz'.

Me fui a Hamburgo, las luces rojas estaban encendidas, con George y Paul y mi amigo John

Si alguien puede hacer name dropping, ese es Ringo. Pero aquí no suena a eso ni de lejos. Suena a ‘me voy con mis amiguitos. ¡Qué feliz soy repartiendo amor!’.
Ringo de visita en Hamburgo, 1962
Tocábamos rock toda la noche, parecíamos duros, no teníamos mucho, pero teníamos suficiente

Bueno: Paul parecería duro. Ringo es ese amigo buena hente que se une a la pandilla para ver si así mola. Pero siempre feliz. Todos queremos a Ringo.

En los EEUU cuando tocamos en el Shea éramos Number One and it was fun”

Eso lo he tenido que dejar en inglés. Tres palabras. Tres monosílabos para describir la sensación de ser en un momento en el tiempo una de las figuras más importantes en el planeta. Y son las mismas con las que se describiría quedar una noche a jugar a ‘Cartas contra la humanidad’ mientras se pide una pizza.

La clave es que Ringo no necesita más. Para él lo más importante es relatar que era feliz como un niño con sus amigos: “Cuando miro atrás, realmente fue guay para esos cuatro chicos de Liverpool”. A nuestro héroe no le interesa la vida como una gloria del pop. Nada de drojas (que tomó), sexo (que folló), alcojol (que pimpló) y rock and roll (que más o menos tocó). Él la entiende como un divertimento con sus colegas siendo felices. Joder: sus giras de los últimos lustros no son ‘Ringo Starr en directo’, sino “Ringo Starr and his All Starr Band”.

No quiere ir como figura divina, sino tocar con colegas y que la gente los vea pasar un buen rato. Desde hace décadas, ese señor bajito de Liverpool siempre ha sido una constante de buenahentismo. Ese amigo con el que siempre se puede contar.

En un universo caótico, desagradable, imprevisible, triste y de derechas, Ringo es, como dirían en Lost, NUESTRA CONSTANTE.
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El título es largo de narices, pero no me diréis que no deja las cosas claras.
Sí, seres del averno, este verano comienza con menos calor del que cabría esperar (quicir, no me siento reptar porque mis miembros se están convirtiendo en gelatina), y me parece que es un buen momento para ir glosando, poco a poco y resumida, la historia de ese onvre de bien y músico de mejón que siempre ha sido Juan Pardo. Puede que alguna ameba estelar no se haya enterado todavía de que Juan Pardo es uno de los grandes artittas de este país. Productor, intérprete, compositor, intenso, barbudo y fucker. Solo un ente cósmico como Julio Iglesias pudo disputarle el puesto y vencer en buena lid, eso sí, con algo menos de sordidez. Pero no mucha.
Como ahora se llevan tanto las sagas y tragarse series como churros en Netflix para dejar mal a los amigos que aún van por capítulo dos, vamos a comenzar a hablar de lo que todo héroe necesita: un origen. En este apartado, por tanto, no hablaremos de los éxitos de Juan Pardo en solitario, sino de su paso por jrandes grupos de la música patria de los años 60, y de alguna vicisitud más.

Juan Pardo nació en 1942, en Palma de Mallorca. De padre gaditano y militar de la Armada y madre gallega, su origen se resume en un pisto multicultural que haría sonrojar a los políticos daneses en busca de nuevos guetos en los que destruir los derechos de los inmigrantes, o a un nacionalista supremacista de cualquier parte de España, la propia España incluida. La diversidad crea joyas artísticas y, para muestra, un botón.

Con pocos años, la familia Pardo se traslada a Ferrol, donde el pequeño Juan pasará su infancia y adolescencia, y como sabemos que el galleguismo imprime carácter, desde entonces su ADN remix mutó hacia el hamor por Galicia, cosa que, desde este blog, hemos de aplaudir con toda la fuerza de nuestro coxis. Por causa del trabajo de su padre, la familia Pardo vuelve a trasladarse, esta vez, a Madrid. Una vez establecido en la capital, Juan intenta entrar en la Armada, como su padre, pero una enfermedad ocular se lo impide. Su destino estaba marcado y, como hombre creativo en medio de un Madrid moderno y lleno de oportunidades, decidió que sería músico a toda costa.

En un primer momento estuvo en un grupo llamado Los Vándalos, pero aquello duró poco. En 1962 se unió a otro grupo llamado los Teleko, donde militaba su primo José Ramón. En una entrevista realizada al premoh en cuestión, descubrimos una faceta de Juan Pardo que nos lleva a ver que, ya desde el origen, se trataba de un ente nacido para la vicisitud. Resulta que los Teleko nunca habían llegado a grabar un disco, pero se prodigaban en bastantes festivales, siendo auténticos pioneros de la modernidad en el rock español. Una vez Juan Pardo entra como cantante, todos van a probar suerte a los estudios de Philips. Allí les advirtieron que el tempo de sus canciones se ralentizaba conforme las mismas avanzaban. El grupo estuvo ensayando largo tiempo con nuestro héroe haciendo de solista a saco, imaginamos que tan instenso como siempre. Sin embargo, cuando los componentes de Teleko se vieron listos para volver a Philips, su sorpresa fue mayúscula al descubrir que nadie contaba ya con ellos. Por las declaraciones de José Ramón Pardo, imagino que la situación tuvo que ser más o menos así:

- Buenas, venimos a grabar, que ya hemos ensayado los temas.
- Pero, ¿no lo habíais dejado?
- ¿Cómorl?
- Sí, el cantante vino a vernos hace tiempo y nos dijo que lo habíais dejado, pero que él sí quería seguir cantando, que contáramos con él.
- What the f…
Esa cara más o menos se les debió de quedar a los pobres Teleko mientras Juan Pardo se subía veinte puntos de mierdismo ilustrado en su hoja de personaje. Sin embargo, Juan Pardo tenía otro objetivo. Los Pekenikes era otro grupo de gran petadismo en los años sesenta, innovadores, preocupados por la polifonía y el rock. Pardo pensó que podría ser un buen cantante, y los Pekenikes  andaban buscando uno. Así que el bueno de Juan se presentó, pero el productor dijo que aquel chico no tenía carisma ni buena voz, que a los Pekenikes les convenía más llamar de nuevo a Antonio Morales (Junior, su anterior vocalista), y que aquel chaval delgaducho de nariz aguileña jamás sería cantante ni llegaría a nada. Imaginad en qué nivel específico del infierno debe estar semejante ser, os dejo elegir. Finalmente, Juan Pardo decide irse a Fontana, donde podrá grabar un disco en solitario: Juan Pardo y su conjunto (1963). En un principio –para que veáis que no todo es maldad- el “conjunto” que iba a acompañar a nuestro héroe era Teleko, pero la compañía se puso farruca y fueron Los Relámpagos quienes acompañaron a Juan en su primera aventura en solitario. Y esta es, amigos, la historia de cómo Juan Pardo se abría paso en el mundo de la música mientras los Teleko, prometedora banda pionera en el rock español, jamás pudo ver cumplido su sueño de poder grabar un mísero chingle.
¡Continuamos para bingo! El disco de Juan Pardo y su conjunto resulta muy revelador, porque en él vemos una faceta desconocida de nuestro artista favorito, que es lo mismo que decir su obsesión durante un buen puñado de años. Juan Pardo no aspiraba solo a ser músico. Quería ser el mejor. Comenzaría por Madrid, de ahí saltaría a Galicia y, desde Galicia… ¡El mundo! En efecto, el afán del joven Pardo era meter cabeza en el mercado internacional. Sus miras estaban puestas en lo más alto, y sus influencias anglosajonas le llevaban a emular a sus ídolos americanos o ingleses. Por ese motivo espero que os choque poco (porque CHOCA) escuchar al autor de Bravo por la música interpretando una versión de un tema de Jerry Lewis con voz engolada a lo Elvis. Que lo disfruten vuesas mercedes:
 
Por aquellas mismas calendas, Junior también probaba suerte con un disco en solitario que, al igual que el de Juan, no cuajó en absoluto más allá de Valdemorillos de Abajo o cosa así. Cómo sería la cosa, que el disco no se debió escuchar ni en Coruña. Lástima. Entre 1963 y 1964, y visto que el pobre no se había comido un colín en solitario, grabó tres sencillos con los Pekenikes, hasta que en ese mismo año 64, ocurrió el milagro. Juan Pardo decidió que lo que mejor le iba a su carrera era hacer un Pedro Sánchez, a saber, montar su particular Liga de los Onvres Extraordinarios y, de esta forma, hacerse el jefe del cotarro. Se trataba de un viaje lento, lleno de vicisitudes y problemas; pero ya sabéis que el camino del bien nunca es el camino fácil. Así pues, Juan se unió a Junior, Fernando Arbex y Manuel González, hermanísimo del ínclito…
¡Agustín González!
¡Bigotón!
Los cuatro jóvenes tenían un grupo que mezclaba la influencia anglosajona con la castiza, pero les faltaba un nombre fresco y pegadizo para vender en su propio país. Según cuenta Manuel González, hay múltiples versiones de quién inventó el nombre, pero el caso es que los cuatro amigos decidieron hacer cada uno una lista con lo primero que se les pasara por la cabeza. Cuando tenían bastante claro que iban a ser Las Ovejas Negras, una joven entró con su propia lista y en ella aparecía EL nombre, el sello de uno de los conjuntos más revolucionarios de la España de los sesenta. Los Beatles españoles con pinta de mod y capita a lo Mariano José de Larra iban a pasar a la historia como LOS BRINCOS.
El primer LP de los Brincos fue un éxito rotundo. Pero no penséis que sus capas castizas les apartaban del deseo de exportar su música. Os recuerdo que esa es una constante en la mente del primer Juan Pardo. De esta forma, el tema “Baila la Pulga”, muy marchoso y juvenil, no abría el disco con su versión en español, sino en inglés:
 
El otro gran éxito de aquel LP fue, sin duda alguna, “Flamenco”. Y la pongo más que nada porque sirve de guía  para quienes deseen escuhar el disco entero. Para que no os perdáis, Junior es el que canta y Juan el que pone voz de ir borracho de cazalla a las seis de la mañana en el metro.

De nada:

  
En 1965 aparecía el segundo disco de Los Brincos, llamado Los Brincos II (Chúpate esa, Led Zeppelin). Siguiendo con la misma tónica del anterior, este álbum incluye varios temazos siderales que son “Un sorbito de champagne”, “Mejor”  y, por supuesto, “Borracho”. También había temas en inglés, pero estos son los más divertidos. En 1966, Juan y Junior deciden marcharse de Los Brincos y montarse un dúo. Porque Juan Pardo dentro de un grupo estaba bien, pero tenía que ir acotando para alcanzar el triunfo total en solitario. En este caso, Juan y Junior no se calentaron mucho los cascos y decidieron dejar sus nombres tal cual, siendo perfectamente reconocibles para cualquier fan que quisiera ir en busca de sus nuevas creaciones.

Al parecer ha habido muchas preguntas sobre la separación de los Brincos en plena cresta de la ola. Juan Pardo lo achaca a diversas presiones impuestas por la compañía discográfica, aunque seguramente hubo algún problema más. Se dice que hubo problemas con la canción “Borracho”, concebida para la película “Más bonita que ninguna” –en la que aparece el propio Juan Pardo-. Dejo esta versión por el frikismo y porque pocas cosas pueden igualar a Gracita Morales diciendo: “Mira que eres pesado, Alvarado”.
Recién separado el grupo, Juan Pardo tuvo varias discusiones con Arbex, pues este último fichó a otros dos componentes, continuando con el nombre de los Brincos. Si el grupo era de cuatro y se iban dos, Pardo pensaba que no podían llamarse igual. El caso es que las protestas de Juan no llegaron a ningún sitio y los Brincos siguieron triunfando, primero con el disco Contrabando, donde aparece la preciosa canción “Lola”; y con su siguiente LP, donde los Brincos decidieron dar el salto al PROGRESIVO. Mundo, demonio, carne es una cosa raruna medio en inglés medio en español, con ruiditos y piezas más clásicas. Es decir, Juan Pardo trajo genialidad a los Brincos, pero el grupo era capaz de crear sus propias sordideces sin ayuda de nadie. Mirad si se hicieron modernos, que tuvieron que cambiar su portada por temas de censura.
¿Dónde andarían las capitas?
Después de sacar varios sencillos desde 1967, en el año 69 aparece un disco, llamado Juan y Junior, por supuesto. Dentro de este discazo destaca “To Girls”, porque el mercado anglosajón seguía estando fijo en la mente de estos chicos como un chicle en el zapato de un ejecutivo; y la grandiosa, magnificente, cúspide del pop de todos los tiempos, “Anduriña”. Para los que no sepáis mucho de Juan y Junior, os dejo un vídeo que suplirá vuestras carencias y donde, además, podréis ver a Joaquín Prat y Laurita Valenzuela, cosa que nunca está de más. En él se pueden observar el futuro estilo de Juan Pardo: La cara de transportado en las baladas, el gesto flipado, el baile de la lagartija epiléptica y la mirada intensita. Juan y Junior lo tenían todo para triunfar.
 Incluso una imitación de Martes y Trece.
El grupo tuvo tanto éxito que incluso llegó a escribir la canción “Yo soy así” para la película debut de Ana Belén, “Zampo y yo” (1965). Para aquellos a los que no les suene, es una cosa extraña sobre una niña que se hace amiga de un payaso, o algo así. Que yo me informo mucho para estos artículos.
Aquí todos flotan, Ana Belén...
Pero no fue aquella la única incursión de nuestro héroe en el cine, ni mucho menos. Durante estos años, Juan Pardo apareció en las consabidas Películas de Cantante ™, tan bien cultivadas por Marisol, Manolo Escobar o Joan Manuel Serrat. De ellas, aparte de “Más bonita que ninguna”, destaca “A 45 revoluciones por minuto”, dirigida por Pedro Lazaga. Además de Juan Pardo, aparecían grupos como Los Ángeles o Fórmula V. La cantante Ivana era la protagonista y José María Íñigo estaba ahí por lo que todos sabemos ya.
¡Segundo Bigotón!
He de reconocer que solo he visto el final, pero os lo voy a resumir porque merece la pena. En menos de diez minutos el grupo de Juan Pardo sufre un accidente de coche, su novia que ha llegado a ser famosa va a buscarle al hospital, pero él ha desaparecido, se muestra rencoroso y amargado con la novia, se mete en un bar de borrachos y compone una canción para Fórmula V, canta en un bar delante de gente, se reencuentra con la novia, quiere dejar la música, la novia se le declara, ambos se reconcilian y todos alcanzan el éxito con sus cancionzacas.
 Que tenga alguien cojones de decirme que este final no es mejor que el de La la leiro, porque si no te fijas en la magnificencia de Juan Pardo cantando espatarrado en un banco, es que no tienes alma. Ese mismo año de 1968 se estrenaba la película “Solos los dos”, protagonizada por Marisol y Sebastián Palomo Linares, en un alarde de vergüenza atemporal intentando mezclar el ye-yé con el toreo. Los años sesenta españoles en estado puro se condensan durante todo el metraje con sus fiestas poperas, las imágenes de Marisol esquiando montadas con otras Palomo Linares toreando, y una especie de historia de amor demencial entre un tipo que no actuaba y una actriz moderna, hermosa y que cantaba fenomenal. La banda sonora y las canciones del flin fueron compuestas por Juan Pardo. De las que he visto, voy a destacar “Yo no quiero ser torero”, quizá el alegato antitaurino más ye-yé de la historia. Grandiosa canción paródica,con una Marisol guapísima de verdad y un Palomo Linares que podría haber sido una barra de chope para sumar algún punto extra de carisma.
La tercera joya de este 1968 es “Días del viejo color”. Un coñazo soberano que no va de nada, que tiene una historia de amor que le podría haber pasado a tu vecina la del quinto, una trama de tráfico de drogas que no le interesa a NADIE y que dura lo que un suspiro del protagonista, y una falsa apariencia de sensualidad que da más vergüenza que otra cosa. Todo ello rematado con un chiste tránsfobo al final. ¡Qué duros fueron los sesenta, pardiez! La aparición de Juan Pardo en semejante despropósito es un simple cameo inserto en una escena tan absurda como toda la película en sí. Y es que ese era el reclamo del film. Meter a muchas estrellas patrias a lo largo del metraje y mucha música psicodélica, a ver si picaban los jovenzuelos y pagaban los dineros de la entrada. De esta forma, Fernando Arbex canta con un zapato puesto en la cabeza, Luis Eduardo Aute canta canciones contra los burgueses en francés en la terraza de un bar de Torremolinos, y Massiel se queda privada escuchando un megáfono distorsionado que más parece un gato destripado retorciéndose en la acera.
Massiel, abducida por un megáfono.
Pero la magnificencia de 1968 no podría cerrarse sin la Maggggna Ovra que Juan Pardo creó para probarse a sí mismo que toda persona tiene tendencia a la lobotomía auditiva, solo hay que encontrar las tonadas adecuadas para descubrirlo. Ejemplos de ello serían la musiquita del Mercadona, el anuncio de Carglass, y, cómo no, la melodía del primer anuncio de Danone, compuesto por nuestro querido Juan Pardo:

¿Y qué pasaba mientras con Juan y Junior? Como ya hemos dicho, en 1969 sacaron su disco a la luz, y en 1970 se estrenaba en salas “Juan y Junior en un mundo diferente”. Esta película es la más curiosa por diversos factores: En primer lugar, la película se rodó en Galicia, lo cual es garantía de sordidez y de la vicisitud de ver tocar a Juan y Junior en un montaje que mezcla capiteles románicos con MOÑECOS portando dulzainas. En segundo lugar, el guion provoca admiración suma de la que solo puede ir acompañada de Omeprazol, pues esta es una de las pocas Películas de Cantante™ que incluye una trama de ciencia-ficción. La historia trata de que unos extraterrestres se hacen pasar por Juan y Junior para conquistar la Tierra. Analizando el asunto, vemos que los extraterrestres tienen un poco de cacao mental, porque si para conquistar a la humanidad suplantas a unos cantantes, bueno… vale. Si ya te vas a la España de Franco, concretamente a Galicia, y la tomas como centro de operaciones, la cosa no termina de cuadrar. Pero que encima tu objetivo sea dominar el mundo sin ser Lola Flores, Yulio Iglesias o Raphael, es una muestra de lo poco preparados que iban los pobrecitos aliens. De hecho, yo no hubiera tratado de detenerlos, que siguieran adelante con el plan. Puede que, con el tiempo, se dieran cuenta y buscaran un objetivo mucho más valioso.
¡Rendíos, terrícolas!
El tercer factor que ensalza esta película a la categoría de mito es el misterio que la rodea. Al parecer, no existe constancia de ninguna copia de la misma. En TVE se volvieron locos buscándola hace unos años, y Juan Pardo afirma que no la tiene ni por asomo. Se sabe que en 2014 un ser humano preguntó por ella en la filmoneca nacional, y que al parecer se puede proyectar, aunque no distribuir, por lo que aún hay esperanza.

Lo curioso del tema es que, husmeando por internet, he visto que algún ser inerte ha colgado los clips musicales de la cinta en youtube pero, ¿cómo lo ha hecho? ¿De dónde los ha sacado? Es una pena no poder verla en su totalidad, aunque solo sea por curiosidad, pero internet es oscuro y alberga horrores. Ya aparecerá el resto para todos vayamos corriendo en masa para gozar de las andanzas de los extreterrestres popeiros. O para que yo pueda verla y vosotros no tengais que hacerlo, que es lo que va a pasar.

Como se puede ver, la carrera de Juan y Junior iba viento en popa. Pero, de nuevo, se rompió el amor y el dúo, con un solo disco en el mercado, vivió su propia tragedia. Al parecer, un día cualquiera en el estudio de grabación, Juan decidió corregir unas grabaciones de Junior él mismo cuando el segundo no estaba presente. Según Wikipedia, aquel fue el inicio de las desavenencias entre los dos amigos, quienes, Rocío Dúrcal aparte, acabaron separados y sin volver a grabar juntos never more. Lástima again.
Bueno, o no tan lástima. Juan Pardo se planteó por aquel entonces dejar de cantar y dedicarse exclusivamente a la producción de artistas como Fórmula V. Pero algo le llamaba. Aún podía resurgir de sus cenizas, como el Fénix de Ferrol. Y lo haría, vaya si lo haría. Mientras tanto, los sacrosantos críticos musicales de la época se relamían de gusto sentados en un sillón orejero. Mientras acariciaban un gato blanco, no paraban de repetir que Junior iba a ser una estrella y que por fin se vería que Juan Pardo no valía ni media peseta. Aquella medianía andante no tendría carrera en el mundo de la música. 

Y ya habéis imaginado en qué sala VIP del infierno se encuentran esos personos.

¡Más aventuras de Juan Pardo en el próximo capítulo!

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Aquí Paco Fox: no soy demasiado consistente a la hora de subir podcasts en los que participo a ente nuestro bloj. Suelo dejarme caer últimamente en más o menos uno por semana porque no tengo intención de vivir una vida plena y salir con amigso. Por ejemplo, recientemente me tiré más de dos horas hablando de Nicolás Celda, un señor cuya carrera cinematográfica es muy de la órbita de la sordidez que tanto loamos aquí. Sí: es un tipo chungo que dilapidó su fortuna en subnormalidades. Pero esas idioteces incluían un cráneo de dinosaurio y una colección de cabezas reducidas. Por no decir que tuvo la falta de decoro de llamar a su hijo Kal-El porque se ve que quiere que le roben todos los bollycaos en el patio del colegio. Además, es un icono del cine colonoscopia. Por ejemplo, un señor apareció por la pasada CutreCon con esta camiseta:
Stendhalazo
Obviamente, todos quisimos hacernos fotos con él.

Pero no he escrito esta actualización por ese podcast sobre Cage. Si tenéis curiosidad, podéis escucharlo aquí. De lo que quería hablar de de Enterismo. Ese concepto de laxa definición que rodea a las dos películas hasta la fecha como protagonistas de Alfonso Sánchez y Alberto López, los jrandes del cine andaluz que fueron convenientemente loados en Vicisitud y Sordidez cuando estrenaron 'El Mundo es Suyo', una sátira que tanto Vicisitud como yo elegimos como una de las mejores películas del año. Para mí, incluso de la historia del cine Español así en general. Joder: si hasta me fui a comer con ellos.

Obviamente, esperaba con mucha impaciencia e incluso algo de temor la segunda parte de esta especie de Universo Cinematográfico Enterista. Finalmente, justo cuando empezó este extraño Mundial de Furgo, se lanzó a unos muy vacíos cines 'El Mundo es Suyo', que es como se titula. Esta vez, en lugar de centrarse en dos raterillos, Alfonso Sánchez se la juega con algo más difícil: dos pícaros pseudo pijos sevillanos. Sus personajes de internet que los lanzaron a la fama. ¿Cómo ha ido la cosa? ¿Ha satisfecho el resultado las expectativas? Eso no es de lo que va el podcast. Bueno: en parte sí. Un poco. Pero Ángel Codón, Miguel Ángel Aijón y yo mismo hemos aprovechado la ocasión para hablar de sátira y del estado de la comedia española en general. Espero que os guste:

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Han pasado ocho años desde el primer artículo de esta saga casi anual que empezó con un objetivo: meter unos cuantos datos curiosos para justificar un artículo que se cagara en la homeopatía, con la cual se estaba estafando a varios amigos cercanos. Flash forward a hoy en día, momento en el que por fin hay una ministra de sanidad que abiertamente está en contra de esta engañifa y varias facultades de farmacia la han retirado de sus planes de estudios como agua que lleva la corriente de la ciencia hacia las alcantarillas apestosas donde pertenecen.

Qué poético y repugnante me ha quedado. Muy Eros y Tánatos. No os preocupéis, tarde o temprano caerá un chascarrillo de pollas. Que si de dos cosas estoy seguro es de que nunca me pondré cien por cien intensito en ente bloj y de que estos flotadores que me han salido en la cintura ya no se me quitan.

Así que vamos allá. Más cosas que todo el mundo da por sentado pero que en realidad son más falsas que el pelo de Nicolas Cage:

La vitamina C no cura ni previene resfriados.

Siglos de avances tecnológicos y todavía no podemos curar la imbecilidad. Ni el resfriado. Pero eso es, según tu madre, porque no tomamos suficiente vitamina C. A ser posible, de una naranja recién exprimida, que las vitaminas son como pulgas a las que el agua les quema y se quieren ir saltando del vaso para pasar unas vacaciones en Benidorm.

Así que tú te empiezas a encontrar mal y te tomas rápidamente un litro de naranjas recién exprimidas para hacerte un agujero en el estómago o, alternativamente, cinco kiwis porque tienes lectura atrasada en el retrete. Lamentablemente, la vitamina C no va a evitar que pilles el resfriado ni te lo va a curar. A lo sumo, en ciertas circunstancias, es posible que acorte la duración del trancazo. En algo así como un 8%, que digo yo que tampoco merece tanto la pena. Para mejorar los síntomas es mejor, por ejemplo, hacerse un pajote, que da alegría y te hace sentir mejor. Eso vale para el resfriado, el dolor de muelas, el día de pagar al casero o cuando estás en medio de un atasco.

Bueno, mejor no sigáis esa última idea. Quizir: ayudar, lo que se dice ayudar a reducir el malestar causado por el estrés, ayudaría. Y no veáis el espectáculo gratuito a los demás que estén en el atasco. Y los gritos de tu pareja. Y de tu madre en el asiento de atrás.

Bien pensado, hacedlo. Que sólo se vive una vez.

Así que tomad vuestra dosis de vitamina C normal con vuestra comida, estéis resfriados o no y no os preocupéis de suplementos que tampoco hacen nada.

Michael Jackson no tenía porno pederasta en su casa

No todo va a ser ciencia subnopop en esta serie de artículos. Que también hay sitio para los cotilleos. La salsa rosa está llena de falsedades, medias verdades y, sobre todo, cocaína. Mucha, mucha cocaína.
"Cine" se escribe con "C" de COCAÍNA
Nadie ha sido más importante en esto del corazón que Michael Jackson. El pobre hombre lo tenía todo: talento, incapacidad para tomar decisiones estéticas decentes con su imagen, infancia traumática, denuncias y una obsesión importante con los niños. La cual se derivaba probablemente de su niñez perdida. Pero se le acusó de tocar niños y, como iba por la vida con la cara de una calavera TENÍA que ser verdad. Por lo tanto, los abogados de varias denuncias que nunca acabaron en condena se mataron por probar que Jackson era adicto a la pornografía infantil. Pero no encontraron nada.

Entran en juego los tabloides. Qué más da que los jueces digan misa: ese tío tenía que ser un guarro. Joder: recuerdo cuando sugerí una navidad a mi madre que podía regalarme el 'History' y ella se negó porque “ese tío es un degenerado”, en lugar de por algo más normal como “la puñetera ‘They Don’t Care About Us’ está poniendo de moda las batukadas”.

Como no consiguieron nada, cada cierto tiempo sacaban bonitos titulares con supuestos asombrosos descubrimientos en su dormitorio de Neverland. ¡Tenía libros sexuales! Por lo tanto, en el público en general, incluso hoy, ha quedado la idea o la duda de que Jackson tenía porno infantil (mal) o gay (¿y qué si lo tenía?).

Pues no. Los periódicos llegaron a publicar incluso imágenes falsas en las que retocaban imágenes de libros de fotografía para que pareciera que eran de jóvenes en pelotas:

Incluso empezaron a directamente inventarse que tenía fotos como esta:
Buen rollo
A pesar de que, por un lado, es una imagen del fotógrafo canadiense Jonathan Hobin y, más importante… ni siquiera estaba publicada cuando se hicieron los registros. Pero claro, tras su muerte había que resucitar esas noticias falsas, intentando sugerir que la pornografía se había encontrado post mortem.

Pues no. ¿Sabéis cuáles eran las cosas con las que intentaron empapelar a Jackson? Playboys. Hustlers. Barely Legals. Películas con títulos tan monos como “Sloppy Dogs Presents: Fuck Me, I’m a Bad Girl”. Libros en plan ‘Sex’ de Madonna. Vamos: cosas con las que un adolescente de hoy en día ni se molestaría en echarse la mano a la entrepierna a la espera de encontrar porno duro alemán en X Hamster.

Siempre me ha hecho gracia que una de las páginas porno más importantes del momento tenga de nombre y logo un animal tan mono. Me gustaría saber el proceso mental que llevó a sus creadores a ese nombre. Espero que no tuviera que ver con Richard Gere.

Cosa que también es mentira, pero supongo que eso ya lo sabéis.

A los ratones no les gusta el queso

Tengo unos calzoncillos con ratoncitos comiendo queso. Son mis calzoncillos favoritos. Los llevo a veces aunque estén ya un poco rotos.

Esto es una información sin relación obvia con esta entrada, pero quería dejar claro de que me avergonzaré de ser quien soy, pero al menos lo uso para causar vergüenza ajena en los lectores. Me debo a mi público.

Esa imagen tan icónica de un ratón poniéndose hasta arriba de queso (con agujeros, claro) nos ha acompañado toda la vida a pesar de que seamos conscientes de que el queso es una guarrería. Cojón: es leche estropeada. Y nos la comemos. A menudo con pan, tomate, orégano y, POR SUPUESTO, piña. La verdad es que los ratones se comen el queso solamente si tienen mucha hambre. Ellos son más de granos o, sobre todo, fruta. Los roedores tienen un olfato más desarrollado que los humanos. Evidentemente les da cosa un producto alimenticio que huele a bayeta de anteayer en bar de viejos. Pudiendo elegir, se sienten más atraídos por olores dulces.
Incluso en pelis de calidad de los genios de Vídeo Brinquedo se equivocan
¿De dónde viene entonces este error? Pues no se sabe. De hecho, hasta Séneca ya metía la pata con el tema, y todos sabemos que Séneca, como buen Cordobés, sabía la olor que puede dejar en una habitación un queso fuerte en agosto en plena Bética.

Llevar condón no hace que dures más

Es evidente que la duración de una relación con penetración es uno de los temas que más preocupan a la comunidad científica, porque ellos también quieren que la gente lea sus estudios. Llamémoslo “ciencia click bait”.

Por lo tanto, se han hecho estudios al respecto. El resultado está claro: la media no varía si llevas o no condón. Hay factores más importantes como, por ejemplo, si eres hetero y tu pareja es Alexandra Daddario:
Duración media: I jizzed in my pants
La media varía entre seis minutos y pico entre jóvenes y 4 y pico entre mayores de 51 que lo que quieren es volverse al salón a leer el Marca. Pero en el estudio que midió esas duraciones, quedó claro que llevar un preservativo no suponía ninguna diferencia en las medias (ni, ya puestos, el estar o no circuncidado).

Así que no seáis gilipollas. Si os cuesta correros no le echéis la culpa al preservativo. Echádsela a la fabada que os comísteis antes de hacer la prespitación.

Las damas de hierro son inventos victorianos

Este mito lo tengo tan marcado a fuego en la mente con un hierro candente y tatuado en la barriga con un péndulo que me extraña que no lo haya usado antes en esta serie de artículos. La realidad sobre estos instrumentos de tortura viene a ser muy parecida a la del cinturón de castidad del que ya escribí aquí: básicamente, el inusitado morbo de la Europa del siglo XIX y la necesidad enfermiza de sentirse superiores a cualquier otra cosa o época. En este caso, a la Edad Media.

Las damas de hierro nacen inspiradas por cajas con forma de mujer, pero sin pinchos, que se usaban en Alemania. Inspirado por truculentos cuentos e historias que datan de tiempos del Imperio Romano, un buen señor se la inventó y la vendió a un museo. Pronto se popularizó la idea entre los buscadores de lo sórdido y terrorífico, porque recordemos que en esa época no existía todavía Expediente Warren, imágenes de masacres bélicas en televisión ni el dantesco y aterrador espectáculo de las luchas de poder para derrocar a Pedro Sánchez. La gente pagaba por ver cosas morbosas. Sobre todo si les hacían sentirse mejor respecto a la época más civilizada en la que vivían. Esa avanzada de verdad durante la cual no se podía tener libertad religiosa, estaba bien explotar laboralmente a los niños y era aceptable azotar a tu mujer si enseñaba más que el tobillo en público.

¡Civilización!

Los polígrafos no sirven para saber si alguien dice la verdad.

Pillan a cualquier criminal. Inmediatamente, tu cuñao dice “¡Pues que le pasen el polígrafo y ya veremos!”. El problema es que hace años que sabemos que esas máquinas son menos fiables que un artículo de OK Diario.

Queremos creer que funcionan. En primer lugar porque sería la panacea de la administración de justicia y en segundo y más importante, porque el inventor del aparato, el Profesor Marston, también creó Wonder Woman. Lo cual nos llevó a esto:
Tiene cara de buena gente
Y a esto
Tiene cara de buena gente. Noto una tendencia con este tema.
Pero no funcionan. De hecho son una pseudociencia, porque ningún estudio ha demostrado su valía. Por lo tanto, todas esas horas viendo a Julián Lago hacer preguntas a gente como Lola Flores, El Dioni o John Wayne Bobbitt fueron una pérdida de tiempo a la altura de cualquier momento empleado en ver Telecinco así en general.

En realidad, lo único que mide un polígrafo es la ansiedad. Como persona que tiene fuertes ataques de gases cuando está en reuniones sociales, sé positivamente que tal factor no es el más fiable. Por no hablar de que hay mucha gente que puede controlarlo perfectamente. De hecho, los datos de contraste de preguntas de control y preguntas comprometidas se pueden trucar simplemente con apretar el ojete en momentos aleatorios. Sí, amigos: un buen control de esfínteres puede asegurarte un trabajo en esas empresas imbéciles que usan esta chorrada para contratar.

Por ejemplo, el FBI. América está en buenas manos. Fuck yeah.

Se puede despertar a un sonámbulo

Por supuesto que se puede. Eso sí, mejor no hacerlo. Vamos a explicarlo.

La creencia es que los sonámbulos van con las manos extendidas para no meterse una hosta (falso) y que si los despertamos les da un apechusque y se quedan en el sitio del ataque al corazón (muy falso). En realidad, son simplemente gente que está en estado de sueño profundo. Es difícil despertar a una persona en esa fase, como sabe cualquiera que ha dormido con alguien que padezca apnea del sueño y sea capaz con sus ronquidos de derribar las murallas de Jericó.

El principal problema de despertar a alguien en ese estado, ya esté de pie o tumbado, es que entre en un estado de confusión y agitación.

Vamos, que te puede meter una hostia buena.

Dado que tal estado de confusión que puede durar hasta media hora, es posible que se pongan a realizar tareas medio grogi. Como, por ejemplo encender el gas para preparar una tortilla de espinacas y no prender el fuego. Con lo cual se gana en no tener que comer una tortilla de espinacas, pero se pierde en la explosión mortal subsiguiente.

Lo mejor que se puede hacer es llevar al sonámbulo de vuelta a la cama y quedarte de pie en la oscuridad mirándolo de manera siniestra para que, cuando abra los ojos y te meta una hostia por el susto, al menos sea por un motivo claro.

Los toros no lo flipan con el rojo

No. Tienen visión dicromática. Sólo ven de verde a azul. El rojo lo registra más o menos como mi presencia cuando estaba en un pub con las guays de mi instituto. Lo que hace que embistan a las capas en las corridas es el movimiento. Así que a tomar por culo años de dibujos animados de Bugs Bunny torero u otros entretenimientos mucho más infantiles, absurdos, innecesarios y que deberían haber desaparecido en una época con ofertas de ocio a tutiplén como, qué sé yo… las corridas de toros.
La única corrida de toros que me interesa.

Los avestruces no entierran la cabeza en la tierra

Éste es otro mito de animales muy parecido al anterior y a lo de los ratones y los quesos. O, por ejemplo, eso de que los murciélagos sean ciegos.

Lo de las avestruces tiene su origen en los escritos de Plinio el Viejo, que forjó el mito de que estas aves son subnormales y piensan que al esconder la cabeza ocultan todo el cuerpo. Pero esto no es así.

No porque sepamos que las avestruces no son idiotas. Que lo son. Pero no tanto. En realidad, lo que hacen es que el macho usa la cabeza para cavar nidos para los pedazos de huevos esos que tienen. Sobre todo porque no tienen manos. Que hay que explicarlo todo.

También usan el pico para mover los huevos dentro del nido para evitar que se sobrecalienten. ¿Pero cuando viene un depredador? Un cojón van a meter la cabeza acojonados. Echan a correr como avestruz que lleva el diablo gracias a que pueden alcanzar más de sesenta kilómetros por hora. Setenta si llevan el tubo de escape trucado.

La comida orgánica no es mejor para el medio ambiente

Este último punto es el que ha hecho que retrasara un año la redacción de este artículo. El caso es que lo relacionado con la agricultura orgánica es muy complicado. Existen numerosas opiniones y muchos estudios al respecto. Hay gente muy pasional en lo que se refiere a su ataque o defensa. Es, por lo tanto, un tema difícil de tratar en un par de párrafos.

Así que os lo resumo: es una chorrada para pagar más dinero y crear una nueva sección en el Hipercor para que gente a la que le sobra la pasta se sienta mejor consigo misma y piensen que se alimentan mejor.

No diréis que no tengo cuidado de no levantar ampollas.

Da igual que comas una patata orgánica que una idéntica convencional: el alimento va a ser el mismo y como no le eches sal te va a parecer una cosa la mar de intragable. Pero este punto no va del valor nutricional. Esto va de ecología. Porque se puede pensar lo que se quiera de los productos orgánicos y la salud, pero todo el mundo sabe que, desde luego, al menos son mejores para el medio ambiente. Por los pesticidas y tal y la cercanía de la producción. ¿Verdad?

De entrada, sabed que lo de no usar pesticidas sintéticos es muy imbécil. Porque pesticidas se usan sí o sí. Que esto es un negocio. Sólo que no son sintéticos. Es como lamer salicina de un sauce blanco en vez de la dosis sintetizada y medida para tener un efecto concreto que se conoce con el exótico nombre de aspirina. Pero esto no va de eso tampoco. Lo que está claro es que lo orgánico es de agricultura ecológica. Y eso significa respeto con por el medio ambiente y un futuro en el que el planeta sonríe feliz porque comemos sin hacerle pupita.

Es el segundo motivo después de razones de salud por los que la gente dice comprar productos orgánicos (el principal es sentirse super guays, pero eso no lo recogen las encuestas). Y también es falso.

Para medir el impacto ecológico hay que tener en cuenta las emisiones de gases invernadero de todo el proceso (desde plantar hasta consumo), la tierra necesaria (que no es que sobre en este planeta), la polución del agua con exceso de nutrientes, la acidificación de las aguas y el uso de energía. La cosa varía según cultivo, pero en cuanto a uso de tierra y lo relativo a aguas, lo ecológico no resulta ecológico en ningún caso. En cuanto a los gases invernadero, los resultados nocivos se reparten entre ambos tipos de agricultura dependiendo en parte del alimento: la producción de fruta es menos contaminante en lo orgánico, pero mucho más en los cereales, verduras y productos animales. El único punto en el que lo orgánico tiene cierta ventaja es en el uso de energía. Pero es una categoría con un impacto mucho menor en el medioambiente en general que el resto.

Obviamente, el metaestudio en el que se basan estas conclusiones (Clark and Tilman, 2017) ha sido puesto en duda porque POR SUPUESTO QUE SÍ. No sólo porque los defensores de estas cosas están a la que salta, sino porque es un asunto complicado y es posible que se necesiten más estudios, que para eso está la ciencia. La superpoblación y la utilización de los recursos es uno de los grandes problemas de la humanidad a corto y largo plazo unido a la lucha contra el afianzamiento de los vídeos verticales. Pero, ¿de verdad que estás dispuesto a pagar el doble por unas galletas que no te alimentan más que otras y que no está demostrado que su producción tenga impacto alguno en para mejorar la situación del medioambiente? Pues eso. Concéntrate en lo que te comes y no en cómo se produce. Esa es la clave. Pista: vete pensando en que esto de zamparse chuletones de buey muy sostenible no es. ¿Preparado para un futuro de hamburguesas de grillos y las creadas en laboratorio?

Yo digo que si llevan ketchup del bueno, es imposible que sean peores que las que ponen en los bares de viejos como plato combinado.


Y con esta polémica termino. Esta vez me he venido arriba y he tratado diez temas. ¿Cuántos tendré preparado para la próxima? Pero, sobre todo, ¿me esperaré otro año para escribir una nueva secuela? (Os dejo enlaces a algunas de las antiguas aquí, aquí, aquí y aquí) Lamentablemente, el mundo sacará una nueva moda chorra y me dará el ansia viva por refutarla. A ser posible, cagándome en Gwyneth Paltrow por el camino. Que esta vez se me ha pasado.
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